Pánico
Fue lo primero que experimentó cuando escuchó la gran e importante noticia que le dio su compañera. Porque siendo sinceros, era algo que no deseaba escuchar tan pronto.
El pobre chico quedó sumamente perplejo al anuncio, se mantuvo quieto, impactado y mudo por demasiado tiempo, era consciente de que su actitud preocuparía prontamente a la mujer que se encontraba frente a él radiante de alegría.
Lo único que pudo salir de su boca fue;
̶ … ¿Qué?
̶ Estoy esperando un bebé, Zuko – repitió ella.
Un bebé
Un hijo, su hijo.
Lo que mas adoraba Zuko de las mañanas era que podía entrenar libremente y sin supervisión con su primo. Mañana por medio salía con Lu Ten a los patios exteriores del palacio para entrenar con espadas de práctica, cada una de esas mañanas esperaba ansioso que fuera el momento que cambiaran de las espadas de práctica a las espadas reales. Obviamente ese tiempo nunca llegaba.
̶ ¿Supiste que la esposa del capitán de marina tuvo un bebé ayer? – comentó el mayor de forma casual mientras bloqueaba las ágiles estocadas de Zuko.
̶ No – Zuko se enfadaba de lo fácil que su primo le bloqueaba las estocadas que proporcionaba.
̶ Hubieras visto lo feliz que estaba – cambió la estrategia y ahora era Zuko quien bloqueaba a duras penas su ataque – llegó corriendo desde el puerto hasta donde estábamos con papá en la entrada del palacio a contarnos emocionado que había sido papá.
Zuko realmente no estaba interesado en las vidas personales de un capitán en ese momento, apenas escuchaba lo Lu Ten contaba tan tranquilo mientras él jadeaba al mover su espada de madera esquivando los golpes.
̶ Me imagino que ser papá debe ser uno de los momentos mas emocionantes para un hombre.
Zuko roló los ojos al comentario de su primo, detestaba cuando salía con comentarios así, se parecía tanto a su tío de vez en cuando.
̶ Imagina ese momento en que esposa te dice que está esperando un hijo.
Lu Ten dejó de estar en guardia con su espada cuando vio al menor soltar la suya y llevarse las manos a los oídos por el tema de conversación. Muchas veces olvidaba que su primito era un niño aún mientras que él ya estaba a punto de llegar a la edad en que podría comprometerse. Y por el mismo motivo le gustaba tomarle el pelo a su querido primo.
̶ Imagina que a la persona que mas amas en la vida, a la que adoras, a la que darías tu vida por ella, de pronto llega y te da la noticia mas importante de la vida, el regalo más maravill-
El grito de disgusto de Zuko hizo que Lu Ten dejara de continuar su relato y se largó a reír por la actitud infantil -acorde a su edad- del pequeño.
̶ ¡Lu ten! ¡Deja de hablar asquerosidades! ¡Ew!
No podía creer que su primo hubiera arruinado su único momento favorito del día.
Lu Ten reía de buena gana, secándose las lágrimas de las esquinas de sus ojos.
̶ Ya entenderás cuando seas mayor – fue lo último que dijo y le hizo una seña para que siguieran practicando
Los primeros cuatros meses de gravidez pasaron desapercibidos para Zuko. Su mujer no tuvo ninguno de los "típicos síntomas del embarazo" que las parteras le habían explicado con lujo detalle. No hubo nauseas, ni vómitos, ni cambios emocionales, ni malestares, ni dolores, ni siquiera cambios físicos. El vientre de la Dama del Fuego se encontraba tan plano como siempre lo ha estado.
Le avergonzaba admitir a Zuko que durante esos meses no consideró en ningún momento la posibilidad de que sería padre en un futuro próximo. Realmente pensó que todo había sido una falsa alarma, una simple equivocación.
Pero todo cambió en el quinto mes, en donde de forma drástica el abdomen de su esposa comenzó a hincharse. Sobre todo, cambió ese día cuando de un momento a otro, ella le tomó la muñeca de manera algo violenta y le guio la mano rápidamente hacia la parte derecha de su abdomen desnudo.
Zuko sintió un golpe bajo su tacto, y luego otro, y otro. Eran pequeños golpecitos, casi imperceptibles. No podía despegar su mano de ahí, ni tampoco su vista del lugar, aun cuando ya no volvió a sentir nada más.
