Aclaración: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling. La historia es de mi propiedad, pero se utilizaron algunos fragmentos del libro Harry Potter y el cáliz de fuego.


Capítulo 8: La decisión del cáliz

POV Hermione

La mayoría de los alumnos nos despertamos temprano este día, cosa que raramente pasaba un sábado, pero era una ocasión especial. Espere a Harry y a Ron para dirigirnos al Gran Comedor, pero antes de llegar vimos a mucha gente en el vestíbulo, pues el cáliz estaba puesto en ese lugar. Pese a la gente que había, no veía a nadie de Beauxbatons, aunque no buscaba a cualquiera, sino a quien tiene la sonrisa más linda que he visto en mi vida.

—¿Ya ha dejado alguien su nombre? —le preguntó Ron algo nervioso a una alumna de tercero.

—Todos los de Durmstrang —contestó ella—. Pero de momento no he visto a ninguno de Hogwarts.

—Seguro que lo hicieron ayer después de que los demás nos acostamos —dijo Harry—. Yo lo habría hecho así si me fuera a presentar: preferiría que no me viera nadie. ¿Y si el cáliz te manda a freír espárragos?

Antes de que pudiéramos seguir hablando aparecieron los gemelos, por supuesto que iban a intentar algo para poner su nombre en el cáliz. Al parecer habían tomado una poción envejecedora.

—No va a funcionar, Dumbledore seguro ya pensó en eso—dije cuando ellos se estaban acercando al cáliz.

Pero no me hicieron caso, ambos pasaron el límite que había impuesto el director y por un segundo, todos pensamos que había funcionado, habían engañado a uno de los mejores magos de todos los tiempos… bueno, pues en realidad no lo hicieron. Al momento siguiente se oyó un fuerte ruido, y ambos hermanos se vieron expulsados del círculo dorado como si los hubiera echado un trol invisible. Cayeron al suelo de fría piedra a tres metros de distancia, haciéndose bastante daño, y para colmo sonó un «¡plin!» y a los dos les salió de repente la misma barba larga y blanca.

En el vestíbulo, todos prorrumpieron en carcajadas. Incluso Fred y George se rieron al ponerse en pie y verse cada uno la barba del otro.

—Se los advertí —dijo la voz profunda de alguien que parecía estar divirtiéndose, y todo el mundo se volvió para ver salir del Gran Comedor al profesor Dumbledore. Examinó a Fred y George con los ojos brillantes—. Les sugiero que vayan los dos a ver a la señora Pomfrey. Está atendiendo ya a la señorita Fawcett, de Ravenclaw, y al señor Summers, de Hufflepuff, que también decidieron envejecerse un poquito. Aunque tengo que decir que me gusta más sus barbas que la que les ha salido a ellos.

Todos nos seguíamos riendo incluso luego de que los gemelos ya se habían ido. Al final nos fuimos a sentar al Gran Comedor, todo estaba decorado con ambiente de Halloween.

—Escuche que alguien de Slytherin puso su nombre ya—dijo Dean apenas nos sentamos.

—Espero que si alguien nos vaya a representar no sea de esa casa—dijo Harry, obteniendo el apoyo de todos.

—Y los de Hufflepuff hablan todos de Diggory —comentó Seamus con desdén —. Pero no creo que quiera arriesgarse a perder su belleza.

—¡Escuchen! —dije al oír aplausos del vestíbulo. Vimos entrar en el Gran Comedor, sonriendo con un poco de vergüenza, a Angelina Johnson, la cazadora en el equipo de quidditch de Gryffindor. Angelina fue hacia nosotros, se sentó y dijo:

—¡Bueno, lo he hecho! ¡Acabo de echar mi nombre!

—¡No puedo creerlo! —exclamó Ron, impresionado.

—Pero ¿tienes diecisiete años? —inquirió Harry.

—Claro que los tiene. Porque si no le habría salido barba, ¿no? —dijo Ron.

—Mi cumpleaños fue la semana pasada —explicó Angelina.

—Bueno, me alegro de que entre alguien de Gryffindor —declare—. ¡Espero que quedes tú, Angelina!

—Gracias, Hermione —contestó Angelina sonriéndole.

—Sí, mejor tú que Diggory el hermoso —dijo Seamus, lo que arrancó miradas de rencor de unos de Hufflepuff que pasaban al lado.

