Notas del autor:
¡Buenos días, tardes o noches! Emm, debo confesar que estoy nerviosísima, jamás he escrito algo y lo he subido a algún lugar donde lo puedan leer, pero esto es algo que tenía en la cabeza desde hace un tiempo y tenía que.
Para los que conozcan la historia de Harry Potter, quiero decirles que no seré fiel a la original porque obviamente no estaré utilizando a todos los personajes de J.K. Rowling, sino que serán los personajes de Sailor Moon en su lugar, pero si parecerá que lo que estoy haciendo es un "copiar y pegar" pero eso es porque hay cosas de la historia original que tienen que pasar, más adelante me iré desviando de alguna forma u otra para que las acciones de los personajes se adapten a sus personalidades . Otra cosa, súper importante, nada de esto me pertenece, no soy dueña de nada, todo le pertenece a su correspondiente creador, ya sea Harry Potter a J.K. Rowling u Sailor Moon a Naoko Takeuchi; todo es con fines de diversión, no pienso apropiarme de nada.
Sin más los dejo hasta el próximo capítulo.
Pd: ¡las críticas positivas siempre son bienvenidas, acepto ideas e interpretaciones!
¡Saludos! ;)
Los Yuho eran lo que uno a simple vista podía percibir como una familia perfectamente normal con sus trabajos normales, una vida muy normal. Ellos contaban con todo lo necesario para una buena vida.
El señor Yuho era el director de una empresa llamada Ruby, que hacia joyas. Era un hombre delgado y rojillo, con una cara de constante disgusto, contaba con un cabello demasiado extraño para su normal vida. La señora Yuho era alta y de cabello purpura y tenía un cuello casi el doble de largo de lo habitual, lo que le resultaba muy útil, ya que pasaba la mayor parte de su tiempo estirándolo, para espiar a sus vecinos. Los Yuho tenían una pequeña hija llamada Lady, y para ellos, no había una niña mejor que ella.
Los Yuho lo tenían todo lo que querían, pero también guardaban un gran secreto, asunto que los tenia atemorizados de su descubrimiento. No creían poder soportar que alguien descubriera lo de los Hino. La señora Hino era la hermana de la señora Yuho, pero no tenían mucho contacto; de hecho, a la señora Yuho le gustaba fingir que no tenía una hermana, porque su hermana y su marido, un inútil, eran todo lo contrario de los buenos. Los Yuho se estremecían al pensar en lo que dirían los vecinos si los Hino se aparecían en la vereda. Los Yuho sabían que los Hino también tenían una niña pequeña, pero nunca la habían visto. Esa niña era otra buena razón para mantener alejados a los Hino: no querían que Lady se juntara con una niña como esa.
Un día normal, como todas las mañanas de trabajo, el señor Yuho se encontraba despertando para ir al trabajo, cambiado con su corbata correcta y saco, bajo las escaleras hacia el comedor de donde se podía oír el ruido de lamentos de una niña pequeña y el feliz tarareo de la señora Yuho.
Ninguno de ellos noto el gran búho que pasaba volando por la ventana.
A las ocho y media, el señor Yuho tomo su portafolio, beso a la señora Yuho en la mejilla como despedida y trato de despedirse de Lady con un beso pero no pudo porque Lady estaba teniendo un berrinche y tiraba su cereal contra cualquier cosa que se le cruzara, incluyéndolo a él. Chiquilina, exclamo entre dientes el señor Yuho, mientras salía de la casa. Tomo su vehículo y se alejó rumbo a su trabajo.
Al llegar a la esquina percibió la primera señal de algo singular: un gato que leía un mapa. Por un segundo, el señor Yuho no se percató de lo que había visto, pero luego torció la cabeza para mirar otra vez. Había un gato colorado en la esquina de Privet Drive, pero no se veía ningún mapa. En que había estado pensando? Sin duda era una ilusión óptica. El señor Yuho parpadeó y contemplo al gato. Le devolvió la mirada. Mientras el señor Yuho daba vuelta a la esquina y tomaba Lacalle, observo al gato por el espejo. Ahora estaba leyendo el cartel que decía Privet Drive; no, mirando el cartel, los gatos no pueden leer carteles ni mapas. El señor Yuho negó con la cabeza y se alejó al gato de sus pensamientos. Mientras conducía hacia la ciudad, no pensó en otra cosa que en una gran propuesta de trabajo con la confiaba tratar ese día.
