La noche había caído sobre el templo, todos dormían menos Sesshomaru que se hallaba observando a Rin dormir mientras jugaba en silencio con la daga de su padre, pensaba en las palabras dichas por él tendrían que destruir a la bruja, hallar su escondite no sería fácil, ya habían comprobado que ella podía estar en cualquier lugar cuando deseara, así que podría esconderse en frente de sus narices.

Se colocó en pie saliendo de la habitación, la casa se encontraba en silencio, salió de la misma sin hacer el menor ruido, olfateo el aire guardando la daga en la pretina de su pantalón y recordando las palabras de Ren corrió, si bien encontrar a la bruja era un problema de importancia, el colocar a cierto humano en su lugar también lo era. Se detuvo frente a la casa que supuso seria de Hojo, aunque no sabía como estar seguro de que fuera el humano correcto.

-No lo hagas, Sesshomaru – dijo alguien tras él, se sorprendió al no sentir el youki antes, al darse vuelta le observo, un youkai de apariencia humanoide estaba frente a él, los ojos de un tono entre ambarinos y naranjas, el cabello dorado caía abundante sobre su espalda y la piel pálida tenía destellos y líneas azules, era de su altura y no necesitaba demasiado para adivinar que estaba en la cima de la jerarquía, como él.

-¿Quién eres? ¿Por qué no sentí tu youki? – pregunto con frialdad, el youkai sonrió como lo haría un gato. - ¿Cómo sabes mi nombre?

-Mi nombre es Madarame Raion – comentó el rubio caminando hacia el albino con movimientos gráciles. – Actualmente los youkais vivimos al margen de los humanos, disminuimos nuestro youki para solo ser encontrados por quien nos place, bajo perfil que llaman – guiñó riendo bajo – Somos amigos, actualmente, aunque aun no me conoces. En el pasado, osea tu futuro, nos conoceremos y tal vez seas uno de los pocos que comprendan porqué amo a una humana.

-Tonterías, los humanos son seres débiles, no te hace más que un youkai de menor categoría.

-No crees eso – comentó Madarame riendo – Lo sé, lo sabes.

-No molestes, youkai león – gruño el youkai perro dándose vuelta, Madarame le sostuvo del hombro – Suéltame.

-Aun no puedes hacerlo, pero tomaras venganza en el futuro, Sesshomaru.

-¿Viniste a impedir que asesine un monstruo humano? – dijo con hosquedad soltándose del agarre.

-Por supuesto que no – sonrió el más joven – Nunca he podido detenerte – suspiro – pero si esperas, te diré como encontrar a la bruja.

En una milésima de segundo Sesshomaru se dio vuelta tomándole por el cuello y empujándole contra un árbol.

-¿Qué sabes tú de la bruja del tiempo, Madarame?

-Su nombre es Ultear – comento con tranquilidad soltándose – es del mismo clan que mi prometida, por supuesto, la razón por la que vine fue para ayudarte a encontrarla.

Sesshomaru lo observo pensativo, se debatía entre creerle o no, el youkai león le rodeo alejándose lentamente.

-Mañana nos veremos, Sesshomaru, fuera del templo y te diré dónde está ella. – Madarame le dio una sonrisa antes de saltar y alejarse entre los tejados.

No se molestó en perseguirlo y obtener respuestas, tenía un presentimiento acerca de la sinceridad de aquel youkai, decidió caminar al templo, luego tendría otra oportunidad para vengarse del humano.

La casa de Aome seguía silenciosa, excepto por el sueño inquieto de la miko, abrió la puerta de su habitación para verla removerse en su cama con el rostro turbado, el aroma de la humana le invadía, cerró los ojos unos segundos permitiéndose saborearlo cuando la castaña soltó una exclamación sentándose en cama, Sesshomaru abrió los ojos y entro a la habitación sentándose frente a ella en la cama.

-Fue solo un sueño – susurro colocando una mano en su hombro, los ojos azules le miraban desorbitados – Estas a salvo.

-¡Sesshomaru! – exclamo arrodillándose para acercarse y abrazarle, oculto su rostro en el cuello del youkai sintiéndose así más segura, el youkai dudó un segundo antes de rodearla con sus brazos. – Tuve un sueño horrible.

-Fue solo eso, un sueño – susurro llevando su mano a la cabellera azabache para acariciarla, Aome se acercó más sentándose en sus piernas y acurrucándose en sus brazos.

-Gracias por estar aquí, Sesshomaru

El youkai suspiro, había sido un susurro, pero él lo había escuchado con claridad, la tomó en brazos recostándola en la cama y colocando la manta sobre ella.

-Debes dormir.

