Arual17: A ver si has acertado jaja

Guest: Ahora lo vas a saber!


Capítulo Veintisiete

La batalla definitiva


Sujeté mi espada con fuerza, abalanzándome sobre los demonios.

No pensaba tener piedad. Tenía que destrozar a todos los que pudiera para que a Aureus le resultara más fácil combatir contra Lucifer y poder derrotarlo de una vez por todas.

Los ojos rojos del diablo se encontraron con los míos y centellearon mientras me mostraba una sonrisa malvada.

—¡A por él! ¡Traédmelo! —gritó, señalándome con su tridente de fuego.

Una horda de demonios empezó a rodearme. Lanzaron varias flechas ígneas, pero las esquivé sin esfuerzo. Todo el entrenamiento con Sakura me había ayudado y ahora sabía la forma en la que a ellos les gustaba atacar.

Extendí mis alas blancas al máximo y concentré todo mi poder en las manos, creando un torbellino de luz a mi alrededor. Lo expulsé y mi energía helada se juntó con la de mis compañeros, consiguiendo alcanzar a muchos de los demonios y congelándolos al instante.

Sonreí mientras los veía caer al inframundo. Tardarían bastante en descongelarse y eso nos daría más tiempo.

Escuché el sonido de una espada rasgando el aire y giré, consiguiendo protegerme a tiempo con mi escudo. Un demonio de ojos azules me observaba con odio.

Volvió a golpear mi escudo y gruñó al reconocerme.

—Tú...

Sus ojos cambiaron a color rojo intenso.

—Hola, Yue —murmuré a través del yelmo, retándolo con la mirada.

Empezamos a luchar mientras otros demonios trataban de alcanzarme, pero una decena de ángeles me rodeaban y protegían. Las alas negras de Yue se agitaban con violencia, se notaba que estaba furioso.

—Acabaré contigo y después iré a por esa cabrona que nos engañó a todos.

Resoplé y le dediqué una sonrisa burlona.

—Ya te gustaría —contesté, volviendo a atacar.

Los dos estábamos heridos, pero no pensaba detenerme. Yue consiguió quemar una de mis piernas con su fuego demoníaco. Yo le hice varios cortes por el cuerpo y destrocé su armadura.

—¡Morirás, maldita!

El grito de Lucifer retumbó por todo el lugar, poniéndome los pelos de punta.

Yue y yo nos detuvimos, mirando hacia donde estaba el diablo. Pude ver a un ángel de armadura dorada luchando contra él, pero tenía las alas negras.

Me quedé sin aliento al darme cuenta de que era Sakura. Maldije entre dientes y aproveché la distracción de Yue, que también estaba contemplando a la diablesa con los ojos muy abiertos y el ceño fruncido, haciéndole un corte en la garganta con mi espada.

Él se llevó la mano al cuello y empezó a caer. Sabía que aún no estaba muerto, pero no había tiempo para pedirle a Aureus que acabara con él. Necesitaba llegar hasta Sakura y protegerla.

Lucifer no tardaría mucho en destruirla, era demasiado poderoso.

Moví mis alas lo más rápido que pude y volé hacia ella a toda velocidad. Su armadura dorada estaba rota y Lucifer había destrozado su arma de pinchos. Ya solo le quedaba la espada para defenderse.


Sabía que iba a morir, pero no me importaba.

Había escuchado perfectamente la voz de Lucifer exigiendo que atraparan a Syaoran y lo llevaran ante él para acabar con su vida, y no pensaba permitirlo. Jamás.

Estaba segura de que en cuanto me viera cambiaría de objetivo, y no me equivoqué. Nada más detectarme, Lucifer lanzó un grito que se escuchó por todas partes y vino a por mí, batiendo sus gigantescas alas negras y levantando su poderosa arma mortal.

Destrozó mi bola de acero en segundos, pero conseguí hacerle frente con la espada de doble filo que Syaoran había creado para mí años atrás, cuando empezamos a entrenar.

No iba a durar mucho, aunque al menos serviría para que dejaran a mi angelito en paz y, con suerte, Aureus conseguiría acercarse a Lucifer ahora que estaba pendiente de mí.

El poder controlar los dos tipos de energía me estaba resultando útil. Al diablo le costaba repeler mis ataques de hielo y fuego a la vez. La risa gutural de Lucifer cuando consiguió lanzar mi espada por los aires me congeló la sangre en las venas.

—Hasta nunca —gruñó, moviendo hacia atrás la mano donde sujetaba el tridente.

Era cuestión de un par de segundos que me lo clavara en el pecho. Ya me había roto la armadura y me atravesaría con un solo golpe. Cerré los ojos y pensé en Syaoran, agradeciendo haber tenido la oportunidad de conocerlo y de ver que la vida no era tan asquerosa como yo pensaba.

