Las cosas iban bien en Encanto, había pasado casi un año desde la caída y reconstrucción de Casita, se llevaron a cabo charlas necesarias entre los miembros de la familia Madrigal, reconociendo los errores, aquello que es difícil de admitir. Bueno, Mirabel piensa que al menos se está haciendo el intento, después de todo no es como si después de diez años de lidiar con sus propias emociones, de lidiar con la soledad y sus pensamientos por si misma significa que pudiera simplemente abrir sus brazos y decirle a su familia todo lo que sintió. No la malinterpretes, su familia está haciendo su mejor esfuerzo, sobre todo su abuela... Pero, hay una parte en el fondo que aún no se siente segura, la pequeña niña de cinco años echa un ovillo en la esquina de la guardería y llorando dentro de ella remueve inquietamente su corazón y aviva un poco la desconfianza, por lo que decide mantenerse a salvo en la comodidad del "ya los he perdonado, así que no necesitamos hablar de ello", y es cierto, los ha perdonado, entiende los motivos detrás de su abuela y su familia... Ella hace, ¿no?
Mirabel detiene su labor de realizar un bordado en el chal de su tía Pepa, apreciando mejor su trabajo para ver que no falte algún detalle, bueno, al menos cuando está metida en sus pensamientos puede bordar libremente, aunque si esos pensamientos fueran más ruidosos, seguro se habría pinchado los dedos un par de veces, pero ha terminado sin incidentes, así que está bien.
La adolescente dobló el chal con cuidado, poniéndolo con suavidad en la parte despejada de su escritorio, solo para después comenzar a ordenar un poco su material de costura porque estaba segura de que no tardarían en llamarla para la hora del almuerzo —¡Mira! —Mirabel sonrió, levantándose de su escritorio mientras Antonio abría la puerta de su habitación, asomando su cabeza al interior, de todos, Toñito era el único en olvidar de que debía tocar antes de entrar, no es como si a Mirabel le molestara, si quería privacidad, ella solo pondría el cerrojo.
—¿Qué hay, hombrecito? —le preguntó con una sonrisa, acercándose a él para estirar sus brazos a su dirección, Antonio rió alegremente, saltando a sus brazos para dejar que lo cargue —. Uff, pronto no podré cargarte más, hombrecito, estás creciendo muy rápido —tarareó con diversión.
—¿Muy grande para los cuentos y las canciones? —le preguntó Antonio, haciéndole unos tiernos ojitos de cachorro.
Mirabel se rió, comenzando a caminar fuera de su habitación —. Por supuesto que no, siempre que quiera mi mejor primo del mundo que le cuente cuentos y le cante lo haré —le aseguró ella, sólo para después comenzar a salpicar besos en su rostro que lo hicieron reír.
Escucharon una suave risa adicional con ellos, deteniendo lo que estaban haciendo y mirando a Pepa, que los miraba encantada, con un bello arcoíris sobre su cabeza —. Mirabel, mija —la reconoció su tía Pepa con una sonrisa cariñosa por el momento entre los dos.
—¡Hola, tía!/¡Holi, mami! —exclamaron los primos a la par con enormes sonrisas, Mirabel bajó de sus brazos a Antonio para descansar un poco y el niño se acercó a su madre para tomarla de la mano.
—¡Vamos a almorzar! —canturreó Antonio, jalando a Pepa. Mirabel caminó junto a ellos, pero sintió una punzada en su corazón al notar como la mirada de su tía se volvía ansiosa, eso la inquietó, ya que se estaba forzando cada vez más a medida que avanzaban al comedor a mantener una sonrisa alegre, ¿qué podría estar pensando para provocar esa reacción en su tía? Mirabel tenía un mal presentimiento de todo esto.
