Arual17: Sí, a Eriol no se le escapa nada xD. Yukito creo que sale en la batalla de hace un par de capítulos, ayudándolos a defenderse. Sakura es una diablesa, ya no es humana :P por lo que no va a cambiar de forma al llegar al paraíso, sigue siendo lo mismo en todas partes.


Capítulo Veintidós

La energía


Después del paseo por el cielo del paraíso regresé a mi habitación, entrando a través de la ventana.

La temperatura era tan agradable que no se necesitaban cristales, aunque por lo que había visto las casas de las almas humanas tenían. Seguramente ellos hacían cosas que no querían que los demás escucharan.

Sacudí la cabeza y resoplé. Era mejor no seguir torturándome con eso. Tenía que aceptar que el único contacto que tendría a partir de ese momento sería que Syaoran me sujetara la mano para llevarme a algún sitio, porque dudaba mucho que algún humano se atreviera a tocarme.

Desde que aterricé, solo había recibido miradas llenas de miedo por parte las almas que vivían allí. Tal vez se acostumbrarían a mi presencia con el tiempo y dejarían de temerme... pero, tras haber estado con Syaoran, sabía que no iba a volver a interesarme por nadie.

No existía humano ni ser inmortal que pudiera compararse con él.

Con lo activa sexualmente que había sido desde los dieciséis años... todo eso se había terminado para mí. Tendría que conformarme con mis sueños húmedos con él y, si alguna vez me desesperaba, siempre podía tocarme hasta calmar mi ansiedad.

Me reí ante mis propios pensamientos y me dejé caer en la gran cama blanca. Era tan cómoda como la que hice aparecer en el infierno para poder descansar.

La cabeza me seguía dando vueltas y tenía una sensación algo desagradable recorriéndome todo el cuerpo. Bufé al pensar en que me tocaba adaptarme a vivir así para siempre, aunque al menos era mejor que seguir en el infierno. Ya no tendría que torturar a nadie y podría hacer lo que quisiera.

Cerré los ojos, intentando dormir y sumergiéndome sin darme cuenta en el mundo del subconsciente, enfrentándome a pesadillas en las que Kurogane conseguía atraparme y me llevaba ante Lucifer, quien me atravesaba con su tridente de fuego mientras se escuchaba la risa de Yue en la lejanía.


Algo cálido me estaba rozando la piel de la frente y me despertó. Me quedé sin aliento al ver a Syaoran sentado en el filo de mi cama, con su rostro muy cerca del mío.

—¿Una pesadilla? —preguntó, con su mirada llena de preocupación.

—Sí, pero después de lo que pasó ayer creo que tendré muchas más —murmuré, incorporándome un poco en la cama.

—Ya estás a salvo, Sakura. Esos demonios no volverán a ponerte la mano encima —respondió, apartándose hasta que hubo un metro entre nosotros.

—¿Cómo está Touya? —pregunté, mordiéndome el labio inferior con ansiedad.

Syaoran volvió a mirarme y sonrió.

—¿Quieres verlo?

Mis ojos se abrieron como nunca.

—¿De verdad puedo?

—Los humanos tienen prohibido ver lo que pasa en la tierra, pero técnicamente ya no eres una humana... así que puedo hacer una excepción contigo —dijo él, levantando una de sus manos y extendiéndola delante de él.

La agitó y apareció una imagen que me recordó al espejismo con el que Yue me había castigado durante años.

Me senté a su lado y miré con atención lo que me estaba mostrando, sintiendo que las lágrimas se me acumulaban en los ojos. Touya estaba preparando el desayuno en la cocina de su apartamento tranquilamente mientras escuchaba música.

—Ahora es un hombre casado —añadió Syaoran.

Lo miré de reojo y vi que estaba levantando una ceja, como si estuviera esperando mi reacción.

—¿Cómo se llama ella? —pregunté con curiosidad.

—Pronto lo sabrás.

