Muchos años atrás, casa Loud

La vida en su hogar siempre había sido caótica, incluso desde antes que siquiera se detuviese a pensar en que realmente lo era, Luna sabía que su familia era un buen ejemplo de lo que significaba el caos.

Con cada miembro de su familia teniendo sus particularidades y personalidades únicas, dando situaciones que muchas veces ni siquiera era capaz de predecir, un buen ejemplo era su hermana directamente menor la cual parecía que se desafiaba a si misma cada año para enloquecer más el primero de abril o su hermanito quien podía convertir algo tan simple como ir a comprar víveres en toda una aventura, algo que realmente amaba de este.

Tocando una suave melodía con sus dedos, una que no se terminaba de adaptar a su usual estilo de música, esta simplemente se había dejado llevar por una extraña nostalgia, una que ni siquiera se explicaba, usando tonos menores mientras extendía los tiempos entre rasgados de las cuerdas, viviendo el momento de calma, aquel oasis en el caos habitual de su hogar.

- …this feeling is borrow, a waste, a shame…

Su rasposa voz se notaba relajada, casi como si quisiese cantarle a un bebe, manteniendo sus ojos cerrados sin pensar demasiado las cosas, dejándose llevar, cantando hasta que se sintió conforme y decidió erguirse de su cama, dejando su guitarra a un lado con la intención de bajar de la litera, notando en ese momento que no se encontraba sola en la habitación, pues Lincoln yacía sentado en el pequeño sofá de espuma que tenía en una esquina del cuarto.

- Oh, Lincoln, no te sentí entrar.

- No es nada, además solo me quede a escuchar tu canción, era muy linda.

- ¿Tú crees? Solo fueron algunos versos al azar, ni siquiera tenían mi pasión puesta en ellos.

- Si eso era algo dicho al aire, cuando realmente le pongas corazón no habrá quien se resista a tu música.

- Oh boy, eres un encanto.

Lincoln solo le sonrió risueño, algo que Luna realmente amaba de su hermanito, siempre siendo capaz de poner una sonrisa en su rostro pese a que todo se estuviese saliendo de control, razón por la que no se resistió y se dirigió hasta este para pellizcar aquellas mejillas espolvoreadas en pecas, algo que provoco un pequeño rubor en el niño.

- (Avergonzado) O..Oye, no soy un bebe.

- Eres mi pequeño hermanito, siempre serás un bebe para mí, no importa si tienes 11 o 30 años.

- ¿Ni siquiera cuando sea mayor? ¡Por favor!

- Jeje, eres muy tierno.

El peliblanco lucho contra la mano juguetona de Luna la cual estaba revolviendo su cabello, un inútil esfuerzo por no parecer más pequeño que su hermana, quien notaba los esfuerzos de este por separarse de ella.

- Oye, tampoco tienes que ser tan agresivo conmigo.

- No soy un bebito.

- Bueno, - Saco su mano de la cabeza del pequeño – Si tú lo dices.

Luna entendía ese sentimiento, su padre se lo hacía sentir a diario aun cuando era una adolescente hecha y derecha, por lo que simplemente iba a respetar eso pese a que sentía deseos de seguir molestando a su hermanito, aunque como venganza final termino diciéndolo con un tono herido, riendo entre dientes imaginando cual podría ser la reacción de Lincoln o ver que podía terminar haciendo si realmente creía que se sentía lastimada.

Pero, para su sorpresa, lo único que escucho fue una voz triste.

- Luna, ¿Tú realmente confías en mí?

Aquello no fue algo que la muchacha esperase, volteando rápidamente para ver a su entristecido hermano, lejos del risueño niño que conocía, mucho más del valiente muchachito que siempre lograba sacarles una sonrisa a ellas y a sus hermanas.

- Lincoln, ¿Pero que preguntas? Claro que confió en ti.

- Bueno, es que… yo… hoy tuve…

Ella pudo notar que el pequeño luchaba por hablar, revolviendo sus manos ansiosamente mientras arrugaba un papel que contenía en estos, uno que se notaba tenía un tamaño considerable pero estaba plegado, o al menos antes de ser convertido en una bola de papel, como si hubiese causado algún desastre y estuviese por contarle a su madre esperando no ser regañado con violencia, más la mirada decaída en su rostro le decía que era algo que le dolía profundamente al pequeño.

- N..No importa, perdón.

- ¿Ok?

La mirada de Lincoln no cambio, pero forzó una sonrisa en su rostro.

- ¿Me dejarías escuchar tu canción de nuevo?

- Oh, bueno, si eso te anima bro.

Luna se alzo para tomar su guitarra desde la parte alta de su litera y se sentó en el respaldo de la parte baja, mirando fijamente a su hermano y esa melancólica expresión suya, preparada para dar el primer rasgado a su guitarra levanto nuevamente la mirada y se enfoco en el pequeño, a quien noto pasar rápidamente su antebrazo por sus ojos.

- (Preocupada) ¿Lincoln? ¿Estás bien?

- Lo estoy, tranquila, es solo…

- ¿Solo?

La mirada de Lincoln evito la de Luna, enfocándose en la puerta.

- ¿Lincoln?

- Algún día se que llegaran muy lejos, tienen increíbles talentos, y yo… no se si cuando llegue ese día me van a permitir estar a su lado.

