Hace tres semanas que había escapado de Draco, gracias a Sirius, quién no dejó de buscarlo en ningún momento y gracias a Hermione que inventó el hechizo de rastreo por medio de la sangre. De otro modo, quién sabe lo que hubiera ocurrido con él.

Tal como lo pensó muchas veces, los niños en el orfanato preguntaron constantemente por su ausencia y fueron rotundamente felices cuando lo volvieron a ver. También el crimen en la ciudad había vuelto a desbordarse y por el momento no había manera de controlarlo; ahora mismo, Hermione y Sirius estaban buscando la manera de romper el brazalete para que recuperara su magia, pero no obtuvieron gran avance.

Sin su magia no podía hacer mucho, todos los villanos más peligrosos eran magos y brujas, no podía arriesgarse a nuevamente ser hechizado, aunque había algo más. El principal problema, la razón de su preocupación.

No había podido dejar de pensar en Draco.

No era estúpido. Sabía que Draco lo había dejado escapar. Por la adrenalina del momento y su propia locura creyó que él lo había logrado por su propia destreza, pero ahora, con la mente más clara se daba cuenta que se le permitió salir de la casa. Aunque continuaba cautivo, en su corazón y en su cuerpo.

Su magia continuaba siendo controlada por Draco y su corazón también.

Golpeó con fuerza el escritorio frente a él, reprendiéndose por el síndrome de estocolmo, aquel que claramente lo tenía poseído.

─ ¿Sucede algo malo? ─preguntó Hermione mientras entraba a la habitación.

Harry se serenó y le sonrió.

─ No, estoy bien. ─Ni siquiera él creyó que convencería con eso a una bruja tan inteligente como lo era su mejor amiga.

─ Harry, sé que has pasado por mucho, por eso mismo te sugiero que busques ayuda.

El aludido negó con la cabeza, resistiendo a aceptar que algo andaba mal.

─ No necesi...

─ Por supuesto que necesitas ayuda profesional, Harry. ¡Estuviste cautivo por un mes entero! Es una experiencia traumática, no puedes continuar con tu vida si no has superado eso.

─ Estoy bien ─dijo negándose a aceptar las palabras de su amiga.

Hermione gimió frustrada y apretó los labios, conteniéndose para hablar más al respecto. Ella conocía el pasado de Harry, no lo decía, pero también tenía conocimiento sobre sus actividades nocturnas, por eso había desarrollado tantos hechizos y pociones a lo largo de los años, para ayudarlo con su cacería de villanos, ella se preocupaba seriamente por él, lo sabía y odiaba verla preocupada, pero no necesitaba un sanador mental, lo que necesitaba era deshacerse de ese brazalete, sabía que una vez se deshiciera de él y recuperara su magia, Draco también se esfumaría de sus pensamientos.

— Muy bien, no insistiré más, eres un adulto y aunque tomes decisiones increíblemente estúpidas lo respetaré. Ahora me voy, tengo una reunión y después cena con los padres de Ron.

Harry sonrió.

— Salúdame a Ron, hace mucho que no lo veo.

La bruja resopló.

— Y cuida mis intereses, tengo pensados algunos proyectos que necesitan financiamiento.

Hermione rodó los ojos y se retiró.

Harry exhaló con fuerza y se dejó caer sobre la silla más cercana en cuanto ella se fue. Nada estaba bien y no lo iba a estar, al menos no hasta que se deshiciera del maldito brazalete. No obstante, los días pasaron y pasaron sin mayores avances, hasta que un día, Hermione volvió con una enorme sonrisa y la respuesta filtrándose a través del brillo de sus ojos.

─ Tuve que investigar mucho ─dijo con una sonrisa nerviosa─. Magia oscura ─susurró─, en fin, no preguntes demasiado.

─ ¡Wow! ¿Vas a usar magia...?

─ ¡No lo digas!

Harry asintió mientras sonreía.

─ Bien, muéstrame ese brazalete.

Y entonces Hermione realizó algunos movimientos con su varita, susurró una combinación de palabras y entonces sucedió. Harry sintió como su magia volvía a su cuerpo poco a poco, fluyendo por cada célula.

─ Ahora te pido rotundamente que no realices ningún hechizo complicado, ve poco a poco, cosas sencillas nada más, ¿de acuerdo?

─ Si, está bien ─respondió diciendo lo que sabía su amiga quería escuchar.

Hermione sonrió feliz.

─ Perfecto, entonces me retiro.

Antes de irse besó a Harry en la mejilla y lo abrazó con fuerza.

Si, ahora que estaba solo podía regodearse en su triunfo.

