Capitulo 8: Golpes


Ichigo había estado toda la mañana sentado en aquella piedra debajo de los árboles que formaban la entrada a una de las tantas arboledas que había en la Gran Casa, era el mismo lugar donde Rukia se sentó con Renji la tarde en la que él le había contado esa parte de su pasado que ella desconocía y que la había hecho ir furtivamente a Adelaar en busca de respuestas.

Rukia había fallado en eso y había vuelto a su hogar con una promesa de matrimonio que incluía una promesa de respuestas, solo para encontrarse que su hogar ya no era suyo y que ella estaba muerta. ¿Cómo le podría creer a su amigo después de lo que encontró al volver? ¿Cómo podría estar segura de que le dijo la verdad aquella tarde?

Ichigo se negaba a decirle lo que había pasado en el bosque hasta que estuvieran casados y eso solo la ponía en una situación que nunca pensó estar.

Rukia recordaba que Renji la había seguido hasta las Tierras del Ocaso cuando sintió que ella ya no tenía lugar ahí, cuando no se sentía digna ni propia ni fuerte como para ser la señora de Bosque Oscuro como se esperaba de ella. Aquellos años en las Tierras del Ocaso habían sido buenos, no perfectos pero si buenos.

Renji la había cuidado durante el viaje a aquellas extrañas tierras y durante los primeros días ahí hasta que ella decidió entrar al Templo de la Luz. Por la mirada que Renji le había dedicado el día que ella cruzó aquella puerta, Rukia supo que podría ser una despedida. Él se había vuelto mercenario poco tiempo después y había vendido su espada a las compañías que peleaban las guerras de los otros; él no sabía usar una espada con propiedad pero ahí aprendió y lo hizo bien. Lo había hecho tan bien como para tener donde dormir en aquellos años que habían pasado allá.

Rukia nunca dejó de pensar que ella era la causante de que su amigo se volviera mercenario y se llenara de tatuajes, que en palabras de él lo hacían verse más fiero, y que posiblemente él muriera peleando en tierras extrañas por oro extranjero sirviendo a desconocidos.

Las Tierras del Ocaso tenían sus propios dioses y ahí no había espacio para las Deidades, ambos renunciaron a sus dioses, a su vida y a todo.

Rukia lo había hecho porque sentía que era demasiado dolor para seguir viviendo y Renji porque estaba con ella. El templo de la Luz la ayudó a estar en paz con ella misma y evitó que terminara trabajando como prostituta por un par de monedas o cortándose las muñecas para acabar con tanto dolor que no había podido sanar en ese tiempo.

Cuando Rukia salió del templo de la luz, lo hizo completamente vestida de blanco, una túnica larga y el medallón en su pecho con aquel ruiseñor cuyos ojos eran dos gemas violetas. Ella ya no tenía pesadillas en ese tiempo, pero tenía temor de que al volver al reino las pesadillas regresaran y por eso no había regresado. Vivía en el templo y servía en este ayudando a los que iban por comida o paz, salía de vez en vez y recorría los caminos que había caminado alguna vez con Renji hasta que lo encontró bebiendo en una taberna con un par de hombres que parecían ser sus compañeros de batalla.

Renji no la había ido a visitar en los años que ella estuvo en el Templo de la Luz pero se alegró de verlo vivo. Hablaron durante el resto del día sobre todo lo que habían hecho, y cuando Rukia le dijo a Renji que iba a regresar al reino, él volvió con ella. Renji dejó a sus amigos y a la compañía de mercenarios y se embarcó con ella de nuevo hacia Bosque Oscuro. Él de nuevo la cuidó en el camino y al volver, Rukia tomó posesión de Bosque Oscuro como la señora de las tierras; ella no quería hacerlo pero el padre de Renji le dijo que era su deber hacerlo y fue así como ella se volvió la señora de Bosque Oscuro.

En el fondo, Rukia sabía que el padre de Renji tenía razón, era su derecho y deber y legado y todo lo que dijeran, solo porque ella la última hija de su padre; la última Kuchiki. Fue en ese tiempo que las pesadillas volvieron pero esta vez sin recuerdos y se hizo consiente que faltaba una parte de su vida que no podía recordar.

Rukia sentía que ella había trastornado la vida de Renji durante muchos años pero cuando él dijo aquello, sobre su posible hijo y todo lo demás, Renji le trastornó la vida a ella de una forma tan abrumadora que esa información ocupó toda su mente desde aquél momento y no dejó de pensar en esa posibilidad. Debía de aceptar que fue impulsivo de su parte irse de Bosque Oscuro sin avisar, pero nunca se esperó que el padre de Renji hiciera aquello y que Renji se prestara para tal situación. Sin embargo, lo que más le preocupaba a Rukia, era que Yuki no estaba en Bosque Oscuro; es como si ella hubiese desaparecido.

