ESTA ADAPTACION ES SIN FINES DE LUCRO ESTA HISTORIA NO ME PERTENECE ES DE DIANA PALMER PERSONAJES PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO

Esta historia es el libro 2 de hombres de texas.

La mañana había amanecido calurosa, pero aquello no había parecido desanimar a los postores. El subastador, de pie en el elegante porche de la enorme mansión blanca, dirigía la sesión en un tono monocorde, pero de vez en cuando tenía que echar mano de su pañuelo para secarse el sudor del rostro y la nuca.

Sasuke Uchiha observaba la subasta con los ojos negros entornados. No tenía intención de comprar, no aquel día, pero sí tenía un interés personal en la subasta. Era el hogar de los Uzumaki lo que se estaba subastando, con absolutamente todo lo que había en él. Debería sentir cierta satisfacción al ver cómo se desperdigaban las posesiones de Minato Uzumaki, pero, extrañamente, no era así. De hecho lo hacía sentirse bastante incómodo, era como ver a un grupo de buitres despedazando a una víctima indefensa hasta los huesos.

Buscó con la mirada entre la muchedumbre, tratando de ver a Sakura Uzumaki, pero no parecía haber acudido. Tal vez ella y su hermano Naruto estarían dentro de la mansión, ayudando a la gente de la casa de subastas a clasificar los muebles y las antigüedades para su venta.

Alguien se acercó a él por la izquierda, y al girar la cabeza se encontró con su cuñada, Izumi Uchiha.

—No esperaba verte aquí —le dijo ella sonriéndole.

Itachi y él iban a ser sus hermanastros, pero un accidente de coche dos días antes de la boda, terminó con la vida del padre de ellos y la madre de ella. Izumi no tenía más familia, así que se convirtieron en sus tutores legales y la joven se fue a vivir con ellos a su rancho de Texas.

Solo hacía seis semanas que Itachi y ella se habían casado.

—Nunca me pierdo una subasta — respondió él, volviendo la cabeza hacia el subastador—. Por cierto, no he visto a los Uzumaki añadido en un tono despreocupado.

—Naruto está en Arizona — respondió Izumi. La divirtió verlo girar la cabeza sorprendido ante la noticia . — No quería irse sin pelear por su patrimonio, pero parece ser que se produjo algún tipo de emergencia en el rancho en el que está trabajando.

—¿Ha dejado sola a Sakura? —exclamó Sasuke. Pareció que las palabras habían escapado en forma voluntaria de sus labios.

—Me temo que sí —asintió su cuñada reprimiendo a duras penas una sonrisa maliciosa—. Está en el apartamento que le ha alquilado a su jefe, Kakashi Hatake, justo encima del bufete en el que trabaja...

Las facciones de Sasuke se pusieron rígidas, y dejaron suspendidas en el aire el cigarrillo que estaba fumando.

—¿Hatake tiene el valor de llamarlo apartamento? ¡Por amor de Dios!, ¡si no es más que un almacén cochambroso!

—Bueno, le ha dado permiso a Sakura para arreglarlo un poco —repuso Izumi—. No tiene otra opción, Sasuke. Están vendiendo la casa y no pueden permitirse otra cosa con lo que gana. Es una tragedia. Naruto y ella pensaban que podrían al menos retener su hogar, pero las deudas de su padre eran demasiado cuantiosas.

Sasuke farfulló algo por lo bajo con la vista fija en la mansión frente a ellos.

Aquella casa simbolizaba todo lo que había odiado de la familia Uzumaki en los últimos seis años, desde que Sakura había roto su compromiso y lo había traicionado.

—¿No estás contento? —lo picó Izumi suavemente. —Después de todo odias a Sakura. debería complacerte verla humillada públicamente.

Pero él no respondió a sus pullas, sino que se dio vuelta bruscamente y se dirigió a grandes zancadas al lugar donde tenía aparcado su Thunderbird negro. Izumi sonrió. Durante todos esos años, Sasuke había evitado todo contacto con los Uzumaki, hasta el punto de que no quería ni oír mencionarlo, pero en los últimos meses la lucha que se libraba en su interior estaba empezando a exteriorizarse. Izumi estaba segura de que todavía sentía algo por Sakura, y que ella también sentía aún algo por él; y feliz como se sintió en su matrimonio, quería que el resto del mundo fuera también feliz, así que pensaba que quizás empujando un poco a Sasuke en la dirección adecuada lograria hacer felices a dos personas muy desdichadas.

