Capitulo 6: Compromiso


— ¿Por qué papá no fue con el rey? — Preguntó el pequeño príncipe a Orihime que estaba terminando de arreglarle la ropa para que asistiera a clases.

— Porque debe cuidar el reino cuando no está el rey. — Respondió la muchacha terminando de cerrar el último botón de su pequeña camisa.

— Pero el que se quedaba era mi tío Kaien, ¿por qué esta vez se quedó mi papá?

Orihime tuvo un escalofrío ante la mención de aquél nombre y luego le acomodó suavemente el cabello al pequeño Juha.

— ¿No te gusta que tu papá esté contigo, pequeño príncipe? — Le preguntó Orihime con esa sonrisa dulce tan propia de ella.

— ¡Si! ¡Mi papá es el mejor papá del mundo! — Juha saltó de la cama, donde estaba parado mientras Orihime lo vestía, y la miró con una sonrisa.

— Entonces agradezcamos que tu papá está aquí y no tu tío Kaien. — Agregó Orihime con una sonrisa. — Y vayamos a clases, que si terminas antes podrás comer hoy con tu papá.

— ¡Si!

El pequeño príncipe sujetó la mano de su nana y caminaron lentamente por los pasillos de aquél palacio mientras el niño le contaba sobre un sueño que tenía donde una mujer bonita le cantaba canciones para dormir. Llegaron al salón de clases, un poco más tarde de lo habitual porque a Juha se le cayó un lápiz, y descubrieron que Ichigo estaba ahí, parado en medio del salón con una expresión seria.

— Llegan tarde. — Habló Ichigo con las cejas juntas en una expresión de enojo por haber tenido que esperar. Su pequeño hijo se espantó y se escondió detrás de Orihime asomando su pequeña cabeza con temor, fue entonces que relajó su expresión a una sonrisa y extendió sus brazos para que su pequeño fuera a él.

El niño salió de su escondite y corrió emocionado a los brazos de su padre que lo cargó en brazos; Juha era pequeño e Ichigo pensaba que no pesaba en absoluto. Lo primero que le vino a la mente después de aquél pensamiento era que su madre era la culpable. Ichigo esperaba que su hijo fuera igual de alto que él.

— Hoy no tendrás clases, irás conmigo a cazar. Ya estás en edad de saber cómo es la cacería. — Agregó Ichigo haciendo sonreír a su hijo por aquella noticia. — Orihime, ¿Puedes cambiar de ropa a mi hijo por una más cómoda?

Ichigo preguntó mientras caminaban de nuevo por los pasillos de aquél palacio y volvían a la habitación del pequeño príncipe.

— Si, lo haré. — Se apresuró a responder la chica con una sonrisa al saber que el niño pasaría muchos días con su padre y ella tendría un poco de paz.

— Cuando Juha esté listo, llévalo a las caballerizas y prepara una pequeña maleta para él. — Ordenó bajando al niño en la entrada de la habitación.

La chica asintió de nuevo e Ichigo se despidió de su pequeño hijo antes de irse para terminar los preparativos de esa cacería.

Cuando estuvieron listos los guardias que lo acompañarían, los caballos, las provisiones y las armas, Orihime llegó con el pequeño niño tomado de la mano con una ropa más cómoda junto con una pequeña bolsa con algunos cambios de ropa para los días que iba a pasar con su padre. Ichigo se montó en el caballo y uno de los guardias ayudó al pequeño príncipe a subirse con él, irían los dos juntos. No era que Ichigo no confiara en sus hombres sino que se sentía más tranquilo cuidando él mismo de su hijo.

Orihime despidió al pequeño príncipe agitando una mano en el aire y el pequeño regresó el gesto con esa sonrisa encantadora que solo los niños tenían; el pequeño príncipe estaba realmente emocionado por aquella salida de cacería.

Ichigo sabía que Orihime era lo más parecido a una madre que su hijo podía tener y procuraba que ella estuviera tan cómoda como fuera posible; le pagaba bien y le daba las libertades que ella deseaba, siempre y cuando el pequeño príncipe estuviera bien cuidado. Orihime eventualmente se iría, se casaría con el General y tendría sus propios hijos, e Ichigo solo esperaba que su pequeño fuera lo suficientemente grande para que no sintiera tanto su partida cuando eso pasara.

Sonaron el cuerno de caza y los caballos se enfilaron hacía la salida al bosque del rey.

