Harry despertó sobresaltado. Mirando a su al rededor para verificar si en efecto estaba cautivo o había soñado con estarlo, por supuesto, todavía estaba atado a la silla y sus piernas y brazos dolían, además de que sus muñecas escocían por las heridas que se provocó cuando intentó liberarse de las cuerdas. Sintió que nuevamente llevaba la máscara, lo que lo alivió a pesar de que Draco ya conocía su identidad.
El sonido de la puerta abriéndose lo alertó y giró la cabeza para ver a Pansy usando un atuendo parecido al anterior, sólo que con colores diferentes, eso le indicó que posiblemente ya había pasado un día; ella traía una bandeja con lo que claramente era alimento.
— Draco me envió a alimentarte —dijo en tono molesto. Apareció otra silla y una pequeña mesa donde depositó la bandeja—. Así que sé obediente y come.
Con una cuchara tomó una porción de sopa y la acercó a su boca, Harry se negó a abrirla, incluso giró el rostro para evitar que ella introdujera la cuchara por la fuerza.
— Para lo poco que me importa que comas, es más, por mí deberías morirte de hambre, pero si mueres Draco me matará, así que come, maldito imbécil. —La bruja emitió con una voz colérica.
A Harry le daba igual si la mataban por su culpa, él no iba a comer, pero su estómago no pensaba lo mismo, pues gruñó un momento después. Lo maldijo internamente por aquello y se negó a hablar con la loca de Pansy.
─ ¡Ja! Si que estás hambriento. ─La bruja exclamó emocionada y acercó nuevamente la cuchara, pero Harry volvió a negarse.
Fastidiada, arrojó la cuchara al cuenco de sopa y resopló.
— ¡Haz lo que quieras! No tengo paciencia para lidiar con tu desagradable existencia ─exclamó antes de retirarse.
Draco entró después de un tiempo. Sonreía como siempre, a pesar de que parecía frustrado, Harry lo sabía por el brillo de sus ojos, los cuales a veces, cuando Draco estaba débil o susceptible, mostraban sus verdaderas intenciones.
— Me dijo Pansy que no has querido comer. ─Se arrodilló junto a Harry tomó el cuenco de sopa. Lo miró a los ojos antes de tomar un poco de caldo y acercarlo a su boca.
Harry no se entendió a sí mismo cuando abrió la boca y aceptó.
Tragó, sintiendo gran alivio. Su garganta había estado seca, algo de lo que no fue consciente hasta el momento. Y por supuesto, tenía demasiada hambre. Comió y bebió agua hasta que se sintió satisfecho.
Draco también parecía satisfecho con el buen comportamiento, pues se acomodó mejor en el suelo y desde ahí lo observó. Harry también lo miró, notando ─a pesar de la posición─ sus elegantes y ajustados pantalones verdes y esa camisa holgada, desabrochada en la mayoría de los ojales. Se permitió observar la pálida piel de su pecho, la cual estaba marcada por incontables cicatrices y se preguntó cuál sería su historia.
— Harry —El llamado hizo que desviara la mirada y volviera a centrar sus ojos en el rostro del rubio, el cual extrañamente no estaba sonriendo. Esperó por largo tiempo, pero no hubo más palabras.
— Encontraré alguna manera de escapar, lo sabes ¿verdad?
El rubio volvió a sonreír, ladeó la cabeza y tarareó una canción mientras jugaba con su collar en forma de serpiente que siempre guardaba debajo de la camisa.
— Cuando logre escapar, te retorceré el cuello.
Y con cada amenaza que profesaba, Draco parecía más y más complacido.
— Si ese es tu plan, será mejor que me apresure a hacerte mío.
Harry dejó de hablar.
— ¡Oh! No me digas que tu trasero aún es puro.
Harry se retorció en la silla, furioso, dispuesto a poner sus manos sobre ese cuello inmaculado y apretar hasta que se rompiera en dos.
Draco soltó una sonora carcajada, encantado con la reacción tan predecible de su rival.
— Me encantas, Harry, no sabes cuánto.
Se puso de pie de un salto y caminó hacia la salida, se detuvo cuando escuchó la voz de Harry.
