Continuaba igual que al inicio.
Cautivo.
Harry calculaba que habían pasado alrededor de dos semanas, si es que su estimación era correcta. Aunque cabía la posibilidad de que fuera mucho más tiempo. Y la preocupación, junto con la desesperación, crecía cada vez más. Si, deseaba con desesperación su libertad, pero no sólo eso, había tantas cosas allá afuera que requerían de su atención. Cosas extremadamente importantes y que no podía dejar sin atender por mucho tiempo.
Desde más joven fundó una institución altruista para niños huérfanos. Construyó un orfanato y todo, siempre procuraba que los niños estuvieran bien atendidos e incluso iba a visitarlos una vez por semana, pero esta vez no había asistido. Los niños seguramente estaban tristes o preocupados. Cómo sea, él quería salir y cumplir su promesa de visitarlos sin falta cada semana.
Otra situación que le preocupaba, era la libertad que tenían los criminales para cometer sus fechorías, desde que él tomó la decisión de ser un vigilante nocturno, el índice de criminalidad había disminuido; la mayoría no lo admitían, pero se decía en las calles que le tenían al Vigilante Nocturno —ese era él— a quién apodaron así porque solía cazar delincuentes durante la noche. Seguramente pensaron que estaba muerto o simplemente decidió retirarse, como fuera, en su cabeza toda la bola de villanos estaba haciendo un festín con su ausencia. Ese comentario de Draco narrando algo sobre fuegos artificiales lo dejó seriamente inquieto.
Por aquellas razones, tenía que hacer algo, tenía que acelerar las cosas con Draco o de lo contrario la ciudad colapsaría. Tenía que ganarse su confianza a como diera lugar. Pensaba que lo estaba logrando, ahora tenía más privilegios que antes, tenía un baño y su cadena era lo suficientemente larga para llegar hasta allá, así podía lavarse siempre que quisiera. Tenía un pantalón de pijama y una camiseta, lo cual por el momento era bastante dada su situación y principalmente, tenía comida. No obstante, necesitaba adquirir más privilegios.
Es así como, cuando Draco entró a la habitación, Harry le pidió de manera molesta que le permitiera al menos ver la luz del sol y fingió que su cuerpo estaba seriamente afectado por el cautiverio. Cómo era de esperarse, el rubio no respondió a sus exigencias, en cambio se sentó a su lado y lo miró con anhelo. Harry se inclinó para besarlo.
Era así como funcionaba su relación, Draco acudía cada vez que deseaba contacto, que necesitaba que lo follaran o follar a alguien. Si Harry no estuviera cautivo sin duda estaría más que dispuesto a someterse a los deseos sexuales del rubio —ya lo había admitido hace algunos días—, le gustaba, era enfermizo y estúpido, pero le atraía desde hace mucho, desde que se enfrentaron por primera vez. Sin embargo, la situación no beneficiaba a la causa y Harry no podía admitir ser usado de esa manera. Incluso así fingió estar de acuerdo y cada vez que Draco lo visitaba tomaba la iniciativa. Eso, claro, lo tenía muy contento.
— Estamos impacientes —susurró el rubio mientras permitía que Harry le quitara la ropa.
Si, estaba impaciente, por todo, no sólo por la actividad que ejecutaría inmediatamente, era por mucho más que eso.
Por supuesto, no respondió, continuó con su labor, quitando toda esa ropa colorida y casi arrancando a besos el maquillaje de su rival.
Lo echó sobre la cama, Draco mostraba una sonrisa enorme, no encantadora, más bien perturbadora; se quitó su propia ropa y se arrastró sobre Draco, sentándose sobre su abdomen y apoyando una de las manos en el pecho cicatrizado. La otra fue se encargó de sostener ambas manos por arriba de la cabeza, sin darle posibilidad a usarlas.
