Luz y Obscuridad

(Lucycoln)

Todo fue a pedir de boca ese día, y es que ella puso tanto esmero en el evento, que absolutamente nada podía salir mal: la iglesia, enorme y obscura, lo más antigua posible y Bach sonando en el órgano durante la entrada y la salida; él, apuesto y gallardo en su levita negra de raso y de sombrero de copa; ella de vestido negro, de luto, modelo decimonónico victoriano ya que ella estaba de luto, esta boda enterraba las aspiraciones de muchas otras; las hermanas que asistieron los miraban entre alegres y extrañadas, nadie pensó que la dispensa de la iglesia pudiera conseguirse, pero si los "pelegrinitos"(1) de Lorca pudieron, ¿por qué ellos no? La recepción no fue una fiesta, solo cena y música de fondo, y luego al diablo todo y todos porque esta noche era la noche, ¡se había reprimido tanto tiempo!

Pasaron un año difícil en el que estuvieron separados, ella terminaba su posgrado en lenguas muertas y él estaba en Europa, terminando un contrato. Fue él quien estuvo al tanto del papeleo de la dispensa, ya que estaba cerca de Roma, aunque fue ella quien se encargó de darle todas las instrucciones sobre a dónde y con quien hablar, además de llevar un registro de los antecedentes históricos para lograr la dispensa (claro que ella utilizó esto para su doctorado también, pero ¿quién se fija en esas minucias?).

Él entró a la enorme suite reservada para esa noche y se quitó la levita mientras recordaba la hermosa figura de su ahora esposa entrando a la iglesia, soberbia en ese vestido que la hacía ver casi irreal, como un espíritu de siglos pasados recreando un viejo ritual; se soltó los botones del chaleco y la camisa, no es que estuvieran apretados, simplemente quería moverse con más libertad, mientras se descalzaba, escuchó una voz brevísima tarareando en el baño, sabía que su amada estaba ahí, preparándose para él, para consumar el acto y el hecho.

Terminó de desnudarse y tuvo el cuidado de ordenar todo, a diferencia del vestido de ella, confeccionado a mano y adquirido en una muy exclusiva boutique en Providence, el cual que estaba apenas acomodado sobre un diván a un lado de la cama, el traje era rentado y no valía la pena pagarlo por algún accidente, así que lo colgó de un gancho en el armario de la habitación y luego se olvidó de el.

Un ruido de pasos atenuados por la alfombra lo hizo volverse y se encontró con ella, hermosa y provocativa en sus generosas formas, de senos grandes y pesados, cintura estrecha, cadera ancha y piernas firmes; su sonrisa amplia contrastaba con los ojos semicerrados donde brillaba una luz de extraña naturaleza en esos ojos azules, casi violetas. Ella recorrió con la mirada al hombre que la enfrentaba: el cabello cano, los ojos azules, claros y limpios; la sonrisa franca de donde habían desaparecido hace mucho la mordida prominente y el diente astillado; el pecho amplio y duro, los músculos del abdomen marcados, y las caderas y las piernas recias y fuertes.

Se acercaron el uno al otro despacio, como reconociendo el terreno que ya les pertenecía de antes, pero que no habían recorrido en mucho tiempo; se encontraron las miradas y bastó una pequeña chispa entre ellos para que todo el amor guardado se desbordara, se fundieron uno en brazos del otro mientras las bocas se buscaban, deseosas de la saliva y el sabor que tantas veces antes les saciaron la sed, los cuerpos se tallaban queriendo volverse uno a punta de apretarse, el calor aumentaba al tiempo que los sexos se hinchaban y humedecían preparado el terreno para la batalla.

