Capítulo 9: La Conquista de Gardelia
El Palacio Blanco de la capital de Gardelia resplandecía con sus muros tan blancos que brillaban al sol. La ciudad estaba detrás de aquellos muros y en la colina estaba el palacio blanco donde vivía el hombre que, según Isshin y su informante, estaba juntando un ejército tan grande que podría invadir Avanta. Isshin había levantado la campaña sediento de victoria y deseos de demostrar que nadie podía contra su reino pero había dejado a su Comandante en el palacio, se había negado a escuchar a Ichigo cuando le había dicho que Gardelia no planeaba atacar y que incluso no tenían un ejército para eso.
No podía creer que su hijo dudara de su instinto y sus informantes, así que decidió castigarlo de esa manera, negándole la gloria de esa campaña que su Comandante planeo durante días desde que se decidió la invasión.
Isshin se había dado cuenta de su error cuando llegaron los informes de las fortalezas donde habían llegado sus soldados siguiendo la idea de Kaien de abrirse en abanico para atacar. Los pueblos estaban vacíos. No había soldados ni gente en los pueblos, solo había cosas tiradas por todos lados que, según Ulquiorra en su vasta experiencia en la guerra, significaba que habían huido de ahí apresuradamente.
— Nos temen, padre. Han huido porque nos temen, conocen nuestra fuerza y no la quieren enfrentar. — Había dicho Kaien al enterarse de que los primeros pueblos estaban vacíos.
Solo uno de los pueblos tenía gente, el primero que estaba en su camino, y era lo más probable que de ahí se empezara a correr la voz hacia los demás pueblos y fortalezas.
Isshin ordenó que se replegaran y avanzaran hasta la capital dejando tras ellos algunos soldados que estuvieran cuidando su nueva conquista. Ordenó que no quemaran los campos de cosecha, no iba a mantener a su nuevo reino, que ellos se mantuvieran a sí mismos como lo había hecho Bosque Oscuro en los últimos 100 años.
El instinto le decía a Isshin que marcara la retirada, pero no lo hizo, no podía hacerlo porque había prometido gloria a su ejército. Isshin les daría gloria aunque haya sido por error de planeación.
La última vez que Isshin había ido a Gardelia, le parecía que era una ciudad que se movía mucho a pesar de que estaban cerca del desierto, el calor ahí era cada vez más fuerte conforme avanzaba el día y el frio de la noche era intenso pero en ese momento, mirando la ciudad desde las afueras de su tienda de campaña previo al ataque, le parecía que Gardelia era una ciudad fantasma.
— Tú — señaló a un joven escuálido que había llegado con los nuevos reclutas que había entrenado Ichigo de ultimo momento. — Ve a ver, cuenta los soldados y todo lo que puedas. Necesitamos saber si nos espera una emboscada.
El joven asintió y se fue de ahí rápidamente vestido como si fuera un viajero para no levantar más sospechas de las que de por sí ya iba a levantar. Isshin trataba de imaginarse lo que podría encontrar el joven allá y esperaba que fuera una armada lo suficientemente grande como para plantar batalla. Ocultaba sus nervios y su indecisión bajo la pétrea mascara de gobernante que tenía y se paseó entre el campamento viendo a sus hombres que estaban practicando con la espada o hablando sobre las mejores técnicas de derribo en la batalla.
— Padre, te aseguro que no pondrán resistencia. Un asalto nocturno, eso no lo verían llegar, podríamos matarlos en sus camas mientras duermen. — Había empezado a hablar Kaien sugiriendo algo tan bajo como robar. Isshin solo lo miraba y contuvo las ganas de golpearlo en la mejilla cuando sugirió que él mismo, junto con un grupo de hombres, le traerían la corona de Gardelia por la mañana.
— No. Suficiente burla es con haber conquistado tierras vacías. — Espetó con enojo y con aquella voz atronadora de rey que poseía. — Esperaremos a que el informante regrese y a partir de ese momento planearemos la invasión a la capital.
Isshin le dio la espalda a Kaien después de hablar y regresó sobre sus pasos entre el campamento para volver a su propia tienda. Kaien lo seguía un paso detrás e intentaba convencerlo de que un asalto nocturno era la mejor opción pero Isshin no quería seguir escuchando aquellas palabras de su hijo así que se detuvo y lo miró fijamente.
— No. No irás de noche como un ladrón y no traerás esa corona, si lo haces te juro que…
— ¿Qué? — Era la primera vez que Isshin veía a su hijo desafiante. — ¿Me vas a ejecutar como un traidor por no hacerte caso? Padre, soy el príncipe de la corona, el futuro rey de Avanta. Sigues los planes de Ichigo sin siquiera pensarlo y cuando te ofrezco una conquista sin tanta sangre me la niegas, soy tu primogénito… — Pero Isshin no dejó que Kaien terminara de hacer esa oración, con el dorso de la mano le dio un golpe en la cara tan duro que Kaien volteó la cara por inercia.
Isshin sabía que se le había pasado la mano en ese golpe, y más que castigar a su hijo por lo que estaba diciendo, era una forma de desquitar su frustración por haber movido todo el ejército por una noticia falsa. Kaien lo miraba con ira y con un odio que Isshin nunca antes había visto en su hijo mayor. Kaien estaba en silencio controlando su respiración.
