Aclaración: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling. La historia es de mi propiedad, pero se utilizaron algunos fragmentos del libro Harry Potter y el cáliz de fuego.

Capítulo 6: La bullabesa

Todos casi corrieron al Gran Comedor al ver a Viktor Krum dirigirse a ese lugar, estaban embobados por su presencia, no lo entendía la verdad. Ron estaba como loco, quería llegar rápido y hacerle un espacio en la mesa de Gryffindor, pero ya cuando llegamos, los alumnos de Durmstrang estaban sentados en la mesa de Slytherin. Sinceramente mi atención estaba en otro lado, estaba buscando con la mirada a esa rubia que, ya sea por casualidad o destino, me volvía a encontrar. La vi, en la mesa de Ravenclaw, al parecer los estudiantes de Beauxbatons se posicionaron ahí, quizá por el color. Ella no parecía muy cómoda ni contenta, atreviéndose a reír cuando Dumbledore se levantó a hablar mencionando que esperaba que su estancia aquí fuera confortable, Ginny que alcanzó a escucharla reír, gruño mencionando que nadie las obligaba a quedarse, no podía estar más de acuerdo, aunque no me atrevía a decir palabra, pero me trate de reincorporar a la conversación de los chicos.

—¿Qué es esto? —dijo Ron, señalando una larga sopera llena de una especie de guiso de marisco que había al lado de un familiar pastel de carne y riñones.

—Bullabesa —respondí.

—Por si acaso, tuya —replicó Ron.

—Es un plato francés —explique —. Lo probé en vacaciones, este verano no, el anterior, y es muy rica.

—Te creo sin necesidad de probarla —dijo Ron sirviéndose pastel.

—Yo comeré un poco —dije sirviéndome.

—¿Y qué te parecen los visitantes Herms? Porque no paras de mirar la mesa de Ravenclaw —menciono Harry de repente, no esperaba eso así que casi me ahogo con el plato francés.

—Yo…—no pude ni hablar, no por quedarme sin palabras, sino por la interrupción de alguien.

—«Pegdonad», ¿no «queguéis» bouillabaisse? — Se trataba de ella, su voz era inconfundible, pero esta vez su acento se escuchaba aún más marcado.

Ron se puso colorado. La miró, abrió la boca para contestar, pero de ella no salió nada más que un débil gorjeo.

—Puedes llevártela —le dijo Harry, acercándole a la chica la sopera.

—¿Habéis «tegminado» con ella?

—Sí —repuso Ron sin aliento—. Sí, es deliciosa.

—No, no puedes llevártela, creo que Hermione está comiendo de eso —dijo Ginny tomando de forma brusca el plato para ponerlo enfrente de mí.

—Oh, «pegdonad», ¿puedo tomar un poco? —dijo mirándome fijamente a los ojos, me sentía desarmada ante su voz, sentía que me estaba desafiando a un juego, en el cual estaba a punto de perderme seguramente.

—Yo…—intente aclararme la garganta, la sentía seca, ella me ponía nerviosa. Sus ojos me seguían fijamente— No te preocupes, puedes llevártelo —nunca antes me había costado decir cinco palabras juntas.

—Muchas gracias… «Egmione»—mi nombre en sus labios se escuchaba demasiado bien, maldición, no sé lo que me pasa con ella, me pongo exactamente como Ron cuando ve a la comida.

—Las alumnas de Beauxbatons se ven odiosas—comento Ginny mientras la chica rubia se iba.

—Yo creo que son muy bonitas—suspiro Ron, casi embobado mirando a las mencionadas.

—Son veelas—repuso Harry mirando a las mencionadas, no como Ron claro, pero sí con curiosidad.

—¿En serio? No lo creo, no hay ningún indicio, exceptuando la mirada de Ron—dije mientras intentaba tranquilizarme, tenía el corazón a mil después de esa interacción.

—Bueno, pues no son para nada normales—repuso Ron—no hay chica tan bonita en Hogwarts.

—Claro que sí las hay—respondió rápidamente Harry, seguido de eso se sonrojo tanto que su cara parecía la cabellera de un Weasley.

