Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
CAPÍTULO 45
El sábado por la noche estuve viendo a Sasuke, embelesada, mientras hacía sobre su monopatín todo tipo de movimientos geniales. Y con su pecho desnudo, lo que elevaba por diez el calor. Le guardé la camiseta, que olisqueé tal vez una o dos veces a lo sumo. Seguro que, digamos, no más de una docena de veces, porque no soy una asquerosa acosadora. Aunque téngase en cuenta que yo no era la única que lo miraba con pinta de estar al menos medio enamorada. No, no era la única en perder la vergüenza cuando se trataba de olerle la ropa.
En fin. Lo cierto era que, en realidad, dudaba de haber vuelto a aterrizar desde la primera vez que nos habíamos besado.
—Hola —Hinata se acercó con una botella de agua en las manos. A pesar de nuestras payasadas de borrachas en su casa la noche del lamentable incidente de los mensajes de móvil, Hinata no parecía beber muy a menudo— Creo que a Naruto le ha dado por la danza contemporánea.
—Tu novio me asusta —dijo Temari, de pie a mi lado— He dejado a TenTen para que intente mantener el ritmo de las acrobacias de baile de Naruto. Yo ya no podía más.
Hinata se rio. Pero no la corrigió sobre el comentario del novio.
—No tengo ni idea de dónde saca tanta energía.
—¿Cómo le va con tu madre?
Hizo una mueca.
—Bueno, no se puede negar que se esfuerza. Pero no veo a mi madre aceptándolo en un futuro próximo.
—Mmm. Tu madre es implacable, pero yo apuesto por Naruto.
—Yo también.
—Seguro. El tipo ni siquiera sabe cómo rendirse. —Temari se rio entre dientes— Es como si el concepto no existiera en su mundo.
Hinata simplemente sonrió.
Me encantaba verla tan feliz.
A nuestro alrededor, el terreno se estaba llenando lentamente de gente, la zona iluminada por los faros de media docena de camionetas y SUV. Me bebí la cerveza mientras Temari tomaba sorbos de un termo. Eran aproximadamente las ocho y media: temprano para un sábado por la noche. Pero mi toque de queda solo se había alargado hasta las diez y media, y Sasuke y yo teníamos planes que requerían privacidad y la comodidad de su cama.
Ah, y su tío Obito estaría fuera hasta tarde. Lo que era crucial.
Y es que, independientemente de las opiniones que su tío tuviera sobre el sexo entre adolescentes, para mí la idea de hacer cualquier cosa si había otra persona en la casa era un gran «ni hablar».
Sasuke saltó desde su tabla, que estaba en la parte superior de la rampa en forma de U, y aterrizó con facilidad sobre la plana superficie de hormigón. El chico tenía que ser en parte acróbata o algo por el estilo. Por el contrario, yo apenas podía tocarme los dedos de los pies sin caerme. Una de sus admiradoras se le acercó y él sonrió, asintió y se dio la vuelta. Luego, lanzó el monopatín hasta su mano con un pie y se dirigió hacia nosotras. Otra chica se acercó hasta el borde de la rampa, con su monopatín debajo de una de sus zapatillas. Y «fiuuuu», ya no estaba.
Tal vez algún día debería empezar a practicar algún deporte además de ir de compras. Tal vez.
—Hola —saludó Sasuke, mientras una gota de sudor le caía por un lado de la cara. Le pasé un vaso de cerveza y bebió un poco— Gracias.
—¿No has pensado nunca en hacerte profesional del skateboard? —pregunté, con curiosidad.
Con una amplia sonrisa, hizo un gesto con la cabeza hacia la chica que ahora estaba en la rampa.
—Mírala.
—De acuerdo.
Todos lo hicimos, y pronto entendimos por qué. La mujer era impresionante; los saltos y acrobacias que daba eran increíbles.
—¡Dios! —exclamó Hinata.
Alucinada, yo solo podía asentir con la cabeza.
—Ese es el aspecto que tiene una profesional —dijo Sasuke— Va directa a Seattle, a un importante concurso que hay la próxima semana. Me sorprendería que se quedara por aquí mucho más tiempo.
—Todavía eres mi héroe —insistí, inclinándome para besarle.
Porque besar a Sasuke encabezaba mi lista de cosas favoritas.
—Estoy sudado —observó.
—No me importa.
La negrura de sus pupilas casi le engulló los ojos.
—¿Lista para irnos?
Asentí, volviéndome de inmediato hacia mis amigos.
—Nos vemos —Temari me saludó con el termo.
—Hasta luego —dije.
