Cuando nos perdimos y el mundo no se detuvo

Capítulo 3.

Hermione odiaba llorar.

Sabía que era una reacción humana y natural para afrontar el dolor; pero ella siempre había podido limitarse a unas cuantas lágrimas escurridizas y continuar con sus pensamientos lógicos. No se le podía considerar con una persona ridículamente sensible al llanto; Sólo podía contar con los dedos de sus manos las veces que había llorado hasta quedarse con la garganta desgarrada y con un sentimiento de desolación dentro de ella como si alguna parte hubiera sido destrozada. Una de ellas había sido ese último té con sus padres, antes de desmemoriarlos y convencerlos de que fueran a Australia; la siguiente, cuando Bellatrix la torturó y le mutiló el brazo intentando sacar la verdad de su boca mostrándole lo cruel que podía ser el ser humano con magia. Y ahora, y ahora a esos momentos se les sumaba Fred. Nunca pensó que llegaría el día en que Fred Weasley, el bromista, fuera el causante de las lágrimas de alguien.

Desde el momento que había dejado el hospital, dentro de su pecho había un hueco que amenazaba con consumirla si lo dejaba continuar. Era una opresión que la incitaba a doblarse sobre sí misma y dejar que el mundo le cayera por encima liderados por los fríos ojos de Fred mirándola con desprecio.

Se sentía impotencia ante su incapacidad de ponerse al día con sus emociones y pensar con la cabeza fría la situación. En esos momentos envidiaba a Harry por tener la habilidad de oclumancia, para empujar sus emociones y pensamientos bajo llave y pensar con claridad; sin embargo, no la tenía y lo único que podía hacer era continuar acostada en posición fetal cubierta con su manta favorita en el sillón de la sala, con la luz atenuada mientras las gruesas lágrimas escurrían por sus mejillas y los fantasmas de Fred le taladraban la cabeza.

Había pensado que era lo suficientemente fuerte para regresar a casa sola en lugar de ir al piso de George a pasar la noche. No había estado preparada. La realidad es que ni siquiera pudo subir la escalera de su casa por temor a arruinar los últimos vestigios de la vida anterior con Fred en su dormitorio. Subir allí, sería recordar todas las noches compartidas en la cama que había visto sus mejores noches, los besos, las risas... el amor entre ambos, para luego verse, eclipsadas por la realidad donde no sabía si algún día un pelirrojo volvería a entrar por esas puertas a jurarle amor bajo las sábanas, porque estaba en una fría e impersonal habitación de hospital posiblemente maldiciéndola en su mente por estar casado con ella.

Sacudió su cabeza pasando los nudillos por debajo de sus ojos cuando las lágrimas amenazaron con comenzar otra vez obligándose a dejar de pensar y clavando su mirada en la ventana en su lugar donde la pálida luz matutina comenzaba a alumbrar. Parecía que sería un día semi nublado, que era lo más parecido a un buen día en Inglaterra.

No había podido dormir. Suponía que por la posición del sol no podían ser más de las ocho de la mañana. Su cabeza dolía por la falta de sueño y posiblemente también por la deshidratación. No recordaba haber ingerido comida ni tomado agua en los últimos dos días enclaustrada en casa pero el simple hecho de pensar en pasar algo por su garganta le producía nauseas.

George iría a visitarla ese día. Se las había ingeniado para mantener a todos los Weasley y asociados lejos de ella durante ese periodo de tiempo haciendo gala de sus mejores esfuerzos para evitar que rompieran las protecciones que rodeaban su domicilio. Cada lechuza, cada patronus, cada intento de atravesar por red flú, bloqueados. Pero no más. Georgie sería el primero en verla después de la catástrofe, y ella no quisiera que fuese otra persona; Por más que quisiera aislarse del mundo y fingir qué nada estaba pasando fuera, la realidad es que Fred seguía en el hospital y ella seguía siendo su esposa y tenía decisiones que tomar incluso si él la odiaba. Estaba dispuesta a ir a través de Fred para recuperar su matrimonio, convencerlo de que algún día fueron muy felices juntos; incluso si nunca recuperaba sus recuerdos, sólo necesitaba una oportunidad para ganarse su corazón, sólo una para demostrarle que podía volver a llegar a quererla y construir una nueva vida.

Un día hace no muchos años, se juraron a sí mismos apoyarse en los momentos categoría cinco. Y este era el momento categoría cinco más devastador que alguna vez se enfrentarían juntos. Y lo enfrentaría sola, por ellos. Pero lo haría porque eso es lo que hacen las personas que se aman; no se alejan cuando las cosas se ponen difíciles, luchan por permanecer juntos.

