Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
CAPÍTULO 42
—Te he estado buscando por todas partes.
—¿Sí? —Sasuke estaba sentado en el capó de su Charger, fumando un cigarrillo; las aguas oscuras del lago se extendían ante él— ¿Por qué?
—No contestabas al móvil —Crucé los brazos, sin atreverme a subirme a su lado, insegura acerca de cómo sería recibida. Por una buena razón— Naruto no tenía ni idea de dónde estabas, y tu tío…
—¿Has ido a mi casa?
—Sí.
Bajó las cejas.
—Pensaba que tenías prohibido salir las noches de entre semana.
—Renegociamos: tengo que limpiar ambos baños por un mes. Era una emergencia, estaba preocupada por ti.
Llevándose el cigarrillo a los labios, dio una calada.
—¿Cómo te fue con la señorita Yuhi?
—Bien —Sacudió la ceniza del costado del automóvil hasta mis pies— Me puso un notable por el trabajo.
—Estupendo —Sonreí— Felicidades.
Se rascó la barbilla.
—Lo siento, casi le dije que se fuera a la mierda —admití, acercándome un poco— Probablemente, no fue muy constructivo.
—No es la palabra que tenía en mente. Pero, estamos de acuerdo, no lo fue.
—Aunque no deberías tener que suplicar para obtener una educación. Es un asco.
Sopló un viento frío que venía del agua y me abracé a mí misma con un poco más de fuerza. Lo de haber salido corriendo de casa con tan solo unas chanclas negras, unos jeans rotos y un top no había sido mi idea más brillante. El otoño estaba haciendo notar su presencia. En cualquier caso, con la frialdad de la tarde, la orilla del lago estaba desierta. Éramos las únicas dos personas a la vista.
Que hiciera frío tenía algunas ventajas.
—Pero te equivocabas al creer que me avergonzaba de ti —dije, mientras me apoyaba en uno de los lados del Charger.
Siempre tratando de acercarme más a él.
Lanzando una irritada bocanada de humo, se bajó por el otro lado del capó y se detuvo a apagar el cigarrillo contra el suelo.
—Podrías haberme fastidiado mucho en clase hoy, Saku.
—Lo sé. Lo siento.
—Insultarla nunca servirá para arreglar nada —Caminó alrededor del automóvil, con el ceño fruncido y la boca formando una línea recta— Quieres actuar como una loca después de lo que pasó, y no te culpo. Yo también sigo estando mal. Pero todas las tonterías que haces tienen sus consecuencias: lo sabes.
Asentí.
Incluso si nunca más pudiera preocuparme por las consecuencias que tenían para mí, al menos podría preocuparme por las que tendrían para él.
—Dime que primero te vas a parar a pensar. Porque necesito oírtelo decir.
—Primero me pararé a pensar. Te lo prometo.
—Y no solo con las cosas que tengan que ver conmigo, sino con todo. Porque si te hacen daño de alguna forma, eso también me deja deshecho a mí.
«Mierda».
Los ojos se me llenaron de lágrimas.
—Perdóname.
—No llores —Se acercó y me rodeó con los brazos— Ya lo resolveremos.
Respirar su olor, tenerlo cerca, me ayudó. Le apreté la camiseta con los puños, para asegurarme de que no pudiera escapar. Jesús, era un completo desastre.
—No volveré a comportarme como una loca —le prometí.
Rio quedamente.
—Nah, eso es imposible. Estoy bastante seguro de que ahora algunas locuras simplemente forman parte de quien eres. Pero mantenlas dentro de unos límites, ¿eh?
—Está bien.
—A veces eres tan valiente que me asusta.
—No me siento valiente —farfullé, con la voz amortiguada por su camiseta.
—¿Hay algo que te asuste? ¡No puedo creérmelo! —dijo en tono burlón.
—Pensaba que te había perdido.
—Eso es imposible —Apoyó la mejilla sobre mi cabeza y me estrechó un poco más fuerte— No hemos pasado por tanto para permitir que algunos delitos menores se interpongan entre nosotros. O un trabajo de Lengua.
—Entonces, ¿por qué no contestabas al móvil?
—No digo que no estuviera enfadado contigo, pero no vamos a romper, Saku —Deslizó las manos en los bolsillos traseros de mis jeans— No es así cómo funciona la cosa.
—¿Acaso sabes tú cómo funciona la cosa?
—Sí. Seguimos intentándolo —dijo simplemente— Si de verdad lo queremos, entonces no nos daremos por vencidos. Es así de fácil.
Yo no tenía nada que añadir a eso. En realidad, era mentira.
—Nunca podría avergonzarme de ti. No vuelvas a pensarlo en la vida.