Pero no sentí nada.

Abrí los ojos de golpe cuando escuché un pequeño gemido de dolor delante de mí y palidecí al ver a Syaoran. Me estaba cubriendo y el tridente de Lucifer había atravesado uno de sus hombros.

—¡No! ¡Syaoran!

Lucifer sacó su arma del cuerpo del ángel y él jadeó, empezando a caer hacia el suelo del inframundo.

Sin pensarlo volé tras él, atrapándolo entre mis brazos antes de que chocara contra las piedras afiladas. Le quité el yelmo y vi que tenía los ojos cerrados. Acerqué mi mano a su nariz y no sentí su respiración.

—¡Syaoran! ¿Syaoran? ¡Syaoran, contéstame! —grité, sacudiéndolo.

Observé su herida, que era muy profunda y estaba rodeada de llamas. Era igual que las que había visto en todos los ángeles muertos en otras batallas.

Sabía que pronto su cuerpo empezaría a desvanecerse hasta desaparecer, pero no me veía capaz de aceptarlo.

Todo acababa de dejar de tener sentido. Esta pelea, el intentar ser mejor persona, vivir en el paraíso... ¿para qué? Si no podía estar con él, prefería estar muerta.

Lucharía hasta el final, asegurándome de llevarme a más de un demonio conmigo, pero después dejaría que Lucifer acabara con mi vida al igual que había hecho con Syaoran.

Seguí batiendo mis alas lentamente, volviendo a subir con él en mis brazos hacia donde estaban todos peleando.

De repente escuché varios gritos muy agudos y alcé la mirada, contemplando lo que estaba ocurriendo sobre mi cabeza.

Contuve la respiración al ver que Lucifer me miraba con ojos furiosos y lo escuché jadear. Tenía la lanza de Aureus atravesando su pecho.

Había querido seguirme cuando me lancé en picado para coger a Syaoran y, justo en ese momento, Aureus había conseguido acabar con él aprovechando que el diablo estaba demasiado distraído conmigo.

Todos los demonios detuvieron la pelea y miraron a Lucifer con sus ojos llenos de terror. Se escuchaban los gritos de varias diablesas, pero los que más alto se oían eran los de Lilith.

Aureus sacó la lanza de su cuerpo y la hizo girar en su mano, limpiándola de la sangre del diablo.

Lucifer empezó a caer, pero no llegó a dar contra el suelo de piedra. Su cuerpo desapareció por completo antes del impacto.

—Se acabó. No volveremos a luchar nunca más —dijo Aureus con voz grave, agitando sus alas blancas y contemplando a todos los demonios.

Sentí movimiento entre mis brazos y bajé la mirada, encontrándome con unos ojos ámbar fijos en mí. Su herida seguía ardiendo, pero me estaba mirando con una pequeña sonrisa en los labios.

—Sa...Sakura —susurró, cerrando los ojos y apretando la mandíbula.

Me abalancé sobre sus labios y apreté su cuerpo contra el mío, sin poder creer que aún siguiera con vida. Puse una de mis manos sobre su herida y dejé salir mi poder helado, apagando el fuego creado por Lucifer.

Syaoran respondió a mi beso, moviendo sus labios sobre los míos. Noté un matiz de desesperación, como si él también hubiera pensado que iba a perderme.

No quería que el beso terminara, pero necesitaba saber si estaba bien. Me alejé varios centímetros y observé su herida. Aún estaba abierta y sangraba demasiado.

—¿Estás vivo? Pero... ¿cómo? —pregunté con incredulidad.

Los labios de Syaoran se curvaron.

—Para matarnos tiene que atravesar nuestro corazón. ¿No lo sabías?

Negué con la cabeza, incapaz de articular palabra.

—Aunque esto duele más de lo que imaginaba —añadió, jadeando y sujetándose el brazo.

Lo abracé más fuerte y dejé fluir mi energía por su cuerpo, intentando cerrar su herida. Enseguida me sentí agotada, pero al levantar la cabeza vi que lo había curado casi por completo.

Syaoran se removió y aflojé mi agarre, dejando libres sus piernas. Me rodeó con sus brazos y lo escuché suspirar.

—Estúpida diablesa... te dije que no vinieras.

—Y yo te he dicho muchas veces que iba a pelear. No sé cómo has podido creer que te iba a hacer caso.

Aureus estaba hablando. Syaoran sujetó mi mano derecha y volamos hasta colocarnos al lado de Yukito.