- Lincoln…

Dándole una extraña sonrisa, Lincoln le devolvió la mirada a su hermana, sin ser capaz que una lágrima rodase por su mejilla.

- ¿Me invitarías a tu concierto cuando seas famosa?

Luna ni siquiera lo pensó, reacciono involuntariamente en dejar su guitarra a un lado y encaminarse hasta su hermano, abrazándolo con fuerza.

Ver aquella tristeza en su hermanito pudo totalmente con ella, odiaba ver al pequeño tan lastimado y lo peor es que ni siquiera sabía que era lo que le ocurría, desde aquel tonto video habían notado que el pequeño ansiaba algo de reconocimiento, sus padres no ayudaban al respecto y ellas habían intentado apoyarle, unas más que otras, pero el pequeño se había cerrado a exponer sus gustos durante un tiempo, por lo que no podían intentar enseñarle o apoyarle, más cuando ellas también tenían sus propias responsabilidades y sus propias competencias.

Y, ahora, solo sabía que algo le había ocurrido a su hermanito y parecía que había roto por completo su confianza en sí mismo como para degradarse a ese punto.

- Lincoln, - La muchacha soltó el abrazo, tomando las mejillas del pequeño delicadamente con sus manos – No digas eso, eres alguien increíble.

- Solo ustedes lo creen, nadie más.

- ¿Y no te basta con eso?

- …

- Lincoln, no seas tan duro contigo mismo, eres muy joven, te queda mucho por que vivir y te quedan muchas cosas por probar.

- Lo dices porque tu si tienes un talento útil.

- Lo digo porque se que en ti hay algo especial.

- Yo… no lo creo, no puedo.

- Lincoln, vamos, solo tienes que seguir avanzando.

- (Triste) ¡No puedo! ¡No puedo simplemente seguir avanzando!

Nuevamente las lágrimas comenzaban a caer por las mejillas del niño, humedeciendo las manos que gentilmente sostenían su rostro.

- (Tono suave) Chico, el que no se rinde siempre logra las cosas, yo sé que sí.

- ¡No! ¡No te creo!

- (Seria) Si no me crees, te lo demostrare, - Luna soltó el rostro de su hermanito, dirigiéndose hasta su guitarra antes de sostenerla con su pose habitual para tocar – Te lo voy a demostrar Lincoln, - Levanto su mano con la púa hasta lo más alto que pudo, sintiendo su guitarra con todo su ser – Te voy a demostrar que los sueños se cumplen mientras no te detengas ante nada.

Luna, en ese momento, se juró a sí misma.

Si su hermanito ya no confiaba en el mismo, ella le demostraría que se puede.

Llegaría lejos, más que nadie.

Sería un símbolo, la base en que se apoyase el pequeño, el recordatorio constante de que no se rinda.

Ella le demostraría a Lincoln que todo se puede.

Y, en ese momento, bajo su brazo con fuerza, comenzando a tocar.

Tres años después

- (Molesto) ¡No Luna, no puedes!

- (Molesta) ¡¿Y cómo quieres que encuentre una buena firma si no toco?!

- ¡Luna por dios! ¡Entiende que ya no tenemos el dinero para que vayas de bar en bar haciendo quien sabe que cosa, no eres una niña para que te lo tenga que repetir todos los días!

- ¡Y tu entiende que debo conseguir un contrato, luego de eso daré todo el dinero necesario!

- ¡No puedes vivir de sueños y esperanzas, tenemos que ver la realidad y esa realidad es que tu hermana le queda poco tiempo antes de que de a luz y no nos va a dar el dinero para que solo vivas tu vida sin preocuparte por la de los demás en esta casa!

- ¡¿Acaso quieres que renuncie a todo por lo que me he esforzado todos estos años?!

- ¡Si! ¡Quiero que aceptes la realidad y entiendas que no todos los sueños se cumplen!

Luna sentía como la rabia inundaba su ser, sintiendo el fuerte deseo de callar a su padre de una bofetada y gritarle que nada le impediría luchar por sus sueños, pero una parte de ella estaba flaqueando ante esa determinación.

Cada salida nocturna, cada escenario en que se subía a participar, sentía esa sensación de que solo era otra persona más, alguien de quien una vez se saliese del lugar no recordarían al enfocarse en el siguiente evento… era, simplemente, otra historia más.

Cuando Sam decidió seguir sus estudios fue el primer golpe en su determinación, pues la chica comenzó a estar demasiado ocupada para seguir practicando activamente, su relación se mantenía bien, pero ya no era lo mismo, no pasaban tanto tiempo juntas, algo entendible, ella tenia sus clases, sus nuevos conocidos, sus deberes y su trabajo de medio tiempo, el tiempo en que podían hacerlo todo juntas se había acabado y era algo que ella tenía que entender.

El segundo golpe fue cuando vio que todo seguía andando sin que ella lograse el éxito, sabía que no sería nada sencillo, pero también que entre más tiempo pasara más difícil sería, más cuando su genero predilecto no era el más popular de ese entonces.

Y ahora, su padre quien deliberadamente le había pedido que renunciase, aceptase la realidad y apoyase a la familia incondicionalmente por "el error de Lori".

Simplemente sentía que flaqueaba, preguntarse que hizo mal, por que las cosas no ocurrían según lo que ella espero, y rendirse se veía cada vez más atractivo.