—Saku, ya has visto cómo se ha comportado hoy la profesora. Y lo que tu madre piensa de mí. Mi pasado no va a desaparecer solito.
—Ese ya no eres tú. Ya se darán cuenta.
—Te gusta tu privacidad, entiendo eso —El viento le sacudió la melena, que, suelta, le cayó en la cara— Además, que la gente sepa que estamos juntos o no, no es demasiado importante. Ya le di un puñetazo a un tipo y amenacé a otro. Nadie va a tener las pelotas para invitarte a salir.
—Qué cavernícola de tu parte.
—Así son las cosas —Curvó la comisura de la boca— Las ofertas dirigidas a mí también han caído en picado desde que casi le pegaste a Konan.
Sonreí.
—¿Ves? —dijo.
Apoyé la barbilla en su pecho y contemplé su bello rostro. Como parecía que estábamos teniendo una sesión de honestidad con el corazón en la mano, podía contarle lo peor. Inspiré profundamente y espeté:
—No te asustes ni nada, pero te quiero.
Levantó la barbilla y abrió los ojos.
—¿Me quieres?
—Sí. Te quiero y me voy a esforzar para no liarla más en el futuro. —Y él pensando que nada me asustaba; pero si el corazón estaba a punto de salírseme por la boca. Este dolor, el miedo al rechazo, era como volver a tener las costillas rotas. Me sentía como si acabara de saltar desde una roca mucho más alta sin tener ni idea de si había agua debajo— En fin. Solo es… Creía que tenías que saberlo.
Silencio.
—No es nada del otro mundo.
—Sí, joder, claro que lo es.
Estrelló la boca contra la mía, robándome el aliento: labios cálidos y firmes, y la emoción de sentir su lengua trazando mis dientes antes de deslizarse dentro de mi boca. Besarme con alguien nunca me había gustado tanto. Más claro, imposible. Ningún toqueteo, a medias y en la sombra, con otros chicos había tenido ni punto de comparación. La técnica de Sasuke merecía la mayor de las alabanzas, pero ahora, lo mejor que yo era capaz de hacer, era gemir. Deslicé las manos bajo su camiseta y exploré su piel, reclamándola. En un visto y no visto, me apretó contra la puerta del lado del conductor. Me recorría el cuerpo con las manos, a pesar de permanecer en la parte superior de mi top y mis jeans y mantenerse fuera de las áreas más obvias para meterme mano. Me acariciaba los brazos con los dedos y los deslizaba por mi cuello. Y sus besos no paraban de cambiar, de dulces y suaves a profundos y persistentes. Los disfruté todos. Cada uno hacía que la cabeza me diera vueltas y que el cuerpo se me iluminara.
Finalmente, hicimos un alto para recuperar el aliento, apretados el uno contra el otro, los corazones latiéndonos como uno solo. Con dedos suaves, Sasuke levantó el amplio escote de mi camiseta y lo volvió a colocar sobre los tirantes del sujetador.
—No tienes que hacer eso —le dije.
—¿El qué?
—No me voy a romper y no me voy a poner de los nervios.
—¿Qué quieres decir?
—Como me has dejado tocarte debajo de la camiseta, puedes hacer lo mismo conmigo.
—Saku —Tragó saliva— Nos precipitamos un poco con lo de tener sexo. Pero ahora no hace falta que corramos.
—No estoy corriendo, estoy marcando el paso.
—¿Estás segura?
Me pareció más sencillo actuar que seguir hablando. Así que le tomé la mano y la coloqué sobre mi pecho, encima de la camiseta y el sujetador, claro. Pero, por la forma en la que me apretó suavemente con la mano, notando todo el peso de una de mis tetas, la cuestión ya había quedado zanjada.
Se humedeció los labios con la lengua, con una mirada un poco preocupada, como si temiera que fuera a retirarle la mano; que cambiase de opinión y que le negase el acceso a mi pecho o algo por el estilo. Una, dos veces, me besó en los labios, antes de recorrerme el lóbulo de la cara y el cuello. La pizca de barba que le crecía en el mentón me cosquilleaba sobre la piel; su aliento me calentaba todavía más; sus dientes mordisqueaban mi carne. Me sentí arder. Se había encendido un fuego y no quería que se apagara.
—¿Has tenido a chicas en la parte trasera de tu Charger muy a menudo? —pregunté, respirando pesadamente, al tiempo que le agarraba el trasero con las manos.
Menudo trasero tenía.
—Mierda —murmuró, deslizando la mano libre alrededor de mi nuca. Se rio entre dientes— ¿Por qué me preguntas cosas así?
Me encogí de hombros.
