TREINTA DIAS
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Declaración: Ranma ½ y todos sus personajes, son propiedad de Rumiko Takahashi. Los he tomado prestados para crear una historia de mi propia autoría, sin fines de lucro.
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Capítulo dieciocho. El amor de Ranma. Día veinticuatro.
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Londres ocho de la mañana
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Qué difícil es seguir, cuando en tu corazón hay incertidumbre… mucha incertidumbre. Esa mañana, Akane despertó temprano, igual que todos los anteriores días, pero sintiéndose completamente diferente. Le costó horrores abrir los ojos, tomó un baño, fue una ducha rápida, llevada a cabo por el hábito y la costumbre. Cuando salió del baño, caminó en automático hacia el restaurante, se engulló su desayuno, de hecho, comió más a prisa de lo acostumbrado, y no supo definir si eso, fue algo malo o bueno. Pronto, sus amigas se le unieron en el desayuno, comían animadamente, mientras contaban llenas de entusiasmo, sus últimas aventuras nocturnas con sus ahora novios. De cuando en cuando, soltaban bromas en doble sentido y lanzaban miraditas traviesas hacia la mesa en la que se encontraban Hiroshi y Daisuke. Akane las oía, percibiéndolas como un eco lejano que perturbaba su silencio mental, asentía de vez en cuando, tratando de disimular el desinterés que tenía por la cháchara de sus amigas, ellas, completamente ignorantes del estado de su amiga, seguían y seguían hablando, hasta que fueron súbitamente interrumpidas por el profesor que los llamó a todos para que se reunieran afuera del hotel. Las tres jóvenes, se unieron al resto del grupo, Kuno y Gosunkugi se quedaron hasta el final, haciendo un ridículo intento de guardaespaldas, en su paranoica mente, creían que el "apuesto inglés" podría aparecer e intentar "secuestrar" a su amada Akane.
La visita programada para ese día, estaba por comenzar, y por vez primera, desde su arribo a esa majestuosa ciudad, Akane tenía una sensación asfixiante, dentro de sí, que la estrujaba más y más. Ella le atribuía toda esa ansiedad a que el fin de su aventura londinense estaba muy cerca, y pronto volvería a encontrarse con su prometido; eso, lejos de emocionarla, le aterraba, puesto que estaba decidida a enfrentarlo de una vez, hablarle con toda la franqueza del mundo, aun cuando la verdad fuera dolorosa y le diera de lleno en la cara como una bofetada. Si Ranma le confesaba que, no la amaba como ella lo hacía, se retiraría con su dignidad intacta, no rogaría, se apartaría del camino y entonces él podría quedarse con quien él quisiera. Reconoció entonces que, por ahora, su único medio de desahogo eran los entrenamientos con Ryan. Así que, por primera vez lo único que añoraba era que el paseo escolar terminara pronto, y poder ir al parque con su amigo, entrenar siempre la hacía sentirse segura, y fuerte, podía sentirse ella.
Los rumores volaban… ¡Oh sí! Vaya que lo hacían. Esa era una constante, sin importar en qué sitio se encontrara, sin importar si era Europa, Asia o América; no importaba si era una oficina, la escuela o un hospital. Eso era una constante, los rumores… y en esta ocasión, no era la excepción, sólo que el rumor estaba "incompleto" y eso la hacía rabiar, pues con este nuevo chisme, sus planes de conquista se estaban viniendo abajo.
Jane estaba fúrica, caminaba por los pasillos del recinto estudiantil, golpeando y aventando a cualquiera que se interpusiera en su camino. Desde que llegó a la universidad, fue recibida por un par de chicas con la maliciosa intención de arruinarle el día, y le soltaron la noticia de golpe.
—"¿Ya supiste Jane?"
—"Es el chisme más fresco, todos están comentando de eso"
—"Te ganaron la partida, querida"
—"O debiéramos decir 'al partido'…"
—"Ryan ya tiene pareja"
—"Pero es todo un misterio… nadie sabie quién es"
Akane Tendo… sí ¡esa infeliz asiática! Tenía que ser ella ¿quién más si no? Desde que la conoció, Ryan se veía cautivado, hipnotizado, por esa chica. No hacía nada más que pasar todo el tiempo que le era posible con ella. Claro, era muy obvio, pero si hasta la había invitado a cenar con sus padres. Pero esto no podía quedarse así, debía reunirse de inmediato con ese par de idiotas de Kuno y Gosunkugi, e idear la manera de separarlos y debía hacerlo ya mismo.
—Ya verás Akane Tendo, no sabes con quién te has metido.
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Podría haberlo ayudado un poco más ¡Infiernos que sí podía! O al menos eso era lo que Ranma pensaba; pero no, en el último instante, Nabiki Tendo, había decidido ponerle una prueba más, así que al final, le consiguió el viaje a Londres, una estadía en un pequeño hotel, pero nunca le reveló el sitio en el que Akane y sus compañeros se hospedaban. Claro, no debía ser problema, esto no era nada que el gran Ranma Saotome no pudiera vencer, después de todo, solamente estaba en una de las ciudades más importantes del mundo, con una población de casi 7 millones de habitantes, en donde había tal vez unos trescientos, o quizá quinientos hoteles —sumando los lujosos y los económicos—, nueve parques reales, sin contar el resto, y todo el conjunto ubicado en una ciudad con un área céntrica de 1,583 km² y un área metropolitana total de 8,382 km²… y además, no hablaba el idioma local ¿qué podría salir mal? Si tan solo no hubiera estado tan sumido en su autocompasión y sus celos, tal vez hubiese tenido la delicadeza de preguntarle a Akane en qué parque entrenaba, y si lo hacía en el mismo parque siempre, o alternaba, dependiendo de su humor.