Incapaz de aguantar por más tiempo, la cargó en brazos y la llevó al lecho sin dejar de besarla, de susurrarle cuánto la amaba y cuánto la había extrañado, y ella correspondía mientras lágrimas de felicidad escapaban de sus ojos; cayeron en las sabanas de seda negra y el comenzó a recorrer esa piel lechosa de sabor indefinido, el cuello y el pecho que, apenas floreciendo en la adolescencia, ya habían sido ofrecidos y aceptados, los pechos que vio y ayudó a hacer crecer con las manos y la boca en encuentros nocturnos y furtivos; ese vientre que reconocía por haberle ofrendado tantas veces el riego de una semilla cálida y joven, las piernas que lo recibieron en su centro mientras lo apretaba, urgiéndolo al acoplamiento, y finalmente, el centro, el origen, la flor, la fuente del elixir de la vida donde se emborrachó para siempre del aroma y sabor del sexo, del amor de ella y con ella para siempre.

la lengua recorrió cada centímetro del cuerpo para encontrarse y reclamar de nuevo la propiedad de toda ella, cada arruga y cada pliegue fueron explorados haciendo que la mujer suspirara y gimiera el placer que no alcanzaba a darse en noches frías y solitarias donde sus manos frotaban y pellizcaban su carne deseosa; ahora esa boca y esa lengua tan amadas la mordían, la besaban y penetraban mientras su cuerpo temblaba por el placer y el deleite, se disolvía en jugos que él sorbía goloso, al mismo tiempo, sus dedos jugaban con su botón y su culo. El orgasmo llegó enorme, violento, y ella lo gritó en tanto que le tomaba la cabeza, lo apretaba entre sus piernas y rugía pidiendo más, gritando su amor, y él no se detuvo hasta que fue imposible seguir ahí metido ya que el amarre de las piernas amenazaba con reventarle el cráneo; se levantó para mirarla, lánguida y floja, con la mirada perdida y una sonrisa apenas dibujada en los labios, él estuvo acariciándola, dibujando sus finas facciones apenas con la punta de los dedos.

La recordaba pequeña, de cara baja y mirada escondida detrás del fleco de pelo de reflejos azules de tan obscuro; tímida y callada, haciendo poemas para expresar su retraimiento y su soledad; y desde entonces la amaba, le hacía compañía aun en sus extraños ritos o en los raros pasatiempos que se buscaba; siempre tenía la palabra que la pequeña buscaba para completar las rimas sencillas que formulaba escondida en el sótano, la chimenea o los ductos de ventilación; lloró con ella sus fracasos y celebró sus victorias; se juró protegerla a costa de su vida porque el amor ya era la causa y la consecuencia de todo lo que la involucrara.

Ella se incorporó, recargándose sobre un codo, y se lanzó sobre él, besando su pecho, mordisqueando golosa los pequeños pezones rosas; el hombre estaba mas moreno que ella, pero era efecto del sol; a pesar de todo, tenía que agradecer a su hermana por haberlo forzado a hacer deportes y hacerle esa cultura del esfuerzo físico que él adoptó, y ese cuerpo bien marcado, pero no musculoso, era la prueba de los beneficios que ahora ella disfrutaba; fue bajando poco a poco, dejando besos y lamidas por todo el camino hasta llegar al fruto más deseado y prohibido, ese con el cual soñó durante todos los años de amor oculto y deseos reprimidos, y que atacó apenas tuvo oportunidad; lo conocía ya demasiado bien, pero no se cansaba de regresar y amarlo, dejarlo que recorriera todas sus cavidades y rincones para al final deleitarse con su cálida leche.

No esperó mucho y se lo metió en la boca mientras sus manos lo estrujaban juguetonas en un sube y baja rítmico, ella lo lamía y lo chupaba como haría una niña golosa con una paleta o un helado, y él se dejaba hacer suspirando o resoplando con fuerza, ahogando gemiditos de placer y respondiendo con pequeños movimientos de cadera; las manos aumentaban su ritmo poco a poco y la boca seguía con su trabajo de succión ruidosa. Ella quiso verse más audaz y abrió la boca para dejarlo entrar hasta la garganta, donde sonó un ruido sucio de chapoteo y ahogo, era un placer muy culpable que tenía, sentir como la gran herramienta de su amado la invadía mientras ella luchaba por aguantar las arcadas.