De camino a su empresa algo lo descoloco, pues a pesar de ya conocer el transito que se produce a esas horas, lo que lo rodeaba no era algo de todos los días. Gente con capas. El señor Yuho no soportaba la gente que usaba ropa ridícula. Supuso que esa debía ser alguna estúpida moda nueva. Tamborileó con los dedos sobre el volante y su mirada se posó en ese montón de extraños que estaban allí cerca. Charlaban entre ellos, muy excitados. El señor Yuho se enfureció al ver que muchos de ellos parecían demasiado mayores para andar haciendo el ridículo en la calle, de hecho uno vestía ¡una capa color amatista! ¡Que atrevido! Pero entonces se le cruzo por la cabeza al señor Yuho el pensamiento de que tal vez eso era una tonta manera de llamar la atención- esa gente evidentemente hace una colecta para algo-, si, tenía que ser eso. El transito avanzo y unos pocos minutos después más tarde, el señor Yuho llego al estacionamiento de Ruby, pensando en joyas.
El señor Yuho siempre se sentaba de espaldas a la ventana, en su oficina. Si no hubiera sido así, le habría resultado difícil concentrarse en el trabajo. No vio los búhos que volaban a plena luz del día, aunque la gente en la calle si los veía y los señalaba con la boca abierta, mientras pasaba uno tras otros. La mayoría de ellos no había visto un búho ni siquiera de noche. Sin embargo, el señor Yuho tuvo una mañana perfectamente normal, sin búhos. Grito a cinco personas diferentes. Hizo varias llamadas telefónicas importantes y grito un poco más. Estaba de muy buen humor hasta la hora de almorzar, cuando decidió salir a estirar un poco las piernas y cruzar para comprarse un sándwich en la panadería.
Había olvidado a la gente con capas hasta que paso frente a un grupo de ellos cerca de la panadería. Al pasar, los miro con enejo. No sabía por qué, pero lo hacían sentir inseguro. Este grupo también susurraba con excitación. Cuando regresaba de vuelta al trabajo con su gran almuerzo en una bolsa de papel, alcanzo a oír unas pocas palabras de lo que decían.
Los Hino, eso es, eso es lo que escuche…
Si, la hija de ellos, Rei…
El señor Yuho se quedó petrificado. El temor lo invadió. Se volvió hacia los que murmuraban, como si quisiera decirles algo, pero se contuvo.
Se apresuró a cruzar la calle y corrió hasta su oficina, le dijo a gritos a su secretaria que no quería que lo molesten, tomo su teléfono y casi estaba a punto de terminar de marcar los números de su casa cuando cambio de idea. Dejo el teléfono y se pasó las manos por el pelo, ya de por si puntiagudo, mientras pensaba… No, era un estúpido. Hino no era un apellido tan especial. Estaba seguro de que había un montón gente que se llamaba Hino y tenía una hija llamada Rei. Y pensándolo bien, ni siquiera estaba seguro de que si su sobrina se llamaba Rei. Nunca había visto a la niña. A lo mejor se llamaba Rehia. O Reni. No valía la pena preocupar a la señora Yuho, quien siempre se molestaba mucho con la mención de su hermana. No la culpaba. ¡Si él hubiera tenido una hermana así…! Pero de todos modos, esa gente rara…
Esa tarde no pudo concentrarse en su trabajo y cuando dejo el edificio, estaba todavía tan preocupado que no vio por donde iba y termino chocando con un hombre que se encontraba apoyado en la puerta.
Perdón –gruño, mientras el hombre diminuto se tambaleaba y casi se cae al suelo.
Unos segundos después, el señor Yuho se dio cuenta de que el hombre usaba una capa violeta. No parecía disgustado por el empujón. Al contrario, su rostro se ilumino en una amplia sonrisa, mientras decía con una voz tan chillona muy llamativa que hacia detener a todos los transeúntes en sus caminos:
-¡No se disculpe, mi querido señor, porque hoy nada puede molestarme! ¡Hay que alegrarse, porque la Innombrable finalmente se ha ido! ¡Hasta los muggles como usted deberían celebrar este feliz, feliz día!
