Capitulo 2: Vestidos


Yuki dejó de llorar al ver que Rukia regresaba sana y salva, y lo primero que hizo la niña fue correr a ella y abrazarla con fuerza. Rukia, que había dejado de llorar y solo tenía los ojos adoloridos, abrazó a la pequeña niña y le dio un suave beso en la frente mientras le susurraba que todo estaba bien.

Rukia era como una hermana mayor para Yuki, y lo mismo sentía Rukia por ella; Yuki era como una pequeña hermanita que debía de proteger. Rukia sentía que le debía eso a la abuela Yuki, que la había cuidado cuando ella había ido a la Capital aquella primera vez.

— Lady Kuchiki. Su habitación está por aquí. Sígame.

Habló la Dama de las Llaves interrumpiendo el abrazo de Rukia y Yuki. Aquello tomó por sorpresa a Rukia, que solo esperaba irse de ahí y volver a su casa, o tal vez hablar con un representante de las Deidades para que le permitiera llevar los huesos de su familia de nuevo a Bosque Oscuro pero aquello, el ser huésped en el palacio, era algo más que no vio venir aquél día.

— ¿Habitación?

— El Rey ha dispuesto que sea una invitada de honor en el baile de mañana. Desea compartir la mesa principal con usted en memoria de su padre y como una forma de resarcir lo que ha pasado durante muchos años.

Rukia se detuvo en ese momento sin poder creer las palabras que habían salido de la boca de la Dama de las llaves. ¿Una cena? ¿El rey creía que una cena curaría años de sufrimiento y dolor? ¿El rey creía que una cena sería la manera de honrar la memoria de su padre? Aquello era ridículo.

— Imposible, no tengo ropa para una ocasión así. Además mi guardia se quedó en la posada. Aunque me quedara, debería ir por mi ropa y tratar de conseguir algo para el baile. Estar en la mesa del rey es un honor muy grande, no podría presentarme con la ropa que traigo; además necesito…

Rukia comenzó a dar todas las excusas que podía inventar en ese momento. Lo último que quería era estar en un baile, en la mesa con el hombre que le había causado todo aquél sufrimiento, y fingir que todo estaba bien. No le importaba la ropa, Rukia simplemente no quería compartir la mesa con el hombre que hizo que le cortaran la cabeza a su padre y a su hermano.

— No se preocupe, mi lady. — Habló la Dama de las Llaves interrumpiendo las excusas que Rukia estaba dando. — Ya sus cosas fueron mandadas a buscar y su guardia debe estar llegando en cualquier momento. Entenderá que su guardia dormirá con los soldados y solo usted y su pequeña dama pueden estar en la habitación del palacio para no levantar rumores sobre su decencia y moralidad.

A Rukia no le gustó lo que insinuó aquella mujer ni la forma en que lo dijo, fue casi vulgar y obsceno sugerir siquiera esa idea, pero no dijo nada más que no fuera alguna excusa que sonara convincente para que las pudieran dejar salir de ahí. Su decencia y moralidad eran solo de ella y nadie tenía el derecho siquiera de hablar de ese tema, menos una completa extraña.

Para cuando llegaron a la entrada principal del palacio, Yuki ya había pasado el susto de la casi muerte de Rukia y la idea de quedarse al baile se le reflejaba en la mirada llena de ilusión. Rukia se dio cuenta de ello y soltó un suspiro, estaba derrotada. Además, el Rey le acaba de recordar que con una palabra podía perder la cabeza.

Renji estaba esperando por ellas en la entrada del palacio junto al cochero, el temor de lo que le pudo haber pasado algo a Rukia le recorría todo el cuerpo como si fueran hormigas de las cuales no se podía deshacer. Un par de veces trató de ingresar al palacio pero los guardias que los vigilaban lo detuvieron y lo regresaron a su lugar; fue la prudencia del cochero lo que impidió que Renji golpeara a esos hombres y se metiera en problemas.

Cuando Rukia apareció junto a una mujer que tenía cara de estar haciendo algo desagradable, lo primero que hizo Renji fue ver que su amiga estuviera bien. No la abrazó aunque eso era lo que quería, la etiqueta de la corte lo impedía, y además aquella mujer lo miraba como si estuviera buscando cosas donde no las había.