—¿Qué vamos a hacer hoy? —preguntó Ron cuando terminamos el desayuno y salíamos del Gran Comedor.

—Deberíamos ir a ver a… — Harry se vio interrumpido por la llegada de todos los alumnos de Beauxbatons, quienes entraban en fila al vestíbulo, pasando uno a uno frente al cáliz para dejar su papel. Al final de la fila estaba ella, se veía incluso más hermosa que ayer, con su uniforme pulcro, peinada perfectamente con una cola de caballo alta, ella también dejo un papel con su nombre en el cáliz, no podía creer como tantas personas se arriesgaban por un torneo, ¿acaso ninguno veía la seriedad que esto requería? Pero bueno, supongo que a eso venían.

—¿Qué creen que pase con quienes no sean elegidos? — preguntó Ron cuando los de Beauxbatons entraron al Gran Comedor.

—Supongo que se quedarán, sus directores lo harán, así que no creo que tengan otra opción — respondí.

—Sí, bueno, vamos donde Hagrid —dijo Harry.

—No puedo, debo ir a la…

—Biblioteca —completaron Ron y Harry a la vez, interrumpiendo mi oración.

—Sí, necesito investigar algo de los…

—Elfos — volvieron a interrumpir de forma monótona.

—Bueno, sí, nos vemos al rato —les dije, y antes que pudieran decirme algo más me puse en camino hacia la biblioteca.

Cuando llegue a la biblioteca estaba prácticamente vacía. Elegí un lugar apartado, por si luego venía más gente. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero sabía bien que me había saltado el almuerzo, pero estaba demasiado concentrada como para querer moverme de aquí.

—Ejem… Bon-après-midi, Mademoiselle «Egmione» (Buenas tardes, señorita Hermione)— No podía creerlo, era ella, frente a mí, ¡Hablándome!... inevitablemente me quede sin palabras al verla, estaba hermosa. — ¿Mademoiselle? ¿Está bien? — pregunto en un tono preocupado, claro, de seguro me quede viéndola como una tonta.

—Oh, estoy bien, lo siento. Buenas tardes, señorita…—dije toda nerviosa, y la verdad no sabía cómo llamarla, ella llevaba ventaja con mi nombre— Me temo que no conozco su nombre aún Mademoiselle. — inquirí mientras le hacía una señal para que se sentara en la silla de enfrente de mí, para mi sorpresa ella se sonrojo bastante, pero pesco la silla que estaba al lado mío para sentarse.

—Oh, que descuido el mío. Mi nombre es Fleur Delacour. —al fin pude ponerle nombre a la mujer que no sale de mis pensamientos.

—Un gusto, Mademoiselle Delacour — dije, estirando mi mano, ella la quedo mirando extrañada, y en un gesto demasiado rápido se paró de la silla, se acercó a mi dándome un beso en cada mejilla. Oh dios, seguramente ahora estoy del mismo color que el pelo de los Weasley, sentí como mi cara cambiaba de temperatura apenas sentí sus labios en mi piel.

—Je suis désolé «Egmione», pero no me acostumbro a los saludos ingleses, en Francia somos más afectivos —dijo con una adorable sonrisa en la cara, podía ver también como su cara había cambiado de color, sonrojándose un poco, al ver eso, fue inevitable sonreír, me sentía profundamente agradecida de los saludos franceses. — ¿Estas emocionada por la «gevelación» de los campeones hoy? —pregunto mientras se volvía a sentar frente a mí.

—Pues soy menor así que no puedo participar, aunque si fuera mayor tampoco lo haría, es demasiado peligroso —respondí tratando de normalizar mi voz, ella me ponía nerviosa, aún me parecía surrealista tener una conversación con ella.

—Oh, claro —parecía ¿desanimada? — yo creo que a la vida siempre hay que «dagle» algo de emoción, es por eso por lo que voy a «participag» —lo dijo a la defensiva.

—Claro, pero sinceramente es un riesgo innecesario. —luego de mi respuesta, ella no parecía muy contenta— Aun así, te deseo éxito, estoy segura de que usted es más que digna de ser la elegida por parte del cáliz.

—Oh, «pegmítame» no creerle, apenas sabe mi nombre, no podría saber si yo soy digna de aquello. —dijo con las mejillas rojas.

—Puede que tenga razón, pero si fue elegida para venir estoy segura de que es poque es más que digna para participar en el torneo. —le respondí, lo creía en serio, pero también mi intención era que ese bonito color rojo se quedará en su cara.

