Capitulo 7: Viaje
Los días dentro del palacio en verdad eran aburridos cuando no se tenía compañía ni nada que hacer.
Las pesadillas habían vuelto con más fuerza, como si estar en Adelaar fuera el detonante y eso le preocupaba a Rukia tanto como el temor de que las fiebres que le habían dado en Bosque Oscuro volvieran sin avisar. Kiyone se había asustado la primera vez que la vio tener una pesadilla, la chica no sabía qué hacer para ayudarla y le arrojó el agua que había en la jarra en la mesita junto a ella haciéndola despertar en ese momento completamente mojada.
— ¡Lo siento! ¡Lo siento! No sabía qué hacer, tuve miedo. — La niña se disculpaba apenada tomando una toalla con rapidez para ayudarla a secarse y que no se resfriara.
— No te preocupes, debí de haberte dicho. — Explicó Rukia levantándose de la cama para cambiarse el camisón mojado por uno seco.
Kiyone cambió las sabanas mojadas de la cama entre sollozos de disculpas y Rukia dejó de decirle que no se preocupara, la niña parecía realmente apenada y no escuchaba nada. Rukia suspiró y se volvió a acostar en la cama notando que el sol estaba por salir en cualquier momento. La claridad de la mañana se abría paso entre la oscuridad de la noche con lentitud pero Rukia no sentía ganas de iniciar el día tan pronto.
— Vuelve a dormir Kiyone, mañana... más tarde colgamos las sabanas mojadas para que se sequen. — Dijo Rukia y la niña asintió regresando al mueble grande donde dormía.
A pesar de no tener mucho que hacer había pasado ahí bastante tiempo y, de todas las veces que se había encontrado a solas con Ichigo con la intención de sacarle algo de lo que estaba segura que él sabía, pocas eran en las que hablaban más de tres palabras antes de que él le respondiera dándole largas a sus interrogantes y la hiciera enojar por eso dejándola parada donde estaba.
El hombre siempre estaba ocupado con algo que a ella realmente no le atañía, por lo general estaba en juntas de consejo dentro de la cúpula, en reuniones privadas con gente que llegaba solo para hablar con él y luego se iban del palacio, o con los soldados que se habían quedado cuidando el palacio junto con la ciudad. Era más fácil que ella lo viera desde lejos entrenando a los soldados nuevos, que habían llegado en búsqueda de gloria, a qué pudiera hablar tranquilamente con él.
Si Yuki y Renji estuvieran ahí Rukia tendría algo que hacer mientras esperaba que Ichigo tuviera tiempo para hablar con ella, podrían ir a explorar o bajar al mar y tener un día de campo en la playa; si ellos estuvieran ahí ella no los estaría extrañando tanto. De vez en vez miraba el anillo de compromiso que le había puesto Ichigo en el dedo, no se lo había quitado desde aquél día en el jardín y estaba segura que en el momento en que ese anillo abandonara su mano la reina se enteraría, no tenía idea exactamente de cómo lo haría pero la mujer lo sabría.
La reina le había dicho que la convenciera de que en verdad estaba interesada en su hijo, que realmente quería pasar toda su vida con él pero ni ella estaba segura que pudiera generar ese interés por alguien; la última vez que ella había sentido "algo" por alguien fue destrozado cruelmente.
— Mi lady, el príncipe Ichigo pidió verla para la cena. — Escuchó la voz emocionada de Kiyone esa mañana.
La niña parecía estar a punto de dar saltitos de la propia emoción, como si fuera ella la invitada a la cena. Rukia no entendía por qué estaba así pero tampoco preguntaba, no se sentía del todo cómoda y en confianza con ella para hacer ese tipo de preguntas.
— Está bien. — Respondió sin ganas quedándose tirada en la cama con el camisón puesto y el pelo revuelto, la idea de cenar con Ichigo no le robaba el sueño.
Aunque no había llevado más que un par de vestidos y su propia existencia cuando fue al palacio, pensando que no pasaría ahí más que un par de días, Rukia tenía bastante ropa de donde elegir para ponerse esa noche. Ichigo le había estado enviando vestidos y ropa de todo tipo para que ella tuviera qué ponerse, todo bajo la excusa de que su prometida no podía estar vestida como una pordiosera en el palacio.