— Lo logré, al fin soy libre de ti —se dijo en el momento en que el brazalete cayó y su magia volvió. No obstante, las cosas no resultaron tan fácil. Si, tenía el control de su magia de vuelta, pero no había dejado de pensar en su enemigo.

Pasaron tantas noches, iguales a las demás y tan diferentes al mismo tiempo. En cada noche capturó a un criminal, algunos más temibles y peligrosos que otros, en cada una sintió que estaba haciendo la diferencia, pero por alguna razón continuaba sintiéndose vacío. El oficio de ser un súper héroe y salvar inocentes ya no lo satisfacía como antes, estaba comenzando a cansarse, hacía todo por inercia y cuando volvía a casa simplemente se dejaba caer en la cama sin tener motivación para otra cosa.

Sirius notó el cambio en su ahijado y preocupado se atrevió a hablar con él, quería ayudarle, necesitaba hacerlo.

— Harry, necesitamos hablar —dijo en cuanto Harry volvió de su vigilancia nocturna.

Su ahijado gimió inconforme con aquellas palabras y caminó directamente a su habitación, Sirius lo siguió no dispuesto a darle tregua en el asunto.

— Harry, escucha, algo no anda bien contigo, estoy preocupado de verte así.

El mago menor se detuvo en la puerta de la habitación y giró a mirar de mal modo a su padrino.

— ¿Qué es lo que se supone no anda bien? —cuestionó irritado.

Sirius no se dejó amedrentar.

— ¡TODO! —Vociferó—. Pareces un muerto en vida. Mírate, no comes bien, te la pasas durmiendo, no sales, has dejado de visitar a los niños del orfanato, sólo te dedicas a cazar criminales como si se tratara de un deporte, estás perdiendo la cordura.

Harry entrecerró los ojos, evidentemente más furioso, miró fijamente a su padrino por lo que parecieron interminables minutos y después empezó a reír de la nada, su risa resonando por toda la casa.

— Sirius, aunque no lo creas, hace tiempo que he perdido la cordura. No tengo remedio, deberías darte por vencido.

Dicho eso, se adentró a su habitación y lanzó un encantamiento para que nadie pudiera entrar.

Sirius se quedó en el pasillo, contemplando la puerta cerrada, mucho más preocupado que antes. Harry no le había dicho lo que ocurrió cuando el maníaco de Malfoy lo secuestró, pero se imaginó cosas terribles. Su ahijado siempre había tenido problemas, un joven que pasa por tantas experiencias terribles no puede ser completamente sano, pero al menos antes tenía una vida, ahora parecía todo lo contrario, que hacía todo por inercia y no tenía ningún ánimo de seguir adelante. Dispuesto a hacer algo al respecto se retiró.

Por su parte, Harry se quedó dormido en cuanto su cuerpo tocó la cama. Una vez más soñó con Draco, le sonreía, como siempre lo había hecho, su maquillaje era mucho más desastroso que lo común y aún así se estaba pintando los labios con un rojo intenso.

— Dime, ¿por qué me dejaste escapar? —preguntó mientras se acercaba lentamente al rubio.

Draco dejó de pintarse, para mirarlo fijamente.

No respondió, tal como en la vida real, todo lo guardaba para sí mismo.

Harry llegó hasta él y rodeó el delgado cuello con las manos y apretó con fuerza, mientras Draco reía a carcajadas.

Y despertó, sudado y agitado.

Cuando estuvo más tranquilo, se miró las manos, recordando lo que hizo. Esta era la primera vez que Harry se atrevía a atacar a Draco en sus sueño. Y no entendía la razón, nunca se había atrevido a asesinar a alguien, dudaba ser capaz de hacerlo, ¿pero si no?

Volvió a dejarse caer sobre la cama y cerró los ojos, esperando descansar de todo, pero no pudo.

— Draco —susurró.

Desde que había vuelto a atrapar delincuentes, Draco no había aparecido. Y era tan frustrante, quería verlo, pedirle explicaciones, estaba tan desesperado por ello que incluso volvió al lugar donde estuvo cautivo, pero no encontró nada, ni una pista que pudiera indicarle el paredero del rubio. Era como si la tierra se lo hubiera tratado. Obviamente no le dijo nada a Sirius, pero continúo buscándolo. Preguntando a otros si sabían dónde se encontraba, nadie supo darle información alguna.

Entre sus pensamientos girando en torno a Draco, volvió a caer la noche y no dudó en salir una vez más, a pesar de que Sirius le pidió que ya no saliera.

Odiaba hacer sentir mal a Sirius, él que lo crió y protegió como si se tratara de su propio hijo, pero no podía dejar de buscar al rubio.