— Decidirás los planes cuando seas rey o en su caso, Comandante. — Isshin habló con un ligero dolor en la mano donde lo había golpeado. — Ahora eres mi hijo, un príncipe que no se ha probado en batalla tanto como se esperaba. Elijo los planes de tu hermano porque él ha estado en más batallas que tú.
— ¡Fue un error! — Gritó molesto e Isshin volvió a levantar la mano pero la bajó al ver a su hijo reaccionar ante el futuro golpe dando un ligero movimiento hacía atrás.
— Un error que le costó la vida a muchos soldados y donde tú casi mueres, pero sí, fue un error que cometí por creerte capaz de soportar una campaña y ser lo suficientemente maduro para aprender de ello. Ahora vete de aquí y si me llego a enterar de que me has desobedecido no solo no serás rey, sino que ni siquiera serás el Comandante de tu hermano.
Isshin terminó aquella oración y los ojos de Kaien reflejaban incredulidad ante lo que acababa de decir. Isshin por un momento pensó que Kaien replicaría pero no lo hizo, solo se quedó ahí, mirándolo con furia en los ojos junto con un poco más de rencor del que no esperaba alguna vez ver en su hijo.
Isshin pasó todo el día sentado en su trono con una gran mesa desplegada frente a él mirando aquel mapa donde se mostraba Avanta, Bosque Oscuro, Gardelia, el Desierto Rojo, Vayalat, Kuvar, Jetaiya y las Tierras Quebradas que los separaba de los demás reinos así como lo hacía el Desierto Rojo; era como si esperara que el mapa le dijera que hacer. Ichigo sin duda sabría qué hacer en una situación así. Cerró los ojos y se recostó en el respaldo del trono tratando de acomodar sus ideas, no solo tenía que lidiar con la guerra sino con un hijo que parecía que no aprendía nada.
— Su majestad. — Un soldado lo llamó haciendo que bajara la mirada al hombre y viera a uno de los hombres de Ichigo parado en la entrada de su tienda con una caja sellada. Hizo un ademán para que lo dejaran pasar y se acercara a él.
— Uryu, ¿qué sucede? — Preguntó Isshin mirando como el soldado dejaba la caja frente a él, sobre el mapa de los reinos que había quedado desplegado, y le hacia una reverencia.
— Su majestad, el Comandante en Jefe me encomendó una misión que debía de cumplir cuando estuviéramos frente a Gardelia. Él intuía que no íbamos a encontrar tanta resistencia en la llegada y ha mandado esto para usted, no sé lo que contiene, pidió que solo usted lo abriera. — Uryu hizo una seña para que Isshin viera que el sello de Ichigo en la cera estaba intacto.
— Está bien. ¿Cómo están los arqueros? — Preguntó ya que tenía enfrente al Comandante de los arqueros y no había podido ir hasta allá por culpa de Kaien.
— En perfecta forma como siempre, esperando sus órdenes para avanzar, su majestad. — El hombre era un soldado en toda la forma e Isshin asintió a lo que dijo.
Lo despidió después de intercambiar algunas cuantas palabras y se quedó a solas con la caja que Ichigo había mandado. ¿Desde cuándo estaba la caja ahí? Los mensajeros llegaban directamente a Ukitake y este los remitía a él, no era algo que hubiese mandado Ichigo en los recientes días, era algo que había viajado con ellos desde que salieron de Adelaar.
Antes de permitirse sentir alguna culpa decidió abrir la caja.
El sello se rompió dejando restos rojos sobre los papeles de la mesa y abrió la caja con una calma que no era propia de él, dentro de la caja habían varios papeles cuidadosamente doblados y sellados, cada uno con el sello de Ichigo. El que estaba hasta arriba decía "léeme primero" e Isshin sonrió, eso era tan propio de su hijo.
—
Padre, sé que no has querido escuchar lo que tenía para ti pero no puedo permitirme verte partir a la guerra y no ir de alguna manera a la campaña. Como bien sabes, envié a uno de mis hombres a Gardelia para que me informara de la situación y era como temía, alguien había tergiversado al información. En cada papel hay una idea que habría sugerido dependiendo de la situación, espero que alguna te sea útil. En estos momentos debes estar contemplado el ataque a la ciudad, si has enviado a un hombre a ver la ciudad seguramente volverá con las noticias de que no hay tantos hombres como se espera que haya en una ciudad tan grande. Antes de decidir algo te pido nuevamente que leas lo que he mandado, sé que he perdido tu favor después de aquel encuentro con mi hermano y me arrepiento de haber cedido a algo tan visceral pero mi deber con el reino y contigo no cambia.
Juré cuidarte y protegerte, padre.
Ichigo.
—
Isshin se quedó contemplando la carta con una mezcla de felicidad y enojo, estaba feliz porque su hijo no lo abandonaba y estaba enojado con él por haber cedido a los impulsos y agarrarse a golpes con su hermano, y por pedirle matrimonio a aquella mujer. Consideró si debía o no de leer lo que había enviado su hijo, si ganaban siguiendo los planes que había escritos en los papeles entonces la victoria sería de Ichigo y si no lo seguían y perdían entonces sería su derrota; por un momento consideró la idea de Kaien sobre ir en la noche y matarlos a todos mientras dormían, debía de admitir que su hijo tenía razón, así conquistarían Gardelia sin prácticamente ninguna baja.