—Ni siquiera preguntaré si tenéis protección —bromeó Hinata.
—Los has visto, ¿eh? —comentó Sasuke.
—¿La pequeña montaña de condones que intenta esconder en la parte trasera de su automóvil? Sí.
—No es una montaña —repuse, mientras reprimía una sonrisa— Y no actúes como si no te hubieras llevado alguno.
—Te sentías generosa. ¿Quién era yo para negarme a recibirlos?
Sasuke solo se rio, me pasó lo que quedaba de la cerveza y soltó el monopatín para poder ponerse la camiseta. Me la tragué de un sorbo por el coraje extra que daba. Con la mano en la suya, me guio a través de la multitud.
—¡Sasuke! —gritó una voz, un hombre atajaba hacia nosotros por entre un grupo— Hola.
A mi lado, el aludido profirió una palabrota.
—Ahí estás —El extraño era alto y delgado. Y tenía la cara pálida y envejecida, a pesar de la sonrisa complacida que la iluminaba— Me alegro de verte.
—¿Qué estás haciendo aquí, Itachi? —preguntó Sasuke, con un tono de voz menos que acogedor.
Sutilmente, se movió para ponerse delante de mí.
—Somos hermanos. Pensé que sería bueno que nos pusiéramos al día.
—La última vez que intentamos hacerlo no acabó muy bien.
Itachi frunció el ceño y se rascó un lado de la cara.
—Los hermanos se pelean. No es gran cosa.
A nuestro alrededor, la fiesta se había detenido y la gente nos miraba.
«Mierda».
Y Sasuke todavía me sostenía la mano, solo que por detrás de la espalda.
—¿Quién es esa chica? —preguntó Itachi, alargando el cuello para intentar verme.
—Nadie.
—Una pelirrosa, ¿eh?
—Repito, ella no es nadie que te interese. ¿Qué quieres ahora?
Su hermano se rio.
—Siempre fuiste un capullete muy salido. De todos modos, tenemos que hablar, así que… líbrate de ella. Vámonos de aquí.
—Todo lo que hablemos, será aquí y ahora.
—Sasuke.
—Lo digo en serio.
Itachi lanzó un suspiro. Sus ojos duros y hundidos se posaron en los espectadores que estaban más cerca y algunas personas del pequeño coro retrocedieron.
—Vamos, no seas así. Somos familia, tú y yo. Necesitamos cuidarnos el uno al otro, no pelearnos así. ¿Qué crees que dirían nuestros padres?
Sasuke inclinó la cabeza y la movió con un ademán de impaciencia.
—Dios, estoy perdiendo el interés rápidamente. ¿Qué es lo que quieres?
—Necesito que me ayudes.
—No tienes más que pedírmelo y te llevo a rehabilitación. Tengo dinero; podemos arreglar esta mierda. Ya te lo dije —Sasuke me apretó con más fuerza los dedos y movió los pies— El tío Obito ha oído hablar de un sitio muy bue…
—¡No quiero ir a la puta rehabilitación! —exclamó Itachi, apretando los dientes, obviamente luchando por dominarse— Pero necesito el dinero.
—No.
—Sasuke…
Saqué la llave de casa del bolsillo, lista para clavársela en los ojos al drogata si daba el más mínimo paso hacia su hermano.
Jesús, era mucho peor de lo que Sasuke había descrito. O, al menos, peor de lo que yo me había imaginado. Su hermano era un manojo de nervios e iba drogado. Igual que Deidara en el Drop Stop. Solo de acordarme me entraron ganas de vomitar o de golpear algo.
Agarré la llave con fuerza.
—Vende tu estúpido automóvil, haz algo, no me importa. Pero no te voy a dar dinero para drogas, Itachi —exclamó Sasuke— Sé que todavía lo tienes, lo vi aparcado en la calle del tío el otro día.
—Solo quería hablar. Ese idiota, se ha interpuesto entre nosotros. ¿Es que no te das cuenta?
—No —Sasuke negó con la cabeza— Toda esa mierda que tomas, eso es lo que se ha interpuesto entre nosotros. El tío Obito no ha tenido nada que ver.
Una sombra alta apareció a mi lado y se colocó junto a Sasuke. Itachi sonrió, o lo intentó; en su expresión se mezclaba la rabia apenas reprimida y una palidez fantasmal.
—Naruto. ¿Cómo estás, amigo?
—No deberías estar aquí, I.
—¿Tú también? Joder.
Naruto no dijo nada más.
—Hermanito —farfulló Itachi— N-no tendría que ser así. Tendríamos que ayudarnos el uno al otro, ¿sabes?
