Aclaración: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling. La historia es de mi propiedad, pero se utilizaron algunos fragmentos del libro Harry Potter y el cáliz de fuego.


Capítulo 4: La llegada

Al día siguiente el alboroto por el torneo seguía, pero en menor medida. Tendríamos una mañana ajetreada, primero herbología con Hufflepuff, luego cuidado de criaturas mágicas con Slytherin, lo último sonaba muy mal realmente. Me compadecía de Harry y Ron, debido a que ellos después tenían Adivinación, una pérdida de tiempo a mi parecer.

La clase con Hagrid fue estresante. Decidió que debíamos criar a escregutos de cola explosiva, estoy segura de que eso fue bastante irresponsable, pero aun así los tres decidimos defender a nuestro gran amigo de los comentarios odiosos de Malfoy. Mientras los chicos estaban en adivinación fui a la biblioteca, necesitaba investigar mucho; acerca de los elfos, las velaas y ahora se suman los escregutos.

Pase todo el resto del día en la biblioteca, solo saliendo para ir a cenar y ponerme al día con los chicos, eso no resulto muy bien, ya que lo primero que vi antes de entrar al gran comedor fue a Harry y Ron peleando con Draco, el cual antes de golpear a Harry se convirtió en un ¿hurón? Al parecer el nuevo profesor lo convirtió en un animal, ganándose así un gran reto de McGonagall. Decidí mantenerme al margen de esa discusión, no porque quisiera dejar a mis amigos solos, sino debido a que el año pasado no soporte más la idiotez del rubio y termine golpeándolo, no quería volver a hacer eso, al menos no frente a dos profesores.

Los siguientes días fueron más tranquilos, aunque se sentía un aura extraña en el castillo por el nuevo profesor, este afectaba el ánimo de algunos profesores, sobre todo a Snape, parecía más molesto de lo usual. Debo decir que es gracias a eso y lo del hurón que estábamos ansiosos por tener nuestra primera clase con Ojoloco.

Por ello llegamos temprano a su clase. Una clase acerca de las maldiciones, ya que a su juicio estábamos preparados para recibir información de estas prácticas. Fue bastante gráfica, el ambiente fue increíblemente incómodo afectando sumamente a Harry y a Neville. Vi los ojos de Neville cuando el profesor hizo un crucio hacia esa pequeña araña; pude ver el efecto en su expresión, como se cristalizaron sus ojos y evitaba ver, fue imposible no gritar que parara de torturarlo. Y con Harry, se enteró que él ha sido el único que ha podido sobrevivir a un Avada Kedavra, no me imagino que ha de estar pasando por su cabeza, tenía una mirada vacía, quizá pensaba en sus padres, era increíble lo poco que sabía de ellos, como en cada año iba descubriendo los detalles de lo que les había pasado.

Luego de esa tétrica clase, todos salieron discutiendo animadamente, pero podía ver en la cara de Harry su molestia, su incomodidad mientras Ron resaltaba lo grandioso de esa clase. Mi cabeza no dejaba de preocuparse por Neville, estaba ido pero el profesor Moody fue a buscarlo para enseñarle algo, espero pueda enmendar un poco el daño que le hizo.

Pasaban lentamente las semanas, yo me la pasaba en la biblioteca, tenía pensado en hacer algo por los elfos domésticos que se encontraban en el castillo, pero no se me ocurría que, además que Ron se la pasaba diciéndome que a ellos les gusta su vida y sí, obviamente, es lo único que conocen. Pensé en una plataforma, pero se el poco apoyo que recibiría, además de que necesitó contactarme con algún elfo para entender lo que necesitan.

Una nueva clase de DCAO llegó, no podía creer lo que quería hacer Moody, lanzarnos Imperio a todos. Sus clases me hacen sentir que seremos atacados en cualquier momento, que necesitamos estar preparados para lo peor. Fue difícil resistir cuando sientes que flotas, que no tienes control de nada, algunos incluso no recordaban que hicieron. Harry fue el que más resistió.