Y el anciano abrazo al señor Yuho y se alejó.
El señor Yuho permaneció completamente indignado. Lo había abrazado un desconocido. También pensó que lo había llamado un muggle, fuere lo que fuese que significaba. Se apresuró a subir a su vehículo y dirigirse a casa, deseando que todo fuera una alucinación.
Cuando entro en la entrada de su casa, lo primero que vio –y eso no mejoro su humor- fue el gato colorado que había visto esa mañana. Ahora estaba sentado en la pared de su jardín. Estaba seguro de que era el mismo, tenía los mismos llamativos ojos.
-¡Fuera!- dijo el señor Yuho en voz alta.
El gato no se movió. Solo le dirigió una mirada severa. El señor Yuho se preguntó se esa era una conducta normal en un gato. Trato de calmarse y entro en la casa. Todavía repitiéndose de no decir mencionar lo que pasaba afuera a su esposa.
La señora Yuho había tenido un buen día y normal. Mientras cenaban, le conto todos los nuevos chismes que se había enterado, y que Lady había aprendido una nueva frase ("¡no lo hare!"). El señor Yuho trato de actuar con normalidad. Una vez que acostaron a Lady, fue al living a tiempo para las noticias nocturnas.
-Y por último, un fenómeno inexplicable se ha avistado en nuestros cielos, bandadas de búhos han sido vistos durante todo el día; pese a estos ser animales nocturnos, desde esta mañana que están volando de un lado a otro.- el locutor informo-. Muy misterioso. Y ahora, de nuevo con Nick McGer con el informe del tiempo. ¿Habrá más lluvias de búhos esta noche, Nick?
-bueno, John - dijo el meteorólogo-, eso no lo sé, pero no solo los búhos han tenido una actitud extraña. Televidentes de lugares tan apartados como Kent, Yorkshire y Dundee, han llamado para decirme que en lugar de la lluvia que prometí ayer, ¡tuvieron un chaparrón de estrellas fugaces! tal vez la gente comenzó a festejar antes de tiempo. ¡Aún falta mucho, gente! Pero puedo prometerles una noche tormentosa para hoy.
El señor Yuho se quedó helado. ¿Estrellas fugaces por toda Gran Bretaña? ¿Búhos volando a la luz del día? Y ese murmullo sobre los Hino…
La señora Yuho entro en el living con dos tazas de té. Esto no era bueno. Tenía que decirle algo a su esposa. Se aclaró la garganta con nerviosismo.
-eh… Koan querida, ¿has sabido últimamente algo de tu hermana?
Como lo esperaba, la señora Yuho parecía molesta y enojada. Después de todo, solían fingir que no tenía ninguna hermana.
-No- respondió cortante-. ¿Por qué?
-Unas cosas muy raras en las noticias- mascullo el señor Yuho -.Búhos…estrellas fugaces…y hoy había en la ciudad una gran cantidad de gente de aspecto raro…
-¿Y entonces? – interrumpió bruscamente la señora Yuho.
-Bueno, simplemente pensé…quizá…que podría tener algo que ver con…tu sabes…su gente.
La señora Yuho bebió el té con los labios fruncidos. El señor Yuho se preguntó si se animaría a decirle que había oído el apellido no. En lugar de eso pregunto, tratando de parecer desinteresado:
-La hija de ellos…debe tener la edad de Lady, ¿no?
-Eso supongo- respondió la señora Yuho con rigidez.
-¿Y cómo era su nombre? Rehia, ¿no?
-Rei. Un nombre vulgar e insulso, si me lo preguntas.
-Oh, si- dijo el señor Yuho, con una horrible sensación de desánimo-. Sí, estoy de acuerdo.
No dijo más nada sobre el tema, y subieron a su habitación a acostarse. Mientras la señora Yuho estaba en el baño, el señor Yuho se acercó a la ventana y miro hacia el jardín de adelante. El gato aún estaba ahí. Vigilaba con atención Privet Drive como si estuviera esperando algo.
¿Se estaba imaginando cosas? ¿Todo esto podría tener algo que ver con los Hino? Si fuera así… si se descubría que ellos eran parientes de un par de… bueno, no crea ser capaz de soportarlo.
