Aome se despertó más tarde de lo usual, busco a Sesshomaru involuntariamente ya que la casa se encontraba en un silencio absoluto. Fuera de la casa, cerca al árbol sagrado se encontraba el gran youkai sentado junto a Shippo, Rin y Souta.

-¿Y qué pasó después, señor Sesshomaru?- preguntó Rin con curiosidad.

-Bueno, mi padre me envió con su ejército a defender el Oeste mientras él entraba al gran palacio a rescatar a la princesa Izayoi- contó Sesshomaru frunciendo un poco el ceño.

-¿Fue una gran pelea?- pregunto Souta curioso

-Por supuesto, eran cientos de demonios, todos ellos fueron cruelmente masacrados, a tú edad chico yo ya era un experto con la espada- dijo Sesshomaru desde un lugar lejano.

-Mi padre nunca tuvo intenciones de enseñarme a pelear, no entiendo porque si otros youkais si…- murmuraba Shippo ensimismado.

-La tribu de los Kitsune no se caracterizan por pelear, son seres demasiado amables y suelen hacerle bromas a los humanos, es muy extraño el Kitsune que este en combate- intervino Sesshomaru con los ojos cerrados- Pero es claro que en estos tiempos debes saber defenderte pequeño zorro.

-¡Amo Sesshomaru enséñele a Shippo por favor!- pidió Rin

-¡Yo también quiero aprender!- se animó a decir Souta emocionado por la idea.

-Hum sería interesante- sonrió Sesshomaru, un segundo después se escuchó un carraspeo haciendo que todos la observaran. Aome les sonrió a unos metros de distancia dónde se había mantenido esperando- Buenos días, Aome.

-¡Señorita Aome!- dijeron Shippo y Rin al tiempo levantándose para ir a sus brazos.

-Hermana ¿cómo estás?- saludo alegremente Souta

-Bien- sonrió ella aún más observando a Sesshomaru quien no le quitaba la mirada de encima- ¿Y mamá y el abuelo?

-Fueron a comprar algunas cosas, señorita Aome- respondió Rin- La señora Naomi le dejo el desayuno en la cocina.

Aome asintió y se dirigió a la cocina a prepararse el desayuno seguida por Sesshomaru.

-No sabía que te gustaran tanto los niños, Sesshomaru- le dijo la miko calentándose el desayuno, el youkai se alzó de hombros quitándole importancia- Serías un buen padre.

-Hum- murmuro Sesshomaru mientras abrazaba a la humana con suavidad- no lo sé, miko, tú serías una buena madre.

Aome reprimió una risa divertida se dio vuelta para mirarlo a los ojos, se veía realmente hermoso a esa distancia de ella.

-No lo sé, youkai- le sonrió para luego cambiar de tema- ¿Qué quieres hacer hoy?

-Pasar tiempo con tu familia, supongo- murmuro el youkai mientras la chica se sentaba a comer.

-Podemos salir- opinó- Te llevare al restaurante al que fui anoche, tal vez pueda saludar a las chicas…

Sesshomaru asintió, él también tenía algo que hacer, ciertamente tenía que hacer una visita.

Para cuando Aome termino de comer su madre y el abuelo ya habían vuelto a casa. Esa mañana salieron a dar todo un recorrido por la ciudad, Sesshomaru parecía asombrarse por cada cosa nueva que veía aunque casi disimulaba muy bien el interés.

-Tu mundo está lleno de cosas extrañas, miko- le susurro el youkai mientras caminaban por el acuario, Aome le sonrió divertida mientras Sesshomaru observaba con extrañeza los animales y las personas, la miko le hablo acerca de cada cosa nueva que el youkai extrañado descubría, para él todo era nuevo, incluso ella, no había tenido oportunidad de tener nunca una maestra tan amable y comprensiva.

Sesshomaru la observo por un momento caminar por la mitad del pasillo con una sonrisa en los labios y los azules ojos brillando, el cabello negro caía por su espalda hasta la cintura y su cremosa piel pareció sonrojarse por algo.

-Aome- siguió murmurando Shippo quien ahora estaba junto a ella- Sesshomaru sigue observándote de una extraña forma- opinó el niño mirando al youkai y luego a la miko.