Durante los últimos días vividos, Harry comenzó a preguntarse con más frecuencia de dónde habrían surgido esas marcas, quién se las había hecho y si estaban relacionadas con la perdida de sus facultades mentales. Tenía tantas ganas de preguntar, había tantas cosas que quería preguntar, pero siempre que lo intentaba no obtenía respuesta alguna. Algunas veces ese comportamiento lo llevó a creer que Draco no estaba loco, en su lugar, sólo fingía estarlo.
Con los dedos rodeó suavemente uno de los casi pálidos pezones y lo apretó levemente, Draco continuaba sonriendo, con la mirada fija sobre él, no reaccionando a su estímulo, así que volvió a intentarlo, esta vez apretó más fuerte y el rubio al fin gimió.
Complacido por la meta lograda acercó su rostro y una vez más lo besó, un fuego ardiente ardía dentro de él, era como si hubiera sido poseído por algún tipo de ser maligno o tal vez no era así, tal vez sólo era el hecho de que él estaba tan desquiciado como cualquier otro villano que hubiera enfrentado —disfrutar el sexo con su principal villano, que además era su captor, debía ser algo para preocuparse, en ningún sentido debía ser sano— como sea que fuera realmente lo que pasaba en él, lo dejó, permitió que poseyera su cuerpo, que lo dominara para que él pudiera dominar a Draco.
Se deslizó fácilmente hacia atrás, sin soltar las manos del rubio, la línea entre sus nalgas golpeó con la erección del rubio. Y se balanceó suavemente para estimularlo más.
Draco se removió, impulsado por el deseo y querer tener más de Harry, quería participar, quería tocar, pero no le fue permitido, Harry le daría sólo lo que él quisiera y del modo que se mejor prefiriera, Draco no se iba a salir con la suya en todo, tal como lo inicio al inicio del cautiverio.
Jugó un poco más con su paciencia, hasta el rubio comenzó a soltar maldiciones y decirle que quería más que sólo besos y caricias vagas, Harry se dio cuenta que por primera vez desde que fue capturado estaba sonriendo genuinamente, complacido de ver el desastre que había hecho con Draco. Y se dio el lujo de provocarlo un poco más, hacerle ver su suerte al maldito payaso.
— ¡Potter...! —Gruñó, pero no emitió más palabras y el gruñido se prolongó al sentir como su propia erección era envuelta por una suave y agradable calidez.
Harry, por su parte, tenía los ojos fuertemente cerrados, mientras se concentraba en permitir que toda la longitud de aquella erección entrara dentro se sí. Por lo general, no solía ser el pasivo en sus relaciones y había pasado un largo tiempo desde que un hombre fuera su amante, pero se había preparado mucho antes de que llegara Draco con el fin de no darle tregua a pensar con claridad.
Ambos jadearon tratando de tranquilizar sus cuerpos en el momento en que Harry lo tomó por completo. Se miraron una vez más a los ojos, cada uno sintiendo que el momento era adecuado, que así deberían permanecer por el resto de sus vidas, que podían ser diferentes, el uno para el otro y honrarse para siempre. Pero nada de eso podía ser posible, había mucha historia entre ellos, incluso la situación misma era una aberración. Entonces Harry se impulsó hacia arriba y se dejó caer nuevamente sobre la erección dejando salir una fuerte exaltación en el proceso. Soltó las manos de Draco y apoyó amabas manos sobre su pecho. Se impulsó nuevamente hacia arriba, liberando sólo un poco del pene del rubio y volvió a caer, hizo el mismo movimiento una y otra vez, mientras Draco se aferraba a sus caderas y respiraba entrecortadamente. No dejaron de mirarse hasta que Harry se acercó para que se besaran, ambos cerraron los ojos y se dejaron llevar por sus emociones.
Y todo terminó.
Alcanzaron el orgasmo y descansaron, Harry sobre Draco, Draco con los brazos envueltos alrededor de Harry.
— Quiero quedarme aquí para siempre —Harry habló después de mucho tiempo, su rostro permanecía escondido en el cuello del rubio—. ¿Me dejaras estar aquí para siempre?
Draco no respondió.
Harry pensó que no lo había convencido, había fallado nuevamente.