Pensamiento que inundaba su mente mientras lentamente comenzaba a bajar la mirada ante la furia de su padre, momento en el que la puerta de la casa se abrió y un chico peliblanco con mirada cansada entro.

- (Serio) Hola.

- Lincoln, hola, comenzare la cena en breve.

- Ok.

Palabras secas y cortantes, esa era la actitud que predominaba en el muchacho desde que había comenzado a trabajar, ni siquiera eso, era una actitud que había comenzado antes y solamente termino de asentarse en su hermanito.

Aquel niño risueño que guardaba en lo profundo de su ser había desaparecido dentro de ese adolescente de ojos muertos.

- Tengo que ir a hacer la cena, piensa lo que te dije.

Y con esas palabras el patriarca de la familia se retiro de su lado, adentrándose en su cocina.

Luna sintió que su odio comenzó a crecer nuevamente en ese momento, pero se abstuvo de responder, dirigiendo su mirada a la espalda de su hermano quien aún subía por la escalera, girando hacía su habitación, una que incluso ella pudo notar que ni siquiera daba confort para el chico debido a su altura.

Algo dentro de ella le dijo que era lo correcto y se dirigió hasta el cuarto de este, deteniéndose en la puerta.

Quería decirle algo, o al menos intentar buscar algo de ese afecto que sentía se estaba esfumando en el adolescente, ¿Pero que palabras podía decirle? ¿"Todo esta bien" cuando ella ni siquiera estaba aportando la mitad de dinero que él? Aquello serían palabras que solo generarían más odio en el muchacho, uno al que no quería decepcionar, por lo que manteniendo su mano en alto retrocedió, incapaz de hablarle, incapaz de confortarlo o luchar por mejorar su ánimo, rogando, al menos, que pudiese descansar bien dentro de ese closet reformado, devolviendo a su cuarto.

Ahora, tirada en su cama, Luan le observaba preocupada, después de todo era su hermana mayor y su confidente, ambas confiaban casi ciegamente en la otra, siendo cómplices en muchas ocasiones y cayendo juntas de ser necesario, por eso, verla con esa expresión tan deprimida pudo con ella.

- Luns, tranquila, se que encontraras pronto alguna…

- No es eso Luan, no es… eso.

- Oye, si lo dices por las palabras de papá, creo que…

- No es por pops, es por… Lincoln.

La mirada de Luan se ennegreció en ese momento, no solo era ella, varías habían notado la actitud distante y apagada del chico desde hace tiempo, algunas más afectadas que otras, pero entre el caos de tener a Lori viviendo junto a Bobby en la cochera, el miedo porque Leni quisiese abrir su propia tienda de ropa, las quejas contra Luna y el refuerzo en la actitud déspota de Lola, la introversión de Lincoln no era un tema del que se tratase demasiado, o al menos no tanto como realmente les gustaría.

- El estará bien.

- No lo esta Luan, se nota que no hace nada de lo que le gusta, ya ni sé que le gusta.

- ¿No eran los comics y la ciencia ficción?

- ¿Cuándo fue la última vez que lo viste leer un comic?

Luan quiso contestar, pero las palabras murieron en su boca.

- Hablemos con él.

- Luan… si yo le hablara en este momento, estoy segura de que me gritaría.

- Bueno, eso no… no lo sé… su mirada a veces me da miedo, no se si realmente nos mira como hermanas.

- Yo… hace años le prometí que le demostraría que no tenía por que rendirse, pero verlo así ahora, yo no… no pude…

- Luna, no te culpes tanto, no es tu completa responsabilidad.

- (Decaída) Puede ser, pero aun así no lo logre.

- Pero Luna…

- Soy una inútil, no pude lograr nada, no aporto nada, ni siquiera pude mantener la sonrisa de Lincoln cuando le hice esa promesa, creo que… papá tiene razón, debería rendirme y al menos aportar con algo de dinero, así al menos podría hablar con el sin sentir que me desprecia.

- Luna, no eres una inútil, yo estoy segura de que, simplemente, aún no te ha llegado la oportunidad.

- ¿Y cuando llegara? ¿Cuándo tenga 60 años y ya no pueda demostrarle nada a mi hermano? ¿Cuándo ya me halla perdido mis mejores años en intentos inútiles y no tenga nada por lo que luchar?

- No, no es así, no creo, yo, yo… ¡No lo sé!

El silencio se apodero de la habitación, ambas hermanas siendo incapaces de mirarse a los ojos, algo que, aunque fuese solo un momento se sintió como años para ambas.

- Voy a renunciar.

- No, no lo hagas.

- ¿Y qué otra opción me queda? No voy a lograr nada aquí.

- Eso… ¡Eso es!

La repentina y explosiva alegría de Luan sorprendió a su hermana, pues habían sido solo hace unos instantes cuando ambas estaban sumidas en aquel depresivo ambiente, distante de toda esa negatividad con la que conversaban, dirigiéndose hasta su hermana a la que jalo de la cama obligándole a pararse, mirándole con una sonrisa radiante.

- Este lugar no es el indicado para ti, vente conmigo cuando me mude, se que a Benny no le importara, en una ciudad tan grande seguro encuentras una buena oportunidad y estarás en el radar de buenas agencias.

