-¿Qué mierda se supone que estás haciendo?

Sesshomaru clava sus ojos dorados en el responsable con una mirada asesina, Inuyasha lo toma del hombro, tratando de calmar a su medio hermano, pero éste lo aleja bruscamente indicando que no se metiera.

Rin sin entender nada se para a observar la situación, muerta de vergüenza niega con su cabeza al darse cuenta de lo ocurrido.

Kohaku había empujado a Sesshomaru con violencia al verlos tan pegados, ver como un desconocido casi besa a su ex novia el mismo día que "cortaron" hizo que su sangre hierva. No sabía que ese desconocido era Sesshomaru, actuó de manera impulsiva y lo hizo algo cegado por los efectos del alcohol.

-¿Q-ue mierda haces tú con mi novia? - Pregunta enojado, aunque en ese momento cayó en que era el dueño del lugar, y de hecho alguien bastante importante. Probablemente lo sacarían de la fiesta y apenas llegó hace poco.

Alrededor no había tanta gente, ya que la mayoría bailaba en el medio y ellos estaban algo alejados de allí. Inesperadamente no muchas personas observaban lo que sucedía.

-¿Tu novia? Ya no soy tu novia Kohaku.- Dijo Rin metiéndose en el medio.

El castaño la miró furioso, en su mente Rin era una malagradecida que lo había traicionado en el momento en que estuvo a punto de besar a Sesshomaru, sin importarle sus propias acciones anteriores.

El hombre de ojos dorados la tomó por la cintura, acercándola a su cuerpo para acto seguido colocarla detrás suyo.

-Es mejor que no te involucres pequeña.- acarició su cabello.

Kohaku no podía creer lo que estaba viendo, la manera en la que Sesshomaru se comportaba con Rin lo sacó de sus carriles completamente, ¿que carajo sucede entre estos dos? se preguntó.

La idea de que podría existir algo se hizo presente en su cabeza y no dudó en actuar impulsivamente, soltando algunas palabras descolocantes.

-Por esto querías dejarme, ¿verdad, Rin? Terminaste siendo una perra.- soltó con desprecio su tono de voz.

Y de un momento a otro, el puño derecho de Sesshomaru se había estampado contra su cara. Otro más que actuó impulsivamente.

Rin se impactó, buscó con su mirada la ayuda de sus amigas, quienes miraban aterradas la escena. Los hombres del grupo no se metieron, pues conocían al mayor Taisho y sabían que no sería una buena idea.

Los amigos de Kohaku tampoco lo hicieron, pues era una pelea puño a puño.

-Esa fue por insultar a Rin.- Kohaku fue lento en defenderse y el ambarino volvió a darle un fuerte puñetazo. - Y esa otra por serle infiel.

El joven de ojos pardos se queja de dolor pero logra incorporarse nuevamente, intenta golpear a Sesshomaru pero éste lo inmoviliza sin hacer un máximo esfuerzo.

En ese momento los gemelos Ah-Un junto a otro guardia de nombre "Haiku" hacen acto de presencia y sujetan a Kohaku y sus dos amigos luego de que opusieron una molesta resistencia, exclamando que ellos podían retirarse solos del lugar.

Ahora si bastantes personas estaban al tanto de lo que estaba ocurriendo, por lo que todo el grupo trató de no responder ante las preguntas de qué había pasado, así nadie hablaba de más.

-¿Por qué no hicieron nada?- Pregunta Kagome algo molesta con Inuyasha y Bankotsu. Ambos se encogen de hombros.

-No saben quién es Sesshomaru enojado, lo mejor es no meterse. Además el es prudente, no iba a "asesinar" al chiquillo ese enfrente de Rin.- Contestó su medio hermano con su característico tono burlesco.- Aunque esto no se va a quedar así.

Rin, quien había entrado en pánico con lo sucedido, se alteró un poco más luego de escuchar lo último dicho.