Debía ponerse manos a la obra, así que luego de tomar un taxi y registrarse en el pequeño hotel en el que su cuñada le hizo la reservación, compraría un mapa, y daría inicio a su búsqueda; confiado como era, estaba seguro de que sus habilidades y su capacidad nata de buen estratega jugarían a su favor y podría por fin, reunirse de nuevo con su amada. En su mente todo el proceso se veía muy sencillo, pero no contó con que tardaría media hora en darse a entender para registrarse y poder comprar el mapa. A estas alturas estaba completamente arrepentido de nunca haber prestado atención a las clases de inglés, seguramente Akane no había tenido ni un solo problema para comunicarse, su prometida siempre fue muy aplicada en clase, en especial en clase de inglés.
Casi una hora después, con el cansancio físico encima, por todo el viaje; con el cansancio mental, por todo lo recientemente acontecido; y el cansancio emocional, por todo el mes que estaba teniendo, lleno de ansiedad e incertidumbre; sí, una hora después, salió con dos objetivos claros en mente: encontrar a Akane… y conseguir algo de comida, porque moría de hambre, el menú que le habían dado en el avión, no le había servido ni de aperitivo.
Después de pasar otro embarazoso momento para conseguir comida, porque ingenuamente pensó —al toparse con un restaurante de comida japonesa— que, al ingresar, se toparía con algún compatriota suyo, así que ingresó al negocio hablando japonés con mucha naturalidad, más de lo que le hubiera gustado, y ya estando ahí, notó que varios pares de ojos de color azul y verde lo veían sumamente extrañado… no, no había ni un solo japonés atendiendo el lugar. Su segunda desilusión vino cuando, al probar la ansiada comida, no se acercaba ni por asomo, al sabor de su natal japón, mucho menos al sazón de Kasumi o de su madre. ¡Oh decepción! No llevaba ni un día en ese país, y ya quería regresar, no entendía cómo es que Akane estaba disfrutando tanto de ese viaje.
Con su estómago parcialmente satisfecho, y la tarde encima, pensó en que lo más cuerdo sería comenzar su búsqueda en los parques. Luego de echar un vistazo a su mapa, y a unas guías de turistas que consiguió, descartó por completo buscar en los hoteles, tardaría semanas, quizá meses en recorrerlos todos, y para cuando diera con el hotel en el que Akane estaba, quizá su prometida ya habría regresado Japón y quizá ya sería demasiado tarde, además, no contaba ni con los medios, ni con los recursos, ni con el tiempo para hacer todo eso.
Decidió comenzar en el siguiente orden: Victoria's Park, West Ham Park, Greenwich Park, The Regent's Park, Hyde Park y terminaría en Green Park. Con eso creyó que cubriría los parques céntricos y más conocidos. Después buscaría en los parques que se alejaban del centro de Londres, para terminar con los más pequeños y ubicados en la periferia. Ya con su plan trazado, comenzó su travesía. A diferencia de Ryoga, él era bastante bien orientado, y con su mapa en mano, y sus habilidades de artista marcial, recorrería todos los parques en tiempo récord, seguro de que, para antes de las siete de la noche, ya estaría terminando con el recorrido de su primer día.
Y fue así que, con el corazón lleno de optimismo, y con renovados bríos, emprendió la marcha en busca de su prometida…
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La mañana pasó volando, mucho más rápido de lo que se lo hubiera esperado, y lo agradeció enormemente. Al arribar al hotel, los alumnos se bajaron del autobús y Akane corrió, corrió a prisa hacia el restaurante, comió algo ligero y con bastante prisa, una ensalada sería suficiente —pensó para sus adentros—, y después subió a su cuarto a cambiarse de ropas para en seguida, bajar de nuevo y correr a prisa hacia el parque.
Se le veía ansiosa por llegar a su destino, la fresca brisa le dio de lleno en el rostro y aspiró, tan hondo como le fue posible, el olor a césped y a humedad le encantaba, la hizo recordar los viajes de entrenamiento de Ranma y las contadas veces en las que fue a acompañarlo. Ranma… siempre Ranma, su mente era experta en tenderle esas tretas que terminaban por hacerle pensar en él, y en su lejanía; pensar en él y su indecisión; pensar en él y en su entrometida familia; pensar en él… y en ellas.
A pesar de que su decisión estaba ya tomada, y que cada día que pasaba luchaba por hacer acopio de esa determinación necesaria, para enfrentarlo y lidiar con las consecuencias que esto implicaba, no significaba que no tuviera miedo. Un sentimiento abrumador y por qué no decirlo, también avasallador, se apoderaban de ella, quizá por eso le costaba respirar y se sentía ahogar encerrada en aquel enorme edificio.
Con la urgencia a flor de piel, llegó al parque, le tomó la mitad de tiempo hacer el recorrido, y sin esperar por el arribo de su amigo, comenzó su calentamiento. Inmersa como estaba, concentrada de lleno en sus movimientos, entro en un estado meditativo y se aisló por completo de su entorno, por un momento logró olvidarse de todo lo que le aquejaba, fluyendo con cada uno de sus movimientos, como el agua. Casi una hora después, Ryan llegó, y quedó asombrado por los avances de Akane, hoy se le veía distinta, irradiaba una luz especial, y fue entonces que comprendió las enseñanzas de su maestro, todo se le mostró frente a sí, estaba feliz por su amiga, ya no era la misma Akane que había conocido hacia casi un mes. No quería interrumpir a su amiga, así que empezó a calentar sigilosamente, un par de minutos después, Akane salió de su ensoñamiento y notó la presencia de su amigo, por lo que detuvo de súbito su entrenamiento, y le regaló un saludo afectuoso seguido de un fuerte abrazo.