- O..Oye, pero tu siempre anhelaste esa liber…

- Luna, yo tendré mi espacio, compartiré con mi novio y viviré mi vida libremente, la única diferencia es que dormirás en otra habitación, no es como si fueses a arruinar mi vida jajaja.

- Pero…

- No hay peros Luns, ¿No dijiste que se lo ibas a demostrar a Lincoln? Esta es tu oportunidad, puedes escoger quedarte aquí y renunciar a todo, o… seguir intentándolo, sin importar que.

Aquella radiante felicidad con la que su hermana le dio aquella propuesta calo hondo en el corazón de Luna, feliz de contar con una familia tan maravillosa, conmovida por aquel gesto de su hermanita, sintiendo que le faltaría vida para pagarle todo lo que estaba haciendo por ella, por lo que dejo que sus actos hablaran por ella y la envolvió en un fuerte abrazo.

- Gracias, gracias, gracias.

- Jeje, no es nada Luna.

- ¡Thanks! - En ese momento rompió el abrazo, mirando fijamente a su hermana – Y tienes razón, debo avanzar… sin importar que.

Unos meses después, Luna y Luan se partieron de la casa Loud.

Cuatro años después

Luna vagaba por las calles aún repletas de personas, no importaba que fuese tan tarde y que el sol se hubiese escondido ya hace mucho, la ciudad no parecía querer dormirse, menos en esa zona llena de locales donde la gente aún festejaba, principalmente ebrios.

Caminando mientras exhalaba cansada reviso el contenido de su bolsillo: 12 dólares, una liga para el cabello y unos clips, maldijo al aire mientras volvía a meter su mano, molesta, sabiendo que esa fue una noche nefasta por decir poco.

Ni siquiera quería gastar en transporte, a esa hora cualquier medio colectivo que tomase tendría sobrecargo y realmente lo único de valor que llevaba consigo era su guitarra y su móvil, uno que ni siquiera tenía deseos de revisar o siquiera intentar contactar a su hermana, sabía que probablemente podría convencerla de que fuese a buscarla y ahorrarse los probablemente 30 minutos que le tomaría llegar al departamento donde vivián, pero realmente no tenía muchos deseos de verla en ese momento.

Luan le iba bien en sus estudios, no era la mejor pero estaba pasando bien sus cursos, la comedia había pasado a un segundo plano, un pasatiempo, por lo que no eran tantos los momentos donde esta se lucia en ello pero si tenia momentos donde era solicitada, generalmente para eventos pequeños, pero era algo, tenia su novio a su lado, apoyándola firmemente, queriéndose mutuamente mientras para ella las cosas con Sam se habían enfriado, la distancia y los gustos cada vez más dispares comenzaban a hacer estragos, ambas luchaban por mantenerse juntas pero la insistencia de Sam porque "aceptase la realidad" eran cada vez más recurrentes.

Las ilusiones y promesas cada vez se veían más difíciles de sostener, ni siquiera había hablado con la mitad de sus hermanos menores desde hace años, Lincoln ni siquiera le dirigía la palabra durante las festividades pasadas cuando visitaba a su familia junto a Luan.

Lo peor era que esta no le reclamaba ni le recriminaba, pero podía sentirlo en su mirada, aquel aire de decepción tanto como molestia, habían sido 4 años de apoyo donde ni siquiera le pedía renta, pagando solo sus alimentos y gastos personales, un apoyo que no era poco a su pensar, si no fuera porque entendía que Luan quería su espacio, ella quería formar una familia, una suya propia, Benjamín también tenía deseos, ambos estaban programados, había visto a su hermana buscar vestidos de novia y artículos de bebés, lapsos cortos que la muchacha quitaba con rubor en su rostro como si fuese una quinceañera, y para eso, ella era una molestia.

No le recriminaban, pero lo sentía.

Ella tendría que abandonar pronto ese lugar, lo sabía.

Y antes de darse cuenta, ya estaba frente a la puerta del departamento.

- Sigh.

Ingreso sin mucho ánimo, notando como el interior lucia prendido para su sorpresa, encontrando a la pareja de Luan sentado en el sofá viendo televisión.

- Oh, Luna, ¿Qué tal te…? ¿Mala pregunta verdad?

- Ni lo menciones. - Dejo caer la guitarra a su lado después de cerrar la puerta, realmente estaba muy cansada mentalmente para cuidar debidamente su instrumento.

- Bueno, ya sabes lo que dice Luan, un día la vida te sonreirá.

- Si, aja.

- (Incomodo) Ese si es un desanimo grande, Luan es mejor para esto que yo.

- ¿No está?

- No, tenia una junta con una amiga suya, una chica pelinegra, no la recuerdo bien, quería celebrar que tuvo suerte en una postulación que tuvo y ella le había ayudado.

Era algo usual de Luna escuchar los logros de su hermana, demasiado usual.

- En fin, aprovechando que estaría solo encargue algo de pizza, ¿Quieres un poco? Dudo que hayas comido.

Benny se levanto para acercarle un trozo de la caja que yacía a su lado, regalándole una tranquila sonrisa, como la de un padre a un hijo que ve se esforzó en algo, un sentimiento que no le terminaba de agradar.

No solo sabía que era una molestia para ellos, sino que a eso se había reducido, a ver la lastima de ambos.

