Aclaración: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling. La historia es de mi propiedad, pero se utilizaron algunos fragmentos del libro Harry Potter y el cáliz de fuego.
Capítulo 3: El torneo
Ir a la estación fue un lío. El señor Weasley tuvo que salir temprano, así que Molly nos llevó, por lo que nos fuimos repartidos en varios taxis, Crookshanks termino arañando al taxista por asustarse con algún invento de los gemelos que explotó. Después del caótico viaje intentamos pasar rápidamente por el andén muggle para llegar a la estación 9 ¾, ya que llamábamos mucho la atención con todo lo que llevábamos. Al subirnos al tren tuvimos una despedida extraña con los hermanos mayores de Ron, como si ellos supieran algo sobre Hogwarts que nosotros no.
Rápidamente buscamos un lugar en el vagón para sentarnos los tres, además se nos sumó Ginny y Neville. Ya cuando estábamos instalados, escuchamos una conversación peculiar de Draco Malfoy acerca de ir a otra escuela de magia, en donde claro, no admiten a sangre sucia. Por lo que comenzamos a hablar de las otras escuelas, ya que Harry no sabía de ellas, las más sonadas eran Durmstrang y Beauxbatons, eran casi tan antiguas como Hogwarts. Al final dejamos el tema cuando paso la señora del carrito, como de costumbre, Harry compro muchos dulces para todos.
—Y Herms… ¿cómo fue que te perdimos en el bosque? Mientras corríamos lejos del lugar, de la nada ya no estabas —pregunto Ron mientras se comía un pastelito en forma de caldero.
—Oh, yo… choque con una pequeña niña y… —no pude evitar tener que contar todo acerca de aquella rubia; moría por hablar con alguien sobre eso.
—Suena presuntuosa —menciono Ginny cuando termine de hablar.
—Es imposible saber eso de una persona con dos encuentros —dije sonriendo, era imposible no sonreír al pensar en ella.
—Lo sé, es solo que suena así, presuntuosa. —reafirmo la pelirroja.
—Yo creo que suena interesante —dijo Harry— al menos a alguien le pasan cosas interesantes fuera de Hogwarts.
—Sí, así que a Hermione le gusta la chica rubia que vio dos veces —comento Ron con la boca llena, ¿cuántos pastelitos se había comido ya?
Luego de esto hablamos de lo inevitable, el mundial de quidditch y no de lo que paso después, sino de la final, además se nos unió Dean y Seamus a nuestro compartimiento. Mientras comentaban las jugadas más memorables no podía dejar de pensar en las palabras de Ron, ¿gustar? No, eso serían palabras mayores, ella solo me llama la atención, lo cual es normal ¿no? Ella es demasiado hermosa, era imposible no querer verla.
—Lo vimos muy de cerca, además —añadió Ron—, porque estuvimos en la tribuna principal…
—Por primera y última vez en tu vida, Weasley. —Draco Malfoy acababa de aparecer en el marco de la puerta. Detrás de él estaban Crabbe y Goyle, sus enormes y brutos amigotes, que parecían haber crecido durante el verano al menos treinta centímetros cada uno. Evidentemente, habían escuchado la conversación a través de la puerta del compartimiento, que Dean y Seamus habían dejado entreabierta.
—No recuerdo haberte invitado a entrar, Malfoy —dijo Harry fríamente.
—¿Qué es eso, Weasley? —preguntó Malfoy, señalando la jaula de Pigwidgeon. Una manga de la túnica de gala de Ron colgaba de ella balanceándose con el movimiento del tren, y el puño de puntilla de aspecto enmohecido resaltaba a la vista. Ron intentó ocultar la túnica, pero Malfoy fue más rápido: agarró la manga y tiró de ella.
—¡Miren esto! —exclamó Malfoy, encantado, enseñándoles a Crabbe y a Goyle la túnica de Ron—. No pensarás ponerte esto, ¿eh, Weasley? Fueron el último grito hacia mil ochocientos noventa…
—¡Vete a la mierda, Malfoy! —le dijo Ron, con la cara del mismo color que su túnica cuando la desprendió de las manos de Malfoy. Malfoy se río de él sonoramente. Crabbe y Goyle se reían también como tontos.
—¿Así que vas a participar, Weasley? ¿Vas a intentar dar un poco de gloria a tu apellido? También hay dinero, por supuesto. Si ganaras podrías comprarte una túnica decente…
—¿De qué hablas? —preguntó Ron bruscamente.
—¿Vas a participar? —repitió Malfoy—. Supongo que tú sí, Potter. Nunca dejas pasar una oportunidad de exhibirte, ¿a qué no? ¿y tú? La sangre sucia quizá quiera demostrar su valía antes todos.
—Malfoy, una de dos: explica de qué estás hablando o vete —dije con irritación, por encima de mi Libro reglamentario de hechizos, curso 4º. Una alegre sonrisa se dibujó en el pálido rostro de Malfoy.
