UNA MAÑANA LINDA
Por: Escarlata
Precure pertenece a Toei, el plot es mío.
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Lo que Mai tenía enfrente era el cuadro más grande que había trabajado jamás. Un lienzo de metro y medio de ancho por un metro de alto. Encontró ese viejo lienzo en blanco entre las cosas que sus padres gustaban de apilar en uno de los cuartos sin usar de la casa, eso le dio la excusa perfecta para su siguiente proyecto personal.
Pintar paisajes era relajante, pintar su pequeña ciudad junto al mar de verano era una de las mejores maneras de pasar el verano mismo según Mai y, por supuesto, esperar a que Saki la alcanzara en un rato más con algo para almorzar. Pensar en eso la hacía sonreír cuando se daba un respiro entre pinceladas. Ese enorme lienzo le vino perfecto, podía ver el resultado por adelantado. Moría por terminar pronto, pero tampoco que apresurara sus trazos. Disfrutaba mucho el camino que la llevaba volando a ese hermoso paisaje. La ciudad que tenía lo que más amaba en ese mundo.
Ese trabajo era un capricho personal, algo que podría colgar en la sala de su casa, o bien regalárselo a la familia de Saki para que lo colgaran en algún lado. No sería la primera vez que lo hacía. El año pasado, culpa de un proyecto del club de arte, Mai terminó con una pequeña colección de cuadros de panes, de hecho usó los panes del Panpaka Pan como modelos. Luego de la exposición, Mai le dio todos los cuadros a la familia de Saki y desde entonces los muros de la panadería estaban decorados con los hermosos cuadros de panes que sustituyeron los simples carteles que tenían antes.
A los clientes les gustó mucho el detalle y constantemente hacían comentarios sobre los cuadros.
Volviendo a lo que estaba haciendo en ese momento, pintar el mismo paisaje a la misma hora era importante para Mai, le gustaba ser fiel al efecto cálido de la luz, cómo ésta iluminaba parte de la ciudad y hacía brillar el mar como si se tratara de un manto de relucientes diamantes. Una linda mañana era el mejor momento para plasmar en un cuadro el calor del verano, esos lindos días de verano.
Hizo una pausa para beber agua y limpiarse las manos. Miró nuevamente el paisaje ante sus ojos, todo mientras hacía unos ejercicios de manos, brazos y espalda que Saki le había enseñado para no tener problemas de espalda a futuro. Abría y cerraba los puños, hacía movimientos giratorios con sus muñecas, estiraba los dedos y también los brazos al completo. No podían faltar algunos ejercicios de espalda y cuello.
Cinco minutos después, una relajada Mai ya tenía otra vez el pincel en manos y hacía esos trazos que muchos decían daban la sensación de ser reales, como con los cuadros de los panes. Saki le dijo que algunos clientes comentaban que se les abría el apetito al ver los cuadros y compraban más pan. Saber eso puso muy contenta a Mai y se preguntó si el espectador podría ser capaz de sentir el calor de esa linda mañana al ver su cuadro terminado.
Su mente nuevamente voló sobre el amplio paisaje que tenía enfrente. Cada casa, cada edificio, las carreteras, el bosque alrededor, el mar brillante al fondo, la luz del sol por encima dando sombra apenas suficiente para cubrirse el calor. Mai volaba sobre ese paisaje, captaba con sus ojos esos hermosos detalles que disfrutaba cada día al caminar por esa misma ciudad.
Caminar junto a Saki en esas mismas calles, no estaba de más aclararlo.
Detalló con uno de sus pinceles más delgados la pequeña plaza comercial donde Saki y ella se detenían diez minutos para comer helado luego de salir de sus clases de segundo de preparatoria, ¡oh! Tampoco se le podía pasar el cruce de calles donde se detenían cinco minutos para entretenerse con las mascotas en adopción de la veterinaria nueva de la zona. Saki ya tenía un gato y no había nadie en casa de Mai como para tener una mascota, pero las dos se prometieron tener una mascota apenas se mudaran juntas.
Sí, también debía mostrar lo lindo que era ese edificio que siempre veían en el camino y que tenía departamentos en renta y venta. Vivir en uno de ellos sonaba bien. Era su plan para cuando estudiaran en la universidad, mudarse juntas.
