Capitulo 4: A la Fuerza
Rukia soltó una carcajada por lo que había dicho Ichigo. Simplemente era ridículo que le estuviera pidiendo eso a cambio de decirle lo que había pasado cuando la salvó de Kaien. Varios de los invitados que estaban cerca voltearon a ver el origen de la risa pero ella los ignoró y no se disculpó, sino que bajó su tono de voz y siguió riendo ante la mirada confusa de Ichigo.
— ¿El príncipe de Avanta te propone matrimonio y lo único que haces es reírte? — Preguntó Ichigo con cierto tono dolido en la voz.
Él no dejaba de mirarla mientras ella seguía riendo cada vez más quedito hasta que se calmó y bebió del vino que les habían servido. Rukia jamás creyó que Ichigo tuviera tal sentido del humor.
— Espera, ¿es en serio? — Preguntó cuando vio que Ichigo no se reía con ella. Ichigo asintió de forma lenta, sin dejar de mirarla e ignorando las miradas de los curiosos. — ¿Estás loco? Que nadie te oiga decir eso, te pueden matar y a mí también y créeme cuando te digo que aún valoro mi vida.
Rukia no podía creer que Ichigo en verdad le hubiese dicho eso, él debía estar loco por siquiera haber pronunciado esas palabras. Seguramente el vino se le había subido a la cabeza. Ichigo la miraba, con las cejas juntas, molesto por la risa y molesto por la forma tan dura en que Rukia había hablado.
— Tu familia ya no tiene el estigma de traidores y hasta donde sé, tú eres de una familia noble tan ancestral como la mía. ¿Cuál es el problema? ¿O es que quieres llegar a ser reina?
Ichigo dijo aquello con un dejo de molesta e ira porque aquella idea lo había molestado en el mismo instante que la pensó; los celos que de alguna manera había callado en el pasado, los sintió surgir en ese momento. Rukia se levantó de su asiento hirviendo de enojo y le dio una cachetada tan fuerte, que Ichigo giró la cabeza por el golpe.
— ¡Idiota! — Rukia gritó y se fue de ahí, completamente molesta e indignada por esas palabras.
Los guardias que estaban cuidando la periferia estaban a punto de ir tras ella, pero Ichigo hizo un ademán para detenerlos y los guardias, que en ese momento estaban sorprendidos por tal falta de respeto a su comandante y príncipe del reino, empezaron a mostrar su enojo. En el pasado, muchos habían perdido la mano por un acto así.
— Déjenla ir. — Los calló para que dejaran de protestar y luego volteó a ver a los presentes que parecía que habían contenido la respiración ante eso. Ese grito y el golpe fue algo que no pasó desapercibido para nadie. — No se preocupen. Que siga la cena.
Ichigo se levantó de su asiento y con disimulo se encaminó hacia el palacio. La cara de ardía por el golpe y la vergüenza, pero tenía la suerte de que sus padres se hubiesen retirado cuando terminó el sacrificio a las Deidades. Tenía la intención de alcanzar a Rukia para pedirle una disculpa, pero Kaien le cerró el paso dentro del palacio, con esa desagradable sonrisa de superioridad en el rostro, que Ichigo quiso arrancársela de un puñetazo.
— Hermanito, ¿Cuándo vas a aprender que a Rukia se le debe de tratar con mano firme? — Habló Kaien con ese aire de saber todo lo que se debe de saber acerca de Rukia.
Asqueroso.
— ¿Ah sí? La última vez que la trataste con "mano firme" pasó días llorando. — Ichigo dejó sentir todo su enojo en su voz.
Ambos tenían muy claro ese momento pero Kaien solo rió por aquello como si solo hubiese sido un juego. Ichigo no descartaba aquello, que Kaien lo hubiese visto como una especie de juego sádico, y eso lo hacía enojar una vez más. Rukia había sufrido por culpa de Kaien, e Ichigo tuvo que juntar los pedazos rotos que habían quedado de ella y volver a unirla para que la chica tuviera algo de paz.
— Se lo merecía. — Kaien se encogió de hombros sin darle importancia a lo que había dicho. — Estaba espiando donde no debía. ¿Yo la mandé a seguirme? No. Ella sola se metió y yo tuve que…
— No se te ocurra terminar esa frase, Kaien. — La mano de Ichigo se movió rápido a su cintura buscando la empuñadura de su espada pero no la encontró. Había olvidado que ese día no se portaban armas. Kaien se había dado cuenta pero solo miraba a su hermano con aquella sonrisa de superioridad en los labios. — Te juro que si la terminas yo…
— ¿Tú? — La mano de Kaien se dirigió al cuello de Ichigo y lo apretó con fuerza. Ichigo era capaz de soltarse el agarre y reducirlo hasta el piso de dos golpes pero no lo hizo. No debía de enfadar a las Deidades. — Tú, pequeño hermano, no harás nada. Es más, te enseñaré cómo es que Rukia debe ser tratada. Para mañana ella ya estará de nuevo a mis pies…
— ¿Cómo cuando llegó a Adelaar? — Preguntó Ichigo con un poco de dificultad, pero eso no impidió que el sarcasmo saliera con cada palabra. Kaien había estado apretando el agarre poco a poco mientras hablaba. — Lo dudo.