—¡Ryan! ¿Listo?
—Te veías tan bien entrenando que, no quise interrumpir…
—¿Vendrá Josh? —preguntó Akane con un tono burlón, consiguiendo con esto que su amigo se sonrojara hasta de las orejas.
—Am… sí, él vendrá, pero llegará más tarde.
—¿Entonces lo hiciste? ¿lograste contarle todo? —Ryan sonrió como un niño ilusionado para después asentir.
—Eso y más… —Akane saltó apenas pudiendo contener su alegría, de verdad le daba gusto que las cosas le estuvieran saliendo bien a su amigo.
—¿Entrenamos? Al final me tienes que contar todo, no creas que te dejaré ir así. —Ryan asintió e hizo unos ejercicios rápidos de calentamiento y se colocó en pose de batalla.
—¿Lista?
—Prepárate, no me voy a contener…
—No esperaba menos de ti…
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Berlín, Alemania. Siete y media de la tarde.
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La sala de espera estaba a tope, la inesperada tormenta que había azotado a la capital del país, tenía a el aeropuerto de Brandenburg, sumergido en un caos total. Decenas de vuelos cancelados, otros tanto con retraso, y toda la gente ahí congregada, sumida en la incertidumbre, al no saber con certeza qué sería de su vuelo. Y ahí, en medio de todo ese caos, sentadas en un rincón, estaban un par de jovencitas con el rostro desencajado, sus harapientas ropas atestiguaban el gran trayecto que habían recorrido; sus ojos ya no tenían ese brillo que siempre las había caracterizado, estaban opacos y vacíos; el estómago de Kodachi gruñía sin parar, como un cruel recordatorio de que tenían más de veinticuatro horas sin comer, su voz chillona no emitía más que quejas y lloriqueos; Shampoo se veía al punto del hartazgo su rostro tenía marcas de lágrimas secas, le dio un codazo a Kodachi en el estómago, esperando que con esto ella dejara de lloriquear, tenía que idear algo, y debía hacerlo rápido, a estas alturas era seguro que Ranma ya se encontrara en Londres, y el encuentro entre él y Akane parecía algo ya inminente. Tarde fue cuando se dieron cuenta de que, habían abordado el avión equivocado, y que el joven Saotome no se encontraba en él, ya no había más que hacer, sólo esperar pacientemente hasta que la tormenta pasara y tratar de conseguir otro vuelo con rumbo a Londres, si es que para ese momento no era ya demasiado tarde.
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Londres, seis y treinta de la tarde
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La pomposa rubia caminaba, abriéndose paso entre el tumulto de la abarrotada calle. Oxford Street, estaba a reventar, claro ¿cómo no iba a estarlo? Si las ofertas habían empezado ya. Los transeúntes iban y venían, en una lucha constante entre ellos por adquirir la mayor cantidad de artículos a los mejores precios, algunos incluso a precios ridículamente bajos. Jane suspiró y puso los ojos en blanco, como todo estereotipo de la clase alta, encerrada en su burbuja, no comprendía la "tonta necesidad" de la gente, por comprar en temporada de ofertas, cuando podrían comprar en cualquier otro momento del año; ella siempre odiaba pasar por la famosa avenida en esa temporada del año, el resultado final era el mismo: calles y tiendas abarrotadas e imposibilidad para caminar. Aunque en esta ocasión, debía de reconocer para sus adentros que, lo que la había puesto de un humor de los mil diablos, no era la multitud en la avenida, si no el rumor que temprano escuchó de que ya le habían "comido el mandado". Tan pronto le fue posible, se comunicó al hotel donde sabía, se hospedaban los alumnos del Furinkan y les dejó un mensaje a Kuno y Gosunkugi, era imperativo que se reunieran tan pronto les fuera posible, y urdieran ya una estrategia para separar a Ryan y Akane; lo que no sabía, era que Akane no estaba con Ryan, al menos no, en la manera en que ella pensaba.
Luego de unas cuantas cuadras más y largos minutos de espera, tuvo lugar el ansiado encuentro. Jane con el carácter explosivo e infantil que la caracterizaba, no aportaba nada, estaba ahí parada en medio de la calle haciendo una de sus acostumbradas rabietas, no podía creer que la situación se les estaba yendo de las manos; Kuno, por su parte, no paraba de decir que pensaba retar a duelo —de nuevo— a Ryan y que estaba muy seguro de que lo vencería, pues nadie se igualaba a él en fuerza y destreza en combate; Gosunkugi, rodaba los ojos exasperado, no sabía qué hacer ni cómo reaccionar ante la noticia revelada por Jane, por un lado quiso hablar por teléfono a Nerima y hacerle saber a Saotome, la gravedad de la situación, pero al tiempo reconoció para sí que, eso en nada podría ayudarle, sólo cambiaría un rival nuevo por un rival viejo; por otro lado, el escuálido intento de hechicero consideró hacer uso de sus viejas artimañas, y lanzar un hechizo sobre el joven inglés o quizá sobre Akane… pero estando tan lejos de su natal Japón, le sería imposible conseguir lo necesario para hacer un hechizo o preparar alguna pócima que sirviera a su cometido. Bufó completamente desesperanzado, no había más qué hacer y, en honor a la verdad, el par de histéricos que tenía como acompañantes, no lo hacían nada fácil. Finalmente, y luego de ver que la el intento de conversación de Kuno y Jane, no llevaba a ningún lado, Gosunkugi optó por retirarse de ahí, de manera silenciosa, no quería ser el objeto de deshago de la ira de Kuno; una vez que se sintió tranquilo y a una distancia considerable, pensó para sus adentros en que lo mejor sería buscar a Akane por su cuenta, e hizo memoria de aquella vez en que la acompañó al parque a entrenar, por lo que haciendo uso de su sentido común, pensó que ese lugar sería el perfecto sitio para iniciar su búsqueda. Tomó un taxi con rumbo a Green Park, hizo memoria de la ocasión en la que acompañó a Akane durante su entrenamiento, así que su sentido común le dictó que, si se apresuraba, quizá había la posibilidad de que pudiera alcanzarla ahí, llegado ya a ese punto, idearía una estrategia para traer la atención de la joven peliazul y alejarla del detestable inglés.
