Capítulo Veintinueve
Una decisión difícil
Aureus nos observó a los dos mientras cerraba la puerta. Syaoran me llevó hasta la cama y nos sentamos en el borde, mirando al enorme ángel de ojos dorados que teníamos delante.
—¿Hay algún problema? —pregunté, extrañada.
Aureus se cruzó de brazos y empezó a andar por la habitación sin mirarnos.
—En realidad, no... ¿O es que has hecho algo que no debías?
Me tensé de inmediato y escuché la risa suave de Syaoran.
—No has hecho nada malo, relájate —susurró cerca de mi oído.
—Que yo sepa no he mentido. Lo que hago es omitir información que las almas no tienen porqué saber —respondí, buscando la mirada de Aureus.
Él asintió.
—Es lo que tengo entendido, confío en ti y no voy a volver a leerte la mente. No es de eso de lo que quiero hablar —dijo, plegando sus alas blancas y sentándose en el sillón que había en una esquina.
Apreté los labios y entrecerré los ojos, esperando. Todo esto me resultaba cada vez más raro.
—Me cuesta un poco reconocerlo, pero sin tu ayuda y tus consejos no habríamos conseguido derrotar a Lucifer. El paraíso está en deuda contigo, Sakura —comentó Aureus, mirándome a los ojos.
—De eso hace ya muchos años... ¿por qué me lo dices ahora?
—Porque creo que te has ganado el derecho de tener otra oportunidad, al igual que el resto de humanos del inframundo. Y ahora que todas las personas que conocías ya no están en el planeta es el momento oportuno.
Mi respiración se cortó y un escalofrío recorrió mi espina dorsal, haciéndome temblar.
—¿Qué? —grité, confundida.
—Nunca lo he hecho, pero sé que podré volver a convertirte en un alma humana si lo intento. Te enviaré de nuevo al mundo terrestre para que tengas la oportunidad de vivir esa experiencia. Moriste muy joven y, si quieres, te ofrezco esa posibilidad.
—No —gruñí entre dientes, frunciendo el ceño.
—Deberías pensarlo bien antes de rechazar la oferta —murmuró Aureus, levantando una ceja.
Iba a negar de nuevo pero Syaoran me sujetó la barbilla con una mano, obligándome a mirarlo.
—¿Te estás negando a ir por mí?
Su cara reflejaba mucha seriedad.
—Pues claro. Quiero estar contigo y no pienso irme de aquí —contesté con voz grave.
Syaoran puso los ojos en blanco, suspirando.
—Seguiré aquí cuando regreses, Sakura. Los años humanos no son nada para mí y te estaré esperando —respondió, regalándome una pequeña sonrisa.
Sacudí la cabeza con fuerza, intentando contener las lágrimas.
—Eres lo mejor que me ha pasado y no voy a renunciar a esto.
—Apenas tuviste oportunidad de disfrutar del mundo humano. Puede que hasta conozcas a algún buen chico que llegue a tu corazón y consiga que te enamores de él... deberías vivir esa experiencia —dijo Syaoran en voz baja, soltando mi mano.
—¡No! —chillé, furiosa.
Me lancé sobre él y lo estrujé entre mis brazos, empezando a sollozar sin poder evitarlo.
—¡No quiero enamorarme de nadie más! ¡Solo quiero amarte a ti, idiota! ¡Deja de decir estupideces!
Aureus nos observaba con una sonrisa divertida curvando sus labios. Estaba disfrutando del espectáculo, nadie en el paraíso era tan dramática o hablaba tan mal como yo.
—No sabes lo que dices. Los humanos tenéis la capacidad de amar a más de una persona, lo he visto muchas veces. Os enamoráis y desenamoráis con facilidad —insistió Syaoran, suspirando otra vez.
—¡Que no, joder! ¡Eres el único para mí y siempre lo serás!
Sentí sus brazos rodeándome la cintura y su nariz hundiéndose en mi pelo.