Orihime se quedó ahí parada por un momento, contemplando el grupo que avanzaba lentamente antes de que se perdieran de su vista; ella no podía evitar preocuparse por el niño a pesar de que estuviera con su padre, ella lo había visto crecer y lo había sostenido en brazos cuando era apenas un recién nacido que lloraba extrañando a su madre. Orihime se regresó al palacio procurando no pensar en que el niño era muy pequeño, a consideración de ella, para ir a una partida de caza y al llegar su habitación se recostó en la cama donde dormía el pequeño príncipe; ella agradecía a las Deidades que al fin tendría más de un día de descanso.

Seguirle el paso al niño era un trabajo bastante complicado y se alegraba de que solo tuviera que cuidarlo, que en sí ya era un trabajo complicado. Orihime tenía una doncella que le ayudaba con todo lo demás, como la ropa y la comida, pero ella era la principal responsable de la vida del niño.

Ella no iba a negar que le alegraba que Kaien se hubiese ido a la campaña con el rey, porque cada vez que él se quedaba en el palacio, ella tenía tanto miedo que evitaba sacar al niño de su habitación y siempre andaba con un guardia a donde sea que ella anduviera. El recuerdo de que Kaien había intentado matar al niño cuando aún era pequeño seguía fresco en su mente y dudaba que alguna vez se borrara.

Orihime podía recordar la sonrisa del hombre cuando intentaba hacer que el niño se ahogara con una almohada antes de que ella impidiera que cumpliera su cometido. Esa vez estuvo segura que las Deidades protegían al niño porque no le pasó nada más allá del susto y muchas lágrimas.

Ichigo había ido con su padre a la campaña aquella vez, pero el rey estaba aún molesto porque él se había casado en secreto y había tenido un hijo con esa mujer, así que el rey ignoró por completo la ofensa asegurando que debía de ser un error y que Kaien no mataría a un bebé. El rey prohibió volver a tocar el tema haciendo que Ichigo se enojara tanto con Kaien que fue por él dispuesto a matarlo, esa fue la primera vez que se agarraron a golpes; era algo que ni cuando eran niños había pasado y algo que sucedería muy seguido después de ese incidente.

Masaki fue la única que le creyó a Ichigo sobre lo que había hecho Kaien, también fue la única que le explicó la razón por la que Kaien había hecho eso: estaba celoso.

Ambos sabían cómo funcionaban las líneas sucesorias e Ichigo se las había saltado de una manera descomunal y el niño era un recordatorio constante de eso. Su madre había intervenido por él para que la furia del rey no le cayera con todo el peso descomunal de un huracán junto con una acusación de traición al reino, pero desde día Ichigo estaba casi seguro que su hermano le estaba metiendo ideas en la cabeza a su padre en su contra.

No importaba que su padre lo hubiese perdonado, lo hubiese llevado a la batalla y él se hubiese probado a sí mismo como un hombre de guerra, una parte de esa relación con su padre quedó rota para siempre en cuanto ese niño llegó al palacio.

Ichigo a veces se preguntaba si había hecho bien, si todo lo que había hecho valía la pena, pero luego miraba a su hijo, que en ese momento estaba con uno de los soldados aprendiendo a como encender una hoguera, y todos los temores se desvanecían. Ese niño le había traído tantas alegrías a su vida, que la balanza de tristezas se mantenía en equilibro y le recordaba que por ese niño hacía todo lo que hacía.

La partida de caza acampó cerca del rio y se quedaron ahí algunos días.

Ichigo nunca había visto a su hijo tan feliz como aquél momento y deseó no tener que regresar de nuevo al palacio, pero no podía darse ese lujo. De nuevo la idea de irse de ahí con su hijo se hizo presente de una manera tan salvaje que, en todo el camino de regreso al palacio, estuvo pensando en los preparativos para de irse lejos de ahí; en las Tierras del Ocaso había mercenarios que vendían su espada por dinero y él era bastante bueno con la espada.

Irse a donde sea, pero irse de ahí porque después de la conquista de Gardelia, no quería estar más tiempo del necesario en el palacio.

De nuevo volvió a sonar el cuerno de caza anunciando que estaban cerca del palacio y, cuando llegaron al lindero del bosque, ya había guardias y mozos esperándolos; habían cazado un venado el último día de cacería y lo llevaban destazado y cubierto con sal para conservarlo.

— ¡Llamen a los cocineros! — Gritó uno de los guardias al llegar a las caballerizas.