Los Yuho se fueron a la cama. La señora Yuho se quedó dormida al instante, pero el señor Yuho permaneció despierto, inquieto con esos pensamientos perturbadores en su mente. Su último y calmante pensamiento, antes de sucumbir al cansancio, fue que, aunque los Hino estuvieran involucrados, no había razón para que se acercaran a su familia. Los Hino sabían muy bien lo que pensaban de ellos y los de su clase en esta casa… No veía como él y Koan iban a ser involucrados en nada que tuviera que ver con esa gentuza- bostezo y se dio vuelta-, no podría afectarlos a ellos…
Que equivocado estaba.
El señor Yuho cayó en un sueño inquieto, pero el gato en la pared del jardín no mostraba señales de tener sueño. Estaba sentado tan quieto como una estatua, con los ojos fijos, sin pestañear, en la esquina de Privet Drive. Apenas tembló cuando pasaron los autos, ni siquiera pestañeo cuando una brizna fría paso sobre su cabeza. De hecho, el gato no se movió hasta la medianoche.
Una mujer apareció en la esquina que el gato había observado, apareció tan súbita y silenciosamente que uno habría pensado que había surgido de la tierra misma. La cola del gato se agito y sus ojos se entrecerraron.
Una mujer como esa nunca se había visto en Privet Drive. Era alta, delgada y de apariencia extrañamente joven, y digo extraño, a juzgar por su pelo plateado inusualmente recogido, tan largo que habría podido sujetarse de nuevo y aun pasaría de la cintura. Usaba ropa larga, una capa color blanca, al igual que su vestido, que barría el piso y tacos altos con hebillas. Sus ojos azules eran suaves, brillantes y centelleaban detrás de sus anteojos con cristales con forma de medialuna y su rostro parecería cincelado por artistas de no ser por un corte que atravesaba su nariz. Su nombre era Serenity Moon.
Parecía que Serenity Moon no se había percatado de que había llegado a un lugar en donde toda su apariencia era rechazada. Estaba muy ocupada moviendo su capa, buscando algo. Pero pareció darse cuenta de que la observaban, porque de pronto miro al gato, que todavía la observaba fijamente desde la otra punta de la calle. Por alguna razón, ver al gato pareció divertirla. Rio entre dientes y murmuro:
-Debí haberlo imaginado.
Encontró en su bolsillo interior lo que estaba buscando. Parecía un encendedor de plata. Lo abrió, lo levanto al aire y lo encendió. La luz más cercana de la calle se apagó con un leve estallido. Lo encendió otra vez y la siguiente lámpara quedo a oscuras. Doce veces hizo funcionar el apagador, hasta que las únicas luces que quedaron en toda la calle fueron dos puntitos luminosos en la distancia, eran los ojos del gato que la observaba. Si ahora alguien mirara por la ventana, hasta la chismosa señora Dursley con sus atentos ojos no vería nada en la penumbra de la noche. Moon volvió a guardar el apagador dentro de su capa y camino hacia el número 4 de la calle, donde se sentó en la pared, cerca del gato. No la miro, pero después de un momento, le dijo:
-Que gusto verla aquí, profesora Haruna.
Giro para sonreír al gato, pero este había desaparecido. En lugar del gato, le estaba sonriendo a una mujer de aspecto severo, con anteojos de montura cuadrada, con los mismos ojos destellantes que pertenecían al gato. La mujer también llevaba una capa, de color borravino. Su cabello rojo estaba recogido en un rodete. Estaba claramente disgustada.
-¿Cómo supo que era yo?- pregunto.
-Mi querida profesora, nunca vi a un gato sentado tan tenso.
-Usted también estaría rígido si hubiera estado sentada en una pared de ladrillo durante todo el día- respondió la profesora Haruna.
-¿Todo el día? ¿Cuándo podría haber estado celebrando? Debo de haber pasado por una docena de celebraciones y fiestas en mi camino hasta aquí.
La profesora Haruna resoplo enojada.
-Oh, sí, todos celebraran, de acuerdo- dijo con impaciencia-. Uno creería que iban a ser un poquito más prudentes, pero no… ¡Hasta los muggles se dieron cuenta de que algo sucede! Salió en las noticias. –Torció la cabeza en dirección a la ventana del oscuro living de los Yuho-. Lo escuche. Bandadas de búhos… estrellas fugaces… Bueno, ellos no son totalmente estúpidos. Tenían que darse cuenta de algo. Estrellas fugaces cayendo en Kent… apuesto a que fue Dedalus Diggle. Nunca tuvo mucho sentido común.
