Cuando detuvo el vehículo a unos metros de la casa de huéspedes, Sasuke se metió en un fajo de billetes en el bolso de Sakura. Ella quiso protestar, pero Sasuke siguió fumando su cigarrillo y la ignoró por completo.

— Ya te dije antes que lo del dinero quedaría entre nosotros —murmuró mientras apagaba el motor. Apoyó el codo en la ventanilla abierta y se giró para mirarla—. Hablaba en serio, pero si como te dije prefieres considerarlo como un préstamo, eso es cosa tuya.

—Te prometo que te lo devolveré... algún día — respondió ella con aire miserable, mordiéndose el labio. Con lo poco que ganaba apenas si le alcanzaría para pagar el alquiler y comprarse la ropa que necesitara.

— Me da igual.

— Pues a mí no —repuso ella algo sulfurada. Dejó escapar un enorme suspiro—. Oh, Sasuke, ¿Qué voy a hacer? —gimió—. Por primera vez en mi vida me encuentro sola. Naru se ha marchado a Arizona, y no tengo más familia que él... —de pronto se dio cuenta de que estaba evidenciando su debilidad, y bajó la vista avergonzada —Disculpa, no me hagas caso, ya se que no debí haber dicho eso. Solo sé quejarme...

Sasuke no dijo nada. Nunca había visto a Sakura desesperada siempre estaba tan compuesta y calmada... era algo nuevo y algo incómodo verla tan vulnerable. —Si las cosas se te hicieron demasiado cuesta arriba —le dijo con voz queda—, siempre puedes venirte a vivir conmigo.

Ella emitió una risa ahogada. —Eso no haría mucho bien a nuestras reputaciones.

—Si las habladurías es lo que te preocupa —dijo Sasuke echando una bocanada de humo—, podemos casarnos —lo dijo de un modo indiferente, pero tenía los ojos fijos en ella.

A Sakura se le había cortado la respiración. Preguntándose si se trataría de una broma cruel.. —¿Por qué querrías casarte conmigo?

Sasuke no hubiera deseado tener que contestar a eso. No podía admitir que aún la amaba. —Tú necesitas un lugar donde vivir —le dijo encogiéndose de hombros—, y yo estoy harto de estar solo. Desde que Izumi e Itachi se casaron y se fueron, la casa parece un maldito mausoleo.

—No es verdad, lo harías porque me tienes lástima lo acusó ella.

—Tal vez —murmuró él dando otra calada a su cigarrillo —. Bueno, ¿y qué si es? así? —replicó molesto girándose hacia ella—. Tampoco es que tengas demasiadas opciones: o aceptas mi dinero para alquilar una habitación a la señora Simpson, o te quedas en el cochambroso almacén de la oficina de Kakashi Hatake, exponiéndote a ser seducida por él.

—Para ya con eso, ¿quieres? —masculló ella incómoda—. El señor Hatake no es de esa clase de hombres, y además, si ya no te importo, no tienes razón para mostrarte tan posesivo respecto a mí.

—¿No la tengo? —repitió él clavando sus ojos oscuros en los de ella—. Tal vez, pero me temo que es algo que no se puede evitar. Una vez estuvimos prometidos, Sakura, y los sentimientos que implican esa clase de relación no mueren fácilmente.

—Menuda relación fue... —murmuró ella con un suspiro—. Nunca entendí por qué quería casarte conmigo.

—Para mí no fuiste más que un tanto que me apunté —mintió él con frialdad—. Eras una joven rica y aumentara, y yo un chico provinciano lleno de ilusiones. Me lo hiciste pasar muy mal, pero la venganza es un plato que se sirve frío, y aquí estamos, yo me he convertido en un hombre influyente y con dinero, y tú te ves ahora humillada por el destino —entornó los ojos — No pienses ni por un momento que quiero casarme contigo porque quedé en mí algún rescoldo de pasión porque no lo hay.