La mujer dio un par de órdenes a algunos sirvientes para que los guiara a cada quien a donde pasarían la noche, y luego Renji volvió al interior del palacio con la excusa de que Rukia lo había llamado para ayudarle con algunas cosas y algunas órdenes para su estancia.

Renji se perdió un poco dentro de aquél inmenso palacio pero logró encontrar la habitación de Rukia después de un momento. Cuando estuvieron los tres, él, Yuki y Rukia, dentro de la habitación, Rukia le contó todo lo que había pasado desde que ella y Yuki habían llegado al lugar. Renji se maldijo a sí mismo mentalmente por no haber ido con ella desde el inicio y por quedarse durmiendo la borrachera que se había puesto. Su descuido puso en peligro a su amiga y a Yuki, porque si en verdad el rey la hubiese ejecutado, él no se habría enterado.

— Y por eso estamos aquí. Espero que hayas traído pantalones extras porque nos vamos a quedar a la fiesta. — Terminó Rukia de relatar.

Renji quería poner cara de indignado pero no pudo, estaba molesto pero la fiesta era algo que no podía dejar pasar así como así. Rukia estaba a salvo, estaba viva y, hasta donde había entendido, su familia había quedado limpia de los cargos falsos que durante años cargó.

Las fiestas que se hacían en el palacio de Adelaar eran legendarias, días y días de comida y bebida sin control alguno. Incluso se rumoreaba sobre un cuarto rojo que pocos habían tenido el privilegio de conocer y que solo se abría en algunas fiestas que incluían encuentros íntimos entre varias personas.

Renji conocía sobre esas fiestas del amor carnal, en las Tierras del Ocaso participó en varias, pero eso era algo que Rukia no tenía por qué saber. Así como ella no hablaba de su pasado en Adelaar, él no hablaba del suyo en las Tierras del Ocaso.

— No traje más ropa. — Confesó Renji rascándose la cabeza, preocupándose un poco por ese detalle.

— Bueno, ya somos tres. — Agregó Rukia en un suspiro. — Yuki tampoco trajo ropa extra y no tenemos dinero para comprar algo que sea digno de la corte de Adelaar, así que el rey tendrá que comer y soportar verme vestida como la humilde señora en desgracia que él creó.

Aquello último, Rukia lo dijo con una sonrisa que solo se hacía presente en los rostros de las personas que buscaban venganza; y se podría decir que ella tenía muchas cosas por las cuales tomar venganza, aunque ella solo supiera una parte y aun no pensara en una venganza como tal.

Renji sonrió por eso pero Yuki, que no entendía del todo el tono de las palabras, solo se les quedó mirando con curiosidad. Yuki era pequeña y joven, y su corazón no había sufrido todo lo que Rukia había tenido que soportar, y de lo cual Renji había sido testigo las consecuencias.

Los tres pasaron la tarde platicando en la habitación que le habían asignado a Rukia; la cual estaba preparada con anticipación y tenía una segunda cama, en un cuarto más pequeño, donde se supone debía de dormir la doncella del huésped. La plática fue divertida hasta que se vio interrumpida por los insistentes golpes en la puerta de la habitación.

Rukia se levantó del piso alfombrado, donde estaban los tres sentados mientras platicaban, y se acercó a la puerta para abrirla. Afuera estaba una de las doncellas que trabajaban en el palacio, con una expresión algo nerviosa al ver a Renji ahí adentro.

— Mi lady, los baños ya están listos. Mi lord, los baños de los soldados ya están listos. La Dama de las Llaves pide que por favor, modere el tiempo que pasa dentro de la habitación de la Señora de Bosque Oscuro. — Habló la doncella sin levantar la mirada.

Renji se sonrojó violentamente por la forma tan educada en la que se refirieron a él, pero aquello se desvaneció al escuchar las peticiones de la Dama de las Llaves. Él había olvidado por completo que no podía pasar mucho tiempo encerrado en una habitación con Rukia sin que se pudiera mal interpretar; ya no eran niños, eran personas adultas y él debía de cuidar, al menos, del prestigio de Rukia.