—Entonces, aunque no ames a nadie mientras estés allí... vuelve y vive, Sakura. Volveremos a encontrarnos cuando llegue de nuevo tu hora. Pediré ser tu ángel guardián y me encargaré de que no vuelvas a dejarte llevar por tu lado malvado. Esta vez no acabarás en el infierno.
—No quiero. Además, si lo hiciera... al volver a vernos sería una humana y ya no te gustaría.
Sentí la sonrisa de Syaoran sobre la piel de mi cuello.
—Tu esencia seguirá siendo la misma, claro que me gustarás. Te seguiré queriendo cuando regreses.
Negué con la cabeza y me apreté más contra su cuerpo, temblando.
—Creo que voy a mejorar mi oferta —dijo Aureus de repente.
Los dos nos separamos y lo miramos, extrañados. Syaoran secó mis lágrimas con la manga de su camisa y me besó en la mejilla.
—Lo siento, tenía que intentar convencerte. Me gustaría que pudieras disfrutar de la vida humana de verdad, creo que te lo mereces.
Lo miré de reojo y volví a negar.
—No necesito una vida humana, solo te necesito a ti.
—¿Me vais a escuchar? —preguntó Aureus, frunciendo el ceño.
Los dos dirigimos nuestra atención hacia él y sonreí al ver que se estaba cabreando.
—Habla, ya no la distraeré más —murmuró Syaoran, asintiendo.
—Sakura... ¿Y si Syaoran también fuera al mundo humano contigo? ¿Entonces considerarías volver? —propuso Aureus con una media sonrisa.
Los dos nos quedamos paralizados un momento, sin saber qué responder.
—Yo soy un ángel. No puedo ir al mundo humano —dijo Syaoran, entrecerrando sus ojos de color ámbar.
—Has sido el mejor luchador entre todos los ángeles de la guarda y también mereces un premio. Si quieres experimentar lo que es ser un humano, te concederé ese deseo. Ya sabes que tengo suficiente poder para hacerlo.
—¿Y cuando vuelva aquí que pasará?
—En cuanto pongas un pie en el paraíso, volverás a tu forma original. Serás un ángel otra vez.
—Eso podría considerarlo —comentó Syaoran en voz baja.
Lo miré fijamente, muy sorprendida.
—Hablas como si realmente te estuvieras planteando ir a vivir al mundo humano.
Syaoran me dedicó una sonrisa torcida.
—No me importaría. Llevo milenios observando a los humanos y estaría bien poder experimentar lo mismo que ellos... así que, si quieres, iré contigo a la tierra.
Contemplé a los dos ángeles unos segundos, bastante confundida.
—Pero... pero aunque Syaoran se convierta en un humano y venga conmigo, no recordaremos nada de lo que ha pasado aquí... ¿verdad? Puede que no nos conozcamos nunca y que cada uno hagamos nuestra vida por separado —murmuré, con mi vista fija en Aureus.
Él pareció meditarlo un momento, llevándose un dedo a la barbilla.
—Vuestra memoria será borrada completamente, pero yo mismo me encargaré de que estéis cerca y me aseguraré de que os conozcáis. Si vuelve a surgir el amor entre vosotros o no, ya será cosa vuestra —respondió, encogiéndose de hombros.
Me mordí el labio inferior y observé a Syaoran, que parecía estar muy ilusionado con la idea.
—¿Me das algo de tiempo para pensarlo? —pregunté, suspirando.
Aureus asintió y se levantó del sillón.
—Espero tu respuesta mañana —dijo antes de abrir la puerta y marcharse.
Syaoran y yo nos miramos, aún en silencio.
—Me da miedo no conseguir estar contigo en el mundo humano. No quiero renunciar a lo que tenemos ahora —confesé en voz baja, apretando una de sus manos.
Syaoran me atrapó entre sus brazos, apoyando su barbilla sobre mi frente.