Sakura lo miró con amarga tristeza. No era capaz de perdonarla. Se casaría con ella solo para hacerla suplicar su amor, un amor que él juraría una y otra vez que jamás había sentido. Tenía gracia que la despreciara porque creía que se había acostado con Sasori Akasuna, por algo que era una burda mentira. Aún era virgen, y sería desde luego un tremendo shock para él si llegaban a casarse y lo averiguaba.

—No soy tan estúpida como para pensar que aún me deseas —le respondió—, no después del modo en que herí tu orgullo —añadió alzando los ojos para estudiar el rostro arrogante—. Pero sí creía que me quería un poco, aunque nunca lo dijeras.

Aquello era verdad. Nunca había llegado a saber qué quería al casarse con ella. Hasta aquella noche no había dado muestra alguna de desear llevarla a su cama y no era un hombre que mostraba sus sentimientos de un modo abierto. Sin embargo, posiblemente por lo enamorada que estaba ella de el, no habia reparado jamas en lo poco que él se daba.

—Si lo que quieres es una cierta seguridad —dijo Sasuke ignorando sus palabras—, puedo dartela. Nunca te faltaría nada...aunque lógicamente no tengo la fortuna tu padre.

Sakura cerró los ojos al sobrevenirle una oleada de vergüenza. Precisamente su padre y su propia ingenuidad eran los culpables de que él estuviera resentido Sin embargo, estaba claro que lo único que quería era venganza, y no estaba dispuesto a ofrecérsela en bandeja de plata.

—Sasuke, no me casaré contigo —le dijo al cabo rato—. Sería una locura —murmuró.

Entonces de un modo inesperado, él puso su mano sobre la de ella, para retirarla al instante. —Es una casa muy grande —le dijo—. Solo viven López y María conmigo. Además, ni siquiera tendrá que trabajar si no quisiera.

Lo que Sasuke le dio era el cielo para ella... si tan solo lo hiciera de corazón no por lastima. No, era peor, no lo hacía únicamente por lástima, lo hacía por vengarse de su rechazo, y del infierno en que lo había sumido durante los últimos seis años. Su orgullo exigía una compensación. ¿Y no se lo debía?, se dijo Sakura con amargura, ¿no se lo debía después de lo que le había hecho?

Después de todo, aunque no tuviera su amor, era lo que siempre había soñado; pasar el resto de su vida junto a él. Desayunarían juntos, comerían juntos, cenarían juntos, tal vez viendo la televisión. Y dormirían bajo el mismo techo. Su corazón latió apresurado. Quería aquello más que nada en el mundo, lo quería desesperadamente.

— Imagino que tú no... Es decir, que no querrías.. —... «un niño». Era incapaz de decirlo. Solo Dios sabía cómo se las arreglaría para soportar lo que tendría que soportar para concebir uno.

—No, nunca te pediré el divorcio —repelió él malinterpretándola—. Soy un hombre de palabra, y cuando me comprometo a algo, lo cumplo.

Sakura no pudo evitar reconocer en sus palabras una acusación hacia ella. —¿Todavía me odias, Sasuke? —inquirió. Necesitaba saberlo.

Él se quedó mirándola un rato, fumando en silencio. — Ya no estoy seguro de lo que siento por ti.

Aunque Sakura hubiera preferido una declaración ardiente de amor, su declaración había sido sincera. Probablemente no debería aceptar su proposición porque era una locura, pero no pudo resistir la tentación.

—Me casaré contigo, entonces, si es que lo dices en serio —murmuró sin atreverse a mirar su mirada.

Sasuke se quedó paralizado, pero el pulso se le disparó al escuchar sus palabras. Sakura no podía imaginarse la cantidad de noches que había pasado en vela, ansiando tenerla junto a él, deseándola. Pero había perdido su confianza, y jamás podría recuperarla. No había vuelta atrás. Solo le había ofrecido esa solución porque necesita ayuda. Tenía que mantener la cabeza fría y los pies en el suelo. Tal vez ella incluso llegara al punto de mostrarse amable con él por gratitud, haciéndole daño otra vez. No podría bajar la guardia ni un momento, pero... ¡oh, Dios, la deseaba tanto!