-No, no me dejes, por favor – los brazos de la joven se sostenían a su cuello rodeándole como si él fuera un salvavidas, termino cediendo y se dejó caer con suavidad a su lado, la miko se estiro sobre él alcanzando algo de la mesa de noche para luego recostar su cabeza en su hombro luego de encender la lámpara.

-¿Qué haces? – preguntó al verla abrir el libro.

-Es Peter Pan – explico alzando la mirada hacia él – Solía leérselo a Sota cuando era más pequeño, ¿quieres que te lo lea?

-Si te hace feliz… - asintió hacia ella, la vio acomodarse entre sus brazos y comenzar a leer en voz baja, cerrando levemente los ojos en ocasiones, luchando contra el cansancio, Sesshomaru se dejó llevar por la historia, jamás había oído nada igual, el aroma de la humana le embelesaba, acariciaba su cabello con una mano mientras el brazo libre la sostenía cada segundo más cerca de su cuerpo, la voz de la joven sacerdotisa le acuno con delicadeza y en algún momento los ojos de ambos se cerraron, medio dormido tomo el libro dejándolo en la mesa y apago la lámpara de la habitación para luego dejarse vencer por el sueño.

No sabía cuántas horas habrían dormido, la luz entraba por la ventana iluminando su habitación, Aome entre abrió los ojos para ver el rostro de Sesshomaru a centímetros del suyo, sus brazos a su alrededor y sus piernas enrolladas con las propias, el youkai abrió los ojos lentamente regalándole una mirada cálida.

-Buenos días, Sesshomaru – dijo con una media sonrisa y voz soñolienta acomodándose más contra él.

-Hmm…me alegra que por fin durmieras – susurró observando los ojos de la chica frente a él, acaricio con suavidad su mejilla.

-Tú también – susurro sin poder respirar, sentía el aliento del contrario en sus labios, sus narices casi tocándose, sus ojos bajaron de los ambarinos a los labios del youkai, acaricio el cuello del youkai subiendo a sus cabellos y sin pensarlo se acercó lentamente para besarle. El beso fue suave, tímido, lento. Ambos cerraron los ojos acercándose más de ser posible, el youkai sintió las manos humanas acariciar su cabello y bajar hasta su pecho con suma lentitud mientras él trazaba líneas en la espalda femenina y el beso se profundizaba despacio.

Sesshomaru tomó el rostro de Aome entre sus manos con cuidado, acaricio sus mejillas y lamio lentamente el labio inferior para luego morderlo suavemente y besarla nuevamente, las manos contrarias se introdujeron bajo su camisa acariciando su abdomen y subiendo por su pecho hasta sus hombros.

-Sesshomaru – susurro la contraria contra sus labios antes de besar su mandíbula y dejar un reguero de besos, lamidas y mordidas en su cuello mientras le quitaba la camisa que traía, los azules ojos descendieron contemplando las líneas purpuras que decoraban su cuerpo, sus manos acariciaron cada una de ellas – Son hermosas.

Aome no alcanzo a ver el ligero sonrojo que atravesó el rostro del youkai poco acostumbrado a recibir halagos sinceros sobre sus marcas, debido a que sus labios besaron cada una de las líneas purpuras expuestas trazando una línea sobre ellas con su lengua, Sesshomaru se contuvo de temblar, cerró los ojos soltando un suspiro.

-Aome – susurro con voz ronca y ahogada cuando los labios de la miko se acercaron peligrosamente a sus caderas – Ven aquí – murmuro tomando su rostro y atrayéndola hacia él para capturar sus labios en un beso, la recostó sobre el colchón besando suavemente su cuello, acaricio el cabello azabache dejándolo caber sobre sus hombros, tomo con suavidad la camisa de la miko abriéndola con una de sus garras por la mitad mientras sus labios seguían descendiendo besando cada centímetro de piel expuesta. – Eres preciosa – susurro con los ojos ambar clavados en los zafiros, sus labios uno contra otro, tomo sus pechos con suavidad trazando círculos alrededor, sabía que debía tomarse su tiempo, ahogarse en sus besos no parecía mala idea, probar de apoco el néctar de su piel, llevar uno de ellos a su boca y lamerlo mientras la miko rodeaba sus caderas con sus piernas soltando gemidos, Sesshomaru gimió con ella satisfecho por las reacciones contrarias. Bajo su mano libre por el vientre contrario para introducir la misma entre la ropa interior y hacerse espacio entre los pliegues de piel, acariciando con suavidad hasta encontrar el punto en el que la miko disfrutara más.

-¡Aome!

-¡Señorita Aome!

-¡Hermana!

-Sesshomaru – gimió al tiempo que escuchaba las tres voces llamarla y luego alguien golpear a su puerta, el gruñido del youkai no se hizo esperar.