Evitó mirarse en el espejo que tenía en la pared cuando se levantó del sofá después de muchas horas estirando sus músculos adoloridos de camino a la cocina. No necesitaba verse para saber que al menos se veía el doble de mal de lo que se sentía. Puso la tetera en la estufa para calentar agua para el té. Eso era lo máximo que su estómago aguantaría sin vomitar estaba segura y realmente no se sentía con fuerzas para obligarse a consumir algo sólido aunque posiblemente debiera tomar una poción para abrir el apetito o reponer nutrientes; no sería ayuda para nadie si se desmayaba por inanición en el hospital.

-No te puedes esconder, Hermione. Ya estoy aquí-

Justo cuando estaba vertiendo el contenido de la tetera en una taza, la voz de George hizo que derramara un poco de líquido sobre sus dedos. Siseó y caminó descalza a la puerta considerando bloquear el sonido y dejar afuera al gemelo, pero no lo hizo. Tomó la varita y comenzó una a una a bajar las protecciones extra que había puesto sobre la puerta hasta que el clic se escuchó.

-Hey, Mione-

George estaba parado frente a ella vacilando sobre sus pies: traía puesta una sudadera color gris que Hermione había visto a Harry dársela en navidad y jeans desgastados. Había un gorro cubriendo su cabello ocultando el hueco en su oreja. Se le formó un nudo en la garganta inmediatamente sin que ella pudiera anticiparlo. Fred y George podían ser gemelos idénticos pero ella jamás había fallado en saber quién era uno y otro. En ese momento, con sus pensamientos caóticos, casi, casi podía engañar a su cerebro si entrecerraba los ojos. Casi podía jurar qué era Fred esperando por ella, sonriéndole con su sonrisa torcida favorita y los ojos brillando con picardía.

-Mierda. Le dije a mamá que debía mandar a alguien más- murmuró atravesando el umbral y rodeándola con sus brazos. El aroma a detergente y la manera en que su pecho era ligeramente más ancho que el de Fred la aterrizó a la realidad. Ese era George y los días anteriores sí había sucedido.

-Hola, Georgie- Se desprendió del abrazo con un suspiro. El gemelo no la dejó alejarse demasiado, le tomó el rostro inclinándole la barbilla hacia arriba y hacia los lados.

-Estás pálida- notó- ¿Ya desayunaste?

Negó con la cabeza. George le dio una mirada severa. La arrastró de vuelta a la cocina donde la sentó en una silla y se puso a maniobrar con los electrodomésticos.

-No es necesario, George. Posiblemente no pueda comer aunque quisiera.

-¡Pura basura! El desayuno es el alimento más importante del día. Aparte, ¿Qué hermano sería sí dejo que la esposa de mi gemelo se muera inanición? Fred seguramente me maldeciría si se entera que dejé que pasaras hambre.

-A Fred posiblemente le gustaría ver eso en estos momentos- dijo agachando la mirada.

-Oye, escucha. Mi hermano te amaba, de eso no tengo ninguna duda, y volverá a hacerlo, solo tenemos que darle el empujón correcto. Así que, por favor, cómete todo ese plato, para poder arreglar el dormitorio de Fred y partir al hospital.-

Esa era la cosa. El motivo principal por el cual no pudo evitar mantener nulo el contacto con la familia por más tiempo. Era el día en el que Fred saldría del hospital. El doctor había dado instrucciones de que Fred se reincorporara a la vida inmediata que tenía antes del accidente. Su casa, su trabajo, su esposa. Eso significaba que vendría a vivir con ella, no con George, no en la Madriguera. No era tan estúpida como para suponer que inmediatamente vendría a compartir cama con ella; sería una tortura tenerlo lejos pero lo tendría y eso era mejor que no tenerlo en absoluto. Sabía que en el momento que ella decidiera que no podía vivir allí, sería el final para ambos. Fred optaría por el divorcio y nada lo haría cambiar de parecer. Por eso es que estaba decidida a que fueran a casa y luchar por hacerle entrar en su cabecita dura que eran esposos. Y se amaban.

-Sí, Capitán.-

Pellizcó bajo la atenta mirada de George su desayuno hasta que se sintió llena. Ambos gemelos eran excelentes cocineros, aprendiendo de su madre cuando consiguieron su independencia. Nada que ver con Ron que no podía cocinar agua ni aunque lo deseara.