Nadie había cuestionado la palabra del padre de Renji porque el hombre había cuidado de Bosque Oscuro desde antes de que pasara la desgracia que cayó sobre la familia Kuchiki y su casi extinción. Si el hombre decía que su hijo se casó con la señora de Bosque Oscuro en el extranjero y que solo "reafirmaron" los votos en un templo de las Deidades, era porque en verdad eso había pasado. Sobornar a un representante de las deidades no debía de ser difícil, todo mundo amaba el oro y esos hombres lo amaban más.

Rukia dejó de ver a Ichigo, que seguía sentado en aquella piedra y a quien se le había unido su hijo y Orihime, y pensó que ellos hacían una buena pareja. Orihime había criado a ese niño desde que nació o eso le había dicho y conocía a Ichigo de una manera que Rukia suponía que no lo conocería; incluso dudaba de sus recuerdos con Ichigo pero no podía evitar sentir un escalofrío en la espalda cuando él la miraba de aquella manera tan intensa y que parecía que trataba de encontrar algo en ella.

— Mi lady, la comida ya está lista. — Kiyone fue la que entró a su habitación con aquella sonrisita en sus labios sacándola de sus pensamientos. Rukia se seguía preguntando si a la muchacha se le acaba la felicidad o algo así. A veces la asustaba.

— Si, avísale al príncipe Ichigo. — Dijo levantándose y dejando de lado el bordado que había intentado continuar pero que se había detenido mientras miraba a Ichigo y a su hijo.

Kiyone asintió y se retiró de ahí.

Rukia se quedó en su lugar y vio por la ventana como Kiyone llegaba con Ichigo para avisarle lo mismo que a ella. Los vio seguirla y ella se vio en el espejo, se acomodó el cabello y puso un prendedor recogiendo su cabello que caía suelto en su espalda; se sintió ridícula por hacer eso pero no se quitó el prendedor. Al llegar a la mesa principal se encontró con Ichigo sentado en la cabecera, como lo había hecho desde que llegaron, y su lugar a su derecha de él servido y esperando por ella.

Solo estaban ellos, Ichigo, Rukia, Orihime y el pequeño Juha, sentados en la mesa.

Kiyone servía en los platos la comida que las nuevas cocineras habían preparado y que habían sido elegidas especialmente por Orihime, que siguió unos estándares medio extraños pero que cumplían con lo que se les pedían. Después de que Rukia le contara a Ichigo que se había enfermado varias veces cuando regresaron de Adelaar, el cambio de cocineros fue inmediato.

Rukia volvió a recordar que esa mesa era usada por su familia y que ella estaba sentada en el lugar que su madre solía ocupar. Con la mirada buscó entre las doncellas que servían la comida, con la esperanza de ver a Yuki, pero la niña no estaba ahí. El padre de Renji solo había dicho que la niña se fue, y nada más. En el fondo, Rukia temía que la niña hubiese muerto o se la hubiesen entregado a algún hombre como moneda de cambio para sustentar la mentira de su boda y su muerte.

En el fondo deseó que Yuki estuviera muerta, era preferible eso al otro destino que pudo haber tenido.

— Rukia, al terminar quiero que me acompañes. — Ichigo habló dejando de lado la copa de vino con el que habían acompañado el pescado de ese día. El venado que había llevado Renji se había acabado y solo quedaban los embutidos y las piernas traseras que se estaban macerando y ahumando.

— Si. — Fue lo único que dijo, ella había estado pensando en Yuki cuando él habló y no tenía cabeza para pensar en nada más.

Rukia sabía de qué sería esa plática y había esperado que no llegara el momento de hablar en al menos otro par de días; en el fondo sabía que no importaba cuantos días dejara pasar, la decisión debía ser tomada y si se enfriaba mucho la razón entonces ganaba el sentimiento.

Ichigo y Rukia caminaron por el bosque que estaba detrás de la casa, esquivando árboles muy juntos y grandes piedras del palacio ancestral que quedaban casi ocultas por los años de hojas secas y musgo. Si seguían ese camino llegarían a un pequeño arroyo y más allá se alzaban as Montañas Azules de las cuales presumía el rey en su título. Las Montañas Azules pertenecían al reino que alguna vez perteneció a los ancestros de Rukia y que se adhirieron a Avanta cuando un ancestro suyo conquistó ese reino hace más de cien años.

— ¿De qué querías que hablemos? ¿De Renji y su familia? — La pregunta de Rukia le llegó a Ichigo de pronto demasiado fuerte en el silencio del bosque. Habían llegado al arrollo que corría cristalino y que traía consigo agua de la nieve que se deshacía en las montañas.