Aquella vez Rukia se había enojado con él pero aceptaba que nunca había tenido tantos vestidos nuevos en tan poco tiempo, el ropero de madera donde los guardaba estaba lleno de ropa, zapatos y tocados que hacían juego con cada vestido que tenía. Estaba segura que un vestido de aquellos podría costar los suministros de un mes en Bosque Oscuro y, después de ese pensamiento, se sintió culpable porque ella se había ido de Bosque Oscuro sin avisar.
La costurera del palacio tenía sus medidas, las había tomado la noche de las Deidades para aquellos vestidos feos, así que no le sorprendía que los vestidos le quedaran tan bien. Kiyone le decía lo afortunada que era por estar con él príncipe al tiempo en que preparaba uno de los vestidos que Ichigo le había mandado para que se pusiera esa noche. Todos eran vestidos demasiado formales, hermosos sin duda alguna pero demasiado elegantes. Rukia extrañaba sus viejos vestidos con los que andaba en su casa y que la hacían sentir cómoda con las labores que hacía todos los días; un vestido como el que se pondría en la cena no podría usarlo para ir a recoger vegetales al huerto ni ayudar en la cocina.
— ¿Por qué vestirse así para todo? — Le preguntó a Kiyone, que solo soltó una pequeña risita antes de tirar de los cordones del corsé. Rukia se quejó, la niña tiraba con bastante fuerza y casi la dejaba sin aliento.
— Porque es la corte. El trabajo de la corte es inspirar a quien los vea así como el de los reyes. Además si se realiza una fiesta sorpresa no querrá estar en pijama o ropa no adecuada a la ocasión. — Aquella respuesta no convenció a Rukia.
— ¿Verme vestida así te inspira? — Preguntó de nuevo antes de que le pasara la falda desde la cabeza.
— Si, me hace feliz, además es mejor ayudarla a usted que ayudar en el palacio. La Dama de las Llaves le dice el "estatus". Mientras mejor se vea una persona entonces nadie dudará del poder que hay en ella, por eso la reina luce la corona que el rey ha llenado de joyas de sus victorias.
— ¿Crees que tengo poder solo por vestirme así?
— Si, será la esposa del príncipe, será una princesa y vivirá aquí, parte de su trabajo es verse así.
— ¿Mi trabajo? — Preguntó Rukia pero la niña se alejó dejándole ver que ya había terminado de anudar los listones del vestido.
Cada vez que Rukia se veía en el espejo sentía que no era ella la que estaba reflejada ahí, la chica en el reflejo le parecía refinada y elegante, la chica que la miraba desde el espejo era a la Señora de Bosque Oscuro no la Rukia que había huido a las Tierras del Ocaso durante varios años. Todas las veces que se vestía de acuerdo a la corte le pasaba lo mismo, incluso la noche de las Deidades que tuvo que vestirse de colores oscuros le pasó aquello, por eso no le gustaba verse en el espejo vestida así. No le gustaba la imagen que el reflejo le regresaba.
— La reina no estará presente en la cena pero una de las doncellas que estará parada en el servicio le reportará todo lo que haga o no haga, tenga cuidado mi lady. — Advirtió Kiyone.
La chica la acompañó al comedor donde Ichigo la estaba esperando para luego irse y dejarla ahí con él. En esos momentos Rukia se sentía como un animal al que vigilaban; si respiraba mal la reina lo sabría. Ichigo estaba sentado en su lugar en el comedor y se levantó en el acto para darle un beso en la mano y ayudarla a sentarse.
— Una cena para nosotros, querida. No quiero que te estreses como la última vez. — Ichigo le guiñó un ojo.
Un escalofrío le recorrió la espalda por ese guiño, la última vez ella había intentado hacerle las mismas preguntas de siempre pero la Dama de las Llaves se les había unido y se le arruinó el plan, Rukia no dudaba que la reina la había mandado para vigilarla.
— No me estresé. — Mintió de inmediato sintiendo aun el cosquilleo en la espalda que le había causado el guiño de Ichigo.