-No puede culparlos- dijo Serenity con un tono tenido muy poco que celebrar durante once años.
-Ya lo sé- respondió irritada la profesora Haruna-. Pero eso no es una razón para que perdamos la cabeza. La gente se ha vuelto completamente descuidada, no tratan de actuar como los muggles, así nos terminaran descubriendo.
Lanzo una mirada cortante y de soslayo hacia Serenity, como si esperara que le respondiera algo, pero como no lo hizo, continúo hablando:
-Seria extraordinario que el mismo día en que la Innombrable parece haber desaparecido al fin, los muggles descubrieran todo sobre nosotros. Supongo que ella realmente se ha ido, ¿no, Moon?
-Con seguridad es lo que parece –dijo Serenity-. Tenemos mucho que agradecer. ¿Le gustaría un caramelo de limón?
-¿Un qué?
-Un caramelo de limón. Es una clase de golosina de los muggles que me tiene fascinada.
-No, muchas gracias -respondió con frialdad la profesora Haruna, como si considerara que ese no era el momento para dulces-. Como le decía, aunque la Innombrable se haya ido…
-Mi querida profesora, estoy segura de que una persona sensata como usted puede llamarla por su nombre, ¿verdad? Toda esa tontería de la Innombrable… durante once años intente persuadir a la gente para que la llamara por su verdadero nombre: Mistress 9. –La profesora Haruna se tiro hacia atrás con temor, pero Serenity, estaba ocupada desenvolviendo dos caramelos de limón, por lo que no pareció darse cuenta-. Todo resultara muy confuso si seguimos diciendo la innombrable. Nunca encontré razón para tener miedo de decir el nombre de Mistress 9.
-Sé que usted no tiene ese problema –observo la profesora Haruna, entre la exasperación y el enojo-. Pero usted es diferente. Todos saben que usted es la única a la que la innom… oh, bueno, Mistress 9 tenía miedo.
-Me está alagando –dijo con calma Moon-. Mistress 9 tenía poderes que yo no poseía.
-solo porque usted es demasiada… bueno… noble para utilizarlos.
-Qué suerte que esta oscuro. Nunca me sonroje tanto desde que Madame Pomfrey me dijo que le gustaban mis nuevas orejeras.
La profesora Haruna le lanzo una mirada cortante, antes de hablar.
-Los búhos no son nada, comparados con los rumores que corren por allí. ¿Sabe lo que todos dicen? ¿Sobre cómo desapareció ella? ¿Sobre qué fue lo que finalmente la detuvo?
Parecía que la profesora Haruna había llegado al punto que más ansiosa estaba por discutir, la verdadera razón por la que había esperado todo el día un una fría pared, porque ni como gato ni como mujer, jamás había mirado con tal intensidad a Serenity como lo hacía ahora. Era evidente que, más allá de lo que los demás dijeran, no lo creería hasta que Serenity le confirmara que eso era verdad. Serenity, sin embargo, estaba desenvolviendo otro caramelo y no le respondió.
-Lo que están diciendo- insistió- es que la noche anterior Mistress 9 apareció en el valle de Godric. Fue a buscar a los Hino. El rumor es que Risa y Takashi Hino están… están… que ellos están muertos.
Serenity inclino la cabeza. La profesora Haruna se quedó boquiabierta.
-Risa y Takashi… No puedo creerlo… No quiero creerlo… Oh, Serenity…
Serenity se le acerco y la consoló un poco.
-Lo se… lo se… -dijo con tristeza.
A la profesora Haruna le temblaba la voz cuando continuo.
-Eso no es todo. Dicen que ella trato de matar a la hija de los Hino, Rei. Pero no pudo matar a esa niñita. Nadie sabe por qué, o como, pero dicen que, como no pudo matar a Rei Hino, el poder de Mistress 9 se quebró… y que esa es la razón por la que se ha ido.
Serenity asintió apesadumbrada.
-¿Es… es verdad? –Tartamudeó la profesora Haruna-. Después de todo lo que ha hecho… de toda la gente que mato… ¿no pudo matar a una niñita? Es simplemente asombroso… de todas las cosas que podrían detenerla… Pero ¿Cómo sobrevivió Rei, en nombre del cielo?