— Si, de eso. — Respondió Ichigo, aunque no era de eso de lo que quería hablar. Aun no escuchaba rumores de la guerra ni le había llegado mensaje alguno en las cartas que su madre le había enviado un par de días atrás. Ichigo quería hablar con Rukia de eso, pero prefirió dejarlo para después. — ¿Qué has decidido?

— ¿Yo? — Los ojos de Rukia se abrieron tan grande como la sorpresa lo permitía. Ichigo recordó en ese instante la primera vez que había visto esa expresión en su rostro.

La añoranza lo golpeó con tanta fuerza que lo dejó sin aliento por un instante.

— Yo no tengo por qué decidir nada porque la respuesta es sencilla. Yo les cortaría la cabeza por usurpación de tierras y títulos, sin olvidar el hecho de que le mintieron descaradamente a la corona y el intento de homicidio a la señora de estas tierras y del príncipe del reino. Son muchos crímenes juntos, he cortado cabezas por menos que eso. — Dijo Ichigo como si fuera algo trivial pero sabía que para Rukia no lo sería, sobre todo porque no le había dicho aquello último.

— Espera… ¿Intento de homicidio? ¿Cuándo? — Rukia estaba confusa y lo miraba como si hubiese dicho una locura.

Ichigo se sentó en una piedra que había junto al arrollo, que parecía ser de un puente que se había caído hacía muchísimo tiempo, y suspiró.

— Orihime lo descubrió mientras revisaba la cocina después de que nos dijiste que te habías enfermado al regresar de la capital. Había un polvo blanco parecido a la sal que le llamó la atención, lo mezcló con un poco de pan y se lo dio de comer a una de las gallinas. La gallina se murió poco después. La madre de Renji estaba tan nerviosa, que cuando Orihime se lo acercó para que lo probara entonces lo confesó todo. Ella te estaba envenenado, las fiebres te iban a matar tarde o temprano.

Rukia se quedó callada en ese momento e Ichigo se preguntaba en qué pensaba ella. La vio llevarse una mano a la boca y sus ojos miraron hacia abajo como si estuviera llegando a una conclusión, pero fuera lo que fuese, ella no habló y solo se le quedó viendo, como si estuviera esperando alguna revelación más a sus preguntas. Ichigo suspiro y se acomodó el cabello con los dedos.

— La noche antes de que llegáramos, un par de hombres llegaron al campamento, hirieron a uno de mis guardias, uno de ellos huyó y el que se quedó confesó, después de un rato de métodos de convencimiento poco ortodoxos, que venía a matar al príncipe. No tengo que decirte qué pasó con él. Pensé que era a mí pero nunca se puede estar seguro de nada. El hombre que huyó, lo hizo con una herida en un costado, una de las flechas le atinó.

— Renji tiene una herida…

— En el mismo lugar donde la flecha de mi guardia acertó.

— Te equivocas. — Los ojos de Rukia se llenaron de lágrimas cuando dijo eso.

Ichigo sentía algo extraño en el estómago al ver aquella expresión de dolor en los ojos de Rukia; nunca le había gustado verla así.

— Podría ser, por eso te lo estoy diciendo a ti ya que conoces a tu amigo y puede que yo me haya equivocado. Tal vez fue como dijo él, se hirió en la caza pero después de lo que nos dijo su padre, yo no confío en él y tú tampoco deberías.

— Yo sí confío en él. Renji no es como su padre, él me cuido cuando estuvimos en las Tierras del Ocaso y él me ha cuidado desde siempre, él me dijo lo que pasó cuando regresé del bosque y la manera en como regresé de Adelaar después de la muerte de mi padre.

Ichigo abrió los ojos con sorpresa al momento en que Rukia dijo aquello y supo que ella lo notó porque guardó silencio por un momento que se hizo eterno.

— Entonces… ¿Cuál es tu decisión? — De nuevo preguntó Ichigo antes de dejarle más tiempo para pensar y se desviara del tema hacia sus recuerdos perdidos. Si Rukia no preguntaba en ese momento de silencio, entonces perdía su oportunidad. Rukia se tomó su tiempo para pensar.

— Nómbralo caballero. — Dijo sin más e Ichigo se atragantó con su propia saliva al escucharla decir eso. Era ridículo.

— ¿Qué? Todo lo que te he dicho es motivo suficiente para perder la cabeza, cada una de las acciones que tomaron es motivo para terminar muertos y tú quieres que le den una orden de caballería a tu amigo. ¿Es en serio? — Rukia asintió con seriedad sin dejar de mirarlo.

— Es lo que ellos quieren, tierras propias, casa propia, un título y la posibilidad de ser mejores.

— ¡Te estaban matando! — Repitió molesto.

— ¡Y yo pedí la mano de Renji en matrimonio!

— Te iban a matar… espera ¿Qué? ¡Eso ni siquiera es legal! — Lo que había dicho Rukia fue un golpe bajo.