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Ranma estaba exhausto, eran casi las siete de la tarde y aún no sabía nada de su prometida. Su cansancio era, por mucho, más mental que físico, era por de más conocido que, la paciencia no era una de sus virtudes. Había terminado de recorrer Hyde Park y ahora transitaba con cierta parsimonia en su andar, por la avenida Park Lane con rumbo a su último destino: Green Park. Debía reconocer para sí mismo que, estaba un tanto desanimado, pero se había prometido que no se detendría ante nada hasta dar con Akane, no iba a dar su brazo a torcer, lo tenía claro, a estas alturas del partido no permitiría que todo lo sufrido fuera en vano.
Estaba sorprendido con todo lo que veía durante su trayecto, la arquitectura, la peculiaridad de los enormes edificios y las casa estilo victoriano; los paseantes que, gratamente descubrió, eran en buena medida, extranjeros; lo agradable del clima, ni mucho calor ni mucho frío, una deliciosa tarde veraniega, cálida y con un toque fresco por la brisa que corría meciendo a los frondosos árboles; una parte de él, muy muy en el fondo, comenzaba a entender el porqué de la fascinación de Akane por ese lugar, pero sin embargo, a pesar de lo grato que le estaba resultando la ciudad, le era inevitable sentir un poco de rencor hacia Londres y todo lo que representaba, pues aún veía a esa ciudad —y a cierto habitante de ella— como su principal rival a vencer.
Después de caminar durante más tiempo del que hubiera querido, dio por fin con su destino, al ser consciente de que se encontraba ya en Green Park, con renovados bríos, comenzó a correr a través del enorme espacio abierto prestando especial atención a todas las parejas que, alegremente, habían optado por pasar la tarde ahí, pero puso especial énfasis en las jóvenes de oscuros cabellos, buscando en todas ellas al familiar rostro de su amada prometida. Cansado ya y al borde del hastío, no había tomado una forma ordenada para realizar la búsqueda, no lo había pensado en frío, simplemente había recorrido de un sitio a otro todo el lugar y a punto estuvo ya de rendirse, hasta que por fin encontró un pequeño espacio, en medio de esa inmensidad que, estaba ligeramente desprovisto de árboles, rodeado de pequeños arbustos y que ofrecía el perfecto terreno llano necesario para poder entrenar bien. Fue entonces que la vió, por un momento creyó que era una visión y que, su mente le estaba jugando una mala pasada, sus ansias por encontrarla eran tales que, quizá podría haber caído en la locura, alucinando al objeto de su aprecio y perdiendo así, lo poco que le quedaba de cordura. Quedó pasmado, en estado catatónico, observando uno a uno los detalles de aquella hermosa y poderosa joven ¿de verdad era su querida Akane? La chica peliazul, no llevaba puesto su gi de entrenamiento, en lugar de eso, traía ropa deportiva y una banda elástica coronando cabeza lo que impedía que el cabello cubriera sus ojos y la distrajera en medio del combate. El joven Saotome quedó inmediatamente hipnotizado por la imagen que se le estaba revelando, nunca imaginó que en un mes, las habilidades en combate de su prometida, hubiesen aumentado hasta esos niveles, la curiosidad le pudo mucho, así que hizo lo más coherente que a su parecer, debía hacer —algo que por supuesto, sólo parecería coherente a Ranma Saotome— se escondió en un arbusto y espió a su prometida, quería asegurarse de conocer su progreso, pero sobre todo, quería "ver" por sí mismo, qué tipo de relación llevaba con su oponente y compañero de entrenamiento. No necesitó mucho para notar que, ese era el "apuesto inglés" con el que su prometida se había relacionado.
Estudió al joven ojiverde, debía reconocer para sí mismo que, era bueno en el arte, y eso le dio en el orgullo, de verdad se sintió dolido, ansiaba por probar fuerza y habilidad con él, estaba deseando combatir con él y darle su merecido, seguro estaba de que podría vencerlo fácilmente… o al menos eso esperaba. El estilo de pelea de Ryan era bastante peculiar, había reconocido algunos movimientos de su propia escuela de combate, y notó cómo eran perfectamente combinados con movimientos de un estilo totalmente desconocido para él. El joven era fuerte, de eso no había duda, y Ranma no tardó en percatarse de que, el chico estaba conteniéndose con Akane, muy seguramente se encontraba muy por encima del nivel de combate su prometida, aún a pesar del claro avance de Akane.
Ranma continuó en su escondite, analizando cada movimiento de ambos, con una lucha interna y sentimientos encontrados, porque si bien, por un lado, se sentía feliz de la mejoría en la técnica de pelea de Akane, odiaba el hecho de que eso ocurrió, pero no gracias a él. Respiró profundo, su paciencia estaba escapando de él, como agua deslizándose de sus manos y entre sus dedos, quería analizar un poco más a su oponente, antes de enfrentarle cara a cara, pero no estaba seguro de poderse contener por mucho tiempo. Hacia mucho que no veía ese brillo especial en los ojos de Akane y eso le dolió muy hondo, pero este no era momento de lamentaciones, debía hacer lo posible por no perder a su prometida.