Sasuke no se había enterado de la venta de la hacienda de los Uzumaki hasta aquella misma mañana, cuando Itachi lo había mencionado en la oficina de la nave de engorde de ganado que ambos dirigían. Le dijo que había salido en los periódicos, pero Sasuke había estado fuera de la ciudad. No le sorprendía en absoluto que Sakura quisiera estabilizar al margen de la subasta. Había nacido en aquella casa, y había vivido allí toda su vida. De hecho, su abuelo había sido el fundador de la pequeña ciudad en que vivían y le había dado su nombre: Jacobsville.

Eran una familia adinerada, y los andrajosos hermanos Uchiha del destartalado rancho a unos kilómetros de la mansión, no eran la clase de amigos que la señora Uzumaki quería para sus hijos, Naruto y Sakura. Sin embargo, al morir esta, el trato hacia ellos por parte del señor Uzumaki se volvió repentinamente más amistoso, sobre todo desde que establecieran su negocio de la nave de engorde, y cuando el viejo se enteró de que Sakura pretendía casarse con él, le Seguro que no podría estar más contento.

Pero después ocurrió algo... Una noche Minato Uzumaki y el joven Sasori Akasuna habían ido a verlo. Minato parecía muy disgustado, y le dijo a Sasuke sin preámbulos que Sakura estaba enamorada de Akasuna y no solo eso. sino también que habían estado acostándose, que su compromiso con ella no había sido más que una farsa. Le aseguro que estaba avergonzado de ella, y que el compromiso había sido una estratagema de Sakura para cazar al indeciso Akasuna. Por tanto, habiendo servido a sus propósitos, Sakura ya no lo necesita. Con tristeza, Minato Uzumaki le devolvió el anillo de compromiso, mientras Sasori Akasuna murmuraba sonrojado sus disculpas. minato había derramado unas lágrimas, y tal vez fuera la vergüenza lo que hizo que le prometiera a Sasuke incluso respaldo financiero para su negocio. Solo había una condición: que no le dijera nunca a Sakura quién le había proporcionado el dinero. Y acto seguido, se marcharon.

Sasuke incapaz de creer a Sakura capaz de algo así sin tener pruebas, corrió a telefonearla justo cuando su padre arrancaba el coche para salir de su propiedad. Pero sin embargo, ella no negó nada de lo que le habían dicho, que, por el contrario, se lo confeso todo, incluso la parte acerca de quedarse acostado con Akasuna. Le dijo que solo había querido poner celoso a Sasori, para que le propusiera matrimonio de una vez.

Añadió también que esperaba que no estuviera muy enfadado con ella pero claro, tenia que comprender que ella siempre habia tenido todo lo que habia querido, y por desgracia él no era lo suficientemente rico como para satisfacer todos sus caprichos, Mientras que Sasori...

Sasuke la creyó. Además, al recordar cómo la vez que había tratado de hacerle daño al amor ella lo había rechazado hizo que su confesión sonara aún más cierta. despues luego, había agarrado una borrachera de campeonato, y en los seis años siguientes no habia vuelto a mirar a otra mujer. Y no porque no surgieron posibilidades, surgieron varias, pero todas las habian desdeñado. No era un hombre guapo: sus facciones morenas eran demasiado hoscas y casi nunca se le vio esbozar una sonrisa. Sin embargo había logrado riqueza y poder, y aquello atraía a las mujeres

Pero se sintió demasiado resentido como para aceptar esa clase de atención. Sakura lo había herido como nadie antes lo había hecho, y durante años lo único que lo mantuvo vivo fueron las ansias de venganza. Sin embargo, cuando el momento había llegado, cuando al fin la vio humillada como Izumi había apuntado, no sentía la menor satisfacción. Solo podria pensar en que debe estar destrozada, sin familia ni amigos que la reconfortaran.

El lugar que su cuñada había llamado «apartamento» no era más que un pequeño almacén, y no le hacía gracia pensar que tuviera que depender de ese modo de Hatake. Conocía la reputación del tipo, y sabía que le gustaban las mujeres bonitas. Y Sakura lo era, era preciosa: largo cabello rosa, figura delicada, y brillantes ojos de un verde intenso. Ya no era un adolescente, había cumplido los veintisiete, pero no parecía mucho mayor que cuando se comprometieron. Tal vez fuera porque la rodeaba una especie de halo de inocencia y pureza que... Sasuke cerró los ojos, apretó los dientes y sacudió la cabeza.

