Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Chimaki Kuori.


Se suponía que sería un día extraordinario, estaba soleado, las calles estaban tranquilos, y él tendría una cita con la chica que le gustaba, o algo así; Dysnomia aún no reconocía del todo que él quería tener algo serio con ella, una cita real, la mayoría de las veces que Mū dejaba caer la noticia ella recurría a decirle que eran amigos e inventaba una excusa para irse.

A pesar de eso, Mū no perdía la esperanza sobre que alguna vez ella decidiera que era el momento de olvidar a los rubios y comenzar a explorar otros tonos, y por eso seguía invitándola y tratando de conocerla, saber cómo era ella, lo que le gustaba y lo que no, aventajar al rubio que no sabía que estaba compitiendo por el amor de la pelinegra.

Ese era el objetivo de ese día, una cita al cine, un paseo por el centro, tal vez pasar a una heladería. Pero en lugar del paseo romántico que había planeado estaba atrapado en una azotea, con Dysnomia para su suerte, pero también estaba Shaka, y Afrodita, Camus, Milo y Shijima; los siete atrapados en la parte alta de la casa de Death Mask porque al parecer la puerta principal no era la única puerta que no servía.

— Celulares, ¿quién tiene su celular? — preguntó Afrodita tratando de no entrar en pánico — ¿Dysnomia?

— Dejé mi bolsa en la escalera, antes de subir — murmuró la pelinegra apenada.

— ¿Shaka?

— En mi cuarto, no lo llevo a todos lados — respondió alzando los hombros, sentado en posición de loto en medio del techo.

— Yo tengo el mío — Milo mostró la pantalla rota de su celular, con felicidad — oh, pero sólo tengo treinta de batería… doce… ocho… no, olvídenlo, acaba de morir.

— Deberías comprarte otro — Shijima se sentó al lado de su primo, imitando su posición — el mío está en alguna parte entre mi cuarto y mi escritorio en el trabajo.

— Apuesto a que lo dejaste en el congelador de nuevo, ayer compraste paletas heladas — Camus cruzó los brazos y miró a todos fastidiado — yo tengo el mío, con la batería completa, pero — dijo al ver la cara de felicidad de todos los presentes — no tengo saldo y nos cortaron el internet en la mañana.

— ¡¿Qué?! ¡¿A quién le tocaba pagarlo?! — Afrodita miró a sus compañeros de vivienda molesto, estaba seguro que esa no era su tarea.

— A mi — continuó Camus — por eso Milo está aquí, íbamos a pagarlo — dijo mostrando su cartera llena de billetes.

— ¿Mū? ¿Qué hay de ti?

El mencionado sintió las miradas de todos sobre él, había terminado ahí porque necesitaba un consejo sobre cómo abordar chicas y Shijima era su mejor opción, también lo eran los gemelos pero no quería que sus amigos cercanos se enteraran de su asunto, así que decidió contar con la opción que nunca diría nada, ni lo juzgaría en voz alta o le daría un consejo muy exagerado; no contaba con encontrar a su cita en ese lugar, a un lado de todos, planeando cómo construir una azotea verde.

— Estoy igual que Camus.

Afrodita se tapó el rostro con las manos, tratando de ahogar un grito. Todo había comenzado media hora atrás, cuando estaba comenzando los planes para su azotea verde con Dysnomia y Helena, quienes sólo iban a estar ahí para dar consejos sobre cómo se verían mejor las cosas. Helena les había dicho que iba a llegar tarde, y Dysnomia sólo podía estar ahí en la mañana así que el botánico aceptó la ayuda dispar de sus compañeras.

Cuando Dysnomia llegó el trabajo medio comenzó; la pelinegra aún tenía algunas mañas del pasado, como sentarse en el suelo, y asomarse hacia el patio trasero para ver a Shaka, quien estaba sentado leyendo mientras Shijima continuaba trabajando en sus flores; tal vez con la diferencia de que ella no estaba tan oculta y cada vez que Shaka levantaba la mirada le sonreía a la chica o la saludaba con la mano.

Gracias a eso Afrodita decidió que lo mejor era tener al rubio al menos ayudando a sacar las medidas que necesitaban; así Shaka y Shijima habían terminado en el techo, después Milo y Camus se habían aparecido para anunciar que se irían, casi al mismo tiempo que Mū se había asomado, buscando hablar con Shijima.