Akane y Ryan entrenaban enérgicamente, el joven británico estaba realmente impresionado por el notorio avance que la joven Tendo había tenido desde que empezaron a entrenar juntos. Ryan se contenía al momento de lanzar sus ataques, sin embargo, Akane había adquirido una habilidad increíble y esquivaba todos los golpes sin mucho esfuerzo. Ambos estaban tan inmersos en su entrenamiento, que nunca se dieron cuenta de los ojos azules que los observaban denotando una creciente furia. Akane dio una patada alta dirigida hacia el torso del joven, buscando las costillas de éste, Ryan alcanzó a leer el movimiento y lo bloqueó con el dorso de sus brazos, después tomó el pie de la peli azul, tiró con fuerza de él y la hizo caer de espaldas sobre el pasto, se colocó sobre la chica, sentado a horcajadas sobre ella y le lanzó un certero puñetazo que iba directo a la nariz de Akane, pero detuvo el puño justo a tiempo, a unos pocos centímetros de la joven y no la golpeó. Akane lo miró exaltada, al final de cuentas Ryan la seguía superando, pero después cambió su expresión y una franca sonrisa apareció en el rostro de la joven Tendo.
—¡Ryan! Ja, ja, ja, ja. Me volviste a vencer.
—Sí hermosa, pero esta vez me ha costado más trabajo. ¡Has mejorado bastante!
—Me has ayudado mucho. —Ryan se levantó y le tendió su mano a Akane para ayudarla a incorporarse, cuando ambos ya estaban de pie, se miraron directamente a los ojos y Akane le dedicó una dulce sonrisa al joven inglés. Eso fue el acabose, Ranma no fue capaz de controlar su ira por más tiempo, estaba realmente cabreado, salió de su escondite y le gritó con todas sus fuerzas al hombre que osaba acercársele a su prometida y tocarla con tanta familiaridad.
—¡Aleja tus repugnantes manos de mi prometida! —Ryan y Akane giraron su rostro y lo dirigieron a la fuente de los gritos.
Akane había reconocido esa voz de inmediato, pero por algún motivo pensó que estaba alucinando, después de todo ¿qué tenía que estar haciendo su prometido en Londres? Cuando lo vio palideció al instante, sus piernas temblaron descontroladamente y se quedaron sin fuerzas cayendo de rodillas sobre el césped, su corazón se desbocó, la chica tragó en seco y se quedó sin habla, su mente se nubló por completo y segundos después sus labios sólo pudieron articular una palabra…
—¡Ra-Ranma! —Ryan ayudó a Akane a ponerse en pie de nuevo, y miró con gran sorpresa a su amiga, al tiempo que giraba su rostro y volvía a posar sus ojos en el chico de la trenza azabache.
—¿Qué dijiste Akane? ¿Ranma? ¿ese joven es tu prometido?
—¡Sí! Pe-pero no entiendo ¿él aquí? ¿en Londres?
—Te lo diré sólo una vez más… ¡Aléjate de mí prometida! Si no lo haces en este instante ¡Te arrepentirás!
—Akane, no le entiendo ¿qué está diciendo? Se ve bastante furioso. —Una gruesa gota de sudor resbaló por la sien de la joven Tendo, al parecer Ranma había olvidado que estaban en Londres y que era muy poco probable que Ryan hablara japonés.
—Ranma dice que quiere que te alejes de mí o de lo contrario lo lamentarás.
—Vaya, con que es eso ¿eh?... pues luce bastante enojado, creo que… tiene ganas de un enfrentamiento ¿no lo crees? —dijo Ryan al tiempo que comenzó a hacer de nuevo su rutina de entrenamiento. Akane palideció aún más, sus ojos se abrieron como platos y su rostro reflejó un creciente pánico. ¿Acaso Ryan había perdido la razón? ¿le estaba insinuando que quería pelear en combate con Ranma? Akane no podía permitir eso, debía hacer algo y hacerlo rápido, esta locura tenía que detenerse, aunque parecía que los directamente involucrados estaban muy lejos de querer poner freno a la situación que se estaba desatando.
—Ryan… por favor, no-no cometas una tontería… míralo, se le ve fúrico, si te enfrentas a él en ese estado, seguramente no tendrá piedad. Lo conozco, no se va a contener. —Ryan cambió algo en su mirar, hubo un brillo especial que hacía mucho no reflejaba, se entusiasmó ante la idea de pelear con alguien de semejante nivel.
—Díselo… dile que estoy dispuesto a pelear con él.
—Pe-pero…
—Hazlo por mí, hermosa… hace mucho que deseo pelear con alguien como él, además, mi sensei dice que siempre es bueno buscar superarse a uno mismo, y qué mejor forma de hacerlo que enfrentar a alguien más fuerte que yo. —Akane tragó duro y giró su vista hacia su prometido, no había más palabras por decir, Ranma estaba ya en posición de ataque y Ryan de inmediato entendió la indirecta. El joven inglés avanzó un par de pasos y le pidió a Akane retrocediera un poco, con un pequeño ademán que hizo con la mano, luego de esto, adoptó una pose defensiva, seguro estaba de que Ranma iniciaría el ataque. Un par de minutos después, ambos jóvenes se encontraban girando sobre un eje central, imaginario, podía verse en sus ojos que, se analizaban el uno al otro, Ranma iniciaría el ataque, tenía plena certeza de ello, llevaba muchos días a la espera de este momento y por Kami que le haría pagar por todo su sufrimiento. En ese momento una cuarta persona se les agregó, y tomó lugar justo al lado de Akane.