—Parece que Harry no nos ha contado a quien realmente está mirando en la mesa de Ravenclaw—repuse para ver su reacción, y síp, se puso aún más rojo.

—¿Qué es lo que nos ocultas Harry? —se volteó Ron a ver a nuestro amigo, con ánimo de molestarlo, pero fuimos interrumpidos por Dumbledore, pues ya iba a comenzar a explicar en qué consistiría este torneo. No sé si fue la conversación anterior o aquella interacción con la francesa, pero me sentía bastante animada, incluso para escuchar las cosas de este torneo que antes ya me estaba empezando a fastidiar.

—El Torneo de los tres magos va a dar comienzo. Me gustaría pronunciar unas palabras para explicar algunas cosas antes de que traigan el cofre…

—¿El qué? —murmuró Harry. Nosotros encogimos los hombros.

—… sólo para aclarar en qué consiste el procedimiento que vamos a seguir. Pero antes, para aquellos que no los conocen, permítanme que les presente al señor Bartemius Crouch, director del Departamento de Cooperación Mágica Internacional —hubo un asomo de aplauso cortés—, y al señor Ludo Bagman, director del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos.

—Los señores Bagman y Crouch han trabajado sin descanso durante los últimos meses en los preparativos del Torneo de los tres magos —continuó Dumbledore—, y estarán conmigo, con el profesor Karkarov y con Madame Maxime en el tribunal que juzgará los esfuerzos de los campeones.

A la mención de la palabra «campeones», la atención de los alumnos aumentó aún más. Quizá Dumbledore percibió el repentino silencio, porque sonrió mientras decía: —Señor Filch, si tiene usted la bondad de traer el cofre…

—Los señores Crouch y Bagman han examinado ya las instrucciones para las pruebas que los campeones tendrán que afrontar —dijo Dumbledore mientras Filch colocaba con cuidado el cofre en la mesa, ante él—, y han dispuesto todos los preparativos necesarios para ellas. Habrá tres pruebas, espaciadas en el curso escolar, que medirán a los campeones en muchos aspectos diferentes: sus habilidades mágicas, su osadía, sus dotes de deducción y, por supuesto, su capacidad para sortear el peligro— Ante esta última palabra, en el Gran Comedor se hizo un silencio tan absoluto que nadie parecía respirar— Como todos sabéis, en el Torneo compiten tres campeones —continuó Dumbledore con tranquilidad—, uno por cada colegio participante. Se puntuará la perfección con que lleven a cabo cada una de las pruebas y el campeón que después de la tercera tarea haya obtenido la puntuación más alta se alzará con la Copa de los tres magos. Los campeones serán elegidos por un juez imparcial: el cáliz de fuego.

Dumbledore sacó la varita mágica y golpeó con ella tres veces en la parte superior del cofre. La tapa se levantó lentamente con un crujido. Dumbledore introdujo una mano para sacar un gran cáliz de madera toscamente tallada. No habría llamado la atención de no ser porque estaba lleno hasta el borde de unas temblorosas llamas de color blanco azulado. Dumbledore cerró el cofre y con cuidado colocó el cáliz sobre la tapa, para que todos los presentes pudieran verlo bien.

—Todo el que quiera proponerse para campeón tiene que escribir su nombre y el de su colegio en un trozo de pergamino con letra bien clara, y echarlo al cáliz — explicó Dumbledore—. Los aspirantes a campeones disponen de veinticuatro horas para hacerlo. Mañana, festividad de Halloween, por la noche, el cáliz nos devolverá los nombres de los tres campeones a los que haya considerado más dignos de representar a sus colegios. Esta misma noche el cáliz quedará expuesto en el vestíbulo, accesible a todos aquellos que quieran competir.

» Para asegurarme de que ningún estudiante menor de edad sucumbe a la tentación —prosiguió Dumbledore—, trazaré una raya de edad alrededor del cáliz de fuego una vez que lo hayamos colocado en el vestíbulo. No podrá cruzar la línea nadie que no haya cumplido los diecisiete años.