Para subir a la azotea se debía de jalar un pequeño cordón, que tenía la escalera, y que estaba al alcance de cualquiera, para bajar sólo se debía de empujar suavemente la escalera para que esta se formara, pero había un pequeño seguro al interior que Death Mask había puesto ya que la trampilla solía caerse, seguro que por alguna extraña razón que Afrodita no comprendía también estaba roto y si la trampilla era cerrada con mucho fuerza se ponía solo, justo como había pasado en ese momento.

— ¿A qué hora va a regresar Death Mask? — preguntó Camus también sentándose.

— Quiso ponerse fino y fue con un barbero profesional — Afrodita cruzó los brazos y optó por unirse al círculo que se estaba formando — después dijo que pasaría por Helena y ella me había dicho que vendría entre las seis y seis y media, todavía faltan seis horas para eso.

— Entonces — Milo optó por sentarse al lado de Camus y después hacerle una señal a la única chica para que se sentara con él, acto que no le agradó a Mū — ¿Regresaron?

— No, sólo son amigos, pero Death Mask quiere pasar tiempo con ella para comprobarle que es un buen sujeto y averiguar quién es el valiente que se atreve a cortejarla.

Ante las palabras de Afrodita, Dysnomia y Shaka intercambiaron una mirada antes de mirar a Shijima, quien sólo se acostó, con los brazos detrás de la cabeza.

— Hace demasiado Sol — dijo cerrando los ojos.

— Bueno, al menos conseguiremos un buen bronceado.

A pesar del cambio de planes, Mū logró sentarse a un lado de Dysnomia, un poco más cerca de cómo se habían sentado los demás, y pudo ver lo linda que ella se veía para su cita, con una camisa sin mangas, pantalones rotos en las rodillas y su clásico labial negro, una imagen un poco contrastante con él que usaba una camisa azul claro abrochada hasta el cuello y pantalones blancos. Ahora que los veía, en lugar de que él fuera la cita de Dysnomia, parecía que Milo era su pareja, con sus pantalones también rotos y su playera de Scorpions, además de todo el estilo punk-rock que siempre había cargado. La mente de Mū comenzó a hacerse más ideas cuando vio al griego poner su mano sobre la cabeza de la pelinegra como si nada.

— … sí, tu cabeza está más caliente que la mía — dijo Milo comparando su temperatura — y oficialmente llevamos quince minutos aquí y ya estoy aburrido.

— ¿Cómo se conocen ustedes dos? — preguntó el médico, una cosa era competir con Shaka, pero si tenía que hacerlo contra Milo las cosas se pondrían verdaderamente complicadas.

— Por Shaka — le contestaron ambos, pero Milo fue el que continúo — son cosas que pasan Mū, un día ves a una chica impaciente en un pequeño restaurante universitario y al siguiente estás con ella escondido detrás de unos arbolitos y ella te deja dormir en su hombro.

Con esa declaración las ideas de Mū sólo volaron, parecía que Milo estaba más adelantado, puesto que el contacto físico con Dysnomia era obvio, mientras que él sólo le había dado un pequeño beso en la mejilla. A pesar de eso no se desanimó, la chica le gustaba y estaba dispuesto a competir contra otros por ella, pero primero debía de resolver el problema en el que estaban.

— No podemos quedarnos aquí medio día esperando a que Death Mask aparezca, ¿Aioria no va a venir hoy? — Camus miró a Shaka, la idea de estar a la intemperie sobre su propia casa era desagradable, casi tanto como la fiesta que Afrodita había hecho para la pelinegra que estaba con ellos.

— No, no lo creo — Shaka se acomodó los lentes — hasta donde sabía iba a ayudar a unos amigos de su carrera para un proyecto o algo así.

— ¿Nadie más? ¿Shijima? ¿Afrodita? ¿Mū? ¿Nadie sabe que ibas a venir? A lo mejor pueden venir si lo saben.

Dos de los tres nombrados negaron con la cabeza, Shijima sólo levantó el brazo para negar con el dedo índice y después señalar al cielo.

— Esa nube parece un libro abierto, específicamente en la página catorce, donde se habla de un dragón que tenía miedo de volar.

Los seis adultos miraron al mayor sin saber cómo interpretar sus palabras, a veces Shijima solía decir cosas así de la nada.

