La melodía de Pikachu
Todos los días, cuando los estudiantes se van a casa, se puede escuchar una canción nostálgica y algo melancólica, aunque, muy hermosa al mismo tiempo.
La escuela era bastante mediana en cuanto a tamaño se refiere, era lo bastante grande como para tener a varios estudiantes de diferentes grados, pero no lo suficiente como para tener cosas como una piscina, una cancha o inclusive un patio además de la entrada.
Aunque nadie se quejaba, ¿y por qué hacerlo? siendo que éramos de las pocas escuelas que dejaban que sus alumnos trajeran a sus Pokémon al lugar, de hecho, incluso teníamos un club para entrenadores, el cual siempre después de las clases, iba al parque cercano para entrenar.
Era raro, de cierta manera, ver a entrenadores estudiando, en vez de yendo de viaje, aunque bueno, no todos estaban listos mentalmente, de cierta manera era entendible.
Aunque incluso con todo eso, había otra razón por la cual ningún estudiante se quejaba de cómo era la escuela.
Esa melodía no venía de ninguna persona, sino de un Pokémon algo peculiar, uno que todos veían como un líder de cierta manera, uno que tenía años de experiencia, uno que podría parecer abierto desde lejos, pero que, si lo conocías, sabias que era bastante cerrado y algo frágil.
El Pikachu de las mil gorras, o así es como lo conocían los estudiantes, ya que siempre traía una gorra diferente todos los días, o si prestabas atención, unas 7 que intercambiaba de un día a otro.
No dejaba que nadie se las quitara, si quiera él lo hacía, la verdad es que nadie lo había visto sin ellas puestas, por lo que especulaban si es que tenía algún tipo de secreto oculto que no podían descifrar.
De cierta manera, ese Pikachu se volvió uno de los misterios de la escuela, al punto que muchos lo consideraban la mascota de esta.
Una mascota amable, fuerte y misteriosa.
El horizonte anaranjado empezó a ponerse más y más oscuro, por lo que era hora de partir para los profesores, los cuales solo éramos 4, ninguno realmente fuera de lo normal, pero si muy queridos por los alumnos.
Yo era el más joven e inexperto, por lo que me costaba un poco acostumbrarme a varias cosas, pero aun así hacia mi mejor esfuerzo, ya que no quería decepcionar a los alumnos, mis compañeros, pero más importante, mi maestra, la profesora Sonia.
Sin ella creo que jamás hubiera tenido este trabajo, y le estoy muy agradecido.
-Profesor Gou...- En las puertas del salón, mientras recogía mis cosas para irme a casa, escuché una voz que conocía muy bien y al voltearme pude verla ahí, parada con algo de angustia en su cara.
Ella era una de mis estudiantes, Haruhi.
Siempre traía un vestido blanco que combinaba con su pelo rosa largo, mientras que sus ojos eran de un color azul como el cielo.
La chica no tenía más de 9 años, por lo que estaba en el grado más joven de la escuela.
-Qué sucede Haruhi, ¿no deberías estar en tú casa a esta hora?- Le pregunte mientras metía los últimos papeles importantes en mi maletín, cerrándolo y yendo hasta ella.
-E-Es que... Me preocupa Pikachu...- Me respondió mientras bajaba su cabeza apenada.
-¿Qué le paso?- Me agache para estar a su nivel, presentía que fuera lo que fuera que la preocupo le estaba afectando bastante.
-… É-Él...- No podía hablar, parecía incluso que estaba llorando, hasta que tomo un poco de aire y respondió, -Él está en el árbol... Y no despierta...-.
Eso si me preocupo un poco, así que decidí ir con ella a ver qué estaba pasando, puede que solo estuviera dormido... Aunque... No me sorprendería si de verdad...
Al salir del edificio, fuimos hasta el árbol del patio de la escuela, un lugar donde había varias marcas de estudiantes poniendo sus nombres en corazones junto con los de otros estudiantes, y ahí lo vi, inmóvil, aún con una de sus gorras puesta.