—No quieres mi ayuda —replicó Sasuke, haciéndose a un lado y llevándome con él— Si me buscas otra vez, la cosa no acabará bien.
—¿Me estás amenazando, mierdecilla? —se burló Itachi.
No había levantado los brazos, pero sí tenía los puños apretados. Sasuke no se echó atrás, ni remotamente. La esbelta musculatura de sus brazos parecía hinchada y a punto.
—La próxima vez no me pararé y te romperé algo más que la nariz. Mantente alejado.
Naruto dio un paso adelante, con las manos extendidas.
—Cuánta puñetera tensión. ¿Qué tal una cerveza, I? Por qué no nos relajamos y nos tomamos una, ¿eh?
Por un momento, Itachi hizo caso omiso de él para fijar la mirada en Sasuke. Pero pronto sus ojos se movieron entre Naruto y la multitud que veía a la skater profesional pavoneándose con sus piruetas.
—Claro —dijo, abriendo los puños y otra vez con su enfermiza sonrisa en toda la cara, como si el enfrentamiento no hubiera sido gran cosa— De acuerdo. Vamos.
Mientras tanto, Sasuke se movió y me llevó con él. Caminando rápido, nos dirigimos hacia el aparcamiento principal. De noche, los baches y las irregularidades del camino de tierra eran un asco.
—¿Sasuke? —murmuré.
No disminuyó la velocidad.
—Lleguemos hasta el aparcamiento.
Con la gracia natural que me caracterizaba, tropecé con la raíz de un árbol y casi aterricé de bruces. Unas fuertes manos me agarraron y detuvieron la caída.
—¡Mierda! —exclamé.
—¿Estás bien?
Asentí.
—¿Podemos calmarnos un poco? ¿Por favor?
—Sí. Lo siento. ¿Te sigue pareciendo bien, lo de venir a mi casa? —preguntó, jugueteando con las llaves del Charger. Me abrió la puerta y me hizo subir— No hace falta, si no quieres.
—Sí quiero.
—Está bien —Un músculo de la mandíbula le tembló, algo apenas visible a la luz de la luna. Cerró la puerta con cuidado, corrió hacia el lado del conductor y se metió dentro— Lo siento, Saku. No quería que estuviera cerca de ti.
—No es culpa tuya.
Dio un golpe con la mano contra el volante, maldiciendo por lo bajo con furia. Luego encendió el motor.
No me gustaba nada.
—¿Estás bien para conducir? —pregunté.
Por un instante, reclinó la cabeza hacia atrás contra el asiento y miró al techo. Luego dejó caer los hombros y suspiró.
—Lo siento. Ya me calmaré.
—Tu hermano tiene muy mal aspecto.
Sasuke ladeó la cabeza para mirarme a los ojos.
—Está hecho un asco. ¿Qué voy a hacer?
—Has hecho todo lo que has podido —recalqué— No va a aceptar la ayuda que necesita. Eso no depende de ti.
—Lo sé —murmuró— Es solo que… mierda.
—¿Fue él el primero en dar un puñetazo, esa noche que os peleasteis?
—Sí. Él empezó —Se rascó la nuca— Nada de esto tendría que haberte salpicado.
—No lo ha hecho.
—Aun así —Me acarició la cara con los dedos, tenía la mirada torturada— Quizá debería llevarte a casa.
—Quizá deberíamos ir a tu casa como habíamos planeado. Mi madre y Matt están cenando a la luz de las velas —le recordé— Dudo que, ahora mismo, ella esté pensando siquiera en qué estaremos haciendo.
Me dedicó una sonrisa taciturna.
—Bueno, pues vámonos.
Un par de vehículos venían en dirección opuesta en la angosta carretera. Casi me enfadé con ellos por obligarnos a ir más despacio. Cuanto antes nos alejáramos de su hermano, mejor. Pero, también, quería estar a solas con Sasuke, sin distracciones. Quería hacerle sonreír de verdad. Tal vez así era como se sentía un adicto, con esa necesidad constante de acercarme a él, de notar ese subidón que Sasuke me daba.
Me colocó la mano sobre su rodilla y estuve jugueteando con un pequeño agujero que había en sus pantalones durante todo el trayecto de camino a su casa. La normalidad empezaba a regresar. Cada kilómetro que el Charger ponía entre nosotros e Itachi hacía que este se desvaneciera en el pasado.
—A mi madre le encanta esta canción —comenté, tarareando Heart of Glass de Blondie.
—¿Sí? —Sonrió— Es una buena canción.
La siguiente fue Get It On de T. Rex.
Tuvo que ayudarme con esa.