La luz del sol se abalanzaba sobre el paisaje conforme transcurrían los minutos, Mai sentía el sudor en su nuca y lo secó rápido con la misma toalla con la que se estaba limpiando las manos. Sin perder el ritmo de los trazos, se apresuró a marcar las sombras sobre el lado del paisaje en el que estaba trabajando. Aún necesitaba un par de días más para terminar el cuadro, llevaba una semana trabajando en él. Pensó en presentarlo como su proyecto de verano, pero al final decidió no hacerlo.
A Mai no le gustaba crear sus dibujos y pinturas por simple compromiso, como si fuera una obligación. Lo hacía por placer, por el mero gusto de sosegar su corazón en una hoja de papel, en un lienzo, en el más simple de los materiales. Le daba igual que fuera una servilleta de papel o un muro.
Hablando de muros, una vez Saki le regaló una caja de gises de colores durante un paseo y de inmediato se puso a dibujar en el muro de ladrillos de uno de los parques públicos. Estaba permitido, los niños dibujaban mucho con gises en muros y suelo. Comenzó con algo poco escandaloso. Unos cuantos ladrillos le sirvieron de lienzo para una serie de ventanas con lindos animalitos de colores, como si ese trozo de muro fuera la parte frontal de un edificio de departamentos y cada ladrillo fuese un apartamento. Saki le dio muchas ideas sobre los pequeños vecinos del edificio. Un ratón, un gato, dos perros y dos pájaros que Mai pintó con todo el detalle que las tizas le permitieron.
Para cuando hizo una pausa, tenía a una docena de niños viéndola, luego de eso los niños comenzaron a dar más ideas y, hora y media más tarde, la mitad del muro era un complejo departamental colorido. Los niños quedaron felices, Saki no podía dejar de sonreír, un transeúnte tomó fotos de la obra terminada y lo subió a las redes sociales; esto último lo supieron porque al día siguiente sus compañeras de clase les mostraron las fotos y los miles de Likes que tenían.
Mai pensaba seriamente en crearse una cuenta en Insta y dejar sus trabajos en las caprichosas manos del internet, con todo y las consecuencias que eso provocara. Lo haría después, en ese momento había prioridades más importantes, Mai estaba ocupada dándole luz y vida a cada espacio posible de su cuadro antes de que la luz del mediodía moviera las sombras de su sitio.
Un simple capricho en el lienzo más grande que jamás había tenido, el más puro deseo de su corazón, así era la sensible artista Mai Mishou.
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Saki llevaba en manos una canasta con pan recién horneado, jugos, fruta variada y sándwiches, subía la montaña en dirección al sitio que Mai eligió para su siguiente cuadro. Era una mañana muy linda. A Saki le gustaba cuando todo complotaba para que su querida Mai tuviera la mejor vista posible de la pequeña ciudad. Sabía que en cuestión de minutos sería mediodía y las sombras prácticamente desaparecerían en el paisaje y ese era el momento en el que Mai daría por terminada su sesión de trabajo.
El momento perfecto para un día de campo, comer algo y luego hacer todo y nada juntas como tanto les gustaba. Pensar en ello le dibujó una tonta sonrisa en el rostro, una enorme sonrisa que no era capaz de borrar. No podía esperar a verla, así que aceleró el paso, correría de no tener las manos ocupadas con la canasta de su almuerzo, no quería derramar los jugos por accidente.
Diez minutos después llegó al sitio y ahí la vio, a su hermosa garceta blanca limpiándose sus pinceles luego de terminar su sesión de trabajo del día. Ya el sol estaba por todo lo alto. Luego de verla dibujar y pintar por poco más de tres años, Saki ya era capaz de notar cuando la intensa luz del sol cambiaba las sombras de lugar hasta hacerlas casi desaparecer.
─¡Mai! ─le llamó Saki con animada voz apenas dio dos pasos más dentro del claro.
─¡Ah, Saki! ─la respuesta de Mai fue casi automática, se giró para verla con una sonrisa. Su rostro tenía algunas manchas de pintura, sus manos también como era de esperarse, pero en especial su rostro tenía un encanto único al tener las mejillas y hasta la nariz con los brillantes colores que estaba usando para su cuadro.
Saki se dio dos segundos para admirar a Mai justo como estaba, incluso suspiró como tonta antes de sacudir la cabeza e ir a su lado. Dejó su canasta en el suelo y tomó a Mai por las mejillas para verla mejor y más de cerca.