Falso, era todo falso, únicamente apariencias. Se detuvo frente a la puerta del «apartamento» y levantó el puño para golpear con los nudillos, pero le pareció escuchar un ruido ahogado dentro. No parecían risas... ¿Llanto? Apretó la mandíbula y dio un par de golpes secos en la puerta. Los sollozos pararon al instante, y se oyó un chirrido, como de una silla arrastrándose, y después pasos, que parecían hacerse eco de los rápidos y fuertes latidos de su corazón. La puerta se abrió y apareció Sakura, con unos vaqueros descoloridos y una camisa de cuadros azul. Tenía el largo cabello desordenado, y los ojos enrojecidos.

—¿Has venido a burlarte de mi desgracia, Sasuke? — le espetó con amargura.

—No me produce ningún placer verte hundida — respondió él levantando la barbilla y entornando los ojos—. Izumi me dijo que estabas sola.

Sakura suspiró, bajando la vista a las botas polvorientas de él. —Llevo sola mucho tiempo, he aprendido a vivir con ello — respondió cambiando el peso de un pie a otro incómoda—. ¿Hay mucha gente en la subasta?

—El jardín delantero está a rebosar —respondió él. Se quitó el sombrero y se pasó una mano por el cabello oscuro y de peso.

Sakura alzó la mirada hacia él, y sus ojos se detuvieron sin poder evitarlo en las duras líneas del rostro de Sasuke, y en los labios esculpidos que había besado con tanta pasión seis años atrás. Había estado perdidamente enamorada de él, pero la noche en que se habían comprometido, su ardor la había asustado. Lo habia apartado y aun asi el recuerdo de las deliciosas sensaciones que habia experimentado hasta ese momento, hasta antes de que el miedo se hiciera tangible, quedó grabado a fuego en su mente.

Había deseado ir más lejos donde habían llegado, pero tenía sus razones para temer aquella intimidad final más que cualquier otra mujer. Sin embargo, Sasuke nada sabia de aquello, y le había dado demasiada vergüenza explicárselo. Se hizo a un lado para que pasara.

—Si mi compañía no es demasiado desagradable, tal vez te apetezca un poco de té helado.

Sasuke dudó, pero fue solo un momento. —Te lo agradecería —murmuró entrando y cerrando despacio tras de sí—. aquí hace un calor infernal.

La siguió, pero se paró en seco al contemplar la clase de lugar en el que estaba teniendo que vivir. Se puso rígido y estuvo a punto de maldecir en voz alta. Solo habia dos habitaciones, en el mal llamado apartamento, y estaban vacias a excepción de un viejo sofá, una silla, una mesita de café y un pequeño televisor. habia también un armario empotrado, donde debe tener guardada la ropa, y en la cocina sola habia un modesto refrigerador, y una hornilla. La sola idea de imaginarla viviendo allí, cuando estaba acostumbrada a sirvientes, a batas de seda, a servicios de plata y muebles antiguos...

— Dios... —murmuró.

Al escuchar el tono de lástima en su voz la espalda de Sakura se tensó, pero no se dio la vuelta. —No necesito tu compasión —le dijo con aspereza—. No es culpa mía ni de Naruto que hayamos perdido la hacienda, sino de nuestro padre. Además, puedo abrirme camino en el mundo por mi misma.

— Sí, pero no tengo que ser de este modo, maldita sea —masculló Sasuke arrojando furioso el sombrero sobre la mesita. Le quitó de las manos la jarra de té helado, depositando la también con violencia en la mesa y la agarró por las muñecas—. No puedo hacerme a un lado y mirar cómo tratas de sobrevivir en esta ratonera. ¡Kakashi Hatake y su maldita caridad!

Sakura se había quedado como en estado de shock, no tanto por lo que le estaba diciendo, sino por lo alterado que se había puesto de repente. — No es una ratonera —balbució.

—Comparándolo con el estilo de vida al que estás acostumbrada sí lo es —repuso él. Dejó escapar un suspiro exasperado—. Puedes quedarte conmigo hasta que puedas permitirte algo digno.

—¿Con... contigo? —repitió ella poniéndose roja como una amapola—, ¿en tu casa... sola contigo?

—En mi casa —recalcó él alzando la barbilla—, «no» en mi cama. No tendrás que pagarme un alquiler, y tengo presente que no te gusta que te toque.

A Sakura le dolió la hiriente mordacidad de sus palabras, pero no podía mirarlo a los ojos ni negar aquella última sustentada sin embarazo para ambos. De todos modos, ya no importaba, hacía demasiado tiempo de aquello. Así que, en vez de buscar su mirada, se quedó mirando su camisa blanca, y la espesa masa de vello que se adivinó a través de la tela. Una vez había tocado esa parte de su cuerpo, la noche en que se prometieron.