— Lo entiendo. Fue una falta de mi parte y no volverá a repetirse. — Renji hizo una reverencia y salió de aquella habitación sin siquiera mirar a los ojos a Rukia. Su relación fraterna con Rukia incluso se podría mal interpretar de aquella forma, y solo de pensarlo tuvo escalofríos.

Adelaar era mágica. Eso decían todos y tenían razón, estaban muy adelantados por encima de los demás reinos e incluso, en donde había estado Rukia en el exilio, no había lo que había ahí.

Rukia y Yuki tomaron sus cosas para el baño para seguir a la doncella que las guiaba por pasillos de aquél enorme palacio, hasta llegar a un par de puertas dobles que abrió dejando ver unos baños enormes con varios espacios para separar a las mujeres que se bañaban ahí. Rukia sabía cómo funcionaban los baños pero Yuki no, y la doncella le explicó a la niña las reglas para bañarse ahí.

La doncella le señaló a Rukia y a Yuki el pasillo que iba a las letrinas y el lugar donde se debían de cambiar antes de entrar a bañarse. Les mostró donde poner sus cosas dentro de los baños, y les señaló las cosas que estaban disponibles para todas aquellas que deseaban bañarse usando aceites aromáticos, jabones y lociones. Les enseñó como calentar su agua en el bracero gigante que había en una esquina, en una especie de chimenea, y como recolectar el agua en las tinajas de mármol que eran llenados por un pequeño tubo de metal que tenía un corcho para evitar que el agua saliera de más.

Yuki estaba encantada con lo que le mostraban y parecía que lo aprendía con ansias. Rukia se vio reflejada en la pequeña Yuki y recordó la primera vez que le explicaron como bañarse ahí.

En ese tiempo, Rukia tenía más años que Yuki, acababa de ser presentada ante la nobleza y por su belleza, la reina inmediatamente la pidió para que perteneciera a su Corte de Damas. Fue en ese momento que Rukia llegó a la mágica Adelaar de la mano de su padre, que estaba feliz por ver que su hija se educaría dentro del palacio, y porque era evidente que un futuro prometedor se abría ante ella.

¡Un futuro prometedor!

Fue la Dama de las Llaves quien le enseño a bañarse ahí, que en ese entonces era alguien diferente, una mujer mayor y amable; no la joven exuberante que estaba ahí con esa mirada de superioridad.

Rukia de deslizó entre los recuerdos de aquél primer baño, reviviendo lo feliz que era al descubrir cómo funcionaban las tuberías y probando una a una las lociones para el cuerpo que estaban disponibles para usarlas. La reina siempre había procurado que sus damas y las doncellas que trabajaban en el palacio estuvieran bien vestidas, presentables y sanas.

Qué lejano se sentía todo eso para Rukia en ese momento.

Yuki y Rukia tomaron un largo baño, ellas no se habían bañado desde que habían salido de Bosque Oscuro y decidieron aprovechar el baño. Yuki había tomado una loción para el cuerpo de las que había ahí y se la puso al agua final con la que enjuagaron. Nadie se bañaba completamente desnuda así que no se sentía tanta vergüenza al estar rodeada de las mujeres que entraban y salían de ahí cubiertas en toallas y con el pelo mojado.

Cuando terminaron de bañarse y vestirse, regresaron a la habitación. No habían pasado ni diez minutos cuando volvieron a llamar a la puerta sobresaltando a Rukia que estaba a punto de meterse a la enorme cama para dormir todo lo que necesitaba dormir.

Esa vez fue Yuki quien abrió la puerta y se encontró a una mujer mayor que estaba acompañada de una más joven y un par de guardias cargando unos baúles que parecían pesados. Yuki se hizo a un lado para dejarlas entrar, y los soldados dejaron los baúles y salieron de la habitación cerrando la puerta tras su salida.

Rukia no entendía que estaba pasando.

— Nos envía la señorita Loly. Desvístase y póngase esto y la niña también. — Ordenó la mujer mayor entregándole un vestido que no sabía de dónde había obtenido.