─Mira, estás peor que ayer ─dijo Saki con una sonrisa. Miró alrededor, no vio nada que le ayudara a limpiar el rostro de su novia, así que usó su propio pañuelo y, en un movimiento casi maternal, humedeció el pañuelo con su propia saliva para limpiar las manchas secas de pintura─. Yo me encargo.
─Ahora me siento como una niña ─comentó Mai con una sonrisa, se dejaba asear.
─Te ensucias como una niña, pero te ves linda ─respondió la futura panadera. Apenas terminó, la tomó por las mejillas con ambas manos y no pudo resistir besarla. Ni siquiera lo pensó y además la tenía justo ahí, ¿cómo no aprovechar? Sus labios buscaron los de Mai en suave caricia, al menos de principio.
Mai correspondió el beso en automático mientras cerraba los ojos y sus manos se aferraban a la blusa de Saki. A su vez, una de las manos de Saki buscó la nuca de Mai para acercarla un poco más, para pegarla más. Quería sentirla más. Los suaves roces entre sus labios comenzaron a subir de intensidad conforme pasaban los segundos. El beso se profundizaba, sus bocas se abrían suavemente a momentos, permitiéndoles sentir el sabor de la saliva ajena.
Tenían ya un tiempo profundizando sus besos de una manera más atrevida, se dejaban llevar por el calor de sus deseos y los intensos latidos de sus corazones. Tímidas lenguas se buscaban, se conocían y reconocían conforme el beso se alargaba. Saki sujetó a Mai por la cintura para pegarla a su cuerpo tanto como le fuera posible, Mai rodeó por completo la espalda de Saki con ambos brazos y poco le importaba que ese beso le estuviera robando el aliento. Necesitaba respirar pero también necesitaba sentir más y más los labios de Saki.
Saki también necesitaba recuperar el oxígeno que Mai le estaba robando. A momentos era ella quien dominaba el beso para enseguida ceder a las dulces atenciones de Mai y entregarse a ella. Su cortejo siguió unos segundos más, antes de separar sus labios al mismo tiempo, hecho eso, tomaron aire de manera honda, casi torpe. Se miraron a los ojos antes de sonreírse. Ambas estaban rojas como tomates maduros.
─Traje sándwiches ─dijo Saki entre profundas respiraciones, Mai en serio le movía todo el piso. El beso aún la tenía mareada.
─Gracias, comenzaba a sentir hambre ─respondió Mai, recuperando el aliento por igual. Se recargó en el hombro de su novia mientras sonreía─. Estaba terminando de pintar el edificio de apartamentos.
─Ese edificio me gusta, está cerca de la estación de trenes, nos queda perfecto para cuando estudiemos en la universidad ─Saki suspiró al decir eso, la sola idea de vivir juntas le encantaba. Aunque ya le había platicado a sus padres sobre lo de mudarse apenas se graduara de preparatoria, aparentemente no hubo necesidad de agregar que quería vivir con Mai.
A las dos se les notaba el amor a la primera e incluso los padres de Mai sabían los planes de su hija. Una universidad pública podría parecer poco para los estándares actuales, pero Mai estaba destinada a vivir del arte desde la primera vez que empuñó un lápiz y dio sus primeros trazos. Mientras que Saki, aunque le gustaba el softball, no lo veía como una carrera profesional a futuro, lo disfrutaba porque le gustaba estar activa y mover su cuerpo, pero también le gustaba mucho hornear, le gustaba estar en la panadería ayudando de manera más activa y esa fue la razón para elegir una carrera en Administración y tomar cursos culinarios extras, para poder seguir con el negocio familiar cuando sus padres lo creyeran correcto.
Sus padres estuvieron de acuerdo y apoyaron a Saki con su decisión. Heredar el negocio familiar a la siguiente generación les hacía bastante ilusión a decir verdad.
─¿Puedo echarle un vistazo al cuadro? ─preguntó Saki apenas se recuperó del hechizo del beso, aún sentía las mejillas calientes pero era un síntoma que no le molestaba mostrar a Mai.
─Adelante ─de hecho se acercaron juntas al cuadro. Estaba emocionada con sus avances─. Trabajé en toda ésta parte. Calculo que en dos días más estará terminado y ya veré qué hacer después con el cuadro ─dijo con una sonrisa cargada de alegría, de satisfacción que se podía palpar en el aire.