— Pues yo creo que es la página cuarenta y uno y habla sobre que no sabía lanzar fuego, era toda una tragedia para los dragones — dijo Dysnomia, ganándose la mirada de todos.

Shijima se enderezó y se acercó a ella para señalarle que estaba viendo la nube al revés. No era su intención, pero Shijima terminó por acostar a la pelinegra, junto con él, justo frente a Shaka, que había aprovechado para cerrar los ojos y meditar un poco, o tratar, ya que su primo había puesto a la chica muy cerca de él.

Quién tampoco disfrutó mucho de la acción fue Mū, parecía que para su desgracia la relación entre Dysnomia y el mayor era aún más cercana que la que tenía con Milo; aunque quiso evitarlo su mente terminó por volver a jugar con él también, Shijima sería un oponente aún más fuerte que el griego, tenía un aura atrayente a pesar de sus extrañezas y experiencia, según Death Mask, mucha experiencia en el arte de conquistar mujeres.

Shaka volvió a abrir los ojos veinte minutos después, sintiendo el sudor en su frente; parecía que el Sol sólo había aumentado su intensidad. Cómo si fuera el protagonista de un comercial el rubio trató de peinar su cabello hacia atrás con la mano derecha, a pesar de que su fleco no tardó en regresar a su lugar habitual.

O al menos así lo vio Dysnomia, quien no pudo evitar suspirar al verlo antes de mirar la sonrisa de Milo.

— No sonrías así y no digas nada.

Todos se habían dispersado cuando Shaka comenzó a meditar, Shijima y Dysnomia vieron las nubes por un par de minutos más antes de que ella fuera jalada por Milo para que jugaran a chocar las manos; Mū quiso intervenir, pero Shijima pronto lo entretuvo preguntándole para qué quería hablar con él, mientras Camus y Afrodita discutían sobre cómo podrían salir de ahí.

— No me miraste así cuando yo hice lo mismo — murmuró Milo, ganándose un golpe en el hombro, para su diversión.

— Eso es porque tú eres feo.

Dysnomia le sacó la lengua, en realidad todos los hombres con los que ella estaba eran extrañamente bellos, y la imagen de hombre sudoroso junto con todos los gestos que hacían era el sueño de cualquier chica, o señora; pero no el de ella, podía reconocer que todos eran hermosos, pero en su opinión sólo uno sobresalía de los demás.

— ¿Qué tal si bajamos a uno? La ventana de mi cuarto está abierta — la voz de Camus resonó en todo el techo, llamando la atención de todos.

— Podríamos tratar de hacerlo con Dysnomia, creo que es la más delgada.

— ¡¿Yo qué?! — la pelinegra se levantó para acercarse a los cuatro hombres que pensaban en el escape.

— Sólo hablamos sobre cómo podríamos bajar — le contestó Mū al fin feliz de que ella abandonara a Milo.

— Sí, sí, sí, mientras tanto, el asunto aquí es resolver nuestro problema de calor — Afrodita trató de echarse aire con la mano — si seguimos así vamos a deshidratarnos o peor, nos quemaremos.

— Afrodita tiene razón — Shijima miró el cielo — Camus se ve un poco más rojo, igual que Shaka.

— ¡Estoy de acuerdo! — Milo se levantó y miró a todos los presentes — tengo tanto calor y estoy tan sudoroso que estoy considerando seriamente quitarme la playera.

Mū miró a su amigo escandalizado, de la misma manera que miró a Afrodita cuando el botánico pasó su brazo por los hombros de Dysnomia para cubrirle los ojos.

— Es una estupidez, pero estoy de acuerdo.

El doctor no quitó su expresión cuando vio que Milo se quitó su playera para ponerla arriba de su cabeza; Camus miró a su alrededor antes de desabrochar su camisa y subirla para también taparse la cabeza, dándole la espalda al Sol; Shijima también hizo lo suyo, primero quitándose la chaqueta liviana que puso sobre la cabeza de su primo y después desabrochando su camisa de manga corta para quitársela y cubrirse con ella igual que Camus.

— Mū, ¿no vas a quitarte la ropa? — preguntó Milo tranquilamente.

— ¡No! ¡¿Qué no piensan en la única chica del grupo?! No puede estar con los ojos tapados todo el día.

— Bueno… — interrumpió Dysnomia, antes de mover la cabeza para susurrarle a Afrodita al oído — ¿Shaka también lo hizo?