Sasuke se había desabrochado botón tras botón, conectando acceso, permitiendo que lo acariciara como quisiera. Y luego había comenzado a besarla como si no fuera a haber un mañana, y Sakura no puedo evitar asustarse cuando él trató de ir más lejos. Hasta aquella noche, Sasuke jamás había intentado tocarla de un modo íntimo, y se habían limitado a intercambiar breves besos inocentes. Al principio esa actitud la había dejado un poco perpleja, y había despertado su curiosidad, porque estaba segura de que tenia mucha experiencia en ese terreno. Claro se habia dicho tal vez el problema radicaba en la diferencia de estatus entre ambos.

Por aquella epoca, Sasuke apenas sí podía clasificarse dentro de la clase media mientras su familia era rica. Eso a ella no le había importado, pero podía imaginar que quizás si lo intimidase un poco, y lo que era peor, esa sensación de inferioridad seguramente se habría tornado en odio cuando, ante la insistencia de su padre, se vio forzada a romper el compromiso.

Sin embargo, se ocupó de ajustarle las cuentas a su padre. Su padre quería haberla casado con Sasori Akasuna un hombre frío al que solo le interesaba la fusión de sus propiedades, pero Sasuke se había interpuesto, y por eso acudieron a la mentira de que ella lo había utilizado, y que lo había utilizado para atraer a Sasori. Ella había rechazado repetidamente a Sasori, y nunca había dejado que le pusiera un dedo encima. Le dijo a su padre que nunca se casaría con su amigo, y aún así el viejo no recapasito hasta su muerte. Solo entonces, tras años de haber sido testigo de lo desesperadamente que ella amaba a Sasuke, de lo desgraciada que la había hecho, le rogó su perdón. Lo único que no le dijo era que la culpabilidad lo había llevado a impulsar el negocio de Sasuke.

Sakura buscó los oscuros ojos de Sasuke, perdida en los recuerdos. Había sido muy duro seguir adelante sin el. Los sueños de vivir una vida a su lado, sintiéndose amada, dando a luz a sus hijos... habían muerto hacía ya tiempo. Y, aun así, el tacto de sus grandes manos en sus muñecas estaba haciendo que la temperatura de su cuerpo aumentara, que el deseo dormido se despertara cosquilleante en su interior. Si su padre no hubiera interferido... No, también era culpa de ella, había sido insuficiente de explicar sus temores al hombre al que amaba, de pedirle que tuviera cuidado, que fuera de espacio... Pero ya era demasiado tarde.

—Sé que ya no me quieres, Sasuke —le dijo suavemente—. Y comprendo el porqué, pero, en cualquier caso, no tienes por qué sentirte responsable de mí. Estaré bien, puedo cuidar de mi misma.

Sasuke inspiró despacio, tratando de controlarse, pues la seda textura de su piel lo estaba volviendo loco. Sin darse cuenta, comenzó a acariciarle las muñecas con movimientos circulares.

—Lo sé —respondió—, pero este no es lugar para ti.

—No puedo pagar otra cosa —dijo ella—, pero Kakashi Hatake me ha prometido que dentro de dos meses me subirán el sueldo, y tal vez entonces alquile la habitación que tomó Sakura en casa de la señora Simpson.

—No tienes que esperar —repuso él con aspereza—. Yo te prestaré el dinero.

—Eso no estaría bien. La gente murmuraría —musitó Sakura bajando la vista.

—No tiene por qué enterarse nadie. Quedaría entre tú y yo.

Sakura se mordió el labio, buscando en su interior la fuerza necesaria para negarse, pero resultó difícil cuando, aunque nunca lo admitiría delante de Sasuke, detestaba tener que vivir allí, tan cerca de Kakashi Hatake, que era un buen jefe, pero también un Don Juan.

En ese momento llamaron a la puerta. Sasuke la soltó de mala gana y lo demostró mientras ella iba a abrir. Era Kakashi Hatake, con una expresión esperanzada en el rostro.

—Hola, Sakura —la saludó en un tono amistoso—pensé que tal vez necesitarías ayuda para la mudanza que... —se quedó callado al ver a Sasuke detrás de ella.

—Ya ves que no — respondió esto con una fría sonrisa—. De hecho, va a alquilar una habitación en la casa huéspedes de la señora Simpson y yo he venido para ayudarla a cargar algunas cosas, aunque sé que aprecia mucho tu «generosidad» al dejarle este... apartamento —añadió mirando en derredor con disgusto.

Kakashi tragó saliva. Conocía a Sasuke desde hacía mucho tiempo, y estaba convencido de que lo se rumoreaba era cierto: no quería a Sakura para él pero tampoco dejaba que otros hombres se acercaran a ella.