En su motocicleta anduvo por las calles de la ciudad a toda velocidad, realmente no poniendo atención a lo que pasaba a su alrededor. Sólo el radio anunciando el asalto a una gran fábrica de pociones captó su atención. Al menos podría ocupar su mente en algo interesante. Despejarse y no pensar más en Draco.

Estacionó su transporte en un lugar seguro y después corrió hacia el lugar indicado.

No era un asalto significativo, sólo unos cuantos aurores revisaban estaban atentos de los asaltantes.

Prácticamente regresó al hogar decepcionado, la noche había sido mil veces más fácil que en las anteriores. Aburrido volvió a su habitación y agradeció que Sirius no lo interceptara para hablar. No tenía ánimo para escuchar sobre su posible desequilibrio mental.

En cuanto entró a la habitación comenzó a desvestirse, arrojó su playera a un lado e iba a comenzar a desabrocharse los pantalones cuando lo sintió. Una magia, una que su cuerpo había anhelado percibir desde hace mucho.

— Así qué... —escuchó el susurro tras de sí, agradeció a los dioses por no haberse corrido en el momento en que escuchó aquella voz y el cálido aliento rozó su nuca, aunque claramente logro sentir como todos los bellos de su cuerpo se erizaron instantáneamente—. Escuché que me extrañaste.

Harry gruñó, desaprobando aquel comentario.

— No, no es así. —Él mismo no creyó en la negación, mucho menos lo creería Draco.

Sintió las manos del rubio deslizarse por su espalda, la seda de los guantes estremeció su columna.

— Niegalo tanto como quieras, pero me han dicho que no has dejado de buscarme y no puede haber otra razón para tal actitud.

Harry se dio la vuelta y sostuvo las muñecas del rubio imposibilitando sus movimientos.

— Te he buscando, sí, pero no por las razones que insinuado. ¡Te he buscado para matarte!

Eso no asustó al rubio, al contrario, sonrió obscenamente mientras gemía como si el moreno le hubiera susurrado algo morboso.

— ¡Oh, querido Harry! Será tan delicioso morir con tus manos apretando mi cuello, tu cuerpo presionándome sobre el suelo, tu...

— Cierra la boca, bufón degenerado.

Pero no lo hizo, en su lugar soltó una carcajada, extasiado por las palabras del moreno.

— ¡Te voy a hacer polvo, cuando acabe contigo no habrá más risas estúpidas! —Gruñó antes de tomar el cuerpo del rubio y cargarlo hasta la cama. Lo arrojó sin ninguna pizca de delicadeza y cuando cayó de lleno sobre el colchón tomó la camisa por el centro y la abrió de par en par de un sólo tirón.

Draco continuaba riendo, como si no se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo. Eso sólo incrementó la feria y adrenalina en el moreno, quién de igual forma le arrancó los pantalones y gimió satisfecho al ver que nuevamente no estaba usando ropa interior.

Tomó la jarra de agua que yacía en la mesita de noche, aquella que siempre le dejaban por si le daba sed durante la noche, y arrojó sobre el rostro del rubio, quién rio más fuerte.

Tal vez su risa ahora se podía escuchar más allá de la habitación, pero a Harry eso era lo último que le preocupaba. Terminó de descuartizar la camisa del rubio y usó la tela para comenzar a limpiar el rostro maquillado.

Algo inesperado ocurrió. Draco comenzó a removerse y la risa se había esfumado.

— ¡No! —gritó.

Fue el turno de Harry para sonreír.

Le limpió el rostro lo mejor que pudo, Draco luchando para que no lo hiciera no le hizo fácil la tarea, pero sí que le dio mucha satisfacción. Poco a poco comenzó a revelar aquel rostro, confirmando que en efecto, Draco era tan hermoso bajo ese maquillaje, más de lo que imaginó.

— ¡Maldito! ¡Suéltame! —Ordenó el rubio, pero sus palabras no fueron escuchadas. En su lugar, Harry le mostró la mejor sonrisa de suficiencia que pudo y luego cubrió aquella boca son sus labios.

Al principio, Draco se removió, negándose a participar de ello, pero poco a poco su reticencia fue flaqueando, hasta que se quedó suave y maleable entre los brazos del moreno.

Harry lo besó por mucho rato, hasta que ya no le quedó oxígeno para continuar, respiró profundamente y se dispuso a saborear otras partes de ese duro y liso cuerpo. Primero la clavícula, luego un hombros, cubrió los pezones uno a uno y siguió por el estómago y abdomen. Le dió un trato especial a su ombligo antes de bajar hasta una de sus caderas y dejar marcas muy cerca del miembro endurecido y goteante.