No se lo habían dicho, pero lo sabía, esas sonrisas no eran de apoyo, eran de lastima, caridad hacia alguien que no lograba ni estaba por lograr nada, tanto el como su hermana, la pareja perfecta, no hay celos, no hay peleas, no hay desacuerdos, solo amor y apoyo incondicional mientras ella solo era un lastre del cual sentían demasiada pena para lanzar a la calle, algo que realmente comenzaba a irritarle.

- Gracias.

Con calma y poniendo su mejor expresión recibió el trozo, pues, aunque se sentía molesta por dentro no iba a negar la realidad.

En el momento en que la pieza fue sacada de sus manos, Benny simplemente asintió y volvió a su posición, reanudando la película que se encontraba viendo desde antes que llegase la muchacha.

Luna, por su parte, comenzó a mirar el lugar, ligeramente decorado, a la espera de tomar sus cosas e irse a un hogar definitivo, pero la escasa decoración era toda acorde a Luan, fotografías de ella y su novio, recuerdos inmortalizados, pasatiempos compartidos, objetos a gusto. Aquello no duro mucho antes de que siguiese su camino, encerrándose en su cuarto mientras extraía de su escondite secreto algo de polvo, una de las pocas cosas que le ayudaban a relajarse en ese momento, después de tanto probar y experimentar, ni siquiera recordando cuando había sido la primera vez, pero necesitan aquella aliviadora sensación.

Mecánicamente preparo todo, consumiéndolo en calma, sin desesperarse, racionando lo suficiente pese a que su cuerpo le pedía más y más.

Luchando contra aquel impulso de acabarlo todo y tal vez… acabar con todo.

Pero sus manos se detuvieron, en su mente turbada por la distancia considero que era buena idea agradecer por todo a quienes le habían ayudado tanto…

Caminando a paso lento, pronunciado, mostrando todas sus virtudes ya desarrolladas, teniendo aquella pequeña bolsa oculta en sus manos con la misma sustancia que acababa de probar.

- (Dulce) Benny, ¿Alguna vez te dije lo agradecida que estoy de ustedes?

Unos meses después Luan le dio la noticia a Luna, la prueba de embarazo había salido positiva… igual que la que escondía Luna en su habitación.

El recuerdo de ese día… esa noche… no dejo de atormentarla, recordando perfectamente lo que hizo, sintiendo una enorme punzada en el corazón el día que vio su prueba de embarazo, pero rompiéndose definitivamente el día que supo la de Luan.

Los veía felices, radiantes por decir poco, y ella los había traicionado.

La noche que les conto los reunió a ambos, unas horas antes había hablado con Sam, nunca le dio explicaciones, simplemente corto rogando porque encontrase un futuro feliz por su cuenta, pero con Luan, simplemente no podía seguir aguantándolo.

- …es de Benjamín.

Un silencio se apodero del lugar, como si absorbiese cualquier clase de sonidos, ambiente, vehículos, vecinos, todo. Nada podía ser escuchado, solo eran los tres alrededor de la mesa, aislados de toda existencia mientras Luna clavaba su mirada en sus piernas, sin ser capaz de levantar la mirada y observar el estado de su hermana y el novio de esta.

- Jeje, buena esa Luna.

Esta levanto su rostro, viendo una extraña y turbia sonrisa en el rostro de su hermana, más similar a la de esta durante un primero de abril que a cualquiera otra que haya visto en su vida.

- Nos… reuniste a ambos para… jugarnos una broma así de fea…

- S..Si, yo… yo nunca hice algo así… yo no, no con Luna por dios.

- C..Claro, después de todo ella nos conoce, ¿P..Por qué haría algo así?

- Yo… - Mirada de ambos, aquella expresión mezcla de risa e incredulidad se clavo en Luna, quien volvió a enterrar su mirada en su piernas. – Yo… gulp… drogué a Benjamín, por eso no recuerda, fue una noche, solo una noche, el se veía tan solitario, tan alegre, yo quería un poco de esa felicidad, yo pensé que… yo pensé…

- Luna, esta broma se está extendiendo mucho, ya no es graciosa.

Con pavor, esta saco una bolsa, el contenido era claro para ambos.

- Llevo al menos 2 años consumiéndolo, y me deje llevar, yo no… - Luna se detuvo al ver la expresión de Luan, la cual solo podía describir con una palabra: desesperación. – Luan, yo...

- Largo.

- Luan, yo solo quiero…

- Que te largues.

- Pero…

- ¡Largo antes de que te mate maldita zorra!

El golpe fue con tal fuerza que la mesa no lo soporto, volcándola con todo lo que esta poseía, Luna lo entendió que no lograría ni siquiera disculparse y rápidamente tomo su maleta ya empacada junto a su guitarra y salió tan rápido como pudo del lugar, solo el día anterior su hermana le había comentado sus planes de boda con su novio, queriendo que su hijo naciese en matrimonio, el clavo final que le llevo a no postergar más su confesión.

No se despidió de ninguno, ni siquiera tomo todas sus cosas las cuales sabía no volvería a ver, simplemente con un equipaje mínimo corrió de allí, pensando en lo que había hecho, no sintiéndose mejor de lo que se sentía antes de contarlo.

- No tengo perdón, cruce el último limite, dios, soy un asco.

Ya en el terminal de la ciudad el cansancio pudo con ella, dejándose caer en una pared.