Bueno, miércoles, Mirabel ahora puede decir que esta comida podría no ser tan divertida. Al entrar al comedor, tía Pepa le ha indicado a Antonio y a ella que se sienten específicamente en un lugar, lo mismo sucede cuando sus hermanas y sus primos llegan. Nota la expresión nerviosa de Dolores, como si se estuviera mordiendo la lengua para no comenzar a hablar (¿de qué? no tiene idea), incluso evitó su mirada cuando se enfocó en ella para saber si estaba bien. Pepa ya estaba sentada en su sitio, jugando "sutilmente" con su trenza mientras sus ojos están fijos en la mesa, susurrando muy por lo bajo su mantra de "cielos despejados", tío Félix ha llegado, pero la expresión en su rostro esta fuera de lugar, como si estuviera preocupado por algo, pero muestra una sonrisa para ocultarlo, comenzando a susurrarle a la tía Pepa palabras que no llegan a sus oídos, bueno, no podría intentar escuchar, ya que sus padres son los siguientes en sentarse a la mesa junto al tío Bruno, y Mirabel finalmente frunce el ceño, hay una profunda tristeza en los ojos de su madre, la cual intenta ocultar con una fina sonrisa que no llega a sus ojos mientras coloca las últimas guarniciones para la comida, su papi Agustín está sentándose torpemente en su lugar, su sonrisa nerviosa lo delata a kilómetros, y el tío Bruno, bueno, él seguía teniendo esa mirada y sonrisa nerviosa, adaptándose a la reintegración a la familia, pero había algo un poco más... forzado en su expresión, repentinamente como si tuviera miedo de algo y en ningún momento la volteó a ver para saludarla como se había vuelto una rutina.
—Escupan, ¿alguno hizo una tontería? —susurró su hermana Isabela a su izquierda, a lo que Mirabel volteó a verla, notando que su mirada acusadora estaba fija en Camilo, que estaba sentado a la derecha de Mirabel.
—¡A mi no me mires! —siseó por lo bajo Camilo, retándola con la mirada —. Además, no creo que sea sobre algo que hicimos mal —murmuró, hundiéndose en su silla, Mirabel lo miró de reojo, sus palabras no habían llegado a Isa, pero si que ella las escuchó. Bien, no era la única que se dio cuenta de la actitud de los adultos.
La abuela Alma llegó finalmente, Mirabel no notó mucho en su expresión, solo la coraza de seriedad, no es como si se atreviera a mirar fijamente a su abuela en busca de una señal, quizás su abuela esté cambiando, pero no podemos cambiar los hábitos y reacciones adquiridas a lo largo de los años, ¿no? (¿qué no fuiste tú la que finalmente llegó a su límite y se enfrentó a la abuela?), le susurró con molestia su consciencia, haciéndola gruñir y comenzar a comer. ¡Claro! Se enfrentó a la abuela y luego Casita se derrumbó... Y de nuevo, ahí va hacia esos pensamientos, no a culpen, todavía estaba trabajando con eso.
El resto de la comida transcurrió sin una palabra ser compartida hasta que todos terminaron, Camilo fue el primero en intentar retirarse, pero abuela les indicó que no se levantaran de la mesa, ya que había algo que debían discutir como familia. Okey, Mirabel no tiene idea, pero ahora mismo quiere salir corriendo de ahí para evitar lo que sea que vaya a caer, ¿una bomba quizás? Ella no sabe sobre el resto, pero sabe que ella si quiere salir viva de esto. Sin embargo, se mantiene quieta en su sitio, mirando de vez en cuando a su abuela, quien dirige la mirada al resto de los adultos... En serio Mirabel quiere salir de todo este ambiente de tensión, que el cielo le mande una forma de salir de ahí.
—Hay algo que debemos hablar seriamente, se trata de un secreto que ha estado en la familia por varios años —abuela finalmente ha hablado, y todas las miradas están sobre ella. Mirabel nota el cambió en la expresión de su abuela, la tristeza y la culpa brillando en sus ojos. El corazón de la quinceañera se acelera por eso —. Y sé que después de esto, la dinámica de la familia puede cambiar, pero creo deben saberlo, en especial dos de ustedes específicamente, mis nietos —Mirabel ahora estaba en pánico cuando la mirada de su abuela se centró en ella y... ¿Camilo? ¿Ahora que hicieron? —. Camilo, Mirabel, ambos son mellizos y son hijos de Bruno —revela la abuela seriamente, mirando a ambos con tristeza.
El silencio se extendió en el comedor, era como si todos hubieran contenido la respiración repentinamente ante las palabras que la abuela dijo como si decidiera arrancar la venda rápidamente para que pasara más rápido el dolor... Que lejos estaba de ser así.