Alejó el plato de ella mirando a George que la observaba también. Ambos aguardaron unos segundos esperando que el otro hablara.

Fue Hermione quien tomó la iniciativa.

-Esto es ridículo. Hagámoslo.-

Se puso de pie deseando sentir toda la valentía con la que había hablado. George rodeó la mesa y caminó detrás de ella subiendo las escaleras. Hermione mantuvo su vista siempre al frente negándose a que su mente tomara el control. Había recuerdos quemándole detrás de sus retinas pero ella no se derrumbaría. Había logrado mantener sus ojos secos hasta ese momento y los seguiría teniendo.

-¿Quieres que yo vaya a tu cuarto a sacar la ropa mientras acomodas el de visitas?- ofreció George cuando llegaron a la cima de las escaleras. Hermione lo consideró pero no tenía sentido. Ella dormiría allí de todos modos esa noche.

-No, gracias, George. Estaré bien.-

-¿Segura?

-Sí, George. Segura.-

-Bien, grita si me necesitas- aceptó todavía inseguro. Hermione le dio una sonrisa con los labios apretados y se alejó de él sintiendo como su pecho se comprimía dolorosamente con anticipación. Titubeó al tomar la perilla de la puerta, abrirlo era aceptar que todo estaba a punto de cambiar y no se sentía lista. Cuadrando los hombros, haciendo acopio de su coraje Gryffindor, abrió la puerta cerrándola con suavidad detrás de ella.

Se apoyó en la madera sintiendo cómo las lágrimas se acumulaban en los ojos. La cama estaba perfectamente hecha sólo con una de las túnicas que Fred siempre descartaba por las mañanas arriba del edredón cuando no tenía tiempo de pensar en cuál ponerse por salir apresurado para abrir la tienda cuando tenía el turno de mañana. Sus cosas desordenadas arriba del tocador y merlín, era tan malditamente difícil. Aún estaba su último rastro de fragancia. Hermione casi se sentía atrapada en un día cualquiera en donde ella subiría a quitarse la ropa del ministerio, se descalzaría, colocaría una camiseta vieja de quidditch de Fred, lo esperaría con una botella de vino fría, una buena cena, y después la arrastraría escaleras arriba, tropezándose por los escalones, desesperados por arrancarse la ropa y unirse en uno.
Los recuerdos de su vida entre esas cuatro paredes le arrancaron un sollozo tortuoso; era difícil conciliar que la persona que volvería a casa no iba a ser su esposo. Claro, eran la misma persona, pero difícilmente se podía decir que ese era el Fred con el que había estado casada por tres años.
Arrancándose de las mejillas las lágrimas rebeldes, saltó al armario evitando las fotos que habían colocado en la puerta de su viaje al Caribe y tomó varias prendas de ropa deportiva al azar abrazándolas contra su pecho con nostalgia. Empacó las prendas en una maleta y las dejó en el pasillo cerrando la puerta tras de sí. Respiró hondo, retomando la compostura un pocoy caminó por el pasillo tomando toallas, un conjunto nuevo de sabanas y una almohada de paso del armario de blancos que estaba allí para encontrarse con George que estaba en el cuarto de visitas que casi nunca había sido utilizado con ese propósito; tenían expedientes de Hermione y productos de la tienda a medio terminar por toda la habitación. Era más una bodega y oficina queun espacio para dormir a excepción de la cama que estaba empujada en el rincón más lejano con sólo una sábana arriba sin edredón cubrié ya había hecho un gran trabajo empacando todo lo no esencial para dormir allí y era casi habitable.

Hermione tendió la cama con las cosas limpias volviendo a sentir el nudo en la garganta impidiéndole respirar. El cinismo de la situación era que ella misma estaba tendiéndole la cama a su esposo para que se alejara de ella.

Se preguntó cuánto tiempo le tomaría romperse finalmente sí Fred decidía que la odiaría cada momento que estuviera con ella compartiendo esa casa.


-Georgie- Fred gimió pasándose una playera limpia por la cabeza, remplazando la bata de hospital con la que lo habían obligado a vestirse durante su estancia allí. George lo ignoró olímpicamente metiendo cualquier pertenencia en la maleta que sostenía en sus manos que debieran llevarse a casa.

Ese era el día en el que por fin lo estarían dando de alta, y debería estar feliz, pero no lo estaba. Mientras estuviera en el hospital, él podría ignorar a Hermione y la verdad que ella y su gemelo le habían escupido cuando el Sanador llamó a Hermione "Sra. Weasley". No la había vuelto a ver después de esa noche a excepción de un vistazo en la puerta cuando George llegó con ella a cuestas con ropa limpia para él, Hermione le había dado una mirada de soslayo antes de desaparecer por la puerta nuevamente alegando que tenía que ir a firmar los trámites para su alta.