—Curiosidad.
—Un par de veces, sí. Pero no es demasiado cómodo.
—Tal vez no para el sexo de verdad. Pero ¿qué hay de solo darse un revolcón?
Rápidamente, Sasuke escaneó el área, para comprobar que no hubiera nadie cerca.
—¿Te sientes expuesta?
—Siento frío, más que nada. Pero, sobre todo, me apetece besarte en el asiento trasero de tu automóvil.
—Ah, ¿sí?
Con el pulgar, me rozó el pezón endurecido a través de las capas de tela. Un escalofrío me recorrió y asentí con la cabeza.
—No lo he hecho antes. Será otro primero.
—Entonces, vamos a ello —Retrocedió y accionó la manija de la puerta trasera—Después de ti.
Sonreí, demasiado nerviosa para hablar. Qué estupidez, la verdad. Ni que no hubiera estado ya en su habitación y en su cama. El asiento trasero de un automóvil no debería de importar. Pero lo hacía.
Subió detrás de mí y cerró la puerta. Me descalcé y me quité la camiseta por la cabeza. No me detuve a hacer cosas de tonta y cohibida, como cubrirme el estómago con las manos, porque se trataba de Sasuke. También, porque lo había superado. O lo superaría. Todo llegaría.
—Ven aquí —murmuré, mientras me echaba un poco hacia atrás.
No más dudas. Se arrodilló en el asiento y se arrancó la camiseta, más que preparado para que su piel desnuda se encontrara con la mía. Sasuke tenía razón; era un poco incómodo. Incluso en el amplio asiento trasero del Charger, en realidad los dos éramos demasiado altos para caber. El peso de su cuerpo sobre el mío, sin embargo, hacía que todo valiera la pena. Con las bocas pegadas, su cuerpo descansaba entre mis piernas abiertas. En el momento concreto de separarlas no tenía ni idea.
Por Dios, qué gusto daba tenerlo así.
Nos restregábamos el uno contra el otro, gimiendo, jadeando y lanzando exclamaciones de aprobación. No quería que se acabara nunca. Le recorría la espalda con las puntas de los dedos, y al hacerlo le clavaba las uñas, cortas, ligeramente. Cuando trazó con la lengua el borde del sujetador y me excitó la piel sensible del escote, casi enloquecí. Y notarlo a él, Dios, notar su dureza contra la entrepierna de los jeans…
—Joder, cariño —susurró mientras me mordisqueaba la mandíbula, para regresar luego a mi boca.
—¿Mmm?
—¿A qué hora tienes que estar en casa?
—¿Eh? No. No te pares.
Volvió a maldecir un poco más. Luego, con un tono de voz muy tranquilo y razonable, dijo:
—Saku, necesito meterte la mano dentro de las bragas.
—Sí.
Se detuvo.
—¿Estás segura?
Asentí con la cabeza, los músculos del estómago y los muslos se me tensaron, todo mi bajo vientre más que emocionado.
—Por favor, Sasuke.
Se sentó sobre los talones, con el pelo cayéndole sobre la cara. Dios, qué guapo estaba, despeinado y medio desnudo a la luz de la luna. Ignoraba cómo podía ser tan afortunada. Me desabrochó el botón y la cremallera de los jeans y luego me los bajó un poco. Se inclinó sobre mí y apoyó todo su peso en un brazo estratégicamente colocado al lado de mi cabeza. Con labios calientes y húmedos besó los míos, al tiempo que con los dientes me mordisqueaba el labio inferior.
Luego se llevó la mano libre a la boca y se chupó un par de dedos para mojárselos.
—Voy a hacer que llegues rápidamente, porque te tienes que ir a casa. Todavía estás castigada, ¿recuerdas?
—No me importa.
—A mí, sí —Deslizó la mano entre mis braguitas y me rozó con los dedos el sexo hinchado, húmedo— Saku, nena, cómo me gusta, joder.
Ni se imaginaba lo que me gustaba a mí.
Las puntas de sus dedos jugueteaban conmigo, al rozarme apenas los labios de allí abajo. Iba más allá del placer, me transportaba a un mundo nuevo. Se volvió a llevar la mano a la boca y se lamió el pulgar antes de sumergirse de nuevo en mi ropa interior. Sentí una sacudida en todo el cuerpo.
—Sasuke —gemí, estirando el cuello y girando la cabeza hacia un lado.
Tal vez era cosa mía, pero parecía que ahí había poco aire. O tal vez era que loa pulmones no me funcionaban del todo. Levanté los pechos y abrí la boca de par en par. Todo en mí se centraba en lo que me estaba haciendo, en lo increíblemente bien que hacía que me sintiera.