Un guardia ayudó al pequeño príncipe a desmontar del caballo de su padre e Ichigo desmontó instantes después encargándose de lo último antes de retomar sus asuntos. Orihime dejó lo que estaba haciendo en cuanto escuchó el cuerno de caza para poder esperar al niño a tiempo y llevarlo a bañarse antes de ir a dormir porque era tarde y estaba segura que el niño estaba cansado de tan grande odisea.

— ¿Cómo les fue? — Preguntó la reina Masaki al ver a su hijo en la entrada del palacio. Ichigo se detuvo junto a su madre soltando un suspiro para sonreír antes de responder.

— Se divirtió mucho. Se asustó con el venado pero lo pasó bien. — Respondió después de darle un beso en la mejilla a su madre.

— Así de pequeño eras tú cuando fuiste con tu padre de caza por primera vez, él estaba feliz de llevarte con él. — Recordó su madre con añoranza.

— Kaien me enseñó a disparar con el arco después de eso. Ahora temo que él le dispare a mi hijo si salimos juntos de cacería. — Externó su miedo y su madre guardó silencio un momento. Ella también sabía que esa posibilidad podría ser cierta.

— Basta de pensamientos oscuros. Vamos, llegas a tiempo para una cena informal con tu madre antes de irte a bañar. — Masaki se colgó del brazo de su hijo y se fueron caminando bajo las protestas de Ichigo sobre estar sucio, sudado y demás cosas que Masaki ignoró porque podía y quería.

Ella también había extrañado su hijo y se alegraba de que él se hubiese quedado; todo siempre era más fácil cuando Ichigo estaba ahí.

Rukia había llegado en la tarde, justo unas horas antes de que Ichigo y su comitiva de caza regresaran, y los había visto desde la ventana del cuarto en donde la habían hospedado esa vez. Bien podía haberse quedado en la misma posada pero no había llevado tanto dinero con ella. Estaba sola y no había llegado como lo había hecho la primera vez, en un carruaje con Renji y Yuki como sus acompañantes ni con baúles donde se guardaban sus cosas; esta vez había llegado en un caballo, con una bolsa sujeta a la silla donde llevaba lo que usaría cuando estuviera frente a Kaien y nada más.

Le parecía incomodo usar el vestido violeta que le había dado Ichigo para estar con Kaien, pero era el único vestido que tenía ya que el vestido negro estaba roto. Rukia no tenía idea de lo que le iba a decir a Kaien, le costaba mucho imaginar la escena y tragarse todo el enojo y coraje que le causaba la sola presencia de ese hombre. Durante todo el camino había estado planeando como hablar con él y las posibles formas en que la escena se iba a desarrollar, estaba apostando a que Kaien se comportaría como lo había hecho la vez anterior y la idea de terminar en su cama, aunque le repugnaba, quizás fuera lo mejor si quería saber algo sobre lo que había pasado y si él sabía dónde estaba su hijo; sin embargo, cuando ella llegó al palacio se encontró con que Kaien se había ido a la campaña y era Ichigo el que estaba ahí.

"Ojalá que Kaien se muera". Fue lo primero que pensó cuando le dijeron que él estaba en la guerra.

Para Rukia lo mejor que podía hacer Kaien era morirse. Así ella podría enterrar con él todo lo que le había hecho y tratar de seguir con su vida.

La Dama de las Llaves la hospedó en un cuarto más pequeño y más centrado que la última vez y desde ahí pudo ver cómo Ichigo regresaba con su pequeño hijo. En ese momento, Rukia cayó en cuenta que no había visto al hijo de Ichigo de cerca. La primera vez que fue consiente de ese niño fue en el pasillo la primera noche de celebración y la segunda vez que lo había visto, fue saliendo del templo de las Deidades; incluso esa vez lo veía desde lejos.

Tenía mucho que pensar y hablar con Ichigo siempre había sido más fácil, solo esperaba que no estuviera molesto por el golpe que le había dado aquella noche; era una torpe pero ya estaba hecho. Ichigo no se comportaría como Kaien ¿o sí? La cabeza le dolió en ese momento y mejor se quedó sentada en la cama. Extrañaba a Yuki y estaba segura que si se lo hubiese pedido ella habría ido, Renji también la habría acompañado pero se escapó de Bosque Oscuro en cuanto se sintió mejor y no avisó a nadie de eso.