Si lo que decía Kiyone era cierto entonces tampoco podía hablar con libertad en esa cena. ¿De qué podrían hablar si no tenían nada en común más que el hecho de que se iban a casar sin conocerse realmente bien? Estaba segura que la reina sabía eso y esas cenas eran solo un deleite para ella viéndola cavar su propia tumba hasta alejarla de Ichigo; Rukia no iba a permitir eso, Ichigo era el único que sabía lo que había pasado en el bosque y el único que podría decirle la verdad.
Ichigo dio la orden para que les sirvieran la cena y comieron en silencio durante un rato, Rukia parecía que no quería hablar y se le hizo extraño porque ella siempre le estaba preguntando lo mismo sobre el bosque, ¿había decidido dejar de preguntar aquello? No, Rukia no se rendiría tan fácil en un tema que le interesaba demasiado.
— Su alteza, — dijo Rukia atrayendo la atención de Ichigo que ya había terminado de comer. — He estado pensando en volver a Bosque Oscuro. Sé que estamos comprometidos pero sigo siendo la señora de Bosque Oscuro y debo de volver para asegurarme que todo siga estando bien.
— Está bien, nos iremos en unos días.
— ¿Iremos?
— Iremos. También tengo cosas que hacer en Bosque Oscuro. Un compromiso con la casa real no es solo acepto y seamos felices para toda la vida. Hay muchas cosas que hacer antes de que realmente se realice con formalidad este compromiso y una de ellas es arreglar los asuntos en Bosque Oscuro. — Rukia lo miraba anonadada, abrió la boca con algo de sorpresa e intentó articular palabra alguna.
— No, no iremos. — Fue lo primero que salió de su boca cuando salió de la impresión. Durante toda la cena había pensado en volver a Bosque Oscuro y esconderse ahí, desde el compromiso no había dejado de sentirse perdida y sin saber qué hacer.
— ¿No? ¿Por qué no? — Preguntó Ichigo con ese tono curioso, casi infantil, como cuando a un niño le dicen que no puede seguir comiendo más dulces.
— Porque… porque… porque no. Es mi casa, necesito privacidad, también descansar y los asuntos en Bosque Oscuro los puedo arreglar yo. — Rukia trataba de encontrar alguna excusa creíble y que sonara convincente para que Ichigo no fuera con ella, era lo último que podría querer.
Ichigo se levantó de la silla con calma solo para llegar hasta donde estaba ella y acercarse tanto a su rostro que parecía que la iba a besar. Rukia se estremeció por eso, las mejillas se le sonrojaron de manera involuntaria y sintió como el corazón le palpitaba con fuerza ante tal descaro, seguía sentada y se sintió acorralada en ese momento pero no cerró los ojos, no iba a demostrar miedo.
— Privacidad es lo que menos vas a tener cuando nos casemos, prepárate para una vida en donde todos tienen un ojo y una oreja en ti, en lo que haces y en lo que dices. Nos iremos en unos días así que prepara tus cosas. — Se apartó de ella y besó su mano con gentileza antes de ser él quien la dejara a ella en la mesa.
Unos días después, Ichigo tenía todo listo para el viaje. Los coches habían sido llamados y los baúles con las cosas del niño, de Orihime y de Rukia estaban listos, también había un baúl con las cosas de Ichigo. Ichigo había enviado un mensajero a Bosque Oscuro avisando que él iría junto con un par de invitados más para que tuvieran tiempo de preparar las cosas. La casa de Rukia era grande, la más grande de todo el lugar y espacio era lo que sobraba. Orihime bajó con el niño tomado de la mano hasta donde estaba Ichigo hablando con la reina, se estaban despidiendo y Orihime alcanzó a escuchar lo triste que estaría el palacio en cuanto ellos se fueran de ahí. Sonrió al escuchar como hizo prometer a Ichigo que cuidaría al pequeño y que le escribiría seguido.
— ¡Papi! — Gritó el pequeño príncipe yendo a donde estaba Ichigo y este cargó a su pequeño hijo en brazos para hacerlo despedirse de su abuela que lo llenó de besos en las mejillas.
— Promete que te portarás bien, obedece a Orihime y come tus vegetales. — Dijo la reina haciendo que el niño asintiera solemne a lo que decía. Orihime sabía en el fondo que el niño haría de todo menos comer sus vegetales sin hacerla batallar primero.