— Déjame ir, payaso, ahora que todavía estoy dispuesto a perdonar tu vida.
— Amenazas, sólo amenazas, Harry. Nunca te has atrevido a asesinar, siempre perdonas a tus enemigos, es tu debilidad y algún día tu perdición —dijo ante de salir.
Harry gimió frustrado, pero rápidamente se calmó, su prioridad no era enfrentar a Draco con amenazas vacías, su prioridad era encontrar la manera de escapar. Seguramente Draco lo mantenía cautivo con el único propósito de ejecutar su siguiente plan malvado sin interrupciones, todo aquello de la felación anterior y los coqueteos eran una distracción. Por ello no debía caer en la trampa, no debía dejarse llevar, aun cuando el tipo maquillado y loco que lo mantenía cautivo le pareciera atractivo.
Miró nuevamente a su alrededor, estudiando el lugar, buscando posibles salidas y herramientas que pudieran ayudarle con la misión.
No había mucho, muebles viejos en un rincón, un par de calderos deteriorados y un gabinete con viales cubiertos de polvo. Hasta donde podía observar, tampoco había ventanas. Concluyó que se encontraba en un sótano, por tanto, la única salida era la puerta. Bien, era momento de trabajar en romper las ataduras. Tal vez si rompía algún vial y lograba obtener un trozo de vidrio podría cortar las sogas.
Y estaba a punto de ejecutar su plan cuando Draco regresó.
Harry permaneció inmóvil, su ceño fruncido fue el único indicio de que continuaba furioso. Eso no le importó a Draco quién volvió a sentarse sobre su regazo y lo besó con fuerza, retirando una vez más su máscara, la tiró por ahí y plantó sus labios pintados de rojo sobre los de Harry, quién al principio se resistió, hasta que los movimientos sugerentes de Draco lo hicieron caer nuevamente en la trampa y cuando menos se dio cuenta, ya estaba correspondiendo al beso, introduciendo su lengua en la boca de Draco, no pensando en absoluto en el cómo el labial de Draco se extendía en su rostro.
Cómo en la ocasión anterior, Draco volvió a liberar su erección cuando ya estaba más que lista para participar en el acto. Se bajó los pantalones los cuales echó a un lado, mostrando su propia erección. A Harry le complació saber que no estaba usando ropa interior —más tarde se regañaría por ello— y miró fijamente los movimientos. Draco se volteó, dándole la visión de su espalda y glúteos, su rostro estaba girado, mirando fijamente a Harry, quién gimió cuando vio los dedos del rubio introducirse en su boca y ser succionados, había recordado la vez anterior, cuando esa boca succionó de la misma manera su erección.
Draco mojó mucho sus dedos y los llevó a su trasero, los ojos verdes siguieron el camino y se concentraron en mirar como el rubio los introducía en su propio ano mientras gemía.
Harry pensó por un momento que con la simple visión iba a llegar al orgasmo, pero no ocurrió así, antes de que se diera cuenta, Draco llegó hasta él, nuevamente se dio la vuelta, se flexionó acercando sus nalgas al regazo de Harry y tomó el miembro para conducirlo suavemente a su interior.
Harry jadeó cuando su pene fue envuelto por el calor abrasador del interior del agujero de Draco. Gruñó cuando el rubio comenzó a moverse, rebotando sobre su regazo una y otra vez, y deseó tener las manos libres para poder sostenerse de esas delgadas caderas. Porque quería aumentar el ritmo, quería venirse dentro del rubio, quería enterrar sus gruesos dedos en la piel blanquecina y dejar las marcas de sus manos en él.
Tuvo que conformarse con lo que Draco le dio, lo cual al final de cuentas fue suficiente y satisfactorio. Se vino con fuerza rociando las nalgas y espalda del rubio quién se había alejado a tiempo para que su interior no fuera llenado de semen.
— Harry, Harry —canturreó Draco cuando recuperó el aliento—. Si supiera que no vas a huir te desataría para que pudieras tomarme como prefieras, estoy seguro de que eres una bestia en la cama.