Rukia no estaba dispuesta a que esas extrañas fiebres la atacaran de nuevo antes de arreglar lo que debía de arreglar y de tener las respuestas que necesitaba, y todas esas respuestas estaban en Adelaar; o eso esperaba ella.

Lo primero que hizo a la mañana siguiente fue ir a las cocinas. No tenía quién la ayudara con eso y fue en ese instante que se dio cuenta de lo dependiente que se estaba volviendo de Yuki. La Dama de las Llaves no le asignó ninguna doncella para que la atendiera, Rukia era nadie en ese lugar, así que tenía que arreglárselas sola.

Después de desayunar se puso el vestido que Ichigo le había regalado, no se lo había puesto antes y se sorprendió de que le quedara tan bien e incluso resaltara sus ojos. Pidió una audiencia privada con él y estuvo esperando a que le dijeran que podía pasar a verlo, pero él estaba en la Cúpula atendiendo los asuntos pendientes que surgieron por su ausencia y el guardia le dijo que él no podría verla en ese momento.

Rukia se quedó parada afuera de la Cúpula, contrariada por no poder hablar con él y pensando en cómo podría lograr acercarse para hablarle, cuando salió un hombre que parecía estar buscando algo y relajó la expresión al encontrarla todavía ahí.

— Su alteza, el Príncipe Ichigo, la verá a la hora del almuerzo en el jardín privado.

Informó el hombre al verla y luego llamó a un guardia para que la escoltara al lugar donde Ichigo la vería. Rukia siguió al guardia en silencio por todo el palacio hasta que la dejó en medio del jardín donde había una mesa con sillas debajo de un gran árbol, supuso que ahí solían comer así que se sentó en el lugar y el guardia se quedó cerca de ella.

La tenían vigilada como si se fuera a robar algo y eso la molestó.

Pasó un largo rato ahí, sentada en esa silla y con el guardia haciéndole compañía en silencio, hasta que las doncellas empezaron a llegar con jarras de jugo y agua, y varias frutas además de un platón con comida; le sirvieron a ella y se fueron de nuevo por donde llegaron. La junta de Ichigo con los concejales que se habían quedado ya debía de haber terminado y él debía de estar por llegar. Rukia agradecía haber desayunado en las cocinas porque pudo comer lo que quiso y seguía llena, pero las uvas se veían tan tentadoras que decidió comer algunas en lo que llegaba Ichigo.

— ¡Su alteza real, el Príncipe Ichigo! — Gritó el guardia junto a ella haciéndola soltar la uva que estaba a punto de comerse.

Rukia se debatía entre quedarse sentada o levantarse como dictaban las reglas pero el guardia junto a ella le susurró que debía de pararse así que lo hizo de mala gana sacudiendo el vestido un poco.

— Rukia, veo que al fin decidiste usar el vestido. Te queda bien. — Agregó Ichigo con un tono mordaz. Rukia notó que él no estaba feliz y no lo entendió, porque él fue quien le regaló ese vestido para que ella lo usara.

Ichigo hizo una seña con la mano para que el guardia se alejara de ellos aunque era más que obvio que el guardia no se iba a ir, pero estaría lo suficientemente alejado para concederles privacidad. Nunca estaba solo por completo más que cuando iba a dormir.

— Iba a hablar contigo y ya que gastaste tanto oro en este vestido, decidí usarlo. — Habló Rukia con un gesto indiferente.

Ichigo la miró con los ojos entrecerrados. No sabía si Rukia era muy ingenua para creer que él se tragaría eso o en verdad lo creía estúpido. La Dama de las Llaves le había dicho que Rukia había llegado preguntando por Kaien y también le dio una descripción pormenorizada de su expresión de decepción al saber que él no estaba en el palacio.

— Bien, aquí estoy. ¿De qué quieres que hablemos? — Habló y tomó un vaso con jugo del día, luego tomó una uva y esperó a que Rukia hablara.

Rukia se quedó en blanco en ese momento. ¿Qué le iba a decir? ¿Sabías que tengo un hijo con tu hermano del que no recuerdo ni siquiera haber estado embarazada y que realmente no sé dónde está? No, eso no sonaba bien. Ichigo tamborileó los dedos en la mesa en señal de impaciencia. Rukia se enojó por eso, como si él estuviera demasiado ocupado y ella lo estuviera haciendo perder el tiempo.

