Todo estaba en silencio cuando el manto de la noche cayó sobre la mansión Agreste. Nada se movía aparte de las siluetas oscuras de dos héroes que se colaban por la ventana abierta.
—Otra patrulla exitosa, miladi —dijo Mister Bug—. Ni un akuma a la vista.
—Esperemos que siga así, bugaboy, para que podamos tener un poco de paz y tranquilidad —Lady Noire se pasó su larga trenza sobre sus hombros.
—Además de un tiempo de calidad juntos a solas —él concordó.
La pareja ha estado saliendo durante algunos meses después de que se revelaran sus identidades, y les tomó mucho tiempo persuadir a Tom, Sabine y Gabriel para que finalmente los dejaran tener una pijamada. Tuvieron que soportar algunas charlas muy vergonzosas de sus respectivos padres, así como la promesa de que se comportarían y que Marinette se quedaría en la habitación de invitados. Como Gabriel estaba en uno de sus eventos de moda, la pareja decidió salir a patrullar usando los miraculous del otro, para poder dominar los poderes del otro en caso de que volviera a surgir la necesidad.
—¿Te he dicho alguna vez lo miaunifica que te ves con mi traje? —Adrien dijo.
—Soy yo quien debería estar haciendo los juegos de palabras gatunos esta noche, Mister Bug —Marinette se rio—. Y sí. Varias veces.
—Lo siento. La costumbre. No hay suficientes juegos de palabras sobre mariquitas.
—Los bicharías si buscaras con atención —respondió ella.
Adrien suspiró soñadoramente.
—Estamos hechos el uno para el otro, miladi —dio un paso adelante y tomó sus manos cuando una idea apareció en su cabeza. Una sonrisa maliciosa se extendió por su rostro. Ladybug siempre se burlaba de él por su ronroneo. Cada vez que estaba en su traje gatuno, el ruido revelador brotaba de su pecho. Era una desventaja de ser un gato. No podía evitarlo. Y cada vez, su pareja se reía y se burlaba de él, y arruinaba cualquier momento romántico que estuvieran disfrutando. Pero ahora… ahora que ella era la que llevaba el anillo de gato…
Afortunadamente, rara vez tenía problemas para que su novia lo besara. Se acercó más y comenzó a enrollar sus brazos alrededor de su cintura, vacilando solo un poco para que ella pudiera objetar si quería. Ella sonrió y sus propios brazos encontraron el camino hacia sus hombros, lo que él tomó como una buena señal. Estaba acercando sus labios a los suyos cuando ella dijo:
—Eh, Adrien, si vamos a besarnos, ¿no deberíamos dejar salir a Tikki y Plaga? Probablemente prefieran ir a comer algo y recuperar la energía que tener que mirarnos.
—Oh, esto no tomará más de un minuto, miladi —dijo astutamente—. Solo quiero probar algo, y necesitamos el miraculous para eso.
—Eh, está bien, ¿qué es?
—Ya lo verás. Es una sorpresa.
Se inclinó y la besó con amor. Ella se puso de puntillas y le devolvió el beso felizmente, pero todavía no ronroneó. Mister Bug apretó los ojos con más fuerza en concentración. Iba a tener que ser más creativo. Se separaron.
—¿Era eso? Porque fue encantador, pero no entiendo cuál era la sorpresa.
—No.
Pensó en cuando él era el del traje gatuno. ¿Qué lo haría ronronear? Entonces pensó: ¿y si la trataba más como a una gata de verdad?
—Es esto —decidió, y le pasó un brazo por detrás de los hombros y la otra por debajo de sus rodillas, alzándola como si fuera una novia. La llevó al sofá y se sentó con la cabeza de ella apoyada en su pecho, teniendo cuidado de no sentarse en su cabello. Ella parpadeó con curiosidad observándolo con sus ojos verdes gatunos.
—Eh, Adrien, ¿qué…?
Él la interrumpió con otro beso. Esta vez, profundizó el beso y apretó su agarre sobre ella. Sus propios brazos se envolvieron alrededor de él, manos con garras presionaron ligeramente los lados de su cintura. Ahora tenía a su dulce gatita exactamente donde la quería. Levantó la mano hasta su rostro, alisó su flequillo y luego le rascó detrás de la oreja. Unos segundos, y luego:
—¡Purrrr!
Sus ojos esmeraldas se abrieron sorprendidos y se encontraron con los verdes a juego de él. Estaba sonriendo triunfalmente.
—Te tengo.
Después de mirarlo fijamente por unos minutos con horror, Lady Noire saltó de sus brazos.
—¡Agh! ¡Me… me engañaste!
—Claro que sí —Mister Bug echó la cabeza hacia atrás y se rio. Ella hizo un facepalm.
—No puedo creer que caí.
—Yo tampoco.
—No voy a cambiar miraculous contigo otra vez, gatito malo.
—Tú eres el gatito. Como acabas de demostrar, miladi.
—Garras fuera —ella dijo malhumorada.
Plaga salió del anillo, riéndose.
—¡Adrien, chico travieso! No creí que pudieras —dijo. Voló y chocó los cinco con su dueño.
—No hay Camembert para ti esta noche, Plaga —dijo Marinette.
—¡Oye, yo soy su dueño! Y esta es mi casa —objetó Mister Bug.
—Y yo soy la guardiana —respondió Marinette con firmeza.
—¿Y una buena guardiana deja a los kwamis hambrientos y exhaustos? —preguntó Plaga.
—Agh, bien. Puedes comer otro tipo de queso. Estoy segura de que tienes un montón. Ahora devuélveme mis pendientes.
—Motas fuera —dijo Mister Bug. Tikki salió volando de los aretes y Adrien se los devolvió a Marinette a cambio del anillo.
—Es bueno tenerte de vuelta, Tikki —Marinette entrecerró los ojos hacia su kwami—. ¿No me digas que te estabas riendo también?
Tikki se encogió de hombros.
—Siempre te burlas de Adrien por el ronroneo, Marinette. No puedes culparlo por querer cobrártelas.
—Sí, está bien, está bien. Me lo merecía —fue y se dejó caer de espaldas sobre la cama de Adrien.
Adrien se acercó y se acostó a su lado.
—Algo me dice que esta noche va a ser purrfecta, miladi —bromeó.
—Eres insufrible. No voy a besarte de nuevo.
—No lo creo. Descubrirás que puedo ser muy purrsuasivo.
—¡Agh! —se puso de lado para no verlo—. Recuérdame por qué estoy saliendo contigo.
—¿Por mi asombrosa purrsonalidad?
—¿Cuántos más tiene? —Marinette miró a Plaga con una mueca.
—Ni siquiera quieres saberlo —respondió Plaga mientras metía un poco de brie en su boca.
—Bien —ella suspiró derrotada—. Me tienes, Adrien. No volveré a molestarte por el ronroneo.
—Me alegro de oírlo, miladi. Así que… ¿quieres jugar videojuegos?
—Si. Prepárate para que te pateen el trasero, Agreste.
—¡Ya lo veremos, Dupain-Cheng!
Mientras corrían hacia el televisor y tomaban los mandos de juego, Tikki y Plaga rodaron los ojos con cariño hacia la joven pareja. A pesar de sus discusiones, era lindo ver a sus dueños juntos al fin.