-A veces, en verdad odio a los humanos – susurró mirando hacia la puerta antes de volver a oír los golpes.

-Yo también – suspiró la miko con las mejillas sonrosadas.

-Señorita Aome, Sota, Shippo y yo hicimos el desayuno – comento animadamente Rin del otro lado de la puerta.

-¡Hermana, ven a probar lo que hicimos! – siguió Sota

Sesshomaru se sentó en la cama tomando su camisa para colocársela, no le sorprendía en absoluto que el youkai zorro no hubiese ido a la puerta, después de todo tenía una mejor nariz que sus compañeros humanos.

-Sí, ya voy – respondió la humana caminando por una nueva camiseta, empezaba a hacer calor en la habitación, tal vez solo era ella, miró a Sesshomaru un segundo más ¿debían hablar sobre aquello? Sin embargo no habría tiempo para responder pues nuevamente alguien golpeo la puerta – Voy – abrió solo un poco la puerta sin notar que cierto demonio salía por su ventana.

-¡Aome! – el primero en abrazarla fue el kitsune quien saltó a sus brazos.

-Señorita Aome tiene que ver nuestro desayuno – comentó Rin tomándola de una mano para bajar con ella con Sota a su lado.

-Mamá nos dejó cocinar con ella esta mañana – aseguró Sota entrando al comedor donde estaba la mesa servida.

-Aome, que bueno que despertaste, te llamaron del trabajo hace cinco minutos – dijo su madre saliendo de la cocina. – Quieren que vayas en un par de horas.

-Supongo que eso no puede ser algo bueno. – respondió sentándose en uno de los puestos dispuestos.

-¡Señor Sesshomaru! – chilló Rin corriendo con una sonrisa hacia el youkai que entraba a la estancia en ese segundo y deteniéndose a un paso de él - ¡Tiene que probar esto!

-Hum – Sesshomaru se dejó llevar por Rin hacia uno de los lugares de la mesa y se sentó, le dio una mirada a la miko quien se llevó el tenedor a la boca intentando ocultar un gesto de desagrado, él mismo tomo su primer bocado y por un segundo cerro los ojos obligándose a ingerir aquello que sabía realmente mal.

-¿Y bien? ¿les gusto? – preguntó Rin apoyando los codos en la mesa y arrodillándose en la silla paseando la mirada de Sesshomaru a Aome y a la inversa.

-Claro, delicioso – sonrió la miko con un ligero tic en la ceja

-Sin embargo no tengo apetito, es una enorme pena – dijo el youkai mostrando un enorme pesar mientras se levantaba – fue un placer.

-¿En serio les gusto? – fue shippo quien hablo con los ojitos brillando emocionado.

-Claro, solo…tengo que ir al trabajo, si – suspiro la miko levantándose – pero fue delicioso, gracias.

Tanto youkai como humana se marcharon de la cocina para asearse y cambiarse. Sesshomaru quien había empezado a distinguir muy débilmente la presencia del youkai del día anterior, fue el primero en salir de la casa, llevaba el cabello peinado hacia atrás y sujeto en una cola, una camisa manga larga de botones negra y jeans oscuros junto a un par de botines. Observo alrededor intentando distinguir de dónde provenía la energía del youkai. Aome salió tras él con un vestido azul del mismo tono que sus ojos y unas delicadas sandalias, el cabello que solía caer en su espalda estaba recogido en un sencillo moño.

-¿Ocurre algo? – pregunto la sacerdotisa deteniéndose a su lado, el albino dirigió una mirada a ella quien se sonrojo cuando la intensidad ambarina parecía estar viendo bajo su ropa.

-¡Aome! – una exclamación llego a los oídos de ambos, la azabache había dado un respingo y se preguntaba que podría pasar ahora, se dio vuelta para observar a una rubia que sonreía mientras se acercaba al lugar donde ella se encontraba con un chico caminando a su espalda. – Que alegría verte, ¿Qué tal la pasada cita con Ren?

-Hana, hola – sonrió acercándose a su amiga, se mordió el labio al escuchar nombrar a Ren – Bien, estuvo bien… - se aclaró la garganta – somos buenos amigos, ya sabes.

-Oh, bien – Hana se detuvo a mirar a Sesshomaru y luego al chico rubio junto a ella quien tomaba su mano – Él es Madarame, mi novio, te he hablado de él – dijo con dulzura dándole una mirada al chico y luego a Aome – Cariño, ella es Aome Higurashi, una amiga de la escuela.