—Aunque no tengamos recuerdos, nuestras almas se reconocerán cuando se vean. Ellas no olvidan por mucho que cambien o se reencarnen, su memoria es permanente.
—¿Lo dices en serio? —pregunté, sorprendida.
—Sí, estoy seguro. Antes de que Lucifer declarara la guerra a Aureus, las almas que se arrepentían eran traídas aquí y enviadas de nuevo a la tierra... justo lo que hacemos ahora. Y, muchas veces, se reconocían unas a otras. Una vez tuve un protegido que sentía algo extraño cada vez que miraba a una chica y era porque en su vida anterior fueron hermanos.
—Vaya, no tenía ni idea —comenté, frunciendo el ceño.
—Nunca ha surgido esta conversación y nunca has preguntado —contestó Syaoran con una sonrisa burlona.
—Otra cosa que siempre he querido saber... ¿Por qué las almas siguen teniendo cuerpo, sangran y sufren como cuando estaban vivas?
Syaoran se rio entre dientes.
—Los humanos tenéis la creencia de que las almas son algo sin cuerpo, como si fueran aire... pero no es así. Estáis totalmente equivocados.
—Sí que somos estúpidos —murmuré, uniéndome a su risa.
—Entonces... ¿lo vas a hacer? ¿Iremos a la tierra? —preguntó Syaoran, sujetándome por los hombros.
—No lo sé. Si vamos, ¿dónde te gustaría nacer? Yo ya he vivido una vez, te toca elegir a ti que para eso eres el novato —dije, mordiendo suavemente su nariz.
—Después de tanto velar por Touya... la verdad es que siento curiosidad por Japón, y en especial por Tomoeda.
—Entonces le pediré a Aureus que nos mande a Tomoeda —acepté, asintiendo.
Syaoran sonrió y volvió a abalanzarse sobre mí, haciendo que los dos cayéramos en el colchón.
—¡Voy a ser humano! Es muy emocionante.
Me reí y sujeté su rostro entre mis manos.
—Estaremos bastantes años sin volver a estar juntos, hasta que seamos mayores... y te voy a echar de menos —susurré contra sus labios.
—Y yo a ti —dijo él, atacándome con uno de sus ardientes besos.
Nos envolvimos el uno en el otro y, antes de que me diera cuenta, nuestra ropa había desaparecido gracias a los poderes de Syaoran. Nos devoramos con ansiedad, conscientes de que no volveríamos a hacerlo en mucho tiempo.
Me hizo girar y se colocó sobre mí. Justo antes de adentrarse en mi interior me miró a los ojos y acarició una de mis mejillas con la punta de sus dedos.
—Te encontraré, Sakura. No sé cuánto tardaré, pero te encontraré. Lo prometo.
Sellé sus labios con un beso. Si seguía hablando me iba a hacer llorar.
—Hay dos mujeres que viven muy cerca en la ciudad de Tomoeda y que acaban de quedarse embarazadas. Os mandaré con ellas, seréis sus hijos —comentó Aureus.
Estábamos en la explanada llena de flores. Touya y Tomoyo se encontraban a mi lado, les había explicado la oferta de Aureus y ellos también insistieron en que la aceptara y me diera a mí misma la oportunidad de ser feliz en el mundo humano.
También habían venido Yukito, Eriol y Kaho a despedirse de Syaoran. Si todo iba bien, no volverían a verlo en unos ochenta años.
Agarré la mano de mi ángel y él me miró.
—¿Y si vuelvo a ser una idiota y acabo en el infierno? Seguramente me arrepentiré, pero tendré que volver a pasar por la tierra antes de conseguir llegar hasta aquí otra vez —murmuré con voz temblorosa.
Syaoran apretó mi mano, entrelazando nuestros dedos.
—Eso no pasará, ahora tendrás otros padres y me tendrás a mí. Aunque sea un humano seguiré siendo quien soy y te protegeré, Sakura.