̶ ¿Crees que será un maestro fuego? – le comentó su esposa de forma demasiado casual.
Su mirada se dirigió a la de su mujer quien lo observaba orgullosa y anhelada.
̶ Va a cumplir los 7 años y aún no se observan avances, señor. La princesa Azula, dos años menor, ya puede encender 100 velas en menos de 5 minutos.
Era lo que Zuko escuchaba las veces que los Sabios se le acercaban a su padre cada vez que le entregaban el informe diario de sus prácticas de Fuego Control.
Ya varios meses habían pasado desde que comenzó a entrenar el arte del fuego con el maestro que había enseñado a su primo mayor Lu Ten. Era el mejor maestro de la Nación del Fuego por lo tanto el único adecuado para enseñar a los menores de la familia real. Aun así, Zuko no había podido realizar ninguna forma de fuego desde que había empezado y aunque aún era pequeño, podía entender perfectamente la frustración que aquello le provocaba. Sobre todo, cada vez que escuchaba como las personas del palacio hablaban de forma alarmada de que como era posible que el nieto del Señor del Fuego Azulón, hijo del príncipe Ozai, no pudiera dominar el fuego. No pasó mucho tiempo cuando los rumores cesaron, su padre dejó bien claro las cosas que debían y no hablarse en los pasillos del palacio.
Pese a eso, Zuko estaba molesto. Para él ser Maestro Fuego era una forma de superioridad y perfección, por algo su abuelo lo era, y su heredero, su tío Iroh, también. Aunque él estuviera bien lejos de tener opción si quiera de heredar el trono, se sentía sumamente mal por ser parte de una familia real sin poder dominar el fuego.
Observaba alejado sentado en el césped como el Sabio seguía hablando con su padre quien fruncia el ceño mientras que su pequeña hermana seguía encendiendo velas con la punta de su dedo índice. Bufó apartando la mirada cuando de pronto una persona se le acercó y se sentó a su lado.
̶ Sé que estas molesto por todo este asunto – le dijo el hombre colocándole una palma sobre su hombro.
̶ Azula aun es un bebé y es mucho mejor de lo que seré yo – comentó el príncipe.
̶ No digas algo como eso, pequeño. Estoy seguro de que serás un hombre increíble. Aún si no eres un maestro fuego, eso no detendrá la persona magnifica que te convertirás.
Aquellas palabras hicieron que un pequeño rastro de esperanza apareciera en el horizonte del niño, se volteó para observar al adulto sentado al lado de él quien le sonreía ampliamente, le gustaba mucho su sonrisa.
̶ Y te diré un secreto – volvió a hablar el hombre – Sé que dominaras el fuego tarde o temprano. Está en tu sangre – le guiñó y se incorporó para levantarse y alejarse del lugar.
El joven príncipe vio como su adorable tío se alejaba de él, para luego volver a prestar atención a su padre quien ahora estaba acompañado de su maestro.
Aunque estaba lejos de los adultos logró escuchar una simple palabra salida de la boca de su padre.
"Fracaso".
̶ Será una niña.
Sabía que a su esposa le gustaba pasar su tiempo libre en los balcones del palacio donde podía ver la ciudad y más allá, el mar. A él le gustaba acompañarla en los momentos que podía hacerlo, amaba observar como la brisa le movía su largo y hermoso cabello oscuro.
Ese día no había brisa ni cabello largo moviéndose salvajemente.
̶ Una princesita – volvió a hablar ella con una risita sumamente cálida. Llevó las manos a su vientre y lo acarició suavemente.
Él la observó en silencio, como si no estuviera ahí, ajeno a la situación.
Como no hubo respuestas por parte de él, ella llenó el silencio con una melodía de canción infantil, seguramente canción que le cantaban cuando ella era pequeña.
̶ ¿Cómo sabes que es niña? – le preguntó él después de un rato.
̶ Sólo lo sé – respondió segura y continuó murmurando una nueva canción de cuna.
Zuko sintió una leve sensación de familiaridad al escucharla, le llegaron lejanos recuerdos de él viendo un pequeño bebé arropado en una dorada cuna y su madre meciéndola mientras le cantaba una canción.
̶ Ven Zuko, acércate, ven a cantarle conmigo a tu hermanita.