Aome observo a Madarame, el cabello rubio estaba recogido de un lado haciendo parecer que se había rapado, pero en realidad eran diminutas trenzas, del lado contrario el rubio cabello ondeaba rebelde, los ojos se clavaron en los suyos con astucia y una sonrisa de superioridad, vestía una camisa blanca y una chaqueta de cuero marrón, los pantalones parecían del mismo cuero de la chaqueta y los zapatos parecían converse, a su lado Hana llevaba un short de jean y una camisa color esmeralda a juego con los tenis.

-Un placer, señorita Taish – Higurashi – dijo tomando la mano de Aome para llevarla a sus labios y besar sus nudillos inclinándose un poco hacia ella, un gruñido se escuchó – Luce hermosa esta mañana.

Aome jadeo, notando por primera vez a Hana y luego al chico que la acompañaba, nunca se había tomado la molestia, era demasiado débil, pero podía sentir youki emanar del chico llamado Madarame y magia proveniente de Hana, los ojos del youkai le sonrieron burlones, le miraban como a una presa con la que se divertía un león o algún tipo de carnívoro, al menos así se sintió. Quiso soltarse, pero el agarre se lo impidió, solo había transcurrido un segundo, claro, cuando la mano de Sesshomaru se cerró sobre la muñeca del youkai apretándola con fuerza y alejándole de ella mientras gruñía.

-Aléjate de la miko, Madarame – la voz de Sesshomaru era fría, letal, una risa cálida broto de los labios del youkai león.

-Deja los celos, Sesshomaru, solo fui cortés – respondió rodeando a Hana con un brazo. – Ella es mi prometida, de quien te hable.

-¿Ustedes se conocen? – pregunto confundida Aome mirando a Madarame y luego a Sesshomaru.

-Sabe cómo hallar a la bruja del tiempo – respondió Sesshomaru sin dejar de mirar a Madarame mientras tomaba la mano de Aome y la acercaba más cerca, alejándola de los recién llegados – Eso es porque ella es una bruja.

Aome lucía sorprendida, miro con asombro a Hana quien no parecía confundida ni asombrada en absoluto, solo sonreía como un padre a su hijo quien aprendió a colocarse en pie.

-¿Hana? No puede ser…ella solo es una… - pero Aome no podía asegurar nada, no conocía realmente a Hana, ¿sería posible? La miro de nuevo, la rubia suspiro.

-Así es, Aome, soy una bruja – confeso abrazándose a Madarame – Mi prometido es un youkai león, si te lo preguntas, Ren es humano, ambos fuimos dejados en un orfanato londinense cuando éramos solo bebes, fuimos adoptados por la misma familia, fue Madarame quien me ayudo hace años a descubrir quién era yo realmente – sonrió para luego besar la mejilla del youkai – Al principio solo éramos amigos, él ya era un youkai adulto y yo solo una niñita pero… - suspiro dramáticamente – siempre estuve enamorada y fue toda una odisea que me viera.

-Creí… creí que eras humana.

-No lo soy, pero, ¿cambia eso algo? – Hana se soltó de su prometido y dio un paso hacia la miko quien sin saber muy bien porque retrocedió escondiéndose tras Sesshomaru, Hana le dio una mirada herida al ver aquel gesto – Para mí no cambia nada, sabía que eras una miko, pero más importante mi amiga y no quise herirte, todo lo contrario, nunca permitiría que te hirieran, Aome…

-No creerás que solo por ser una bruja es como la bruja que estás buscando ¿O sí? – interrumpió Madarame con una mirada molesta en sus ojos – En ese caso es muy hipócrita que seas la pareja de un youkai.

Aome se sonrojo y sin saber porque se sostuvo del brazo de Sesshomaru ocultándose apenada tras él, Sesshomaru por su parte miraba un poco irritado a Madarame, Hana le dio una mirada a su prometido y luego a Aome quien habló.

-Y-yo, yo no soy la pareja de nadie – dijo bajo, se aclaró la garganta y tomando aire se acercó a la rubia.

-También te considero mi amiga, no me importa si eres una bruja o un alien – sonrió la miko estirando una mano a la rubia - ¿estamos bien

Hana rio bajo, sus ojos detallando los de la contraria, sonrió una vez más con dulzura y acercándose la abrazo.

Minutos después los cuatro se encontraban en el lugar donde Aome trabajaba, la miko había ingresado a hablar con su jefa mientras youkais y bruja se habían sentado en una mesa bebiendo algo de frappe.

Aome salió del lugar con malas noticias para ella, la dueña del local había decidido reducir el número de empleados, desde entonces ella estaba sin trabajo, se sentía un poco mal por eso, sin embargo una vez fuera a la universidad debía dejar el trabajo y la ciudad de todos modos, la miko se sentó entre Hana y Sesshomaru.