- Perdón Luan, perdón, tu confiaste en mí, confiaste en que lo lograría y ese día te devolvería la mano, pero yo… dios… ¿Qué hice?

Cada palabra hacía dicha con un intenso asco, uno hacía su propia persona.

- Ella confiaba en mí, y yo… yo no le retribuí… no lo hice, no pude, no… no, aún puedo, ella confió en mí, en la mejor versión de mí, no la cosa que soy hoy en día.

Tomo el resto de droga que le quedaba, lanzándola lejos.

- Esta basura no soy yo, y solo puedo recompensarle de una forma, creer en quien ella de verdad creía y no detenerme jamás.

Ni siquiera vio el destino, solo se subió al primer bus que salía de la ciudad, ni siquiera termino el recorrido, yéndose lejos en una de las tantas escalas que tomo.

Vago por las calles el día que llego a esa ciudad, no tenia a donde ir ni mucho dinero consigo, sintiendo malestares adicionales por el ser que se gestaba dentro de ella al punto que se obligo a si misma a entrara a un lugar a desayunar, sentándose en una de las mesas junto a un grupo de sujetos que conversaban como si nada importase, intentando no pensar puso atención a su conversación hasta que escucho un nombre recurrente en esas personas: Lincoln.

No pudo evitar pensar en su hermanito, ya ni siquiera podría decirle hermanito, había crecido mucho con los años y posiblemente habría crecido más de lo que recordaba, intentando recordar la última vez que habían conversado, pero no pudo terminar de perderse en su mente al seguir escuchando y conectar otro detalle: pelo blanco.

¿Podía existir una coincidencia así?

A tal distancia de su hogar, a tal lejanía de toda su antigua vida, aquel chico por el que comenzó todo, ¿Podía estar tan cerca?

- Disculpen chicos, no quiero molestarlos, pero quiero confirmar algo, la persona de la que hablaban recién, ¿Por casualidad su nombre completo es Lincoln Loud?

Poco más de un año después

Luna observaba la sala casi vacía, el lugar era barato, pero no estaba amoblado, nunca pudo amoblarlo, no tenía el dinero, no tenia casi nada, un lugar para cocinar, algo de ropa, un colchón para ella y las cosas que le había regalado Lincoln para el cuidado del bebe que no dejaba de llorar.

Nunca imagino así su vida, nunca pensó que llegaría a ese punto, viviendo al limite del dinero y de lo que su hermano le regalaba por lastima, no, ni siquiera era por lastima hacía ella, sino al pequeño.

Le puso el primer nombre que pensó, ni siquiera lo debatió, ni siquiera le importaba, creyó que en el momento que lo viese podría sentir algo por él, pero entre más pasaba el tiempo aquel deseo que tenia de, por lo menos, sentir algo que no fuese el triste recuerdo de haber traicionado gravemente a su hermana, desaparecía, quedando solo un pequeño que requería cuidados, más de los que ella podía y quería darle.

Si no fuese porque Lincoln y su novia le habían regalado la cuna, juguetes, ropa, pañales y leche, el pequeño probablemente dormiría a su lado en el colchón de su vacía habitación, comería lo poco que come ella, quizás menos, no tenía idea.

Solo sabía que mientras ella miraba aquel vacío lugar solo se lamentaba por lo todo lo que había hecho y el llanto de Lemy solo se lo terminaba de recordar.

- ¡Ya cállate de una vez!

Su grito solo aumento el quejido del pequeño, quien parecía quejarse como si algo le estuviese haciendo daño, lastimando su joven cuerpo, expulsando todo eso en forma de aquel estridente grito.

- ¡Cállate maldita sea!

Y el llanto solo aumento, terminando con la poca paciencia de la adulta, levantándose de golpe y encaminándose hasta donde se encontraba la cuna, observando al pequeño llorar.

- ¡Ya cállate, no me dejas dormir, no me dejas vivir! ¡¿Qué más quieres de mí?! ¡¿Acaso eres mi culpa encarnada o qué?! ¡Ya deja de atormentarme!

Y, nuevamente, sus gritos solo lograron provocar la misma respuesta en él bebé.

- No puedo, no puedo con este bebé, va a terminar matándome, si no lo hace el lo hará Luan, - Jalo con fuerza su cabello, sin importar que el dolor que esto le produjo – No puedo más, no puedo más, no puedo más, no puedo avanzar con él a mi lado, el me recuerda mi pasado, el es mi pasado, es solo el ancla a mis sueños, el recordatorio de todos mis pecados, no puedo estar con él, no puedo, no puedo, no puedo...

Comenzó a empacar algunas cosas del niño, pensaba dejarlo en el primer orfanato que encontrase y continuar con su vida, sería lo mejor para todos, Luan le perdonaría, eventualmente, Lincoln se olvidaría del bebé con el tiempo, el resto de los conocidos que le quedaban ni siquiera sabían de la existencia de este, todo sería mejor sin ese bebé a su lado.

- No hay tiempo, no, si me ven con el pequeño por las calles, no, no, no, jamás contratarían a una madre soltera si supieran que llevo a esa cosa conmigo… no… no tiene porque enterarse nadie, jejeje, si me voy… el casero viene a cobrar su dinero mañana, verá al pequeño y lo llevara a un orfanato, claramente no le interesa, si lo lleva el perderán todo rastro de mí, nunca podrán emparejarlo conmigo otra vez, Lincoln se olvidara de él, Luan también, todos lo haremos.