—Akane, linda ¿qué es lo que está pasando? —la peliazul giró su rostro, asustada en un inicio, pues no se esperaba la presencia de aquel joven, pero aliviada posterior a ello, soltando un tremendo suspiro.
—¡Josh! No sabes el gusto que me da que por fin hayas llegado… míralos, van a tener un combate… —Josh puso los ojos en blanco y soltó un sonoro suspiro, después cruzó los brazos mostrando un gesto indiferente.
—¡Ay! pero mira si hay que ser ridículos… ¿y se puede saber quién es ese hombre con el que pelea Ryan?
—Ese es Ranma…
—Ranma… ¿¡Tú Ranma!? Vaya, vaya… ahora veo porque te trae de un ala… el tipo es un adonis. Tengo que decirte Akane, tienes muy buenos gustos.
—¡Josh! Este no es momento para andar diciendo esas cosas. ¿Qué no ves que le puede poner una paliza a Ryan? ¡Haz algo!
—Akane, creo que estás subestimando a Ryan, confía en mí, lo conozco. Además, he visto esa mirada en sus ojos, tiene un reto frente a sí, no se va a detener… déjalo pelear, estoy seguro de que le hará bien.
Akane devolvió la mirada hacia el par de contrincantes, no tardaron ni un segundo más, cuando el combate dio inicio. Ranma atacaba despiadadamente, no dudó ni por un segundo en utilizar su famosa técnica de las castañas calientes, buscando con ello desestabilizar a su rival, pero no contaba con la velocidad y agilidad de Ryan, quien pudo esquivar, no sin algo de dificultad, los temibles golpes. Ranma estaba trastornado, no pensaba claramente, había sido mucho el dolor y la desesperanza por la lejanía de Akane; al no tener un claro avance, optó por un ataque desde lo alto, él sabía que el combate aéreo era su fuerte, y no dudó en utilizar esa ventaja, atrajo a Ryan al árbol más cercano y lo utilizó como trampolín, para de ahí elevarse y realizar un ataque directo en contra del joven inglés, conectó una certera patada, que dio de lleno en la región pectoral de Ryan, lo que lo lanzó a varios metros de su posición original y lo hizo caer de espaldas sobre el césped. Ryan se dolió por el golpe recibido, pero se incorporó de inmediato dando un salto, haciéndolo en el momento justo, para esquivar un segundo ataque de Ranma, quien no había dudado en continuar con su ataque, aprovechando la pequeña ventaja que aquel certero golpe, le había otorgado.
Ambos jóvenes, se sorprendieron, pues su contrincante actuaba de manera inesperada, pero parecía sólo incentivarlos a seguir combatiendo y con más aínco, uno atacaba y el otro evadía, entonces los papeles se invertían, un pequeño hueco, un ligero descuido era aprovechado por el contrincante para tomar ventaja. Akane y Josh miraban el combate atentos, esto parecía no tener fin. Ranma era mejor peleador, Akane no tenía duda, pero estaba segura de que en estos momentos él se encontraba fuera de sí, estaba siendo demasiado visceral, no estaba peleando como lo solía hacer siempre, y eso le servía de ventaja a Ryan.
Los chicos se tomaron un respiro, sudorosos y agitados, estaban analizando la situación, planeando su estrategia a seguir. No muy lejos de ahí, Gosunkugi alcanzó a escuchar el alboroto, por lo que decidió acercarse y ver de qué se trataba todo. Cuando llegó al lugar, su rostro palideció aún más de lo habitual —si es que eso fuera posible—, ¿acaso sus ojos lo engañaban? ¿Ese era Ranma Saotome? Un mareo se apoderó de él, y se sintió desfallecer, ya no había más qué hacer, su única oportunidad para conquistar a Akane —la cual, dicho sea de paso, era inexistente— se había ido directamente por el desagüe, comenzó a sudar frío y de un momento a otro, perdió el conocimiento.
El combate continuaba, ninguno de los dos cedía, Ryan había encontrado en esto, algo vigorizante, sorprendido como estaba de que, además la pintura, esto también lo estaba haciendo sentir vivo, se negaba a rendirse. Akane analizaba la situación, buscando encontrar una manera para detener esta locura, pero su mente estaba bloqueada, nada, ni una idea, sólo podía observar. Luego de otro intenso momento de pelea, a ambos se les veía agotados, se detuvieron para darse un respiro, esta vez los lugares estaban invertidos, Ranma había quedado al alcance de su prometida, Akane pensó que esta podría ser la oportunidad que había estado esperando, tal vez podría acercarse a Ranma y hacerle entrar en razón, pero como todo lo que ocurría en su caótica vida, el destino parecía tener otros planes. Ranma había decidido dejarse de "niñerías" y dar por terminado el combate, atacaría con su mejor técnica, si necesitaba echar mano del ataque del "gato" lo haría, lo que fuera con tal de vencer al pomposo inglés, y justo cuando estaba por reiniciar el contraataque, sucedió lo peor… El cielo se tornó en un oscuro tono gris, el viento comenzó a soplar y fue entonces que, súbitamente se desató un diluvio, en ese momento Ranma entró en pánico, la lucha lo había llevado hasta un pequeño claro, había sido demasiado tarde, para el momento en el que quiso reaccionar, ya estaba totalmente empapado y su transformación se había llevado a cabo, revelando frente a los presentes a una furiosa y bella pelirroja de ojos azules.
Akane quedó helada, había olvidado por completo que "esto" podía pasar, y entonces lo entendió, el combate había terminado, pero no de la manera que a ella le hubiese gustado, y observó la escena, incapaz de hacer algo o de mover un solo músculo.