El hombre bufaba anunciando una gran corrida mientras se empujaba con la cadera lo más rápido posible y ella usaba ya sus manos como freno para evitar ahogarse de verdad; dos o tres golpes de verga fueron suficientes para que el primer disparo saliera directamente a la campanilla, y de ahí, bajara al interior, a este les siguieron otros más de abundante y cálida leche, de la que ella se llenó la boca comprobando ese sabor fuerte y algo amargo, pero le encantaba sentirlo en la lengua, jugar con él y después tragarlo, sentirlo bajar hasta llegar a su estómago.

Se tendieron de nuevo, uno al lado del otro, para descansar mientras se besaban despacio, apenas tocándose los labios y diciendo cosas tontas sobre el amor y la muerte, porque ella siempre hablaba de la muerte, la tenía muy presente desde el día que fueron sorprendidos.

Fue el primer día que ella de verdad quiso morirse, pero su amor por él creció más cuando lo vio enfrentar a sus padres y sus hermanas, jurar que prefería morir a dejarla y ella hizo lo mismo, se aferró a él y ni los insultos y aún los golpes fueron capaces de hacerlos cambiar de parecer; fueron días duros, donde ella estaba encerrada todo el día, solo yendo a ver a una psiquiatra y lejos de él; su tristeza fue tal, que se negó a comer, se negó a dormir y el único pensamiento, la única palabra que le salía de los labios era su nombre, a ella no le importaba nada más que él.

Al chico lo habían llevado a una escuela militar y ahí se volvió el más retraído, asocial y fiero ser humano que se hubiera visto; no hablaba con nadie, no tenía amigos y no decía nada, solo una palabra se le escuchaba y era un nombre femenino, el nombre de ella. Inesperadamente, tuvieron un ángel guardián, la persona menos esperada fue quien logró que volvieran a estar Juntos y aunque no lo hizo sola, ella tuvo las ideas e hizo los planes.

No podían estar mucho tiempo quietos, el amor los urgía a seguir demostrándose cuanto habían sentido la distancia y cuanto añoraban su presencia y sus cuerpos, así que ella no se extrañó al sentirse recorrida de nuevo por aquellas manos, primero por sus senos y después bajando hasta su sexo, el cual seguía inundado; sintió de nuevo la descarga del placer cuando esos diestros dedos la acariciaron, recorriendo sus pliegues y deteniéndose en su clítoris, que estaba duro y sobresalía de su capuchón, se arqueaba al más mínimo roce y gemía complacida cuando uno de ellos bordeaba su entrada más íntima.

Pero el ataque no se producía y la hacía desesperarse; quería, necesitaba sentir dentro algo, lo que fuera, pero si ella llevaba su mano hacia su sexo, él la detenía, entonces el juego recomenzaba, las caricias y los roces, de nuevo estar a punto de entrar para luego dejarla con el suspiro entrecortado en la garganta; cuando volteó a verlo con mirada suplicante, dos dedos entraron lo más profundo posible y comenzaron a sobar el punto más sensible de su vagina mientras la otra mano se apoderaba de su botón; al verse atacada de esa forma, ella gritó y jadeó sin parar mientras un fuerte orgasmo la recorría, los dedos dentro y fuera de ella no le daban tregua y el placer se alargaba hasta volverse un viaje cósmico, una sensación fuera de la realidad; cuando ella comenzó a temblar descontrolada, él se detuvo, dejándola bajar poco a poco, besándola y acariciando su cuerpo, susurrando cuanto la amaba y que jamás volverían a estar separados.