Los profesores ya nos estaban presionando con los TIMOS, aunque son recién el próximo año. Las clases estaban realmente pesadas. El profesor Binns, el fantasma que enseñaba Historia de la Magia nos mandaba redacciones todas las semanas sobre las revueltas de los duendes en el siglo XVIII; el profesor Snape nos obligaba a descubrir antídotos, y se lo tomaron muy en serio porque había dado a entender que envenenaría a uno de nosotros antes de Navidad para ver si el antídoto funcionaba; y el profesor Flitwick nos había ordenado leer tres libros más como preparación a su clase de encantamientos convocadores. Hasta Hagrid nos cargaba con un montón de trabajo. Los escregutos de cola explosiva crecían a un ritmo sorprendente, aunque nadie había descubierto todavía qué comían.

Llegamos al castillo luego de estar en clase con Hagrid. Nos encontramos un montón de gente leyendo un cartel puesto en las puertas del Gran Comedor.

TORNEO DE LOS TRES MAGOS

Los representantes de Beauxbatons y Durmstrang llegarán a las seis en punto del viernes 30 de octubre. Las clases se interrumpirán media hora antes.

—¡Estupendo! —dijo Harry—. ¡La última clase del viernes es Pociones! ¡A Snape no le dará tiempo de envenenarnos a todos!

Los estudiantes deberán llevar sus libros y mochilas a los dormitorios y reunirse a la salida del castillo para recibir a nuestros huéspedes antes del banquete de bienvenida.

—¡Sólo falta una semana! —dijo emocionado Ernie Macmillan, un alumno de Hufflepuff, saliendo de la aglomeración—. Me pregunto si Cedric estará enterado. Me parece que voy a decírselo…

—¿Cedric? —dijo Ron sin comprender, mientras Ernie se iba a toda prisa.

—Diggory —explicó Harry—. Querrá participar en el Torneo.

—¿Ese idiota, campeón de Hogwarts? —gruñó Ron mientras se abrían camino hacia la escalera por entre la bulliciosa multitud.

—No es idiota. Lo que pasa es que no te gusta porque venció al equipo de Gryffindor en el partido de quidditch —repuse—. He oído que es un estudiante realmente bueno. Y es prefecto.

—Sólo te gusta porque es guapo —dijo Ron mordazmente.

—Perdona, a mí no me gusta la gente sólo porque sea guapa —repuse indignada, claro que no contaba con que ambos me recordarán a la chica francesa. —nunca dije que me gustará, solo me causa curiosidad. —me defendí.

En los próximos días todos intentaban averiguar cómo se escogerían a los campeones y especulaban sobre quiénes serían elegidos, en Gryffindor había grandes prospectos, si esto hubiera pasado un año antes, seguro iría Oliver Wood. Los gemelos Weasley se veían cada vez más molestos por no poder participar.

El día llegó, había un ambiente de emoción y nerviosismo, esto último venía de los profesores, que se esforzaban en que todo se vea perfecto. Ya estábamos fuera de la castilla, comenzaba a anochecer, cuando algo se empezó a visualizar en el cielo.

—¿Qué es eso? —gritó un alumno de primero apuntando al cielo.

—Un dragón—gritó otro alumno.

—No es posible, es una casa— ese fue Dennis Creevey.

—Al parecer, primero llegarán los de Beauxbatons—comento Dumbledore tranquilamente mientras llegaba al frente de todos nosotros.

Era un carruaje gigante, llevado por un montón de caballos más grandes de lo normal, eran pegasos, tenían alas en su lomo y tiraban de la estructura aparentemente sin ningún esfuerzo. Finalmente aterrizo, un chico se bajó para desplegar una gran escalera, abriéndose por fin las puertas. Una mujer descendió por las escaleras, era muy grande, la mujer más grande que yo haya visto, parecida a la altura de Hagrid y me parece que incluso, un poco más alta. Rápidamente Dumbledore se acercó a extenderle su mano para bajar los últimos escalones.

—Mi querida Madame Maxime —dijo—, bienvenida a Hogwarts.

—«Dumbledog» —repuso Madame Maxime, con una voz profunda—, «espego» que esté bien.

—En excelente forma, gracias —respondió Dumbledore.

—Mis alumnos —dijo Madame Maxime, señalando tras ella con gesto lánguido.