Volví a dirigir mi atención a la imagen y vi que una chica con el pelo largo y oscuro acababa de entrar en la cocina, abrazando a mi hermano desde atrás y besándolo en la mejilla.

Poco después los dos salieron con su desayuno ya preparado, sentándose en una mesa para comer. No pude seguir conteniendo las lágrimas cuando reconocí a mi amiga Tomoyo.

—Ellos... ellos... están juntos... y se quieren —murmuré sin apenas voz.

Por el rabillo del ojo vi la sonrisa de Syaoran.

—Sí. ¿Te mostraron tu funeral cuando llegaste al infierno?

Asentí sin dejar de mirar la imagen del mundo humano. Era maravilloso ver a mi hermano y a mi amiga tan felices.

—Tras ese día ellos siguieron en contacto, apoyándose el uno en el otro para intentar superar tu muerte... y poco a poco empezaron a sentir algo más, se enamoraron sin darse cuenta. Comenzaron a salir y, según me ha contado Eriol, hace tres años que empezaron a vivir juntos y poco después se casaron.

El rostro de Touya se ensombreció de repente y fruncí el ceño.

—¿Qué le pasa?

—Está pensando en ti —respondió Syaoran en voz baja.

No me acordaba de que él podía escuchar los pensamientos de los humanos. Tomoyo alargó un brazo hasta que sujetó la mano de mi hermano.

—Seguro que, esté donde esté, ella está bien. Algún día volveremos a verla, Touya —dijo con voz dulce, apretándole la mano.

Touya sonrió levemente y, tras besar su mano, siguió comiendo mientras hablaba con ella.

Syaoran hizo desaparecer la imagen y me sequé las lágrimas. No me había dado cuenta de que todavía estaba llorando.

—¿Estás bien?

—Me hace muy feliz ver que están juntos... ellos son las únicas personas que me importaron mientras estuve viva. Gracias por enseñármelo, Syaoran —contesté, mirándolo y sonriendo de forma sincera.

El ángel asintió, correspondiendo a mi sonrisa.

—Puedo enseñártelo más veces. Cuando quieras volver a verlos, dímelo.

Sin poder contenerme, me acerqué más a él y besé sus labios, apartándome en cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo. Él se había quedado totalmente paralizado.

—Lo siento, perdón —susurré, apretando los dientes al intuir que Syaoran se había sentido incómodo.

—No te preocupes —respondió él, poniéndose de pie para alejarse de mí.

Suspiré y me palmeé las mejillas, intentando calmar mis emociones.

—¿No deberías estar vigilando a mi hermano ahora mismo? —pregunté, recordando que él era su ángel guardián.

Syaoran desvió la mirada, fijándola en la pared frente a nosotros.

—Eriol me está cubriendo, quería venir para enseñártelo y hablar contigo. Tenemos que decidir lo que vas a hacer a partir de ahora.

Sacudí la cabeza y me levanté también, siguiendo al ángel que ya estaba caminando por el pasillo.

—¿Qué es lo que voy a hacer, Syaoran?

—He pensado que podías empezar por ser una de las que recibe a las nuevas almas. Tu deber será calmarlas, porque llegan asustadas y confundidas. Después les darás a elegir un lugar donde vivir y otros ángeles se encargarán de construirles un hogar donde ellas decidan.

—Suena fácil —respondí, suspirando.

Syaoran sujetó una de mis manos, llamando mi atención al instante. Levanté la mirada y vi que sus ojos estaban fijos en los míos.

—Tendrás que ser amable y comprensiva con ellos, Sakura. ¿Podrás hacerlo?

—Sí... lo haré, me esforzaré. No quiero decepcionarte.

La pequeña sonrisa ladeada de Syaoran me tranquilizó, pero eso no duro mucho.

—¡Syaoran! ¡De verdad has vuelto! —gritó una voz chillona.

Algo muy pequeño chocó contra su cuerpo. Bajé la vista y vi que era una humana que estaba intentando abrazarlo. Ella clavó sus ojos rojizos en mí y le dediqué una sonrisa burlona. Me encantaba ser tres cabezas más alta que la mayoría de almas humanas.