-Entonces ¿cómo es que sabes cómo dar con la bruja? – pregunto Aome curiosa hacia su amiga rubia.

-Por la fluctuación de magia – respondió la bruja bebiendo su bebida con tranquilidad – Hay una sensación en el ambiente, cuando ella aparece siempre cambia, además, como Mad ha dicho, pertenecemos al mismo clan.

-Dijiste que eras adoptada, ¿cómo lo sabes? – cuestiono Sesshomaru frunciendo el ceño

-Las brujas tienen marcas en ciertas ocasiones, Hana nació con una marca de nacimiento en el cuello, es una marca que suele tener cierto linaje, cuando la conocí lo noté. – intervino Madarame

-Ciertamente, también me llevo con ellas, yo tenía diez años, más o menos – suspiro bajando la mirada y tomando la mano de Aome un segundo – No solo descubrí que era adoptada, una bruja, sino… que era la reencarnación de... – Hana alzo la mirada a Sesshomaru, el youkai sabía que era una disculpa – Sé que la asesinaran porque yo fui ella, en otra vida, su magia corre por mis venas y… puedo sentirlo, Sesshomaru, puedo sentir lo que te une a ella, está en esta época – observo a Aome soltando su mano – Y está más cerca de lo que piensas.

-Tú no eres ella – murmuro Aome observando a su amiga y le ofreció una sonrisa – Y dudo que llegues a serlo, Hana. – la azabache bebió de su malteada de chocolate – Entonces, en cuanto nos des la dirección, iremos por ella.

Hana asintió mordiéndose el labio, saco una libreta y arrancó dos hojas de papel, en una escribió una dirección la cual le entrego a Aome, la segunda hoja la tomo en las manos y luego de susurrar en ella unas palabras se la entregó a la miko.

-Toma, si me necesitas escribe un mensaje y quémalo, estaré contigo de inmediato

-Gracias – Aome tomo la segunda hoja guardándola en su bolso y observo el segundo con un poco de sorpresa - ¿Es el hotel que queda cerca de casa?

-Sí, creo que allí tiene con lo que sea que manipula a Sesshomaru – asintió Hana – Lo más seguro es que también este allí.

-Gracias – sonrió la miko

Aome y Sesshomaru habían regresado al templo el cual se encontraba vacío.

-Mamá debió sacarlos a algún lado – aventuró la miko entrando a su habitación para tomar el arco y las flechas, para cuando salió se encontró con Sesshomaru revisando sus propias armas. - ¿Todo bien?

-Vamos – aintió el youkai dándole una mirada a la humana, contemplando por un asegundo sus ojos antes de darse media vuelta y salir del templo.

Caminaron con calma, no era demasiado lejos, Aome se preguntaba el motivo por el cual la bruja decidiría seguir en el futuro y solo pensaba en uno: Sesshomaru, tal vez solo lo hacía para vigilar al youkai.

Sesshomaru observaba a su alrededor, los humanos en sus casas lucían tranquilos, la zona cercana al hotel parecía tener mayor movimiento, sin embargo, no había un rastro que le dijera que allí se encontraba aquella horrible mujer, no había nada fuera de lo ordinario para aquella época.

-¿Hay algún modo de entrar por arriba? – cuestiono deteniéndose frente al hotel, sus ojos vigilando el edificio.

-Por la terraza, debe haber una puerta que de al interior – respondió Aome siguiendo la mirada del youkai el cual asintió,

-Entrare por arriba, tú por la entrada, nos vemos en el pasillo – dijo antes de saltar hasta el cuarto piso del edificio, Aome le observo un poco desconcertada ¿cómo se suponía que la iba a encontrar?

Entro al hotel, era sencillo, aunque una vieja alfombra roja la guiaba desde la entrada al vestíbulo donde se encontraba la recepción, una chica de aspecto cansado se limaba las uñas tras la mesa de madera.

-Bienvenida al Hotel Dreamer, donde su descanso es nuestra prioridad – dijo monótona la chica apenas y alzando la vista - ¿quiere una habitación?

-No, gracias, vine a ver a una amiga – sonrió suavemente Aome escondiendo las flechas tras su espalda. La chica que debía tener su edad o un poco menos alzo la mirada hacia ella esperando.

-En este momento solo hay una mujer en el hotel, realmente … - murmuro fastidiada – No solemos tener muchos clientes – Aome la vio revisar el cuaderno frente a ella con algo de fastidio – Sí, esa mujer – la chica mascullo un "es un estorbo" para si misma y luego miró a Aome – hay una mujer en el tercer piso, vino sola hace dos días, creo, debe ser a quien está buscando, Ultear Armstr… como sea, habitación 3-B, puede subir por el ascensor si gusta.