Luna sin siquiera cuestionárselo o meditar más comenzó a tomar sus cosas, ignorando al adolorido bebé que no dejaba de llorar, tirando al piso lo poco que había guardado de él para reemplazarlo con sus cosas y su fiel guitarra, sumamente desgastada por el paso de los años, pero todavía funcional.

- Nadie te recordara y yo podré seguir avanzando, porque desde ahora, no existes.

Y dicho eso cerro la puerta, dejando al bebé en soledad con solo una pequeña y cortante nota que consolase su llanto, uno que duraría hasta que la garganta del pequeño no pudiese más y cediese al cansancio horas después, momento en el que se abrió la puerta, entrando un hombre peliblanco de expresión severa.

- Luna, dejaste la puerta abierta, es peligroso, imagínate dejas solo a Lemy - En ese momento noto el silencio, demasiado silencio - ¿Luna?

Actualidad, hace pocos días

- ¿Luna?

- ¿Uh?

- Has estado muy distraída últimamente, ¿Ocurre algo?

- Mmm… no estoy segura, ¿Quizás fue nostalgia?

- ¿Me lo estás diciendo o me estás preguntando?

- Un poco de esto, un poco de aquello, no estoy segura.

- Sabes, necesito que estés concentrada para el concierto de mañana, ¿No querrás aparecer en internet como el hazmerreír no?

- Como representante eres bueno, como amigo, apestas.

- Lo que digas.

El hombre se iba a retirar, pero Luna tomo su brazo en ese momento.

- ¿Sí?

- Te seré sincera, he estado pensando un poco en el pasado.

- Nunca has sido muy abierta con eso, ¿Quieres escribir una autobiografía? No me tomaría mucho que una imprenta la aceptase.

- No, no, no es eso, me hizo pensar en que, en algún momento, ya no podré vivir de cantar.

Una sería expresión de desconcierto se formo en el rostro del calvo hombre, levantando totalmente una de sus cejas, pues de todos los que había representado, todos pensaban que la fama sería eterna y cuando se acabase vivirían de su renombre, siendo esa una gran sorpresa para él.

- ¿Entonces?

- Creo que debería abrir una línea de algo, no sé, algo que me siga dando dinero una vez me harte de cantar.

- ¿Hartarte? Eres una vocalista mundialmente reconocida, ¿Cómo es eso de hartarte?

- No lo sé, simplemente creo que un día ocurrirá y no quiero terminar en las calles.

- Mmm… bueno, tienes tu banda musical y todo, podría abrir una línea de instrumentos musicales a tu nombre.

- Me gusta, suena bien, de mi estilo.

- Jeje, me gusta como suena, comenzare a organizar todo, tu solo ponte cómoda y bonita que yo me encargo de todo.

- Confió en ti.

El sujeto en ese momento saco su móvil y comenzó a llamar, esfumándose de la costosa casa en que habitaba Luna, una que se había comprado con mucha ilusión para admirar lo lejos que había logrado llegar, porque se había demostrado a si misma que siempre se puede, que solo hay que avanzar… pero por alguna razón, no se sentía feliz.

Lo había logrado, era su sueño, era una estrella, reconocida por millones, aclamada, gloriosa, con más dinero del que podía gastar.

Lo tenía todo, pero no lograba sentirse en paz, el sentimiento de la primera vez que se subió a un escenario y vio a cientos de personas aclamándola era un calor que comenzaba a enfriarse, ya no estaba esa misma pasión con la que se embauco en su largo viaje, y realmente pensaba que ese era el final, había llegado a la meta y no quedaba nada después de esta.

Lo que le dio tiempo a pensar en una cosa: su familia.

No había visto ni a sus padres ni a sus hermanos en mucho tiempo, más del que era capaz de recordar, siguió avanzando sin importar nada, ni siquiera recordaba el porque estaba tan decidida a avanzar, como si demostrarse a si misma y al mundo no fuese la meta, sino un derivado que no le llenaba.

Por eso, mientras se dejaba caer en el sofá, pensó y se cuestionó.

Quizás eso era lo que le faltaba, compartir su éxito con alguien, alguien a quien aprecie de verdad y no haya dinero de por medio, un sueño lindo, pero que era lo único a lo que se podía aferrar en ese momento.

- Si obtengo un ingreso así, no tengo por qué esforzarme más, podría dedicar lo demás en buscarlas, quizás… eso me ayude un poco.

Era un plan simple, pero le agradaba, volver a sus raíces, quizás allí hallaría lo que no le terminaba de llenar, la causa por la que comenzó todo, y, quizás, sentir que todo si tenía un propósito real.

Aquello le lleno de vida, había encontrado algo en lo que enfocarse ahora que había conseguido todo lo demás, ni siquiera consulto a su representante y, en su ánimo, fue ella quien se dirigió el día que iba a comenzar con los procesos de esa empresa, asistiendo con emoción a aquella junta, quizás no entendería mucho de lo que le hablasen, pero no le importaba, estaba animada y le ayudaría a salir de su rutina, pensando que aquello le podría acercar un poco más a su familia.

- Se ve animada señorita Luna.

