Arual17: jajaja sí, han cogido buenas costumbres en el infierno xD
Capítulo Veintitrés
Aceptando lo imposible
Estaba muy abrumado. No me esperaba escuchar que yo era la primera persona a la que Sakura amaba de verdad.
No me veía capaz de hablar, así que volví a besarla. Estos casi dos días sin tenerla tan cerca habían sido una pequeña tortura.
Y todo porque me negaba a admitir que mis sentimientos eran verdaderos, tan reales que no habían desaparecido cuando volví a ser un ángel por completo y mi mente pudo volver a pensar como antes. Pero, en vez de esfumarse, todo lo que sentía por Sakura se fortaleció, dándome una gran lección.
Casi cuatro años pensando que todo era por estar débil y descubrí que lo que Sakura provocaba en mi cuerpo y en mi interior había sido inevitable. Seguramente me habría pasado lo mismo si no hubiera perdido los poderes ni la fuerza, y eso no era fácil de asumir.
Ella me había demostrado que su amor era real al poner en peligro su vida para sacarme del inframundo y se merecía que aceptara lo que me ocurría.
Tendría que enfrentarme a todos los ángeles porque ninguno de ellos iba a comprender que yo amara y deseara a otro ser inmortal. Era el primero al que le ocurría algo así, y lo más probable es que fuera el último.
Quizás que Sakura y yo nos encontráramos fue culpa del destino, al igual que lo que ocurrió cuando Lucifer se rebeló y abandonó el paraíso.
Lo único que tenía claro es que no quería volver a separarme de ella. Mi vida antes de conocerla había sido aburrida y sin color, tan solo cumpliendo con mi deber mientras el tiempo pasaba y la vida en el planeta tierra evolucionaba.
Escuché a Sakura suspirar y todos mis músculos se tensaron. Necesitaba sentir su piel contra la mía. Como si estuviéramos pensando en lo mismo, con un chasquido de sus dedos hizo desaparecer al instante toda nuestra ropa.
Sonreí entre sus labios y me incliné, recostándola sobre el colchón.
—¿Para eso vas a usar tus poderes recién recuperados? —pregunté con voz burlona.
—Y para esto también.
Apartó la mirada para fijar sus ojos rojos llenos de deseo en las dos ventanas de su cuarto, haciendo que aparecieran gruesos cristales.
Levanté una ceja y Sakura sonrió, acariciándome el rostro con sus manos.
—Así nadie nos escuchará —susurró antes de volver a atacar mis labios.
Los separé para recibir sus deliciosos besos y me incliné más, dejándola totalmente tumbada sobre su cama. Me moví hasta que cada centímetro de nuestros cuerpos estuvo en contacto y la escuché jadear.
—Estás demasiado bueno, joder —gruñó entre dientes, estremeciéndose mientras me lamía el cuello y recorría mi pecho con sus dedos.
Reprimí una sonrisa y sujeté su barbilla con una mano para mirarla a los ojos.
—No seas malhablada —murmuré, acariciándole los labios con la punta de mi lengua para provocarla.
Me incorporé lo suficiente para poder bajar una de mis manos por su vientre hasta llegar a la parte más sensible de su anatomía, aquella que descubrí el primer día que estuve explorando todo su cuerpo durante horas.
Sakura gimió a pocos centímetros de mis labios cuando empecé a tocarla ahí y se agarró con fuerza a mi espalda, apretándome contra ella.
Nos unimos y apoyé mi frente en la suya, mordiéndome el labio para contener todo el placer que estaba sintiendo.
Ella reclamó mi boca con furia y empezamos a movernos en sincronía, disfrutando del roce de nuestros cuerpos. No tardé mucho en sentir sus espasmos en la parte baja de su vientre, lo que me provocó más todavía.
—Hoy estás muy sensible —susurré en su oído.
—Pensaba que esto no volvería a pasar nunca —contestó ella, jadeando suavemente.
Mordí el lóbulo de su oreja mientras incrementaba mis embestidas, haciendo que Sakura gimiera cada vez más.
Sus garras se clavaron en mi espalda pero no me importó, como cada vez que pasaba. Me gustaba sentir la pasión de esa diablesa en todo su esplendor.
Ella volvió a besarme y a través de sus labios sentí pasar un poco de su energía. Había olido mi sangre y me estaba curando. La levanté con mis brazos hasta que quedó sentada, con la espalda apoyada en el cabecero de madera blanca.
—No me cures. Déjame disfrutarte y haz tú lo mismo —murmuré entre dientes antes de volver a mordisquear y succionar su cuello.
Sakura gruñó y empezó a revolverse. Nuestras partes íntimas se habían separado y eso no le gustaba. Me empujó, obligándome a ponerme de pie sobre la cama. Se agarró a mí con sus brazos y rodeó mi cintura con las piernas.
Tras cerrar sus ojos rojos me mordió el labio inferior, clavando un poco sus colmillos pero sin llegar a herirme. Mi sangre empezó a arder y la empujé contra la pared de mármol.