Nos acercamos, yo llamándolo a ver si respondía, aunque no hubo alguna, así que me acerque más, viendo como una pequeña gota salía de sus ojos, mientras respiraba de una manera algo... Calmada, no era como si estuviera agitado, no era simplemente... Como si el estuviera...
-Tranquila solo esta dormido, aunque creo que está teniendo una pesadilla- La respuesta calmó y aterrorizo a la chica, la cual corrió hasta la ratita, pidiéndole que se despertara, cosa que me sobresalto un momento, -Espera, ¡¿Qué haces?! No lo despiertes tan brus...-.
La ratita se sobresaltó, lanzando unas cuantas chispas que apenas esquivamos, mientras que este veía a los lados, soltando alguna que otra lagrima que logro detener después de ver donde estaba, calmándose al vernos y después pedir perdón por las chispas que nos lanzó.
-N-No te preocupes, me alegra que estes bien...- Haruhi dijo, haciendo que Pikachu la mirara algo confundido, -B-Bueno, yo pensé que estabas... Que estabas...- La ratita capto el mensaje, lanzándose a la chica abrazándola, mirándola con una sonrisa para que supiera que él estaba bien, cosa que la chica replico, aunque al hacerlo hizo que la gorra del Pokémon se saliera de su cabeza, mostrándole a uno de los estudiantes por fin, que había debajo de ella, lo cual era... Nada, era simplemente la cabeza normal de la ratita, la cual al darse cuenta de lo que paso, salió bruscamente de los brazos de la chica, saltando a donde cayó la gorra, bastante preocupado de que no le hubiera pasado nada y volviéndosela a poner, preocupando otra vez a la chica.
"Pikapi..."
Ah, ¿cuándo había sido la última vez que escuche que dijera eso?, ese nombre, la manera en que lo dijo... Definitivamente sabia de que era su pesadilla ahora.
-¿Q-Qué paso, profesor?- Me pregunto algo asustada la chica.
-…- Me senté al lado del ratón, sin decir alguna palabra, y le indiqué a Haruhi que también lo hiciera, cosa que hizo algo asustada.
Mire al horizonte, faltaba poco para que fuera de noche, estaba seguro que si seguía con ella aquí sus padres estarían muy furiosos, en especial por dejar que se quedara en el colegio hasta esta hora, pero bueno, le quería decir por lo menos la razón, no quería que pensara que Pikachu en realidad era un psicópata de gorras.
-¿Profesor?- Me pregunto otra vez.
-… Las gorras que Pikachu trae, les... Pertenecen a su entrenador- Por la manera en que lo dije, el mencionado levanto sus orejas, viendo a mi dirección.
-¿En serio? Supongo que por eso les tiene mucho aprecio...- Respondió la chica bastante sorprendida, aunque note que seguía bastante confundida, - Pero si son de sus entrenadores, ¿Dónde está el ahora?- Pregunto viendo al ratón, el cual, bajo otra vez sus orejas, mirando al horizonte.
Esa pregunta, era obvio que la iba a pregunta, pero aun así...
-Él... Él está en un viaje muy largo, y bueno... Era muy peligroso, entonces me encargo que cuidara de su Pikachu...-.
-¡¿En serio?! Increíble, debe de ser un viaje muy peligroso, porque Pikachu es MUY fuerte-.
-Si... Él... Es de los entrenadores más fuerte del mundo- Creo que escogí mal lo que dije, porque eso activo la curiosidad de la chica, la cual me miraba atenta a ver si continuaba lo que estaba diciendo.
No me sorprendía, imagínate conocer a uno de los entrenadores más fuertes del mundo y ser tan cercano como para que te confié su Pikachu... Su mejor amigo...
¡¿Eh, Quien eres tú?!
Eres bastante raro... ¡Me agradas!
Conque tu sueño es atrapar a todos los Pokémon... ¡Pues sé que lo vas a lograr, Gou!
¿Eh? ¿Cuál es mi sueño? Jeje... ¡Yo voy a ser un Maestro Pokémon!
-¿Quién es ese entrenador?- Me hizo otra pregunta, esta vez más difícil de responder.
