PROLOGO
Mi madre siempre me decía "Las personas buenas siempre obtendrán cosas buenas" por aquello, es que siempre me dedicaba hacer el bien a los demás desde muy pequeña, no es que hace mucho que me di percaté de que mi madre mintió.
Siempre me dedique a no provocar el mal, trataba a la gente como me gustaría que me tratarán a mí, pero eso no era suficiente, las desgracias siempre estarían detrás supongo que en mi otra vida no debí haber sido una buena persona.
¿Me arrepiento de algo en esta vida?
Tal vez, no, yo creo que sí…oh bueno, realmente no tengo una respuesta muy clara. Quise ser la típica niña, luego adolescente y finalmente joven adulta que quería ser; pero tampoco es muy fácil cuando en sí eres evidentemente diferente que los demás.
Si tuviera un arrepentimiento… sería no haber ido a cenar con mis padres aquella noche, no haber ido a saludar a mi abuelo aquel día, esconderme de las criaturas que me daban temor y no disfrutar como debería haberlo hecho una joven por miedo.
Ahora, ya no tengo tiempo, yo he decidido que no hay más tiempo para seguir pensando ni viviendo. La vista en la azotea de este edificio es tan bella y a la vez tan terrorífica, no me considero una persona que le tenga pavor a las alturas, pero estar a un paso cerca del abismo y encontrarme bailando con la muerte no es precisamente el ambiente romántico que no te provoque náuseas y no haga aparecer el vértigo. Más allá los puedo escuchar, los puedo ver, no seré la primera persona quién se tiré para acabar con todo en este lugar: lamentos, ansiedad, miedo, llanto, arrepentimiento, ira. Los escuchó, los siento, una gran nubla negativa esta en este ambiente incitándome a caer.
Suspiró
¿Hay algo que te arrepientes en la vida?
Oh, pensándolo bien, creo que aquello sería no haber encontrado al amor de mi vida…sí…hubiera deseado con ansias el haber besado apasionadamente y haber hecho el amor como en las películas: enamorada hasta los huesos.
Pero ya no hay tiempo para aquello ¿no?
Ya no hay tiempo para arrepentimientos ni para ver hacia atrás; esta maldición me perseguirá para toda la vida, solo esperó que en mi siguiente existencia no tenga este maldito don que se me otorgó.
Adiós.
—¿Tú eres Marinette Dupain-Cheng?
Mire el firmamento que cambiaba tenuemente de color a cada minuto que el ocaso se hacia presente. Respire hondo. Alguien está detrás de mí, tal vez sea solo un espíritu errante que como de costumbre vienen a molestarme, no importa seguiré con lo mío.
—Oh, por favor, no te tires en mi presencia, no me gustaría ser testigo de un suicidio y no haber evitado realmente que no ocurriera.
Gire lentamente para ver aquel ser quién me hablaba suavemente a mi espalda.
La primera vez que lo vi y mi vida cambio. Lo recuerdo muy bien. Jamás olvidaré aquella mirada cándida y su dulce sonrisa que me hizo sentir cálida por unos instantes en aquel momento tan oscuro.
—¿Quién eres tú? —apenas pude pronunciar al ver aquel joven de cabellos rubios y ojos verdes. —¿Acaso eres de verdad o solo eres un espíritu que viene a molestarme en mis últimos momentos?
Él rio —No soy un espíritu, sigo vivo, creo. Me llamó Adrien, señorita Marinette y desde hoy estaré con usted, es nuestro destino.