—Akane… pero ¿qué?... ¿Qué le pasó a Ranma? —preguntó Josh, la expresión en su rostro revelaba una tremenda confusión.
—Josh, te lo explicaré luego ¿sí? —el joven asintió— Pobre Ranma, tenía que llover justamente en este momento…
Ryan quedó petrificado ante la escena que sus ojos presenciaron, Ranma por su parte, se dejó caer de rodillas sobre el césped, frustrado e iracundo. Golpeó el pasto con sus puños una y otra vez hasta hartarse y, mientras Ryan veía la escena confundido sobremanera, Akane observaba a su prometido con amor y compasión. "¡Maldita sea, lo que me faltaba! Tenía que llover justo ahorita… ¡Odio a este maldito país! ¡Odio mi maldición!... y lo odio a él." Akane se aproximó con cautela a Ranma y tocó su hombro tratando de darle consuelo.
—Ranma… ¿Ranma estás…?
—¡Suéltame! ¡No me toques!
—Pero Ranma…
—¡Aléjate de mí! Tenías que hacerlo ¿no es así?
—¿Qué? ¿De qué hablas? ¿Hacer qué?
—Ser Tú… Ser Tú y conquistar a otro hombre más…
—Pero qué… ¿de qué diablos hablas?
—¡De Él! —dijo Ranma al tiempo que señalaba a Ryan —Hablo de ese rubio pomposo que seguramente está enamorado de ti, igual que todos los demás.
—Ranma no entiendes…
—¡Tienes mucha razón! —le dijo con ironía —No entiendo cómo pretendí venir aquí y… mírame, Akane ¡Mírame! Él es un hombre completo, no es como yo… Él es…
—Ranma, Él es GAY…
—¡¿Qué has dicho?!
—Ryan es gay, y está enamorado de ese joven de ahí —dijo Akane al tiempo que apuntaba con el dedo a Josh —Ryan no me ama…
Ranma alzó la mirada y contempló a su prometida, ella seguía ahí, junto a él bajo la lluvia y le regaló una de esas sonrisas, esas que sólo se las dedicaba a él.
—Bueno, supongo que nuestro combate terminó. —Ryan se acercó a la joven pareja y le tendió la mano a Ranma, en señal de tregua, Ranma aceptó y estrechó la mano amiga que le fue ofrecida. —Akane… búscame mañana aquí en el parque, a la misma hora de siempre… y dile a tu prometido que venga contigo, estoy seguro de que… le convendrá venir. —y dicho esto se marchó, caminó hacia donde estaba Josh, quien lo esperaba con sombrilla en mano y aún confundido. Ranma y Akane observaron a la pareja marcharse, el joven estaba igual de confundido que Josh, no comprendió nada de lo que Ryan le había dicho a Akane, pero sospechó que no resultaría tan malo.
—Vámonos Ranma, necesitas ducharte antes de que te resfríes… yo necesito ducharme antes de que me resfríe. Ven mi hotel queda muy cerca de aquí. —Caminaron en silencio durante todo el trayecto, la mente de Ranma estaba en blanco, esto no se acercaba a lo que él había visualizado como su reencuentro con Akane. Quería hablarle, de verdad lo deseaba, pero no sabía por dónde empezar, no quería que su enorme boca complicara las cosas y arruinar todo. Akane sentía que su corazón se saldría de su pecho, no imaginó ni en un millón de años que, Ranma viajara desde Japón hasta Londres. Llegaron al hotel y de inmediato se dirigieron a la habitación de Akane. Al ingresar, la joven gratamente se dio cuenta de que, sus amigas no estaban, le prestó a Ranma una toalla y se encerró en el baño para darse una rápida ducha, luego fue el turno de Ranma, y al final, ya secos y cómodos, se quedaron solos, en la habitación, en una de las situaciones más incómodas en las que hubiesen estado juntos. La tensión en el ambiente era palpable, ni uno se atrevía a ver al otro a los ojos. Akane se sentía al borde de un colapso nervioso, quería hablar las cosas con Ranma, confrontarlo de una vez por todas, pero el miedo la doblegaba, mermando por completo su voluntad. Ranma por su parte, no estaba en mejores condiciones, sin embargo, decidió que debía dar el paso ya, o todo lo que había padecido para llegar a ese punto, habría sido en vano.
—¿Y bien?...
—¿Qué?
—¿Me vas a explicar de una vez qué hacía ese imbécil tan cerca de ti? —Akane puso los ojos en blanco y soltó un sonoro suspiro ¿pues qué acaso su prometido no había escuchado nada de lo que le había dicho?
—En primer lugar, no es un imbécil. En segundo lugar, no estaba "cerca de mí", estábamos entrenando. Y, en tercer lugar, no entiendo porque te pones así…
—¿Cómo que "por qué"? ¿Crees que no vi cómo te miraba?
—Sí serás idiota… ¿Qué no escuchaste cuando te dije que es GAY?
—¡Eso a mí no me consta…!
—¡Pues a mí sí! Además, no entiendo por qué te pones así… a ti qué más te hubiera dado si él se hubiera fijado en mí ¿¡Eh!? Al menos él es atento y amable, no un bocón idiota que no se da cuenta de nada…
—¿A quién le dices bocón idiota?
—¿A quién crees?
—Eres una cabeza dura ¿Pues qué no entiendes lo que está pasando?
—Tú eres el cabezota… ¿Qué se supone que debo entender si nunca hablas claro?
—Me estás diciendo que, aunque estoy aquí en esta maldita ciudad, parado frente a ti ¿No entiendes lo que está pasando? ¡¿En serio no entiendes nada?!
