Hojo.
Mucho tiempo atrás…
Aome había regresado a la época actual, había sido una idiota, ilusa, había amado a Inuyasha con todo su ser y él ahora estaba declarándole su amor a Kikyo. La había dejado sola.
Había regresado a su casa sin responder a ninguna pregunta y se había dejado caer en su habitación, luego tendría tiempo para contar cualquier cosa.
Así habían transcurrido tres semanas, llorando, sin hablarle a nadie que no viviera en su casa, encerrándose en sí misma y olvidándose de todo. Esperaba que Inuyasha fuera, que la salvara de sí misma, pero él nunca aparecía.
-¿Aome?- llamó su preocupada madre- No puedes seguir así, no es sano, deberías…
-No quiero salir, déjame sola- gruñó Aome clavando su cara en la almohada.
-¡Aome abre la puerta!- gritó el abuelo desde el otro lado- ¡Tú madre tiene razón! ¡Sal ahora mismo!
Pero ella no respondió, no quería hacer nada.
-¿Aome?- susurro su hermano pequeño horas más tardes- ¿Qué paso en la época antigua?
-Nada- dijo la miko en pijama recostada en la puerta mirando los fragmentos- No soy más que un objeto.
-¡¿Qué?!- Souta parecía indignado al otro lado de la puerta- ¡No digas eso!
Pero su hermana no respondió.
La noche cayó, la miko no bajo a cenar y nadie la molestó, aún tenía la ropa del día anterior puesta, había tirado en alguna parte de su armario los fragmentos y luego de hallar unas tijeras empezó a cortarse el cabello, sentía que la oscuridad la invadía, la rasgaba, el vacío se la tragaba lenta y dolorosamente.
-¿Aome?- una voz desconocida llamaba del otro lado de la puerta, nadie respondía…- ¡Aome abre la puerta en este instante!
-Hazte a un lado- murmuro una voz grave antes que un ruido llenara el pasillo, la puerta se abrió dejando paso a dos jóvenes que se quedaron congelados mientras un niño rompía a llorar observando a su hermana acostada en el suelo con los fragmentos en una mano y una flecha en la otra, el cabello cortado de una manera extraña y varios hilitos de sangre saliendo sin apuro pero constantes desde diversas partes de su cuerpo, dejando a la joven empapada en sangre.
Para cuando Aome abrió los ojos estaba en un lugar lleno de blanco, con dos personas desconocidas observándola preocupados y su pequeño hermano dormido en un sillón. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado?
-Señorita Higurashi ¿Cómo se siente?- preguntó un chico de ojos verdes y cabello rojo- Nos dio un buen susto.
-¿Un buen susto?- preguntó la chica de cabellos rubios acercándose a Aome- ¡¿Qué estabas pensando?! ¡Tú abuelo casi se muere, tu mamá esta con él en urgencias y tú vienes e intentas suicidarte!
-¿Mi abuelo…?- Aome frunció el ceño preocupada.
-Yo soy Ren y ella es mi prima Hana- dijo el chico acercándose- Tu mamá nos pidió que cuidáramos de Souta en su ausencia.
Aome se sintió terriblemente mal, no tenía idea de que había pasado, no recordaba nada, ella no se quería suicidar… ¿o sí?
-Lo lamento- murmuro Aome bajando la mirada- Yo no quería…
-Pudiste haber muerto- dijo Ren interrumpiéndola- Souta estaba muy asustado.
Aome guardó silencio ¿Qué podía decir? Era una estúpida.
Al día siguiente pudo salir del hospital, luego de visitar a su abuelo regreso con Souta a casa, ella tenía que mejorar, no podía seguir escondiéndose en sí misma.
Durante las siguientes semanas se entregó de lleno a su familia, al colegio y a sus amigos.
Habían pasado dos meses, creía que todo estaba mejor aunque aún le extrañaba, aun observaba el pozo esperando, Souta la acompañaba temiendo que hiciera alguna locura, Souta había guardado los fragmentos desde hace unos días, Aome había pensado que tal vez eran los fragmentos, tenían un poco de maldad que crecía con la oscuridad que había habitado en ella desde que había vuelto.
Esa noche habría una fiesta, Hojo la iría a recoger, desde el último mes se habían hablado seguido, habían salido de un lado a otro, sentía que sanaba un poco con él.
Ayumi, Eri, Yuka, Ren y Hana llevaron sus citas a la fiesta, era un hermoso lugar y todos se divertían, Hojo la acompañaba sonriendo por todo, tomándola como a un trofeo.
-Aome, eres tan hermosa- le susurró al oído- ¿Me acompañas a pedir una copa, princesa?
Aome asintió y camino junto a su amigo, cuando hubiera querido ella que Inuyasha le hablara de ese modo.