Ichigo no sonrió, estaba más preocupado pensando cómo explicar por qué su hermano tendría golpes en su real cara si no lo soltaba pronto. Kaien lo soltó con un gesto de superioridad, como el de alguien que ha tocado algo desagradable, y se alejó de él. Esperaba ver a su hermano menor tallarse el cuello pero Ichigo no lo hizo, eso lo molestaba más.
Ichigo se le revelaba y Kaien no pretendía tolerarlo.
— Mañana, después del desayuno, se irán todo los invitados y ella también. Espero una disculpa tuya cuando la veas de mi brazo lista para quedarse en el palacio de una manera indefinida. Es más, iré a verla ahora.
— No te atrevas…
— ¿Quién me va a detener? ¿Tú? No olvides tu lugar… tampoco olvides que tienes un hijo y si valoras su vida, te quedarás aquí.
Kaien tenía esa mirada de sadismo que podía helarle la sangre a cualquiera. Ichigo no se movió de su lugar pero no fue por la mirada que Kaien le dio sino por la amenaza a su hijo. Ichigo sabía que Kaien estaba buscando una manera de deshacerse del niño porque lo veía como un estorbo en su camino a la corona y era una amenaza que no pretendía tolerar. Eso era algo que Ichigo tenía claro y que su madre le recordó cuando lo recibió con el niño en el palacio.
— Como ordene, su alteza. — Ichigo no tuvo más remedio que inclinarse ante él y ver como su hermano se iba por el pasillo hasta perderse de vista.
A Ichigo no le quedó duda de que Kaien iría por Rukia y tenía miedo de que le intentara hacer algo pero entre Rukia y su hijo, la vida de su hijo valía más. Valía más que su propia vida y eso Kaien lo sabía, por eso lo amenazaba de esa manera. Se disculpó en silencio con Rukia por no seguir a Kaien hasta su habitación y se dirigió a la habitación de su hijo. No había nada que lo hiciera temblar más que la idea de Kaien haciéndole algo al niño. No sería la primera vez que lo intentase.
Kaien se había quedado parado detrás de un pilar lo suficientemente ancho como para ocultarlo y sonrió al ver que Ichigo se dirigió hacia otro lado. Solo esperaba que le diera un motivo y el niño iba a volar por el acantilado como el águila que los representaba. Se acomodó la ropa y se encaminó hacía el pasillo que llevaba a la habitación que ocupaba Rukia esa noche. Su mujer debía de empezar a pedir disculpas por haberse ido tanto tiempo sin su permiso.
Rukia estaba en su habitación, dando vueltas de un lado a otro con dolor en la mano donde había golpeado a Ichigo; él tenía la cara dura y Rukia tuvo la sensación de que ese golpe le había dolido más a ella a él. Ella sabía que no debió de haberlo golpeado, se había excedido y seguramente lo que había sucedido estaría en la boca de todos por mucho tiempo.
A Rukia no le importaba su reputación, había vivido con el estigma de ser la hija de un traidor y el sumarle el golpear a un príncipe no hacia mella en ella, pero las consecuencias por su osadía tal vez fueran demasiado costosas. Además, Ichigo nunca la había tratado mal, ella no recordaba mucho de él, pero lo que si recordaba era que Ichigo nunca la había visto mal o hablado de manera grosera.
Se quería consolar a sí misma diciendo que estaba bajo mucho estrés, que su estancia en el palacio la hacía perder la paciencia y que la pregunta de Ichigo la había tomado en un mal momento, pero aunque él haya hecho esa pregunta en un mal momento, ella no debía de haberlo golpeado. Rukia sabía que pudo haber apartado a Ichigo de la fiesta, preguntarle si era real o no, no reírse de él de esa manera. No en su cara.
— Tengo que pedirle una disculpa. — Susurró al dejar de dar vueltas en su habitación. — Si, eso debo hacer.
