FIC
Historias de Albert y Candy
Hechizo del Highlander
Por Mayra Exitosa
En Chicago, ella tenía que ayudar a su hermana, se había casado por fin y por lo que el sanador anunció estaba encina ahora y tenía que guardar reposo, ella era muy voluntariosa, rebelde y se había hallado muy bien con su marido Terrance Grandchester, Carolina era una mujer muy hermosa, no solo por su belleza natural sino por su forma de llamar la atención de sonreír, de atraer a todos los hombres y ahora que estaba casada continuaba haciéndolo, no podía cambiar, siempre había sido así. Mientras que Candy era juguetona, infantil y se dejaba proteger por ella, la había salvado de los hombres que solo deseaban jugar con ella, su hermana se lo había dicho muchas veces, su padre la amaba más que nada en el mundo, ahora que ya tenía diecisiete años y no tenía ningún pretendiente a la vista fue fácil que su padre le dejara cuidar a su hermana, más prefería ir con su padre porque ya era mayor y juntos podían viajar a donde fuera sin tener que estar encerrada en esa mansión enorme dando órdenes a todos el personal, cuando su hermana tenía tantas personas que la atendieran, ahora que su esposo le daban el ducado de su padre, se convertiría en alguien más importante y su hermana sería la duquesa, así que lo mejor era que se recuperara y ella irse con su padre, al final el no tenía a nadie, y si la necesitaba mucho más. La llegada de su cuñado la sorprendía, cuando intentaba darle un beso. - ¡No! ¡Soy Candice! No tu esposa. - Lo siento mucho cuñada, ahora que mi mujer estará en cinta ya no habrá esas equivocaciones ¿no es ese el vestido de mi esposa? - Si, ella me dijo que lo usara - Te mandare comprar del color que te gusta a ti, me comentaste que amas el verde, no el rosa, ser gemelas es una complicación extra. - Me iré pronto con papá, el necesita que lo acompañe. - Lo vi en new York, esta gozando de paseos y… se me hace que pronto tendrás una madrastra cuñada. - ¿lo crees posible? - No es un hombre rico, pero tiene el atractivo impetuoso de Caroline. - ¡Oh si! ellos son así, en ocasiones tenía que cuidarlos de que no se metieran en problemas.
- Nos vemos en la cena, iré a ver a mi mujer. - Dijo el sanador que la cuides mucho. - Por supuesto, solo espero que nuestro hijo se parezca a ti y no a ellos. - Mejor que se parezca a ti, al final mi hermana quiere una hija igual a ella, todavía no le da gusto que no sea más decidida. - No te dejes creer todo lo que te dice, sé tu misma cuñada y… ponte tus vestidos, si no quieres que te sorprenda besándote inesperadamente. - Si, iré a cambiarme.
Terrance se incomodaba, su mujer era caprichosa y voluntariosa, Candy su cuñada no lo era, debió haberse decidido por ella, ahora se lamentaba haber embarazado a Caroline, se pondría aún más necia de lo que era, darle vestidos suyos a su hermana como si los necesitara, humillarla al decir que vestía como monja, y hacer sentir mal a su gemela, era parte de las cosas que más le desagradaban y había descubierto de ella ahora que ya estaba casado.
Candy por su parte, leía un libro, luego meditaba que si se cambiaba de vestuario ocuparía a una doncella de nuevo y todas estaban atendiendo a su hermana, por lo que mejor era pedir la cena en su habitación, al final su cuñado era muy amable al decir porque la había confundido y su hermana caprichosa porque usara un vestido para ver como le quedaba a ella antes de quedar en cinta.
William ya estaba adaptando todo en la nueva mansión de Lakewood en Chicago, ahora los negocios podían ir viento en popa, lo mejor era cuidar de los bienes y asegurar lo que su padre le había pedido. Grandchester estaba casado con una hermana de su novia, la cual no había conocido aun, pero según Johnson estaba seguro de que el nombre de la esposa era Caroline no Candy por lo que ella debía estar soltera aún. Así que iría a buscarla y si no la convencía esta vez, la robaría, pero ya no la dejaría de nuevo. - Hijo, tu sobrino esta en los jardines. - Si, me dijo que desea cultivar unas rosas de mi hermana, déjalo hacer lo que quiera, ya hay personal suficiente para que lo ayude en lo que quiere lograr, me parece un buen entretenimiento. - Mientras no deje sus estudios cuando lleguen sus maestros, aclárale eso, por favor, es a ti a quien más le hace caso. - Bien tía, estaré fuera unos días, Johnson irá conmigo, volveremos para antes del cumpleaños de Anthony. - Muy bien hijo, cuídense mucho, y deja que el personal que contrataste también los acompañe. - Por supuesto.
La llegada de William al ver a Candy en los jardines sentada tomando el sol, lo sorprendía, por lo que la saludaba con tranquilidad. - Buenas tardes, tengo una cita con el señor Grandchester. Caroline giro y sonrió ajustando sus labios, se puso de pie y mostro su pequeño vientre abultado sin decir media palabra, William la vio y se quedaba serio, por la puerta principal salía Candy, junto a varias doncellas. - ¡Albert! Este giraba y se sorprendía, ¡eran gemelas idénticas!
Terrance Grandchester salía de su estudio y veía como su cuñada corría hasta llegar a él, más su esposa gritaba - Candy, ¡no! ese hombre no es bueno. Candy se detenía y mordía su labio inferior, entonces por fin William lo comprendía, nunca hablaron de que eran gemelas, solo una hermana y la había confundido como hoy con Candy. - ¿Cómo estas Candy? - Feliz de verte, mi hermana me dijo que intentaste robártela confundiéndola conmigo. Eso no es correcto Albert. - No hice eso, sabes que mi padre me ahorcaría si le hiciera eso a una dama. - ¿No lo hiciste? - No. Yo nunca osaría hacer eso. La llegada de Caroline, jalando a Candy y alejándola de William era con cierta molestia. - No lo escuches Candy, los hombres siempre mienten, el quería robarme y me confundió contigo. - Pero no lo hizo, y estás casada ahora, eres la señora Grandchester y no debes alterarte, tu bebe requiere que guardes mucho reposo, anda vamos para que te sientes.
Caroline lo miraba con cierta molestia, Terrance llegaba hasta su visita agendada y lo saludaba - ¿Sucede algo, Andrew? - Que no sabía que su esposa era gemela de mi novia, hasta hoy sé porque me hizo una rabieta, cuando Candy nunca hacía esas cosas. - Si, esas formas mimadas son de mi mujer y ahora al estar en cinta es peor. Ignoraba que Candy tuviera un novio. - Fuimos novios hasta que la confundí con su mujer. - Ya veo, pasemos a los negocios, mi estudio estará mejor, acompáñame.
continuará...
Gracias por continuar leyendo y comentando esta historia.
Agradecida por no tomar mis escritos, ni adaptar, utilizar en ningún medio o plataforma alterna,
los personajes son solo como inspiración sin fines de lucro y pertenecen a sus creadores,
sinceramente,
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