— No, pero podemos insistirle si quieres — le contestó el botánico, causando un nuevo problema en el médico, que comenzaba a preguntarse cuántos de sus amigos eran cercanos a la pelinegra.

Dysnomia negó con la cabeza sonrojada, ahora que conocía cómo estaban las cosas sabía que no sufriría una hemorragia nasal o algo parecido.

— En realidad no tengo problemas con eso, no sería la primera vez que veo a un hombre semidesnudo, mi hermano siempre se pasea así en las mañanas.

Dicho eso, Dysnomia se quitó la mano de Afrodita y les dio una sonrisa tranquilizadora.

— Bien, un problema menos, ahora pasemos a los planes — dijo Shijima.

Shaka se levantó de su lugar y aún con la chaqueta de Shijima se paró a un lado de Dysnomia para también cubrirla.

— Tus hombros están un poco rojos también — dijo cuando ella lo miró.

— Oh, que lindo — dijo Afrodita — ¿Qué tan ágil eres Dysnomia?

La chica miró a Afrodita sonrojada, aunque para todos fue difícil decir si era por su exposición al Sol o por las acciones del rubio, lo único que Mū sabía era que lamentaba no haber pensado en eso antes.

— ¿Del uno al diez?... Tal vez dos.

— No sé si sea una buena idea — intervino Shaka — ¿cómo la bajaremos en primer lugar?

Todos se miraron entre sí, pensando en la pregunta y en el hecho de que si no tenían cuidado enviarían a la pelinegra al hospital. Milo se detuvo en Shijima, que tenía una sonrisa mientras miraba a Dysnomia tratando de hablar con Afrodita; el griego estaba sorprendido por el físico de Shijima, sabía que el mayor era delgado y tenía cierta fuerza, pero no pensó que se debiera a que el pelirrojo realizara ejercicio, como se notaba en su cuerpo.

— Estás marcado — dijo, provocando que Shijima se mirara.

— ¿Marcado? ¿En dónde?

— Se refiere a que tienes músculos — intervino Camus, también sorprendido por el buen físico de su compañero de vivienda — ¿haces ejercicio? La única vez que escuché que hiciste algo parecido fue hace tres años cuando te persiguió ese perro por cuatro cuadras.

— Hasta que Death Mask apareció y lo atacó a él — completó Afrodita sonriendo, Death Mask corrió otras cinco cuadras hasta que alguien llamó a la policía y capturaron al perro, que ahora era un destacado miembro del cuerpo policial de Atenas — debe ser maquillaje.

Pronto Shijima tuvo cuatro manos sobre él tocando su abdomen, todos asegurándose de que no estuviera usando alguna clase de efectos para verse así.

— Bueno — dijo viendo como Dysnomia le picaba las costillas — siempre he creído en el equilibrio, y para estarlo es necesario estar bien en las tres partes importantes del ser, el espíritu, la mente y, naturalmente, el cuerpo, así que sí, hago ejercicio, a veces Shaka me acompaña.

— ¡Shaka! ¿También tienes músculos? — preguntó Afrodita sorprendido.

El rubio se sonrojó mientras daba un paso atrás, si no tenía cuidado lo manosearían a él también.

— Sí, los tiene — contestó Shijima.

— ¿Qué rutinas haces? Quisiera volver a estar en forma, la comida de mamá me está pasando factura — dijo Milo golpeando su casi inexistente panza.

— ¡Claro! — Dysnomia también picó al griego — debo de estar más gorda que tú, que todos ustedes en realidad, lo que me lleva a decirlo en voz alta, ¿es que acaso todos se conocieron en una agencia de modelaje o algo así? Porque todos son hermosos.

Los seis hombres se sonrojaron y desviaron las miradas, el único acostumbrado a que le dijeran eso era Afrodita, pero era extraño escuchar que su ami-enemiga le dijera eso.

— Dysnomia, creo que el calor te está afectando — le dijo Camus una vez superado el bochorno por el comentario — y nos estamos saliendo del tema, debemos de planear cómo salir de aquí.

— Bueno, ya han pasado dos horas desde que estamos aquí — Mū miró su reloj, decidiendo que ignoraría todo lo que había pasado desde que todos decidieron ser unos exhibicionistas y vio a su interés amoroso manosear a dos de sus amigos — probablemente debamos hacernos a la idea de que nos quedaremos aquí hasta que Death Mask llegue.