Ella rechazaba su propuesta de matrimonio, pero era ella misma quien hacía esa propuesta a otro. Rukia siempre había sido así, sin consideración hacia él, egoísta y cruel; y él era estúpido porque estaba enamorado de la mujer que colgó una espada sobre su cabeza.

— Técnicamente sí. Soy la señora de esta tierra y si me caso con alguien que no es dueño de tierras ni de títulos entonces mis títulos se pasan a mi esposo e hijos.

— Rukia… — Siseó Ichigo con una mezcla de celos y desilusión. Parecía que la vida se empeñaba en restregarle en la cara que siempre sería el segundo. Segundo en nacer, segundo en todo… y en ningún lugar en la vida de la mujer de la que estaba enamorado.

— Además, si ejecutas a la familia de Renji, los pobladores se me van a revelar. Los Abarai cuidaron de esta tierra y yo soy prácticamente una extraña. ¿Entiendes que yo no sé nada de cómo dirigir un señorío? Ellos hacen todo, yo solo tengo que verme bonita.

Ichigo reviró los ojos con molestia por aquello último pero no dijo nada por un momento mientras pensaba en lo que había dicho Rukia para poder llegar a una conclusión.

— Bien, no los voy a matar ni los entregaré a la justicia del rey, será como tú quieras pero no le voy a dar una orden de caballería. Soy el Comandante del reino y el Príncipe de Avanta así que te puedo ayudar con eso, escribiré una carta de referencia dirigida a uno de los Generales para que lo acepte entre sus hombres; si tu amigo tiene suerte y no muere, entonces podrá llegar a ser un caballero por méritos propios. — Hizo una pausa y pudo ver los ojos emocionados de Rukia, los celos le carcomieron el alma pero se los guardó muy en lo profundo de su mente y su corazón. — Pero por sus padres no puedo hacer nada más que perdonarles la vida, si se quieren ir con él no me voy a oponer.

— ¿Y si se quieren quedar? — Rukia parecía nerviosa pero él simplemente negó con la cabeza. Ella debía de entender que él no iba a tolerar que los que la intentaron matar siquiera respiraran el mismo aire que ella. — Está bien, se lo diré.

— Me parece correcto. Haré la carta para tu amigo y espero todos los libros de cuentas listos para mañana. Te voy a enseñar a guiar un señorío y debes de aprender tan pronto como sea posible.

— ¡¿Eso significa que ya no nos vamos a casar?! — Rukia preguntó con tanta emoción en la voz que Ichigo no supo que le dolió más, si el hecho de Rukia no lo quisiera en su vida, o el hecho de que ella hubiese pedido a alguien más para casarse.

— Ya no nos vamos a casar. — Suspiró y se levantó de la piedra en donde estaba sentado, tomó la mano de Rukia y, dándole un último beso en su pálida piel, le quitó aquel el anillo de compromiso del dedo. — Rukia Kuchiki, te dejo libre del compromiso.

Ichigo guardó el anillo en la bolsa de su pantalón y se encaminó hacía la casa de Rukia en silencio, solo se escuchaban los pasos de ambos cuando Rukia le dio alcance.

Ninguno de los dos habló en el camino de regreso y, cuando estuvieron de nuevo en el patio principal, Ichigo se separó de ella y se fue a jugar con su hijo que intentaba armar un pequeño arco que le habían hecho los soldados que siempre estaban con él.

Rukia tuvo una sensación extraña cuando Ichigo le quitó el anillo del dedo, se sentía desnuda y liviana, como si a su mano le faltara aquel anillo. No pudo deshacerse de esa sensación en todo el camino de regreso a la casa y algo dentro de ella le decía que lo detuviera y le quitara el anillo porque era su anillo. Negó con la cabeza por aquel sentimiento de propiedad ante algo que ya no era suyo y se concentró en lo que debía hacer al día siguiente.

Rukia estuvo pensando toda la noche la forma de decirle a Renji que él tenía que irse y que sus padres debían de irse con él o los iban a decapitar. Aun recordaba la forma tan inhumana en que la justicia del rey se impartía y no quería volver a ver a alguien a quien ella apreciaba pasar por lo mismo; sentía que ella no lo resistiría de nuevo.

— Renji — Habló Rukia en la entrada de la casa en la que la familia de su amigo había vivido desde siempre. La casa del castellano estaba dentro de las tierras de la familia de Rukia, solo separados por unos árboles que les conferían un poco de privacidad y que algún miembro de las familias había plantado hacía bastantes años.

— Pasa, estoy terminando. — Respondió la voz de su amigo desde adentro de la casa. Rukia sabía que ahí estaba Renji, su hermana y sus padres. Rukia había abogado por ellos para que Ichigo no los metiera en los calabozos que había en el sótano de aquella casa y fue por eso que dos guardias vigilaban la casa con la orden expresa de no dejarlos abandonar la propiedad ni aceptar comida de ellos.