—¿No eres peligrosa? —preguntó, abrazando más fuerte a Syaoran.

El ángel sujetó sus brazos, apartándolos y separándose de ella.

—No, no es peligrosa. Y ya sabes que no me gusta que me abracen, Meiling —murmuró Syaoran con voz grave, mirándola con el ceño fruncido.

—Pero es que te he echado mucho de menos. Todos pensaban que estabas muerto —protestó la humana con lágrimas en los ojos.

—Pues no. Ella me mantuvo con vida y me ha traído de vuelta —respondió él, mirándome de reojo.

Yo tenía los puños apretados y estaba conteniendo mi rabia al ver a esa humana. Me acordaba de todo lo que Syaoran me había contado sobre ella... y sabía lo enamorada que estaba de él.

—Gracias por salvar a mi Syaoran, diablesa —dijo ella, sonriendo.

¿Su Syaoran? Las ganas de golpearla aumentaron. Necesitaba alejarme de allí cuanto antes.

—No lo hice por ti.

Agité las alas y levanté el vuelo, volviendo a toda velocidad hacia mi habitación.

Cerré la puerta con demasiada fuerza y me dejé caer sobre la cama, hundiendo el rostro en una de las almohadas y empezando a llorar sin poder evitarlo. Me dolía demasiado que Syaoran ya no quisiera estar conmigo y encima tendría que soportar a esa humana diciendo que era suyo.

Escuché que la puerta se abría y se volvía a cerrar lentamente, pero no me moví. Alguien se sentó en la cama, hundiendo un poco el colchón, y una mano conocida acarició las plumas negras de mis alas.

—¿Por qué te pones así?

Gruñí y escuché su risa.

—Venga, Sakura. Dime lo que te pasa, a ti no te puedo leer la mente.

—No me gusta que otra te abrace y diga que eres "su Syaoran", eso es todo —admití, con la voz ahogada por la almohada.

—No soy su Syaoran, por mucho que lleve siglos diciéndolo.

Levanté un poco la cabeza y lo miré. Tenía el ceño fruncido, como si le molestara muchísimo que Meiling dijera eso sobre él.

—Lo siento. He huido porque me estaban entrando ganas de partirle la cara a esa enana —reconocí, resoplando con fastidio.

Syaoran volvió a reírse y me incorporé hasta quedar sentada a su lado.

—No me ayuda que la cabeza me esté dando vueltas todo el día, pero intentaré controlarme mejor —murmuré entre dientes, llevándome una mano a la frente y cerrando los ojos.

La sensación de mareo que me acompañaba desde que entré en el paraíso y perdí completamente mis poderes era muy molesta.

—Respecto a eso... quiero intentar algo.

Volví a mirar a Syaoran, que extendió sus brazos.

—Acércate más y abrázame.

Levanté una ceja, extrañada.

—Hace dos minutos estabas diciendo que no te gusta que te abracen.

—Contigo estoy acostumbrado. Vamos, quiero probar una cosa.

Me senté sobre sus rodillas y lo abracé, sonriendo cuando su aroma me rodeó. Syaoran colocó sus brazos alrededor de mi cintura, apoyando la cabeza en mi hombro justo como hacía en el inframundo.

Su energía empezó a envolvernos, girando a nuestro alrededor. Sentí que algo muy frío empezaba a atravesarme la piel y me tensé, pero él me acarició la espalda con sus dedos.

—Confía en mí.

Volví a relajarme al escuchar su susurro y esa sensación helada siguió extendiéndose hasta que estuvo por todo mi cuerpo. De repente desapareció y Syaoran levantó la cabeza, mirándome a los ojos.

El dolor de cabeza había desaparecido.

—¿Qué es lo que has hecho?

—He compartido mis poderes contigo.

Como reaccionando a sus palabras, mi fuego interior se agitó.

