Resumen: Harry es un héroe, Draco un villano, la atracción entre ellos no es algo normal, de hecho, muchos la catalogarían como enfermiza, pero ¿Será posible que logren suprimir sus emociones?

Harry como Batman, Draco como el Joker y una rara combinación de ambos mundos.


Advertencias:

- Este fanfic contiene secuestro y consentimiento dudoso, para nada se trata de una historia de amor dulce, así que si no estás de acuerdo con este tipo de temáticas es mejor que no lo leas. ️

- Este fanfic está basado en los fanarts de Yayayin3.


CAPÍTULO I

Harry escuchó el sonido de aparición que hicieron los aurores por medio de uno de los micrófonos que había instalado por toda la ciudad, escuchó los susurros de algunos de ellos anunciando la presencia de varios fujitivos, por lo que intuyó que se trataba de un crimen en grande, lo cual significaba que debía ir hacia allá. Era así como lo determinaba, había tantos crímenes en la ciudad que no podía cubrirlos todos en una noche, entonces priorizaba los más difíciles, los que posiblemente sólo él podría enfrentar.

Sigiloso y preciso, como siempre lo había hecho, desde que decidió llevar esta vida, voló sobre su motocicleta a través de las calles. Al llegar al área no se sorprendió al ver que se trataba de los lunáticos que se maquillaban de payasos, a quienes ya había enfrentado en incontables ocasiones; no le sería difícil derribarlos, eran como cualquier otro mago o bruja común, no podían hacer frente a un mago tan poderoso como él que ni siquiera necesitaba de una varita para lanzar hechizos y trasladarse. En realidad, el único que representaba un problema era el líder, quién se caracterizaba por ser un mago totalmente impredecible, nunca se sabía cómo iba a reaccionar o cómo actuaría ante su presencia. Por eso es que desde la primera vez que lo enfrentó había procurado tener cuidado, un sólo segundo de distracción, un momento de vacilación, cualquier error podía significar una catástrofe.

Respiró profundamente, hábito acostumbrado cuando requería concentración y relajación, si iba a enfrentar a Draco, más valía que se encontrara tranquilo. Preparado, saltó hacia el edificio abandonado desde donde un grupo de mangos y brujas maquillados como arlequines disparaban hechizos hacia los aurores. Eran tenaces, pero Harry no estaba para nada preocupado por ellos. Alguien más es quién mantenía su total enfoque.

Cómo siempre, con completa perfección cayó en uno de los pisos, ni siquiera hizo ruido al aterrizar, y se ocultó entre las sombras buscando a su objetivo.

No demoró mucho en encontrarlo, tampoco era como si su rival estuviera evitando que alguien lo encontrara. Estaba arrodillado, colocando cuidadosamente un grupo de viales con un contenido líquido de color ámbar dentro de una esfera de cristal, mientras tarareaba una canción. Harry sólo podía ver su espalda, pero estaba seguro de que tenía una gran sonrisa dibujada en su rostro.

— ¡Hey! Empezaba a preocuparme, pensé que me habías abandonado —dijo el hombre usando un tono de reproche; Harry se detuvo, regañándose a sí mismo por subestimar a su rival a pesar de que era obvio que su magia sería percibida desde el momento en que llegó al interior del edificio. Desde hace mucho tiempo, se dio cuenta de que tanto él, como Draco, percibían la magia del otro.

— Sólo vine a ocuparme de entregarte a los aurores como es debido. ─No tenía sentido explicarle algo a un desequilibrado mental, pero con Draco nunca podía contenerse, siempre terminaba diciendo cualquier tontería que se le viniera a la cabeza.

Escuchó un chasquido y vio el largo cabello rubio entintado de verde a lo largo de las puntas ondear de un lado a otro, claro indicio de que estaba negando con la cabeza.

— ¡Ya! Deja de jugar o yo…

— ¿Me matarás? Porque si no es así prefiero continuar jugando con esto que contigo, por si no te has dado cuenta, esto es muy divertido. —Al terminar de hablar soltó una risita traviesa, retomó el tarareo de su canción mientras se ponía de pie y giró lentamente mostrando al fin su rostro, el que, como siempre, estaba maquillado por completo. Rímel corría sobre sus mejillas como si hubiera estado llorando ─Harry tenía la impresión de que ese hombre sólo había llorado cuando su risa era tan fuerte que no podía evitar que sus ojos lagrimearan─ sonrió de lado, colocó una mano en la cadera y miró con suficiencia a su oponente.