-Solo podemos adivinar –dijo Serenity-. Tal vez nunca lo sepamos.
La profesora Haruna saco un pañuelo bordeado y se lo paso por los ojos, detrás de los anteojos. Serenity parpadeo un par de veces mientras sacaba un reloj de bolsillo y lo examinaba. Era un reloj muy raro. Tenía doce manecillas, pero ningún numero; en lugar de eso, pequeños planetas se movían alrededor del borde. Pero para Serenity debía de tener sentido, porque lo guardo en el bolcillo y dijo:
-Yuichiro está retrasado. A propósito, supongo que fue el quien le dijo que estaría yo aquí, ¿no?
-Si –dijo la profesora Haruna-. Y me imagino que no me va a decir por qué, entre tantos lugares, usted está aquí.
-Vine a entregar a Rei a su tía y su tío. Ellos son la única familia que le queda ahora.
-¿No quiere decir…? ¡No puede referirse a la gente que vive aquí! –Grito la profesora, poniéndose de pie de un salto como un gato enfadado y señalando al número 4-. Serenity… no puedes. Los observe todo el día. No podría encontrar a gente más distinta de nosotros. Y tienen esa hija… la vi pateando a su madre mientras subían las escaleras, gritando para que le dieran caramelos, una malcriada. ¡Rei Hino no puede vivir aquí!
-Es el mejor lugar para ella –dijo Serenity con firmeza-. Sus tíos podrán explicarle todo cuando sea más grande. Les escribí una carta.
-¿Una carta? –Repitió la profesora Haruna, volviéndose a sentar en la pared-. ¿De verdad, Moon, cree que puede explicar todo en una sola carta? ¡Esa gente jamás comprenderá a Rei! ¡Será famosa… una leyenda… no me sorprendería que hoy sea conocido como el día de Rei Hino… escribirán libros sobre Rei… cada niño en el mundo conocerá su nombre!
-Exactamente –dijo muy seria Serenity, mirándola por encima de sus anteojos-. Sería suficiente para marear a cualquier niña. ¡Famosa antes de saber hablar y caminar! ¡Famosa por algo que ni siquiera recuerda! ¿No se da cuenta de que será mucho mejor que crezca lejos de todo, hasta que esté preparada para asumirlo?
La profesora Haruna abrió la boca, cambio de idea, trago y luego dijo:
-Si… si, tiene razón, por supuesto. Pero ¿Cómo va a llegar la niña hasta aquí, Serenity? –de pronto observo la capa de la profesora, como si pensara que podría tener a Rei escondida allí.
-Yuichiro la traerá.
-¿Le parece… sensato… confiar a Yuichiro algo tan importante?
-A Yuichiro le confiaría mi vida –contesto Serenity.
-No estoy diciendo que no sea un hombre de buen corazón –dijo de mala gana la profesora Haruna- pero no puede fingir que no es descuidado. Tiene la costumbre de… ¿Qué fue eso?
Un ruido sordo quebró el silencio que las rodeaba. Se fue haciendo más fuerte mientras ellas miraban a ambos lados de la calle buscando alguna luz; aumento hasta un rugido mientras las dos miraban hacia el cielo y una pesada motocicleta cayó del aire y aterrizo en la calle frente a ellas.
Si la motocicleta era enorme, no era nada comparada con el hombre que llevaba. Era dos veces más alta que un hombre normal y al menos tres veces más ancho. Simplemente era demasiado grande y tan salvaje: cabello largo enmarañado que cubría su visión de no ser por su constante movimiento, color negro; una barba que no era barba, más bien daba la apariencia de que pronto le crecería si él no se la afeitara de vez en cuando; las manos eran del tamaño de las tapas del tacho de basura y sus pies, con botas de cuero, eran como bebes delfines. En sus brazos musculosos y grandes sostenía un bulto con mantas.
-Yuichiro –dijo aliviada Serenity-. Por fin. ¿Y de dónde conseguiste esa motocicleta?
-es prestada, profesora Moon –contesto el gigante, bajando con cuidado del vehículo, mientras hablaba-. La joven Deimos Black me la presto, señora. La traje a ella, señora.
-¿No hubo problemas por allá?