̶ ¿Por qué es tan pequeña? – el niño se inclinó sobre la cuna del bebé para observarla de mas cerca. El infante dormía plácidamente, las mantas subían y bajaban en sincronía con su respiración.
̶ Tú también eras así de pequeño – Zuko respingó su nariz al escuchar eso, él no fue así de pequeño, el no era así de pequeño.
Pero lo que Zuko no sabía era que realmente fue pequeño, al nacer antes de tiempo, la parteras advirtieron que eran pocos los casos como él los que sobrevivían al nacimiento. Que tuvo suerte el mantenerse con vida.
̶ No soy pequeño – Escuchó a su madre reír levemente y luego sintió como era abrazado fuertemente.
̶ Eres mi pequeño, mi pequeño principito – Zuko se dejó abrazar por su madre y ella continuó cantándole la canción de cuna a su hermana y a él.
̶ Una princesa – repitió Zuko para volver al presente.
̶ Una princesita – dijo su mujer.
Su princesita.
Al octavo mes de gestación se empezó a complicar la situación. Su mujer pasaba más tiempo entre la cama y el cuarto de baño que de pie. Sirvientes se encontraban la mayor parte del tiempo junto a ella masajeándole los pies inflamados y la espalda para aliviarle el dolor constante. Y cuando se encontraban solos, aquellos masajes eran trabajo de Zuko. El vientre había aumentado el triple desde el sexto mes, por lo que todos pensaban que había más de un bebé dentro.
Un día de lluvias y tormenta en la capital, la Dama de Fuego se encontraba recostada en la cama nupcial y Zuko en el escritorio dentro de la misma habitación. El sonido de las gotas de agua llenaba el ambiente.
̶ Estos días me han estado molestando los Sabios – la voz de su esposa hizo que Zuko dejara la concentración a sus pergaminos, se volteó hacia ella preocupado. Por su puesto que no quería que su esposa sufriera más molestias – Han empezado con el tema del nombre – dijo soltando un bufido cansino. Hizo una pausa para acomodar la almohada detrás de su espalda, pero Zuko se levantó inmediatamente de su escritorio y se sentó a su lado en la cama para acomodarle el almohadón. Ya cómoda, ella continuó.
̶ Me han dicho que escoja de los nombres de los Señores y Señoras del Fuego más importantes y destacados de la historia de la Nación del fuego. También que busque el nombre entre las constelaciones que amparan la región, que elija una de las estrellas más brillantes para nombrar al bebé. O que combine palabras y darle un significado especial al nombre de mi bebé, que incluya la palabra "buena suerte" por ahí o algo así – la mujer se cruzó de brazos e hizo una mueca de fastidio.
Tú hermana nació con suerte, tú tuviste suerte de nacer.
Fracaso.
Deshonor.
̶ La verdad, pensaba en colocarle el nombre de mi madre – hizo una pausa, lo miró a los ojos – O el de la tuya – más que una sugerencia, era un invitación para que él realmente lo hiciera.
Pero él no quería repetir nombres, no quería repetir vidas. Necesitaba destruir el ciclo.
̶ Me gusta Izumi – dijo Zuko algo tímido apartando la mirada directa de su esposa. No logró ver la sonrisa tierna que le brindó ella.
̶ Me gusta.
Sintió la mano de su esposa sobre la suya y como su pulgar le acariciaba dulcemente su dorso, Zuko imitó el gesto. Las gotas de lluvia volvieron a colmar el ambiente con sus golpeteos.
Y así el bebé, pasó de ser su princesita, a ser Izumi, y aquello le hizo sentir un calor especial.
Días después su Izumi tendría una celebración en honor a su pronta llegada al mundo. Los ciudadanos de la ciudad enviarían los buenos deseos y regalos. Por su puesto que sus amigos eran los invitados más importantes de aquella celebración.
Él no estuvo de acuerdo con la fiesta, sobre todo pensando en su esposa que no salía de la cama a no ser que fuera estrictamente necesario. Pero ella era la más entusiasmada al respecto, hizo un esfuerzo extraordinario para levantarse de su cama, arreglarse y salir al balcón para saludar y agradecer a sus ciudadanos luciendo lo más radiante posible. Luego, al estar rodeada de amigos, no le importó permanecer en cama, ni a sus amigos les importó seguir celebrando en la habitación de los líderes de la Nación.
