Esta historia empieza muchos años atrás cuando la pequeña Penny tenía 6 años. Vainilla, Cup y William tenían 5 años, Doppio, Lungo, Americano y Mugman 8 años, Café 19 años y Latte, 17 años.

Ese día fue uno de los más tristes que los más pequeños pueden recordar, el día que la dulce, bondadosa y amable madre de Penny falleció después de una larga enfermedad.

Ese día llovía, el cielo estaba cubierto con nubes negras, ninguno se atrevió a decir algo o moverse, ni si quiera los más revoltosos como eran Cuphead o Lungo, sus padres (los que tenían, ya que en el caso de los de De Olla, no tenían padres) y el señor Kettler por su puesto también estaban allí, al ser amigos de la difunta mujer y su marido.

Lungo vio de lejos a la pequeña Penny se aferraba fuertemente a la mano de su padre mientras miraba la tumba de su madre, conteniéndose por no llorar, ya desde muy joven Penny había demostrado ser muy dura, al igual que madura e inteligente para una niña de su edad.

La ceremonia acabo rápido y todos volvieron a la casa de los Pinzell, los adultos fueron al salón, las señoras Cream y The Lait, prepararon té y Café, junto algunos dulces que sirvieron y le entregaron una taza al viudo, este solo les sonrió en agradecimiento aunque su mirada seguía perdida.

Por otro lado, en el patio estaban los niños, la lluvia había parado pero parte del césped estaba aún mojado, por lo que fueron a sentarse debajo del porche que era el único lugar seco.

Latte y Café se quedaron con ellos, los hermanos mayores de Latte y Cup habían tenido que volver al trabajo, por lo que solo quedaron ellos para vigilar a los niños.

-Penny, ¿no prefieres que vayamos dentro? Hace frio aquí fuera-pregunto Latte cariñosamente a la pequeña, esta negó con la cabeza, no había dicho ni una palabra en todo el día.

La joven se alejó de ella y se acercó a Café preocupada, este le devolvió la mirada dándole a entender que tampoco sabía que hacer, su padre murió hace mucho y su madre maltratadora, drogadicta y borracha había sido arrestada hace años, así que no tenía experiencia en el campo de perder a un padre al que amabas.

-Penny, vamos...di algo-suplico Vainilla acercándose a su amiga.

-Si Penny, aunque solo sea para mandarnos-continuó Cuphead.

-¿No podemos hacer nada para que te sientas mejor?-preguntó finalmente Willy, aunque si era para su amiga o para el resto no lo sabía.

Ninguno sabía exactamente qué hacer y estaban por llamar a sus padres cuando la niña por fin hablo.

-¿Soy mala?-pregunto en un susurro tan lastimero, que se les encogió el corazón-por eso mama se fue...¿es por qué no fui buena?-las lágrimas que tanto había intentado contener por el bien de su padre empezaron a fluir por sus blancas y regordetas mejillas-¿mama me odia por eso se fue y me dejo sola?

Aquellas palabras eran dolor puro, tanto que sus tres mejores amigos no dudaron en abrazarla con fuerza mientras lloraban con ella, sin embargo, hubo alguien que no se quedó callado.

-¡Ella no te odia!-gritó Lungo finalmente, con el corazón en un puño, odiaba verla llorar, no lo soportaba, solo quería que fuera la Penny molesta de siempre, con la que siempre se peleaba, no quería verla así, le hacía sentir muy triste y le dolía un montón el pecho, peor que cuando su madre le pegaba o cuando su hermana se lastimaba.

Penny le miro cuando le escucho y este se acercó a ella, sin importarle que su hermana y los dos niños aun abrazaran a la chica, Café se acercó para pararle pero Latte, le detuvo, algo le decía que si alguien podía hacer algo ese era Lungo.

-La tía...tu mama, ella te adoraba, lo sé...ella siempre lo decía, que su hija era la mejor, la más lista y más buena del mundo, además solo había que ver cómo te trataba, así que no digas esas cosas ella no te odiaba, no se fue por ti...solo estaba enferma no fue culpa tuya…y...y...¡estoy seguro de que no querría verte así de triste y que te culparas!-Lungo acabo gritando y con un leve sonrojo en sus mejillas, no era muy expresando sus sentimientos, pero tenía que decirlo, quería dejarle claro que aquello no eran más que tonterías.

Penny dejo de llorar por lo sorprendida de sus palabras, no se esperaba que de toda las personas fueran precisamente él quien la amara.

-Mi hermano tiene razón, es imposible que la tía te odie-Vainilla a su lado confirmo las palabras del mayor, también escucho a Cuphead y a Willy dar señales de afirmación todo esto sin soltarla, los más mayores también asintieron apoyando las palabras de Lungo.

Ante aquellas palabras y el afecto, no pudo evitar sentirse feliz y agradecía por tener amigos como ellos.

-Penélope-la voz de su padre la saco de sus pensamientos, este le sonrió con cariño y la niña se alejó de sus amigos para correr hasta los brazos de su padre, este la abrazó con fuerza y la alzo para sujetarla.

-Estemos bien, cariño...te lo prometo, seguiremos adelante por tu madre ¿vale?

Penny, quien había vuelto a llorar, asintió escondiendo su rostro en el cuello del adulto, abrazándose a él con miedo a que si lo soltara también se fuera.

-Además tenemos suerte de tener unos grandes amigos a nuestro lado ¿verdad?-añadio el mayor apartándose para mirar a su hija, esta miro a los adultos que le sonreían con dulzura y luego a los más jóvenes, donde estaban sus amigos y por último Lungo.

La niña miro a su padre y le sonrió, ahora más animada y feliz.

-Si.

Más tarde, todos se fueron retirando de la residencia de los Pinzell, a sus respectivas casas, aunque como eran vecinos no tenían que ir muy lejos, sin embargo hubo alguien que antes de marcharse corrió hacia donde estaba Penny y su padre.

-Penny-llamó Lungo muy serio y decidido, cosa que extraño a la niña-siento mucho haberte molestado todo este tiempo, a partir de ahora no te molestare más y te defenderé de cualquiera que te lastime...Te lo juro Penny, no dejare que vuelvas a llorar nunca más-y con estas palabras se marchó corriendo hacia donde estaba sus hermanos, dejando a una niña de cabello verde agua roja como un tomate.

-¡Tonto!-grito Penny avergonzada y nerviosa, mientras su padre solo podía reír ante la escena.

Ambos sabían que Lungo cumpliría su juramento, pasara lo que pasara.

Y no se equivocaban.