Rukia no hizo esperar a la mujer, más por el miedo que le causaba la expresión molesta que por el deseo de ponerse un vestido en ese momento; Yuki fue quien amablemente la ayudó a vestirse para no hacerle perder el tiempo a aquella mujer.

Cuando Rukia se miró en el espejo, descubrió que lo que tenía puesto era un vestido de fiesta; los colores no eran tan bonitos como se podría esperar, era más como una mezcla extraña que se le ocurrió a alguien, pero definitivamente era un vestido de fiesta. Rukia tuvo un mal presentimiento en ese momento.

— Muy grande. ¡El que sigue! — Ordenó la mujer.

Rukia inmediatamente se quitó el vestido y se puso otro que la mujer más joven le entregó de mala manera; durante todo ese tiempo, Rukia no dejaba de comparar ese trato con el que había recibido al llegar ahí la primera vez, pero no podía evitar hacerlo. Aquella primera vez, la reina la había alabado por su belleza, por sus enormes ojos violetas y por su pálida piel, y había llamado a la modista para que le hiciera vestidos nuevos. Rukia en esa ocasión se sentía como una muñeca a la que podían vestir y peinar a su antojo, y le gustó aquél trato.

Rukia era, en ese tiempo, la pieza maestra de la reina. Vestidos, joyas, zapatos, todo lo que Rukia nunca pidió, le fue dado; y su único deber era educarse, acompañar a la reina, y verse bonita.

Quizás verse bonita fue su maldición en ese tiempo.

Cada vestido que le ponía aquella mujer era más feo que el anterior, y eso que el primero era realmente feo, pero Rukia simplemente seguía las órdenes de aquella mujer mayor malhumorada. La mujer solo decía: muy grande o muy pequeño, y le hacía quitarse el vestido hasta que Rukia se puso el último vestido que había en los baúles, que era igual de feo que los anteriores, y la mujer se le quedó mirando por un momento.

— Este es el que mejor le queda.

Habló la mujer mayor y sacó un alfiletero para empezar a ajustar y marcar a donde debía de cortar para ajustarlo al talle de Rukia; con Yuki hizo lo mismo, y al final había dos vestidos feos llenos de alfileres pero que seguramente la mujer iba a pasar toda la noche ajustando para que se vieran "mejor".

— Ya tengo sus medidas. Le ajustaré dos vestidos más. La fiesta dura tres días y no puede repetir vestido. Los zapatos pueden ser los suyos al igual que con la niña. Adiós.

La mujer se fue de ahí y los guardias entraron para llevarse los baúles con ropa.

Rukia y Yuki se quedaron solas de nuevo en el cuarto y se acostaron en la cama, que era tan grande que podían entrar las dos cómodamente ahí, pensando en lo que acababa de suceder.

— Tres días de fiesta. — Comentó Yuki con la emoción claramente marcada en la voz. Rukia podía entender la emoción de aquella niña porque antes ella misma la había vivido; no podía culpar a Yuki por dejarse arrastrar por aquél sentimiento.

Yuki era una niña que soñaba, y Rukia no tenía el valor de cortar esos sueños solo porque a ella le causaba terror que Yuki soñara tan alto como alguna vez ella lo hizo.

— Bueno, ya no tenemos que preocuparnos por el vestido. Adelaar es mágica y generosa.

Rukia dijo aquello con sarcasmo pero Yuki, que aún no dominaba aquellos artes al hablar, solo asintió a lo que dijo la pelinegra con una enorme sonrisa.

Esa noche no hubo pesadillas, pero el sueño que tuvo Rukia fue extraño. Ella soñó con el mar y con acantilado, con una manzana y con la puesta de sol, pero estaba sola y al despertar, aquél sentimiento de soledad se quedó en su pecho de una manera diferente a la que aquellas pesadillas le causaban.

Como si algo faltara en aquél sueño incompleto.

Rukia decidió dejar de pensar en ese sueño, prefería aquellas pesadillas que no se quedaban en su memoria y cuya sensación se olvidaba con el pasar del día. Prefería ese tipo de inconsciencia a la que se había acostumbrado para no torturar su mente con aquellos recuerdos del pasado que eran tan doloroso.

