Invitado: Gracias! Me alegro de que te guste la historia.

Arual17: sí, disimular durante tanto tiempo tiene que ser complicado... y sí, se lo ha dicho jaja, veremos si todo cambia cuando vuelva a ser él mismo.


Capítulo Veinte

La nueva batalla


Los meses siguieron pasando y el día del equinoccio se acercaba.

Este último año todo había sido muy intenso entre Syaoran y yo, lo que había hecho que no pudiera dejar de pensar en él mientras estaba torturando a los humanos.

Además, ese ángel había despertado en mí muchos sentimientos que creía haber perdido, y me resultó bastante duro soportar el sufrimiento que yo misma les provocaba a las almas.

No quería seguir haciendo daño, estaba harta de todo eso y del maldito inframundo. Aunque tampoco me imaginaba viviendo en el cielo, rodeada de ángeles y teniendo que ser buena y comportarme bien en todo momento.

Lo intentaría por Syaoran... pero no estaba segura de si sería capaz.

Lo único que me echaba para atrás de nuestro intento de fuga era que, en cuanto la barrera desapareciera, los sentimientos que él tenía por mí también lo harían.

Una pequeña parte de mi mente tenía esperanzas de que eso no ocurriera, pero necesitaba ser realista para no llevarme una decepción. Los ángeles no tenían relaciones, y seguramente entre nosotros no habría pasado nada si Syaoran no hubiera estado tan afectado por la atmósfera del inframundo y no hubiese perdido su energía celestial.

Me estremecí mientras volaba hacia la gruta. No quería pensar más en todo eso. Tenía que centrarme en conseguir que él escapara y pudiera ser feliz, aunque eso significara mi muerte a manos de Lucifer.

En mi interior sabía que lo más probable era que los demonios me descubrieran y me atraparan, llevándome ante él para que me atravesara con su tridente de fuego, pero estaba dispuesta a ello si así podía salvar a Syaoran. Era la primera vez que anteponía la vida de alguien a la mía.

Al abrir la puerta, él me estaba esperando en uno de los sillones que había materializado en mi habitación, con una PSP que le di meses atrás entre sus manos.

Había cogido la costumbre de limpiarme antes de volver junto a él. Prefería que no me viera cubierta de sangre humana.

—Acabo de terminar de pasarme otro juego, Sakura —dijo con alegría, invitándome a que me acercara a él con un gesto de su mano.

Sonreí y miré lo que me estaba mostrando en la pequeña pantalla de la consola.

—Te has vuelto todo un gamer —murmuré, riendo entre dientes.

—Estos juegos humanos son muy entretenidos. Ahora entiendo que a Touya le gusten tanto.

—Mi hermano siempre ha sido un poco friki.

Los dos nos reímos y él tiró de mi brazo, haciendo que cayera en su regazo.

Me besó y cerré los ojos, disfrutando de sus labios. Tal vez sería una de las últimas veces que podría hacerlo. Ese pensamiento me creó un nudo en el estómago y me aparté un poco, bajando la mirada.

Syaoran frunció el ceño al verme así y me sujetó mejor entre sus brazos.

—¿Qué te pasa?

Mis ojos encontraron s los suyos y suspiré.

—Mañana es el día.

Él apretó los labios.

—Lo sé.

—Tengo miedo, Syaoran.

—No lo tengas. Los dos conseguiremos salir de aquí.

—No tengo miedo por eso —reconocí en voz baja.

Él levantó una ceja y me miró fijamente.

—Tengo miedo de que a partir de mañana no sientas nada por mí.

Syaoran suspiró y yo me apreté más contra él, en busca de su calor corporal.

—No estoy seguro de lo que pasará... y aunque así sea, yo siempre voy a estar ahí para ti.

Asentí, con la cabeza escondida en el hueco de su cuello.

—Te salvaré, Syaoran.

—Nos salvaremos —corrigió él.

—Lucifer vendrá a por mí si se da cuenta de que intento escapar, y Aureus me matará en cuanto me tenga cerca.

—No dejaré que nada de eso pase.

Me senté mejor sobre sus piernas y volví a buscar su boca con desesperación. Syaoran rodeó mi cintura y respondió a mi beso, entreabriendo sus labios para recibir a los míos.

Me alejé unos centímetros y lo miré a los ojos.

—Quiero estar contigo... puede que esta sea la última vez.

Él jadeó al escucharme y atacó mis labios con la misma pasión que yo estaba sintiendo en ese momento.

Gemí sin poder controlarme y nuestra ropa desapareció con un chasquido de mis dedos. Syaoran recorrió todo mi cuerpo con sus manos sin dejar de besarme ni un segundo, como si estuviera intentando memorizarlo... y yo hice lo mismo, estremeciéndome con cada escalofrío que sus dedos me provocaban.

En cuanto nos unimos lo escuché gruñir y empezó a empujarme hacia él, cada vez con más fuerza. Me controlé para no hacerle daño con mis uñas y volví a jadear cuando sus labios bajaron hasta el hueco de mi cuello, donde dejaron un mordisco más intenso de lo normal.