— ¿Qué haces? — Le preguntó cuándo llegó a donde estaba él, apoyado en una mesa vieja y curtida, escribiendo algo en un pergamino.

— Mi testamento, pero descubrí que no tengo nada. Ni esposa, ni hijos ni tierras ni nada. — Renji la miró enojado tirando el papel que tenían en la mano hecho una pelota a las brasas de la estufa donde ardieron rápidamente. — ¿Y sabes por qué? ¡Porque te seguí como buen amigo! ¡Me fui contigo en vez de dejarte a tu suerte! Si me hubiese quedado me habría unido al ejército, sería un soldado, con suerte un caballero, tendría una esposa e hijos y con suerte tierra que le habría podido comprar a alguien con lo que ganara en las campañas pero no, ¡no tengo nada gracias a ti!

Los reclamos de Renji tomaron a Rukia desprevenida, por lo que no habló hasta que él terminó de hablar. Le enojaba la actitud que tomó Renji en ese momento y apretó los puños para contenerse de responderle cosas igual de desagradables.

— Claramente estás muy enojado pero no tienes que echarme la culpa de todas tus decisiones, yo no recuerdo haberte dicho que me acompañaras.

— Claro, tienes razón. El tonto de Renji siguiendo a la señorita Kuchiki para que ella no muriera en el intento de huida. ¡No habrías llegado viva a las Tierras del Ocaso de no ser por mí! — Le volvió a decir subiendo cada vez más el tono de sus palabras. Renji realmente estaba molesto. — ¿Sabes por qué me presté para la farsa de mi padre? Porque así al menos mi familia tendría tierras, tú te fuiste a quien sabe dónde y de nuevo todo quedaba en manos de mi padre porque tú pareces no tener sentido de la responsabilidad pero sabes qué, tienes razón en no tenerlo. Eventualmente te habrían casado con un lord de otra tierra y te habrías ido y seguirías viviendo inherente a todo y a como se consiguen las cosas.

— ¡Basta! — Gritó Rukia subiendo la voz para tratar de llegarle al tono que estaba empleando Renji en su contra.

— ¡No, no basta! Sabes qué más, me alegro de no haber aceptado casarme contigo porque… ¿Quién querría algo que ya fue usado? — Renji había dicho aquello y tan rápido como lo había dicho sintió como la mano de Rukia se estampaba en su cara con la fuerza suficiente como para que su mano quedara marcada en su rostro tan roja como su cabello.

— ¡Suficiente! — Rukia tenía los ojos llenos de lágrimas de dolor, enojo y coraje y todos aquellos sentimientos que los reclamos de Renji le habían hecho sentir. Trataba de que su voz no se quebrara y estaba empleando toda su fuerza para ello. Ella estaba temblando y quería huir de ahí, pero se quedó firme en su lugar, mirando a Renji.

— ¡Mi lady! — Rugieron los guardias que habían escuchado lo que había pasado dentro de la casa y entraron para poner distancia entre ella y Renji, que se había quedado con la mano en la mejilla como si el golpe lo hubiese vuelto a la realidad. Rukia se intentó serenar en ese momento que los guardias formaban un muro entre ellos y los apartó un poco para que Renji pudiera verla mejor.

— Yo, Rukia Kuchiki, señora de Bosque Oscuro, te perdono por los crímenes de usurpación de títulos, perdono a tus padres por los intentos de asesinato y te ordeno que dejes Bosque Oscuro a más tardar mañana antes del medio día sin nada más que la ropa que llevan puesta y lo que puedan cargar en sus manos. Si deciden quedarse entonces no responderé por sus vidas ante la justicia del rey.

— Rukia… yo… — Renji trataba de acercarse a ella pero los guardias se lo impidieron cerrándole el paso.

Rukia miró una última vez a Renji, que parecía que no comprendía lo que acababa de suceder, le dedicó una mirada llena de decepción, y luego le dio la espalda para salir de aquella casa.

— Rukia, espera… disculpa… no era mi intención… ¡Rukia!

Rukia escuchó a Renji gritar por ella y escuchó las armaduras de los soldados al moverse para detenerlo. Ella salió casi corriendo de esa casa y se encontró a Ichigo recargado en la pared junto a la puerta, como si la estuviera esperando, así que se limpió las lágrimas con el dorso de la mano para que Ichigo no la viera en ese estado.

— Pregunté por ti y me dijeron que estabas aquí, vine a buscarte para darte esto. — Le mostró un pergamino cuidadosamente doblado y con el sello del comandante del reino estampado en cera roja. — Supongo que ya no lo vas a necesitar.