Hubo una primera fuga de la escuela militar, él se estaba volviendo loco y necesitaba verla, saber que estaba bien, que aún lo amaba; brincó la cerca perimetral desgarrando su ropa y su piel en el proceso, pero no llegó muy lejos y tuvo que tragarse una semana en aislamiento y con trabajo forzado, lo cual no hizo más que aumentar su deseo de escape; la siguiente vez no hubo heridas ni errores, llegó a Royal Woods en un camión de carga después de un día de camino, y de inmediato fue a verla. En casa no había mucha gente por la hora, aunque sí una férrea vigilancia sobre la chica, pero sorprendentemente, la vigilancia se rindió sin pelea, Leni y Luan recibieron a su hermano llorando y pidiendo perdón por el papel que habían tenido que jugar en este drama, él las perdonó de inmediato cuando le dieron todo su apoyo y juraron que harían todo lo posible por ayudarlos.

El reencuentro fue hermoso, ella creyó ver a un fantasma y él pensó que veía a un ángel, el beso fue largo y después, para susto de todos, la jovencita quedó desmayada en esos brazos tan amados; despertó para mirar como todos lloraban mientras la rodeaban, pero les aseguró que estaba bien, que era la emoción, aunque de inmediato sus hermanas la delataron, contando su ayuno y sus desvelos; él no la regañó, le rogó que dejara ese sacrificio y que pronto iría por ella, que la sacaría de esa cárcel para llevarla a otro lugar mejor; se besaron de nuevo y él se fue, ella quedó más tranquila, sabiendo que él estaba bien y que su vida sería más fácil con esa esperanza y con la ayuda de sus hermanas.

la miró mientras pensaba en todo el tiempo que estuvieron separados y en todo lo que habían hecho para lograr estar juntos: la familia, los "amigos", el mundo entero se podía ir al infierno en ese mismo instante porque ya eran una pareja real y formal, lograron vencer a la sociedad al menos en su pequeño universo y nada más importaba; si Lynn lloró y amenazó, si Lori declaró que ya no eran parte de su familia o si Lola los había maldecido, ya nada importaba; agradecía a Leni y su cariño sin condiciones, a Luna y Luan y su apoyo absoluto, a Lana y Lily por la simpatía de toda la vida y a Lisa por todo lo que logró legalmente... y le dolían sus padres, el rechazo y la violencia mostrada por Lynn Sr., el llanto de Rita y su desconsuelo, al menos Pop-pop ya no vivió esta ruptura familiar; los amigos se alejaron, y aunque no los culpaba del todo, se enteró de muchas cosas que hicieron que no echara de menos a la mayoría, aunque le dolió mucho el que fuera Clyde quien lo abandonara primero.

Cuando empezaba a dormirse, sintió el peso de un cuerpo sobre el suyo, abrió los ojos para ver esos profundos ojos azules y una sonrisa casi diabólica; supo que la mecha estaba encendida y el sueño se evaporó; recomenzaron entonces los besos largos que ella hacía violentos, mordiéndolo y frotando su caras rudamente; se movía sobre de él como una serpiente y trataba de enroscar sus brazos y piernas con los suyos, y se restregaba, demostrando su estado de celo mientras lo recorría entero con las manos; la erección creció rápidamente entre ambos mientras las manos del hombre se apoderaban de las grandes nalgas, herencia de su madre, y las abrían buscando por detrás de ella un acceso a su coño; ella abrió de inmediato las piernas y se sentó sobre de él, a caballo del miembro hinchado y que ya chorreaba por los jugos que lo bañaban; comenzó a cabalgarlo, moviendo la cadera adelante y atrás, sintiendo el roce entre sus labios inferiores y su clítoris, poniéndose a tono para todo lo que vendría después.

Se detuvo para doblarse sobre él y alcanzarle la boca, le dio un beso largo, profundo, en tanto que metía la mano izquierda entre ellos y levantaba la gran verga, apuntándola a su más que caliente hendidura y se dejó caer, penetrándose a sí misma hasta el fondo; sintió un corto circuito en el cerebro que la dejó "en coma" por un instante, pese a todo, no estaba lista para sentirse llena de esa forma tan brusca; él estaba extático, la sensación caliente y apretada que lo atrapó de golpe casi lo hizo venirse y agradeció a los dioses el que ella se quedara quieta ese instante, el cual aprovechó para calmarse también.