Mirabel simplemente se sintió congelada, sin realmente sentir que el aire llegaba a sus pulmones —¿Qué? —apenas pudo registrar el susurro acalorado de Camilo al lado de ella. Algo se inquietó en su interior, brasas de fuego ardiendo en su pecho mientras intentaba digerir las palabras.
—Camilo, mijo —murmuró la tía Pepa con un desgarrador temblor en su voz, una nube gris se formó sobre ella, tronando.
—¡No! —exclamó Camilo furioso. Dolores se encogió, cubriendo sus oídos con las manos, claramente el sonido de las voces estrepitosas y que se elevan fuertemente la abruman, Félix pone su mano en la espalda de su hija, frotando círculos para tranquilizarla mientras su otra mano esta ocupada sosteniendo la mano de Pepa, quien ya tenía lágrimas en sus ojos —¡¿Qué quieres decir?! ¡¿De qué hablas al decir que tío Bruno es mi padre y el de Mirabel?! —cuestionó enojado, sus palabras temblorosas mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, era una broma de mal gusto, ¿no?
Mirabel elevó la mirada de la mesa, sus ojos recorrieron los asientos, casi entumecida. Abuela estaba en la cabecera, su rostro neutral, pero sus ojos reflejaban un húracan de dolor y culpa, a su izquierda Antonio, abrazando su peluche mientras está haciéndose bolita en su silla, mirando a todos con sus ojos llorosos llenos de confusión, al lado izquierdo de Toñito está Luisa, su rostro está pálido, como si no pudiera terminar de entender que es lo que se ha dicho, pero también muy consciente, porque hay lágrimas en sus ojos. Luego Mirabel tiene a Camilo a su derecha, en medio de Luisa y ella. Mirabel observa el rostro de Camilo largos instantes, una sensación extraña quemando en su pecho entre más lo observa, así que vuelve la mirada hacia quien esta a la izquierda de ella misma, mirando a Isabela, quien parece repentinamente enferma, como si viejos recuerdos burbujearan en la superficie entre más observa a los adultos. En la otra cabecera, quedando a la izquierda de Isa está Dolores, cubriendo sus oídos mientras tiene lágrimas en los ojos, mirando a Camilo con dolor. Así, Dolores tiene a su padre a la izquierda, tío Félix la conforta tanto a ella como a la tía Pepa a su lado, quien respira entrecortada, lágrimas ya derramadas en sus mejillas mientras la lluvia empieza. Al lado de Pepa está su... Todo se revuelve en su estómago, siguen en orden, Agustín, Julieta y por último Bruno. Los tres la miraban a ella, los tres la miraban angustiados a ella, quien no había reaccionado aún como lo hizo Camilo.
—¿Cuándo inicio? —cuestionó Mirabel, repentinamente soltando la pregunta de sus labios, deteniendo la emergente discusión. Mirabel tenía que hacer las preguntas, aquellas que golpeaban su mente con agresividad, derribando toda una vida. Había un silencio mortal, el único sonido era el viento de Pepa aullando suavemente. Mirabel sintió las lágrimas en sus ojos, una acallada rabia emergía peligrosamente —. Las mentiras, cuándo iniciaron —cuestionó más duramente, mirando fijamente a los ojos de la abuela.
—Después de la ceremonia de regalos —admitió Alma con voz cansada.
Mirabel perdió el aliento, viejos sentimientos burbujeando en la superficie de forma amenazante mientras sus ojos se llenan de lágrimas —¿Tú lo...? —la pregunta se queda atascada en su garganta, sabe que debe hacer las preguntas necesarias en esta situación, ella debería... Pero ella solo tiene quince años, está por cumplir apenas dieciséis en tres semanas, aún no es una adulta por completo, así que podría perderlo, ¿no?
—Yo lo inicié —admite Alma con voz arrepentida, sabiendo bien cual era su pregunta.
Y Mirabel no puede con ello, se levanta abruptamente de su silla, tirándola al suelo en el proceso, sus ojos se mantienen fijos en su abuela, intentando, luchando por preguntar, pero le duele el pecho, su garganta arde como si tuviera espinas encajadas que la desgarran para impedir que pueda hablar. Siente las miradas sobre ella, pero Mirabel no quiere eso, necesita respirar, siente que sus pulmones están perdiendo el oxigeno.