— No, ya no lo necesito. — Rukia miró aquel papel por un breve momento antes de seguir su camino hacia su casa. Ichigo caminaba junto a ella con pasos largos y relajados. De no ser por lo enojada que estaba, Rukia habría podido notar la sonrisa disimulada en el rostro de Ichigo.

— Está bien, iré a hacer mis cosas. — Ichigo dejó de seguirla cuando estaban a punto de entrar en la casa. Rukia se detuvo y volteó a verlo, por un segundo pensó que él entraría con ella. — ¿Necesitas algo más? — Le preguntó con una forma cortés y hasta elegante, haciéndola negar con la cabeza antes de dirigirse de nuevo sobre su camino aunque no sabía bien por donde iba.

Rukia dejó de caminar y se sentó en las escaleras de piedra que llevaban al segundo piso de la casa, fue en ese momento que soltó todo lo que le estaba oprimiendo el corazón, ni siquiera le importó que la vieran llorar, solo se hizo bolita en un escalón con la espalda apoyada contra la pared y se cubrió el rostro con las manos. Estaba dolida por lo que Renji le había dicho, porque él tenía razón en sus palabras y era algo que ella se repetía cada tanto tiempo. ¿Quién querría casarse con ella después de todo lo que había hecho? Ningún hombre quería por esposa a una mujer que antes había estado con alguien más.

Se maldijo a ella y maldijo su propia estupidez, y maldijo a Kaien por todo lo malo que había pasado en su vida. Lo único que la consolaba era que no había quedado embarazada aquella vez que él la obligó a recibirlo en su cama, o todo sería mil veces peor en ese instante.

— Mi lady. — La voz infantil del hijo de Ichigo la hizo descubrirse el rostro para encontrar al pequeño niño mirándola con una expresión preocupada. — ¿Le duele algo, mi lady? — Le preguntó con inocencia y ella solo negó con la cabeza limpiándose las lágrimas mientras miraba al niño que no dejaba de mirarla con preocupación.

— Es que… comí algo que me hizo daño y me duele la panza. — Mintió y el niño asintió antes de irse corriendo. Rukia lo miró extrañada pero no lo siguió, había dejado de llorar y se sentía más relajada en ese momento.

— Hime… dice que le duele la panza. Dale de mi medicina. — El niño había regresado tan rápido como había podido y había arrastrado a Orihime con él hasta llegar a donde estaba Rukia sentada.

Rukia no había imaginado que esa era la razón por la que el niño se había ido corriendo y sintió vergüenza en ese momento.

— Yo… no… no es nada… — Dijo nerviosa al ver que el niño había ido por Orihime, que miraba la escena tratando de comprender todo tan rápido como podía.

Rukia se limpió rápidamente las lágrimas de la cara tratando de disimular un poco, aunque sentía las mejillas arder por la vergüenza. Lo mejor que podía hacer era ir escaleras arriba y encerrarse en su habitación.

— Está bien, le daré de su medicina, pequeño príncipe. Sígame mi lady. — Orihime le guiñó un ojo de manera discreta a Rukia, que la siguió en silencio agradeciendo que Orihime no la hubiese echado de cabeza o dicho algún comentario extraño.

— Es una medicina que sabe feo pero te sentirás mejor. — Prometió el pequeño Juha, muy seguro de sí mismo al tiempo en que caminaba tomando la mano de Rukia, como si la llevara para que ella no se perdiera.

Rukia se aferró a la mano del pequeño niño mientras caminaban siguiendo a Orihime, que los llevó a la cocina y le pidió que se sentara en una de las sillas. El tacto del niño le causaba una especie de paz a Rukia que no podía describir. Orihime le dio una galleta al pequeño príncipe y le preparó un té de hierbas a Rukia que olía muy bien.

— Medicina para el dolor de estómago, cortesía del pequeño príncipe, mi lady. — Dijo Orihime y el pequeño niño asintió orgulloso de lo que su nana había dicho, le dio un mordisco a su galleta y se quedó comiendo en la mesa por un momento antes de levantarse e irse a jugar con los soldados.

— Gracias. — Murmuró Rukia después de beber unos sorbos del té y sentirse misteriosamente mejor. Sonrió un poco agradecida con Orihime que se sentó en la silla donde había estado sentado antes el niño para tomar del mismo té que le había servido a ella.

— De nada. — Dijo la chica y no volvieron a hablar.

Estuvieron en silencio durante un rato bastante largo que solo era roto por el ofrecimiento de Orihime por más té que Rukia aceptaba. Orihime había puesto unas pequeñas galletas sobre la mesa y con eso acompañaban el té. Después de un tiempo, Rukia sentía que su corazón se calmaba y que las ganas de llorar se esfumaban. Ella miraba el té y sonreía por la inocencia del pequeño niño que no dudó en buscar ayuda para ella, y de nuevo pensó en su posible hijo o hija, se preguntó si eran ciertas aquellas palabras y se preguntó si el niño o niña estaría vivo o no.