— Ustedes irán en este coche, el viaje a Bosque Oscuro dura tres días así que también dormirán aquí, yo dormiré con ustedes. — Le explicaba Ichigo mostrándole a Orihime el coche en donde irían. Orihime asintió y revisó que todo estuviera bien y en orden. Iría un guardia con ellos a los lados además del cochero así que se relajó.
— Buenos días, su majestad. — Saludó Rukia a los presentes al llegar a dónde estaba Ichigo y la reina. — Su alteza.
Ichigo hizo con Rukia lo mismo que con Orihime, le mostró el coche en donde ella iría junto con la doncella que le había asignado la Dama de las Llaves y lo que harían durante el trayecto hasta su hogar dándole instrucciones muy claras que Rukia se reusaba a seguir. Orihime se alegró al ver que iría Kiyone con Rukia así ella tendría quien la ayudara con el niño en el viaje.
A la orden de Ichigo, todos subieron a los coches y los soldados tomaron su lugar, Orihime fue la última en subirse al coche, la reina le estaba dando instrucciones de lo que debía de hacer para cuidar al pequeño príncipe, y cuando al fin todo estuvo en orden partieron con rumbo a Bosque Oscuro custodiados por media docena de guardias imperiales elegidos por Ichigo para ese viaje, cada uno moriría por él sin dudarlo; así era la lealtad de esos hombres.
Al inicio del viaje, Juha estaba emocionado por conocer los lugares nuevos que se encontraban en el camino y Orihime le contaba historias que inventaba conforme avanzaban y veían cosas nuevas. Pasaron por un par de pueblos pequeños, habitados mayormente por campesinos y que rendían tributo a un señor de las tierras que rendía tributo a Adelaar, y se detuvieron para que el niño estirara las piernas un rato y pudieran comer un poco.
Ichigo trataba de no llamar la atención pero con una guardia cómo la que llevaba resultaba un poco difícil, así que los descansos eran en lugares con poca gente alrededor; incluso la primera noche descansaron cerca de una granja donde podrían pedir ayuda si sucedía algo malo.
Comieron debajo de un árbol el segundo día y acamparon cerca de un arroyo en la tarde. Ichigo estuvo pescando con lanza junto con los soldados que los habían acompañado, bajo la atenta mirada de su hijo que cuidaba la caza del día y los animaba, y comieron pescado asado y cochinillo de monte esa noche. A Orihime le pareció que Rukia no estaba disfrutando del viaje porque pocas veces la veía bajar del coche y siempre comía apartada de ellos.
Incluso esa noche, Rukia se había negado a pasar más de unos pocos minutos en compañía de todos; ella solo comió unos bocados de pescado y regresó al coche.
— Su alteza, ¿Por qué la señorita Kuchiki no come con nosotros? ¿Está enferma? — Orihime preguntó aquella noche que acamparon sin poder contener más la curiosidad.
— Está molesta. — Respondió Ichigo con calma antes de morder su pedazo de costilla asada porque el pescado no era suficiente para todos.
— ¿Molesta?
— No quería que la acompañáramos.
— ¿Por qué?
— Porque es rara. Aun no acepta que ha sellado su destino. — Ichigo rio un poco al decir eso y volvió a comer haciendo una competencia con su hijo y los soldados sobre quien comía más rápido.
Orihime volteó a ver el coche de Rukia que estaba iluminado por el farol y vio pequeñas siluetas de movimiento. Rukia era un misterio para Orihime; había hablado un par de veces con ella, pero Rukia no era del tipo de personas que hablaba mucho y aquello la desconcertaba al punto de que no dejaba de preguntarse por qué el príncipe Ichigo quería casarse con esa extraña señorita.
Rukia incluso se había quitado el anillo de compromiso, y Orihime estuvo segura que ella no fue la única persona que lo notó, pero el príncipe Ichigo no dijo nada con respecto a eso. Orihime se empezó a preguntar qué tanto quería el príncipe Ichigo a la señorita Rukia como para tolerar una ofensa de ese tipo. Al final, Orihime llegó a la conclusión de que debía de ser así; que el príncipe Ichigo en verdad quería demasiado a la señorita Rukia.