El aludido apenas estaba recuperando el aliento —y la cordura—, así que no dijo nada, pero guardó la información, sonaba retorcido, pero le complacía que Draco estuviera satisfecho con su desempeño.
Una vez Draco se fue, decidió que era momento de ejecutar su plan. Buscó la madera de moverse con la silla hasta llegar al gabinete. Hizo caer varios viales para lograr atrapar uno en el proceso. Lo golpeó contra la pared para romperlo y luego procedió a colocar un trozo en una posición que consideró adecuada para comenzar a cortar la soga que ataba sus manos.
Todo iba muy bien, estaba por terminar cuando Pansy abrió la puerta, ambos se quedaron inmóviles por breves segundos, hasta que la bruja sacó su varita y lo aturdió.
Cuando despertó su cuerpo no se sentía tan adolorido como antes, incluso cuando se removió pudo mover su cuerpo con mayor facilidad, esperanzado abrió los ojos y lo primero que vio fue que ya no se encontraba en el sótano, sino en una habitación, la cama sobre la que yacía acostado, más el tapiz marrón en la pared se lo indicaron. Rápidamente se levantó para escapar, pero no llegó muy lejos, una gruesa cadena estaba sujeta firmemente a su tobillo izquierdo por un grillete. En ese momento no sólo se dio cuenta que seguía cautivo, que Draco no sería tan estúpido para dejarlo libre, también se dio cuenta que únicamente estaba usando su ropa interior y que sus manos y muñecas estaban cubiertas por una venda. Se llevó las manos al rostro, su máscara seguía allí. Se sentó nuevamente sobre la cama sintiéndose repentinamente cansado.
Algo que Harry nunca había experimentado es que su determinación flaqueara, pero este era un momento en que estaba comenzando a titubear. No sabía cuántos días habían pasado desde que Draco lo atrapó. Estaba seguro de que Sirius lo estaba buscando, pero era en vano, nunca lo encontraría. La única opción era salir de esa casa para que Sirius pudiera localizar su ubicación con el hechizo de Hermione y fuera en su rescate. Mientras pensaba en todas aquellas cosas se dio cuenta de que traía un brazalete, seguramente el artefacto que bloqueaba su magia. Lo miró por largo rato, apreciando la forma de serpiente perfectamente moldeada en toda la extensión del metal, hasta que una idea al fin llegó. Era arriesgado, pues Draco podría descubrir la mentira, pero debía intentarlo, era la única opción que tenía para salir de allí.
En el momento que Pansy entró a la habitación y depositó la bandeja en una mesita de noche que yacía junto a la cama, Harry se puso a comer, por sí mismo, sin esperar a que ella se lo ordenara.
La bruja se recargó sobre la pared con los brazos cruzados y lo observó con los ojos entrecerrados y una mueca. Y en el momento en que Harry devoró toda la comida habló.
— ¿Qué estás tramando?
Harry no respondió, se acomodó en la cama, para descansar su espalda y permaneció con la mira fija en la pared frente a él.
— Habla, imbécil, antes de que vuelva a aturdirte. —Y sacó la varita para hacer énfasis en la veracidad de sus intenciones. No obstante Harry no se inmutó, era una apuesta, Pansy estaba loca, así que dudaba que sus palabras fueran inocentes, pero también sabía que ya había tenido la oportunidad de hechizarlo incontables ocasiones y se contuvo, él sabía la razón, por eso se estaba arriesgando—. Cómo sea, un día te lanzaré un avada y me reiré sobre tu cadáver —dijo con una sonrisa siniestra antes de salir de la habitación con la charola entre las manos.
Una vez se fue, Harry dejó salir el aire contenido. Ella lo irritaba tanto, desde que se unió a Draco hace un par de años. Había notado el cambio en el rubio desde que ella apareció. Todos decían que eran una pareja criminal, el amor más loco que habían conocido, pero Harry ahora estaba seguro de que en aquella relación la única enamorada era Pansy, Draco seguramente era muy consciente de ello y se aprovechaba de aquellos sentimientos para controlarla. Negó para sus adentros, a él qué le importaba si Draco la usaba o no, si se la follaba o no, lo único en lo que tenía que pensar es en escapar de aquel lugar.