Para la noche llegó el informante e interrumpió la reunión que tenía Isshin en ese momento con sus generales y consejeros. El muchacho parecía asustado, y por un momento Isshin temió que en verdad hubiese una armada tras los blancos muros de la ciudad y los superaran en números. Con todo el corazón, Isshin deseó que Ichigo se equivocara para darle luz verde a Kaien y hacer su incursión nocturna.
— La ciudad está vacía, su majestad. — Respondió en un jadeo apoyando sus manos en sus rodillas tratando de recuperar el aliento. Había llegado corriendo tan rápido como las piernas le habían permitido.
— ¿Vacía? ¡Explícate! — Demandó el rey levantándose de su trono y apoyando las manos en la mesa donde estaba la caja que había enviado Ichigo; él no les había comentado a sus consejeros sobre la caja y esperaba no tener que hacerlo. Tal vez solo a Ukitake, pero eso sería después.
— Vacía, su majestad, vacía, sin más gente que algunos guardias que andaban caminando de un lado a otro cuidando las calles y a los ciudadanos que aún estaban ahí, la mayoría viejos y enfermos. Pregunté por qué estaba la ciudad así a una anciana que caminaba cargando agua de la plaza y dijo que era para salvarlos; me contó que algunos exploradores habían visto a un ejército avanzando desde el sur y empezaron a evacuar a la gente tan rápido como pudieron. En la capital solo queda el rey y varios soldados leales, todo mundo sabía que no contaban con la fuerza para repeler una invasión.
— ¿Estás seguro que solo está el rey ahí? ¿Cuántos soldados se quedaron en la ciudad? — Preguntó Isshin mirando al joven que parecía se iba a desmayar ahí mismo.
— Si, la mujer dice que ella misma vio que la reina y las princesas salieron de la ciudad junto con la mayoría de los nobles en el primer barco. Hay entre 300 y 350 soldados a lo mucho, la mayoría se fue con las personas al desierto y al mar para cuidarlos.
— Bien, puedes irte a descansar, te lo has ganado. — Ordenó al joven que se fue de ahí haciendo una reverencia. — Llamen al príncipe Kaien.
Otro de los soldados salió de ahí para ir a buscar a Kaien e Isshin se quedó con los consejeros en su tienda de campaña. El rey miró la caja y decidió que no les hablaría de ella a los consejeros, era una victoria fácil la que tenían en frente; durante todo el camino habían visto pueblos vacíos y con esa noticia de que la capital estaba vacía entonces no debía de enviar un gran ejército, un solo hombre podría traer la victoria. En lo que su hijo llegaba les contó del plan de Kaien, todos lo aprobaron con base a las noticias del informante, algunos más animados que otros pero convencidos de que debía de ser así porque tenían el antecedente de los pueblos vacíos.
— Su majestad, ¿me mandó a llamar? — La voz de su hijo parecía más formal de lo habitual. Seguramente Kaien seguía enojado por el golpe que le había dado en la mañana.
— Es tu oportunidad. — Isshin vio que los ojos de Kaien se abrieron con sorpresa haciendo una pregunta muda que no quería formular. — La idea que has sugerido en la mañana se sometió a votación y todos hemos decidido que es tiempo de que nos traigas una conquista; puedes tomar a tus hombres e ir al Palacio Blanco así como lo has sugerido.
— ¿En verdad, padre? — Preguntó Kaien con una sonrisa dando un paso hacía su padre de la emoción.
— Así es, prepara bien tu estrategia y partirás mañana en la noche.
— Padre, te prometo que no te vas a arrepentir. Te demostraré mi valor. — Kaien tenía una sonrisa al hablar y se retiró de ahí después de hacerle una reverencia. Isshin vio a su hijo partir de la tienda emocionado.
Todos los consejeros se retiraron menos Ukitake que se quedó rezagado a propósito. Isshin lo miró y le ofreció un poco de vino que el hombre aceptó amablemente.
— No dudo de la capacidad del príncipe en realizar lo que ha sugerido pero… — Comenzó el hombre pero se detuvo antes de terminar la oración.
— ¿Pero? Nada viene bien después de un "pero". — Respondió Isshin al ver que Ukitake titubeaba y bebía del vino para humedecer la garganta.
— El príncipe no ha matado a nadie, ha sido entrenado por los mejores soldados pero… realmente no creo que sea capaz de quitarle la vida a alguien. — Soltó su preocupación de golpe e Isshin sabía que el hombre tenía razón. Kaien no había matado antes. Ichigo era el dueño de la espada más temida en el campo de batalla, no Kaien. Ichigo había matado a tantos hombres que un río entero se teñiría de rojo con la sangre de sus enemigos y aun así no sería suficiente para comparar.
Ichigo era el asesino, no Kaien.
El amanecer se pintaba de colores y se reflejaba en las paredes blancas de la Ciudad Blanca que se iban iluminando conforme se hacía más intensa la luz. Isshin no había dormido en toda la noche y esperaba que el amanecer le trajera a Kaien con la corona que había prometido la noche anterior, cuando se había despedido de él acompañado con diez de los mejores soldados que podía haber en su ejército. La caja que Ichigo le había enviado estaba sobre la mesa, no la había vuelto a abrir después de leer esa primera carta y decidió que no leería el resto del contenido, sino que confiaría en Kaien y en su plan, era la victoria de su hijo mayor, era tiempo de que Kaien volviera bañado en gloria.