-No, señora, la casa estaba casi destruida, pero la saque antes de que los muggles comenzaran a aparecer. Se quedó dormida mientras volábamos sobre Bristol.
Serenity y la profesora Haruna se inclinaron sobre las mantas. Adentro, se veía a una bebe, profundamente dormida. Bajo una mata de pelo negro azabache, sobre la frente, pudieron ver ambas, una cicatriz con una forma curiosa, como un rayo.
-¿Fue allí…?-susurro la profesora Haruna.
-si –respondió Serenity-. Tendrá esa cicatriz para siempre.
-¿No puede hacer nada para eso, Serenity?
-Aunque pudiera, no lo haría. Las cicatrices pueden ser útiles. Yo tengo una encima de mi rodilla izquierda, que es una copia perfecta de la luna llena. Bueno, déjala aquí, Yuichiro, es mejor que terminemos con esto.
Serenity tomo a Rei en sus brazos y se volvió hacia la casa de los Dursley.
-¿Puedo… puedo despedirme de ella, señora? –pregunto Yuichiro.
Inclino su gran cabeza desgreñada sobre Rei y le dio un beso raspándola con su barba. Entonces, súbitamente, Yuichiro dejó escapar un aullido, como un perro herido.
-Shhh –lo chisto la profesora Haruna-. ¡Vas a despertar a los muggles!
-Lo… siento –lloriqueó Yuichiro y se limpió la cara con gran pañuelo-. Pero no puedo soportarlo… Risa y Takashi muertos… y la pobre pequeña Rei tendrá que vivir con muggles…
-Sí, sí, es todo muy triste, pero contrólate, Yuichiro, o nos van a descubrir –susurro la profesora Haruna, palmeándole un brazo a Yuichiro, mientras Serenity pasaba sobre la verja del jardín y caminaba hasta la puerta del frente.
Dejo suavemente a Rei en la puerta, saco la carta de su capa, la escondió entre las mantas de Rei y luego regreso con los otros dos. Durante un largo minuto los tres permanecieron contemplando al pequeño montón; los hombros de Yuichiro se estremecieron, la profesora Haruna parpadeo furiosamente y la luz brillante, que siempre parecían irradiar los ojos de Serenity, parecía haberla abandonado.
-Bueno –dijo finalmente Serenity-. Ya está. No tenemos nada que hacer aquí. Será mejor que nos retiros y nos unamos a las celebraciones.
-Aja –respondió Yuichiro con voz ronca-. Más vale que me deshaga de esta moto. Buenas noches profesora Haruna, profesora Moon, señora.
Yuichiro se limpió con la manga de su abrigo, se subió a la motocicleta y acciono con el pie la palanca para poner en marcha la moto; con un estruendo se elevó en el aire y desapareció en la noche.
-Nos veremos pronto, espero, profesora Haruna –dijo Serenity, saludándola con un suave gesto de su delicada mano.
La profesora Haruna se sonó la nariz como respuesta.
Serenity giro y avanzo por la calle. Se detuvo en la esquina y levanto el apagador de plata. Lo hizo andar una vez y todas las lámparas de la calle se encendieron, de manera que Privet Drive se ilumino con un resplandor anaranjado y pudo deslumbrar a un gato rojizo que se escabullía por la esquina del otro extremo de la calle. También pudo ver el bulto de mantas sobre las escaleras de entrada de la casa número 4.
-Buena suerte, Rei –murmuro. Giro sobre sus talones y con un movimiento de su capa, yo no estaba allí.
Una brisa paso rápidamente por los impecables cercos de Privet Drive, que yacía silenciosa bajo un cielo oscuro como la tinta, el último lugar donde uno esperaría que ocurrieran cosas asombrosas. Rei Hino se dio vuelta entre las mantas, sin despertarse. Una mano pequeña se cerró sobre la carta y la niña siguió durmiendo, sin saber que era famosa, sin saber que despertaría en unas pocas horas con el grito de la señora Yuho al abrir la puerta para sacar las botellas de leche; ni que iba a pasar las próximas semanas siendo pinchada y pellizcada por su prima Lady… No podía saber que, en ese mismo momento, la gente que se reunía en secreto por todo el país estaba levantando sus copas para decir con voces eufóricas: ¡Por Rei Hino… la niña que vivió!