— ¿Pansy conoce mi identidad? —Fue lo primero que preguntó cuándo Draco entró a la habitación.
El rubio traía una sonrisa de suficiencia. Parecía extasiado.
— ¡Harry, deberías ver la ciudad, es una completa obra de arte desde que tú no estás allí para bloquear el talento! Hoy hice algo grande, encendimos los fuegos artificiales, todo el centro de la ciudad ardió en llamas, fue magnífico, debiste estar allí, fue como tocar el cielo.
Si, estaba extasiado, y Harry furioso. Apretó fuerte los puños, conteniendo su ira, si se dejaba llevar por las emociones su plan fracasaría y tardaría más tiempo del esperado en lograr salir del lugar. Consciente de eso, respiró profundamente y se concentró en parecer tranquilo.
— Si, me habría gustado estar allí —habló mientras se quitaba la máscara. Draco dejó de hablar y lo miró con breve incredulidad antes de sonreír.
— Si, pero habrías arruinado todo el espectáculo, es mejor que estés aquí, conmigo.
Harry sonrió y asintió.
Draco volvió a mirarlo extrañado.
— Tienes razón, lo he comprendido al fin, mi lugar está junto a ti, Draco, estamos destinados a ser uno mismo.
Entonces Draco frunció el ceño y entre cerró los ojos, claramente sospechando de la actitud repentinamente pasiva del moreno.
Harry se golpeó mentalmente, estaba ejecutando mal su plan, pero cómo culparlo si estaba desesperado.
— Eso es lo que quieras ¿No es así? —agregó en tono de burla—. Que me doblegue ante tus deseos carnales, pero no soy tan fácil de quebrar.
Y Draco volvió a sonreír.
— ¿No lo es? —preguntó acercándose al moreno.
— No, no lo es —respondió Harry atrapando en el proceso el cuerpo del rubio y lo acercó a su cuerpo con suma facilidad, Draco se sorprendió, pero no tuvo tiempo de hacer nada, pues fue acorralado, acostado sobre la cama, con Harry sobre él. El grillete resonó contra la cadena. Era pesado e incómodo, pero hizo todo lo posible para ignorarlo, este momento era culmine, el principio de todo.
Besó a Draco con premura y desvistió su cuerpo lentamente, deshaciéndose de su camisa y sus pantalones cortos, morados, entallados, tan cortos que permitían apreciar toda la extensión de las blancas y duras piernas.
Besó cada rincón de piel que pudo alcanzar hasta que estuvo sobre la erección del rubio y la tomó lo mejor que pudo. No era habilidoso con las felaciones, pero haría lo posible por complacer al rubio, quién no parecía darse cuenta de su carencia de destreza, pues estaba hecho un lío, jadeando y retorciéndose, follando con fuerza su boca.
No tardó mucho en venirse, gritando el nombre de Harry en el proceso. Y mientras recuperaba el aliento, Harry se quitó la ropa interior y comenzó a masajear su miembro sin apartar la mirada del cuerpo desnudo sobre la cama, admirando aquella piel blanca, las cicatrices que cortaban sobre el pecho y abdomen, el largo cabello rubio con grandes extensiones pintadas de verde esparcidas sobre la manta y ese rostro maquillado. Se preguntó la razón por la que ocultaría su rostro tras toda esa cantidad de maquillaje, no creía que Draco fuera feo, había visto fotos de su niñez, cuando era el hijo de un adinerado mago, era un guapo niño, se notaba que había crecido bien, entonces no entendía la razón, era obvio que no buscaba ocultar su identidad, todos la conocían.
Durante su divagación se corrió soltando un jadeo, manchando el cuerpo bajo de él con su semen, Draco le ofreció una enorme sonrisa, mostrando su aprobación.
Harry se inclinó y tocó su rostro, sintiendo el maquillaje bajo las yemas de los dedos.
— ¿Por... ? —No terminó de preguntar, sintió la mano enguantada del rubio rodear su muñeca para detener la caricia sobre su rostro.
— Ojalá te quedarás para siempre. —Los ojos grises de Draco brillaron con esperanza mientras decía aquellas palabras.