El mayor Taisho se preocupó al ver la expresión en su rostro, parecía estar en un shock. Se acercó a hablarle y disculparse.

-Rin, lo siento por eso.- Ella lo miró fijamente.

-¿Podemos hablar a solas?

Sesshomaru asintió y tomó la mano de Rin. Avisó al grupo que tendrían una charla a solas y regresarían en un momento. Todos entendieron y siguieron en lo suyo, olvidando el accidente de hace un rato. Juntos desaparecieron entre la multitud de personas, tomando el camino donde pudieran pasar más desapercibidos.

-Pero... ¿qué acaba de pasar?

Pregunta Yura confundida.

-Ese era el ex de Rin, terminaron hoy porque la engañó y ahora quiere hacerse ver, es todo.- contestó Ayame restándole importancia.

"¿Terminaron hoy y ya anda con Sesshomaru? una fácil." pensó la pelinegra despreciando a Rin internamente.

Por otro lado, quienes se habían retirado del lugar hace un rato ahora entraban a la gran mansión Taisho. Rin observó todo el lugar detenidamente.

-¿Qué sucede Rin?- preguntó el peliplata preocupado. Creía que la castaña estaba furiosa por lo que le hizo a su ex novio.

-Gracias por defenderme ante Kohaku.-sonrió dulcemente.

El más alto se sorprende, esperaba todo menos esa reacción de su parte. Mordió su labio inferior al verla, su sonrisa lo volvía loco, le hacía sentir una infinidad de cosas ese rostro tan tierno.

-Dios, Rin... no tienes que...

-¡Si que tengo!- elevó la voz- Fue mi culpa, lo siento, Sesshomaru.- bajó la cabeza con una expresión de tristeza en su rostro.

El mayor caminó amenazante hacia ella, quien al percatarse comenzó a dar pasos hacia atrás, tantos que terminó acorralada a la pared. Sesshomaru aprovecha la situación para dar el último paso pegándose a ella, con ambos brazos a los lados de su cabeza.

-S-sessh...-No pudo terminar de hablar ya que tenía al peliplata encima besándola. Era un beso dulce.

Este beso sorprendió a Rin y por varios segundos no supo cómo reaccionar. Al poco tiempo comenzó a mover sus labios, tomando el ritmo que había establecido Sesshomaru. La mano de él bajó a su diminuta cintura, acercándola. Ella subió las suyas aferrándose fuertemente.

Se separaron segundos después, la castaña tenía las mejillas rojas a más no poder y él una inmensa sonrisa en su rostro, algo nunca antes visto.

-No vuelvas a decir que fue tu culpa o tendré que besarte otra vez.

Algo había que admitir y es que la joven no se encontraba en sus cinco sentidos, de hecho estaba tan borracha que apenas sentía los pies cuando caminaba. Eso la llevó a decir algo que no se hubiera animado sobria aunque moriría de ganas.

-Es mi culpa.- repitió burlona.

El ambarino sorprendido esbozó una pequeña sonrisa de lado. Él también estaba muy borracho, por lo que poco le importó lo que sucedía luego, la idea de tener a Rin para él esa noche se hizo presente en su cabeza y de inmediato actuó sin pensar dos veces.

Se acercó nuevamente y la besó.

Sumergidos en un beso lleno de pasión, sus manos comenzaron a danzar por el cuerpo de Rin.

La castaña estaba atónita pero para nada disgustada, disfrutaba de las caricias.

Sin darse cuenta la libido de ambos comenzaba a crecer demasiado, de un momento al otro restregaban sus cuerpos cargados de pasión.

-Vamos arriba

Sesshomaru tomó a Rin y la cargó al estilo nupcial, ella solo reía mientras subían las escaleras, a causa de los besos que el peliplata dejaba en su cuello.

Ninguno de los dos se había detenido a pensar lo que estaban a punto de hacer, simplemente actuaban.