—A partir de ahora, las cosas serán como antes. No voy a permitir que ningún demonio vuelva al paraíso, tenéis demasiada maldad en vuestro ser como para eso. Seguiréis aquí, pero con una condición: volveréis a ofrecer una segunda oportunidad a las almas que de verdad se arrepientan. Todas aquellas que lo hagan serán traídas ante nosotros en cada equinoccio que nuestros mundos se unan, y las enviaremos de nuevo al planeta tierra para que tengan otra oportunidad.

Me fijé en los demonios. La mayoría estaban apretando los puños y mirando a Aureus con odio, pero Lilith seguía gritando insultos contra todos los ángeles.

—¿Hay alguien que no esté dispuesto a cumplir estas condiciones? —preguntó Aureus, observando a su alrededor.

—¡Jamás te obedeceré! ¡Mi único señor es Lucifer, y tú eres un maldito hijo de puta! —chilló Lilith con lágrimas en los ojos.

—Solo tenéis dos opciones... o aceptar mis reglas o desaparecer al igual que Lucifer. ¿Qué eliges, diablesa?

—Elijo seguir a mi amor hasta el final —dijo ella en voz baja, fulminándolo con la mirada.

—Como desees —respondió Aureus.

Lanzó su arma dorada contra ella. La lanza atravesó el pecho de Lilith y su rostro se contrajo de dolor. Syaoran tiró de mí y me atrapó entre sus brazos, ocultando lo que estaba pasando de mi vista.

—No es necesario que veas esto, Sakura —murmuró cerca de mi oído.

Subí mis manos hasta su indomable melena castaña y entrelacé mis dedos en sus mechones, apartándome de su pecho y sonriendo.

—Tranquilo, soy una chica fuerte. Recuerda que ya no soy humana.

Él asintió y dejó que siguiera mirando. Me encantaba el instinto protector que Syaoran tenía siempre conmigo.

Aureus ya tenía su arma de nuevo en una de las manos y el cuerpo de Lilith casi había desaparecido por completo.

—¿Alguien más que quiera desaparecer junto a Lucifer y a Lilith? —preguntó Aureus, arrugando el entrecejo.

Los demonios guardaron silencio y algunos ángeles empezaron a mirar hacia arriba. El fin del equinoccio estaba cerca y podían sentirlo.

—De acuerdo, pues ya sabéis las condiciones. Dentro de cuatro años estaré esperando a las almas humanas que se hayan arrepentido. Hasta entonces, seguid con vuestro trabajo —dijo el ángel, empezando a volar hacia arriba.

—¡Espera!

Syaoran y yo también habíamos comenzado a ascender, pero nos detuvimos ante el grito de Yue. Cuando todos los ángeles lo estaban mirando, volvió a hablar.

—¿Y ella? No es un ángel, su lugar está aquí abajo con nosotros —gruñó, apuntándome con uno de sus dedos.

Me estremecí y Syaoran puso uno de sus brazos alrededor de mis hombros.

Me daban escalofríos solo de pensar en tener que volver al inframundo. Seguro que todos los demonios aprovecharían para vengarse y torturarme... especialmente Yue, que tenía sus ojos rojos llenos de furia clavados en mí.

Aureus me miró unos segundos y después contempló al demonio que me estaba señalando.

—Sakura se ha ganado un lugar entre nosotros y puede permanecer en el paraíso si es lo que quiere.

Los ángeles volvieron a mover sus alas en dirección a lo alto del acantilado. Syaoran y yo hicimos lo mismo, cogidos de la mano. Miré hacia atrás y le enseñé mi dedo corazón a Yue, que estaba mostrándome sus colmillos.

Cuando aterrizamos en el borde, vi que ya apenas se podían distinguir los relámpagos que coronaban el infierno.

—¿Se ha acabado? —pregunté, mirando a Syaoran.

Él no dejaba de sonreír.

—Sí, ha terminado al fin. Se acabó la guerra.

Se empezaron a escuchar gritos de alegría por cada esquina, el paraíso al completo estaba de celebración. Me acerqué más a Syaoran y apoyé la cabeza en su hombro.

—Gracias por salvarme —susurré, apretando más fuerte su mano.

Sus labios rozaron mi flequillo.

—Siempre —contestó en voz baja.

Caminamos hacia donde estaban casi todos los ángeles gritando con emoción mientras informaban a los demás de lo que había pasado, sin que la cálida mano de Syaoran soltara la mía en ningún momento.


Dejo el capi antes de tiempo, un regalito.

Al principio mi idea era que uno de los dos no sobreviviera, pero... los quiero demasiado para hacerles eso xD algún día seré capaz de separarlos, pero hoy no es ese día.

¿Cómo creéis que va a terminar la historia? Quedan 3 capis más, y quiero saber vuestras teorías :)