Pero al momento en que abrió la puerta, encontró a Kaien parado ahí, a punto de tocar para llamarla. El mundo se le congeló a Rukia al momento de ver como la sonrisa de Kaien crecía y se adentraba a la habitación cerrando la puerta a sus espaldas. Rukia intentó hablar, pero ni siquiera se había dado cuenta de en qué momento había retrocedido, y aquello la asustó más.
— Mi querida Rukia, me alegra notar que estabas esperándome. — Habló Kaien sujetándola con fuerza de la cintura para atraerla a él.
Rukia seguía congelada, pero sentir el agarre de Kaien la hizo despertar y poner sus manos sobre el pecho de él para hacer que se alejara de ella y la soltara. Lo último que quería era estar a solas con Kaien, menos que él le hablara con tanta familiaridad.
— ¡Suéltame! ¡No me digas "querida" que tú y yo no somos nada! — Lucho Rukia pero Kaien no la soltó, en cambio parecía divertido por verla resistirse.
— ¡Oh! Pero si lo somos, eres mi mujer Rukia. Te entregaste a mí y dijiste que me amarías para siempre. — Le recordó Kaien con una sonrisa antes de obligarla a besarlo.
Fue un beso violento, no como los que solía darle Kaien cuando estaban juntos, pero Rukia no quería besarlo, no quería que la tocara y no quería estar cerca de él, así que lo mordió para que él la dejara de besar. Sin embargo, eso no funcionó del todo. Kaien dejó de besarla y se lamió la sangre con una sonrisa sádica, pero no la soltó sino que la sujetó con más fuerza a él a pesar de que Rukia intentaba alejarlo.
— ¡Suéltame!
— Aprendiste a morder, mi amor. — Kaien usó su mano libre para sujetarla de la nuca con fuerza, para que ella no lo dejara de ver. — Te fuiste mucho tiempo, ¿qué más aprendiste a hacer? ¿Aprendiste a coger mejor? ¿Con cuántos hombres has estado, mi amor? Si eres honesta conmigo, tal vez te perdone por haberte ido.
— Eso no te importa. — Siseó Rukia aun tratando de hacer que Kaien la suelte. — No tenemos nada, entre tú y yo, no hay nada. Todos los hombres con los que he estado han borrado cada huella que habías dejado en mí.
Kaien sonrió ante sus palabras y Rukia sintió como él aflojaba el agarre de su cuerpo dejándola en libertad. Rukia pensó que quizás con aquellas palabras Kaien se iría, sentiría suficiente asco de ella y la dejaría en paz; pero eso no pasó. Kaien la empujó a la cama con violencia.
— Mi mujer se volvió una puta. — Dijo Kaien empezando a quitarse el saco y la camisa. — Al menos estás acostumbrada al trato rudo, y eso lo voy a disfrutar. Disfrutaré marcar cada parte de tu cuerpo de nuevo para que no olvides que me perteneces.
— ¡No te me acerques! ¡Voy a gritar! ¡Te voy denunciar ante el rey! — Amenazó Rukia, dándose cuenta de lo que Kaien iba a hacerle, pero Kaien no se amedrentó.
Kaien solo sonrió y se subió a la cama con ella, cubriéndola por completo y sujetando sus manos para que dejara de luchar. Él la miraba fijamente a los ojos, con esa expresión sádica y con esa sonrisa que detestaba; aún tenía puestos los pantalones pero le estaba subiendo el vestido a la fuerza con la mano libre mientras la otra sujetaba con fuerza ambas muñecas.
— ¿Me vas a denunciar? ¿Y alguien te va a creer?
— Ichigo me va a creer.
— ¿Después de que lo humillaste frente a todos en la cena? Créeme cuando te digo que ni siquiera te va a voltear a ver. — Kaien sonrió y Rukia empezó a mover las piernas para tratar de que él no siguiera levantándole el vestido.
— Él me va a creer. — Volvió a decir Rukia, pero las palabras de Kaien hicieron mella en su mente. Ella en verdad lo había humillado, lo había golpeado y se había reído de él, pero ese no era el momento de pensar en eso; lo único que importaba era deshacerse de Kaien.
— Eres mi mujer, Rukia, pero violar a mi mujer no es algo que me agrade. — Habló Kaien, acercando su nariz al cuello de Rukia para aspirar aquél aroma a flores que había en su piel. — Me gusta más cuando eres complaciente, así que vamos a hacer esto. Ya que eres una puta, te haré una oferta. Se complaciente esta noche, y la vida de tu amigo estará segura; se complaciente conmigo esta noche, y tu pequeña protegida quedará intacta.
Rukia lo miró con pánico.
— No, no te atreverías a tocarla. — Jadeó Rukia, porque sabía que Renji se podría defender, pero Yuki era una niña que ni siquiera había florecido. — ¡Es una niña!