—Eriol y Kaho me han pedido que les cambie a sus protegidos para ser vuestros ángeles guardianes —comentó Yukito con una sonrisa.
Syaoran contempló a su amigo de pelo azulado y su rostro se ensombreció.
—¿Tú vas a vigilarme a mí? —preguntó con voz grave.
Eriol asintió con una mueca divertida en el rostro.
—Sé que no me vas a necesitar porque seguirás siendo el mismo de siempre y vendrás directamente al paraíso sin mi ayuda, pero estaré pendiente de ti.
—Y yo te cuidaré a ti, Sakura. No dejaré que los demonios consigan tentar tu alma, prometo que te ayudaré siempre que pueda —dijo Kaho, apoyando una de sus manos en mi hombro.
Asentí, agradecida.
—Con una condición —gruñó Syaoran.
Su amigo Eriol levantó las cejas.
—¿Cuál?
—Si Sakura y yo volvemos a ser una pareja, vosotros dos tenéis que dejar de vigilarnos cuando estemos juntos. Ya sabes a lo que me refiero. Prometedme que os iréis a dar un paseo bien largo por el paraíso cuando eso ocurra —exigió Syaoran, señalándolos a ambos.
Kaho empezó a reírse y Eriol puso los ojos en blanco.
—Sabes que no sentimos nada al ver esas cosas, Syaoran. Te preocupas sin motivo —comentó él, chasqueando la lengua.
Syaoran lo miró fijamente y sus ojos se volvieron dorados.
—Me niego a que me veas en esa situación con ella. Promételo, Eriol.
El ángel de ojos azules suspiró y agitó sus alas.
—De acuerdo, te lo prometo. Kaho y yo no os vigilaremos cuando estéis juntos.
Syaoran asintió, satisfecho, y su cuerpo se relajó.
Me giré hacia Aureus, que estaba observando todo en silencio.
—Cuando yo vuelva al paraíso... ¿seré humana? Preferiría ser igual que Syaoran.
Él negó con la cabeza.
—Lo único que podré ofrecerte es volver a ser una diablesa como eres ahora. Tu esencia está ya unida a lo demoníaco y no puedo transformarte en un ángel por mucho que lo intente, es imposible.
—No importa, me encanta ser una diablesa y querré volver a serlo. Además... a Syaoran le gusto así. Seguro que si fuera una angelita se aburriría de mí.
Syaoran me rodeó con su brazo mientras se reía.
—No me interesa nada que te conviertas en un ángel. Te prefiero así, con un poco de maldad —admitió muy bajito, asegurándose de que tan solo yo lo escuchara.
Le dediqué una mirada traviesa, sonriendo.
Aureus materializó su lanza dorada y la giró en el aire, haciendo aparecer una marca blanca y circular en el suelo.
—Ha llegado el momento de que vayáis a la dimensión humana. Volveremos a vernos pronto, Syaoran. Espero que lo disfrutes —dijo, mirando a mi ángel con una media sonrisa.
Syaoran asintió, correspondiendo a su sonrisa, y empezó a andar sin soltar mi mano.
—Hasta pronto, hermana —murmuró Touya, que estaba abrazando a Tomoyo por la cintura mientras los dos sonreían.
Incliné la cabeza hacia ellos, incapaz de hablar. Justo cuando Syaoran estaba a punto de pisar la marca circular creada por Aureus, tiré de su brazo para detenerlo.
Él me miró a los ojos y se conmovió al ver que estaba a punto de llorar otra vez. Me rodeó con sus brazos y apoyó su frente sobre la mía mientras yo acariciaba sus alas blancas por última vez.
—Deja de preocuparte... te encontraré, ya lo verás —susurró, atravesándome con sus iris ambarinos.
Asentí, intentando sonreír, y lo besé con suavidad en los labios. Nos separamos y entramos en la marca sin dejar de mirarnos y cogidos de la mano.
¿Quién se esperaba este final?
En breve publico el epílogo