Con forme pasaban las horas Isshin se impacientaba cada vez más, no tenía noticias de Kaien ni de lo que había ocurrido dentro de la ciudad, y algo en el pecho le decía que había salido mal el plan. Ukitake estaba con él haciéndole compañía, jugando cartas y mirando los mapas, comentaban de todo y nada a la vez, y fue por Ukitake que Isshin comió; el rey no había comido antes porque sentía el estómago duro por los nervios.
Después de un rato de espera, Isshin se encontró desviando su mirada de vez en vez hacia la caja que le había enviado Ichigo como si ahí se encontrara la respuesta para calmar sus nervios. Los deseos de leer qué más había escrito su comandante eran cada vez más grandes.
— ¡Su majestad! — Uno de los soldados se acercó agitado a donde estaban ellos platicando. Habían salido de la tienda de campaña y se habían instalado en un lugar donde había buena vista de la capital de Gardelia esperando tener alguna noticia a la distancia.
— ¿Qué pasa? — Isshin sentía que el corazón se le iba a salir si no le daba una buena noticia.
— Viene un soldado a caballo por el camino, trae una bandera blanca. — El soldado sonrió. — ¡El príncipe lo hizo, conquistó Gardelia!
El soldado estaba feliz y emocionado.
Gardelia era suya e Isshin alejó los malos pensamientos sobre el destino de su hijo. Sin embargo, la felicidad se le esfumó a Isshin al ver que el soldado no era de los suyos y que usaba la armadura blanca de Gardelia con la flor dibujada en el pecho. La bandera era blanca, sí, pero algo le dijo a Isshin que esa bandera no era de paz. El caballo se detuvo y el soldado se bajó, todo mundo estaba expectante e Isshin se acercó a donde estaba el hombre desmontando; el rey no habló, sino que esperó que el hombre hablara.
— En nombre del Rey Yushiru, Rey de Gardelia y el Señor del Desierto Rojo, presento el siguiente mensaje:
—
Elegiste mal tus acciones, rey de Avanta, y enviaste a un niño como si fuera una rata a hacer el trabajo de un hombre. Si hubieses dado la cara habrías tenido una batalla para recordar pero en su lugar me diste algo que no imaginaste. Me diste poder. Tengo a tu hijo como un huésped en mis calabozos, ataca mi ciudad y no volverás a ver a tu hijo, ambos perderemos algo que amamos. Soy un hombre hospitalario y no puedo negarme a recibir a una visita que ha venido de tan lejos hasta las puertas de mi ciudad, aunque la visita sea una rata. Si quieres volver a ver a tu hijo, te espero mañana para parlamentar tu rendición, si decides atacar entonces la cabeza de tu hijo te dará la bienvenida al Palacio Blanco que no dudará en teñirse de rojo con la sangre de tu gente.
—
El soldado dejó de hablar y las espadas sonaron, las cuerdas de los arcos se tensaron y todo apuntó al soldado que extendía el papel hacia Isshin para que lo tomara y viera que las palabras eran reales. Isshin levantó una mano e hizo una seña para que bajaran las armas, tomó el papel y volvió a leer el contenido, era cierto. La idea de que el soldado lo leyera todo en voz alta era solo para asegurarse de que todos lo oyeran y supieran del error de su rey, era una humillación muy grande.
— Mátenlo. — Ordenó el rey y le dio la espalda para dirigirse a su tienda.
Isshin se quedó solo en su tienda el resto del día, no dejó que los consejeros entraran ni los generales. No dudaba que ellos ya tuvieran un plan de ataque para rescatar a Kaien pero tenía miedo de mandarlos y que regresaran solo con la cabeza de su hijo. De nuevo su mirada se posó en el cofre que le había mandado Ichigo y con toda la desesperación que había en él, lo volvió a abrir. Leyó la primera carta de nuevo y la dejó de lado, todas estaban acomodadas para que él las leyera.
—
Padre, siempre me dijiste que debía de pensar por dos, que debía de pensar como lo hacían nuestros enemigos y pensar como ganarle a ellos mismos, planear las posibilidades que debíamos de tener un cuenta si sucedía un evento u otro, y que en el campo de batalla los planes salen sobrando cuando el filo de nuestra espada choca con la espada enemiga. Con los detalles que me llegaron de Gardelia debo de dedicarte las siguientes palabras:
— Ellos no tienen soldados, así que tal vez quieran vaciar los pueblos para proteger a las personas, así que si los pueblos están vacíos entonces no dudes en que todos se están concentrando en la capital, tú mismo me has dicho que esa es una estrategia para debilitar al enemigo. Al hacer que el enemigo deje a sus soldados estacionados en diferentes lugares, sus tropas se verán reducidas, y al llegar a la capital no tendrán la fuerza de ataque completa. Llama a tus soldados antes de que decidan atacar Gardelia.
— Duda de la información que te traigan de la capital si has enviado a alguien. Confía en lo que vieron pero duda de lo que les "dijeron". Ellos nos estarán esperando, es de esperar que van a esconder todo para que no veamos su armamento completo. La mitad de la guerra son rumores, la otra mitad es sangre.
— Tú me enseñaste que ninguna victoria es fácil, si parece fácil entonces es una trampa.
—
Terminó de leer y se maldijo por no haber leído ese papel antes de enviar a Kaien. Lo dejó de lado y sacó otro que estaba ahí.