—Muy bien, entonces no hace falta que vayamos a ver a la señora Simpson hasta que lo hayamos planificado todo —dijo.

Puso de nuevo el coche en marcha, camino de su rancho. ¿Por qué le temblaban las manos?, se pregunto molesto agarrando con mas fuerza el volante. No podía dejar que ella supiera hasta qué punto lo había afectado su respuesta.

Si a María y a López los sorprendió ver a Sasuke acompañado de Sakura, ninguno de los dos dijo nada. El anciano desapareció por la puerta de la cocina, mientras que su esposa les servía café con pastas. Sasuke no quería que se molestara, pero la mujer insistió, así que no tuvo más remedio que sentarse en su sillón orejero tras hacer un ademán a Sakura para que se hiciera otro tanto en el sofá que había enfrente.

—Gracias, María —le dijo Sakura con una cálida sonrisa

—No hay de qué, señorita, es un placer —repuso la mujer mexicana con otra sonrisa—. Estaré en la cocina si me necesita, señorito —le dijo a Sasuke antes de salir del salón, y cerrar la puerta discretamente.

—¿Solo, verdad? —inquirió él inclinándose hacia la mesita y señalando la cafetera plateada—, y sin azúcar.

—Sí, gracias —asintió ella. La agradó que recordara como le gustaba el café.

Tras servirle, Sasuke le tendió la taza y se le atribuye otra para él, añadiendo en cambio bastante leche y varias cucharadas de azúcar.

Sakura se quedó mirándolo, preguntándose por qué habría aceptado su proposición. Había sido una locura. Era como una fortaleza inexpugnable, y estaba claro que lo único que le interesaba era vengarse de ella. Claro que... por otra parte, tal vez viviendo bajo el mismo techo que él tuvo una oportunidad de demostrarle que todo había sido una treta de su padre. Lo único que tenía que hacer para probarle su inocencia, era hacer que la llevara a la cama, pero lo malo era que ahí residía el problema: esa clase de intimidad le daba un miedo atroz.

— ¿Por qué te sonrojas? —inquirió Sasuke de pronto.

— Es que... hace calor aquí —balbució ella tras aclararse la garganta.

— ¿Tú crees? — repuso él lanzando una risotada Tomó un sorbo de su café—. por si te lo estabas preguntando, tendrás tu propia habitación. No espero nada a cambio de darte cobijo.

Sakura se puso aún más colorada, y tuvo que contener el deseo de tirarle la taza a la cabeza. —Lo estás poniendo como si yo fuera una sin techo.

—Duele, ¿verdad? —dijo él con crueldad — En fin, lo cierto es que Naruto no puede mantenerte y no puedes vivir holgadamente con lo que te paga Kakashi Hatake... y no es que le critique por ello, pero es un hecho que las secretarias de las pequeñas ciudades de provincia no ganan demasiado.

— El dinero no me importa demasiado— repuso ella a la defensiva.

— Oh, claro que no —dijo Sasuke sarcástico. Y tomó otro sorbo de su café.

— Escucha, Sasuke... Fue todo idea de mi padre lo del falso compromiso con Sasori Akasuna y..,

— Tu padre jamás me habría hecho algo así— cortó él con aspereza. Un brillo amenazador cruzó sus ojos al inclinarse hacia delante— . No lo uses como chivo expiatorio solo porque está muerto. Siempre me hablo como un amigo.

«Eso es lo que tú crees», pensó ella con amargura. Estaba claro que no serviría de nada tratar de explicarle. No comprendía que Sasuke lo defendiera de ese modo solo porque su padre hubiera fingido que lo apreciaba

— Jamás volverás a fiarte de mí, ¿no es cierto? le preguntó con suavidad.