Orihime rebuscó entre la cesta de panes que había llevado para todos, y que casi se acababan porque todos acompañaban todo con pan, y encontró unas galletas de mantequilla que se habían salvado del asalto de los guardias y del hijo de Ichigo. Orihime había notado que Rukia no había comido lo suficiente esa noche y que quizás no comería más, así que tomó una servilleta de tela y envolvió con cuidado las galletas en ella.
— Pequeño príncipe, ¿quiere llevarle estas galletas a la señorita del coche? — Preguntó Orihime mirando al niño que tenía la cara sucia por haber comido como un salvaje junto con su padre.
El pequeño príncipe asintió y se acercó a Orihime, que limpio su rostro con una servilleta, y le dio la otra servilleta con las galletas envueltas en ella. El niño se encaminó con cuidado entre las piedras y arbustos hasta llegar al coche donde estaba Rukia. Ichigo le había enseñado que cada cosa que aceptara hacer era una misión que debía desempeñar con éxito así que el pequeño Juha iba serio y concentrado en no tropezar con las imperfecciones del camino.
Ichigo miraba atentamente a su pequeño hijo avanzar confiando en que lo haría bien, tenía casi seis años y era bastante autosuficiente para su edad, además le gustó la idea de verlo interactuando con Rukia.
Rukia tenía hambre, había comido poco y no se había quedado a esperar a que la carne estuviera lista. Lo último que quería era pasar tiempo con Ichigo y su interminable "cuando estemos casados lo sabrás" que parecía disfrutar decirle cuando ella preguntaba. Si a esos términos iban, entonces ella no se pondría el anillo hasta que estuvieran formalmente comprometidos aunque esperaba que eso no pasara; solo de pensar en el compromiso y la noche de bodas la piel se le erizaba, ¿Cómo iba a explicarle a Ichigo ese pequeño detalle sí ni siquiera hablaban como se debía? El hombre siempre estaba ocupado o haciéndola enojar, y el asunto de la noche de bodas era algo que no quería decirle a Ichigo hasta que él le dijera lo que había pasado en el bosque.
Estaba pensando en eso cuando escuchó unos pequeños golpecitos en la puerta del coche, sonaban más bajos de lo que se esperaría así que pensó que algo debía de haber golpeado por error la puerta. Rukia se quedó en silencio, esperando volver a escuchar los golpecitos en la puerta, y fue que notó que no había ruido a las afueras; se asustó por tanta tranquilidad y el corazón le dio un vuelco en el pecho cuando de nuevo sonaron los golpecitos en su puerta; alguien debía de estarla llamando. Volteó a ver a Kiyone pero ella estaba profundamente dormida en su lado del carruaje así que tomó lo primero que encontró y despacito abrió la puerta.
— Buenas noches, mi lady. — La pequeña voz de un niño la hizo voltear hacia abajo encontrándose al hijo de Ichigo parado con una sonrisa tan encantadora que solo un niño podría tener.
— Buenas noches, pequeño príncipe. — Respondió Rukia con una actitud aliviada, dejando de lado lo que tenía en la mano y que por suerte el niño no había visto.
— Le traje unas galletas. — Levantó sus manitas con la servilleta mostrando lo que decía.
Rukia se le quedó mirando al pequeño príncipe durante un momento y luego levantó la vista encontrándose solo con Orihime que vigilaba al niño, Ichigo no estaba ahí y solo un guardia estaba detrás de la nana del niño dándole la espalda. Rukia volvió a ver al niño, dándose cuenta que era la primera vez que lo veía de cerca y que le prestaba atención, le pareció muy bonito y le gustaba el color de sus ojos que eran como los de Ichigo; de no ser por el cabello negro, ese niño sería una copia en miniatura de Ichigo.
— Es muy amable, pequeño príncipe. — Dijo extendiendo la mano para tomar lo que el niño le ofrecía. El pequeño príncipe le hizo una reverencia un poco torpe y luego se fue corriendo de ahí gritándole a Orihime que lo había hecho bien en la misión de las galletas.