— Ya. Ichigo, ¿qué pasó después de que me sacaste del palacio? — Volvió a hacer la misma pregunta que había hecho la noche de las Deidades.

Rukia tenía la esperanza de que esta vez él sí le dijera la verdad. Ichigo levantó la ceja y dibujó una sonrisa que la hizo estremecer. Era la primera vez que él le causaba algo así y no sabía si era de miedo u otra cosa, no recordaba alguna vez haber visto sonreír a Ichigo así, como si estuviera planeando algo malvado y divertido a la vez.

— ¿Por qué crees que yo sé que pasó esa noche? — Preguntó con esa sonrisa en los labios y un toque de indiferencia.

A Rukia le pareció que la sonrisa era nada comparada con la que podría estar ocultando detrás de su expresión indiferente. Ichigo tenía razón, ¿Por qué pensaba ella que él sabría algo? Se había aferrado a esa idea con tanta fuerza como para no dudar nunca de que él lo sabía todo. Él la había rescatado, por lo tanto, él debía saber lo que pasó pero, ¿y si Ichigo en verdad solo la rescató pero no sabía nada más? Él no sabía que ella y Kaien habían terminado en la cama antes, menos podría saber si ella tuvo o no un hijo de Kaien.

— Porque lo último que recuerdo es a ti y a mí en un caballo rumbo al bosque. — La mirada de Ichigo cambio a una que Rukia no pudo reconocer, quizás ligeramente sombría y seria. Ichigo se comió otra uva haciendo tiempo antes de responder.

— Ya sabes cuál es la condición para saber eso.

— No. ¿Crees que no sé de tu hijo? Es más, no sé cómo sigues vivo después de eso, hasta donde yo sabía, tú no podías tener hijos hasta que Kaien tuviera a su primer hijo. ¿Tu esposa sabe que estás pidiéndome matrimonio?

Rukia estaba molesta por la insistencia de Ichigo con ese tema. Ni siquiera tenía sentido que él le propusiera matrimonio, nunca se habían tratado más allá de la cortesía, aunque en el fondo sentía que eso no era así.

— Ella está muerta. Murió la noche en que dio a luz a mi hijo. Y sí, tengo un hijo, también debería de estar muerto pero no es así. Desde que mi hijo nació hay una espada que cuelga sobre su cabeza y sobre la mía. No creas que todo es tan fácil como que sigamos respirando. — Se levantó de la silla y se acomodó la ropa con firmeza.

Rukia se quedó en silencio después de que Ichigo le contara eso, no esperó que Ichigo le diera esa respuesta de esa manera. La plática estaba llegando a su fin y él se iría si no lo detenía.

— Espera… — Se levantó de su asiento para evitar que él se fuera de ahí.

— Tengo cosas que hacer, Rukia. — Habló de forma cansada y con un dejo de irritación. — No tengo tiempo para estar aquí, soportando tus indecisiones y dudas.

Rukia de nuevo se sorprendió porque Ichigo había cambiado tanto como ella. En su mente todo seguía como el día que se fue pero se había equivocado, nada seguía igual a como ella lo recordaba y seguramente Kaien tampoco.

— Acepto. Nos casaremos después de que Kaien se case, pero dime lo que pasó esa noche. — Aquello último salió de una manera suplicante de sus labios.

Rukia sabía que no se podía casar con nadie después de lo que Renji le había dicho. Esperaba no tener que casarse con Ichigo, espera que él le dijera lo que ella no recordaba y luego decirle lo de su hijo con Kaien, así él podría desistir de esa absurda idea del matrimonio.

— Te lo diré en la noche de bodas, querida. — Ichigo dijo aquello de una forma que le hizo erizarse la piel de la misma manera extraña que antes. De cierta forma, le recordó a Kaien.

Rukia vio a Ichigo quitarse uno de sus dos anillos, el más fino y que no concordaba con el otro que cargaba porque incluso era más delicado, casi femenino y evidentemente no le entraba del todo en el dedo, y se lo colocó en el dedo corazón. Rukia notó que le quedaba perfecto.

— Ahora eres mi prometida. Anunciaremos el compromiso cuando llegue mi padre para el otoño. Ahora si me disculpas, tengo cosas que hacer. Nos veremos para la cena, mi madre tiene que saberlo. — Le besó la mano y la dejó caer de forma suave a sus costados antes de darle la espalda e irse de ahí.