-Gracias – dijo un poco asombrada de que pudiera entrar tan fácil, tal vez si pudiera sentir la magia de la bruja daría con ella, pensó, solo debía concentrarse y sentir algo similar a la magia de Hana.

Camino al fondo del pasillo donde se encontraba el ascensor, era viejo y de tonalidades verdes, presiono el botón y lo primero que vio cuando la puerta se abrió fue el reflejo de su rostro en el espejo, entro escuchando la música clásica de los ascensores y justo cuando las puertas se cerraban la vio, dio un salto notando los ojos verdes de la mujer mirarla con malicia y la sonrisa sádica en su rostro.

-Hola, miko – las puertas se cerraron, Aome sintió la magia de la mujer, aunque lucía como una mujer de cuarenta y tantos, el rubio cabello atado y un vestido negro bastante elegante para el lugar, podía ver que era ella. - ¿Acaso has perdido el habla, niña? – dio dos pasos hacia ella, Aome retrocedió.

-Tú…

-Yo – sonrió colocando un brazo a un costado de Aome y acercándose a ella, una de sus manos acarició su mejilla – Me alegra que me visites, ¿tal vez quieras consejos para complacer a Sesshomaru? Ambas sabemos que no eres suficiente para un gran demonio como él, ¿verdad?

-Vine a destruirte – dijo con el ceño fruncido – No dejaré que lo dañes nunca más.

-¿Y cómo planeas hacer eso, pequeña miko? – susurro la bruja al oído de Aome mientras acariciaba su cuello – Si estas tan asustada, tan a mi merced, podría… - cerró el agarre con fuerza, Aome se quejó tratando de obtener aire en vano – Podría matarte. – una risa escapo de sus labios – O mejor, hacer q ue tú lo mates.

Una descarga de energía llego a sus manos y la empujo hacia el otro extremo del ascensor soltándose de ella, el ascensor chirrió y se detuvo, Aome miró hacia las puertas esperando a que se abrieran, pero entonces notó que Ultear lo había detenido cuando ella la había empujado.

-Tú no lo mereces, no eres más que una mujer amargada y vengativa y yo voy a… a liberar a Sesshomaru. – jadeó tomando aire, llevo su mano hacia los controles para poner el ascensor en marcha, pero Ultear la detuvo tomando su muñeca y halándola hacia ella, tomo su cabello y lo halo con fuerza haciendo que la mas joven se quejara.

-No seas ingenua, niña, me temo que solo una de nosotras saldrá con vida de aquí y seré yo – murmuro a su oído sacando una cuchilla y colocándola en el cuello de Aome, al mismo tiempo Aome había tomado una de las flechas del carcaj y lo había clavado en la pierna de Ultear quien soltó un gruñido sintiendo la purificación en su pierna, soltó a Aome para sacarse la flecha, un olor a carne quemada llegó a la nariz de la miko cuando se volteo para ver a la bruja dejar la flecha caer con las manos completamente quemadas.

-Ríndete, Ultear – dijo tomando una flecha y tensando el arco – Dame el corazón de Sesshomaru y te dejaré ir.

-¿En serio crees que me asustas? – se rio la rubia haciendo que destellos salieran de sus dedos – Sesshomaru es mío, siempre lo ha sido y tú morirás.

Una llamarada azul llenó el espacio entre ambas, Aome gritó al sentir el fuego, cerro los ojos encogiéndose y la flecha salió disparada al tiempo que el techo se abría sobre ellas.

Sesshomaru saltó al techo del edificio, desde allí veía varias cuadras a la redonda, veía el templo de la miko, la bruja bien pudo vigilarlos todo el tiempo, el youkai tomó aire antes de buscar la puerta que Aome había mencionado, la abrió a la fuerza y luego de tirarla a un lado bajo las escaleras olfateando a la mujer llamada Ultear.

El olor le guio por las escaleras hasta el piso inferior, se acercó a la puerta que decía 3-B en letras doradas y la empujó, allí el olor era más concentrado, ingreso al cuarto del hotel haciendo un gesto de desagrado, parecía un lugar deplorable para él, se iba a dar vuelta cuando algo llamó su atención, era su aroma, lo siguió hasta el armario, abrió las puertas de extremo a extremo y alzo su mano a la parte superior para tomar una maleta que se encontraba envuelta en una tela violeta.