Se quitó los pantalones y los arrojó lejos de allí. Subió a la cama y abrió aquellas piernas de par en par, acomodándose entre ellas. No le dio tiempo a Draco de reaccionar, sólo lo penetró con dos dedos, con decisión y sin nada de anticipación, aunque Draco sólo gimió un poco, su ano estaba viscoso y suelto.

— Eres un pervertido, te has preparado antes de venir aquí, ¿no es así?

Una lágrima se deslizó por una de sus mejillas, pero aún así sonrió.

— Sabía que no ibas a poder resistirte a mí —expresó con suficiencia.

Harry removió ambos dedos, repasando la carne interna y provocó que Draco gimiera y se retorciera. Sacó los dedos, no valía la pena molestarlo más.

— Esto es lo que te mereces —susurró antes de penetrarlo de un sólo movimiento, sus miradas se desconectaron cuando Draco gritó por la intromisión—. Es tu castigo por volverme loco, por hacer que no pueda dejar de pensar en ti. Por hacer que te desee a cada momento del día y que por las noches lo único que quiera es volver a tenerte entre mis brazos.

Continuó moviéndose, proporcionando estocadas firmes y constantes. Draco gemía con los ojos hacia arriba, sintiendo los golpes sobre su próstata una y otra vez sin darle oportunidad de pensar.

Poco a poco el ritmo fue disminuyendo. Y el rubio gruñó de frustración, casi había llegado al orgasmo y por ese cambio repentino, continuaba duro y frutrado. Iba a llevarse una mano a la polla, pero está fue retenida por Harry, quién tomó si otra mano y las elevó sobre su cabeza.

— No, por supuesto que no, vas a venirte sólo con mi polla, pero antes vas a suplicar para que te la vuelva a meter.

Y sacó su miembro para hacerle saber que cumpliría con su promesa.

Draco exhaló cuando sintió su ano liberado, vacío y necesitado.

Harry por su parte le dirigió una sonrisa maliciosa y volvió a deslizarse hacia la parte inferior de su cuerpo. Una vez a la altura de su miembro, no le dio tiempo para reflexionar sobre lo que hacía, tomó su pene y lo besó y acarició suavemente, lo suficiente para provocar a Draco y al mismo tiempo para que no alcanzara el clímax.

— Harry, Harry... —dijo entre balbuceos.

El aludido apartó la boca para hablar, pero continuó acariciando.

— Dime, Draco, ¿qué es lo que deseas? —preguntó con un tono de voz que le hacía parecer inocente.

— ¡Harry! —Llamó nuevamente, desesperado por venirse.

— Pídelo, Draco y te daré lo que deseas. Sólo suplícame y yo estaré más que dispuesto a complacerte.

— ¡Harry, lo quiero, lo quiero ahora!

— ¿Qué es lo que quieres?

— Tu pene, lo quiero dentro de mí, quiero que me hagas venir y me llenes con tu semen.

Harry sonrió triunfante. Depositó un pequeño beso en la punta del pene del rubio y volvió a subir por el cuerpo. Una vez más lo penetró sin contemplación y comenzó con un ritmo rápido y fuerte. Golpeando la próstata de su compañero.

— ¡Ah! ¡Ah! ¡Si! ¡Así!

Draco se vino varios minutos después, rociando con fuerza ambos cuerpos.

Harry continuó moviéndose, buscando su propia satisfacción, la cual no tardó mucho en llegar, Draco estaba tan caliente y apretado que era difícil soportarlo.

Jadeante, cayó sobre Draco, ambos con la respiración agitada, permanecieron unidos de esa manera por mucho tiempo.

— Draco, qué me has hecho —dijo Harry mucho tiempo después, el rubio acarició su espalda en respuesta—. Te quiero para mí, te quiero tener siempre, ¿entiendes que eso sólo significa que no puedo dejarte ir?

— ¿Me mantendrás cautivo y me convertirás en tu esclavo sexual? —preguntó con un tono risueño.

Draco estaba loco y Harry también, porque no había manera de que esa relación pudiera catalogarse como sana, romántica o dulce. No había nada hermoso en ella y sin embargo ambos lo querían.

— Si es necesario lo haré —contestó el moreno con determinación.

— Entonces hazlo, porque si me dejas ir volaré la ciudad entera en mil pedazos.

— ¿Es una amenaza? —cuestionó alejándose del cuerpo del rubio para poder mirarlo a la cara.

— Es una promesa —respondió con determinación.


Un capítulo extra está esperando para ser publicado el próximo viernes, por favor continúen aquí.