Rukia se quedó mirando al niño, que le contaba a Orihime los detalles de su pequeña misión con señas y ademanes, y tuvo una sensación extraña en el pecho que la hizo contemplarlo durante unos segundos más antes de volver a encerrarse en el carruaje. El niño se veía adorable, no como Ichigo que era tosco y hasta cierto punto intimidante, y supuso que debía ser por el cuidado de su nana; aunque en ese momento le surgió a Rukia la duda de cómo se comportaba Ichigo con su hijo.
El niño siempre estaba con Orihime, y durante ese viaje, Rukia se había negado a ver más allá de lo necesario; así que si había ese tipo de convivencia entre Ichigo y su hijo, Rukia no lo había visto.
Rukia mordió una de las galletas sin dejar de pensar en el hijo de Ichigo y en lo que Renji le había dicho antes de que ella huyera de Bosque Oscuro; aun no podía creer que ella tuviera un hijo que no podía recordar, sim embargo, el niño o niña debía ser un poco más grande que el hijo de Ichigo.
Le dio otro mordisco a la galleta con la mente en ese tema hasta que le asaltó una duda nueva que no había surgido hasta ese momento: ¿Y si todo era un invento de Renji para no casarse con ella?
Rukia realmente nunca había pensado en ello, le había creído a su amigo sin replicar ni cuestionar, pero él durante días no le había dirigido la palabra y de repente llega con esa información tan delicada. Su madre estaba muerta y la médica no había vuelto a ser vista en Bosque Oscuro después de aquello. Un hijo no podría olvidarse, estaba segura de ello. No era como despertar de un sueño, era algo real, un hijo era parte de la madre y algo que no se olvida en un abrir y cerrar de ojos pero, ¿Y si en verdad Renji le había mentido? La cabeza le dolió por estar pensando de más mientras comía de las galletas que el niño le había dado, estaba segura que algo había pasado en ese bosque y debía de ser algo importante o Ichigo no pondría tantas trabas para decirle.
Ella solo quería saber qué era aquello.
A la mañana siguiente, Rukia salió a desayunar decidiendo ir a sentarse con ellos solo para ver de nuevo al pequeño niño, la noche anterior no había tenido pesadillas sino que había tenido una noche de sueño tan tranquila que incluso le había parecido irreal, así que quería volver a estar con el niño para saber si volvía a pasar. Se sentó junto a Ichigo, que estaba tomando café, y Kiyone le sirvió una taza para que bebiera ella también. Los soldados que en la noche habían estado comiendo y riendo se encontraban parados haciendo guardia con las lanzas en las manos como si esperaran que pasara algo.
— ¿Sucede algo malo? — Preguntó intrigada al ver la actitud de todos en el lugar. Ichigo negó pero se dio cuenta de que estaba tenso y el niño estaba dentro del coche con un guardia a cada lado de la puerta de entrada.
— Un guardia escuchó algo anoche entre los árboles, seguramente algún animal en busca de comida, nada de qué preocuparse. — Rukia no le creyó. Nadie le pone dos guardias a su hijo por un animal nocturno.
— Está bien. Estamos cerca de Bosque Oscuro, estaremos ahí antes de mediodía. — Ichigo asintió y lo vio comer demasiado rápido antes de disculparse e irse de ahí dejándola sola con Orihime en un silencio incómodo.
— El príncipe Ichigo protege mucho a su hijo. Estamos en guerra y cualquier cosa que pase en el reino podría desestabilizar el frente, por eso el compromiso de ustedes no se ha hecho público, solo pocos lo saben y por eso se mantendrá en secreto hasta que vuelva el rey. — Explicó Orihime dejando su taza de lado.
— Ya… — Rukia no supo que decir en ese momento haciendo de nuevo un silencio incomodo entre ellas. — ¿Conociste a la madre del pequeño príncipe? — Preguntó de forma distraída. Sabía que un padre amaba a sus hijos porque eran suyos, pero que los amaba más por ser el recuerdo de su madre.