— Tal vez sería bueno pararnos en la parte de enfrente, para que nos vea cuando llegue y sepa que tiene que sacarnos — dijo Shaka.

— Cuatro horas más, no — Milo se apoyó en Shijima — tengo hambre y el Sol es horrible.

— Esperemos que las nubes con formas de libros que hablan de dragones decidan apiadarse de nosotros — murmuró Afrodita mirando el cielo.

El grupo pronto se dispersó de nuevo, la intensidad de los rayos solares disminuía, pero sólo era una breve solución a sus problemas, el hambre también fue apareciendo, al igual que la sed y el dolor de cabeza en algunos.

— Siento que no pudiéramos ir al cine — le dijo Dysnomia a Mū cuando tuvieron un extraño momento a solas.

— Será otro día — Mū sonrió, y aunque sabía que su competencia estaba ahí, decidió arriesgarse — tal vez ese día podríamos hacer algo más que salir cómo amigos, ¿te gustaría?

Ella lo miró a los ojos antes de llevar sus manos a sus desnudos hombros y mirar al suelo.

— Mū, ¿recuerdas, cuando estábamos con Kiki, que te dije que había alguien muy especial para mi?

— Sí, y es Shaka lo sé, pero también sé todo lo que sucedió entre ustedes, él sólo es amable, no te ve de esa manera y lo siento, pero no lo hará, no después de la manera en la que actuaste, sólo te habla porque no sabe cómo rechazarte de una vez por todas.

El médico calló cuando se dio cuenta de que tal vez había ido demasiado lejos, todo lo que decía eran conjeturas, pero eso no significaba que no pudieran ser verdad, después de todo él conocía más al rubio que ella, y si eso evitaba problemas en el futuro sería el villano en ese momento.

— Creo que iré con Milo y Shijima — murmuró Dysnomia, desanimada.

— No quise decirlo así…

Ella lo ignoró y caminó hacia el lado derecho, donde los nombrados discutían sobre movimientos de lucha, después de compartir y discutir sus rutinas de ejercicio.

— Eso fue horrible — a espaldas de Mū, Camus se acercó a él — no suelo meterme en los problemas de los demás, en especial si no los conozco o me involucran, pero creo que esa no es la manera de decirle a una chica que su amor no le hará caso, si eso pasa por supuesto.

— ¿Si eso pasa?

— Bueno, en realidad la única persona que sabe lo que piensa o siente Shaka es él — Camus miró a su amigo, a lo lejos, hablando con Afrodita sobre su azotea verde — no me atrevería a decir lo que hará o no, apenas me voy enterando de que hace algo más que meditar y estudiar, podría sorprendernos en cualquier momento, y creo que ella es amiga de Shijima, y se convierta o no en su cuñada, no le gustará saber que la están haciendo sentir mal por sus acciones del pasado, acciones de las que me parece se arrepiente.

Después de la breve reflexión de Camus pasaron otros cuarenta y nueve minutos; todos estaban sentados en la barda frente a la casa, Shijima y Camus se habían vuelto a poner la ropa en cuanto el Sol comenzó a ocultarse tras algunas nubes y Milo amarró su camisa sobre su cabeza. Aburridos y cansados, así se sentían todos, con su cóctel de sus propios sentimientos, Camus sentía arrepentimiento por hacerle caso a Milo y subir, Mū sentía culpa, Dysnomia estaba triste, Afrodita se sentía fastidiado, Shijima y Milo tenían hambre y pocas ganas de bajar de parte del pelirrojo, y Shaka tenía una extraña sensación de tranquilidad y diversión, no podía recordar cuándo fue la última vez que le había pasado algo como lo que estaba viviendo, una situación extraordinaria que estaba en sus últimos momentos, era una lástima que todo se pusiera en un extraño ambiente tenso entre Mū y Camus, y había algo extraño también con Dysnomia que no podía identificar; además de la tensión entre Milo y Camus que aún se manifestaba, la propia tensión de Afrodita ante todo y su primo con sus dilemas amorosos.

— ¿Qué día es hoy? — preguntó el rubio después de que todos se quedaran en silencio, sentía que había olvidado algo.

— Martes — murmuró Dysnomia, alejada de él y del médico, no queriendo ver a alguno de los dos.

Shaka se llevó una mano a la barbilla y entrecerró los ojos.