Ichigo entró en la cocina con la mano en la nariz, por entre sus dedos escurrían hilos de sangre espesa y roja, y detrás de él entró su hijo corriendo, completamente asustado y yendo a los brazos de Orihime buscando refugio. El momento de calma fue roto en ese instante y cuando Rukia vio el estado de Ichigo, temió que Renji hubiese ido en contra de él en alguna forma de reclamo y el niño lo hubiese visto todo.

— Su alteza. — Orihime trató de acercarse a Ichigo pero el niño se lo impedía así que Rukia se levantó de su asiento, tomó un trapo que había cerca, y se acercó a Ichigo.

— ¿Qué pasó, Ichigo? — Preguntó nerviosa apartándole la mano que cubría su propia nariz herida y viendo la sangre que seguía saliendo.

— Nada… ¡auch! — La voz de Ichigo sonaba extraña. El pequeño Juha seguía en los brazos de Orihime, sollozando porque su papá estaba herido y tenía mucho miedo.

— No parece "nada", ¿fue Renji? — Preguntó nerviosa yendo por agua para lavarle la nariz y el mentón por donde la sangre ya había escurrido.

— No… — Rukia no le creyó. Le limpió la nariz con fuerza haciéndolo quejarse. — Está bien, si fue él. Solo fue un golpe, no pasa nada.

— Te va a quedar la nariz chueca si él te la llegó a romper.

— Me dará más atractivo visual. — Bromeó un poco Ichigo pero el dolor le hizo hacer una mueca.

— Te verás feo.

— ¿Entonces soy guapo? — Preguntó rápidamente pero Rukia solo lo golpeó en el hombro por haber dicho eso. Ichigo se apretaba la nariz con el trapo mojado para que le dejara de sangrar y sonrió. — Entonces con la nariz chueca me veré interesante, me la voy a romper.

— ¡No! — Gritaron Rukia y Orihime a la vez, ambas extendieron la mano a él para evitar que se hiciera daño solo. El hijo de Ichigo seguía abrazado a Orihime en búsqueda de protección.

— Está bien. — Ichigo desistió de la idea y revisó que ya no le sangrara la nariz. Le dolía y seguramente se le hincharía un par de días pero la había tenido peor. — ¿No irás a ver cómo quedó tu amigo? — Preguntó a Rukia con un tono ligeramente mordaz.

— No, seguramente tus guardias ya lo golpearon y ahora es una masa de carne y sangre. No quiero ver eso.

— Tal vez él se muera. — Aventuró sabiendo que los guardias no le habían hecho nada, él mismo lo había dejado bastante dañado.

— Lo tiene merecido. — Respondió Rukia haciendo que Ichigo se levantara de la silla para llevarlo arriba. — Ahora ven, necesitas un baño y descansar.

— ¿En serio?

— ¡Si! — Respondió Rukia. Cuando estuvieron lejos de Orihime y del niño, ella volvió a hablar. — ¿Fue Renji? ¿En serio?

Ichigo no podía suspirar ni respirar bien, así que exhaló despacio antes de responder.

— Tu amigo pega duro, tengo varios golpes en las costillas pero él no sabía con quien se mete, no por algo soy el Comandante en Jefe del reino. Quedó peor que yo, descuida, no va morir pero si estará adolorido más días que yo.

— Bueno, se lo merece… — Fue lo único que dijo Rukia y lo hizo ir a su habitación. — Ahora quédate aquí.

Ichigo se quedó sentado en la cama y Rukia salió de la habitación por un momento, pidió algunas cosas a Kiyone y después volvió a entrar. Ichigo estaba adolorido pero simplemente se quedó mirando la sangre que manchaba su ropa, no había imaginado que Renji fuera así de bueno; si no hubiese insultado a Rukia de esa manera, además de intentar matarlo, quizás sí lo hubiese aceptado en la guardia del castillo.

— En un momento más traerán las cosas para que te puedas bañar y quitar esa ropa que está llena de sangre. — Habló Rukia atrayendo la atención de Ichigo. — Ahora quítate la camisa para que pueda revisar si tienes las costillas rotas; necesito saber si tengo que llamar al médico o no.

— No es necesario. — Susurró Ichigo dejando de ver a Rukia. En otro tiempo, en otras circunstancias, quizás habría sonreído por esa petición, pero en ese momento no se sentía de humor.

— ¡Claro que lo es! Eres el príncipe del reino y se supone que yo debería de asegurar tu protección. — Exclamó Rukia y se acercó a él con la intención de abrirle la camisa. — No eres un niño para que no te quieras quitar la ropa.