—
Padre, es mejor llevar todo el ejército. La ciudad puede ser una trampa tras otra, no tienen suficientes soldados pero en el caso de que los tuvieran entonces todos estarán dispuestos a morir por proteger la ciudad. Si quieres probar como está el terreno entonces envía un grupo de avanzada, si no vuelve en dos días sabrás que hay más gente de lo que vieron. No confío en los rumores pero no dudes en que ellos se van a defender, son hombres del desierto, son duros.
Por último, si te encuentras en problemas siempre puedes casar a Kaien, dicen que la princesa heredera es muy bella.
Ichigo.
—
Isshin sonrió por ese último renglón y vio que había un último papel doblado que decía "léeme cuando vayas de regreso a casa". Esa vez decidió hacerle caso a su hijo, no le había hecho caso a su consejo y por su arrogancia Kaien estaba como un prisionero. Todo lo que le había dicho Ichigo eran cosas que él le había enseñado en sus múltiples campañas y que había pasado por alto pensando que sería un victoria fácil.
Volvió a leer todo lo que su hijo le había dicho y guardó las cartas en la caja para cerrarla de nuevo. Releyó la carta del rey de Gardelia y llamó a sus generales y consejeros para hablar con ellos de lo que iba a pasar; en ese momento no tenía sentido comentar de las cartas de Ichigo porque eran para antes de que él hiciera algo. La reunión fue larga, todos tenían ideas y soluciones pero siempre llegaban al mismo punto, la vida de Kaien. Al final llegaron a la conclusión de que él tenía que ir a hablar con el rey junto con una guardia para protegerlo.
— Si me van a matar lo harán con guardia o sin ella, Ukitake me va a acompañar. — Dijo Isshin al final, mirando las caras preocupadas de los consejeros. — En Adelaar está Ichigo, si todo sale mal, espero que le sirvan bien y venguen nuestra muerte.
Los hombres lo miraron ligeramente escandalizados pero asintieron ante lo que dijo. Esa noche tampoco durmió sino que se la pasó reprochándose no haber llevado a Ichigo con él; Ichigo era la voz de su conciencia así como lo era Masaki. Kaien por el contrario era fuego e impulso justo como lo era su madre. Ambos eran hijos suyos, se parecían a él y se parecían a sus madres y a veces se preguntaba lo que habría pasado si solo hubiese tenido a Kaien.
A la mañana siguiente, Isshin se levantó y desayunó, se preparó con su armadura y se colgó la espada ancestral del su familia en la cintura. Ukitake lo estaba esperando junto a los caballos y partieron hacia la capital del reino de Gardelia. Las paredes de piedra blanca que rodeaban la ciudad eran impresionantes y al llegar a la entrada, donde los detuvieron los soldados de blancas armaduras, se dieron cuenta de que había muchos más soldados de los que había dicho el joven informante.
Un soldado los escoltó hasta el Palacio Blanco y los guió por los pasillos hasta llegar a la sala del trono donde estaba el rey Yushiru sentado, con su reina a su derecha. Los guardias les quitaron las armas antes de dejarlos acercarse a ellos. Aquello fue humillante para Isshin.
— Por un momento pensé que no llegarías. — El rey de Gardelia habló sin atisbo de respeto. Ambos hombres eran iguales, ambos eran reyes de su propio reino, pero en ese momento Isshin sabía que Yushiru tenía poder sobre él.
— Rey Yushiru, estoy aquí para hablar pero desde su trono no lo escucho bien. — Isshin habló con todo el respeto que podía juntar en su voz. Tenía ganas de lanzarse sobre él y golpearlo hasta hacerlo una masa de carne y sangre, pero lo más seguro era que los guardias lo detuvieran antes de siquiera poder tocar un escalón del trono.
— Bien. — El rey de Gardelia, que se veía un poco más viejo que Isshin, con canas en los lados de las cienes, se levantó de su trono y llegó hasta Isshin. — ¿De qué quieres hablar? — Preguntó mirándolo fijamente. Ambos hombres tenían la misma estatura, solo que Yushiru era moreno con el cabello hacia tras en una coleta.
— De mi hijo. — El rey Yushiru levantó una ceja y ladeo la sonrisa. No le respondió sino que empezó a caminar para salir de la sala del trono. Isshin y Ukitake lo siguieron en silencio. Isshin nunca se había sentido tan humillado en su vida.
— De su hijo. — Repitió el hombre llegando a una sala donde había varios muebles y se sentó, los hizo sentarse con él antes de seguir hablando. — ¿El que intentó matarme mientras dormía? — Isshin asintió sin decir nada. — Bien.
Isshin tuvo la impresión de que solo esa palabra sabía decir el rey de Gardelia. Yushiru habló a uno de sus guardias, que le hizo un saludo militar antes de escuchar una orden en el idioma de los hombres del desierto, y después el guardia se fue de aquella sala. Era una humillación tras otra, pero Isshin trataba de mantener la calma tanto como podía.
— Rey Isshin, resulta que si hubiese atacado mi reino habríamos caído en una noche, mis hombres dicen que trajo cerca de 20,000 soldados, nos superan 3 a 1, habríamos caído y usted se habría sentado en el trono pero en vez de eso envió a su hijo y nos dio poder. Errores de novato.
— ¡Padre! — El grito de Kaien hizo que Isshin desviara la mirada del rey Yushiru y se fijara en su hijo, que seguía con la misma ropa con la que se fue del campamento solo que más sucio y con unas esposas en las muñecas. Isshin no habló, solo le dedicó una mirada para que callara. Kaien estaba vivo y eso le alegró, pero el rey Yushiru lo estaba abofeteando con palabras. No sabía que decir y Ukitake estaba en silencio a su lado.