Empujar aquellos recuerdos y verdades hasta el fondo de su mente era lo mejor que podía hacer, o se habría quitado la vida mucho tiempo atrás. Nadie tenía por qué saber que en más de una ocasión pensó en atentar contra su vida cuando la desesperación la sobrepasaba.

Cuando Yuki despertó, Rukia ya se había repuesto de ese sueño y le dedicó una suave sonrisa a la pequeña niña que estaba verdaderamente emocionada por la fiesta de esa noche. De nuevo el corazón de Rukia tembló por ver a Yuki tan feliz, por recordarse a ella misma tan feliz en aquél pasado tan brillante que se tiñó con sangre, y por tener miedo de que Yuki viviera lo mismo.

Después del desayuno, Rukia y Yuki salieron de la habitación y se dedicaron a caminar por las zonas comunes de aquél palacio hasta que llegaron a uno de los jardines donde estaban preparando todo para la celebración de esa noche. Era el festival de la primera luna de primavera, cuando despedían oficialmente al invierno para dar paso a la primavera.

Rukia buscó con la mirada por todo el lugar hasta que vio a su pelirrojo amigo cargar mesas, sillas y demás cosas de un lado a otro. Lo habían puesto a ayudar en la decoración, y aquello hizo suspirar a Rukia antes de ver al cochero trabajando ahí. Era lo más extraño que ella se pudo imaginar, pero suponía que había pago de por medio y, mientras regresaban a Bosque Oscuro, el cochero debía de seguir ganando dinero para su familia.

— Vamos al mercado, Yuki. Quizás encontremos algo bonito. — Comentó Rukia después de darse cuenta que no tenían nada más que hacer en el palacio.

Yuki sonrió animadamente ante esa propuesta. Renji no podía ir con ellas, se le veía demasiado ocupado y molesto con todo el trabajo que estaba haciendo. Rukia no sabía cómo Renji había terminado ayudando en la decoración, pero después le preguntaría. Rukia y Yuki buscaron a la Dama de las Llaves, que también estaba ocupada dando órdenes a diestra y siniestra, y ella les dijo cómo llegar además de asignarles un guardia para que las acompañara durante su visita a la ciudad.

— Por seguridad. Nunca se sabe lo que se puede encontrar en el mercado durante estos días.

Había dicho la Dama de las Llaves, pero el tono de su voz y la mirada de aquella mujer le decían a Rukia que la mujer no confiaba en ella; además de querer verla vestida como una campesina ridícula en la noche.

— Por cierto, Lady Loly, los vestidos que mandó anoche era hermosos. No creo poder ser digna de portarlos. Nos vemos en la noche. — Habló Rukia y se alejó de ahí con Yuki sin voltear a ver a la Dama de las Llaves.

Si Rukia hubiese volteado, habría visto a Loly cerrar la mano en un puño y lanzarle una maldición silenciosa por atreverse a hablarle de esa manera. En la entrada de los terrenos del palacio estaba el guardia que las iba a acompañar, él tenía puesta una armadura ligera, el casco cerrado que evitaba que se le viera el rostro y una espada colgada en la cintura.

— No es necesario que nos acompañes, sabemos cuidarnos. — Habló Rukia, pero el guardia no dijo una sola palabra. Solo se quedó ahí, quieto y solemne a su misión.

— Seguramente es mudo. — Comentó Yuki viendo al guardia y luego a Rukia.

Rukia asintió ante aquella sugerencia de Yuki y prefirió ignorar al guardia que tintinaba al caminar detrás de ellas. Si no fuera por el sonido de su armadura, ese guardia habría pasado realmente desapercibido en ese paseo.

Iban a pie, y aunque la cuidad no estaba lejos del palacio, podría ser cansado si uno no estaba acostumbrado a caminar. Afortunadamente Rukia había caminado muchísimo durante sus años de exilio y aquel trayecto no suponía un gran esfuerzo para ella.

— ¿Dónde venden ropa? — Preguntó Rukia al guardia, pero él no respondió. — ¿Dónde venden comida?