Harry quería resoplar, sabía que Draco hablaba de la muerte de esa manera sólo para molestarlo, porque era consciente de que Harry jamás había asesinado a nadie, ni siquiera a Tom Riddle, el más vil de los criminales.

— Ni se te ocurra —dijo en el momento en que vio a Draco sacar su varita con la intención de activar el explosivo que acababa de fabricar.

Draco le dirigió una mirada ofendida, y se tocó el pecho con los dedos, mostrándose incrédulo ante la sugerencia de Harry.

— No pretendía hacer nada malo. —Su sonrisa creció—. Bueno, un poquito sí.

Harry caminó, exasperado por ese comportamiento irritante, desesperado por acabar de una buena vez con cuál sea que fuera el plan de Draco. Harry nunca sabía exactamente porque Draco hacía lo que hacía, nunca parecía haber razón aparente y muchas de las veces que el mago cometió un delito no encontró razón alguna, como cuando asaltó un banco sólo para terminar quemando todos los billetes en el centro de la ciudad; Harry creía que sólo era un loco sin remedio, a veces pensaba que era más que eso.

— Maldito —exclamó abalanzándose sobre él, propinándole un fuerte golpe en la mandíbula, Draco cayó al suelo y se lamió la sangre que brotó de su labio inferior antes de soltar una sonora carcajada. Harry lo levantó de un sólo movimiento, el cuello de su camisa apretando lo más que podía, quería asfixiar al tipo, quería hacer que dejara de reírse —era tan fácil acabarlo a hechizos, pero por alguna extraña razón, su cuerpo siempre reaccionaba ante del rubio, quién tampoco se defendía con magia y siempre terminaban en una batalla cuerpo a cuerpo— e iba a darle otro golpe, pero al fin Draco se defendió, esquivó primero el ataque y después contratacó, haciendo que Harry retrocediera un par de pasos.

No, no iba a dejársela fácil, nunca lo haría, así que procedió a atacar al rubio, quién entre risas se defendió y atacó, mientras que los aurores comenzaban a capturar a sus secuaces poco a poco.

— ¡Ya detente! —Ordenó Harry cuando al fin pudo derribarlo, se instaló sobre el cuerpo para no permitirle huir. Colocó los dos brazos del rubio a la altura de su cabeza y sujetó ambas muñecas con una sola mano, más valía tener una mano libre por sí necesitaba hacer uso de ella. Draco, por su parte, estaba tosiendo chorros de sangre, pero no dejaba de reír. Parecía extasiado con la golpiza que acababa de recibir.

— Siempre me he preguntado quién se esconde detrás de esa máscara, es decir, tu mandíbula y ojos me dicen que eres guapo, tu cuerpo es marcado, haces mucho ejercicio ¿verdad? y en la entrepierna... ¿Será tan grande como imaginó?

Ofendido Harry levantó el puño para volver a golpearlo. No obstante, no llegó a hacerlo, pues instantáneamente todo se oscureció.

La luz volvió en lo que pareció un segundo; el dolor en su cabeza y la visión borrosa le indicó que lo habían noqueado, pero no había sido Draco, pues en ningún momento había soltado sus manos.

— ¡Oh, al fin despertaste! —Escuchó la voz del rubio lejana, a pesar de que su visión le permitía ver la tela lila con morado de aquella camisa de cuadros que el rubio usaba con frecuencia.

Movió la cabeza y cerró los ojos intentando recuperar con aquello los sentidos. Luego se removió en su lugar, notando de esta manera que tenía las manos atadas por detrás de su cuerpo y cuando quiso mover las piernas resultó que estaban en la misma condición.

— Oh, es cierto, lamento los malos modales, pero tuvimos que atarte.

¿Tuvimos?, pensó Harry abriendo nuevamente los ojos, esta vez su visión había mejorado, por lo que no dudó en echar un vistazo a su alrededor. Pansy, la supuesta amante de Draco y quién seguramente lo había noqueado, se encontraba recargada sobre la pared, luciendo unos cortos shorts rojos, medias de rejilla verdes y una blusa blanca muy ajustada. Ella parecía contenta con la situación, y cómo no estarlo, al igual que Draco, también estaba loca.