-… No te puedo decir, porque... Él me lo pidió, pero si puedo decirte que él es un Maestro Pokémon-.
-¿Un Maestro Pokémon? ¿Qué es eso?-.
Ser un Maestro Pokémon va más allá de ser el mejor, ¡Muchísimo más!
-Ser un Maestro Pokémon... Es ir más allá de ser el mejor entrenador, incluso más que eso-.
-¡¿En serio?! ¡Increíble!- Ella paso de estar tímida, a tener mucha energía al hablar, cosa normal en ella, no tenía muchos amigos en la escuela, pero estaba seguro que los que tenía eran definitivamente sus mejores amigos, -¡De verdad me gustaría conocerlo!- Me reí un poco con su respuesta, aunque también intentaba no parecer triste mientras hablaba...
¡No te preocupes, estoy seguro que le agradaras a todos, conocer a nuevos amigos siempre es algo divertido!, además, ¿tu querías ver las formas Alola verdad?
-Estoy seguro de que le caerías bien...- Quería que dejara de preguntar, pero no podía simplemente decirle eso... Podía, pero realmente no quería sonar grosero, además, se veía muy feliz, no quería arruinarle el momento.
-Jeje, me pregunto cómo es-.
-… La persona más pura de todas...- Pikachu miro hacia arriba, mencionando ese nombre otra vez...
"Pikapi..."
Me llamo Satoshi, ¿Y tú como te llamas?
Ah, perdón jamás te dije lo de la liga... Es que nunca preguntaste, jeje... ¿Eh? ¿No estas impresionado?... Ay vamos yo no soy tan bueno... ¡Gracias!
El futuro está en nuestras manos, ¿Verdad?
-… Su sonrisa... Su sonrisa es... La más brillante de todas...-.
Nosotros ya somos amigos, ¿Verdad?
-¿Profesor?- Me volteé otra vez a la chica, la miré unos segundos hasta me di cuenta que... Estaba llorando...
-Ah perdón, creo que me puse sentimental, recordar los viejos tiempos siempre trae recuerdos buenos y malos...- Me levante y fui hasta la ratita, la cual estaba idénticamente igual a mí, así que la agarre y no deje que se vieran sus ojos, no quería que Haruhi se preocupara de más.
El horizonte ya casi estaba completamente oscuro, así que decidí llevar a la chica a su casa, esperando un regaño completamente entendible de los padres...
-¿Puedes contarme más de él mañana?- La peli rosada pregunto.
-… Claro- Le sonreí mientras íbamos hacia mi auto, odiándome por dentro por si quiera responder eso... No quería... No quería volver a recordarlo, por lo menos no así...
Al llegar a mi hogar con un moretón enorme en el ojo, cortesía del padre de Haruhi, recosté a Pikachu en mi cama, para que descansara un momento mientras me iba a poner algo para aliviar el dolor.
Agarre unas cuantas servilletas y las rellene de hielo, para después ponérmelo en el ojo, yendo al espejo del baño para ver en el estado que estaba.
-Creo que mañana a primera hora iré a comprar maquillaje...- Una leche Mumu caliente después y me acosté en la cama, dejando que Pikachu se levantara y se acostara al lado mío, en vez de que el tuviera la cama para sí solo.
… Ah, se me había olvidado el trabajo que tenía que hacer para mañana...
No me podía levantar... Y así... Me quede dormido...
Unos 12 años antes...
Cerca de Pueblo Paleta...
-¡Vamos Gou! ¡Ya estamos cerca!- Lo vi correr delante de mí junto con Pikachu, él jamás se detenía por nada, al menos que fuera comida.
-¡Satoshi espera! Mis piernas se están muriendo aquí...- Casi me caigo del cansancio, aunque logre levantarme rápido y seguir corriendo, viendo como el chico por fin se había detenido desde que habíamos salido del autobús que nos había traído, mientras que la ratita se había puesto en su hombro, admirando al lugar y lo pacifico que era.
-Lo siento Gou, ¡Es que estoy emocionado de verlos a todos otra vez! ¡Además Mamá va a preparar un buffet enorme, y estoy seguro que sabes que ella cocina como nadie!-.