— Había algo para hoy, pero no lo recuerdo.

— ¿Algo? ¿Un programa de televisión? — preguntó Afrodita.

— ¿Tenías trabajo en el orfanato? — dijo Camus cuando Shaka negó.

— ¿Una cita? — cuestionó Mū, ganándose una mirada de parte de la pelinegra.

— Yo no tengo esas cosas.

— ¿Y Marín? — Milo levantó una ceja, sólo para molestar.

— Marín es mi amiga, y le di su teléfono a Aioria, eso me recuerda que debía preguntarle por qué no la ha llamado.

— Al menos eso explica por qué Aioria ya no está planeando cómo acabar contigo — dijo Milo recordando que ahora Aioria planeaba cómo convertir a Shaka en una deidad.

— Creo que lo más cercano que tuve a eso fue contigo — Shaka miró a Dysnomia — pero no, era otra cosa.

— ¡Hey! ¡¿Qué hacen todos ahí?!

Ante el grito todos bajaron la mirada para ver a Shura, con un recipiente sobre la mano derecha, parado justo en medio del jardín delantero.

— ¡Eso era! Shura viene hoy a dejarme uno de sus platillos — dijo Shaka sonriendo.

— ¡Shura! ¡Eres un héroe! — le gritó Afrodita, manifestando en palabras lo que todos sintieron en ese momento.

Cada quien, a su manera, le agradeció a Shura cuando el pelinegro quitó el seguro de la trampilla, permitiendo que las escaleras se desplegaran y pudieran bajar, desde los más eufóricos como Shijima y Milo que lo abrazaron, hasta los contenidos, como Camus, Mū y Shaka, pasando por Afrodita que fue una mezcla de ambos y Dysnomia que se presentó antes de abrazarlo; y aunque nadie le explicó lo que había sucedido o por qué Milo no tenía camisa, Shura estaba feliz de ser llamado héroe.

Afrodita no perdió tiempo en desaparecer en el baño del segundo piso, hablando de lo urgente que era una ducha mientras los demás priorizaron otras cosas, como la comida; por su parte Dysnomia y Mū estuvieron a punto de salir de la casa e ir cada uno a la suya, el día había terminado mal para ambos, pero Shijima los detuvo.

— Estuvieron atrapados con nosotros por tres horas, más o menos, lo menos que podemos hacer es invitarlos a comer, tomar agua tan siquiera, ¿quieren una paleta de hielo? — preguntó antes de abrir el congelador — Camus, no te equivocaste, mi teléfono está aquí.

— Eso ya no me sorprende.

— Gracias pero yo paso… no puedo dejar mucho tiempo a Kiki con mi abuelo, a veces puede ser un poco desesperante — mintió el médico, era verdad que había dejado a Kiki con su abuelo pero sus planes iniciales eran otros — así que los veré después, el sábado.

— Yo también me iré — dijo Dysnomia cuando vio que Mū se fue.

— Puedes quedarte y después Shaka y yo te llevamos a tu casa, o cerca — murmuró Shijima entregándole su paleta a la pelinegra — no tenemos problema ¿cierto?

El pelirrojo miró hacia la entrada del lado del comedor, donde Shaka entraba, usando otra playera y con el cabello amarrado.

— No, no hay problema, de hecho creí que Mū también se quedaría.

— Se fue, no fue un buen día para él — intervino Camus, mordiendo su propia paleta.

— Bueno, en realidad no fue un buen día para nadie — dijo Milo, él había optado por comer un poco de las tortillas españolas que había llevado Shura — ¿aún iremos a pagar el internet?

— Obviamente, sólo estoy esperando a que te dignes a ponerte la ropa.

— Oh, pero mi playera está toda arrugada y sucia — se quejó Milo mientras tocaba su playera sobre su cabeza — Shijima…

— Sí, agarra lo que quieras, creo que incluso tengo algo de Scorpions.

— ¿Alguien se dignará a explicarme qué fue lo que sucedió? — interrumpió Shura — sé que soy su héroe, pero me gustaría saber exactamente las razones.

El encargado de resolver todas las dudas de Shura fue Camus, quien lo hizo mientras esperaba a que Milo eligiera su nuevo vestuario y los primos iban a dejar a la chica a su casa; dejando al francés con la sensación de que no volvería a entrar a algún lugar con un potencial peligro de cerrarse con alguna de esas personas.