Sasuke se quedó estudiando un instante su bello rostro, los ojos verdes que se miraban en los suyos. — No, un gato escalado huye del agua. Pero si crees que me partiste el corazón, estás muy equivocada. Me di cuenta muy pronto de cómo era en realidad, y heriste mi orgullo, pero no llegaste a mi corazón.

— No creo que ninguna mujer lo haya hecho. No dejas que nadie se te acerque —repuso ella en el mismo tono suave, recorriendo con el dedo el borde de la taza.- Izumi me dijo que hacía mucho que no salías con nadie

—Tengo treinta y siete años —le grabó Sasuke—. Hace bastante que dejé atrás mis días de vivalavirgen, antes incluso de empezar a salir contigo —apuró el café y dejó la taza sobre la mesita. La miró fijamente.— Y los dos sabemos que tú también tuviste los tuyos, y con quién.

—No me conoces en absoluto, Sasuke —le espetó Sakura—. Ni ahora, ni antes tampoco. Antes me dijiste que para ti era un símbolo de estatus social, y al volver la vista atrás, supongo que así era en efecto —dijo riéndose con amargura—, porque recuerdo como me llevabas a todas partes, para exhibirme ante tus amigos Me sentí como uno de esos caballos purasangre que Naru solía llevar a cabo a las carreras de obstáculos.

—Si te llevaba a todas partes conmigo era porque eras bonita y dulce, y porque me gustaba estar contigo —repuso él con aspereza—. Todo eso de que te deseaba por tu estatus no era más que una tontería

—Vaya, gracias por decírmelo —murmuró Sakura recostándose en el sofá—. en fin, supongo que de todos modos, como tú decías, ya no importa demasiado— apuró también su café y dejó la taza sobre la mesita —. ¿Vamos a tener una boda por la ¿iglesia? —le preguntó.

—¿No te parece que ya somos un poco mayorcitos para esa clase de ceremonia? —respondió él.

—Yo quiero casarme por la iglesia —insistió ella.

—Muy bien, tendrás tu boda por la iglesia. Puedes quedarte en casa de la señora Simpson hasta que nos casemos, así será todo más discreto —Sasuke alzó los ojos tornados hacia ella — . Solo hay una cosa que quiero que quede bien clara: Ni se te ocurra presentarte ese día con un vestido blanco, porque si lo haces, te dejare plantada en el altar

— Y qué crees que pensarán las mujeres de la congregación si no voy a blanco? —dijo ella con una mirada dolida en los ojos verdes.

Sasuke se sintió mal. Quería vengarse por su romance con Sasori, pero lo cierto era que no quería ver la herida —Puedes ponerte algo que sea de color crema —concedió a regañadientes

El labio inferior de Sakura temblaba de rabia. —Llévame a la cama—le dijo. Lo desafió con la mirada, pero un rubor intenso tiño sus mejillas, y se estremeció ante su propio atrevimiento—. ¡Si crees que miento acerca de mi inocencia, puedo demostrarte que digo la verdad!

Sin embargo, antes de que Sasuke, que se había quedado de piedra, pudiera reaccionar, llamaron a la puerta y entro López con mensaje para Sasuke. —Tengo unos asuntos que atender —le dijo este a Sakura tras leer la nota que le tendió López—. Puedo llevarte a la casa de huéspedes y luego tal vez quieras llamar a Izumi para que te ayude con los preparativos de la boda: las invitaciones y demás.

Sakura no discutió. Se sintió moralmente agotada. ¿Sería capaz de avergonzarla públicamente, como una adúltera exhibida por las calles? Apretó los dientes obstinados mientras subían al coche. No iba a permitírselo, iría de blanco, y si la dejaba tirada frente al altar, tal vez fuera lo mejor después de todo. Además, sabía que Sasuke era perro ladrador pero poco mordedor, por lo que seguramente no pretendía llevar a término esa amenaza...o al menos eso era lo que ella quería creer. ¡

Si tan solo las cosas pudieran volver a ser como seis años atrás...! Sakura había conocido a los Uchiha de toda la vida. De hecho, su hermano Naruto e Itachi, el hermano de Sasuke, eran muy amigos, lo que implicaba que ella y Sasuke se vieron de vez en cuando. Al principio se había mostrado frío y distante, pero Sakura se lo había tomado como un reto, y había comenzado a picarlo, ya flirtear con él de un modo ingenioso... y el cambio que se produjo en él fue espectacular.