— Una niña que va a crecer. — Susurró Kaien en el oído de Rukia. — La puedo pedir para la corte de la reina, hacer que viva aquí y luego, cuando su cuerpo madure lo suficiente… — Kaien dejó esa oración a medias. — Sin olvidar a tu amigo, que está con mis soldados, que duerme con ellos y come con ellos… un poco más de vino esta noche, y mañana podría aparecer su cadáver en medio del bosque.
Rukia negó con el pánico reflejado en su mirada pero dejando de forcejear para que Kaien la soltara. Ella sabía que Kaien sería capaz de eso, lo sabía porque él era un hombre cruel y ella había experimentado esa crueldad de primera mano.
— Eso es, mi amor. — Kaien besó su cuello mientras la soltaba de las muñecas y empezaba a romperle el vestido que Ichigo le regaló esa noche hasta dejarla desnuda, para luego desnudarse él también y acomodarse entre sus piernas.
Rukia cerró los ojos al sentir como él entraba en ella; apretó los dientes y apretó las sabanas con las manos mientras sentía como Kaien la embestía, la besaba y la mordía en los hombros y en el pecho. Ella lo escuchaba hablar, decirle palabras sucias y decirle lo mucho que había extrañado estar dentro de ella; que ninguna mujer se sentía como ella. Rukia solo cerraba los ojos y trataba de mandar su mente a cualquier lado para no pensar en lo que le estaba haciendo Kaien.
Cuando Rukia llegó al castillo y la reina la empezó a tratar como su muñeca, Rukia creyó que eso era la felicidad. Era un buen sueño, siempre bonita, siempre acompañando a la reina y siempre disfrutando de las miradas que Kaien le daba cada vez que estaban juntos. Rukia no tardó en caer enamorada del príncipe heredero, como todas las doncellas que estaban ahí, y no dudó en disfrutar de las atenciones que él le daba cuando se encontraban para caminar.
Después la invitó a comer, a pasear por los jardines de manera privada o a pasear por la ciudad. Rukia sentía que era un sueño tener toda la atención del príncipe para ella, Rukia disfrutaba de ser la envidia de las demás damas de la corte.
Rukia era estúpidamente feliz.
Rukia era estúpida.
Kaien le puso un anillo en un dedo y le prometió que se casaría con ella, pero que no podía hacer público su compromiso porque aún eran muy jóvenes; y Rukia lo creyó. Rukia creyó cada una de las mentiras que le dijo Kaien hasta que ella terminó en su cama. Se entregó a Kaien sin medir las consecuencias, disfrutó de esa primera vez con un príncipe que la hizo sentir como si el paraíso existiera, y cuando él terminó, le aseguró de nuevo que se casarían pronto.
Y Rukia le creyó. Le creyó todas esas veces que él se la llevaba a la cama, le creyó todos los besos y caricias; le creyó que estaba marcando distancia con ella porque no quería manchar su reputación. Le creyó cuando le dijo que la chica con la que paseaba por las tardes solo era una amiga.
Rukia lo creyó todo, y después el sueño terminó.
Kaien terminó y Rukia sintió como él se derramaba dentro de ella; el asco que la invadió no tenía forma de medirlo porque era abrumador. Lo sintió salir de ella y lo vio buscar su ropa para vestirse, como si hubiese estado realmente con una prostituta. Rukia se quedó en la cama, desnuda, con la saliva de Kaien por todo el cuerpo y con la entrepierna llena de él.
— No fue tan bueno como recordaba, pero estoy seguro que podremos mejorar hasta repetir esas noches de pasión. — Habló Kaien cuando terminó de vestirse. — Te veré mañana, mi amor.
Kaien salió de la habitación y Rukia se quedó en la cama, yaciendo en su propia miseria durante un momento más, sintiendo como su cuerpo se limpiaba a sí mismo de lo que Kaien había dejado dentro. No quería moverse, quería quedarse ahí y morir, pero solo recordar que ella estaba completamente llena de él, la hizo levantarse de la cama, vestirse con lo primero que encontró e ir corriendo a los baños para asearse.
Rukia se quedó en el baño durante mucho tiempo, se lavó la piel y la vida, y lloró por haber sido joven y estúpida; por haber caído en la trampa de Kaien y pensar que él la amaba y se casarían. No salió de ahí hasta que su piel quedó enrojecida por tanto tallarla y sintió que aroma de Kaien se había borrado por completo de su piel. Se talló tan fuerte, que las mordidas y las marcas que le dejó Kaien solo fueron borrones rojos y heridas que sangraron.
