Disclaimer: Ni Evangelion ni sus personajes me pertenecen.

Al filo de la eternidad

Sin detenerse, sabiendo que cada segundo contaba, Misato continuó descendiendo por la escalerilla de aquel apretado y estrecho túnel, el cual, al final del camino, la llevará hasta las entrañas mismas de aquella bestia mecánica. Asimismo; a pesar de la protección del traje especial que traía puesto, el calor, siendo insoportable, provocó que Misato nadara en el abundante sudor que se acumulaba en su piel.

Por otro lado, por más que su mente consciente luchaba por enfocarse en el presente, sus recuerdos, viéndose resucitar gracias a la intensa temperatura que reinaba en aquel sitio, causaron que Misato se sintiese de nuevo como aquella niña herida que, por muy poco, se salvó de la muerte quince años atrás. Y el responsable de salvarla, por más que ella lo odiase y detestase, fue su distante y frío padre.

Muchas veces se preguntó a sí misma porqué aceptó acompañarlo en aquel viaje. Debió haberse quedado con su madre haciéndole compañía; no obstante, esperanzada de que ese fuese el inicio de una nueva relación con él al producirse el divorcio entre sus padres, Misato acabó por hacer sus maletas para viajar a la Antártida, sin sospechar, ni remotamente, que aquella travesía la marcará para siempre.

Aquella fue la primera vez que abordó un barco, en el cual, reclinándose en la barandilla de popa, Misato miró con asombro como la costa japonesa, se tornaba, progresivamente, más pequeña a medida que el buque se internaba en mar adentro. Unos cuantos días más tarde de haber zarpado, en una noche lluviosa, su padre le reveló el motivo ultra secreto de aquella confidencial expedición científica.

En ese entonces, al ser una chiquilla, Misato tuvo problemas para darle forma a las descripciones que su padre le dio sobre la extraña criatura humanoide que, debajo de toneladas de hielo y nieve, había sido encontrada en la Antártida meses antes. Para su desgracia, al ser una adulta ahora, la imagen de aquel monstruo, extendiendo sus alas, nunca podrá borrarse de su cabeza sin importar cuánto lo desease.

Ni ella ni el mundo, luego de aquella tragedia, volvieron a ser los mismos. Misato, más allá de las cicatrices físicas que quedaron en su cuerpo, jamás consiguió sanar todas las heridas mentales que se abrieron cuando explotó lo que alguna vez fue un continente. Y al crecer, haciéndose más poderosos los demonios que la atormentaban, decidió dedicarse por completo a cobrar venganza al unirse a Nerv.

¿Pero vengarse de qué?

A diario, al arreglarse para ir a trabajar, se decía a sí misma que su meta era matar a los ángeles por causar el Segundo Impacto; y si bien dicha razón poseía validez, al mirar más a fondo, la propia Misato reconocía que aquello era una mentira. En realidad, peleaba contra los ángeles porque eso le permitía canalizar la rabia interna que aún poseía hacia su padre, y al ganar, tal vez, lograría perdonarlo al fin.

Si él no les hubiese dado más importancia a sus investigaciones, su familia no se hubiera desintegrado, tal cosa, en consecuencia, habría hecho que su padre no formara parte de la expedición que acabó por despertar al ángel que yacía dormido. Pero al no ser ese el caso, la silueta moribunda de su padre, rescatándola antes de perecer, seguía sintiéndose como un pesado lastre que cargaba en su espalda.

Por ello, Misato trató con varias maneras dejar atrás aquel pasado, inclusive, creyendo haber hallado la solución definitiva, solía caer en los amorosos brazos de Kaji, el cual, durante un par de unas horas, le hacía olvidar ese infierno al hacer el amor con él. Sin embargo, destrozando sus ilusiones y esperanzas, Misato acabó por entender que Kaji no era más que un placebo cuyo efecto duraba cada vez menos.

– ¡Esto es el colmo! –Hablando con ella misma, habiendo terminado de bajar por aquella escalera, Misato se halló ante una habitación bloqueada por una puerta automática– ¡Incluso en un momento como este no puedo dejar de pensar en el idiota de Kaji!