Se adentraron en su habitación, la dejó sobre la cama suavemente mientras ella se quitaba esos molestos zapatos de aguja que Ayame le había rogado que se ponga, sintiéndose aliviada al instante.

Mientras, Sesshomaru sacaba una caja de condones de su mesa de luz.

La iluminación del cuarto era normal, pero en un momento cambió a una luz roja.

-Oye, esto parece un motel, puto mujeriego a cuantas traerás aqui- soltó Rin de repente.

El ambarino despojándose de sus prendas largo una risa.

-A nadie, solo a ti.- Y no mentía.

-¿Así también le dices a las demás?- se burló, tratando de quitarse el vestido.

No la dejó, ya que se acercó y se lo quitó él mismo lentamente, deslizando la prenda como si pudiera lastimarla y cuidara de que no sea así. Termino con la tortura, el hermoso vestido de satén acabó en el piso del lugar junto a las prendas masculinas.

Sesshomaru

Observé detenidamente la vista que tenía frente a mis ojos, a Rin completamente sonrojada, con una hermosa lencería de color roja igual que su vestido.

Ansiaba quitarle todo y hacerla mía de una sola vez, pero si quería seguir viéndola no sería de esa manera.

-Por Kami...- susurré. Al parecer me escuchó porque me dedicó una seductora sonrisa que me enloqueció.

La recosté completamente y me coloqué entre sus piernas. Parecía tener vergüenza, así que comencé besando sus labios suavemente, para luego de unos segundos cambiar la intensidad del beso a uno más apasionado. Sus manos danzaron por mi pecho y en algunas ocasiones por mi rostro. Esas caricias me hacían subir a las nubes.

Bajé lentamente una mano a su intimidad, bajando las tiras de su ropa interior. La pequeña prenda se deslizó por sus piernas, podía sentir la cara de Rin arder. Me separé un poco de sus labios para poder observar el rostro de esa hermosa mujer.

Rin

Sesshomaru bajó mi braga, me dio vergüenza, no creía la hermosura del hombre que tenía encima.

Se separó del beso y me miró, sus ojos dorados me dedicaron una mirada penetrante, que me prendió más.

-Rin... ¿Estás segura?-preguntó a punto de sacar un preservativo de su caja.

-Sí. -dije sin rodeos, volvió a besarme con una sonrisa en su rostro y se separó para quitarse el boxer.

Volvió a acercarse, con su mano derecha comenzó a estimularme repentinamente, tomándome por sorpresa. Luego de unos minutos los gemidos comenzaron a salir de mi boca. Sesshomaru al escucharme mordía su labio inferior.

-No te calles, por favor.- susurró en mi oido luego de no escucharme por un momento.

Le hice caso.

Cuando menos lo esperé sentí la punta de su masculinidad alinearse a mi entrada.

Solté un gemido alto, había entrado en mí lentamente, moviéndose al pasar los segundos y aumentando la velocidad pero de a poco.

Nos ahogamos en placer, y aunque ambos estábamos muy pasados de copas se que lo estaba disfrutando tanto como yo.

Sus embestidas se hacían más fuertes y rápidas, con una mano estimulandome al compás de sus movimientos.

-¡Ah! Sigue, Sessho..maru...- dije sin pensar dos veces, arrastrando mis palabras y dejándome llevar por el placer.

Se acercó a mí dejando un apasionado beso en mis labios, dibujó un camino de mojados besos por mi cuello, para segundos mas tarde dirigirse a mi oído y susurrar:

-Grita mi nombre.- me miró a los ojos y aumentó la velocidad de sus embestidas, tomando un ritmo fuerte sin piedad.

-¡Ah! ¡S-sesshomaru!

Continuamos con el ritmo por un rato, hasta que llegamos al clímax al mismo tiempo, soltando jadeos. Sesshomaru terminó gimiendo mi nombre, hecho que me encantó. Tenía al jodido hombre más perfecto de todo Tokio encima mío gimiendo mi puto nombre