Un jadeo escapó de sus labios cuando chocó contra ella y volví a alejarme de su boca, mordiendo su oreja. Entré en ella de nuevo y empecé a moverme, tensándome cada vez que escuchaba el cuerpo de Sakura golpear la pared.
Una de sus manos estaba en la parte de atrás de mi cabeza, tirando suavemente de algunos mechones mientras la otra descendía por mi espalda.
Sentí sus uñas y un pellizco cuando llegó hasta una de mis nalgas. Abandoné su cuello, que ya estaba algo irritado por mis mordiscos, y me abalancé sobre sus labios con muchas ganas. Los dos ahogamos un gemido con nuestros besos y apreté más mis brazos alrededor de ella, soportando el intenso orgasmo que recorría todo mi cuerpo. Sakura también temblaba, estaba sintiendo lo mismo que yo.
Extendí mis alas y bajé de la cama de un salto, con ella aún entre mis brazos. Volví a ponerla contra la pared, todavía dentro de su cuerpo y sin dejar de besarla. Ella respondía a mi beso con la misma intensidad y sonreí al pensar en que parecía que nos habíamos vuelto locos.
Recuperé un poco de mi cordura y rompí el beso, mirándola a los ojos. Ambos respirábamos con dificultad.
—Me has trastornado totalmente —murmuré, dejando otro beso sobre sus labios.
La única explicación para lo que me había ocurrido desde que la conocí era que mi mente había enloquecido. Sus manos subieron a mis mejillas y volvió a dejar los pies en el suelo.
—Te lo dije allí abajo y te lo vuelvo a decir... esto no es malo, y me da igual lo que opinen los ángeles.
Le dediqué una sonrisa torcida y chasqueé los dedos, haciendo que volviéramos a estar vestidos. No quería alejarme de ella, aún no. Volvimos a besarnos hasta que Sakura se separó unos centímetros de mi rostro.
—¿Hay alguien que nos esté esperando donde recibís a las almas? —preguntó en voz baja, mirándome fijamente.
Fruncí el ceño y chasqueé la lengua, sacudiendo la cabeza.
—Rayos... se me había olvidado —gruñí entre dientes.
Soltó una risita y me uní a ella, relajándome por primera vez desde que había vuelto al paraíso. Cuando nos calmamos del todo, salimos de su habitación.
—Oye, Syaoran... ¿no les molestará a los ángeles que yo vista así?
Giré la cabeza para mirarla, observando su provocativo vestido rojo con la gran raja que le llegaba hasta el muslo.
—Nosotros no juzgamos a nadie, aquí cada uno puede vestir como quiera. Hay muchos humanos que son nudistas y les gusta vivir de esa forma.
Le ofrecí mi mano y ella la cogió, alzando el vuelo a mi lado. Sobrevolamos una parte del paraíso hasta llegar al lugar donde aparecían las nuevas almas. Aterrizamos suavemente junto a Eriol y sentí una gran oscilación en el aire, Aureus también había aparecido a nuestro lado. Miró nuestras manos unidas y Sakura me soltó.
—Syaoran, tengo una pregunta para ti —dijo Aureus, clavando sus ojos dorados en mí.
Escuché a Eriol suspirar y todo el cuerpo de Syaoran se tensó, temiendo la misma pregunta que yo.
—Te escucho, Aureus —contestó él con voz tranquila.
—Hace bastante rato que fuiste a buscar a la diablesa y, como no volvías, decidí ir a buscaros. Os he visto salir de su habitación y me ha parecido que eras demasiado cariñoso con ella, incluso coges su mano cuando a ti nunca te ha gustado el contacto. ¿Qué está pasando? —preguntó el gigantesco ángel, cruzándose de brazos.
Syaoran apretó la mandíbula y me imaginé que estaba lamentando no poder mentir.
—Pasamos por mucho en el inframundo. Estuvimos años juntos, los dos solos... y empecé a sentir algo por ella —reconoció en voz baja.
—¿Cariño? Porque eso es lo único que podemos sentir los ángeles —comentó Aureus, levantando una ceja.
Apreté los puños y di dos pasos, encarando a ese ángel tan idiota.
—Te equivocas. Los demonios son ángeles caídos y sienten muchas cosas, sobre todo placer. Técnicamente no podrían sentir eso si son ángeles, ¿no?
Aureus torció los labios, haciendo una mueca.
—Buen punto, Sakura. ¿Entonces qué es lo que sientes por ella? —volvió a preguntar, mirando a Syaoran.
Él frunció el ceño y me sentí mal. No esperaba que tuviera que confesarlo todo tan pronto.
—La quiero —murmuró Syaoran, bajando la mirada.
—¿Estás seguro? —preguntó Eriol, bastante sorprendido.
—Completamente.
—Eso es imposible —gruñó Aureus, agitando sus alas blancas con irritación.
Ya me estaba cansando de esa maldita conversación. Me acerqué a Syaoran y sujeté su mano otra vez, entrelazando nuestros dedos.