Mirando a la derecha el mecanismo de apertura, Misato, disponiéndose a abrir aquella puerta, extendió una mano para desbloquear la cerradura; empero, produciéndose una violenta sacudida que casi la hace caerse al suelo, Misato recordó que aquel frenético robot aún continuaba moviéndose. Así pues, sosteniéndose lo más firme posible de las paredes, Misato confió en que Shinji lo mantuviese quieto.

– ¡Misato, date prisa! –Como si estuviese leyendo sus pensamientos, Shinji, comunicándose con ella por medio de la radio, le exclamó con desesperación– ¡Este maldito robot no quiere dejar de moverse!

– ¡Mantenlo inmovilizado por un par de minutos, Shinji! –Respondiéndole, logrando reincorporarse luego de aquel inesperado temblor, Misato accionó el interruptor para abrir la puerta– ¡Logré llegar a la Sala de Control, sólo necesito un poco más de tiempo!

Dividiéndose por la mitad, con una sección ascendiendo y con la otra bajando, la puerta blindada que le impedía ingresar a la Sala de Control se replegó dándole acceso. De inmediato, golpeándola con una fuerza mayor a la de cualquier puñetazo, una potente corriente térmica, que daba la impresión de venir del mismísimo infierno, la impactó de lleno haciéndola sentir como un huevo cociéndose en una sartén.

Después de un breve instante de adaptación, extrañando, más que nunca, el sabor de una deliciosa cerveza helada, Misato entró en aquel recinto que empezaba a derretirse al no dejar de calentarse cada vez más. Ante ella, a unos cuantos metros, aún manteniéndose en funcionamiento milagrosamente, Misato divisó la computadora que conservaba en operación al denominado proyecto "Jet Alone".

Si bien aquella ropa especial le ofrecía un alto grado de resguardo ante la radiación y el calor, Misato, al borde de cocinarse viva, experimentó como el bochorno que la rodeaba, al hacerse más sofocante, empezaba a dificultarle algo tan vital como la respiración. Aunado a eso, volcándose en su contra, la excesiva sudoración que expulsaba la tez de su rostro irritaba sus ojos dificultándole ver con claridad.

Shinji, quiero que corras junto al Jet Alone y me subas a su parte trasera. Una vez ahí, necesito que mantengas inmovilizado a ese robot hasta que consiga desactivarlo.

Al maldecir mentalmente por las insoportables condiciones a las que le hacía frente, su memoria, haciéndole recordar que fue ella misma quien se puso ahí, Misato no tuvo más alternativa que acallar sus silenciosas quejas, y dedicarse, únicamente, a completar la misión que su acostumbrada improvisación e impulsividad idearon. Por tanto, evocando de inmediato a Shinji, su voz la envolvió.

¿De verdad estás dispuesta a hacer esto, Misato?

Sí, es justo lo que pienso hacer.

Habiéndose enloquecido aquel robot de combate que pretendía sustituir a los Evangelion, Misato, harta de la maldita burocracia que le impedía actuar con rapidez para contener la crisis, ordenó que Shinji y el Eva 01 fuesen desplegados con urgencia para hacerse cargo del problema. Así pues, confiando en que Shinji mantendría ocupado al Jet Alone, ella, en solitario, se encargaría de desactivarlo desde adentro.

¡Pero eso es muy peligroso, Misato! ¡Es una locura!

Eso lo sé muy bien, Shinji, pero me temo que no hay otra manera para detener al Jet Alone.

Ritsuko, quien viajó con ella a la presentación del Jet Alone, con su habitual manera de ser, intentó hacerla recapacitar al decirle que su plan era una total estupidez. No obstante, sabiendo los riesgos que implicaba entrar en un reactor nuclear a punto de estallar, Misato se negó a retroceder asegurándole a su vieja amiga que ella conseguirá frenar al Jet Alone antes que llegase a la zona poblada más cercana.

Empero, en lo más recóndito de su alma, Misato también tenía una motivación adicional para intervenir personalmente. Si el Jet Alone, como lo prometían sus creadores, reemplazaba a Nerv y los Evas en el campo de batalla para destruir a los ángeles, entonces ella y su venganza quedarían truncadas. Más allá de salvar vidas inocentes, Misato, con febril egoísmo, necesitaba salvaguardar su añorada ambición.