— Si, era bonita, era una doncella como yo. Un día de repente ella desapareció y el príncipe Ichigo con ella, hasta que el príncipe regresó con un pequeño niño y el cadáver de la doncella. El rey estuvo a punto de condenarlo a muerte, fue un gran escándalo y la reina tuvo que intervenir, pero el príncipe Ichigo perdió el favor del rey durante varios años. El príncipe debió de amar mucho a la madre del niño porque casi muere por ellos. Le perdonaron la vida, pero tiene la espalda está llena de cicatrices de los azotes con el látigo que le dieron. — Orihime terminó de hablar y se levantó, se sacudió el vestido y se dirigió al coche donde estaba el pequeño niño.
Rukia se quedó sentada en su lugar tratando de asimilar lo que Orihime le había dicho; no podía creer que así fue la manera en que Ichigo había logrado sobrevivir a la sentencia de traición, y de cierta manera se sintió culpable por cómo lo había tratado esos días. No solo ella había sufrido por sus propios errores, Ichigo también había pagado la cuota de los suyos, y de solo imaginar que hubiesen matado a Ichigo y a ese pequeño niño cuando aún era un bebé, le hizo sentir una especie de desconsuelo que no imaginaba poder sentir. Se levantó después de beberse el café que se había enfriado y se metió a su coche, se había quedado sola en ese lugar porque todos estaban ocupados y no tenía sentido permanecer ahí.
Los guardias estaban recorriendo el perímetro y su doncella estaba recogiendo algunas cosas junto con los guardias. Ichigo había dado la orden de levantar todo tan rápido como fuera posible y, cuando ya no quedó nada que recoger, emprendieron el camino de nuevo. Rukia tuvo la sensación de que los coches iban más rápido de lo normal y aquello la alarmó. ¿Qué había pasado en la noche para tenerlos a todos así de tensos?
El pequeño Juha se fue sentado en las piernas de Orihime durante buena parte del camino, no era porque el niño no quisiera ir solo sino porque era la forma más fácil de protegerlo; Orihime no lo dejó bajar de sus piernas más que para sentarlo a su lado y ambos pudieran descansar un poco. El coche iba más rápido de lo habitual y tenía razón para hacerlo, lo importante era llegar a Bosque Oscuro para salir del camino. La velocidad del coche fue bajando poco a poco hasta que se empezó a mover de una manera lenta y constante, esa era la señal de que ya estaban llegando a su destino. Orihime se asomó por la ventana y pudo ver que ya habían pasado la gran muralla que protegía la ciudad, que antes había sido la capital de algún reino caído y adherido a Avanta en los tiempos de los bisabuelos de los bisabuelos, y se permitió relajarse un poco.
— Estamos en Bosque Oscuro, llegaremos a nuestro destino en un momento más, no sueltes al niño. — Habló Ichigo junto a la ventana del coche, desde donde había cabalgado todo el camino.
Orihime preparó al niño para bajar, estaba inquieto y no podía culparlo, el resto de camino había sido tenso para todos. Para distraer al niño, Orihime lo hizo mirar por la ventana los árboles que eran altos y tupidos mientras le contaba historias fantasiosas sobre las criaturas mágicas que podrían vivir ahí. El pequeño estaba emocionado y preguntaba si podría ver alguna hada mientras estuviera ahí, a lo que Orihime asintió con la condición de que él fuera un buen niño.
Bosque Oscuro era como lo describían: un lugar oscuro por la enorme cantidad de árboles que crecían uno junto a otro de manera muy juntas, tanta como fuera posible, con hojas grandes y gruesas y con flores que daban la promesa de frutos en el verano.
Orihime se preguntaba dónde estaban las granjas y los sembradíos porque la ciudad estaba asentada entre los árboles y solo había un claro en donde estaba la plaza principal, las calles que conformaban la ciudad eran invadidas por árboles y formaban una mezcla entre pueblo y bosque. Pasaron por la plaza principal y se desviaron a la derecha siguiendo un camino boscoso hasta llegar a la casa de los Señores de Bosque Oscuro, una antigua casa solariega que se formó usando las piedras del palacio que antes había dominado esas tierras.
Había una muralla lo suficientemente alta para sostener un par de puertas de madera y hierro enormes que estaban abiertas para dejarlos pasar, y los coches se detuvieron en un patio de tierra y piedras. La casa era grande y a Orihime le dio la impresión de que era más grande de lo que parecía al momento de bajar con el niño en brazos. Un hombre mayor se acercó a ellos dándoles la bienvenida a Bosque Oscuro como si fuera el señor del lugar y Orihime sintió que eso estaba mal; la señorita Rukia era la Señora del Bosque.