-Señor Sesshomaru ¿está bien?- pregunto Rin de nuevo junto a él

-Sí- dijo el youkai apenas mirando a la niña y empezando a caminar. Sesshomaru observo a la madre de la miko y al abuelo de la misma caminar más adelante, hablando tranquilamente sobre el día en que habían inaugurado el lugar, ese día habían llevado a Kagome quien era una niña de siete años más o menos y Sota tan solo un bebé, había sido el último paseo que habían dado con el señor Higurashi ya que al llegar a casa había encontrado una fatídica muerte.

Sesshomaru se preguntó cómo había muerto el padre de Aome pero supuso que estaría mal preguntar, así que siguió de largo. Rin, Sota y Shippo observaban los acuarios de lado a lado atravesándose entre él y Aome.

Todo parecía tan natural, como si hubiera sido así desde el inicio de los tiempos, Sesshomaru se dijo a si mismo que no podía ser, humanos y youkais jamás podrían vivir juntos, aun así, él había empezado a vislumbrar un futuro junto a la miko muy en contra de sus creencias.

-¿En qué piensas, Sesshomaru?- pregunto la chica con curiosidad acercándose a él, él no respondió de inmediato, como era de esperar.

Pensaba en ella, ¿en quién si no? En cómo sería una familia con ella y lo improbable de esto, ella era humana, de una época en la que los youkais parecían haberse escondido kami sabe dónde, ella tenía su vida por delante y él, bueno él no debía…no debía desearla, quererla o algo así.

-Tu padre- respondió el youkai sin mirarla, ella quien se había acercado demasiado bajo la mirada, el azabache cabello cayó sobre el hombro del peliplateado.

-Bueno, él falleció cuando yo era una niña- susurro Aome con pesar, ella lo recordaba, su abuelo le había dicho que ella mentía pero no era así, ella sabía quién lo había hecho o más bien que.

-Lo siento mucho, miko- respondió Sesshomaru acariciando el cabello de la chica sin saber porque lo hacía.

-Está bien- le sonrió- ¿Vamos a almorzar?

Aome tomó de la mano al youkai y lo haló con ella, automáticamente se sonrojo y es que no sabía porque lo hacía, Sesshomaru simplemente se estaba volviendo alguien importante para ella.

Durante el almuerzo Sesshomaru descubrió que no había probado nada igual y agradeció a la miko por haberlo llevado, cuando salían del restaurante Aome se encontró saludando a Hana y un chico que iba terminando su carrera de historia antigua en la universidad.

-Su nombre es Ben Hudson, está de intercambió- había dicho su amiga uniéndose a ella y Sesshomaru mientras salían del restaurante.

-Hola Ben- saludo Aome sin poder terminar de hablar por la interrupción de Hana

-Ben ha estudiado arduamente a los youkais, Aome- dijo Hana con una sonrisa diabólica en el rostro- ¿No es interesante como en esas leyendas comentan los poderosos que eran y hoy en día no hay ninguno? Ben cree que pudieron existir, hay estudios que dicen que están entre nosotros.

-¿En serio?- dijo Aome curiosa mirando por el rabillo del ojo a Sesshomaru quien estaba imperturbable.

-Así es, ¿no es verdad, Benjamín?- dijo la chica instando a su amigo a hablar.

-Bueno, sí- dijo el chico de cabellos castaños y ojos verdes dando un respingo ante la mirada escrutadora de Hana- Hace mucho tiempo, según cuentan las leyendas habían seres supremamente poderosos, pero cuando empezamos a desarrollar armas más potentes ellos se vieron en la necesidad de esconderse, no porque estuvieran amenazados, por el hecho que se habían asesinado entre ellos y con el tiempo solo quedaron los youkais más jóvenes o los menos fuertes que no acudían a ningún tipo de batalla, esa es mi tesis, posiblemente hay algunos youkais inteligentes que no se inmiscuyeron en las guerras y decidieron que lo mejor era ocultarse entre nosotros.

Aome lo sopeso, tenía sentido, aun así no se imaginaba a Sesshomaru escondiéndose de los humanos, eso le perturbo ¿habría muerto entonces?

-Sesshomaru- suspiró con tristeza Aome.

-El asesino perfecto- sonrió Ben llamando la atención del youkai y la miko- Veo que conoces las historias, se dice que fue él quien llevo a cabo muchas batallas y posteriormente, luego de ordenar a los youkais sobrevivientes, él simplemente desapareció.

-¿Desapareció? ¿Pero cómo pudo desaparecer?- dijo asombrada Aome, Sesshomaru alzó una ceja pensativo, así que eso era lo que sucedería, él no viviría con la miko, el asesinaría como de costumbre, gobernaría y luego…bueno, moriría, eso era obvio. No podía llevar a la miko a eso.