—¡No me digas que no lo saben! —dijo muy contento—. ¿Tú tienes en el Ministerio a un padre y un hermano, y no lo sabes? Dios mío, mi padre me lo dijo hace un siglo… Cornelius Fudge se lo explicó. Pero, claro, mi padre siempre se ha relacionado con la gente más importante del Ministerio… Quizá el rango de tu padre es demasiado bajo para enterarse, Weasley. Sí… seguramente no tratan de cosas importantes con tu padre delante. —Volviendo a reírse, Malfoy hizo una seña a Crabbe y Goyle, y los tres se fueron.
Malfoy es odioso, pero era obvio que el sabia cosas que nosotros no, seguro lo mismo que sabían los mayores Weasley. Después de esto no demoramos mucho en llegar, ahí estaban esos carruajes sin caballo dispuestos a llevarnos al castillo.
Afuera había una lluvia torrencial, por lo que inevitablemente llegamos mojados al gran comedor.
—Espero que se apuren con la ceremonia, muero de hambre—Dijo Harry cuando nos sentamos.
—Sí, yo igual muero de hambre—le siguió Ron.
—¿Hambre? Pero si te comiste casi todos los dulces en el tren. —le reclamo Ginny, estos habían peleado en el expreso por el ultimo pastelito.
Iban a continuar la discusión cuando McGonagall llegó; los de primer año venían empapados, por lo que la ceremonia empezó rápidamente, como todos los años con un cantico del sombrero seleccionador para dar paso a la selección de casas, fue bastante rápido, terminando con Dumbledore indicando que era hora de comer.
La comida iba tranquila, mientras hablábamos con Nick casi decapitado acerca de las travesuras de Pevees en la cocina. Lo cual me llevo a un descubrimiento horrible, era obvio que la comida o la limpieza del castillo no se hacía por sí sola, pero ¿elfos domésticos en Hogwarts?, seguramente las condiciones en las que trabajaban no eran para nada dignas. No podía probar bocado de una comida hecha por medio de esclavitud, pese a la insistencia de Ron que debía comer.
—El señor Filch, el conserje, —comenzó hablando Dumbledore— me ha pedido que les comunique que la lista de objetos prohibidos en el castillo se ha visto incrementada este año con la inclusión de los yoyós gritadores, los discos voladores con colmillos y los bumeranes-porrazo. La lista completa comprende ya cuatrocientos treinta y siete artículos, según creo, y puede consultarse en la conserjería del señor Filch. —La boca de Dumbledore se crispó un poco en las comisuras. Luego prosiguió: —Como cada año, quiero recordarles que el bosque que está dentro de los terrenos del castillo es una zona prohibida a los estudiantes. Otro tanto ocurre con el pueblo de Hogsmeade para todos los alumnos de primero y de segundo. Es también mi doloroso deber informaros de que la Copa de quidditch no se celebrará este curso.
—¿Qué? —dijo Harry sin aliento. Miró a Fred y George, sus compañeros del equipo de quidditch. Le decían algo a Dumbledore moviendo sólo los labios, sin pronunciar ningún sonido, porque debían de estar demasiado consternados para poder hablar.
Dumbledore continuó: —Esto se debe a un acontecimiento que dará comienzo en octubre y continuará a lo largo de todo el curso, acaparando una gran parte del tiempo y la energía de los profesores… pero estoy seguro de que lo disfrutaréis enormemente. Tengo el gran placer de anunciar que este año en Hogwarts…
Pero fue interrumpido por un estruendo en la puerta del Gran Comedor. Un hombre iba pasando por el pasillo, cojeaba y tenía una cara peculiar, sentí su mirada en un punto fija en Harry y en mí, justo cuando sonó un trueno ensordecedor, ambos saltamos del susto. El hombre tenía el rostro lleno de cicatrices, le faltaba un trozo a su nariz y lo que daba más miedo era su ojo, era grande y redondo, se daba vuelta completa como si pudiera ver el interior de su cabeza. Al fin llego donde Dumbledore, tendiendo su mano, recibiendo un buen saludo del director.
—Les presento a nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras — dijo animadamente Dumbledore, ante el silencio de la sala—: el profesor Moody.
Lo normal era que los nuevos profesores fueran recibidos con saludos y aplausos, pero nadie aplaudió aquella vez, ni entre los profesores ni entre los alumnos, a excepción de Hagrid y Dumbledore.