Levanté una de mis manos y una bola de pequeñas llamas se formó en la palma al instante. La hice desaparecer y miré otra vez a Syaoran, frunciendo el ceño.

—¿Cómo has podido hacer eso? ¿Y por qué lo has hecho?

—No estaba seguro de si podría, pero ha funcionado —contestó él, ladeando la cabeza y sonriendo.

—Y ahora eres menos poderoso... ¿Te das cuenta de lo que has hecho, Syaoran? —pregunté, muy nerviosa.

—No importa. Si me dedico a entrenar, mi energía volverá a incrementarse poco a poco. Y también lo hará la tuya si haces lo mismo.

Noté otra vez la sensación helada bajo mi piel y la concentré en una de mis manos, donde se formaron varios fragmentos de hielo alargados.

Los dos nos miramos sin saber qué decir. Ni siquiera Syaoran se esperaba que pudiera hacer eso.

—Tengo... tengo los dos poderes ahora, el del fuego y el del hielo —comenté con voz temblorosa mientras los hacía desaparecer.

Syaoran suspiró lentamente, intentando comprenderlo.

—Es increíble. Tendremos que entrenar para que puedas dominarlos por completo —dijo, dedicándome una sonrisa torcida.

—¿Por qué has hecho esto por mí? Podría haber soportado vivir aquí sin poderes, ya me había hecho a la idea.

—Porque me importas mucho y quiero que seas feliz.

Sus palabras me golpearon como si fueran rocas.

—¿Qué?

Syaoran apretó los puños y alejó su mirada de mí, cuadrando la mandíbula.

—No esperaba sentirme así y no sé lo que pasará cuando todos lo sepan... pero te sigo queriendo. Nada ha cambiado.

No sabía cómo reaccionar.

¿De verdad aún me quería? Esa no era la impresión que me había dado. Desde que aterrizamos en el paraíso, su actitud era diferente. ¿Será que estuvo disimulando delante de los demás? ¿O que volvía a sentirse confundido?

Pestañeé varias veces mientras asimilaba lo que acababa de escuchar, y empecé a sonreír como una idiota. Me lancé a sus brazos y él volvió a sujetarme.

—¿Lo dices en serio?

Necesitaba volver a escucharlo.

—Ya sabes que no miento.

Eso me hizo recordar su confesión de que había mentido en el inframundo.

—Pensaba que tu mentira había sido decir que sentías algo por mí sin ser cierto —añadí en voz baja, agarrándome más fuerte a su cuello.

—Mentía cuando te decía que no provocabas nada en mí y que no me gustabas. Todo eso solo fue verdad durante los primeros meses. Me encantaban tus besos y estar cerca de ti, aunque te dijera que no.

Los brazos de Syaoran me estrecharon y acaricié su cuello con la nariz, inhalando su aroma fresco que tanto me gustaba. Me sentía muy atontada, como si me hubiera bebido un par de copas.

Syaoran me obligó a levantar la cabeza con sus manos y me besó, robándome el aliento.

Los dos cerramos los ojos y nos abrazamos más fuerte, como si lleváramos meses separados y necesitáramos sentirnos lo más cerca posible. Nuestras lenguas empezaron su baile favorito y me dio la sensación de que iba a derretirme, como cada vez que él me besaba.

Sus labios quemaban, abrasando los míos. Una de sus manos se coló por debajo de mi vestido rojo y, cuando subió hasta mi cintura, pensé que mi cuerpo iba a empezar a arder sin que yo pudiera evitarlo.

Enredé los dedos en su maravilloso pelo castaño, que siempre olía igual que un día de lluvia, y me alejé unos centímetros de sus labios. Sus ojos ámbar se abrieron y me atravesaron hasta llegar a lo más profundo de mi alma, provocándome un escalofrío muy placentero.

—Te quiero tanto, Syaoran... nunca he sentido esto por nadie —confesé en un susurro.

Quería que lo supiera, aunque no fuera capaz de creerme.