-Nadie lo sabe ¿no es impresionante? ¡El más grande youkai de la historia completamente desaparecido!- dijo casi divertido el chico- Igual son leyendas nada más.

Pero para Aome no son solo leyendas, es su realidad.

-No puede ser- dijo tomando una decisión, ella no dejaría que Sesshomaru desapareciera sin más, no podía.

-A veces también lo pienso- dijo Hana con la sonrisa de quien guarda un gran secreto- Bueno, me marcho, Ben y yo íbamos a reclamar unos papeles.

-Está bien- se despidió Aome de Hana y Ben antes de marcharse junto a Sesshomaru en dirección a donde se encontraba su familia.

-¿Qué te tiene tan molesta, miko?- pregunto luego de un rato el youkai.

-No puedes desaparecer simplemente- frunció el ceño el youkai- No lo permitiré.

-No hay nada que puedas hacer, miko- dijo Sesshomaru con la frialdad de siempre.

-¡Claro que sí! ¡Debe haber algo!- exclamo Aome sin querer darse por vencida.

-Escúchame, Aome- ordenó Sesshomaru- Luego de acabar con la bruja tú y yo nos separaremos, tomaremos caminos diferentes, destruirás a Naraku y jamás volverás a la época antigua.

-¡¿Qué?! ¡¿Pero porque?! -Exclamo Aome confundida

-Volverás a tu época con Rin y vivirán sus vidas tranquilamente, ¿entiendes?- dijo Sesshomaru clavando sus dorados ojos como cuchillas en los azules- Mi época no es para ti, eres extranjera, es peligrosa, entiéndelo, sigue con tu vida aquí, porque es lo mejor para ti, yo seguiré mi camino.

-Entonces, ¿sólo soy un medio por el cual te libraras de esa maldición?- dijo la miko con ojos llorosos y sin poder respirar normalmente- Bien, nos veremos luego.

Sesshomaru la observo marcharse dolida, él sentía que se desmoronaba por dentro, la miko le dijo a su madre que deseaba ir a su casa y estar sola, que continuaran el paseo, él podía sentir la soledad y el dolor crecer en su pecho.

Aome llego a casa hecha un manojo de sentimientos, el youkai le gustaba, pero él y ella no pertenecían al mismo mundo, no había futuro para ello, ¿o sí?

Ella solo debía liberarlo y luego dejarlo ir, pero no deseaba eso, quería que él se quedara con ella…

-Miko- susurro una voz a su espalda- Estás sola.

-¿Qué haces aquí?- dijo Aome dando un respingo mientras la mujer frente a ella le sonreía con maldad.

-Quería ver con mis propios ojos a la mujer que está deshaciendo la maldición- dijo la bruja acercándose a la miko- Una simple y ordinaria chica, creí que serías hermosa y poderosa, pero no ¿Qué tienes tú que no tenga yo? No eres más que una niña…

Aome quiso hablar pero la bruja ya la había tomado por el cabello y había puesto una navaja en su cuello.

-Escúchame, Sesshomaru es mío, si pretendes algo con él, yo te mataré y luego lo torturare a él eternamente- susurro la bruja lamiendo cada palabra.

-¡Suéltame!- gritó Aome tomando una mano de la bruja y lanzando una ola de reiki para alejarla- ¡No eres más que una mujer malvada! ¡No lo mereces! ¡Yo salvaré a Sesshomaru de cualquier cosa!

-No, niña- se rio la mujer con fuerza mientras lanzaba pequeñas cuchillas hacia la miko- Nadie puede liberarlo de mí.

Aome lanzo un pequeño grito mientras intentaba esquivar las cuchillas y caía al suelo.

-¡AOME!- se escuchó un rugido a lo lejos que la hizo abrir los ojos, estaba sola, en el suelo de su casa y con los brazos cubiertos de sangre.

-¡¿Qué rayos le hiciste a Aome?!- dijo enojado el pequeño kitsune, Sesshomaru le ignoro nuevamente.

-¡Te estoy hablando!

-Eres más insoportable que la miko- gruño el mayor- Así no se le habla a los mayores.

-¡Sesshomaru dime ahora mismo que le hiciste a Aome!- grito Shippo mirándolo con rabia.

Sesshomaru bufó, ni él mismo lo sabía.

-Pedirle que se mantenga a salvo- murmuro el youkai.

Y al margen, pensó después.