Nerv, y por lo tanto ella, sin que nadie más interfiera, deben ser los únicos con la obligación de eliminar a los ángeles.

¡Tiene que haber otra solución! –Sin ocultar sus miedos, Shinji, incrédulo que Misato se pusiese a sí misma en tal peligro mortal, expresó abiertamente su desconfianza en ese plan– ¡Esta es una misión suicida, Misato!

No te preocupes. En caso de una explosión nuclear, la armadura de la Unidad 01 es lo suficientemente resistente como para protegerte, Shinji.

¿Pero qué pasará contigo, Misato? –Consternado, sumamente aterrado que algo semejante llegase a ocurrir, Shinji le señaló lo obvio– ¡No sobrevivirás a una explosión así!

Pase lo que pase, confío totalmente en ti, Shinji. Sé que saldremos victoriosos de esto.

Quedándose la expresión horrorizada e inquieta de Shinji grabada en su conciencia, Misato, no teniendo el valor para seguir mirándolo al saber que lo utilizaba como una herramienta para sus deseos personales, le pidió perdón a Shinji en un susurro que el piloto de la Unidad 01 no logró escuchar. Enseguida, viendo al Jet Alone debajo del avión que los trasportaba, ambos se alistaron para actuar.

– ¡No puedo ver nada!

Pestañeando, librando una lucha constante contra el sudor que le quemaba los ojos, Misato sacudió su cabeza alejando aquel breve recuerdo de sus pensamientos; entretanto, frente a ella, la pantalla de la computadora principal del Jet Alone, al titilar y centellar, empezaba a dar señales que muy pronto quedará inutilizada al destruirse sus circuitos internos como resultado de la elevada temperatura.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano por continuar, sintiendo como sus globos oculares ardían en llamas, Misato empleó su característica terquedad como un pilar para que la conservase en pie; por ende, agudizando su visión, corriendo contra el reloj, se apresuró a teclear la contraseña de seguridad que desconectaba todos y cada uno de los sistemas del Jet Alone. Tal cosa, en teoría, resolvería la crisis.

Sin embargo, casi deteniéndole el corazón, aquello no sucedió.

– ¿Pero qué demonios sucede aquí? –Confundida, leyendo una y otra vez el mensaje de error que resplandecía en el monitor de la computadora, Misato se vio acorralada por las circunstancias–la computadora no está aceptando la contraseña de seguridad, la única explicación es que el programa fue alterado por alguien. ¡Alguien saboteó la computadora de control!

A pesar que aquella conclusión pudiese sonar apresurada y sin fundamento, siempre confiando en las corazonadas que tantas veces la guiaron por buen camino, Misato no dudó de sus instintos. No obstante, hallándose presionada por encontrar otra forma de evitar una nueva tragedia en suelo nipón, Misato no tuvo la paciencia ni el tiempo para especular quién o quiénes harían un sabotaje como ese.

De repente, como si la situación no fuese ya tensa, una sucesión de violentas sacudidas estremeció al Jet Alone, dándole, a Misato, la impresión de estar en el epicentro de un terremoto. Sumado a eso, empeorando más las cosas, el reactor no dejaba de sobrecalentarse amenazando con producir una fusión nuclear, lo cual, inevitablemente, desencadenaría una devastadora detonación atómica.

– ¡Misato, ese maldito robot está a punto de explotar! –Shinji, contactándola otra vez por la radio, le habló con voz asustada al presentir lo que estaba a punto de ocurrir– ¡Tienes que salir de ahí, ahora!

Volteándose a su izquierda, no muy lejos de ella, Misato observó las gruesas y pesadas barras de control cuya función consistía en mantener estable la reacción nuclear que, gracias al poder del átomo, alimentaba con electricidad al Jet Alone. Pese a que Misato no era una científica como Ritsuko, uniendo los puntos mentalmente, comprendió, con prisa, que esa podría ser la salvación que tanto buscaba.

– ¡Al diablo con las malditas computadoras, lo arreglaré a mi manera!