—No es imposible, yo también estoy enamorada de él. Simplemente pasó y no pudimos evitarlo —dije, lanzándole una mirada de odio al ángel.
No me gustaba que hiciera sentir culpable a Syaoran.
—¿Qué ha pasado entre vosotros? —preguntó Aureus, mirándome directamente.
Sonreí de lado, imaginando la cara que iba a poner cuando se lo dijera... aunque era mejor no usar palabras bruscas para responderle.
—Todo lo que puedas imaginar. Nos hemos besado cientos de veces, y hemos hecho todas las cosas que hacen los humanos cuando están en una relación amorosa.
Escuché que Eriol aguantaba la respiración y Aureus frunció el ceño.
—Recuerda que no puedes mentir, diablesa —me advirtió con voz dura.
—No está mintiendo —murmuró Syaoran, suspirando.
Levantó la mirada y clavó sus ojos ambarinos en Aureus.
—Si quieres castigarme por mis pecados, hazlo. Pero no la acuses de mentir porque no lo hace.
—¡El amor no es pecado, Syaoran! —grité con rabia, apretando su mano.
No pensaba permitir que lo castigaran por ello.
—Aquí no castigamos a nadie y lo sabes, Syaoran. Pero me parece increíble que te sientas atraído por alguien, y que sea por una diablesa que luchó contra nosotros.
—También me salvó, no lo olvides. Sakura ha demostrado no ser como el resto de demonios —añadió Syaoran con gesto serio.
—En eso tienes razón. Ella es diferente y se debe a que fue humana no hace mucho —admitió Aureus, resoplando.
—¿Entonces tenéis una especie de... relación? —preguntó Eriol con su voz llena de curiosidad.
—Algo así —murmuré, mirándolo.
—¿Física?
—Sí. ¿Te importa mucho eso?
Gruñí con enfado. Lo que pasara entre Syaoran y yo no era asunto de nadie.
—En realidad no, pero siento mucha curiosidad —reconoció Eriol en voz baja.
Aureus se acercó más a mí, haciéndome sentir incómoda.
—¿Estás dispuesta a probar que lo que dices sentir por él es cierto?
Asentí, no sabiendo muy bien a dónde quería llegar. Él puso sus dos manos sobre mi cabeza.
—Esto puede que te resulte un poco desagradable, pero solo será un momento —dijo, cerrando los ojos.
Todo se volvió negro y vi pasar miles de imágenes por delante de mis ojos. Era como ver una película sobre lo que habíamos vivido Syaoran y yo a toda velocidad.
Tras unos diez segundos, Aureus me soltó y caí al suelo de rodillas, jadeando. Esa invasión mental me había dejado totalmente agotada y sin fuerzas.
El ángel suspiró y volvió a mirar a Syaoran.
—Te quiere de verdad.
Levanté la cabeza y vi a Syaoran sonreír.
—Lo sé —respondió, mirándome de reojo.
Tiró de mi brazo y me levantó, sujetándome para que no volviera a caerme.
—No le hagas lo mismo a él, por favor. Ha sido muy incómodo —le pedí a Aureus.
Él me miró, entrecerrando los ojos como si hubiera dicho una locura.
—Jamás le haría eso a un ángel. Confío en la palabra de todos ellos y sé que Syaoran no miente —contestó, bufando.
—Él es el único que puede leer la mente de cualquier ser, no solo de los humanos. Y eres el tercer demonio al que se lo hace —explicó Syaoran en un susurro.
—¿Para qué se lo hiciste a los otros dos? —pregunté, intrigada.
—Quedaron atrapados aquí mientras intentaban herir a los humanos. Lo hice para buscar alguna pista sobre cómo derrotar a Lucifer antes de matarlos —murmuró Aureus, moviendo las alas y levantando el vuelo hasta quedar por encima de nosotros.
Me estremecí ante sus palabras y el ángel sonrió al verme.
—Tranquila. Tú no estás en peligro, ya te dije que puedes vivir aquí. Si Syaoran cree que eres digna, eso es más que suficiente —añadió con voz grave.
—¿Y qué va a pasar ahora? ¿Nos vas a prohibir estar juntos? —pregunté, sintiendo un nudo en la garganta.
No quería alejarme de Syaoran, pero si Aureus me obligaba no me quedaría más remedio que obedecer sus órdenes.
—Sois libres de hacer lo que queráis. En este lugar no prohibimos nada, Sakura... y menos a un ángel como Syaoran, que ha demostrado miles de veces lo valeroso que es. Solo os pido que no dejéis que los humanos sepan lo que hay entre vosotros, intentad ser discretos.
—Cuando os estén viendo podéis aparentar ser simplemente compañeros de vida, como Kaho y yo —comentó Eriol, intentando ayudar.
—Pero si preguntan no es posible mentirles, Eriol —añadió Syaoran.
—No preguntarán. Saben que nuestras vidas no son asunto suyo —dijo Aureus, aún volando a un metro de nosotros.
Salió disparado hacia arriba y su figura se perdió en la lejanía, volviéndose una sombra ante la gran esfera solar que adornaba el cielo.