—Tal vez, —cada vez estaba más sonrojada— pero «pog favog», ya no hablemos de mí, cuénteme algo de usted.

—Pues no sé qué quieras saber. —respondí.

—Todo, —su voz en ese momento fue intensa, me puso nerviosa, hubo una pequeña pausa, supongo que, al notar mi nerviosismo, siguió hablando— pero al menos «pog» «ahoga» me «confogmo» al «sabeg» que estaba haciendo. —me dedico una hermosa sonrisa mientras lo decía.

—Oh, pues no quiero aburrirte en realidad. —no solía avergonzarme de las cosas que investigaba, en general siempre las comentaba, pese a que Ron y Harry no solían prestarme atención.

—Estoy «seguga» de que eso es imposible, así que insisto.

—Estaba investigando sobre las legislaciones acerca del trabajo y vida de los elfos domésticos, pero hay muy poca información, claro que es porque esto jamás se ha regulado. —espete con real desagrado.

—Oh, ¿Cuál es el problema de los elfos domésticos? —oh bueno, ahora no creo que pare de hablar después de esa pregunta.

—Pues todo, es decir, son esclavos. Me parece increíble que aun existan los esclavos, el mundo mágico esta tan avanzado en algunas cosas y es tan arcaico en otras. Ellos básicamente no tienen derechos, solo deberes de servidumbre. —y desde ese momento, seguí hablando hasta que ya casi nadie quedaba en la biblioteca y afuera casi no se notaba la luz del sol, mientras que ella simplemente me miraba, pero no era de esas que miradas que me daban mis amigos, de simplemente estar mirando, pero no escuchando, no, ella se veía concentrada en lo que decía.

—Fleur, je t'ai cherché partout. Madame Maxime veut qu'on se rencontre avant l'élection des champions. (Fleur, te he estado buscando por todas partes. Madame Maxime quiere que nos reunamos antes de la elección de campeones.) —dijo un chico que acababa de llegar corriendo, parecía agitado.

—Oh, Jérôme, je suis désolé, laissez-moi vous présenter «Egmione», «Egmione», c'est Jérôme. (Oh, Jerome, lo siento, déjame presentarte a Hermione, Hermione, él es Jerome) —respondió ella mientras se levantaba, acto seguido el chico me miro de arriba abajo, ¿había algo malo conmigo? Ni siquiera me saludo en realidad, fui completamente ignorada, antes de que fuera más incómodo el momento decidí despedirme de Fleur.

—Fue un gusto hablar contigo Fleur, espero verte en la ceremonia. —dije también levantándome del lugar.

—El gusto es mío Egmione, nos vemos luego. —antes de poder reaccionar, me dio dos besos nuevamente y salió casi corriendo de la biblioteca con su acompañante. Yo decidí salir igualmente y dirigirme a la Sala Común, antes de llegar me encontré con los chicos.

—Herms, te íbamos a buscar —dijo Harry cuando nos encontramos.

—Sí, estuvimos con Hagrid y descubrimos que él sabe que es la primera prueba, aunque no nos quiso decir —dijo Ron, juntos empezamos a caminar hacia el Gran Comedor, ya era casi hora de la ceremonia.

—Sí, además descubrimos que a Hagrid le gusta Madame Maxime. —Siguió Harry.

—¿Le gusta? —pregunte extrañada.

—Sí, estaba todo arreglado y peinado, ¡hasta tenía loción! Incluso nos dejó abandonados para irse con ella. —reafirmo Ron.

—Bueno, eso es bastante tierno de cierta forma.

Justo llegamos al Gran Comedor, el banquete se hizo bastante largo, mientras la mayoría de nuestra mesa esperaba que entrara Angelina. Todos estaban atentos a cuando Dumbledore terminará de comer, fue ahí donde trajeron al cáliz y dieron las instrucciones, cada campeón cuando se dijera su nombre, debía pasar a un salón aparte. Ya comenzaba el momento más esperado.

De pronto, las llamas del cáliz se volvieron rojas, y empezaron a salir chispas. A continuación, brotó en el aire una lengua de fuego y arrojó un trozo carbonizado de pergamino. La sala entera ahogó un grito. Dumbledore cogió el trozo de pergamino y lo alejó tanto como le daba el brazo para poder leerlo a la luz de las llamas, que habían vuelto a adquirir un color blanco azulado.