Y ahí estaban, eran al menos doce alumnos, chicos y chicas, todos los cuales parecían hallarse cerca de los veinte años, habían salido del carruaje y se encontraban detrás de ella. Y la vi, esto simplemente era obra del destino o una casualidad increíble, aquella chica rubia, alta que no dejaba de mirar el castillo mientras temblaba del frío (al igual que los otros alumnos), era la misma en la que no podía dejar de pensar, no podía creerlo, era ella y estaba aquí, incluso estaba acompañada con la chica que me choqué, su hermana pequeña.

—¿Ha llegado ya «Kagkagov»? —preguntó Madame Maxime.

—Se presentará de un momento a otro —aseguró Dumbledore—. ¿Prefieren esperar aquí para saludarlo o pasar a calentarse un poco?

—Lo segundo, me «paguece» —respondió Madame Maxime—. «Pego» los caballos…

—Nuestro profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas se encargará de ellos encantado —declaró Dumbledore—, en cuanto vuelva de solucionar una pequeña dificultad que le ha surgido con alguna de sus otras… obligaciones.

—Mis «cogceles guequieguen» … eh… una mano «podegosa» —dijo Madame Maxime, como si dudara que un simple profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas fuera capaz de hacer el trabajo—. Son muy «fuegtes»…

—Le aseguro que Hagrid podrá hacerlo —dijo Dumbledore, sonriendo.

—Muy bien —asintió Madame Maxime, haciendo una leve inclinación—. Y, «pog favog», dígale a ese «pgofesog Haggid» que estos caballos solamente beben whisky de malta «pugo».

—Descuide —dijo Dumbledore, inclinándose a su vez.

Ellos procedieron a entrar al colegio, bajo todas las miradas de los alumnos de Hogwarts, algo había en ellos que tenían la atención de la mayoría, bueno, es entendible, esto es algo nuevo para todos. Nos quedamos ahí, sintiendo el ambiente cada vez más frío, la mayoría atentos al cielo.

—¿No oyes algo? —preguntó Ron repentinamente.

Un ruido misterioso, fuerte y extraño llegaba a ellos desde las tinieblas. Era un rumor amortiguado y un sonido de succión, como si una inmensa aspiradora pasara por el lecho de un río…

—¡El lago! —gritó Lee Jordan, señalando hacia él—. ¡Mirad el lago!

Se veía que algo se agitaba en el centro del lago, empezando a burbujear junto con el oleaje, algo se empezaba a asomar.

—¡Es un mástil! —exclamó Harry. Efectivamente, lentamente empezó a surgir un barco, de un tamaño parecido al de carruaje. Parecía un barco fantasma, brillaba de una forma única.

Del barco se bajó un tipo muy corpulento, aunque rápido nos dimos cuentas que la pinta era debido a las capas de ropa que llevaba puestas.

—¡Dumbledore! —gritó efusivamente mientras subía la ladera—. ¿Cómo estás, mi viejo compañero, cómo estás?

—¡Estupendamente, gracias, profesor Karkarov! —respondió Dumbledore.

Karkarov tenía una voz pastosa y afectada. Cuando llegó a una zona bien iluminada, era alto y delgado como Dumbledore, pero llevaba corto el blanco cabello, y la perilla (que terminaba en un pequeño rizo) no ocultaba del todo el mentón poco pronunciado. Al llegar ante Dumbledore, le estrechó la mano.

—El viejo Hogwarts —dijo, levantando la vista hacia el castillo y sonriendo. Tenía los dientes bastante amarillos —. Es estupendo estar aquí, es estupendo… Viktor, ve para allá, al calor… ¿No te importa, Dumbledore? Es que Viktor tiene un leve resfriado…

—¡Es Krum! —dijo Ron de inmediato —No lo puedo creer, Harry, es Krum, ¡Viktor Krum!

—Sí, este torneo se pone mejor cada vez —le respondió Harry.

—Sería increíble que lo elijan para competir, ¿te imaginas verlo en las pruebas? Espero verlo volar, estos juegos serán interesantes de ver.

—Ni que lo menciones —susurre mientras veíamos a los alumnos entrar al castillo. Presiento que estos meses serán muy extenuantes.


Este capítulo es más cortito, pero ya después serán cada vez más extensos. En el próximo tendremos el punto de vista de Fleur.

Que tengan un muy buen día, Feliz San Valentín.

Nos vemos el jueves.