La llevó a la cama y la abrió, allí estaba, completamente sellada la vasija que su padre había mencionado, intentó tomarla, pero algo quemó en su mano, gruño cerrándola nuevamente y entonces escucho un ruido, miro hacia atrás agudizando sus sentidos, el aroma de la miko y la bruja le inundaron, se tensó colocándose en pie, maldiciéndose a sí mismo por no sentir la presencia antes, corrió hacia una puerta que parecía tener una ranura en la mitad y noto que el pitido se repetía una y otra vez desde hace un rato, no sabía que era la alerta del ascensor, tampoco es que supiera mucho de ascensores, tomo las puertas de ese fuerte metal y con su fuerza las abrió, el interior era oscuro, a unos metros había algo, una caja de la que venía el aroma de la humana.

Sesshomaru saltó abriendo la parte superior del elevador, en ese momento una flecha salió disparada hacia las cuerdas del viejo elevador el cual chirrió cuando el youkai se deslizo dentro, abrazando a la humana mientras el fuego les rodeaba, Aome estaba agazapada, con los ojos cerrados y los brazos levemente quemados al igual que su cuerpo, un gruñido salió del pecho del youkai y miro a la bruja.

-Ah, pero miren a quien tenemos aquí – dijo la rubia con los cabellos ahora desarreglados y una sonrisa sádica en el rostro

-Voy a arrancarte esa sonrisa del rostro – gruño Sesshomaru alzando una garra hacia ella y tomándola del cuello.

-No te temo, Sesshomaru – se rio la bruja clavando su daga en el abdomen del youkai y empezando a susurrar algo en un idioma extinto, el youkai gruño haciendo una mueca de dolor.

Aome se levantó enderezándose, el ascensor se ladeaba suavemente haciendo que fuera difícil mantener la estabilidad, tomó una flecha y la puso en el arco apuntando al frente.

-¡Sesshomaru, abajo! – gritó soltando la flecha, el youkai tomo los hombros de la bruja colocándola frente a él, sosteniéndola para que la flecha se clavara en ella.

El elevador chirrió de nuevo, dejo de balancearse y por un segundo el silencio, un grito seguido de ruido, estaban cayendo, Ultear cayó al suelo sosteniendo la flecha que la purificaba mientras la sangre brotaba, las paredes raspaban el ascensor y en menos de un segundo un brazo rodeo la cintura de Aome, una garra araño lo que quedaba del techo del ascensor y luego saltó imputándose de las paredes.

Aome no entendió que pasó, disparó la flecha y lo siguiente que supo fue que Sesshomaru subía por el ducto del ascensor hasta el hueco que había hecho en el tercer piso, sin parar dejándola sobre una silla en una habitación, ambos jadearon, se miraron un largo tiempo, el youkai arrodillado frente a ella sosteniendo la daga de la bruja que seguía clavada en él, el sonido del ascensor chocando contra el sótano seguía retumbando en sus oídos y las pocas personas del hotel saliendo al vestíbulo.

-Sesshomaru – susurro Aome mirando al youkai, llevo sus manos a su rostro acariciando sus mejillas – Sesshomaru ¿estás bien?

-Sí, estoy bien – dijo acariciando el cabello de la miko con una mano, llevo la otra a su abdomen sacando la daga, Aome bajo la mirada y se llevo las manos a la cara.

-¡Estas herido! Déjame ver – Aome se arrodillo frente a él, llevo sus manos a la herida que aun sangraba, un zumbido llego a su oído, tanto youkai como humana miraron a Tenseiga.

-Tómala – dijo el mayor sacando la espada de su aljaba para entregársela.

Aome la tomó con preocupación y se levando, sintió su reiki deslizarse sobre la espada y luego la magia de la bruja proveniente de una maleta, se acercó a la cama abriéndola, observo la vasija un segundo antes de hundir la espada en ella, el grito de Sesshomaru no se hizo esperar. Aome se dio vuelta rapidamnte, el youkai gruñía tomándose el pecho.

-¡Sesshomaru! – grito acercándose, un sonido la hizo mirar la herida sangrante en el abdomen del youkai.

-Maldita bruja – gruñó el youkai sin entender que había hecho pues él no era susceptible al veneno.

Es una maldición dijo yako por eso tensaiga ha reaccionado, es una espada sagrada.

-Sesshomaru – murmuro la miko arrodillándose a su lado - ¿Qué puedo hacer?

-Apuñálame – gruño el youkai, Aome le miró ofendida – Purifícame, miko.

-¡No! – grito echándose hacia atrás - ¡Jamás te haría daño!

-Solo hazlo, miko – Sesshomaru la miro con ojos rojos, un gruñido surgiendo de su pecho, Aome tembló sosteniendo a tenseiga, el youkai perro tomo las manos de la miko y con sus propias fuerzas y sin previo aviso se empaló.

Aome dejó escapar un grito soltando la espada, observo al youkai que sangraba aún más con su propia espada atravesándole por completo.