El guardia no habló, pero cuando entraron a la ciudad señaló con una mano hacía una de las calles donde había mucha gente y varias tiendas. Las calles de la ciudad eran de piedra y estaban limpias, y eso era algo que le sorprendía a Rukia; en otros lugares las calles eran de lodo y había orines tirados desde las ventanas en algunas zonas, pero ahí era todo limpio.

— La mágica Adelaar. — Dijo Rukia en un suspiro.

Después de un momento, Rukia notó que el guardia había señalado una calle donde vendían telas. Quizás era su forma de responder a su primera pregunta, pensó. Junto con Yuki se acercaron a las tiendas donde los propietarios exhibían los rollos de telas y pregonaban de dónde venían y la calidad de las mismas.

Había telas del desierto, telas de la isla del café, telas de más allá del norte, telas de más allá del sur; había telas que venían de las tierras del ocaso, telas que venían más allá del mar turquesa y telas de la isla de Jade, entre muchas otras.

Todas las telas eran hermosas y únicas, y cuando Rukia las tocó pudo sentir que eran tan suaves que daban ganas de cobijarse con ellas; también había también mujeres que costuraban y exhibían los vestidos que hacían. Todos los vestidos seguían los patrones de moda del reino, pero había uno en particular que llamó la atención de Rukia en cuanto puso sus ojos en él.

Era quizás el vestido más hermoso que había visto en los últimos años de su vida, superando por mucho a los vestidos feos que le habían probado y que seguramente se tenía que poner en la noche. Los tonos violetas y plata eran, sin lugar a duda, hermosos.

— Cuesta 10 monedas de oro. Si no tiene para pagar entonces váyase. — Dijo la costurera malhumorada haciendo señas para que se vaya alegando que les espantaba a los clientes.

Rukia supo que la actitud de la vendedora era por el vestido viejo que estaba usando en ese momento, pero eso no evitó que el enojo se formara en ella y sin dudas tuvo que responderle a aquella grosera mujer.

— Es un vestido demasiado barato, debe ser tela corriente. Vámonos, Yuki. — Habló Rukia antes de darse la vuelta e irse de ahí ofendida.

Yuki solo la siguió y el guardia se movió como la sombra que era. Rukia al ver el vestido supo que era para ella, era hermoso y de un corte exquisito que solo hacía más hermoso el vestido. Valía cada moneda de oro que costaba pero no tenía ese dinero para gastar.

Con lo que costaba ese vestido compraban los suministros para un mes y una cabra.

Dejaron de lado el tema de la ropa y el dinero, y se dedicaron a pasear por el centro de la ciudad. Había gente por todos lados, comprando o caminando, y pasaban coches tirados por caballos con dirección al palacio. Rukia supo que los invitados estaban llegando para la fiesta del rey.

También en la ciudad se estaban preparando para tener su fiesta de tres días, y no dejaban de llegar los carromatos cargando costales de grano y animales para repartir entre la gente del pueblo. Todo eso lo repartía el reino como una forma de tener contentos a los ciudadanos y para evitar que las cosas de echaran a perder en las bodegas.

— Unas cuantas gallinas no nos caerían mal. — Dijo Yuki mirando cómo la gente hacía fila para recibir lo que se repartía.

Rukia escuchaba a las personas decir plegarias a las Deidades y al rey por ser tan generoso.

Generoso.

Cuando terminaron de pasear por la ciudad regresaron al palacio. El guardia se quedó en la puerta donde lo encontraron y ellas avanzaron por el camino de piedras blancas hasta la entrada principal del palacio, pero no entraron por ahí. Rodearon el lugar y entraron por las cocinas.

Tanto Rukia como Yuki tenían hambre por tanto caminar.

La cocina era un caos total. Los cocineros iban y venían con las cosas para el almuerzo y la cena del banquete, así que cuando uno de los cocineros pareció desocupado, Rukia le pidió algo para comer. Los cocineros les dieron unas empanadas rellenas de carne y jugo del día, y tanto Rukia como Yuki se sentaron en el lugar que tenían los cocineros para descansar, y comieron ahí. Rukia sintió que comer ahí era mejor que comer en la habitación pero no podían pasarse todo el día estorbando en la cocina, así que cuando terminaron de comer, subieron a la habitación y tomaron las cosas para bañarse.