— Los errores nos cuestan caro pero dejemos eso de lado por un momento, debe saber que si decide atacarnos nos vamos a defender pero para su suerte hay una manera de arreglar esto. — Yushiru siguió hablando ante el silencio que ellos tenían.
— ¿Una manera? — Preguntó Ukitake que había notado que Isshin no decía palabra alguna.
— Una manera. Una adhesión pacifica de mi reino al suyo. Su hijo no ha parado de gritar que es el heredero al trono y que su padre derribará los muros para rescatarlo pero no hace falta llegar a tanto. Usted tiene un hijo y yo una colección de hijas encantadoras que estarían dispuestas a sacrificarse por el reino y casarse con su hijo.
Isshin casi que escuchaba la voz de Ichigo con las palabras en la carta, "si te encuentras en problemas siempre puedes casar a Kaien". Se quedó en silencio por un momento, podía decir que si y luego, cuando saliera con su hijo lanzar un ataque, ya no por conquistar el reino sino para aniquilarlo. Sonrió por eso y miró a Yushiru, luego miró a Kaien que miraba a su captor mudo por lo que decía.
— Tiene razón, una adhesión pacífica sería lo más prudente. — Concedió.
De nuevo Isshin escuchó una réplica de Kaien que decidió ignorar.
— Sabía que entraría en razón, nosotros habríamos accedido a eso si hubieran llegado y pedido la mano de nuestra princesa heredera pero la falta de comunicación ha causado un movimiento masivo de personas sin sentido alguno. — Isshin lo escuchaba hablar, Ukitake estaba anonadado y Kaien seguía sin poder creer lo que iba a pasar.
Llegó un hombre con un enorme papel grueso, tinta y pluma. Lo extendió frente a Isshin y Ukitake para que ambos lo pudieran ver, era un contrato de compromiso. Algo le decía que ellos no confiaban en su palabra nada más, Isshin tampoco confiaría en los hombres que lo intentasen matar.
— Espero que no les moleste que lo hayamos redactado antes, sabíamos que no se iban a negar. Si lo leen detenidamente ahí dice que Gardelia se unirá a Avanta como parte de un reino, Gardelia dejará las coronas pero los señores del desierto seguirán siendo los que se encargarán de las tierras rindiendo el tributo a la capital como el rey disponga. Nuestra armada pasará a ser suya y todo eso, siempre y cuando el príncipe heredero Kaien se case con la princesa heredera de Gardelia.
El rey Yushiru seguía hablando mientras ellos leían el papel e Isshin juntaba las cejas con enojo ante cada oración y cláusula del contrato. Soltó un suspiro y tomó la pluma con determinación, dispuesto a firmar la liberación de su hijo pero la mano de Ukitake lo detuvo antes de que pusiera su firma y negó con la cabeza. Los hombres se miraron por un momento y Ukitake soltó su muñeca, la tinta goteó antes de que la firma de Isshin fuera puesta. Estaba vendiendo a su hijo por unas tierras pero así le estaba salvando la vida.
— ¡Perfecto! La boda obviamente será en Adelaar. — El hombre comenzó a hablar e hizo que soltaran a Kaien que se empezó a frotar las muñecas enrojecidas. Ukitake no podía creer lo que había pasado e Isshin solo asentía a lo que el hombre decía planeando una boda que acababan de con concretar.
En cuanto llegaron al campamento dio la orden de que levantaran todo y regresaran a Adelaar. Habían ganado, Gardelia era suya pero Isshin sintió que esa victoria salió demasiado cara. Kaien había dicho que los atacaran ahora que él estaba libre, tenían los números de sus soldados de boca del propio rey pero él se negó a eso. Estaba enojado con Kaien, su idea fue lo que causó ese compromiso y él debía de cargar con la responsabilidad; su hijo tenía que aprender que los reyes eran más que lujos y coronas.
Durante todo el camino de regreso estuvo pensando en ordenar que dieran media vuelta y atacaran Gardelia pero algo le decía que tanto énfasis de parte del rey Yushiru en su ejército tan escaso era solo una fachada. Ya no quería saber nada de guerras y tomó la caja de Ichigo para sacar la última carta.
—
Padre, si estás leyendo esto es porque debes de estar volviendo a casa, seguramente con la victoria sobre ti, nunca dudé de ello.
Debo de confesar que no haberte acompañado me ha dolido de una manera que no había experimentado pero sé que es mi castigo por haber golpeado a mi hermano, confío en que él haya sido tan acertado en sus consejos como lo fui yo. Sé que he perdido tu favor y no sé si alguna vez recuperaré tu amor, padre, pero ahora que tengo un hijo sé que nunca podría dejar de amarlo.
Desde que regresé con el cadáver de mi esposa y mi pequeño hijo, nada ha vuelto a ser igual; hemos vivido en el palacio y te he servido sin esperar nada a cambio, he vivido con la lejanía de nuestra relación a pesar de estar bajo el mismo techo y quiero liberarte de eso.
No quiero que se me trate de traidor, sé lo que murmuran de mí, de mi hijo y de que ambos estemos vivos. Sé que piensan que somos un peligro para la ascensión de Kaien cuando las Deidades te lleven a su gloria así que mediante esta carta abdico a mi derecho de sangre, si es que aún queda algo de ello, y dejo el título de Príncipe de Avanta y de Comandante en Jefe del Reino.
