JJ abrió los ojos lentamente y se desperezó. Enseguida le llegó el olor a café recién hecho. Y a algo más…¿era beicon eso que olía? Sonrió ampliamente y separó las mantas para levantarse. Pero enseguida resopló. Estar embarazada de treinta ocho semanas le limitaba bastante los movimientos, y eso la irritaba en ocasiones.
Consiguió levantarse a trompicones, cogió la bata y fue al baño. El pequeño ser dentro de ella no dejaba de presionar su vejiga, y las visitas al wc eran constantes. Cuando terminó, bajó las escaleras lo más rápido que la barriga se lo permitió. Entró en la cocina sonriendo.
-Espero que también estés haciendo para mí -dijo sentándose en su sitio habitual. Will se dio la vuelta hacia ella con la espátula en la mano.
-Hey, iba a llevarte el desayuno a la cama. Me has arruinado la sorpresa -se acercó a ella y la besó en los labios.
-No me hagas subir otra vez, por favor. Me siento una ballena azul -respondió haciendo un puchero.
-Jayje, estás preciosa -pasó una mano por su enorme barriga.
-Eso lo dices porque eres mi novio y no quieres dormir en el sofá. No porque sea cierto -bromeó ella.
-Es verdad que las hormonas te han alterado un poco el humor…pero el embarazo te sienta fenomenal, cariño.
Ella no dijo nada, pero se quedó mirando fijamente su espalda mientras terminaba con el beicon y los huevos. Pensó en la suerte que había tenido al encontrarlo. Will había dejado toda su vida en Nueva Orleans por ella, y eso decía mucho de él. Y estaba segura que sería un padre maravilloso para su hijo.
-Aquí tienes. Si quieres más, sólo tienes que pedirlo -Will le puso un plato repleto de beicon, huevos y tostadas frente a ella.
-Gracias cariño -respondió ella salivando al ver la comida.
No debería comer tanta grasa, pero le quedaban menos de dos semanas para dar a luz, se pasaba gran parte del día de mal humor y ya se había cuidado mucho el resto del embarazo. Así que ahora que ya no trabajaba (hubiera querido seguir hasta la última semana, pero el médico, Hotch y Will se lo impidieron), se permitía alguna licencia que otra. Como esos desayunos grasientos dos o tres veces a la semana.
-Esta noche llegaré temprano. Traeré la cena del restaurante italiano ese que te gusta tanto ¿vale?
-Genial -respondió con la boca llena.
Will soltó una risita mientras salía de la cocina. Minutos después, volvió a entrar con un gran ramo de flores y una caja de bombones.
-¿Y esto? -la rubia lo miró desconcertada, limpiándose la boca.
-Feliz San Valentín Jayje.
-Oh Will, lo olvidé yo…
-No importa cariño. El embarazo es lo más importante en este momento -la besó dulcemente en los labios.
JJ olió las rosas cerrando los ojos, dejándose embriagar por su olor. Luego desvió la mirada a los bombones. Will rio.
-Procura no comerlos todos a la vez, y dejar alguno para esta noche ¿de acuerdo?
-Veré lo que puedo hacer. No prometo nada.
Lo último que escuchó JJ antes de que se cerrara la puerta, fue la risa de Will. Tomó el último sorbo de café y volvió a mirar de reojo la caja. Segundos después, se abalanzó sobre ella y saboreó el chocolate como si fuera la primera vez que lo probaba.
Fin