Ichigo sujetó con fuerza la mano de Rukia, deteniendo el momento en que ella intentaba abrir el primer botón y la miró a los ojos.

— No es necesario, en verdad. — Ichigo sabía que debía hacer que Rukia saliera de esa habitación, no quería que ella viera las cicatrices de los azotes en su espalda porque él no quería hablar de eso. — A menos que quieras pasar la noche conmigo. ¿Eso quieres?

Ichigo tuvo el cuidado de sonreír de manera descarada al decir aquella frase, y pudo ver el enojo de Rukia estallar en su mirada. Aunque él no quisiera haber escuchado la conversación que tuvo Rukia con Renji, lo había hecho y había escuchado la forma en cómo Renji le echaba en cara su pasado. Ichigo sabía que insinuar que ella se acostara con él era un truco sucio, pero eso haría que Rukia se fuera de esa habitación.

— Idiota. — Murmuró Rukia entre dientes y salió de aquella habitación dejando a Ichigo solo.

— Lo soy… soy un idiota. — Murmuró para sí mismo antes de que entraran los soldados con la bañera para que él se bañe.

Al día siguiente, Rukia vio desde una ventana en el segundo piso como Renji, junto con su familia, salía su casa cargando solo lo que podían llevar; justo como ella había dicho el día anterior. Los había visto tomar el camino que llevaba al pueblo y no despegó su mirada de ellos hasta que se perdieron entre los árboles que custodiaban el camino. No se había despedido de él, no fue a verlo después de que Ichigo le dijera que había terminado más golpeado que él, y no le dijo nada más. Renji salió cojeando de los terrenos sin voltear a ver hacía atrás y Rukia estuvo segura, en ese preciso momento, que eso era en verdad un adiós.

Ichigo estaba a su espalda, más alto que ella, viendo también aquello pero sin decir nada, él tenía la nariz hinchada y varios golpes en el cuerpo pero caminaba con normalidad. El enojo de Rukia por la insinuación del día anterior había desaparecido en cuanto ella salió de aquella habitación; ella comprendió que Ichigo no le tenía la suficiente confianza para dejarla revisarlo, y sabía que ella no se habría detenido si no fuera porque él dijo esas palabras.

Rukia no era cercana a Ichigo, aunque habían estado brevemente comprometidos, ella no tenía la confianza de Ichigo para verlo de manera vulnerable o sin ropa.

— ¿Te sientes bien? — Le preguntó Ichigo un momento después de ver la partida de Renji y su familia.

— No. Acabo de perder a mi único amigo. Quizás algún día nos podamos perdonar, quizás algún día él me pueda perdonar. — Susurró con la voz cortada y los ojos aguados por las lágrimas que se negaba a soltar.

— Intentaron matarte. — Repitió Ichigo aun molesto por eso.

Rukia sabía que si fuera por él en ese momento las cabezas estarían rodando pero ella no era como él, ella no era capaz de condenar a alguien a muerte aunque intentasen matarla.

— Lo sé. — Murmuró ella y se limpió los ojos con el dorso de la mano antes de quitarse de la ventana sin voltear a verlo. — Hoy no me siento bien, mañana me enseñas lo que me debes de enseñar.

Rukia se fue de ahí sin esperar a que Ichigo le respondiera, no le interesaba aprender algo en ese estado, solo quería dormir por días hasta que la sensación de pérdida se esfumara de su pecho. En ese momento extrañaba a Yuki y esa forma tan dulce que tenía para consolarla, y no dejaba de pensar en si la niña estaba bien o si estaba viva.

De nuevo, Rukia se sintió sola y pequeña, justo como se había sentido aquella vez que había huido del reino, solo que esta vez había sido su mano lo que provocó que se quedara así y no la justicia del rey. Miró las paredes de su casa ancestral recordando los cuentos que le contaba su madre sobre los reyes de antaño, tan fuertes y valientes que escalaban las Montañas Azules en verano y montaban jabalíes salvajes como si fueran caballos, y Rukia descubrió que no se sentía ni fuerte ni valiente.


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Se actualiza los sábados o a veces antes.


Lana Winter: Se me había olvidado poner eso, pero aquí están las edades para esta historia: Rukia 25, Ichigo 26, Kaien 27, Juha 5, Yuki 12, Orihime 20, Renji 25... el resto de 25 para arriba. Para "Los Ojos del Ruiseñor" en el año en que está la historia que es x493, las edades son: Rukia 17, Ichigo 18 [pocos días para 19], Kaien 19 [cumple 20 en octubre], Yuki 18 [los cumplió en Mayo] y Yoruichi 19 [es mayor que Ichigo], de ahí casi todos comparten la misma edad menos Ulquiorra, ese tiene 26 y las Gemelas son tienen 16.