Me voy con mi hijo y con Orihime y un par de soldados que se negaron a quedarse en la ciudad. Kyoraku está al tanto de todo pero asegura que no aceptará mi renuncia si no es por tu propia boca y escrito en un papel, mi madre está al tanto de todo. Antes de irme dejé todo en orden.
Te quiero, padre. Sé que juré servir y protegerte, pero en mi corazón, proteger a mi hijo es más importante.
Ichigo.
—
El caballo de Isshin había galopado hasta el palacio sin detenerse, él ya no podía seguir esperando por las respuestas que necesitaba a esa ridícula carta de Ichigo y sabía que Masaki le iba a decir las razones por la cual se estaba quedando sin comandante y sin hijo.
— ¡El rey! ¡El rey llegó! — Gritó uno de los guardias antes de que abrieran una de las puertas principales para que él entrara.
El rey iba solo y eso alertó a los guardias de la puerta que se pusieron ansiosos.
— Su majestad… — Logró decir la Dama de las Llaves al verlo entrar al pasillo que llevaba a las habitaciones de la reina. Isshin la hizo a un lado sin detenerse en su avance.
Llegar con Masaki era su objetivo y nada podría detenerlo. Todos los sirvientes que Isshin se encontraban en su camino le hacían una reverencia respetuosa y evitaban hablar al ver la expresión seria y casi asesina que portaba en el rostro. Se había regado como pólvora que el rey estaba molesto, pues nunca llegaba de esa manera de las campañas y nadie quería pagar la furia del rey si cometían un error en su presencia.
Isshin abrió la puerta del cuarto de Masaki de un solo movimiento, fue tan agresivo que la puerta golpeó contra la pared y regresó unos centímetros sobre el camino, las pequeñas damas que estaban bajo el cuidado de la reina se asustaron por la acción del rey y dieron un pequeño salto en sus lugares de la impresión al mismo tiempo que gritaban. Masaki, que estaba parada frente a un telar de bordado donde estaba haciendo un paisaje de playa, dejó caer al piso la gran aguja que usaba por el susto y de inmediato fijó su mirada en el hombre en la entrada que estaba agitado, sudado y claramente molesto.
— ¿Es cierto? — Preguntó Isshin ignorando a las pequeñas damas que se levantaron como un resorte de su lugar para hacerle una reverencia respetuosa. Masaki lo miró confusa por aquella pregunta, no era la forma habitual en que él la saludaba al regresar de las campañas, ni siquiera estaba vestida para recibirlo.
— Niñas, salgan. Tengo que hablar con el rey. — La voz de Masaki sonó neutra e hizo que damas que estaban con ella se fueran de ahí tan rápido que lo siguiente que se escuchó fue el sonido de la puerta al cerrarse tras la última niña que salió. Masaki se giró para quedar de frente a su esposo antes de hablar; solo había una razón para que él llegara de ese modo y con esa actitud, y era porque ya había leído la renuncia de Ichigo. — Sí, es cierto.
Isshin se le quedó mirando a Masaki con aquella expresión de enojo que se había hecho más grande con aquella simple respuesta, en el fondo esperaba que ella le dijera que no era cierto y que era una broma estúpida de su hijo. Masaki puso una de sus manos en su cadera mirándolo fijamente, como si esperara que una avalancha cayera en esa habitación y supiera que saldría bien librada de ella.
— ¡No lo puedo creer! ¡Tu hijo lo único que hace es causarme problemas! ¡No importa lo que haga, él siempre quiere hacer su voluntad! ¡Estoy cansado! — Gritó señalando a Masaki con un dedo acusatorio acercándose a ella con pasos largos y la respiración agitada.
— ¿Ah sí? — Preguntó Masaki sin dejar de ver fijamente a su esposo, que ya estaba frente a ella. La furia de Isshin no le asustaba y no retrocedió ante el rápido avance del hombre que acortó toda la distancia posible.
— Si. Le perdoné la vida después de semejante falta a la corona trayendo un hijo y el cadáver de una esposa que no se sabe a qué horas consiguió, lo volví comandante en jefe del reino a pesar de que debía de exiliarlo si quería seguir con vida y ¿así me paga? ¡Tu hijo es un ingrato mal agradecido! — Vociferó mirándola con aquella expresión asesina que hubiese empleado contra algún enemigo.
— Mi hijo. — Masaki habló en un tono tan suave que podría ser tomado como sutilmente peligroso. Sus ojos miel se movían sobre los ojos verdes de Isshin y lo miraba como si lo estuviera analizando, como si él fuera un enemigo que debía de aniquilar. — ¿Terminaste?
— ¿Qué dices, mujer? ¿Escuchaste lo que acabo de decir? — Preguntó aún más molesto y apretando el puño para contener su enojo.
— Que si ya terminaste de hablar para saber si puedo hablar yo. — Le respondió aun parada en su lugar. Ninguno de los dos se había movido de su sitio después de que Isshin se acercara a ella. Su esposo gruño un sí como respuesta.
Masaki señaló uno de los muebles que había en la habitación y dedicó una última mirada al tapiz que estaba haciendo antes de dejar completamente de lado las agujas. Isshin estaba molesto pero hizo caso a su mujer sentándose y esperando una respuesta de ella. Masaki se quedó parada frente a él con la tentación de darle un golpe en la cara pero se contuvo, respiró profundo en lo que ordenaba sus pensamientos y luego volvió a ver a su enojado esposo.