El desayuno transcurrió como se esperaba, todos los invitados del rey comieron en el jardín celebrando de manera oficial el primer día de primavera con las bendiciones de las Deidades y las risas y comentarios con buenos deseos para el año se escuchaban por todos lados. Ichigo notó a Kaien con una sonrisa hablando con Loly pero no vio a Rukia. Cuando cruzó miradas con su hermano supo que algo había pasado y no dejó de imaginarse lo peor ya que Rukia no estaba ahí.
Las ganas de interrogar a su hermano por lo que había pasado en la noche con Rukia no lo dejaban en paz pero no podía acercarse a él, no podía hacer público ese tema y exponer a Rukia a las habladurías de la gente.
Después del desayuno, Kaien estaba en su papel de perfecto príncipe heredero despidiendo a los invitados después del desayuno junto con alguien que hizo a Ichigo quedarse mudo, él se había ido por un momento a atender algunos asuntos con uno de los soldados y cuando volvió ahí estaba Rukia. Ella se veía radiante a pesar de llevar uno de los vestidos feos y estaba tomada del brazo de Kaien como él había prometido la noche anterior. Ichigo no sabía qué demonios estaba pasando
Esa debía ser la respuesta de Rukia a la pregunta que él le hizo en la noche anterior. Rukia quería ser reina, y el golpe fue porque se vio descubierta en sus planes. Ichigo se tragó el enojo junto con la decepción y puso su mejor cara de príncipe para despedir también a los invitados. Después de todo, él también era un príncipe de Avanta y por mucho que Kaien no lo quisiera, también era un candidato a la corona.
— Su alteza, gracias por permitirme despedir a los invitados con usted. Ahora es tiempo de que yo también parta. Ha sido un festival de primavera maravilloso y tener un baile con usted será algo que atesoraré, así como esa agradable plática de anoche.
La melodiosa voz de Rukia, en un tono que él nunca había oído, lo hizo voltear a verla en el momento en que un coche tirado por un caballo se detenía frente a ellos.
— Mi señora de Bosque Oscuro, me gustaría que se quedara por más días. Su compañía me es invaluable y me gustaría volver a compartir una amena plática esta noche.
— Me encantaría, alteza, pero hay cosas que no pueden esperar en mi hogar. — Rukia dijo aquello último y les hizo una reverencia a todos.
Cuando fue el momento de que Rukia le hiciera una reverencia a Ichigo, ella desvió la mirada con algo que Ichigo podía identificar como vergüenza. Por un momento él pensó que ella se iba a quedar, pero parecía que estaba huyendo. La vio subirse ayudada por el pelirrojo que había llegado con ella y también a la niña que la acompañaba, y vio el carruaje partir.
Ichigo se quedó parado ahí, sin poder entender qué estaba pasando pero sintiendo la necesidad de hablar con Rukia para que ella se lo explicara. No la iba a dejar ir así. Tenía que saber qué había pasado en la noche que Kaien la había ido a ver.
Necesitaba saberlo porque la incertidumbre lo estaba matando.
— ¡Ensillen mi caballo! — Gritó en ese momento.
Los mozos de las cuadras no tardaron en tener el caballo listo. Ichigo se montó en este y cuando estaba saliendo de las caballerizas Kaien lo detuvo cerrándole el paso. Ichigo por poco lo atropella con el caballo y tuvo que tirar las riendas del caballo tan fuerte como pudo para no hacerlo. Se miraron fijamente, de esa manera única en la que se miran los enemigos jurados, y Kaien habló con esa expresión de perfección que estaba empezando a odiar.
— Su majestad te llama. Necesita tu consejo. Ahora.
No le dio tiempo para rebatir ni negarse. La decisión entre ir tras Rukia u obedecer a su padre de nuevo se interponía. Apretó con fuerza las riendas del caballo, que se movía inquieto sintiendo las ganas de su jinete por salir de ahí, y desmontó. De nuevo, no había que pensar. Él no podía darse ese lujo de elegir. Las elecciones eran para la gente común y ellos de común no tenían ni el pelo.
En el fondo sabía que había usado su única elección en la vida cuando tuvo a su hijo.
— Voy.
Fue lo único que dijo Ichigo antes de entregar las riendas del caballo al mozo que estaba ahí y seguir a Kaien hasta el palacio donde su padre lo estaba esperando. Caminaron en silencio hasta antes de llegar al pasillo que conducía a la Cúpula.
— ¿Por un instante creíste que te dejaría ir tras ella? — La voz de Kaien sonó triunfante antes de que abrieran la puerta de la Cúpula donde se llevaban a cabo las reuniones del consejo. — Sé que quieres saber qué pasó anoche entre nosotros así que te lo diré. Pasó lo que tenía que pasar entre un hombre y una mujer. No sabes cómo había extrañado sus besos, algo que tú nunca vas a saber cómo se siente.