—Bien —dijo, aún sonriendo—, pues entonces vuelvo abajo, al bufete. Tengo que hacer unas cuantas llamadas . Me alegra haberte visto, Sasuke. Hasta el lunes por la Mañana, Sakura.

—Gracias de todos modos, señor Hatake —le dijo ella apoyando la mentira de Sasuke, pues no podía ya, ni quería, contradecirle—. No querría que pensara que soy una desagradecida, pero es que la señora Simpson me ofrece una pensión completa, y es un lugar muy tranquilo. No estoy acostumbrada a la vida de ciudad, y como la señora Simpson tenía libre una habitación...

—Tranquila, Sakura, no tienes por qué darme cuenta —sonrió Kakashi—. Hasta luego.

Sasuke lo miró furibundo mientras salía, y después se giró hacia Sakura. —He dicho que te prestaré el dinero para el alquiler y lo haré —le dijo con voz firme—. Si supone demasiado para tu orgullo, puedes pagarme cuando mejor te convenga.

No era orgullo lo que hacía dudar a Sakura, sino la sensación de que sería muy poco considerado aprovecharse de él. Sabía que Sasuke no la dejaría permanecer allí, porque a pesar del rencor era un hombre cariñoso, que seguía preocupándose por ella. Tenía un corazón demasiado grande como para darle la espalda, a pesar de lo que pensando que ella le habia hecho. Las lágrimas afloraron a sus ojos verdes al recordar lo que su padre la había obligado a decirle, y cómo lo había herido.

—Lo siento tanto... —sollozó de pronto mordiéndose el labio inferior y dándose la vuelta.

Aquellas palabras, y la emoción que subyacía en ellas, sorprendieron a Sasuke. ¿Acaso sería posible que, a esas alturas, ella sintiera remordimientos? ¿O tal vez estaba fingiendo para conseguir su culpa? Ya no podía fiarse de ella.

Sakura recobró la compostura, y sirvio el té frío en dos vasos con hielo.

—Si de verdad no te molesta hacerme ese préstamo lo aceptaré —le dijo tendiéndole un vaso sin mirarlo a los ojos—. No es ningún secreto que este sitio no me gusta demasiado, y siempre será mejor vivir acompañado, aunque sea en una casa de huéspedes. No me gusta estar sola.

—Tampoco a mí me gusta, Sakura, pero es algo a lo que acabas de acostumbrarte —murmuró él. Sorbió un poco del té sin apartar la mirada del rostro de ella—. ¿Y cómo llevas lo de tener que trabajar para poder vivir?

—Me gusta —respondió ella con una sonrisa, ignorando la burla. Alzó los ojos hacia los de él—. Pero antes también hacía cosas, ¿sabes?, cuando necesitaba dinero. Estaba en varios grupos de voluntariado y asociaciones de beneficencia. Sin embargo, a un bufete acude gente con auténticos problemas, y al poder ayudarme siento mejor, y me hace olvidar los mios. Sasuke frunció el entrecejo. —¿No me crees, verdad? —inquirió ella adivinando lo que estaba pensando—. Tú siempre me viste como un miembro más de la clase alta, una mujer atractiva con dinero y una selecta educación... Pero, no era más que la fachada. En realidad nunca llegaste a conocerme de verdad.

—Pero te deseaba —replicó él con una mirada desafiante.

— Tú jamás me deseaste a mí. ¡Lo que pasó es que tú quisiste acelerar las cosas —exclamó ella a la defensiva, sonrojándose al recordar aquella noche.

—¿Acelerarlas? Hasta esa noche ni siquiera te habia besado de un modo intimo, ¡por amor de Dios! —los ojos de Sasuke relampaguearon de furia al pensar en como lo había rechazado—. Hasta esa noche te había tenido en un pedestal, adorándote como una diosa, mientras estabas acostándote con ese chico millonario!

—Nunca me acosté con Sasori Akasuna.

—No es eso lo que me dijiste —le grabó Sasuke con una sonrisa fría—. De hecho juraste que si lo habias hecho.

Sakura cerró los ojos, presa del amargo remordimiento —Es cierto, lo dije —asintió cansada—. Casi lo había olvidado —añadió dándose la vuelta.

—Agua pasada no mueve molino —dijo Sasuke sin apartar los ojos del rostro tenso de Sakura—. No, ya no importa. Vamos, te llevaré a la casa de la señora Simpson a ver si puedes alquilarte la habitación.

Sakura sabía que él no daría su brazo a torcer lo más mínimo. No lo habia olvidado, y seguía despreciándola. Mientras tomaba su bolso, y lo seguía hasta la puerta, sentía como si alguien le hubiera colocado un enorme peso sobre los hombros.