-¿Qué quieres tomar, guapa?- le preguntó, ella se alzó de hombros ya que no tomaba, él escogió por ella- Sabes, hemos salido últimamente y me gustas mucho…Aome, ¿aceptarías que esta no fuera una salida normal? Tal vez, una cita, podríamos tener citas y…ya sabes, ser novios.
-¿Una cita?- Aome pregunto sorprendida, una cita…ojala Inuyasha hubiera…
-Sí, tú eres hermosa, te amo Aome- dijo Hojo tomando un sorbo de su coctel para luego acariciar el cabello de la miko- ¿Aceptarías tener una cita conmigo?
-Bueno- murmuro Aome pensando, a ella no le gustaba, no como Inuyasha, pero había dicho que lo olvidaría, necesitaba olvidar, Hojo acaricio la mejilla de la chica y luego tallo su cuello haciendo que la joven se estremeciera- Acepto- murmuro tomando un gran sorbo de su coctel.
Hojo sonrió a la chica y bajo su mano desde los hombros de Aome hasta sus caderas, la atrajo hacia sí y la llevo con los demás. Habían transcurrido cuatro horas llenas de risas, baile y cocteles, Aome comenzó a sentir como perdía estabilidad y control.
-Me voy- murmuro entre risas- No puedo llegar borracha a casa.
-¡Aburrida!- gritaron sus amigas- ¡Es temprano!
-No no no no- dijo la miko trabándose un poco- Tengo que cuidar de Souta mañana.
-¡Quédate Aome!- gritaron Ren y cuatro chicos más que les acompañaban.
-Será otro día- dijo colocándose en pie e intentando caminar hacia la puerta.
-Déjame ayudarte, querida- dijo Hojo sosteniéndola entre sus brazos- ¿A tu casa?
Aome asintió mientras el chico la acercaba a su auto, bueno, al auto prestado por sus padres.
-Te vez hermosa hoy, Aome- le Hojo sentándola en el sillón de atrás y dejando vagar su mirada por el cuerpo de la chica.
-Gracias, Hojo, tú te vez muy guapo- sonrió Aome sintiendo un poco de sueño, Hojo le sonrió mientras acariciaba su cabello y se acercaba para besarla, Aome sintió el beso y se imaginó a Inuyasha, sus labios, lo beso sin abrir los ojos, sintiendo que eran las manos del hanyou las cuales acariciaban su cuello, sus pechos y la desvestían por completo.
Hojo acaricio el desnudo cuerpo de la chica, la beso lentamente mientras ella sonreía y jadeaba un poco, beso sus labios inferiores y empezó a lamerla cuando ella entreabrió los ojos viendo sin ver y le acaricio el cabello.
-Inuyasha…- murmuro Aome, Hojo frunció el ceño, otra vez ese tal Inuyasha…
-No, Aome…- murmuro él mirándola a los ojos, presionando con sus rodillas la entrepierna de la chica quien se restregó excitada.
-Inuyasha yo…- empezó a decir pero fue interrumpida con un beso brusco, unas manos abrieron más sus piernas y sintió como algo era introducido en su interior, entonces lo vio, Hojo, era Hojo- ¡¿Qué estás haciendo?!
-Relájate, Aome- le susurro Hojo empezando a embestirla- No te tenses…
-Suéltame- dijo la chica de ojos azules intentando alejar al chico que se movía haciéndole daño- ¡Hojo para!
-¡Cállate!- susurró Hojo con un brazo a cada lado y mirándola a los ojos- Eres virgen… ¿eh? Estás deliciosa, Aome.
-No quiero Hojo, me duele, para…para ¡PARA!- gritó Aome con los ojos llenos de lágrimas, Hojo no paro, estaba fundido en los azules ojos de su amante, no podía pensar porque estaba lleno de sensaciones. Aome sintió que se asfixiaba, sentía que se rompería, dolía, dolía de muchas formas y desde lo mas profundo de su ser.
El tiempo se detenía, era eterno, creyó que no acabaría, vio a Hojo moverse pero ella no fue capaz de reaccionar.
-Ash, me he venido adentro y no use condón- murmuro el chico quien luego beso los labios de su inmóvil amada- ¿Lo disfrutaste?
Aome lo observo un minuto antes de romper a llorar, se sentía sucia.
-Oh vamos, cálmate, no ha sido nada- le dijo Hojo observándola, ella se abrazó a sí misma y sintió sus caderas doler tanto que reconoció músculos que ni sabía existían.
No ha sido nada. En absoluto, pensó Aome. Sentía pánico, temblaba y las lágrimas no dejaban de salir, Hojo la observo atentamente hasta que se quedó dormida.
Cuando Aome abrió los ojos estaba aclarando, Hojo estaba vestido en el asiento del piloto y fumaba, Aome no sabía que él fumaba.
-¿Estás mejor?- preguntó pero no espero a que ella respondiera- Yo no hago esto, va contra mis principios, Aome, lo siento, no sé qué me paso, no volverá a pasar. No debes contárselo a nadie, nadie te creerá, dirán que solo quieres llamar la atención. Esto no volverá a pasar, debes irte a casa y seguir con tu vida.