Los baños eran también un caos. La Dama de las Llaves estaba repartiendo órdenes y regaños a las doncellas que estaban solo con aquél camisón transparente de baño y sandalias.

— Las quiero sonrientes, perfumadas y bien vestidas para esta noche. Tier ha estado costurando los vestidos para esta noche y espero que los luzcan mientras sirven a los invitados. Si alguien tropieza o tira algo, entonces se las verán conmigo. ¿Entendido?

Todas las jóvenes que se estaban bañando respondieron al mismo tiempo con un ligero , y fue entonces que Loly tomó sus cosas y también se metió a bañar en un cubículo solo.

Rukia y Yuki entraron también a los baños pero no saludaron a la Dama de las Llaves, que parecía ocupada en su aseo, sino que pasaron de largo y se sentaron en un cubículo donde había una joven bañándose sola.

Ellas la saludaron pero la joven solo les dedicó una sonrisa y salió de ahí en cuanto terminó de bañarse. Todos tenían prisa ese día pero ellas no, así que tardaron lo que quisieron hasta que sintieron que estaban bien limpias y perfumadas. Salieron de los baños y avanzaron con calma por los pasillos, ajenas al ajetreo en el lugar y a los gritos de Loly que sonaban a la distancia.

A ellas las habían invitado a la fuerza así que harían lo que quisieran, y más Rukia que se veía obligada a ponerse el vestido menos feo ese día.

Al estar en la habitación lo primero que notó Rukia fue que sobre su cama estaban los tres vestidos que le habían mandado a arreglar. Cada uno más feo que el otro, colores muy chillones o muy oscuros o muy opacos. Soltó un suspiro y Yuki la ayudó a ponerse el corsé sobre el camisón y las medias. Lo único que no le gustaba de la moda de la corte era el corsé pero no se podía tener todo.

— Siento que no puedo respirar. Está perfecto así, Yuki.

Jadeó Rukia aferrada al respaldo de una silla mientras la pequeña tiraba de los hilos para hacer el nudo. Al terminar, Rukia se sentó en la silla tratando de recuperar el aliento que le robaba la prenda, pero no duró mucho tiempo así ya que tocaron la puerta de su habitación.

Yuki, que ya estaba vestida, abrió la puerta y se encontró con la misma doncella de los baños que cargaba una enorme caja de cartón en las manos.

— Para la señorita Kuchiki. — La doncella le entregó el paquete a Yuki antes de irse de ahí a hacer sus obligaciones.

Yuki cerró la puerta con cuidado de no tirar aquél paquete, y lo depositó sobre la cama para que Rukia lo pudiera ver.

— ¿Qué es?

— No lo sé. Dijo que era para usted.

Rukia tomó el paquete y quitó la tapa para ver que dentro estaba el vestido que había visto en la mañana. Durante un segundo sintió como la felicidad la invadía por completo haciéndola sonreír sin siquiera poder evitarlo.

— ¿Es en serio? ¡Por las Deidades!

Rukia tomó el vestido entre sus manos, sintiendo la tela tan suave y perfecta, y la emoción creció dentro de ella a niveles nunca antes sentidos en los últimos años. El vestido era violeta, como sus ojos y parecía que estaba hecho a su medida al momento de ponérselo sobre el pecho y notar que, en efecto, el vestido era perfecto.

El reflejo en el espejo le dijo que lucía como una muñeca, y un segundo después, la realidad la golpeó con fuerza. Alguien le había enviado un vestido para que ella luciera bonita en la noche, justo como una muñeca, y aquello la hizo molestar.

Miró el vestido con desconfianza y lo revisó por todos lados esperando encontrar algo mal en el vestido pero no lo había. Era simplemente perfecto.

— Hay una nota adentro y unos zapatos.

Señaló Yuki entregando la nota para Rukia que la leyó en silencio.

"Bienvenida a Adelaar".


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