—¡No! No entiendo nada…
—¡¿No entiendes?!
—Te dije que ¡No!
—¡Sí serás boba!...
—¿Yo? ¡Eres tú el que no me dice las cosas como son!
—¡Ah! Ahora resulta que yo soy el del problema
—¡Sí!
—¿Quieres que te diga las cosas como son?
—¡Sería bueno que por una vez en la vida lo hicieras!
—¡¿A qué viene ese comentario?!
—Lo que oíste… ¡eres un cobarde! Y nunca te vas a decidir a hablar y decir las cosas como son
—Akane te lo advierto ¡no me provoques! ¡porque no respondo!
—Ya he escuchado eso antes… ¿crees que te creo? ¡Cobarde!
Ranma la miró incrédulo, acaso ¿lo estaba retando? En la vida hay momentos cruciales en las que uno debe tomar una decisión y lanzarse sin dudar y saber que ya no habrá marcha atrás, de lo contrario no volverá a presentarse la oportunidad y eso podría costar la felicidad de toda una vida… y Ranma estaba justo en uno de esos momentos… además, dicho sea de paso, Ranma Saotome nunca se negaba ante un reto.
—¡Tú lo pediste! —Se acercó a la chica, la tomó de los hombros y la besó, fue un beso cargado de emoción en el que plasmó todo su sentir, la angustia que pasó al haber estado lejos de su prometida por tanto tiempo; la furia al creer que otro hombre se la quería arrebatar; el deseo que sentía por ella, por sus labios, por hacerla su mujer. Akane se desconcertó, pero respondió al beso, sintió que en cualquier momento sus piernas perderían fuerza y caería, pero el joven la tomó fuertemente por la cintura y no la dejó caer. Cuando se separaron Akane lanzó un sonoro suspiro y Ranma la miró con devoción, con anhelo, con ferviente deseo… la miró con amor.
—Te amo Akane, desde siempre, desde la primera vez que te ví sonreír, desde que te ví con tu gi y te vi entrenar, desde que vi tu fortaleza; te amé siempre y no sabes cuánto sufrí cuando te tuve en mis brazos y te creí muerta... ni cuánto he sufrido todos estos días sin tí… Te amo… y esta vez no me pienso retractar.
—Ranma…
—Déjame terminar… o no tendré el valor de decirte todo lo que quiero que sepas. Siempre has sido tú, la única para mí, siempre tú. Shampoo, Ukyo y la loca de Kodachi, ninguna significó nada, nunca… Yo… tienes razón, fui un cobarde, tenía miedo de decirte lo que sentía por ti y que tú no sintieras lo mismo que yo…
—Ranma yo… también tenía miedo, tú no parecías decidirte y luego… todas las cosas que me decías…
—Fui un tonto… no sabía como hacer que me notaras… pero ya no más…
—Te amo Ranma —Ranma soltó un suspiro y se relajó, por fin había escuchado lo que tanto tiempo anheló.
—Y yo a ti, marimacho…
Ambos se miraron, las palabras quedaron ya de más, ya en ese punto, fueron capaces de decirse todo con la profunda mirada que se dedicaban, y entonces Ranma se aventuró, dio un paso adelante y tomó la mano de Akane, regalándole tiernas caricias a la nívea piel, la joven sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo, sin siquiera planearlo fueron acortando la distancia que los separaba, los metros entre ellos se volvieron inexistentes, entonces Ranma, tomó el mentón de Akane con la mano que tenía libre y se inclinó, regalándole de nuevo un beso a su prometida, beso que ella respondió gustosa; los labios de Akane eran dulces y suaves al tacto, el delicioso aroma de la joven inundó las fosas nasales de Ranma, y esa cercanía le permitió a él impregnarse de ese embriagador olor. El chico tomó a Akane por la cintura, y la acercó más a su cuerpo, Akane rodeó el cuello de Ranma con sus brazos, y ambos se entregaron de lleno al momento. La situación comenzaba a escapar de su control, pero ninguno de los dos parecía querer cortar con el momento. De repente, fueron súbitamente interrumpidos por las amigas de Akane, que abrieron la puerta sin anunciarse, creyendo que su amiga seguiría con Ryan en el parque.
—¡Akane!
—¡Ranma!
De inmediato brincaron cual resorte, lejos el uno del otro, sus rostros estaban rojos como tomates maduros, no había nada más qué hacer, habían sido descubiertos. Las chicas corrieron hacia ellos y se unieron en un gran abrazo grupal, Yuka y Sayuri estaban felices de que por fin las cosas entre sus amigos salieran bien.
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N/A:
¡Hola a todos! Vaya que pasó tiempo desde mi última actualización y pido mil disculpas. Créanme cuando les digo que, las responsabilidades de la vida adulta, a veces me impiden escribir tanto como yo quisiera, pero siempre lo hago en mis cortos períodos de descanso, hasta completar otro capitulo más. Como les he comentado en capítulos anteriores, sigo manteniendo mi compromiso con ustedes de terminar esta historia.
Ya vamos sobre la recta final, el encuentro entre Ranma y Akane por fin se dio y fue tan tierno. Aún faltan un par de cabos por atar, y algunos ciclos por cerrar, pero a esta historia, ya sólo le resta un capítulo más, y quizá un epílogo, todo dependerá de la extensión del siguiente capítulo.
Como siempre, agradezco el apoyo que le han brindado a esta historia, y todos sus maravillosos reviews, me hacen sentir sumamente halagada con sus comentarios. Les mando un fuerte abrazo a todos, y nos veremos en la próxima entrega.
¡Hasta Pronto!