Zuko pidió a sus asistentes que llevaran toda la comida y bebida a su alcoba, la cual nunca había estado tan colmada como en esa oportunidad.
Aprovechó un momento que la conversación se desvió a contracciones y dilataciones para salir a tomar aire.
Se dirigió hacia uno de los tantos palcos del palacio que daban vista a la gran capital, apoyó sus brazos en la baranda y dio un suspiro agobiado.
̶ Vaya ¿Desde cuándo una fiesta te angustia tanto? – la voz juguetona de su amigo lo sorprendió, no notó que lo habían seguido. Realmente tenía pies ligeros.
̶ Desde siempre – respondió dando otro suspiro. Pero era mentira, sí le gustaban un poco las fiestas. Pero ésta no era cualquier fiesta, ésta era especial, era la celebración para la llegada de Izumi. Para su hija.
Se llevó las manos a su cabello que ya no estaba adornado con la prenda real de cinco puntas y se lo alborotó enervado.
̶ Zuko ¿Qué sucede? – el tono en la voz de su amigo cambió abruptamente, por supuesto que lo había preocupado por su actitud, algo que estaba haciendo últimamente con todos sus cercanos.
Hubo un largo silencio en donde Aang se acercó un poco más hacia él, mas no dijo nada, esperó pacientemente que el maestro fuego hablara.
̶ No sé si seré un buen padre – dijo Zuko exhalando el aire contenido. Empuñó los puños con fuerza sobre la baranda.
Por supuesto que el Avatar no podía creerle.
̶ ¿Estás bromeando, cierto? – preguntó en tono divertido, Zuko giró su cabeza hacia Aang dándole una mirada asesina. Aang levantó las palmas en forma de paz – ¿Cómo puedes decir eso? – continuó más serio – Serás un estupendo padre – era demasiado obvio para el joven maestro aire.
Zuko negó con la cabeza, se inclinó y apoyó su frente en sus antebrazos que volvieron a la baranda. Se quedó mirando el suelo.
̶ Sabes a qué me refiero…
̶ Por supuesto que no – espetó Aang – Sé que serás un perfecto padre. Ya lo has sido por miles de ciudadanos de tu nación – le mostró la ciudad dormida con una señal de su mano.
̶ Los primeros años no fueron perfectos – respondió Zuko.
̶ Pero lograste ser un buen Señor del Fuego los años siguientes. Además, ¿Recuerdas allá en el templo del aire del oeste, o en tu casa en la Isla Ember? tomaste el rol de padre literalmente y lo hacías perfecto – le recordó Aang con una pequeña risilla al acordarse. Zuko no se inmutó.
̶ Mi referencia de paternidad no es muy buena por si no lo recuerdas.
̶ Iroh es una excelente referencia
Zuko calló, por supuesto que su tío era la mejor referencia de padre que pudo haber tenido nadie, pero el fantasma de su verdadero padre lo acechaba sobre sus hombros, la sangre directa era más fuerte. Los errores podían volver cometerse varias veces.
̶ Tengo miedo – terminó confesando.
Aang le colocó su mano en el hombro, y le dio un pequeño apretón.
̶ Mira, cada vez trato menos de ocupar esta carta, pero… como El Avatar, puedo dar fe que tú, Señor del Fuego Zuko, serás un padre ejemplar.
Zuko sonrió al comentario de su gran amigo.
̶ ¿Crees que mamá esté bien?
̶ Por supuesto.
Estaban solos los tres en los patios de la casa en Isla Ember, Azula gateaba curiosa por toda el área agarrando hojas caídas. Llevaban un par de horas esperando la respuesta del curandero de cabecera.
Zuko no sabía que estaba sucediendo realmente, lo único que entendía era que su madre había enfermado de un momento a otro y ahora un señor extraño la estaba acompañando en su habitación.
̶ Tu madre es fuerte y decisiva, se recuperará de inmediato.
Zuko solo entendió la palabra fuerte, y no estaba de acuerdo que su madre lo fuera, no levantaba cosas pesadas, ni lanzaba bolas de fuego como su primo Lu Ten le mostraba de vez en cuando.