La pausa no duró demasiado, la mujer comenzó a subir y bajar lentamente, dándose todo el tiempo para sentir cada vena y cada milímetro del miembro que la penetraba, se apretaba al máximo para hacer sentir todas y cada una de las rugosidades de su vagina, para también dar todo el placer posible a su hombre.

Poco a poco la velocidad e intensidad aumentaron hasta hacerse fuertes sentones que la hacían pujar mientras él gruñía, respondiendo con toda la fuerza posible, la penetración era absoluta, golpeaba y se tallaba en la entrada del útero haciendo que ambos se estremecieran, que casi gritaran sus respectivos nombres; ella, apoyada en el pecho del hombre, clavando las uñas y haciéndolo sangrar, él, agarrándole las nalgas, abriéndolas mientras intentaba, sin éxito, meterle un dedo en el ano. No había tregua, ambos se atacaban con fuerza y sin miramientos, eran solo dos animales de placer explotando uno en el otro en la búsqueda del alimento y la esencia, en la demostración de su amor y su compromiso, en el juramento de carne que los comprometía a nunca estar apartados de nuevo.

A su regreso a la escuela, el chico sufrió de nuevo un castigo de aislamiento y trabajo forzado, pero ya estaba tranquilo, la visita a la que antes fuera su casa y el verla de nuevo, sosegaron todo el odio que tenía hacia el mundo, ahora solo importaba el plan definitivo, la fuga final y el triunfo por encima de todo y de todos. Leni y Lisa, quien inesperadamente se sumó al "grupo rebelde", trabajaban y ahorraban parte del dinero que ganaban para ayudar a sus hermanos a escapar, mientras Luan y Luna, estaban al pendiente de su hermana castigada y fingían ser las más despiadadas guardianas, la acompañaban a todos lados e incluso gritaban insultos y maldiciones mientras la otra, provista de unos audífonos, comía o estudiaba, porque la gótica había regresado a estudiar, se dio cuenta de que no habría ningún futuro si ellos no lo planeaban.

los sonoros golpes daban testimonio de la fuerza con que el trasero de ella era atacado, habían cambiado de posición y él la penetraba desde atrás, rudo, haciéndola gemir, mucho más por el hecho de que tenía dos dedos insertados en su ano, los cuales entraban y salían acompasados al ritmo del los golpes de cadera que le daban; la gruesa herramienta entraba y salía casi por completo, acelerando un poco cada vez, moliendo el coño lampiño y dejando su forma en la memoria de los tejidos internos.

Ella sentía que la cabeza del miembro entraba en el cuello del útero y se retorcía por el goce, estaba subiendo demasiado aprisa y no podía evitarlo, pero quería venirse con él, llegar al clímax al sentir como la leche hirviente se derramara dentro de ella, así que se irguió para dificultar un poco la penetración, él se vio obligado a sacar los dedos del culo de ella para no lastimarla y el ritmo bajó, pero no estaban tan lejos el clímax, el hombre la abrazó, tomando una de las tetas y deslizó una mano hacia abajo apoderándose del botón de placer, comenzó a frotarlo al ritmo de la penetración y ella respingó, era imposible resistirse, empezó a perderse en algo que venía, era rápido, era fuerte y era muy intenso, él ya la penetraba profundo y fuerte, con golpes frenéticos, sabiendo que pronto la llenaría de líquido hirviendo, entonces arreció las embestidas y se dejó ir, el orgasmo la golpeó de manera brutal al tiempo que él rugía su venida, llenándola de leche caliente, espesa; ella bufó mientras cerraba los ojos, sonriendo y el golpe definitivo de un nuevo orgasmo, uno más fuerte que el anterior, la noqueó.