Ichigo desmontó de su caballo con ayuda de uno de sus soldados y luego se acercó al hombre que parecía emocionado de que uno de los príncipes estuviera ahí.
— ¿Es el señor de Bosque Oscuro, o me equivoco? — Preguntó Ichigo con un tono tan natural que el hombre no sospechó de la trampa que se escondía detrás de esas palabras.
— El castellano, su alteza. La última señora de Bosque Oscuro se casó con mi hijo antes de morir, él es el señor de aquí. Una mañana la dama se subió a un caballo que se desbocó y cayó muerta al golpearse la cabeza con una piedra, como lo he explicado en la carta que envié. Estaba muy enferma y creemos que presentía su muerte. — Explicó el hombre con rapidez.
El enojo dentro de Ichigo estaba oculto detrás de su expresión de amable neutralidad, y solo miraba al castellano frotarse las manos como si fuera una mosca. Ichigo levantó una ceja y asintió con una calma que a Orihime le dio un escalofrío. Ichigo había enviado una carta a Bosque Oscuro, pero había sido como respuesta a una carta proveniente de ese lugar, y había sido realmente cuidadoso en las palabras que había escrito en ese papel.
Rukia no había bajado por órdenes de él, Ichigo primero tenía que ver como recibían la noticia de su llegada y preparar todo para detener al hombre.
— Mis caballos están sedientos y nosotros también. — Explicó Ichigo extendiendo una mano para señalar a los caballos y los soldados.
— No se preocupe, su alteza, los mozos se encargarán de sus caballos y mi esposa de servirles.
— Bien. Orihime, lleva al pequeño príncipe adentro, debe estar cansado de tanto tiempo en el coche. — Ordenó Ichigo y Orihime hizo lo que pidió yendo adentro de la casa seguida por un par de guardias.
El hombre estaba nervioso así que no dijo nada, solo atinó a juntar las cejas un momento en señal de enojo que disimuló antes de que Ichigo lo volteara a ver; el castellano sabía que debía de actuar con naturalidad si quería que nada malo sucediera. Los guardias se acomodaron de manera sutil, pero el hombre estaba tan nervioso que no lo notó.
— Mi hijo está de cacería, volverá por la tarde para darle un festín que merece, su alteza.
— Perfecto. Querida, puedes bajar. — Habló Ichigo cuando uno de los guardias abrió la puerta del segundo coche.
El castellano estaba nervioso de ver a quien había llevado al príncipe, pero esperó en silencio y vio como el príncipe Ichigo extendía la mano recibiendo la delicada mano de una dama, en donde había un anillo de compromiso realmente brillante. A esa mano le siguió un brazo y después, el castellano pudo ver que Rukia bajaba de aquél carruaje, luciendo como una verdadera dama con el cabello recogido con broches con gemas preciosas.
— Lord Abarai… — La voz de Rukia sonó tan pasiva como le permitía el enojo por todo lo que el hombre había dicho. — Creo que me perdí mi boda y mi muerte, ni siquiera a eso puedo llegar a tiempo.
Los guardias le cerraron el paso al castellano para evitar que escapara y lo sujetaron de los codos. El hombre sudaba de los nervios y el miedo, pero no luchaba por soltarse del agarre de los guardias porque sabía que no podría liberarse.
— Bien, ahora… — Comentó Ichigo besando la mano de Rukia en un gesto que confirmaba que ellos estaban juntos. — ¿Tardará mucho el señor de estas tierras en volver? Muero por conocerlo. — Volvió a hablar Ichigo con calma.
— Piedad… tenga piedad de mí… — Suplicó el padre de Renji.
A Rukia le dio la impresión de que el hombre se habría tirado a los pies de Ichigo si los guardias no lo tuvieran sujeto de los codos.
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Se actualiza los sábados.
Fatua: Podríamos tomar "Los Ojos del Ruiseñor" como un "Qué pasaría si..." aunque la historia, el universo y posiblemente el final sean similares, la forma de llegar a ellos es diferente. Espero que disfrutes ambas. Un beso para ti.