Kaien dijo eso ultimo antes de abrir las puertas dejando ver a su padre y a los miembros del consejo esperándolos. Lo había hecho a propósito para que Ichigo no lo golpeara por lo que acababa de decir. Kaien era un bastardo pero sabía cómo jugar.
Durante toda la reunión del Consejo su mente se desviaba hacía lo que su hermano había dicho. No dejaba de imaginarse a Kaien y Rukia juntos. En la cama. Se reprendió mentalmente por eso. Él no era nadie para ella y ella no era nadie para él, por más que la quisiera proteger no podía hacerlo si ella sola se aventaba a los brazos de Kaien.
— Ichigo, ¿has escuchado alguna palabra de lo que hemos dicho? — Preguntó su padre haciéndolo salir de sus ideas sobre su hermano y Rukia.
No se había dado cuenta en qué momento había apretado el puño estrujando el papel que le habían dado al llegar y bajó la mirada apenado porque no había escuchado ni una sola palabra. Su padre frunció el ceño y volteó a ver a Kaien haciéndole una seña para que hablara.
— Partiremos en una campaña en contra de Gardelia.
— ¿Qué? Pero… padre… Su majestad… ¿El norte?
Aquello había dejado sin palabras a Ichigo ¿Cómo había pasado por alto que de eso se trataba la junta? Se reprendió mentalmente por eso y por ser un idiota, seguramente Kaien lo había planeado así. Atacar Gardelia era algo en lo que Kaien había estado insistiendo. Se suponía que Gardelia era un reino pacifico, no tenían una gran armada y no había lugar alguno a donde extenderse porque colindaban con el desierto y con el mar.
El Desierto Rojo estaba en el norte y era un páramo estéril en lo que no crecía nada. Solo vivían ahí los nómadas de la arena y los que servían en el templo de la Sombra. Sabía que más allá del desierto había más reinos pero esa mancha seca y caliente evitaba guerras. Los caballos no sobrevivían tanto tiempo en un lugar así.
— El Norte. — Confirmó su padre.
— Ellos no nos han hecho nada. No son una amenaza para el reino.
— Y no esperaremos a que lo sean para hacer algo. He tenido informes de que están preparando una armada. ¿Para qué quieren una armada? Nos hemos expandido. Protegemos nuestras tierras y añadimos nuevas. No permitiré que alguien nos arrebate lo nuestro. El verdadero poder está en lograr mantenerlo.
Ichigo no podía mostrar la sonrisa de satisfacción que le provocaba que su padre al fin decidiera que era tiempo de atacar Gardelia. Durante años, Ichigo había estado evitando que su padre dirigiera la espada hacia ese reino, pero en ese momento era justo lo que necesitaba. Ocultó su satisfacción y puso su mejor cara de contradicción, dejándoles ver que consideraba ese ataque algo que no aprobaba pero que de todas maneras dirigiría.
— Gardelia no es un reino bélico, están más preocupados por conseguir comida que por armar un ejército sin embargo no podemos desacreditar el informe sobre la armada que están reuniendo. Sugiero un ataque directo. Tienen salida al mar pero no podemos darle la vuelta al continente, perderíamos al factor sorpresa. Tienen el Desierto Rojo por otro lado, no tendrán ayuda de ahí y Vayalat… No sé qué tan neutral se van a mantener ellos.
Comenzó explicando todas las posibilidades de ataque y defensa. Ichigo tenía que pensar por dos y era bueno haciendo eso; sobre todo cuando conocía a la perfección el reino que su padre pensaba "conquistar". Su padre asentía a lo que decía y los concejales estaban, como siempre, con esa mirada de aprobación cuando él daba algún discurso concerniente a la guerra.
— Se mantendrán neutrales. Vayalat no se moverá en nuestra contra. — Confirmó uno de los Concejales.
Ichigo asintió y regresó a su lugar mientras esperaba que alguien más rebatiera lo que él acaba de decir. Era primavera y era la mejor época para atacar.
— Las guerras nunca son fáciles pero esta vez me atrevo a decir que la victoria será nuestra. Preparen todo, Gardelia caerá antes del otoño.
Prometió el rey con una sonrisa y todos los hombres celebraron por aquella promesa de victoria. Ichigo dejó de pensar en Rukia; ella ya se había ido y mientras más lejos estuviera de Adelaar, mejor.