Los días de "tranquilidad" de la casa Loud terminaron una ventosa y nublada noche de otoño; increíblemente, Lucy había adelantado los exámenes de término de preparatoria y los padres bajaron un poco la guardia, Lincoln se portaba bien y avanzaba rápido en sus estudios también, ambos pensaban que todo ese problema ya era cosa del pasado, actuaron con firmeza y ya solo era cuestión de que el chico tuviera la edad para entrar al ejercito formalmente, así se lo llevarían unos años y todo esto se olvidaría. Lincoln solicitó y rindió el examen para la una escuela técnica con nota sobresaliente, sus superiores dudaban un poco en concederlo pero visto el adelanto y buen comportamiento del chico, no hubo objeción, y apenas obtenido el pase, solicitó un permiso para ver a su novia, se le concedió un franco de 24 horas y de inmediato se puso en camino, ya antes puso sobre aviso a sus hermanas de que este era el día cero y en casa todo empezó a hervir de actividad, aunque muy por debajo del agua.

Para cuando él llegó a Royal Woods, todo estaba listo, solo tuvo que pararse frente de su casa y tocar el claxon; de inmediato la puerta se abrió y Lucy salió corriendo y subió al asiento del copiloto, Lincoln arrancó y en la acera quedaron Leni y Luan con los ojos llorosos y agitando la mano, felices por ellos y resueltas a enfrentar la tormenta que se perfilaba no solo en el cielo, sino en la tierra también.

La revuelta y el escándalo fueron terribles, pero las hermanas Loud aguantaron a pie firme el vendaval, no les importaron ni los insultos de Lori, los amagos de agresión de Lynn Jr. o los gritos y maldiciones de Lola y su padre, ellas estaban convencidas de haber actuado correctamente; ahora solo les correspondía a ellos mantenerse juntos.

Los jóvenes prófugos se fueron a Canadá, donde ambos tenían amigos, Lincoln pudo hacerse de amistades en los pocos días que estuvo yendo a la escuela secundaria y Lucy conocía también a algunos chicos Chippewa en la reservación cruzando la frontera. Luego de dejar a Lucy ahí y seguro de que la cuidarían bien, el volvió a su colegio y hasta allá fueron a buscarlo, él negó cualquier participación en la fuga de su hermana y no hubo forma de sacarle ni una sola palabra, incluso Lynn intentó golpearlo mientras lo insultaba enloquecida, pero el mismo Lincoln se encargó de reducirla a la inmovilidad, todo el ejercicio y la disciplina militar rendían sus frutos, e incluso se permitió sonreírle con desprecio, Lynn ya no era un obstáculo para él, Lincoln fue castigado por lo sucedido, pero eso era lo menos importante; sus padres y sus hermanas se fueron con las manos vacías y no hubo forma de que encontraran a Lucy.

Después él se fue a la academia estatal, y astutamente, dejó una dirección falsa como cebo por si su familia lo espiaba, en realidad vivía en Canadá, en la reservación, desde donde cruzaba la frontera diario para trabajar y estudiar; ella se las arregló para poder estudiar también de aquel lado y comenzaron su vida como pareja. Por supuesto que los Louds contrarios comenzaron a buscar a Lucy de inmediato pero una vez más, después de dar con el domicilio falso de Lincoln, no pudieron ir más allá; Lisa se negó en redondo a ayudarles a buscar a sus hermanos y las demás salieron de esa casa donde alguna vez fueron felices, pero ahora solo había resentimiento y odio.