— Para empezar es cierto que Ichigo renunció al título de príncipe pero Kyoraku no aceptó la carta de renuncia y quemó el papel después de que él se había ido, si quieres que esa renuncia sea efectiva entonces deberás de hacer un documento donde digas que le retiras el título y todo lo que le quieras quitar, incluso la vida si eso te hace feliz. — Masaki estaba molesta. De nuevo respiró para relajarse pero lo que seguía no podía ser dicho con calma. — Tú no le perdonaste nada, es tu hijo ¿Ibas a matar a tu hijo y a tu nieto? ¿En verdad? ¿Lo ibas a hacer si yo no te detenía? Te recuerdo que no es solo mi hijo, también es tuyo. No llegó a dentro de mí por obra de las Deidades.
Masaki lo regañaba como si fuera un niño pequeño, eso molestaba a Isshin y trataba de no cederle la razón a su esposa aunque en el fondo sabía que ella la tenía. Él le había dado el poder para hacerlo, él lo había hecho su igual aunque le molestaran los regaños que ella le daba. Masaki siempre tenía razón.
Masaki era la voz de la razón en su vida.
— Lo volví comandante del reino… — Comenzó Isshin, pero Masaki levantó una mano para que se callara y la dejara continuar hablando. Ella ya lo había escuchado y en ese momento era su turno de ser escuchada.
— Ichigo debía de ser el heredero de la corona no el comandante, todo mundo apostaba por él cuando nació. Lo volviste Comandante porque se te antojó hacer a Kaien el heredero, porque no querías ponerlos a competir, porque tenías miedo de que tu "amado" Kaien se viera superado por Ichigo. — Soltó aquella molestia que había estado guardando por años y que no había dicho en voz alta. Fue como abrir una llave, la presión se liberó y todo empezó a salir más fácil.
— ¡Soy el rey! puedo disponer de mi herencia a como yo…
— ¡Ya sé que eres el rey! A mí no me tienes que estar repitiendo eso, me casé contigo. ¿Lo recuerdas? — Levantó la mano donde estaba el anillo que le había puesto el día que se casaron bajo la mirada de las Deidades. Isshin había pronunciado unos votos que tardó más en pensar que en romper.
— Kaien nació primero, él era el que debía… — Isshin intentaba terminar una oración coherente pero Masaki se lo impedía levantando la mano para que no hablara. Él había llegado buscando respuestas y por las Deidades que no se iría de esa habitación sin que hubiesen acabado de hablar.
— Nació primero y se volvió mi cruz el tener que cuidar del hijo de la mujer que se metió en la cama de mi esposo. ¿Qué te hice para que me hicieras eso? ¡Nada! Simplemente el rey no podía aceptar que ya no podía ir de un lado a otro correteando doncellas y llevándoselas a la cama. — Isshin no dijo nada y bajó la mirada ante eso. — Pero lo acepté porque te amaba y lo sigo haciendo porque te amo. Acepté que hicieras a Kaien el heredero de la corona porque no podía negar el extremo parecido del niño contigo, acepté que mi hijo fuera el comandante porque sabía que se bañaría de gloria en las batallas, las Deidades lo dotaron de una inteligencia para la estrategia sin igual y les agradezco por eso todos los días. Créeme cuando te digo que perdonarle la vida a tu hijo no era algo que tuviera opciones, por la sangre de Ichigo corre la sangre de más reyes que la de Kaien pero aun así no dije nada, me quedé callada y acepté lo que mi esposo y sabio rey dispuso.
— Ichigo es mi mejor hombre… — Intentó decir buscando de nuevo un argumento para rebatirle a Masaki algo. El enojo con el que había llegado se le estaba yendo como humo entre los dedos por lo que su esposa le estaba diciendo.
Masaki era una ola que no se podía parar y eso Isshin lo pudo ver en sus ojos al levantar la vista.
— ¿Y quién es tu mejor hijo? — Le preguntó de una manera tan seria y enojada que Isshin tembló un poco por la respuesta que luchaba por salir de sus labios. — ¡Dilo!
— No tengo hijos favoritos, ambos son iguales para mí. — Mintió y Masaki lo sabía.
Ella sabía cuál era la respuesta a esa pregunta. Masaki sabía que Ichigo era mejor que Kaien, pero a pesar de todo lo que Ichigo había hecho, Isshin por orgullo no lo admitiría; Isshin amaba demasiado a Kaien. Masaki odiaba a la madre de Kaien por eso.
Ambos se quedaron en silencio, mirándose el enojo en los ojos mutuamente. Masaki suspiró y el enojo en sus ojos se evaporó en ese instante, Isshin vio el amor que su mujer le tenía en ese momento como una flama que se movía salvaje dentro de ella. Su esposa se sentó en el espacio vacío junto a él y tomó su rostro entre sus manos que eran suaves como la seda, lo hizo verla y luego le dio un beso suave en los labios.
Isshin no resistió el contacto con los labios de Masaki, la había extrañado demasiado y sus manos se movieron con una habilidad inusitada sobre la ropa de su esposa que hacía lo mismo entre besos que eran cada vez más apasionados.
— Bienvenido a casa, mi tonto rey. — Susurró antes de sentir como los fuertes brazos de Isshin la estrechaban contra él y contra la cama.