-No entiendo porque simplemente no puedo ir contigo-

Hoy era el día en el que finalmente saldría de esas paredes blancas que lo estaban volviendo loco. Se supondría que sería un día optimista y feliz, pero no lo era en absoluto. Sólo hace tres días se había despertado en un futuro donde él tenía ya veintisiete años, la guerra había acabado, su hermano se iba a casar y ¡ah! se enteró que Hermione Granger era su maldita esposa a la que no recordaba y ahora su familia lo estaba enviando a vivir con ella en lugar de regresar a la Madriguera o dejarlo ir a vivir con George.

-Freddie: estarás bien- dijo George con un poco de burla en su tono que hizo que Fred quisiera golpearlo- Sinceramente, conocemos a Hermione desde que tenemos trece años. Pasó la mayoría de sus veranos en la madriguera, estarás bien.
-¡Ya lo sé! Pero eso era diferente. En ese tiempo yo no tenía ningún deber con ella- Exclamó alterado jalando de su cabello.- Sinceramente, todavía no puedo pensar en cómo acabamos juntos.

-Fred- suspiró George, adoptando un tono más serio que pocas veces le había escuchado -Sé que es confuso, lo entiendo. Pero ella es tu esposa y la amas. En cuanto te quepa eso en tu cabecita, más fácil será para ambos. A ella también le cambió la vida este accidente para que aparte la trates mal.
-¡Yo no la trato mal!-Se excusó pero los ojos acusadores de su gemelo le dijeron lo contrario. Entre ellos todavía pendía la disculpa que George le había exigido le diera a Hermione. A ninguno de los dos se le había olvidado la reacción explosiva que tuvo contra ella cuando la bomba explotó finalmente.

La puerta se abrió de manera repentina dejando ver el cabello tupido de Hermione junto con un sanador de guardia pisándole los talones. Fred detalló discretamente a la bruja viendo como vestía ropa cómoda al igual que George, sin un gramo de maquillaje en su rostro y también que estaba más demacrada de lo que la había visto antes de que le confesara que era su esposa. Tragó saliva con culpa.
-Sres. Weasley- saludó con un asentimiento de cabeza.
-Sanador-
-Voy a proceder a revisarte por última vez, Fred.- Anunció colocándose enfrente de el con su varita apuntando a la cabeza - Si todo está bien podrás ir a casa siempre y cuando sigas todas las instrucciones que el Sanador Lancaster dejó para ti - advirtió.

George ladro una carcajada.

-Oh, Sanador. Como si Hermione lo fuera a dejar fuera de su vida en cuanto salgan de aquí-las mejillas de la castaña se incendiaron con vergüenza.
-Cierra el pico, George-chistó.
Involuntariamente los labios de Fred se crisparon divertidos ante el tono mordaz de Hermione. Todavía le causaba asombro la manera en la que ambos interactuaban ahora, tan cómodos consigo mismos a comparación de sus años de Hogwarts todas sus interacciones se habían dado porque les encantaba poner de nervios a la prefecta de la Torre de Gryffindor con sus bromas y trueques con los niños de primer año. Supuso que la convivencia se había originado de su relación con él, pero nuevamente se preguntó qué circunstancias pasaron para que Hermione pasara de ser la casi novia de Ron a su esposa. Se estaba cansando de devanarse los sesos intentando descifrarlos por su cuenta; sin embargo, no estaba listo para enfrentarla a ella. No aún.
-Muy bien. La inflamación de tu cerebro es mínima. No pareces tener secuelas -Hermione se burló- a parte de tu memoria. Para ello es necesario que acudas a las sesiones con el sanador especialista en neurología del que habló el Sanador Lancaster así como a un psicólogo, ¿De acuerdo?- dijo observándolo con seriedad. Fred asintió pero no añadió más.
- Por supuesto que se hará lo que nos han indicado. Muchas gracias por sus atenciones, Sanador- Hermione respondió por él acompañándolo a la puerta charlando en voz baja. El Sanador desapareció y ella se quedó en la puerta balanceándose sobre sus pies de manera vacilante.
El ambiente se tornó pesado y Fred deseo poder decir algo chistoso en ese momento pero todo estaba tan de cabeza que incluso su humor se había ido por la borda.
-Bueno- exhaló ella metiendo sus manos a los bolsillos de sus jeans - ¿Estás listo? - le preguntó. Sus ojos café lo miraron con un brillo que no supo interpretar.
-Claro. Hagamos esto- dijo obligando a sus labios a tirar de una sonrisa. Esperaba que no todo se fuera al infierno en el momento que cruzaran por la puerta.