Azula comenzó a toser de pronto, de seguro se había tragado una de las hojas secas que recogió del suelo, su padre se levantó en seguida y fue a acudir a su hermana pequeña. Dejó de toser, pero comenzó a llorar y Zuko roló los ojos, ella siempre lloraba y su madre siempre tenía que hacerle arrumacos y cariñitos, no le importaba si estaba jugando con él. Azula lloraba y todos corrían a socorrerla.
El señor que estaba revisando a su madre llegó sin avisar al patio, padre levantó la vista y se acercó a el con el bebé en brazos.
̶ Lo lamento señor, no pudimos salvarlo.
Zuko no entendía a que se refería el señor, pero si entendía el rostro de su padre al escuchar esas palabras.
̶ No puede ser, ¡Debes estar bromeando! – su padre alzó la voz como pocas veces hacía, Azula que seguía sollozando en sus brazos se calmó inmediatamente y quedó quieta como una piedra.
̶ Se hizo todo lo posible, príncipe Ozai – el señor se veía mas anciano de lo que era al dirigirse a padre.
̶ ¡Si hubieras hecho todo lo posible, lo hubieras salvado! – Zuko no entendía lo que hablaba su padre y tampoco le importaba, el quería saber de su madre, ¿por qué nadie hablaba de ella?
Se acercó un poco a los adultos y tiró de las túnicas del señor anciano.
̶ ¿Mamá se encuentra bien? – preguntó. Cuando le iban a responder su padre gritó.
̶ ¡Zuko! Maldita sea, estamos en una conversación de adultos.
Era la señal que el chico debía irse.
Dio media vuelta y se dirigió a averiguar sobre su madre él mismo. Entró a la casa por la entrada de la cocina, cruzó un pasillo, subió las escaleras y luego caminó hacia la derecha, la puerta de la habitación en donde estaba su madre se encontraba abierta, dentro de la habitación varias sirvientasse movían de un lado a otro llevando varias telas escarlatas y húmedas en sus manos.
Entró a la habitación y vio a su madre en cama con los ojos cerrados.
̶ ¿Mami?
Se acercó a un lado de la cama para estar más cerca, su madre abrió lentamente sus ojos y lo miró, una sonrisa se dibujó en su pálido rostro y su mano llegó a su cabeza para acariciarlo levemente.
̶ Mi querido Zuko – le susurró ̶ Mi hermoso y amado Zuko.
̶ ¿Estás mejor?
Su madre suspiró y volvió a cerrar los ojos, la mano en su cabeza cayó lentamente a la cama y fue cuando una de las sirvientas se percató que el chico había entrado a la habitación.
̶ Joven Zuko, no es lugar para que esté aquí en este momento – tomó su muñeca de manera brusca y lo tiró hacia afuera.
̶ ¡Suéltame! ¡Quiero estar con mi mamá! – gritó él mientras intentaba zafarse del agarre de la empleada, mas no lo logró y de un momento a otro quedó afuera de la habitación con la puerta cerrada frente a él.
̶ Joven Zuko, su madre debe descansar ahora. Debe reponerse para poder volver a cuidar de usted y con su hermanita, en necesario que esté tranquila por este día, ¿Sí?
Cuando Zuko se enfermaba lo dejaban descansar y dormir todo el día, por lo que asintió y dejó de insistir el estar al lado de su madre. Miró por última vez la puerta y se dirigió al patio a esperar que el día pasara sólo con su hermana.
Años tuvieron que pasar para entender realmente lo que había sucedido ese día con su madre.
Era tradición que los Señores del Fuego no acompañasen a sus mujeres durante el parto. Solían esperar en la Sala del Trono para luego conocer a sus hijos ya limpios y vestidos y encontrar a sus esposas en pie y arregladas.
Zuko estuvo sosteniéndole la mano a su mujer durante todo el proceso. Nunca había estado tan nervioso en su vida y las parteras ni siquiera se inmutaron de su presencia, era el primer señor del fuego en años que participaba en un parto. Los gritos y jadeos de su esposa lo hacían sudar tanto como lo estaba ella. Su mano era estrujada con cada puje, pero por supuesto que el dolor que sentía en su mano no era nada comparable con lo que sentía ella.
La cantidad de sangre sobre su cama no podía ser normal, pensó. Pero nunca había presenciado un parto por lo que realmente no tenía la mínima idea. Intentó preguntar, pero las parteras estaban tan concentradas en su trabajo que prefirió mantenerse en silencio. Tomó una toalla limpia cerca de él y limpió el sudor de la frente de su pareja, era lo único que podía hacer, ella simplemente lo ignoró.