—Lo sé —dijo en voz baja y sedosa— Te llevaré hasta allí.
Primero dio vueltas en torno al clítoris con la yema del pulgar, al tiempo que los nudillos rozando ligeramente esa zona tan sensible. Me dolían los pechos, me daba vueltas el vientre. Todo cuanto podía hacer era aferrarme a él, a sus hombros, a sus brazos, a todo lo que hubiera por agarrarse. Sostenerlo con fuerza y mantenerlo conmigo, ahora y siempre.
—Allá vamos. —Me rozó el lóbulo de la oreja con los labios.
La tensión dentro de mí se fue incrementando más y más, dejándome sin aliento y tomando el control. Con un talón clavado en el asiento y el otro empujando contra el suelo, mi cuerpo se apretó en torno a sus dedos, desesperado por estar lo más cerca posible de él.
—¿Te gusta? —me preguntó, moviendo el pulgar un poco más fuerte y más rápido.
—Sí. No pares —dije, con voz casi rota, perdida.
—No, no paro.
—Dios —gemí entre dientes, mientras me sacudía contra su mano y arqueaba la espalda— Sasuke.
El mundo entero desapareció. Solo estábamos él y yo y y… «joder».
Cada milímetro del cuerpo me flotaba y tenía la cabeza llena de estrellas. Estaba tumbada en el asiento de atrás del Charger de Sasuke y volaba. No me extrañaba que a algunas personas les gustara tanto el sexo. Con la persona adecuada, podía ser increíble. Incluso aunque fuera solamente una masturbación.
Abrí los ojos para encontrarlo mirándome, con los hombros rígidos y respirando con dificultad.
—Bueno, qué sorpresa.
—¿Qué? —pregunté— ¿Qué pasa?
—Nada. Solo que yo…
—¿Solo que tú…? —repetí, mientras el corazón y los pulmones me volvían lentamente a la normalidad. El sudor me brillaba sobre la piel y las ventanas estaban empañadas: no podía hacer nada al respecto.
Sasuke frunció el ceño y yo también. Aunque en mi caso el ceño fruncido vino acompañado, sin duda, de una sonrisa de amor. Se señaló a sí mismo con la cabeza, hacia abajo.
—Pues que me he manchado un poco.
—Oh.
«Oh».
—Mmm. —Moviéndose lentamente, con cuidado, y todavía con el ceño fruncido, se puso en cuclillas— Te estaba mirando y… en fin.
—Creo que muestra solidaridad, compromiso con la relación —Traté de no sonreír, pero sin esforzarme demasiado— De veras.
—¿Crees que correrme en los pantalones es una muestra de solidaridad?
Me limité a encogerme de hombros.
—Te quiero.
—Tú lo que quieres es… —Curvó hacia arriba la comisura de la boca. De repente, se quitó de encima— Tenemos que llevarte a casa antes de que tu madre se asuste y decida que no puedo ir más allá de la puerta o algo así.
Comenzó a buscar su camiseta y finalmente la encontró en el suelo. Luego se desabrochó los pantalones y se limpió. No pude ver mucho, pero, en cualquier caso, ¿era muy malo que aquello me pareciera fascinante? De ser así, no quería ser buena.
Me arreglé la ropa interior, me subí los jeans y me erguí hasta quedar sentada. Luego, busqué mi camiseta.
—Me gusta el asiento trasero de tu Charger.
—¿Sí?
Su sonrisa… Era matadora.
—Oh, sí.
Se inclinó para que lo besara y lo hice. Y vaya beso que le di. Y luego le di unos cuantos más.
El aire frío se apoderó de nosotros cuando abrió la puerta y regresamos al ancho y gran mundo. Los pezones, lógicamente, se le encogieron, porque seguía sin camiseta. Yo también salí y abrí la otra puerta para que las ventanas se desempañaran más rápido.
Sasuke me acompañó hasta mi automóvil, y mientras lo hacía me acariciaba la espalda con su fuerte mano.
—Conduce con cuidado —dijo— No estaré muy lejos de ti.
—No hace falta que me sigas hasta casa. Estoy bien.
—Estaré justo detrás de ti.
Me encogí de hombros.
—Bueno. Conduce tú también con cuidado.
—Lo haré —No se movió hasta que estuve segura y con el cinturón puesto dentro de mi automóvil— ¿Saku?
—¿Mmm?
—Yo también. Sobre lo de… ya sabes.
Ladeé la cabeza.
—¿Te refieres a lo del amor?
—Sí. Eso.
Mi novio.
Que sabía que lo quería y que aparentemente también me quería a mí. Sonreí todo el camino de vuelta a casa.