Caminando, bamboleándose como una trapecista al mantener el equilibrio, Misato se acercó a uno de aquellos enormes barrotes para empezar a empujarlo con todas sus fuerzas. Apretando los dientes, dando hasta el último gramo de energía en sus músculos, Misato se vio sola ante una tarea titánica que excedía sus capacidades físicas; aún así, sin más opciones, no dejó de empujar por nada del mundo.

– ¡Muévete, maldita sea! –Agotada, sintiendo como si quisiese remolcar una ballena sobre sus hombros, Misato imploró por un milagro que se negaba a realizarse– ¡Vamos, muévete!

Simultáneamente, en el exterior, Shinji presenciaba como varios choros de vapor súper calientes salían uno tras otro del Jet Alone, al destrozarse, como si estuviese hecha de papel, la gruesa armadura que recubría a aquel robot. Ante esto, observando con impotencia como sus peores temores se volvían una realidad, Shinji se repetía a sí mismo que Misato ya debería haber apagado a ese demente autómata.

– ¡Misato, se agota el tiempo! –Gritando a todo pulmón, presintiendo lo que se venía, Shinji alzó la voz al dar por un hecho que la misión fracasó– ¡Rápido, sal de ahí!

No pudiendo escuchar bien las palabras de Shinji a raíz del ensordecedor sonido de las alarmas que rujían sobre ella, Misato, llegando a su límite, no pudo seguir empujando las barras de control, acabando, irremediablemente, por caer exhausta al piso. Ahí, tendida en el suelo, respirando con dificultad, Misato ni siquiera podía mover un dedo. Así pues, sin más por hacer, pensó en Shinji.

– ¡Shinji, olvídate de mí! –Casi sin aliento, derrotada en todos los sentidos imaginables, Misato usó sus escasas energías para comunicarse con Shinji– ¡Aléjate de aquí lo más que puedas!

– ¡Pero Misato!

– ¡Lárgate, ahora!

Incapaz de levantarse, deseando caer en el profundo sueño que comenzaba a tentarla con hacerla descansar, Misato no alcanzó a oír los agónicos y reiterativos llamados de Shinji. Por el contrario, sintiéndose como una niña una vez más, Misato, ya no sabiendo si deliraba o no, distinguió una borrosa silueta humana que se acercaba a ella; entretanto, el Jet Alone, se encontraba a un minuto de explotar.

La robusta chaqueta de invierno que aquella aparición traía puesta, contrastaba, abismalmente, con las infernales temperaturas que predominaban dentro del Jet Alone; sin embargo, importándole un comino la lógica, Misato reconoció aquel abrigo como el mismo que su padre utilizó la última vez que lo vio con vida. Tal cosa, asustándola, quedó confirmada cuando divisó la cruz metálica que portaba aquel hombre.

– Volviste por mí, papá.

Sin importarle sí en verdad era él o no, Misato, murmurándole, no recibió respuesta de aquella figura que apareció para consolarla con su compañía. Aún así, convencida que realmente se trataba de él, Misato se vio visitada por varias imágenes del viaje en barco que ambos realizaron antes del Segundo Impacto, dichas imágenes, habiendo estado sepultadas en el olvido, fueron como encontrar un tesoro.

Se vio a ella misma, de pequeña, mirando el horizonte desde la barandilla de estribor mientras el buque continuaba navegando en dirección a la Antártida. El sol, comenzando a esconderse, teñía el cielo con hermosos tonos anaranjados y rojizos al pintar un glorioso atardecer. Junto a ella, posando una mano enguantada en su hombro, su padre, apuntándole a la distancia con su otra mano, se robó su atención.

A unos cuantos metros de la embarcación, nadando en grandes cantidades, Misato contempló a numerosos pingüinos que buscaban alimento entre las aguas. Aquellos animales, dándoles la bienvenida al continente más austral del mundo, fue la primera señal para la expedición que se hallaban a muy poco de llegar a su destino. Para Misato, por su parte, fue la primera vez que vio una criatura como esa.

– Pen Pen…

Luego de la dolorosa tragedia que significó el Segundo Impacto para ella y todos en general, donde su dañada psique, la hizo permanecer muda por un par de años, Misato hasta ahora entendía de dónde surgió su gusto y cariño por los pingüinos, lo cual, convertía a Pen Pen, en la encarnación de los últimos momentos felices y normales que poseyó antes que los ángeles se manifestasen ante la humanidad.