De pronto un sonido agudo llenó la habitación, un grito que reemplazó a los de su esposa. Un grito agudo, fuerte, un grito que pronunciaba vida.
Vio como la partera jefe sostenía un pequeño ser humano entre sus manos, cubierto por sangre y algo más que no supo identificar. A simple vista el pequeño ser se veía perfecto.
̶ Es una niña, Felicidades Señores.
Otra mujer tomó a la recién nacida y la llevó a un lado de la sala en donde junto con otras mujeres la limpiaron y la arroparon. Quería levantarse, correr donde su hija, ver lo que le estaban haciendo, pero un tirón en su mano lo hizo voltearse.
Su mujer seguía agitada y sumamente cansada.
Zuko se reclinó hacia ella y le dio un beso en la coronilla de su cabeza.
̶ Lo hiciste muy bien – le dijo en un susurro que solo ella escuchó.
̶ Quiero verla – dijo su mujer fuerte y claro sacando energías Agni sabe de dónde.
̶ Por supuesto – habló la matrona jefe a la vez que se acercaba con un rosado y regordete bebé hacia su madre. Colocó el recién nacido entre los brazos de ella y luego se dedicó a limpiar y ordenar los implementos utilizados.
Zuko observó a la pequeña en los brazos de su madre. Era una cosa diminuta, la pelusa de cabello era oscuro como el suyo, sus ojos tenían un tono grisáceo, sus manitas se abrían y cerraban inquietas. Sin previo aviso comenzó a llorar nuevamente. Zuko dio un respingo.
̶ Debe tener hambre – dijo su esposa, y sin ayuda de nadie se acomodó en la cama para darle pecho al infante. Como si lo hubiera hecho mil veces antes, como si no hubiera estado sufriendo minutos antes, como si no fuera madre primeriza.
Observó maravillado la hermosa escena frente a él y no pudo evitar pensar en todos los Señores del Fuego anteriores que no presenciaron algo tan magnifico como eso.
Ya era de noche, todo el alboroto del parto había pasado. El bebé dormía plácidamente en la gran cama entre medio de sus dos padres que le velaban el sueño.
̶ Tengo una confesión que hacer – dijo de pronto Zuko, se llevó su mano hacía su nuca en señal de incomodidad, su esposa lo observó detenidamente esperando que continuara – Tengo miedo de no ser un buen padre para Izumi – le confesó al final, le confesó algo que tenía atrapado en su pecho hace nueve meses atrás cuando se enteró que su mujer estaba embarazada.
̶ Es algo que noté – le respondió ella sonriente. Por supuesto que no esperaba que se lo tomará tan a la ligera – No dejaste de tener miedo desde que asimilaste que realmente estaba embarazada – le encaró ella con una sonrisa de lado. Zuko se avergonzó al punto de sentir arder sus mejillas, de seguro que el rojo de su rostro hacia juego con las mantas que arropaban a Izumi.
̶ No quiero que pienses mal de mí, no es que no quiera a Izumi, es solo que…yo…yo no sé…- bajó la cabeza sumamente apenado y avergonzado.
Su mujer se acomodó en la cama y se acercó él para tomarle el rostro con sus dos manos, lo mantuvo en alto para que no apartara la vista en ningún momento.
̶ Zuko, has sido el mejor Señor del Fuego que la Nación y el mundo ha podido tener por 5 años, has sido el mejor esposo que he podido desear por 2 años, no cabe duda de que serás un padre excelente para Izumi por toda su vida.
No la había escuchado a hablar de forma tan solemne en años, ni siquiera en reuniones políticas hablaba de esa forma. Lo que le estaba diciendo era lo que sinceramente pensaba de él, y para que engañarse, era lo que todos sus amigos pensaban de él.
El bebé entre ellos comenzó a moverse acomodando su posición entre sueños y Zuko quebró la mirada con su esposa para ponerle atención.
Era perfecta, era delicada, era suya, y por fin lo comprendió. Jamás dejaría de cuidarla, protegerla y amarla.
No es perfecta, pero es una breve historia que nació en pandemia y en cuarentena xD
¿Quién es la madre?
jiji