George, Hermione y él salieron por el acceso muggle de san mungo directo a un automóvil color blanco de cuatro puertas. Los Sanadores habían indicado que nada de viajes por flu, apariciones o trasladores hasta la siguiente revisión.

Los tres subieron al auto en silencio y Hermione arrancó el motor saltando a las calles transitadas en silencio solo roto por el tarareo de la música de la radio. Fred observaba todo con ojo crítico, no había vuelto al mundo muggle en años, pero no parecía que algo hubiera cambiado sustancialmente como él sentía su vida.
Si Fred pensaba que iban a vivir en un lugar que mezclaba ambas culturas se decepcionó sustancialmente. Resultó que la casa donde vivían estaba en un moderno, cómodo y completamente mundano barrio muggle. Había casas por donde quiera una al lado de la otra echas de ladrillo y concreto de dos pisos, un pequeño jardín al frente y árboles. Fred suspiró internamente bajándose del auto. Hermione subió los tres escalones hasta la puerta abriéndola con la llave dorada que sostenía en su mano. Lo dejo pasar primero cargando con su maleta seguida de George.
La sala de estar era un espacio amplio y bien iluminado con ventanales que dejaban entrar los rayos del sol matutino; todo estaba exquisitamente decorado en todos café y beige con algunos toques en rojo que apreció. Su mirada barrió la habitación hasta que arriba de la chimenea encontró una fotografía de ellos dos el día de su boda. Apartó la mirada con rapidez como si le quemara verla.
-¿Entonces? ¿Qué te parece?-
- Es... Cálido. Y hogareño- murmuró mordiéndose la lengua para evitar decir lo que estaba en su mente. Todo parecía estéril con tanta limpieza y pulcritud. Él había crecido en la madriguera donde no existía un milímetro deespacio donde no hubiera pertenencias de alguien, y después había vivido con George en un departamento de solteros donde el orden no era la principal preocupación.
- Oye Mione. Realmente me tengo que ir. ¿Estarás bien aquí? - Fred se giró a ver a George con pánico casi tronándose el cuello. ¡No podía irse! No podía dejarlo sólo con Hermione aún ¿Acaso estaba loco?
- Por supuesto, Georgie. - respondió de manera pasiva la castaña - Estoy segura de que Fred querrá asearse y descansar en otra cama que no sea el hospital. ¡Fred está aquí maldita sea, dejen de hablar de mí como si no estuviera! pensó con amargura.
- Bien. Los veré mañana- asintió y le dirigió una mirada que decía comportarte. Fred le sacó la lengua.
El gemelo desapareció en las llamas verdes de la chimenea y la casa se volvió demás otra vez como el ambiente del hospital.
Hermione le rehuía la mirada y él no estaba de humor para sacar plática banal. Sólo quería desaparecer lejos de la mirada de Hermione y enterrarse en una cama hasta dormir y descansar de la situación ridícula donde estaba a punto de jugar a la casita con nada más y nada menos que Hermione la bruja más exasperante existente Granger.
-¿Quieres comer algo?
- En realidad quisiera poder acomodarme, si no te molesta.- juró que en los ojos de Hermione hubo un destello de dolor, pero se negó a pensar en ello. La castaña asintió solemnemente girando su cuerpo hacia las escaleras.
- Sí, claro. Sígueme.


N/A

¡Bueno, bueno!

Regresamos con un capítulo un poco transitorio, pero que nos está dejando cómo Hermione se siente sobre la situación, pero también cómo está dispuesta a hacer lo necesario para ella y Fred. Y como nuestro amnésico pues no está feliz con la situación y no lo hará fácil tampoco.

Entrando al siguiente capítulo podremos ver como se desenvuelve su nueva dinámica en casa y descubriremos a un personaje que será fundamental en la trama. Estoy deseando llegar a ello y es uno de esos capítulos que siempre estas segura que van a suceder si o si en la historia cuando la comienzas a imaginar.

Agradezco a quienes están agregando a favoritos y follows la historia, también a quienes han dejado un RR, me motivan a seguir esperando que a ustedes les guste tambien.

Nos vemos en la siguiente.

Saludos!