-Lo sé... El pastel de frutas fue lo mejor...- Me imagine comiendo esa delicia otra vez, por lo que no note que Satoshi agarro mi brazo para que empezáramos a correr otra vez hacia el pequeño pueblo de donde él venia.
El saludaba alegremente a la gente, y ellos hacían lo mismo, aunque también se preguntaba porque estaba babeando un poco.
Cuando se detuvo, no tuve tiempo de reaccionar, por lo que me caí de cabeza junto con Satoshi, al yo seguir sosteniendo su mano.
Pikachu si reacciono a tiempo, saltando del hombro del chico, viendo como intentábamos pararnos con dificultad.
Después de unos segundos, la puerta de la casa del azabache se abrió, mostrando a Hanako con una sonrisa, que rápidamente desapareció en preocupación al vernos en el suelo.
-¿Cómo acabaron así?- Dijo mientras nos ayudaba a levantarnos.
-No tengo idea...- Respondió el azabache, yo mientras tanto hice un sonido de dolor, ya que mi cabeza seguía boca abajo en el suelo y no se entendía nada.
Después de entrar al levantarnos y tomar un poco de chocolate caliente, la madre de Satoshi, empezó a hablar.
-Y, ¿Cómo les fue en el camino?- Su sonrisa jamás dejo su rostro, se notaba que estaba feliz de tener a su hijo otra vez en casa.
-Depende, si hablamos del autobús, pues estaba bien, pero cuando nos bajamos y Satoshi empezó a correr como si no hubiera un mañana...-.
-¡Oye! ¡Solo estaba emocionado!-.
-Nos chocamos-.
-Bueno, sí, pero no fue TAN malo...-.
-Mi cara difiere-.
-Tranquilos chicos, al menos ya llegaron, y estoy segura que los demás deberían llegar pronto también- Menciono Hanako.
-Oye es verdad, me impresiona que no hayan llegado aún- Respondió Satoshi.
-¿Normalmente llegan más temprano?- Le pregunte al chico.
-La mayoría del tiempo, si-.
-Bueno, eso les da más tiempo para visitar al profesor, ¿no les parece?- Dijo la peli marrón.
-¡Es verdad! ¡Vamos Gou!- El chico volvió a agarrarme de la mano, haciendo que casi suelte la taza de chocolate.
-¡E-Espera, acabamos de llegar!-.
-¡No importa! ¡Sera rápido tranquilo!- En ese momento lo único que pude pensar fue, "Bueno, al menos vere sus Pokémon...".
Al voltearme vi como Satoshi había dejado una Pokeball, y sabía perfectamente porque lo había hecho, cosa que Hanako noto, abriéndola rápidamente para recibir a Mr. Mime de nuevo en el hogar.
-¿Es necesario que me tomes de la mano?- Le pregunte al salir de la casa, cosa que noto y simplemente sonrió.
-¡Si no lo hago te quedas atrás!- Rio junto con Pikachu.
-Graciosito- Le solté la mano y caminé al lado suyo, aunque no duro, ya que empezó a correr otra vez.
A veces me pregunto si él de verdad es humano...
Y también me pregunto porque demonios le sigo el juego... Estaba seguro que mis pulmones me odiaban.
En la casa del chico, una persona tez morena y gran pelo azulado se acercó a la puerta, tocándola unas 3 veces.
Al abrir la puerta, Hanako sonrió para después invitar a entrar a la chica que había llegado, cosa que ella negó, preguntando por el chico, cosa que no impresionaba a la peli marrón, el día que Satoshi este en casa quieto será el día del apocalipsis.
Hanako le dijo a la chica que Satoshi se encontraba en el laboratorio del Profesor Ohkido, cosa que no sorprendió a la chica, que después de decirle gracias a la mujer, se fue corriendo también a donde nos dirigíamos.
-Muy bien Satoshi, ¡espero que no estes muy cansado para darme la revancha!-…
FIN DEL CAPITULO 1: RECUERDOS
