Gracias a tod s por el apoyo y los comentarios!
Nos leemos en la siguiente!
Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
EPÍLOGO
—Hemos tenido un comienzo muy extraño, tú y yo.
Sasuke levantó la vista del libro de texto y sonrió.
—Hemos tenido un extraño todo.
—Es verdad.
Era Nochebuena y estábamos sentados a la mesa del comedor de mi casa mientras fingíamos estudiar. Era la única forma, lisa y llanamente, de hacer que mamá se sintiera segura.
Al fin y al cabo, no podríamos meternos en tiroteos con drogadictos si estábamos estudiando. Sin duda.
Le había tomado un tiempo calmarse después del incidente de Itachi. En realidad, no podía culparla. Que tu hija hubiera estado a punto de ser asesinada dos veces en un año parecía excesivo, incluso para mí. Había intentado expulsar a Sasuke de mi vida. Hubo lágrimas y berrinches, y no solo de mi parte. Primero me amenazó con Arizona, luego con hacerme regresar a mi antiguo centro de estudios. Incluso la abuela vino corriendo para gritarme a mí, a mamá y a cualquier otra persona que la escuchase. Afortunadamente, Matt hizo un alarde de encanto y logró tranquilizar a mi madre. Al menos, la mayor parte del tiempo.
Durante más o menos un mes, a Sasuke y a mí solamente se nos permitía vernos en el instituto. Pero aguardamos. Yo sentía un nuevo aprecio por lo de tener paciencia, aunque fuera solo un poco, y Sasuke fue muy comprensivo con todo el asunto. Después de todo, me habían disparado.
Sin embargo, ambos estábamos vivos, y me había dicho que no se iría a ninguna parte sin mí.
No hubo graves heridas internas, gracias a Dios, aunque tuvieron que operarme para extraer la bala. Cuando llegase el verano, la cicatriz no me impediría usar bikini, y la nariz rota de Sasuke le daba un aspecto duro que me gustaba. En todo caso, el ataque de Itachi solo nos había acercado más.
Éramos nosotros dos contra el mundo, por los siglos de los siglos.
Al informar sobre el ataque, los periodistas locales usaron la misma vieja foto de mierda de la otra vez, Dios los bendiga. De todos modos, continué evitando cualquier noticiero o red social. A lo mejor abriría nuevas cuentas el próximo año, le daría una oportunidad a lo de ser normal una vez que toda esta locura se hubiera calmado.
Durante un tiempo, el instituto se había vuelto un poco histérico con la noticia. Hinata, Temari y TenTen se habían estado turnando para estar conmigo en el hospital y luego me habían visitado en casa. Me traían novedades de Sasuke y flores de su parte. Mi madre fue lo suficientemente lista como para no confiscarme el teléfono móvil, así que él y yo pudimos hablar siempre que quisimos. Cuando regresé al instituto, Naruto y Sasuke desempeñaron el papel de guardaespaldas, asegurándose de que nadie me acosara o se enfrentara a mí. Y a la larga, todo volvió a ser como antes. De vez en cuando, algunas personas aún me miraban con curiosidad por los pasillos, pero en fin.
Itachi había desaparecido. La policía dijo que parecía que la casa de los padres de Sasuke había sido vaciada y abandonada. Tal vez fue difícil para Sasuke aceptarlo durante un tiempo, pero yo esperaba que su hermano se hubiera ido para siempre. Su madre me había llamado llorando, disculpándose por lo que había hecho su hijo mayor mientras me agradecía que hubiera protegido a su hijo menor. Sus padres habían venido mientras yo estaba en el hospital y me recuperaba, así que no pude conocerlos en persona. Estábamos pensando en hacer quizá un viaje por carretera para ir a visitarlos, una vez terminase el instituto.
Mientras tanto, en nuestra quedada para estudiar…
Desde el sofá del salón, mamá nos lanzó una mirada; Matt tenía el brazo alrededor de sus hombros y ella una revista de bodas abierta sobre el regazo. La saludé con la mano y ella me hizo un pequeño movimiento de cabeza antes de volver al especial de Navidad de la televisión.
Al menos no había mirado a Sasuke. Tal vez la época del año la había ablandado un poco, no lo sabía.
Había cumplido los dieciocho hacía unas semanas, y parecía que, desde entonces, la intensidad del cabreo de mi madre había descendido. Pudo haber sido porque Sasuke me había regalado un anillo de la amistad: una alianza de platino y diamantes que me había dejado alucinando y le había provocado a mamá un leve ataque de pánico. Lo que creo que, en su fuero interno, Sasuke disfrutó. Me había asegurado que todavía tenía fondos para pagarse los estudios de Paisajismo y que se establecería en Berkeley cuando llegara el momento.
—¿Cómo crees que acabará esto? —le pregunté, mientras mordisqueaba el extremo de un bolígrafo.
—¿Cómo acabará?
—Sí.
—¿Quieres que rompamos?
—¡No! Claro que no —Le agarré la mano y se la apreté con fuerza— Solo me preguntaba qué podría pasar.
Un profundo suspiro.
—Estás pensando en la combustión espontánea o en la muerte por un ataque fortuito de unos pollos, ¿no? ¿Esa clase de cosas?
—Algo así. Aunque harían falta muchos pollos —Fruncí el ceño— Claro que moriríamos trágicamente, cada uno tratando de alcanzar al otro.
—Por supuesto.
—Mientras nos picotean hasta la muerte.
—Parece divertido.
—Bueno, no sé si sería un momento muy ameno. Pero sin duda sería dramático.
Arrugando levemente las cejas, negó con la cabeza.
—Piensa que ya hemos tenido drama de sobra.
Solo sonreí y, durante un rato, permanecimos sentamos en silencio.
—Te quiero, ¿sabes? —afirmó.
Volví a sonreír.
—Lo sé. Yo también.
—Y no termina, Saku —precisó, al cabo de un rato— Continúa. Si queremos que lo haga.
—Quiero que continúe.
Él asintió como si estuviera decidido. Porque lo estaba.