Cuando llegamos, la casa estaba sumida en la oscuridad; solo el porche estaba iluminado. Sasuke paró en el desierto acceso de entrada y salté del automóvil antes de que pudiera ofrecerse siquiera a abrirme la puerta. Los buenos modales se agradecían, pero únicamente contaba el tiempo y el reloj corría. Solo encendió una pequeña lámpara que había en una mesita del recibidor. En el interior de la casa, nada había cambiado desde la última vez que había estado allí. Libros, plantas en macetas, televisión gigante, un poco de desorden.
—¿Te apetece beber algo? ¿O lo que sea? —preguntó.
—No, gracias.
—Apesto. Deja que me dé una ducha rápida —dijo, dirigiéndose hacia las escaleras— Vamos arriba, si quieres, y te distraes en mi habitación.
Quise.
Las sábanas grises cubrían la cama, del mismo color que el de las paredes; al menos, donde no estaban cubiertas con pósteres. Un viejo póster de Led Zeppelin se había unido al de los Ramones. Lo que me hizo que me preguntase…
—No creo que el casete estuviera atascado.
—¿Eh?
Hurgó en un cesto de la ropa, lleno de piezas cuidadosamente dobladas. Primero vinieron unos calzoncillos, seguidos por un par de jeans nuevos y una camiseta verde desteñida. Aunque, realmente, ¿quién necesitaba ropa?
—La cinta de casete que afirmabas que estaba atascada en el estéreo de tu Charger —dije, sentándome en el borde de la cama— No creo que sea así. Creo que te gusta esa música y no quieres admitirlo, por alguna razón.
Dado que no podía verle la mitad de la cara, casi no capté su sonrisa.
—¿Sinceramente?
—Siempre.
—La cinta estaba allí cuando compré el automóvil —contó, mientras se rascaba la barbilla con el pulgar— Pertenecía a un tipo que, ataño, se dedicaba a la seguridad para las giras de las bandas musicales, todo el día en ruta con ellas. Pero tuvo una enfermedad que le fastidió la vista, por lo que ya no podía conducir. Por eso me lo vendió.
—Qué triste.
Sasuke asintió.
—También me dio los pósteres. Dejé la cinta puesta como una especie de muestra de respeto. Quiero decir, no es que tenga otra para reemplazarla.
Interesante.
—Podrías conectar el teléfono móvil, buscar un sistema para poder reproducir otra música.
—Podría.
Me miró.
—Aunque, ¿sinceramente? —dije.
—Siempre.
—Prefiero la cinta.
—Yo también.
Sonrió. No devolverle la sonrisa era físicamente imposible.
—Sabes, he estado buscando lugares que ofrecieran esas certificaciones en las que dijiste que estabas interesado.
—Ah, ¿sí?
—Sí —Me sequé las manos con las sábanas y me agarré al borde de la cama, nerviosa— Hay un sitio donde enseñan Paisajismo, cerca de Berkeley.
—¿En serio? —Se apoyó en la puerta de un armario— Allí es adonde quieres ir, ¿no?
Me encogí de hombros, mirando sus Converse. Mucha menos presión que mirarlo a los ojos.
—Sasuke, es… solo era una idea. Ya sabes. Por si todavía estabas interesado.
—Déjame pensarlo.
—Por supuesto —dije, con una sonrisa forzada.
No rechazó la idea, solo decidió «pensárselo». Además, en todo caso, yo tenía cosas más importantes de las que preocuparme.
—De acuerdo. Ducha. —Se acercó y me besó en la frente— No tardaré.
Lee una revista de skateboard o un libro de texto o algo así.
—Gracias. —Me eché a reír.
Al fondo del pasillo, la puerta del baño se cerró suavemente. En cuanto lo hizo, me puse a trabajar y me desaté las botas Dr. Martens. Tras ellas fueron los calcetines, y aparté todo el conjunto a un lado. Entonces me puse de pie y me quité el vestido de mezclilla. Temblaba de los nervios y, santo cielo, mi antigua yo se habría detenido ahí mismo. Pero no. ¿Quién le lavaría la espalda a Sasuke si no me desnudaba y entraba allí? Hay que hacer sacrificios. Era hora de ser valiente.
La puerta crujió ominosamente cuando la abrí, la estancia ya se estaba llenando de vapor.
—¿Saku? —preguntó, sorprendido.
Lo que era comprensible. Mi valentía también me impresionaba a mí. Con cuidado, cerré la puerta y eché el cerrojo.
—Hola.
Descorrió la cortina de la ducha, los ojos se le ensancharon, su mirada me recorrió el cuerpo antes de regresar a mi rostro.