De haber sabido lo que pasaría, previo a partir, ofreciéndole un abrazo fuerte y cariñoso, Misato le hubiese dicho a su singular mascota lo mucho que la apreciaba y amaba. Al menos, confiando en Shinji, Misato sabía que él se encargará de cuidarlo, al darse compañía, el uno al otro, cuando ella ya no esté. Dicho pensamiento, en tanto el reactor se precipitaba a estallar, le hizo recordar a alguien más.

Al crecer, cruzando la barrera de la adultez para convertirse en mujer, el amor, llegando a su corazón, entró en ella en la forma de aquel seductor y relajado joven que se hacía llamar Ryoji Kaji. Con Kaji cometió miles de errores; errores que la hicieron forjar su carácter dándole el firme temple que la definía. Igualmente, aprendiendo valiosas lecciones, Kaji siempre será alguien importante para ella.

Así pues, más allá del sexo, al cual Misato recurría como una manera de acallar a los demonios que la afligían desde la muerte de su padre, Kaji, sin que él lo supiese, empezó a transformarse, para ella, en una réplica casi idéntica de éste. Fue tal cosa, al asustarla, lo que provocó que rompiese su relación con él por más que estuviese locamente enamorada de Kaji. Arrepentida, Misato desearía poder decírselo.

– ¡Misato, responde! ¡Respóndeme, por favor!

Shinji, aún esperándola, negándose a darla por muerta como se lo ordenó, seguía inmovilizando al Jet Alone creyendo que ella podía salvarse. Tres hombres distintos, cada uno en tres momentos diferentes de su vida, eran los autores de haberla hecho quien era hoy. Uno la salvó de las garras de la muerte, otro le hizo sentirse viva de nuevo al enamorarse, y el último, como un hijo, la estimaba y apreciaba.

Por ello, más que nunca, a Misato le dolía cómo acabaron las cosas con su padre, haberse separado de Kaji y el modo tan ruin con el que usó a Shinji para consumar su estúpida e inútil venganza.

– Adiós, Shinji. Espero puedas perdonarme algún día…

Oyéndola susurrar, pero sin entender a qué se refería, Shinji quería hablarle cuando un destello intenso y enceguecedor, más potente que el sol, lo golpeó de frente. Un calor abrasador, como si estuviese en el mismísimo infierno, recorrió el cuerpo de Shinji, quien, de no haber sido por el LCL que lo rodeaba y al Campo AT de la Unidad 01, no podría decir que sobrevivió a una explosión nuclear a quemarropa.

Entretanto, dibujándose en el cielo, una titánica columna de humo con aspecto de hongo se elevó hasta más allá de las nubes, siendo vista, por propios y extraños, a kilómetros a la redonda. Aquel suceso, como lo deseaba Misato, terminará por beneficiar a Nerv al cancelarse el proyecto Jet Alone, ya que el gobierno japonés, al no querer más desgracias atómicas en su país, cerrará esa página sin titubear.

Así, al asentarse el polvo, no quedando más que un cráter en la superficie terrestre, nadie fue capaz de imaginar que aquel evento no sólo hizo desaparecer a Misato, sino que ella, al llegar a otro plano existencial, se halló viajando junto a sus padres, como la familia que eran, hacia al filo de la eternidad.

Fin

Hola, les agradezco por haber leído esta historia. En ocasiones me gusta dejar de lado el Asushin para pensar en momentos de NGE que normalmente son poco explorados o recordados por la mayoría, y en esta ocasión, quise reescribir los sucesos del episodio siete donde aparece el Jet Alone. Muchos catalogan este capítulo como "aburrido", pero pienso que se pueden crear fics interesantes con él.

Como ya lo he hecho anteriormente con Te seguiré hacia la oscuridad y Como polvo en el viento, encuentro muy divertido darles un giro opuesto a eventos canónicos de NGE para imaginar un hipotético "universo alterno" donde las cosas no pasaron como las conocemos. Ya he estado pensando en otros acontecimientos a los que me gustaría cambiarles su desenlace, espero escribirlos en el futuro.

Por ahora esto será todo, muchas gracias por leer y hasta la próxima.