Un orgasmo abrasador recorrió todo mi ser, pero todavía no había tenido suficiente. Necesitaba sentir más a Syaoran, quería poder recordar todos nuestros momentos juntos si conseguía sobrevivir y que me aceptaran en el paraíso.

Él tampoco parecía querer parar. Subió las manos por mi espalda y me sujetó justo bajo el nacimiento de mis alas, recorriendo con sus dientes uno de mis hombros.

Hice que levantara la cabeza y nuestros ojos conectaron mientras empezaba a moverme en círculos sobre él. Podría perderme en su mirada durante horas, sobre todo cuando era tan brillante como en ese momento.


Dejé salir un suspiro y materialicé dos cubos de pintura, tal como había planeado con Syaoran semanas antes.

Él llevaba puesta ropa de color negro y le quedaba tan bien que me daban ganas de arrancársela a mordiscos. También llevaba una armadura como las que llevábamos todos los demonios cuando íbamos a la guerra, y un par de guantes de cuero negro que dejaban ver sus dedos para que pudiera sujetar mejor el arma que le daría.

No podía estar más sexy el maldito. Me estaba costando mucho trabajo resistirme.

—¿Crees que dará el pego? —preguntó mientras yo pasaba mis manos llenas de pintura roja por su cara.

—Sí, parece que es sangre. Muchos demonios no se lavan jamás y van cubiertos de ella, tú serás uno más.

Le manché un poco el pelo con la pintura y después los brazos, dejando cubiertos los sitios donde se veía el color de su piel. Después de limpiarme hice lo mismo en sus alas con pintura negra, asegurándome de cubrir todas las plumas blancas. Tras eso, le oscurecí un poco el pelo usando los restos de pintura que tenía entre los dedos.

Me alejé un poco para examinar mi trabajo. Syaoran ya casi parecía un demonio... pero faltaba una cosa.

Cogí unos cuernos que él mismo había tallado en días anteriores usando un trozo de madera oscura y los acerqué a su cabeza. Hice aparecer un bote de pegamento y les eché un poco en la base, pegándoselos justo en el nacimiento del pelo.

Ahora sí que parecía todo un demonio. Estaba impresionante y se me aceleraba el pulso al verlo con esa pinta de malvado.

—Nadie va a notar la diferencia, créeme. El único problema son tus ojos.

—¿Qué pasa con mis ojos? —preguntó él, alzando una ceja.

—Ahora mismo nada, pero no puedes permitir que se vuelvan dorados o te descubrirán. Pase lo que pase no puedes enfadarte hasta que estés lejos, Syaoran.

Él asintió con gesto serio.

—Lo único que me hace enfadar son los demonios, pero puedo controlar mi furia.

Ladeé la cabeza y lo miré, torciendo los labios en una mueca.

—Yo no estoy tan segura. Cuando luchaste conmigo estabas muy cabreado... y creo que en cuanto veas que empieza la pelea te va a pasar lo mismo.

Syaoran me dedicó una sonrisa torcida.

—Me controlaré, Sakura. Cuando sienta que vuelvo a ser yo mismo me va a costar, pero lo haré.

Suspiré de nuevo y me aproximé a él, rozando sus labios.

—Aunque en un rato no me correspondas... siempre te querré, Syaoran. Ha sido maravilloso pasar este tiempo juntos y me has convertido en una persona mucho mejor de lo que era cuando estaba viva.

—¿Crees que, si siguieras siendo humana y murieras justo ahora, no irías al infierno?

Sonreí y negué con la cabeza.

—Seguiría cayendo aquí, pero seguro que con muchos menos pecados que antes. Nunca podré ser buena del todo, es aburrido.

Syaoran puso los ojos en blanco, pero correspondió a mi sonrisa.

—Digas lo que digas, en el fondo no eres mala.

Me sujetó una mano y se la apreté. Estaba bastante nerviosa.

Nos acercamos a la puerta y me quedé un momento escuchando en silencio. Parecía que la mayoría de demonios ya habían abandonado la gruta porque no se oía nada. Abrí lentamente y salí la primera, comprobando que no hubiera nadie cerca.

Syaoran salió también y volví a cerrar la puerta, echando la llave.

—Pase lo que pase, nunca volveremos por aquí —dije, empezando a caminar.

Era mejor que Syaoran volara lo menos posible. Aunque su pintura estaba seca, no quería arriesgarme a que se le estropeara.

Él siguió a mi lado hasta que la entrada a la gruta apareció en la lejanía. Nos separamos y empezamos a volar hacia donde estaban los miles de demonios esperando a Lucifer.

Aterricé junto a Yue y Syaoran lo hizo a unos metros de mí, manteniendo la distancia como habíamos acordado. Me daba miedo que Yue pudiera reconocerlo.


Observé a Sakura en silencio, escuchando a todos los demonios gruñir a mi alrededor. El momento se acercaba y estaban deseando luchar contra mis compañeros del paraíso.