Saki analizó las adiciones recientes al cuadro con ojo crítico, o al menos tanto como podía, Saki sabía poco y nada de arte pero le gustaban los trabajos de Mai y los analizaba a su propia manera. Saki no sabía de sombras y de luces, tampoco sobre darle volumen a los objetos, mucho menos de perspectiva y composición en general, pero sí había algo que podía decir como su fan número uno.
Pasados unos veinte segundos, sonrió de manera amplia.
─¡Me encanta ésta parte cuando vamos a la playa! Cuando caminamos por ahí se siente mucho calor con la brisa marina. Ahora mismo lo veo y ya puedo sentirlo ─dijo con una sonrisa amplia mientras se frotaba los brazos por instinto, como si en serio estuviera sintiendo el sol y la brisa del camino que veía en el cuadro. Esas pinceladas eran mágicas, no comprendía cómo era posible que Mai pudiera hacer tanto con sus pinceles y pintura─. ¡Mai, vamos a la playa cuando acabes! ¡Para celebrar!
Mai asintió varias veces. Saki siempre entendía lo que ella misma trataba de plasmar en sus trabajos. El simple goce de plasmar el momento. Suspiró hondo, de manera enamorada. Saki se veía tan bien bajo el sol de esa linda mañana que estuvo a nada de pedirle que se quedara quieta para dibujarla, pero por fortuna Saki se adelantó y la tomó de la mano para ir bajo un árbol y comer algo.
─¿Mañana a la misma hora, verdad? ─preguntó Saki mientras se sentaban una frente a la otra, con la comida en medio.
─Sí ─respondió Mai mientras comía una uva que Saki le ofreció. Hasta ese momento se dio cuenta que estaba hambrienta─. Siento mucho que tengas que ayudarme a traer el cuadro hasta acá ─por supuesto, no había manera en que ella sola pudiera llevar u lienzo de ese tamaño y el resto de sus materiales por sí misma. Saki le ayudaba con lo más pesado y se lo agradecía mucho.
─No tienes qué disculparte, me gusta ayudarte, lo sabes. Lo que sea por mi artista favorita ─dijo con un tono enamorado imposible de ocultar. Estaba tan feliz que su cara parecía brillar.
─Gracias, Saki ─respondió Mai con un gesto igualmente cargado de amor.
Debía esperar a que el cuadro secara lo suficiente para cubrirlo y regresar todo a su casa antes de seguir con su día. Ésta vez ninguna de las dos pensaba atrasarse con sus tareas de verano, hacían sus tareas juntas en su casa, aprovechaban la privacidad y el silencio. Y luego de terminar la sección en turno, podían ir a la panadería o a cualquier otro lado de la ciudad. Eran sus vacaciones de verano después de todo.
Terminaron de comer pero aún tenían que esperar un rato más a que el cuadro se secara. ¿Y en qué aprovechaban el tiempo restante? En besuquearse, en abrazarse, en decirse cosas lindas al oído aunque eso las hiciera sonrojar.
Justamente Saki mordía de manera juguetona la oreja de Mai, haciéndola reír.
─Me haces cosquillas ─dijo la artista entre suaves risas, pero con la piel erizada de viva emoción.
─Lo siento, pero me gusta escuchar tu risa, es muy linda ─respondió la panadera mientras la abrazaba un poco más fuerte. Besó su mejilla y se tumbó con ella entre las flores. Suspiró hondo─. Es una mañana muy linda, ¿verdad?
─Lo es, pero no más linda que tú ─respondió Mai mientras se le abrazaba fuerte, bien fuerte, tan fuerte como sus delicados brazos se lo permitían.
Saki sintió que la temperatura se le subía, tuvo que tomar aire de manera honda. Estuvo a punto de iniciar su eterna discusión de ver quién era la más linda, pero en lugar de ello, la puso contra el suelo mientras sujetaba sus manos para básicamente dejarla a su merced y buscó sus labios, sólo un dulce roce entre sus bocas.
─Entonces hay que aprovecharla ─dijo con un tono suave y bajo de voz.
Mai se sintió temblar de pies a cabeza y asintió torpemente, antes de entregarle sus labios a Saki bajo el sol de esa linda mañana.
FIN