Bosque Oscuro no le había parecido más hermoso que aquél día en que regresó de Adelaar. Solo de recordar el tacto de Kaien se le erizaba la piel en una sensación tan desagradable que se preguntaba si golpeándose la cabeza lo suficientemente fuerte podría olvidarla. Se sentía sucia solo de recordarlo.
Yuki estaba tan emocionada que no dejaba de hablar de la fiesta, el ritual y que desde la bendición se sentía mejor y más feliz; incluso con suerte. Renji también estaba feliz y emocionado por todo lo que había pasado en Adelaar. Rukia solo podía pensar en que ellos se la pasaron bien y habían regresado a salvo a Bosque Oscuro, solo porque ella se había acostado con Kaien.
Rukia ya había tenido suficientes pérdidas, no quería tener más.
— Ojalá nos inviten para el festival de invierno. No abrieron el cuarto rojo, los soldados dicen que solo es un rumor. Estoy pensando en unirme a la armada, con suerte sería caballero. ¿Qué piensas Rukia?
Ella solo lo escuchaba mientras comían en la cocina como lo hacían siempre. El comedor estaba ahí pero Rukia no lo usaba, le recordaba a su familia y era un recuerdo doloroso. La cocina era mejor, era más pequeña y acogedora.
— Serías un maravilloso soldado. — Respondió con una sonrisa y con sinceridad en sus palabras. — Y como caballero, el reino te asigna tierras propias. Es lo que siempre deseaste. Tendrás tierras y una casa, y la gloria de servir al reino.
— Cuando vengan reclutando, me apuntaré. — Prometió con resolución. Yuki lo felicitó.
Rukia tenía la impresión de que a Renji le había seducido demasiado la vida en Adelaar y no podía culparlo; ella también había caído en su encanto una vez. Quería decirle algo sobre la mágica Adelaar pero no lo hizo, así que terminó de comer y se fue a su habitación. Se sentía tan cansada que podría dormir por días, sabía que podía hacerlo, Bosque Oscuro había sobrevivido años sin ella y no se caería por dos días que ella decidiera dormir todo lo que necesitaba.
El padre de Renji era perfectamente capaz de mantener todo en orden.
Las pesadillas habían vuelto con fuerza pero de nuevo las olvidaba al abrir los ojos. Sabía que tenía pesadillas porque Yuki le decía que gritaba en sueños y que en una ocasión había llorado. Rukia recordaba eso, las lágrimas en sus mejillas al despertar eran prueba de que Yuki decía la verdad. Junto con las pesadillas le había llegado una fiebre que en verdad la había tumbado por días. Yuki la cuidó durante los días que se quedó en su cuarto, le llevó la comida y cuidó que tuviera lo que necesitaba. También llevó a una doctora.
— Está intoxicada. — Fue lo que dijo la doctora que la fue a ver el día que amaneció con fiebre. — ¿Comió algo en mal estado?
Le doctora le hizo varias preguntas a Rukia y Yuki tratando de averiguar qué había comido pero no había nada extraño ni en mal estado. Solo comieron lo que les deban en el palacio junto con los demás y al llegar a su casa solo lo que la mamá de Renji cocinaba. Todos comían lo mismo. Que ella estuviera intoxicada no tenía sentido.
La doctora dejó instrucciones de cuidado y varios jarabes que la ayudarían a curarse junto con la instrucción de que la llamaran si se ponía mal, pero lo último que quería Rukia era gastar dinero en esas cosas; las doctoras cobraban su cuota en oro y ellos lo necesitaban para poder comprar comida y lo que necesitaran para prepararse para el invierno.
Cuando se sintió mejor, Rukia bajó de su habitación y se encontró al padre de Renji sentado en una de las sillas de comedor. El hombre tenía en sus manos los registros de lo que había en las bodegas de la Gran Casa y al verla llegar la llamó para hablar sobre lo que faltaba y lo que podrían necesitar ese año.
Las cosechas que se pretendían hacer y los animales de granja que debían de procurar. El invierno pasado había sido demasiado frío y por poco no salían de él, además su llegada no estaba prevista por los padres de Renji y tuvieron que hacer esfuerzos para llegar a la primavera con lo poco que había.
Rukia solo asentía a lo que el hombre decía y dejó todo en sus manos, ella sabía que el padre de Renji conocía mejor Bosque Oscuro y lo que necesitaba; también sabía que estaba dejando sus responsabilidades de lado y no podía dejar que eso siguiera pasando. Seguir excusándose sobre no saber manejar un señorío y el tiempo que estuvo fuera no iba a hacer que apareciera un cofre con monedas de oro que los ayudara a mejorar sus problemas.