Aome lo observo confundida, hizo ademán de hablar pero él le gano.
-Estamos a una cuadra de tu casa, puedes ir caminando ¿no?- dijo Hojo abriéndole la puerta, Aome asintió mientras se vestía- Bien, espero que hayas disfrutado está noche mucho más que yo.
Aome lo fulmino con la mirada y quiso correr pero el dolor se lo impedía. Tardó demasiado en llegar a casa, en subir a su habitación y en empezar a llorar, se bañó cincuenta y cinco veces ese día sintiéndose sucia, no hablo mucho hasta el día siguiente y la siguiente vez que vio a Hojo fue un mes después con un par de chicas, ignorándola completamente, sin hablarle, cuando la veía hacia como que no existía.
-Hojo- le llamó un día- ¿Por qué me ignoras?
-Aome- bufó el chico al otro lado de la línea- Creí que comprendías que era una noche casual, bien, fue tu primera vez y me alegra que la disfrutaras tanto como yo, pero entiende que no hay química, no quiero nada contigo, hay otras chicas que se mueven más y me gustan así. No seas patética, sigue con tu vida. Ve por ese Inuyasha al que tanto llamas ¿Qué se yo? No me busques.
Aome alzo las cejas cuando se cortó la llamada ¡¿Qué sabía ese idiota sobre Inuyasha?!
Lo odiaba, era un estúpido y ella era tonta también.
~oooo~
Justo ahora.
-Desde ese día no lo volví a ver mucho, me evade…- murmuro Aome con los ojos hinchados por las lágrimas y el recuerdo.
Sesshomaru la miraba con estoicismo, por dentro era un mar de emociones, encontraría al bastardo y lo mataría, eso estaba más que claro.
¿Cómo se atrevió a hacerle eso? ¡Es un ser despreciable! ¡Salvaje! ¡Ella es una niña técnicamente! un gruñido salió de lo más profundo del youkai
No tiene perdón- pensó Yako- Va a morir.
-Miko- murmuro Sesshomaru acercándose a ella y rodeándola con un brazo- Ese humano es un ser despreciable, no merece vivir, no mereces sufrir eso, no tuviste la culpa y de ahora en adelante nadie te tocara contra tu voluntad ¿comprendes?
Aome lo miro con una mirada vacía, como si hubiera sacado todo lo que llevaba adentro.
-Mientras estés a mi lado nadie te hará daño, si lo hace sufrirá todas las consecuencias- dijo Sesshomaru, más bien Yako, en un tono casi letal.
Aome asintió y cerró los ojos, quería eliminar todos sus recuerdos, para su sorpresa los fuertes brazos del youkai la rodearon por completo colocándola sobre sus piernas, se sintió completamente segura.
Sesshomaru escuchaba el latido del corazón de Aome, lo calmaba, la ahora suave respiración de la humana lo sanaba, él no había experimentado mucho acerca de las emociones o sentimientos, Rin le había hecho entender que quería hijos que podía amar, pero Aome era otra cosa, lo hacía sentir vivo, casi humano.
-Sesshomaru- murmuro la miko con voz soñolienta- ¿Alguna vez le has contado tus cosas a alguien?
-No- respondió en voz queda el youkai- no es bueno estar contándole tus cosas a los demás.
Aome asintió pero no respondió, hundió su rostro en el pecho del youkai inhalando el dulce aroma.
Sesshomaru la observo, le parecía una niña en ese instante, tierna, dulce y vulnerable.
Una niña hermosa pensó Yako, Sesshomaru le dio la razón, Aome estaba hecha un ovillo en sus piernas, su cuerpo lucía hermoso entre sus brazos, ella era perfecta. No Sesshomaru, ella es sexy…no tierna y dulce… pensó Yako, Sesshomaru se dio una patada mental mientras se recostaba en los cojines, Aome se acomodó más sobre el pecho de Sesshomaru y rodeándolo con los brazos, haciendo que despertaran nuevas sensaciones en el youkai, decidió cerrar los ojos y solo concentrarse en el olor de la miko por su propio bien.
-Sesshomaru- murmuro una entre dormida Aome abrazándose más al youkai- Quisiera poder ayudarte más.
-Ya lo haces miko- susurro el youkai besando el cabello de la chica con dulzura y cerrando los ojos con mucha más fuerza, temiendo que ese instante acabara.
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Gracias por leer, sé que este capítulo es exageradamente corto, lo lamento, si sirve de consuelo el siguiente está listo, pero lo subiré la otra semana como de costumbre.
Y pues sí, Hojo está muerto, bueno, al menos será aleccionado en un futuro. En cuanto a Inu no Taisho, siempre estuvo con Sesshomaru, sabe más sobre su hijo que el mismo Sesshomaru, incluso al estar dormido.
Nos leemos el próximo domingo!