O eso pareció, pues al día siguiente, el grillete fue retirado, aunque el brazalete no y la puerta de la habitación estaba cerrada con llave.
Sin embargo, Harry sonrió, era mucho más de lo que podía pedir, ahora que su cuerpo estaba libre para andar libremente por la habitación podría hacer muchas cosas, sólo tenía que encontrar el momento adecuado para realizarlo.
Draco volvió ese mismo día, Harry no lo esperaba tan pronto, pero no estaba preocupado, podía echar un polvo más si así lo quería el rubio, pero eso no ocurrió. Draco traía un maletín. Hizo que Harry se sentara junto a él antes de mostrarle lo que contenía.
Era maquillaje.
Una gran variedad de maquillaje.
Y le quitó suavemente la máscara y maquilló el rostro del moreno cuidadosamente.
Harry no dijo nada durante el proceso, no tenía que hacerlo, le era suficiente con mantener la vista en contemplar el rostro de Draco.
Sus largas y finas pestañas de un tono más claro que el de su cabello, sus ojos grises, rociados con pequeños puntos azulados, su nariz aristócrata, uno de los rasgos que demostraba de dónde provenía el mago, sus labios delgados y bañados en rojo carmín, Harry siempre imaginó que era rosados, como el color de sus pezones y sus pómulos perfectamente cincelados. Draco era bello, no atractivo, era hermoso.
— Ahora eres parte de mí, Harry. —Las palabras hicieron que perdiera su concentración sobre aquel rostro. Entonces se dio cuenta que Draco había terminado y que sonreía con suficiencia—. Estás perfecto. —Y le proporcionó un espejo, el cual Harry no dudó en tomar, se miró y parpadeó ante la vista de su nuevo rostro.
Una serpiente estaba pintada en su mejilla izquierda, por lo demás, el diseño del maquillaje era muy parecido al de Draco.
— Sabía que algún día terminarías aceptando tu destino. —Draco se acercó para besarlo y él correspondió.
Su mente vaciló cuando se dio cuenta que correspondió no por el plan de escape, si no por gusto propio, por el anhelo que sentía de besar a cada momento al rubio.
No, no, no, algo iba mal, no podía dejarse manipular por su cuerpo.
— ¿Estás feliz? ¡Yo estoy feliz! —exclamó el rubio enérgicamente. Y se abalanzó nuevamente sobre él, rodeando los brazos alrededor de su cuello.
Harry lo sostuvo por la cintura y lo atrajo hacia sí apretándolo con mucha fuerza contra él, disfrutando del calor que el cuerpo más delgado emitía.
Se besaron y acariciaron por varios minutos, pero no era suficiente para ninguno, así que Harry retiró el pantalón a rayas que Draco estaba usando junto con la ropa interior, hizo que se recostara sobre la cama y abrió sus piernas de par en par; no perdió tiempo en quitarse la ropa, sólo liberó su miembro y se colocó sobre Draco, introduciendo su miembro en la hendidura, si el rubio se sintió adolorido, no lo demostró, recibió su gruesa erección con una gran sonrisa. Los movimientos del moreno fueron fuertes y constantes desde el inicio, pero Draco no se quejó, gimió y se derritió como siempre solía hacer, hasta que Harry se derramó dentro de él.
Vio que el rubio aún estaba duro y lo ayudó a masturbarse para encontrar su propia liberación, cuando todo terminó, Draco cayó desmayado. Por el cansancio o el dolor, tal vez ambas cosas, como sea que fuera, Harry no se detuvo a pensarlo demasiado, se puso de pie y se acomodó el pantalón y la ropa interior. Este era el momento, aprovechar que Draco estaba con la guardia baja para escapar.
Salió de la habitación con sumo sigilo, era la primera vez que veía otras partes de la casa, se sorprendió al ver que parecía un lugar cualquiera, dónde viviría una persona normal. Él siempre imaginó que Draco vivía en un lugar tenebroso, lleno de objetos oscuros y bestias malignas. Pero no, en general todo parecía muy tranquilo.