- Lo estoy… uh… ¿Cómo te llamas?

- (Feliz) ¡Una estrella quiere saber mi nombre! Este es el día más feliz de mi vida… si es que mi jefe no me despide.

- (Confundida) ¿Y por que te despediría? Luces como alguien simpático.

- No creo que el piense lo mismo, su mirada aterra.

- Jeje, espero que no lo haga conmigo.

- No creo que su aura de señor demoniaco dure con usted señorita Luna.

Ambos llegaron a la puerta de la sala de conferencias, lugar que habían destinado para la reunión con ella, Luna por su parte no podía evitar estar nerviosa, iba a comenzar lo que podría devolverle el gusto a su vida, así que con una inocente ansiedad abrió la puerta, encontrándose con un hombre peliblanco, uno que no tardo en reconocer.

Conocía bien esas facciones, quizás había algunos signos menores envejecimiento y un poco más de vello facial, pero todo lo demás era casi como la última vez que lo había visto, excepto por sus ojos, los cuales le miraban con un frío absoluto.

- ¡¿Lincoln?!

- Luna.

La conversación duro poco antes de verse en la necesidad de ser retirada, el asustado asistente ni siquiera había entendido que había pasado, más solo pudo escoltar a Luna fuera del lugar, quedando esta resguardada en su vehículo, agradeciendo el anonimato en que todo se había producido.

- (Molesta) ¿No lo veía desde hace tanto y me trata así? ¿Quién se cree? Preguntándome durante tantos días como sería si volviésemos a hablar, quizás hacer una parrillada como cuando éramos niños, algo simple, y me trata como si nada, ¡Soy su hermana por el amor de dios! ¡Y me trato como si fuera un cliente más!

- Uhh, señorita Luna – La estrella se vio sobresaltada cuando su chofer le interrumpió, provocándole un pequeño sobresalto, pues había olvidado completamente la existencia de este – Disculpe, no era mi intención asustarla.

- Ah, no te preocupes, yo era la que estaba gritando como loca.

- Bueno… a lo que iba, generalmente los que trabajamos en posiciones así tenemos que mantener la seriedad en todo momento… quizás… si como usted dice es su hermano, pero también trabajador, y se mantuvo como trabajador para que no le dieran problemas.

- Eso es… un buen punto, demonios, siempre tan serio.

- Si quiere, podríamos esperarlo a que salga, quizás si hablan más tranquilamente sin las presiones del trabajo… uhh… podrían, ya sabe, dialogar mejor.

- ¡Eres un genio!

- Jejeje, gracias.

Por ello se quedaron en el lugar, solamente alejándose el tiempo suficiente para ir a comprar comida para la vigilia hasta que el cielo comenzó a teñirse de colores naranjas, viendo como la mayoría comenzaba a abandonar el establecimiento hasta que pudieron reconocer una cabellera blanca, distante de las personas canosas que se habían encontrado, sino que era un blanco puro, como la nieve.

El hombre subió rápidamente a su vehículo, por lo que prefirieron simplemente seguirle, encontrarse en su hogar sería una mejora considerable, más de lo que había imaginado a corto plazo, sintiéndose más a gusto si cabía, por lo que le fue una sorpresa cuando terminaron en un bar, uno que lucia bastante sofisticado, más cercano a los que acostumbro una vez obtuvo su tan ansiado estrellato, y, para su suerte, no le fue difícil rastrear a la única persona peliblanca dentro del lugar, en el momento en que le abrieron paso lo suficiente para encontrarse con su hermano pudo notar que este estaba acompañado.

- (Pensando) Verdad, Lincoln tenia una novia, aunque si no mal recuerdo ese no era su color de cabello, vaya, es triste, pero sé que las relaciones no siempre duran.

Y con ese pensamiento termino de encaminarse, intentando poner su rostro más feliz al finalmente ver a su hermano.

- Finalmente Lincoln, ¿Ahora que no estás en el trabajo podemos hablar? – En ese momento fingió que no había notado a su cita, usando un tono un poco más jocoso – Oh, espera, ¿Estabas en una cita? ¿Y que paso con Po… Pu… Pay…? ¿Cómo se llamaba?

- Lu… na…

Luna no podía negar, disfrutaba ser reconocida, y el hecho de demostrarle a la cita de su hermano que era conocido de alguien tan famosa le daría puntos, estaba segura, por lo que puso una orgullosa sonrisa.

- (Fingiendo modestia) ¿Me conoces? Jejeje, ¿Y con quien tengo el gusto de…

- ¡Te voy a matar!

El sorpresivo golpe en la mesa de la mujer espanto a Luna, quien de la impresión se tropezó, cayendo sobre su trasero contra el piso, viendo como esa persona le miraba con una furia asesina, poniendo sus brazos en un burdo intento de protegerse de lo que fuera a hacerle esa mujer, cerrando sus ojos del susto.

- ¡Detente, no lo hagas!

- ¡¿Cómo me pides eso Lincoln?!

- ¡No lo hagas Luan!

- (Pensando) ¿Lu… an?

En ese momento abrió los ojos, notando como el peliblanco forcejeaba con la susodicha Luan, viendo todavía asustada como ambos se alejaban de donde estaba.

- Luan.

Luna había obtenido lo que quería.

Se había reencontrado con su familia.