— Sabes que eso no sirve conmigo. —Daba igual lo que Draco quisiera hacer, él iba a desatarse inmediatamente y capturar a ambos criminales, pero no pudo hacerlo, cuando quiso desamarrar sus manos con su magia, nada ocurrió.

— He olvidado advertirte que también te coloqué un artefacto que bloqueará tu magia. Y si, yo soy el único que puedo quitarlo.

— Entonces te mataré —dijo mirando con furia al mago.

Este comenzó a reír, encantado con la amenaza.

— No, querido, no es así como funciona —explicó mientras movía un dedo índice de un lado a otro en forma de negación—. Si es mi voluntad, el artefacto desaparece, si me matas, te quedas con el artefacto para siempre. Es así de simple.

En ese momento Pansy comenzó a reír como histérica, feliz por la situación en que se encontraba Harry.

— Querida, ¿Podrías dejarnos solos, por favor?

Pansy resopló, pero salió de la habitación sin dejar de sonreír. Harry se sacudió enfadado, intentando usar únicamente su fuerza para romper las sogas, pero fue inútil.

— Pórtate bien, Harry, y seré lindo contigo —mencionó mientras se colocaba detrás de Harry y tocaba sus hombros con las manos, comenzando un suave masaje.

Harry abrió grande los ojos, sorprendido de que el rubio conociera su identidad.

— Si, eché un vistazo mientras Pansy iba al baño. —Su clásica carcajada resonó en la habitación.

— ¡Aléjate de mí! —exclamó intentando una vez más escapar, Draco ni siquiera se inmutó, en lugar de eso, procedió a quitarle la máscara, rodeó una vez más al moreno, para mirarlo de frente y se sentó a horcadas sobre su regazo, sus brazos apoyados en los hombros mientras que sus largos y delgados dedos jugaban con los cabellos en el área de la nuca.

Harry quiso echarlo a un lado, al ver su rostro maquillado tan cerca; muchas veces había pensado que, si Draco no fuera un demente criminal, este sería completamente su tipo, como ahora, que miró esos ojos grises y esa nariz respingona que se acercaba lentamente hasta que la punta tocó su mejilla.

— Sabía que eres guapo y esta marca es perfecta —dijo en un susurro mientras delineaba los bordes de la cicatriz sobre su frente con sus manos enguantadas—, pero jamás me imaginé que Harry Potter, de entre todos los ciudadanos de esta ciudad sería quien se escondiera tras esta máscara.

Harry, como un ciudadano más, era muy conocido en todo el mundo mágico tras la muerte de sus padres, quienes habían recibido la maldición asesina emitida por un criminal desconocido; Harry siendo sólo un bebé había logrado evitar que la maldición lo golpeara y desde entonces lo habían visto como si se tratara de un dios. Se hizo famoso, todos le conocían y cuando salía a la calle lo saludaban y querían que les diera un autógrafo. Por supuesto, a él nunca le gustó aquel trato, muchas veces deseó ser un chico normal, tanto como lo puede ser alguien que ansía la venganza. Venganza que muchos años después se haría realidad, cuando después de un arduo entrenamiento fue en busca del asesino de sus padres. Sintió dolor y mucha ira al descubrir que Tom Riddle, uno de los líderes más fuertes de la mafia, los había asesinado. Los motivos fueron tan estúpidos que quiso matarlo y no dejar rastro de que alguna vez había existido, pero se contuvo —gracias al apoyo de Sirius, su padrino— y en lugar de hacerlo añicos físicamente, realizó una investigación minuciosa sobre Tom, reuniendo así la evidencia para que el jefe de aurores lo detuviera y no lo dejara salir jamás de Azkaban. Y ahí fue que comenzó todo, Harry comenzó a capturar criminales por el placer de saber que dejarían de hacer daño, que ya no dejarían a más niños huérfanos.

— ¿Qué es lo que quieres? —preguntó apartando el rostro del de Draco, este se echó a reír, retirando la cara, pero permaneciendo sentado sobre él. Mostrando que estaba cómodo en su posición y que no pretendía dejar su asiento por el momento.

— A ti. —Harry giró los ojos verdes para ver esa grande sonrisa y esas pupilas dilatadas fijas en él—. Te quiero a ti y ya que te tengo no te dejaré escapar.