Mantuve la vista en el cielo sin estrellas, intentando no apretar los puños al verme totalmente rodeado de seres con los que deseaba acabar. Particularmente me molestaba uno de ellos que estaba a mi derecha, no muy lejos de donde yo me encontraba. Kurogane.

Poco a poco empecé a ver el acantilado y las luces doradas de las armaduras de los ángeles, lo que hizo que mi corazón latiera más rápido. Nadie se fijaba en mí por la emoción de la batalla y no habían notado que no era un demonio. Nuestra estrategia estaba funcionando.

Lucifer se alzó sobre todos nosotros y nos recordó que solo disponíamos de una hora para herir a todos los ángeles que pudiéramos. También dijo que Aureus era suyo y no debíamos acercarnos a él a no ser que fuera para bebernos su sangre cuando lo hubiera matado.

Apreté los dientes y volví a mirar hacia arriba mientras todos los demonios vitoreaban a Lucifer.

Noté que mi energía empezaba a volver a mi cuerpo y sonreí. La barrera estaba desapareciendo, cada segundo que pasaba me sentía más poderoso.

Volví a mirar a Sakura y vi que estaba hablando con Yue mientras señalaban a los ángeles, probablemente planeando por el lado que los iban a atacar. Sentí una pequeña punzada en el estómago que no entendí y sacudí la cabeza, volviendo a concentrarme.

Cuando todo mi poder volvió a mí, Lucifer gritó y los demonios alzaron el vuelo a la vez. Los imité, observando como todos los ángeles comenzaban a caer hacia nosotros.

Agité mis alas y empecé a volar más rápido hacia ellos, sujetando en mi mano la espada que Sakura me había dado. Por el rabillo del ojo vi que ella iba justo detrás de mí, intentando mantener mi velocidad.


Syaoran era más rápido que la mayoría de demonios, por lo que nos adelantó antes de que alcanzáramos a los ángeles.

Empezó a girar sobre sí mismo a toda velocidad sin dejar de volar y vi como la pintura desaparecía. Cuando se detuvo, volvía a llevar su armadura dorada y sus ojos brillaban a través del yelmo mientras agitaba sus enormes alas blancas.

Todos escuchamos una exclamación por parte de los ángeles al verlo. Seguramente pensaban que estaba muerto.

—¡Traidora! ¡A por ella!

El grito gutural de Lucifer retumbó por todo el inframundo, provocándome escalofríos. Los demonios que estaban cerca de mí empezaron a atacarme con su energía demoníaca y sus armas, pero seguí volando sin detenerme hasta estar junto a Syaoran.

Varios ángeles intentaron golpearme y él se interpuso.

—¡No! ¡Ella viene conmigo!

Una horda de demonios se lanzó contra nosotros y vi que él congelaba a dos de ellos con su energía helada, haciendo que cayeran al suelo del inframundo.

—¡Sakura! ¡Huye! —dijo, empujándome hacia atrás.

Negué con la cabeza y seguí acumulando más fuego a mi alrededor, lanzándolo contra los demonios que estaban intentando capturarme. Varios ángeles, entre ellos Yukito, nos rodearon para intentar ayudarnos.

—¡Vete! ¡Es a ti a quien quieren! —volvió a gritar Syaoran, atravesándome con su mirada dorada.

Yo no aparté mis ojos rojos de él.

—¡No pienso dejarte aquí, Syaoran! Si me voy, tú tienes que venir conmigo.

Lo escuché gruñir mientras golpeaba a uno de los demonios en el nacimiento de sus alas, partiéndoselas.

Realmente era muy buen soldado, me impresionaba verlo en acción. Había tenido mucha suerte al vencerlo aquella vez.

Aureus pasó cerca de nosotros y me estremecí violentamente cuando sus ojos dorados se posaron en mí, pero Syaoran volvió a ponerse delante en posición protectora.

Lancé mi bola de acero llena de pinchos hacia un demonio que acababa de herir a Yukito en la pierna, golpeándole en la cara. El demonio retrocedió entre gritos y extendí una mano, lanzándole un rayo de fuego que lo hizo caer.

Vi a varios ángeles ser atravesados por el tridente de Lucifer y apreté los dientes, intentando no perder el control. Aureus se lanzó contra él con su lanza dorada y el diablo tuvo que dejar de matarlos para hacer frente a su adversario.

Giré mi espada, atravesando el brazo de un demonio que se estaba acercando a Syaoran. Sonreí al verlo retroceder, pero algo se me clavó la espalda.

Al girarme con un gesto de dolor, Kurogane me miraba con una sonrisa malvada curvando sus labios mientras volvía a levantar su espada, totalmente cubierta con mi sangre.


Ya he terminado de escribir esta historia, me falta ponerla bonita y darle los últimos retoques a cada capítulo. En total son treinta, así que nos quedan diez más todavía.

¿Conseguirán escapar? ¿Matarán a Sakura si pone un pie en el paraíso? ¿Buscará venganza Lucifer en la siguiente batalla?