Las luces estaban apagadas, por lo que se dispuso a tener mayor cuidado, no tenía el traje consigo y no tenía magia, por tanto, no podía ver en la oscuridad. Si chocaba con algo haría ruido o peor, podría encontrarse con alguien más, no podía enfrentar a nadie si no tenía magia, estaba en desventaja.
Irónicamente fue sumamente fácil andar por la casa y encontrar una salida, Harry se encomendó a todos los magos y brujas existentes para que la puerta estuviera abierta.
Decidido a no dejar pasar más tiempo, respiró profundamente y tocó suavemente el pómulo de la puerta, lo giró lentamente y con el comido de un clic se abrió.
Harry sonrió triunfante, pero su celebración silenciosa no duró demasiado, pues un segundo después las protecciones de la casa se alteraron. Por el brazalete tenía bloqueada su magia, pero todavía podía sentirla. Así que, con gran destreza, se deslizó fuera de la puerta antes de que esta se cerrara y las protecciones avisaran a los habitantes que alguien intentaba salir.
En efecto, la magia fortaleció las protecciones y emitió una vibración que sólo podía significar que había alarmado al dueño de la casa, a Draco.
Sin perder más tiempo, salió corriendo sin pensar en una dirección en concreto, sólo corrió por dónde mejor le pareció, por dónde sus piernas entumecidas le permitieron, esperando llegar lo más lejos posible, aunque no serviría de nada, pues Draco lo tenía atado con un brazalete, seguramente este estaba diseñado para ser rastreado. No importaba, él tenía que escapar a como diera lugar y esperar a que su padrino lo encontrara a tiempo.
Si, había mentido, no quería vivir para siempre cautivo de un payaso aristócrata loco que no hacía más que aterrorizar a la ciudad.
Corrió en la oscuridad, la luz de la luna apenas si le permitía ver el camino, sus pantalones estaban manchados de lodo. Dirigió la mirada hacia atrás para ver si alguien lo seguía y entonces chocó con algo.
Cayó al suelo y miró hacia arriba, una sombra se vislumbró ante él, estaba acabado, perdido, no iba a tener otra oportunidad, era Draco o cualquier otro de sus secuaces, lo iba a llevar de regreso y ahí se quedaría por el resto de su vida, pero entonces la luz golpeó el rostro de aquella persona, permitiéndole así ver qué se trataba de Sirius, casi quiso lanzarse sobre él para abrazarlo, pero no había tiempo que perder.
— Vienen por mí.
Sirius asintió, tomó su mano y desaparecieron del lugar.
No quedó nada, sólo la sombra tras un árbol que miraba el espacio vacío.
Draco observó por varios minutos, antes de decidir volver a la casa. Era hora de marcharse, Potter no iba a tardar en volver por él y esta vez tal vez no se contendría, sonrió al pensar en otro enfrentamiento, nuevamente cuerpo a cuerpo, sin el uso de sus magias, no, negó con la cabeza, no iba a suceder, Harry iba a hacerlo añicos en cuanto tuviera oportunidad.
Volvió a la casa disfrutando del aire fresco nocturno, sonriendo y mirando hacia la luna.
— Escapó, ¿no es así? —Afirmó Pansy una vez regresó.
Draco, por supuesto, no respondió.
— Lo asesinaré, la próxima vez lo mataré, te lo prometo. —Continuó hablando, ignorando el silencio del rubio—. Sólo espera a que tenga oportunidad y...
— ¡PUEDES CALLARTE YA MALDITA SEA! —Gritó furioso y miró con rabia a la pelinegra—. ¡NADIE VA A MATAR A NADIE! ¿Entendiste?
Con los puños apretados, Pansy asintió. Sometiéndose a los deseos de Draco.
— Muy bien, me alegra que lo entiendas —dijo sonriendo nuevamente, se acercó a ella y acarició su mejilla, como para consolarla, aunque más bien parecía que se quería consolar a sí mismo—. Ahora, empaca todo, nos vamos de aquí.