-Sesshomaru, tú… - los ojos azules de Aome se llenaron de lágrimas se oyeron pisadas y pasos a la distancia.

-Lo hiciste bien – Sesshomaru se levantó, las manos ensangrentadas, tomó la espada sacándola de su vientre, Aome le miraba llorando en silenció. Un par de golpes sonaron en la puerta. – Será mejor irnos.

El youkai guardo su espada, Aome fue tomada en brazos de nuevo, camino hacia la ventana, se detuvo para tomar la vasija de nuevo y luego salió.

Para cuando la puerta se abrió ya no había nadie.

Sesshomaru se sorprendió al encontrar el templo solo de nuevo, le hubiera sentado bien que hubiera alguien pues incluso para un youkai había perdido mucha sangre y con el sello de la maldición, de ambas, estaba exhausto.

Recostó a Aome, sobre el mueble, se habría dejado caer en el suelo si una presencia no llamara su atención.

-Madarame

-Sesshomaru – respondió el youkai desde fuera con una sonrisa

-Voy a entrar – fue Hana quien hablo abriendo la puerta, el youkai de cabellos plateados la miró, la chica llegó junto a Aome y la observó para luego verlo a él. – Luces horrible.

-Humm

-Vinimos a ayudar – sonrió el león – Dudo que haya tiempo ¿Qué pasó?

-La miko …

-Estoy bien – dijo Aome en un susurro sentándose en el mueble abrazándose a sí misma.

-Creo que uso mucho sus poderes – dijo Hana

- ¿purifico a la bruja? – preguntó Madarame aunque sabía la respuesta de antemano.

-Será mejor ir a quemar sus huesos pronto – dijo Hana y volvió a mirar a Aome evaluadoramente – Sus quemaduras mínimas las sanaremos después, pero Sesshomaru…

-Estoy bien – dijo el mayor mirando a otro lado

-Ella te maldijo de nuevo y luego… y yo … - murmuró Aome mirando al suelo y a sus manos manchadas de sangre.

-Aome me apuñaló – susurró Sesshomaru haciendo que Madarame y Hana le miraran asombrados, Aome se estremeció.

-Aome nunca lo haría – Hana bajo su mirada a la herida de Sesshomaru que apenas y sanaba

-Lo hice yo, la obligué – gruñó Sesshomaru comenzando a irritarse – basta de charla, dijeron que venían a ayudar ¿Qué quieren?

-¡Sesshomaru! – Aome quiso decirle que no fuera grosero, pero al verle y recordar que le apuñalo perdió la voz.

-Quemaré la vasija y el cuerpo de la bruja – afirmó Madarame pasando entre Sesshomaru y Aome, tomo la vasija y salió fuera del templo.

-¿Para que? – cuestionó la miko cuando se marchó.

-Para que nadie pueda regresarla o controlar a Sesshomaru – respondió Hana con suavidad sentándose a su lado, Aome se estremeció cuando luces cálidas salieron de la manos de Hana – Yo no te dañare – el tono aguamarina la rodeo el escozor del fuego de Ultear que la había quemado menguo.

-Gracias – susurro la azabache mirando a su amiga – Sesshomaru… él…

-Déjame sanarte – pidió Hana levantándose hacia el youkai.

-No, gracias – Sesshomaru se cruzó de brazos , sabía que Hana era diferente pero no quería más magia sobre él.

-Sesshomaru, por favor – Aome se levantó, era obvio que ella intentaba no ver las manchas de sangre, se acercó con lentitud – deja que te sanen, por mí.

-Hmm – gruño el youkai, Hana se marchó de la sala para volver con un botiquín y un paño húmedo. - Bien.

La joven rubia se acercó a él, una mano en cada extremo de la herida, Aome le abrazo sollozando disculpas, sin embargo había sido su decisión, no era culpa de ella, minutos después las vio vendarle el vientre.

-Ya está – dijo Hana entregando a Sesshomaru el paño húmedo.

-Lo siento, Sesshomaru, yo…no debí dejar que t ehirieran, que tu propia espada… - seguía hablando Aome

-Fue mi decisión, no fue tu culpa – Sesshomaru comenzó a limpiar las manos de la miko con cuidado. – Tú me has salvado, estoy agradecido.

Aome le miro a los ojos un poco culpable para luego abrazarle con fuerza, el youkai cedió envolviéndola en sus brazos. Hana sonrió a ellos.

-Iré a ver que Madarame no incendie el hotel, siempre dices que es muy imprevisible – dijo la joven bruja dándose vuelta, Sesshomaru asintió viéndola marcharse, un pensamiento paso por su mente ¿en el futuro acaso él y Madarame serían cercanos? El youkai le trataba con demasiada familiaridad.