Lucy despertó para sentirse acunada en los brazos de Lincoln, quien dormía, derrotado por el cansancio; esa noche había sido todo lo que ella esperaba e incluso más, al fin tuvo su revancha y su victoria, al fin lo tuvo a él y a sí misma, ya no importaba nada más, al día siguiente regresarían a su casa y a su vida; Royal Woods era ya un hoyo al que no pensaba volver en lo que le quedaba de vida, su queridas hermanas, las que los ayudaron a lograr todo lo que ahora tenían y eran, podrían ir cuando quisieran a visitarlos y las puertas de su casa estarían abiertas para ellas; en cuanto a los demás... Lucy sintió que el abrazo de Lincoln se apretaba un poco y sintió unos labios en el cuello que la hicieron erizarse

— Lucy, amor, descansa... —le dijo al oído —... casi podría adivinar que estás pensando en los demás por cómo te pones tensa y rechinas los dientes —

Pero ella no podía evitarlo, ¿cómo no pensar en ellos? lo que Lincoln ignoraba era la confusión que reinaba en la cabeza de su amada, a pesar de todo, eran su familia, y aunque les guardaba mucho rencor, un pedazo de su negro corazón todavía tenía un rinconcito para ellos, bueno para casi todos: Lynn Sr. estaba definitivamente fuera y Lola igual; en cuanto a Lori, tendría que disculparse de todo y tal vez podrían hablar de nuevo, pero Lynn Jr. era un caso totalmente aparte; siempre fue su hermana más querida hasta aquel fatídico día, la hirió al decir y hacer todo lo que hizo, la insultó de tal manera que estuvo a punto de irse sobre de ella a golpes, no importaba si Lynn la mataba en el proceso, sólo Lincoln pudo contenerla y aunque no pasó nada entre ellas físicamente, todo vínculo se había roto, la extrañó, a quien quería engañar, todavía la extrañaba, pero el daño era demasiado, dudaba mucho en poder perdonarla.

Al día siguiente, después de un excelente y más que merecido desayuno, los recién casados partieron hacia su casa en Canadá, no se despidieron de nadie, porque nadie que todavía viviera en ese pueblo valía la pena. Apenas habían salido de Royal Woods cuando el celular de ella sonó con insistencia, lo miró con desgano pero era el número de Leni y a ella no podía negarle nada, así que contestó

— ¿aló? hola Len, ¿Qué ha...? —

— ho-hola hija, s-sé que no quieres hablar conmigo, pe-pero, p-por favor, no cuelgues... —

Lucy se congeló, mientras miraba a Lincoln, quien de inmediato salió de la carretera, ella le dijo en un susurro quién era y él también palideció, en todo el gran revuelo de problemas al que ellos le habían cerrado la puerta la noche anterior, quedó alguien en quien nadie pensó después de un tiempo: Rita; la madre del clan Loud siempre estuvo presente en todas las peleas, discusiones y enfrentamientos que se dieron, pero no participaba realmente, solo lloraba y trataba de calmar los ánimos, era cierto que se oponía a la relación entre sus hijos, pero jamás insultó a nadie, ni maldijo y mucho menos agredió a ninguno de los dos o de las otras chicas que los ayudaron; la gótica sabía que Leni siempre estuvo en contacto con su madre pese a las prohibiciones estúpidas que Lynn Sr. le hizo, tal vez ella no quería que esto pasara, pero tampoco los odiaba, tal vez...

— ho-hola Rita... — Lucy sintió un nudo en la garganta al llamarla por su nombre de pila, pero no estaba segura de a qué obedecía esta llamada —... ¿có-cómo estás? —

— bien hija, e-estoy bien, solo llamaba para... felicitarlos — las caras de ambos reflejaban una confusión enorme —... n-no es que esté de acuerdo en lo que hi-hicieron,... yo... solo... —la voz de Rita se quiebra —... solo quiero que sean felices... (snif)... (snif)... no importa si lo que hacen está mal... no importa si yo lo apruebo... s-solo... solo se-sean felices... adiós —

Lincoln y Lucy llorarán un poco después de esto, pero ya nada importa, el pasado es solo un mal recuerdo que les ayudará a construir un mejor futuro.

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Nota:

1- Hago referencia a "Los pelegrinos", poema de Federico García Lorca

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Así acaba esta comisión en la que me tardé mucho, y me faltan otras todavía, espero les guste y por favor comenten, ya saben que sus comentarios me alimentan

COMENTEN, POR PIEDAAAAAADD!...