¿Cómo no pedirle eso a una mujer como ella? Él no podía arrastrarla a la perdición, él no era bueno para ella, debía entenderlo.

-¡Mentiroso!- escupió Shippo con los ojos llorosos- ¡Creí que no le harías daño!

Sesshomaru le miró con una ceja alzada y se contuvo por el poder que sintió surgir de algún lado en ese instante.

-¿Qué es eso?- dijo Shippo alerta mirando a todos lados.

-Miko- rugió Sesshomaru colocándose en pie- Te encargo a Rin.

Shippo quiso responder pero lo siguiente que vio fue a un youkai alejándose rápidamente de él.

Sesshomaru casi volaba, estaba lejos del templo, podía sentir la energía de la miko y la bruja enfrentarse y luego un olor a sangre que le inundo las fosas nasales.

-¡AOME!- rugió mientras aceleraba.

Ella estaba en el suelo, sola y ensangrentada.

-Sesshomaru- murmuró la miko cuando le vio.

El youkai la tomo en brazos y la llevo a la habitación para limpiar las heridas de la mujer de la única forma que sabía.

-¿Qué ocurrió?- preguntó el youkai deshaciéndose de la ropa humana y limpiando las zonas afectadas con su lengua.

-La bru-bruja del tiempo- murmuro Aome- estuvo aquí, ella…está loca.

-Se ha ido- murmuro el youkai limpiando el otro brazo- No debiste irte sola.

-Sesshomaru ¿Qué haces?- preguntó Aome al notar su desnudes y la lengua del youkai terminar de limpiar sus heridas.

-Sanarte- dijo el mayor con total inocencia.

-Hay otras formas de limpiar las heridas- dijo la miko frunciendo el ceño y cruzándose de brazos, Sesshomaru no pudo evitar ver su movimiento que hacía que sus pechos se juntaran más de lo usual. -¡No me mires así, youkai pervertido!

-Hablas demasiado, miko- murmuro Sesshomaru tomando el rostro de Aome entre sus manos para besarla con ternura- No sabes que haría si te perdiera- susurro a su oído para luego besarle el cuello lentamente y dirigirse a sus pechos.

-Sesshomaru- murmuro con voz rota mientras las lágrimas se agolpaban en sus ojos, los ambarinos ojos del youkai la miraron con preocupación, ella acaricio sus plateados cabellos- No me dejes.

-No lo haré- prometió de rodillas frente a ella mientras besaba sus pechos y los lamia con suavidad.

Aome le sonrió con dulzura enredando sus dedos en la larga cabellera platinada, las manos de Sesshomaru acariciaron su vientre con delicadeza antes de hacer a un lado la ropa que le había dejado sobre las piernas.

Sesshomaru jamás había visto unas piernas tan blancas y bonitas, podía decir que eran de porcelana, una porcelana que se abría lentamente para él como una dulce flor.

La miko se dejó caer en la cama con los ojos cerrados mientras las sensaciones le llenaban el cuerpo, podía sentir al youkai explorarla con lentitud y paciencia despertándola desde lugares que ella no habría imaginado nunca. Los dulces besos de Sesshomaru cada vez fueron más rápidos, pasionales, agresivos. La pálida piel del youkai sobre ella era suave, sus músculos fuertes, podía sentir como se encontraba bajo la ropa que deshacía cada vez con más desesperación. No tenía punto de comparación pero podía afirmar con seguridad que el lord del oeste sabía delicioso.

Besó los labios del youkai nuevamente y se recostó sobre su pecho mientras inhalaba su exquisito aroma, Sesshomaru acariciaba con suavidad la espalda de la mujer que estaba sobre él, no podía imaginar que las cosas fueran de otro modo.

-Quisiera que esto durara para siempre- murmuro Aome haciendo pequeños círculos en el pecho del youkai.

-Hum- respondió Sesshomaru dándole un par de golpecitos en el cabello.

Aome suspiro y se levantó de la cama para sacar algo del closet.

-¿Qué haces?- preguntó el youkai acercándose curioso.

-Quiero regalarte algo- dijo la miko tomando algo en sus manos mientras era abrazada por Sesshomaru.

-¡¿Aome?! ¡¿Sesshomaru?!-gritaron dos voces distintas entrando al templo- ¿Están aquí?

-Será mejor que nos vistamos- susurro la miko dándose vuelta para buscar su ropa.

-Yo también quisiera que durará para siempre- susurro el youkai mirando al fondo del closet hasta la pared.