—El campeón de Durmstrang —leyó con voz alta y clara— será Viktor Krum.

—¡Era de imaginar! —gritó Ron, al tiempo que una tormenta de aplausos y vítores inundaba el Gran Comedor. Krum se levantó de la mesa de Slytherin y caminar hacia Dumbledore. Se volvió a la derecha, recorrió la mesa de los profesores y desapareció por la puerta hacia la sala contigua.

Se apagaron los aplausos y los comentarios. La atención de todo el mundo volvía a recaer sobre el cáliz, cuyo fuego tardó unos pocos segundos en volverse nuevamente rojo. Las llamas arrojaron un segundo trozo de pergamino.

—La campeona de Beauxbatons —dijo Dumbledore— es ¡Fleur Delacour! —Lo sabía, la verdad me alegre bastante, nunca había aplaudido tanto antes, aunque también sentía una gran preocupación, se lo mortal que es este torneo, de verdad esperaba que ella estuviera a salvo.

—¡Es ella, Ron! —gritó Harry, Fleur se levantó de la mesa e hizo el mismo recorrido que Krum.

—¡Miren qué decepcionados están todos! —dijo Ron elevando la voz por encima del alboroto, y señalando con la cabeza al resto de los alumnos de Beauxbatons. Dos de las chicas que no habían resultado elegidas habían roto a llorar, y sollozaban con la cabeza escondida entre los brazos.

Cuando Fleur Delacour hubo desaparecido también por la puerta, volvió a hacerse el silencio, pero esta vez era un silencio tan tenso y lleno de emoción, que casi se palpaba. El siguiente sería el campeón de Hogwarts… Y el cáliz de fuego volvió a tornarse rojo; saltaron chispas, la lengua de fuego se alzó, y de su punta Dumbledore retiró un nuevo pedazo de pergamino.

—El campeón de Hogwarts —anunció, esperaba que fuera Angelina, hubo una larga pausa por parte del director, su cara estaba seria— es ¡Harry Potter! —había más duda que emoción en su voz.

—¿Qué? —ese fue el grito de Ron, pero todos estábamos igual, incluido el mismo Harry, se veía tan descolocado y avergonzado. ¿Por qué siempre le pasan estas cosas? Estoy segura de que el no hizo nada intencional con el cáliz, pero por las caras de los demás, no creo que ese sea el pensamiento de varios de los alumnos de Hogwarts. Sin saber que hacer me puse a aplaudir, no era posible que todos nos quedáramos en silencio, por suerte Fred y George siguieron los aplausos y después el resto del colegio, aunque esto no se sentía un ambiente animado.

—Bueno, Harry, ven por favor —insistió Dumbledore, tratando de sacar a Harry de su shock inicial. —Bueno, ya tenemos a nuestros tres campeones. Estoy seguro de que puedo confiar en que todos ustedes, incluyendo a los alumnos de Durmstrang y Beauxbatons, darán a sus respectivos campeones todo el apoyo que puedan. Al animarlos, todos ustedes contribuyen de forma muy significativa a…

Pero Dumbledore se calló de repente, y fue evidente para todo el mundo por qué se había interrumpido. El fuego del cáliz había vuelto a ponerse de color rojo. Otra vez lanzaba chispas, ¿no se suponían que solo eran tres campeones? Ya fue suficiente lo de Harry y a lo que prontamente se tenía que enfrentar, ¿ahora que iba a pasar? Una larga lengua de fuego se elevó de repente en el aire y arrojó otro trozo de pergamino. Dumbledore alargó la mano y lo cogió. Lo extendió y miró el nombre que había escrito en él. Hubo una larga pausa nuevamente, durante la cual Dumbledore contempló el trozo de pergamino que tenía en las manos, mientras el resto de la sala lo observaba, esto debía ser realmente malo. Finalmente, Dumbledore se aclaró la garganta y leyó en voz alta:

—Hermione Granger. —Mierda.


Buenas tardes, ¿Cómo están? Espero que bien, espero que les haya gustado el capitulo de hoy, ya vimos más interacciones entre Fleur y Hermione, además de la revelación de los campeones, ahora queda esperar la reacción de todos y específicamente de Fleur acerca de las decisiones del cáliz ¿se lo tomara bien?

Nos vemos el jueves, que tengan una buena semana.