Dumbledore volvió a aclararse la garganta. —Como iba diciendo —siguió, sonriendo a la multitud de estudiantes que tenía delante, todos los cuales seguían con la mirada fija en Ojoloco Moody—, tenemos el honor de ser la sede de un emocionante evento que tendrá lugar durante los próximos meses, un evento que no se celebraba desde hacía más de un siglo. Es un gran placer para mí informaros de que este curso tendrá lugar en Hogwarts el Torneo de los tres magos. —el Gran Comedor estallo en aplausos, no entendía nada. Dumbledore pidió silencio para seguir explicando —Bien, algunos de ustedes seguramente no saben qué es el Torneo de los tres magos, así que espero que los que lo saben me perdonen por dar una breve explicación mientras piensan en otra cosa. El Torneo de los tres magos tuvo su origen hace unos setecientos años, y fue creado como una competición amistosa entre las tres escuelas de magia más importantes de Europa: Hogwarts, Beauxbatons y Durmstrang. Para representar a cada una de estas escuelas se elegía un campeón, y los tres campeones participaban en tres pruebas mágicas. Las escuelas se turnaban para ser la sede del Torneo, que tenía lugar cada cinco años, y se consideraba un medio excelente de establecer lazos entre jóvenes magos y brujas de diferentes nacionalidades… hasta que el número de muertes creció tanto que decidieron interrumpir la celebración del Torneo.
—¿El número de muertes? —susurre, algo consternada.
—En todo este tiempo ha habido varios intentos de volver a celebrar el Torneo — prosiguió Dumbledore—, ninguno de los cuales tuvo mucho éxito. Sin embargo, nuestros departamentos de Cooperación Mágica Internacional y de Deportes y Juegos Mágicos han decidido que éste es un buen momento para volver a intentarlo. Hemos trabajado a fondo este verano para asegurarnos de que esta vez ningún campeón se encuentre en peligro mortal. En octubre llegarán los directores de Beauxbatons y de Durmstrang con su lista de candidatos, y la selección de los tres campeones tendrá lugar en Halloween. Un juez imparcial decidirá qué estudiantes reúnen más méritos para competir por la Copa de los tres magos, la gloria de su colegio y el premio en metálico de mil galeones.
—¡Yo voy a intentarlo! —dijo entre dientes Fred Weasley, con la cara iluminada de entusiasmo ante la perspectiva de semejante gloria y riqueza. No debía de ser el único que se estaba imaginando a sí mismo como campeón de Hogwarts. En cada una de las mesas, veía a estudiantes que miraban a Dumbledore con expresión de arrebato, o que cuchicheaban con los vecinos completamente emocionados. Pero Dumbledore volvió a hablar, y en el Gran Comedor se hizo otra vez el silencio.
—Aunque me imagino que todos estarán deseando llevaros la Copa del Torneo de los tres magos —dijo—, los directores de los tres colegios participantes, de común acuerdo con el Ministerio de Magia, hemos decidido establecer una restricción de edad para los contendientes de este año. Sólo los estudiantes que tengan la edad requerida (es decir, diecisiete años o más) podrán proponerse a consideración. Ésta —Dumbledore levantó ligeramente la voz debido a que algunos hacían ruidos de protesta en respuesta a sus últimas palabras, especialmente los gemelos Weasley, que parecían de repente furiosos— es una medida que estimamos necesaria dado que las tareas del Torneo serán difíciles y peligrosas, por muchas precauciones que tomemos, y resulta muy improbable que los alumnos de cursos inferiores a sexto y séptimo sean capaces de enfrentarse a ellas. Me aseguraré personalmente de que ningún estudiante menor de esa edad engañe a nuestro juez imparcial para convertirse en campeón de Hogwarts. —Sus ojos de color azul claro brillaron especialmente cuando los guiñó hacia los rostros de Fred y George, que mostraban una expresión de desafío—. Así pues, les ruego que no pierdan el tiempo presentándose si no han cumplido los diecisiete años. Las delegaciones de Beauxbatons y Durmstrang llegarán en octubre y permanecerán con nosotros la mayor parte del curso. Sé que todos trataréis a nuestros huéspedes extranjeros con extremada cortesía mientras están con nosotros, y que darán su apoyo al campeón de Hogwarts cuando sea elegido o elegida. Y ya se va haciendo tarde y sé lo importante que es para todos ustedes estar despiertos y descansados para empezar las clases mañana por la mañana. ¡Hora de dormir! ¡Andando!
Lo siguiente que escuche eran reclamos sobre la edad mínima requerida para participar, no sabía por qué, pero tenía un muy mal presentimiento acerca de este torneo, aparte de sentir directamente la mirada del profesor Moody, aunque me autoconvencía que quizá estaba mirando a Harry que estaba a mi lado.
—Deberíamos irnos a la sala común—mencione a los chicos que ya estaban ideando formas en las que engañar al juez que elegiría a los campeones— Ya se fueron casi todos.
Holi, pues quería agradecer las vistas que ha tenido esta historia, no esperaba mucho en realidad, así que de todo corazón espero les este gustando. Si tienen algún comentario, crítica o sugerencia, me encantaría leerlo. De verdad muchas gracias.