Durante los días que había estado enferma, Rukia se estuvo cuestionando su existencia, la razón por la cual tenía esas pesadillas que no podía recordar, y lo que había olvidado de Adelaar. Se preguntaba si las Deidades la estaban castigando por algo y no quería admitir que se sentía pequeña y perdida. Por un momento pensó que Ichigo le ayudaría pero ella había estropeado esa oportunidad; lo había estropeado todo.
Rukia necesitaba ayuda y necesitaba pensar en su futuro.
Antes de que el padre de Renji diera por terminada esa improvisada reunión, Rukia lo detuvo con una propuesta muy convincente y conveniente para ambos. El hombre no negó que había estado pensando aquello y Rukia solo asintió al saber que la idea no era tan ajena a él. Era obvio que aquél hombre lo hubiese estado pensando, si ella no regresaba hubiese sido mejor para ellos, podían haber pedido a Adelaar que las tierras se les concedieran. Rukia supuso que por eso Bosque Oscuro funcionaba tan bien sin ella, porque le querían demostrar al rey su lealtad y su buen trabajo.
En el fondo, a pesar de que comprendía eso, le dolió. El padre de Renji había sido el castellano de su padre y realmente nunca pensó que el hombre quisiera las tierras para él. Que pequeña e ingenua era, nadie hacía las cosas solo porque eran buenas personas o por amor.
Renji llegó unos momentos después de que su padre lo mandara a llamar y se quedó confuso al ver que Rukia y su padre estaban sentados en la mesa del comedor. Se sentó en una silla libre esperando a que alguien le dijera que estaba pasando.
— Lady Kuchiki me ha dicho que te quieres unir al ejército del reino y eso me parece muy bien, pero…
Habló el padre de Renji rompiendo el silencio y adjuntando una frase de aprobación a esa idea antes de que su hijo hiciera una protesta. No le permitirían a Renji pensar que estaban en contra de eso, sin embargo a Renji no le gustó el "pero" que adjuntó su padre al final. Esa palabra nunca presagiaba algo bueno.
— ¿Pero? Supongo que no voy a poder hacerlo. ¿No es así? — Rukia solo podía ver la decepción en la mirada de Renji. Se sintió culpable. Él la había seguido hasta más allá de las Tierras de Ocaso y ahora estaba por cortar de nuevo su camino.
— La Señora de Bosque Oscuro ha hecho una propuesta y la he aceptado.
— ¿Una propuesta? — Su padre pocas veces se había referido así a Rukia y eso lo hizo estremecer.
— Si. Una propuesta de matrimonio. — Rukia fue la que respondió haciendo que Renji se quedara con la boca abierta. — Estos días y desde que llegué he estado pensando en lo que pasará con Bosque Oscuro cuando muera y no fue difícil llegar a la conclusión de que la corona designará un nuevo señor para Bosque Oscuro. Eso no sería justo para tu familia, así que he decidido pedir tu mano en matrimonio. Al momento de casarnos te volverás el señor de Bosque Oscuro y…
— No. No. No. ¡No! — Renji se levantó molesto de la silla mirándolos a ambos con furia en los ojos.
— ¡Si! ¡Te casarás con la señora de Bosque Oscuro! Ella sabe que somos nosotros los que merecemos cuidar la tierra.
— ¡No! Tu sueño fue siempre ser el señor de esta tierra. ¿Te ofreciste a casarte con ella? Espera, no puedes porque mi madre sigue viva y me usas a mí.
— Piensa en tu hermana. — Su padre trataba de hacerlo entrar en razón.
— ¡Piensa tú en mí y en lo que quiero! — Volteó a ver a Rukia después de gritarle a su padre. — Rukia… tú… tú…
Pero Renji no formó ninguna frase coherente y se fue de ahí arrojando las cosas que se encontraba en el camino. El padre de Renji solo miraba a Rukia apenado por la reacción que había tenido su hijo y Rukia solo pudo soltar un suspiro de resignación.
— Está bien. Cuando se calme hablaré con él. La ceremonia será en verano, cuando las primeras cosechas se den. No será una gran fiesta pero trataremos que sea tan tradicional como lo dictan las Deidades. — Comentó Rukia tratando de darle paz al padre de Renji.
El hombre asintió y se levantó también del lugar en donde estaba. Rukia de nuevo lo detuvo antes de que se fuera pidiéndole discreción hasta que Renji haya dado una respuesta favorable. El hombre no se negó a eso y se fue de ahí.
Rukia se quedó pensando en si lo había hecho bien. Era su primera decisión real como señora de Bosque Oscuro y esperaba haberlo hecho bien; esperaba que su amigo lo entendiera. Ella esperaba muchas cosas de la vida y no sabía cómo moverse por ella.
De nuevo se sintió pequeña y perdida.
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