Rukia se había quedado pasmada por lo que había hecho Ichigo, no sabía en qué momento eso se había vuelto tan abrumadoramente formal, tanto que él llevaba el anillo listo, y sintió que había caído en una trampa. Volteó a ver su mano donde descansaba el anillo y se sintió presa de su propia estupidez. Ella sola había ido a meterse a la boca del león.

Rukia ahogó un grito en la almohada de plumas de su cama en cuanto llegó a la habitación. ¿Cómo es que había pensado, aunque sea por un segundo, que al aceptar el compromiso Ichigo le diría lo que quería saber?

— Soy una tonta, una tonta, una tonta.

Se repetía dándose cabezazos contra la almohada mientras pensaba en cómo salir del nuevo lío en el que se había metido. Podía huir de ahí así como lo hizo de Bosque Oscuro para llegar a Adelaar pero desechó esa idea tan rápido como se formó, en su casa no había guardias y en el palacio parecía que había uno cada tres metros y en cada esquina.

— Mi lady, ¿está?

Rukia escuchó la voz de alguien que llamaba a su puerta. No se quería levantar de la cama así que gruñó un "pase" como única respuesta aun con la cara aplastada contra la almohada. La puerta se abrió y dejó ver a una joven rubia con el cabello corto cargando una caja de cartón que dejó en la cama junto a Rukia, que seguía con la cara enterrada en la almohada. El repentino peso en la cama la hizo girar la cabeza encontrándose con la doncella que sonreía de oreja a oreja.

— La Dama de las Llaves me ha dicho que ahora debo procurarla y el príncipe Ichigo me ha mandado con esto para usted, dice que se lo ponga para la cena. También quería decirle que los baños están listos.

Habló la niña quedándose parada junto a la cama con expresión emocionada, como si estuviera a punto de dar saltitos. Rukia pensó que así se debería de ver cualquiera que aceptara casarse con un príncipe.

— Está bien, iré a bañarme. Esto…

— Kiyone, mi lady. Mi nombre es Kiyone.

— Bien, Kiyone, acompáñame.

Pidió sin resistirse mucho a eso, no tenía por qué perder energía en resistirse y mejor lo enfocaba a pensar en cómo romper el compromiso después de obtener lo que quería de Ichigo. Quizás si insistía lo suficiente, ahora que estaban comprometidos, él le diría lo que ella estaba buscando.

Ichigo y su madre estaban hablando de manera animada en el comedor, a Rukia no le sorprendió que la reina estuviera sentada en la cabecera de la mesa y que Ichigo estuviera a su derecha. Aquella escena le recordó cuando estaban sus padres vivos, a la forma en que reían en la mesa a la hora de la cena y a como se contaban las cosas que habían hecho durante el día. Su padre era muy comprensivo, en su mente todos los hombres debían de ser como su padre. Estaba equivocada y pagó por ser ingenua.

— Disculpen la tardanza. — Habló interrumpiendo algún tipo de broma que la reina acaba de decir haciendo que Ichigo sonriera.

Rukia no recordaba nunca haber visto a Ichigo sonreír así y, mientras se acercaba a la mesa para tomar su lugar, trató de recordar si realmente recordaba a Ichigo. Nunca se había preguntado si lo recordaba, ella estaba segura que así era pero en ese momento esa duda la invadió. Rukia hizo una reverencia a la reina y a Ichigo, este se levantó para ayudarla a sentarse en el asiento a la izquierda de la reina, que quedaba casualmente frente a él, y le susurró lo bien que se veía con el vestido que tenía puesto. Rukia luchó contra el impulso de revirar los ojos por el comentario.

— Ya estamos todos, pueden traer la cena. — Pidió la reina y las doncellas empezaron a servir los platos y las bebidas. La comida olía tan deliciosa, que seguramente debía de saber igual de deliciosa como se veía.

— Gracias por la invitación, su majestad. — Dijo Rukia mirando a la reina que se acomodaba la servilleta en el regazo. La reina se tomó un momento antes de responder y a Rukia le pareció que estaba pensando en qué decir; aquella sensación la hizo tragar saliva de manera pesada.

— Todos han partido a la guerra y eres una invitada de mi hijo, no puedo dejar que comas sola en tu habitación.