» Por último, quiero recalcar a todos los que estén pensando en competir que hay que meditar muy bien antes de entrar en el Torneo. Cuando el cáliz de fuego haya seleccionado a un campeón, él o ella estarán obligados a continuar en el Torneo hasta el final. Al echar su nombre en el cáliz de fuego estarán firmando un contrato mágico de tipo vinculante. Una vez convertido en campeón, nadie puede arrepentirse. Así que deben estar muy seguros antes de ofrecer su candidatura. Y ahora me parece que ya es hora de ir a la cama. Buenas noches a todos.

Después de esas palabras el ambiente se tornó de alegría y emoción, exceptuando por los alumnos menores que querían participar, como los gemelos. A mi sinceramente, me parecía peligroso, uno realmente debía de ser un poco idiota para entrar a un torneo posiblemente mortal, pero bueno, cada uno tomaba sus decisiones, me parecía muy adecuado que fuera para los mayores, ya que, en mi opinión, era necesario una madurez mínima para tomar la decisión.

Cuando intentamos salir del Gran Comedor nos encontramos frente a frente con el director de Durmstrang y sus alumnos, al parecer nos iba a ignorar, pero se quedó mirando a Harry, sobre todo su cicatriz, el señor parecía nervioso, había temor en su mirada mientras que sus alumnos veían a Harry con curiosidad. Justo el profesor Moody interrumpió, poniendo aún más incómodo al director, por lo que se fue rápidamente al barco, que seguía en el lago, supongo que dormirían ahí.

Ya nos íbamos a dirigir a la Sala Común, pero algo me detuvo, no veía a Ginny en ningún lado, por lo que decidí quedarme esperándola mientras los chicos ya se iban a acostar.

Me quede un rato ahí, mientras veía salir a más alumnos de Hogwarts, inclusive los alumnos de Beauxbatons se estaban retirando, acompañados por su directora. Mientras los veía, inevitablemente mi mirada se dirigió a una rubia en particular y para mi sorpresa, ella también me estaba mirando, no supe cómo reaccionar, pero no quería dirigir mi mirada hacia otra parte, ella tenía una mirada desafiante, como si la primera que dejara de mirar perdía este juego, ella me pone nerviosa, por lo que solo atiné a sonreír sin mostrar los dientes, tuve la suerte que ella correspondió esa sonrisa y finalmente salió del castillo. Su sonrisa, fue leve y rápido, pero esa imagen se quedaría en mi cabeza por un buen rato, ella tenía la sonrisa más bonita que yo haya podido ver, era la primera vez que la veía, me puso aún más nerviosa, sentía un burbujeo en mi estómago y una sonrisa tonta en mi cara, no sé qué me está pasando con esta chica.

No quise esperar más a Ginny y preferí irme a la Sala Común. Para mi sorpresa Ginny ya estaba ahí, esperándome a mí.

—Pensé que seguías en el comedor, me quedé esperando—dije, tenía la sensación de que debía justificarme.

—Salí antes de ustedes, ¿no me viste? —inquirió ella frunciendo el ceño— claro que no me viste, estabas pegada mirando a las francesas, ya hasta te pareces a mi hermano —me recrimino.

—¿Qué? No, no estaba mirando a nadie, son ideas tuyas— estaba nerviosa, pero ¿quién era ella para cuestionarme tanto? — ya vamos, ve a tu cuarto, yo voy al mío, estoy muy cansada y presiento que mañana será un día muy ajetreado. — ya estaba subiendo cuando termine de decir lo último, sentí como si estuviera escapando de alguien.

Al llegar al cuarto las chicas ya estaban acostadas, por lo que trate de hacer el menor ruido posible para cambiarme ropa e ir a la cama, al acostarme la imagen de la chica francesa sonriendo se me vino de inmediato a la cabeza, esperaba verla seguido, si bien me ponía nerviosa, pero verla me gustaba, me hacía sentir bien, me encantaría volver a verla sonreír, ya imagino que su risa se ha de escuchar preciosa, si su voz lo es, sobre todo cuando pronuncio mi nombre.

Hola, que tengan una linda semana y espero que les haya gustado el capítulo de hoy, espero sus comentarios o cualquier sugerencia que se los agradecería un montón.

Nos vemos el jueves.