No sabe en que momento se ha salido de su lugar y ha comenzado a correr, saliendo del comedor mientras el llamado de su nombre resuena detrás de ella junto a los truenos. No importa, solo necesita respirar fuera de estas paredes, necesita correr lejos de ellos. Casita mueve sus azulejos preocupada, pero no bloquea su paso cuando se dirige a la puerta y sale de ahí. Pronto, Mirabel se encuentra corriendo por el pueblo mientras el resplandor del sol se va ocultando con nubes grises, esquivando a duras penas a las personas que están en su camino cuando sus ojos están llenos de lágrimas, nublando su visión. Ella necesita respirar, su pecho se oprime sin querer darle un descanso mientras lo mismo se repite en su mente una y otra vez, "Camilo, Mirabel, ambos son mellizos y son hijos de Bruno", la golpea con fuerza y esta vez, ha empujado a una persona de su camino sin siquiera registrar quien era, porque no podía, ni siquiera tenía su voz en este momento.
Y cuando menos lo imagina, está de vuelta al río, frenando en seco al caer en cuenta de que había vuelto a correr hacia este lugar. Ella debe verse como un desastre ahora, con la cara toda mojada por lágrimas y el sudor, sus rizos pegados en la frente, sus lentes desalineados y su falda maltratada de abajo, respirando inquieta mientras aspira el aire por su boca en urgencia por hacer que el oxigeno llegue a sus pulmones.
El sonido de pies y ramas rompiéndose detrás de ella la hacen girar abruptamente para saber quien se había atrevido a seguirla, solo para encontrarse cara a cara con Camilo, quien respira rápidamente, aspirando aire también por la boca, ya que parecía que se ahogaba.
Mirabel lo observó a los ojos fijamente, no sabía porque, toda su vida han estado juntos, viviendo bajo la misma casa, creciendo bajo el mismo techo, pero algo burbujeaba en su corazón, ellos se perdieron la pista con el paso de los años, se distanciaron tanto por la falta de un don como el poseer uno, abuela siempre interviniendo, insistiendo en que ella debía dejarlo trabajar, habían sido inseparables y luego nada. Un inexplicable enojó volvió a burbujear.
—Yo... ¡¿Qué diablos fue eso de allá?! —lo cuestionó, como si Camilo pudiera tener las respuestas cuando estaban en la misma página —¡¿Qué diablos hizo abuela?! ¡¿Por qué diablos está pasando esto?! —sabía que estaba siendo un poco incoherente, pero al carajo, ¡era una maldita adolescente! ¡tenía todo el derecho de no ser tan "madura" y "comprensiva" siempre!
Camilo mordió su labio —. Mira... —la llamó suavemente con cuidado, acercándose a lentos pasos hacia ella, sus ojos brillando con lágrimas no derramadas.
—¡No! —gritó ella con dolor —¡Estoy furiosa! —gritó, siendo honesta con lo que sentía en ese momento —¡Han sido años, Camilo! ¡La abuela y todos los adultos mintieron! ¡Y Bruno, él...! —su lengua se trabó, sin saber exactamente que decir —¡Ellos mintieron y yo...! ¡Yo no puedo! —sollozó con fuerza —¡Estoy cansada! —comenzó a llorar con más fuerza, sus rodillas cedieron y si no fuera porque Camilo la atrapó, habría caído al suelo en un golpe sordo. Y sin embargo, Camilo la dejó deslizarse al suelo, quedándose con ella mientras la sujetaba con fuerza y la abrazaba, él mismo temblando también. Mirabel escondió su rostro en el hombro de Camilo, soltando gritos sollozados mientras ella sentía que su hombro se humedecía, percatándose de que su hermano también había comenzado a llorar. Ella desenvolvió los brazos de sí misma, arrojándolos alrededor de él, aferrándose. Necesitaba respirar, controlarse, pero no podía, todos sus pensamientos corrían por su cabeza a una velocidad espeluznante al punto de no saber como ordenarlo para comenzar a digerirlo.
[...]
N/A: Okey, no tengo ni idea como llegué a esto, solo sé que he leído algunos fics con la trama de que Mira y Cami son hermanos y Bruno su papá, y pues me gustaron, so... aquí estoy. Bueno, no creo que esta sea una historia larga, quizás sería de algunos cinco capítulos a lo mucho, así que espero lo disfruten3