Esta vez giró el rostro completo, una vez más quedando frente a frente con el rubio.

— Eso será imposible, Draco, van a buscarme, si no es que ya lo están haciendo. —Harry confiaba en que Sirius ya lo estaba buscando, era un acuerdo que tenían desde hace mucho; Sirius monitoreaba su ubicación y cuando detectaba algo fuera de lugar iba en su búsqueda.

Pero el rubio negó con la cabeza, luego acercó una vez más el rostro, hasta que su boca roja estuvo muy cerca del oído de Harry.

— Estamos bajo un encantamiento fidelius, nadie va a encontrarte mientras estés aquí.

Harry gimió de frustración por dentro, no demostrando sus emociones al rubio. No iba a darle el placer de darle a conocer su frustración.

— Entonces... —continuó susurrando Draco, mientras frotaba su pene contra el de Harry—, aprovechemos el tiempo.

Harry puso todo el cuerpo rígido, sabiendo lo que se avecinaba y negándose a que su cuerpo reaccionara, pero la fricción de la evidente erección del rubio, hizo que su propio pene comenzara a endurecerse.

No, tranquilízate, no le des el gusto, pensó cerrando con fuerza los ojos y tratando de concentrarse en algo más, en algo que no fuera el cuerpo de Draco sobre el suyo. No lo logró, Draco olía bien, a azucenas y salvia, jadeaba descaradamente por el placer que cada roce le provocaba y su aliento caliente erizaba todos sus bellos. Era demasiado tarde, su traje estaba apretando incómodamente su erección y en lo único que podía pensar era en su liberación.

No necesitó decirlo, por supuesto, porque Draco entendió o sólo hizo lo que se le dio la gana, quién sabe, pero se bajó de su regazo, arrodillándose y posicionándose entre las rodillas del moreno. Con suma facilidad, abrió el pantalón y liberó la pesada erección.

Harry gimió de alivió.

— Si, es tal como la imaginé.

Harry miró hacia abajo al escuchar aquel comentario y vio como el rubio miraba fijamente la erección, la cual estaba roja en la punta y adornado por algunas gotas de pre semen.

Draco se quitó los guantes lentamente y los tiró a un lado ─todo sin apartar la mirada del duro miembro─, luego abrió la boca, sacó la lengua y lamió una de las venas.

Harry dio un respingo, impulsándose hacía adelante y a cambio escuchó una risita complacida.

Entonces el rubio levantó la mirada, conectando sus ojos grises con los de Harry y sin parpadear, metió la punta del pene en su boca, succionó levemente, haciendo que el moreno gruñera de aprobación. Eso pareció complacer al rubio pues continúo succionando, sólo la punta, mientras sus delgados dedos acariciaban sutilmente sus testículos y la base de su pene. En ningún momento había desviado la mirada, manteniendo a Harry cautivo de sus deseos. Impedido para pensar, para negarse al placer que el rubio le proporcionaba.

Draco abrió más la boca e introdujo la erección lo más que pudo, Harry gritó cuando la punta de su pene tocó la garganta del rubio. Nuevamente se impulsó hacia el frente, quería follar esa degenerada y provocativa boca, pero estaba atado a la silla, incómodo e inhabilitado para moverse, el rubio sonrió complacido por aquello y comenzó a subir y bajar la cabeza a un ritmo tal lento que Harry sintió que se desmayaría de impotencia.

Afortunadamente, el algún momento el ritmo fue aumentando, provocando que Harry cerrara los ojos y se dejara llevar. Echó la cabeza hacia atrás, concentrando todo en la calidez del interior de Draco.

Draco por su parte, se dedicó a trabajar a gusto con esa erección que tanto le agradó. Succionó tanto como pudo y acarició las partes que su boca no alcanzaba a abordar. Pasó una eternidad o tan sólo unos insignificantes minutos, sea como sea, al final, recibió su recompensa. Un chorro caliente de semen se acumuló en su boca y tragó lo mejor que pudo. Algunas gotas resbalaron por la comisura de su boca, pero una vez liberó el pene flácido, limpió el líquido con el dorso de la mano y lamió cuál si fuera un gatito.

Harry ya lo estaba mirando, sus ojos verdes igual de dilatados que los suyos, una satisfacción y placer desbordándose por todo su cuerpo al ver al rubio tragándose algo que había salido de su cuerpo.