Rukia recordaba lo gentil que era la reina y la forma tan maternal que tenía con ella cuando recién había llegado a Adelaar, en ese momento aquel recuerdo se desvaneció dando paso a la reina que tenía en ese momento frente a ella; la mujer más poderosa del reino. Rukia solo asintió y a la orden de la reina todos empezaron a comer. Rukia no se había equivocado con la comida, era exquisita, era incluso mejor que la que había comido en las cocinas donde se preparaban todos los platillos. Comieron y bebieron en silencio, Rukia no sabía que decir o si debía decir algo; se sentía extraña.

— Ichigo me ha dicho que has aceptado su propuesta de matrimonio. — Soltó la reina después de que recogieron los platos y dejaron solo tazas de té. Rukia casi escupía su bebida al momento de escuchar eso. Tosió un poco para disimular la incomodidad del comentario y recuperó la compostura tan rápido como pudo.

— Eh… si, su majestad. Él lo propuso en la noche de las Deidades y de nuevo ayer que estuvimos platicando. Pensé que había sido algo repentino la primera vez pero…

— Si, si, no busques excusas, sé que aceptaste y la forma en que llegaste a eso ahora no me interesa. — La interrumpió la reina y Rukia solo se quedó callada mirando como la mujer le daba un sorbo a su taza de té para dejarla luego con delicadeza de nuevo en la mesa. La reina tenía los ojos cerrados al hacerlo pero los abrió de nuevo antes de hablar. — Estuviste en mi corte cuando eras más joven, sé que sabes cómo funciona el reino porque muchas veces estuviste al cuidado de mi Dama de las Llaves y sé que sabes que no permitiré que mi hijo muera por una imprudencia tuya.

Rukia tragó saliva asintiendo. La reina continuó sin despegar su mirada de ella. Ichigo solo las miraba en silencio.

— Ichigo no se puede casar antes que Kaien, Ichigo no puede tener hijos antes que Kaien. Para nadie en el palacio es secreto que tuviste un amorío con Kaien mientras estuviste aquí, lo que haya pasado entre ustedes solo las Deidades lo saben pero eso no me interesa, me interesa que mi hijo siga vivo. Si realmente te interesa Ichigo, porque sientes algo por él, entonces no me opondré a que él se case contigo pero si te quieres casar con mi hijo solo porque no pudiste atrapar a Kaien entonces vete de mí vista.

La voz de Masaki sonaba dura y cruel, quizás demasiado cruel pero aquello último hizo a Rukia levantarse de su asiento como la vez que Ichigo había sugerido que ella quería ser reina. No podía cachetear a la reina por aquello pero estaba tan enojada que las manos le temblaban por aquél insulto. La reina la miraba impasible, con un temple de acero que cualquiera podría envidiar, incluso Rukia envidiaba la calma y autoridad que proyectaba la reina.

— ¿Y bien? ¿Debo de tomar esto como una finalización del compromiso? — Preguntó Masaki al verla parada.

Por dentro, Masaki esperaba que se fuera, que huyera como lo había hecho aquella noche. Con suerte no tendría que volver a verla e Ichigo no acercaría más a él la espada que pendía sobre su cabeza.

Rukia no se movía y apretó la mano con fuerza antes de volverse a sentar.

— No. Me quedo y me casaré con Ichigo porque siento algo por él. — Habló con una decisión que no sabía de donde había sacado.

Realmente no mentía, solo que lo que sentía por Ichigo no era a lo que se refería la reina sino ganas de sacarle la verdad a golpes y luego matarlo por ponerla en esa situación. Masaki la miró con los ojos entrecerrados estudiando sus palabras y asintió en silencio.

— Convénceme entonces de que es así. — Habló dejando de lado su taza vacía de té.

Ichigo se levantó con rapidez de su asiento y ayudó a su madre a levantarse, le dio las buenas noches y besó su mano en señal de respeto. Él no había dicho nada y se volvió a sentar en la mesa cuando su madre se había ido del salón.

— Te odio. — Masculló Rukia sin dejar de mirarlo a los ojos.

Rukia se levantó hecha una furia y se fue de ahí tan rápido como le permitían los pies. Ichigo se quedó solo en el comedor y lo único que hizo fue recostarse en el respaldo de la silla, jugando con sus dedos y fijando su vista en el punto por donde Rukia se había ido.

Ichigo sabía que Rukia no sentía algo por él más allá del obvio hecho de querer saber lo que había pasado aquella noche, pero él no le diría lo que ella quería hasta estar seguro que ella no sería un problema. Estaba arriesgando mucho y si debía de mentir para tener a la mujer tranquila, entonces no tendría problemas en hacerlo.


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