—¿Quieres entrar?
—La higiene es importante.
—Sin duda.
Se movió para hacerme sitio antes de atraerme hacia sí en el reducido espacio. Luego me besó repetidamente, rozándome apenas los labios con los suyos, me enloquecía con su boca. Se lo tomaba con calma y se tomaba su tiempo. Hacía que el estómago se me contrajera y que la cabeza me diera vueltas: carecía del más mínimo control en la forma en cómo Sasuke me afectaba. Recorrí con las manos su piel húmeda, su pecho y sus hombros, hundiendo ligeramente los dedos.
La desagradable tensión de antes había desaparecido por completo, reemplazada por una sensación diametralmente opuesta.
—Otra primera vez —dije— ducharme con un miembro del sexo opuesto.
—Me gusta ser parte de tus primeras veces.
—¿Sí? —Deslicé los dedos sobre su vientre plano, para acercarme a mi objetivo— De hecho, no te he tocado el pene desnudo. Solo a través de la ropa. ¿Te has dado cuenta?
—¿No?
—No.
Unos ojos oscuros e intensos se clavaron directamente en los míos.
—Saku, puedes tocar lo que quieras.
No necesitaba que me lo dijera dos veces. La piel era increíblemente suave. Pero la carne de debajo había empezado a endurecerse y el miembro empezaba a crecer por la suave presión de mis dedos. Una polla de verdad y en vivo.
Dios.
—Tienes el ceño un poco fruncido por la concentración —murmuró, y sus labios me rozaron la frente.
—Bueno, es que encuentro los detalles muy interesantes —contesté.
—Haces que suene como si fuera un proyecto de ciencia.
—Ah, ¿sí?
Bajé los dedos y descubrí la textura, todavía más suave, de sus testículos. Los músculos del estómago se le tensaron y separó un poco las piernas, con el fin de darme espacio para jugar. Aunque, siendo sinceros, era el pene en sí y hacer que reaccionara bien lo que de veras me interesaba. Lo agarré con más firmeza, parpadeando para apartarme el agua de los ojos y ver mejor las venas que le sobresalían. Una y otra vez, rozaba con el pulgar la suave corona o la cabeza o como narices se llamase. Qué forma tan fascinante tenía, especialmente con el pequeño pliegue que interrumpía el ensanchamiento. Supongo que mis torpes caricias no le parecieron muy malas, porque no pasó mucho tiempo antes de que Sasuke renegara por lo bajo.
—¿Estás bien? —le pregunté, echándome hacia atrás la melena mojada y apretándole ligeramente la polla— ¿Te gusta?
El aliento de Sasuke se detuvo.
—Ya lo creo que sí.
—Quiero hacer que te corras.
—De acuerdo. Enjabónate la mano —indicó.
Lo hice; luego lo acaricié tentativamente, con los dedos más apretados que antes.
—¿Te gusta?
—¿Te importa si te lo muestro?
—No.
—Así —Cubrió con la mano la mía y apretó con más fuerza, mientras se movía con mayor rapidez— Eso es. Dios, cómo me gusta.
Seguimos haciéndolo juntos para lograr que descargara. Su miembro se hizo más grande, con la piel caliente y enrojecida por toda la sangre que había debajo. Notar su dureza en la mano fue magnífico. Y la forma en la que todo su cuerpo se puso rígido, en la que los músculos se le tensaron, y los pulmones y el corazón le bombeaban increíblemente rápido... Fue embriagador. Tocar a Sasuke, masturbarle, también me excitó mucho.
—Saku —gimió con voz rota— Mierda.
El semen me salpicó la barriga y cubrió nuestras manos enlazadas. Sasuke temblaba, jadeando, con el rostro levantado hacia el cielo. Luego me rodeó con los brazos y me apretó fuertemente contra él. No había ni un milímetro de separación entre nosotros. Para ser sinceros, costaba respirar. Pero no iba a haber una sola queja por mi parte.
—Gracias —dijo, la palabra amortiguada contra mi cabello mojado.
—No hay de qué. Ha sido divertido.
No pude oírle reír, pero su pecho vibró contra el mío. Un minuto después, murmuró:
—Dímelo.
—¿Eh? ¿Qué te diga el qué?
Su boca descendió hasta mi cuello, con lo que todo mi bajo vientre se arrebató de éxtasis. Estar a solas con él, piel con piel, era la dicha completa. Además, darle placer me había excitado.
—Dímelo otra vez —insistió.
—Oh. —«Pues claro»— Te quiero.
Y la sonrisa gradual que le iluminó la cara, lo fue todo.