En una ocasión habían acudido a una fiesta de Halloween que organizaba un amigo mutuo, y alguien le había dado a Sakura una guitarra, pidiéndole que tocara. Sasuke se había sorprendido de su habilidad con aquel instrumento, pero al rato su anfitrión apareció con otra guitarra e insistir en acompañarla. Ella trató de tocar más espacio, pero él era bastante torpe, y finalmente Sasuke se acercó, y sin una palabra dañada la mano hacia el anfitrión para que le dejase la guitarra, y este accedió con una sonrisa que Sakura no comprendería hasta momentos después, cuando Sasuke se sentara junto a ella, e interpretara La rosa de San Antonio con tanta pasión que los presentes aplaudieron entusiasmados. Después, tocaron una canción juntos, sin dejar de mirarse y, al llegar a la última nota, Sasuke le dedicó una sonrisa tan encantadora, que ella le entregó en ese instante su corazón.

No fue algo arrepentido, en realidad. Hacía mucho que la había impresionado lo cariñoso y amable que podía ser, como cuando Itachi y él se dijeron en los tutores legales de Izumi al morir sus padres en aquel accidente de coche. Además, Sasuke estaba siempre dispuesto a echar una mano a quien la necesitase, y no había otro hombre en Jacobsville más generoso y trabajador que él. Cierto que tenía un fuerte temperamento, pero sus hombres lo respetaban, porque no les exigía nada que no se exigiese a sí mismo. Era copropietario del negocio junto con su hermano, pero él era siempre el primero en llegar y el último en marcharse cuando había algo que acabar. Tenía tantas cualidades admirables... Además, en aquella época, Sakura era joven e impresionable, y tenía la edad justa para enamorarse perdidamente de un hombre mayor que ella.

Después de aquella noche se tropezaban en todas partes: en el restaurante donde almorzaba los martes y los jueves con una amiga; en distintos eventos sociales; en los mercadillos benéficos; cuando iba a dar un paseo a caballo cerca del rancho de los Uchiha... frecuentar los lugares que ella frecuentaba. Sin embargo, se había enamorado de él y, cada segundo que pasaba a su lado, se enamoraba más y más de él.

Y de pronto, un día, todo cambió. Habían ido a hacer una excursión juntos a caballo, y tras detenerse para que descansaran sus monturas, se habían puesto a pasear hasta que Sasuke se paró bajo un árbol, apoyándose en un tronco. No dijo una palabra, pero la mirada en sus ojos no podía ser más elocuente. Tenía un cigarrillo en la mano derecha, pero le tendió la otra a Sakura. Ella no sabía qué iba a pasar, pero tomó su mano. El corazón le palpitaba con violencia, y no podía dejar de observar los labios de él con ansiedad. Quizá Sasuke sabía que lo deseaba, pero no se aprovechó de ello.

La atrajo hacia el. Solo sus manos se tocaban. Los ojos negros de Sasuke buscaron los iris verdes de Sakura, inclinó despacio la cabeza, dio tiempo para dudar, para apartarse, para mostrarle que no quería lo mismo que él... Pero Sakura sí lo quería. Se quedó muy quieta, sin cerrar los ojos, hasta que los labios de Sasuke rozaron los suyos suavemente. Un instante después él alzó de nueva la cabeza y volvió a mirarla.

Dejó caer el cigarrillo sobre la hierba y lo aplastó con la punta de la bota, mientras el corazón de Sakura , amenazaba con salírsele del pecho. Los brazos de Sasuke la rodearon atrayéndola un poco hacia sí, se inclinó de nuevo sobre ella, y la besó con ternura y respeto. Sakura respondió, besándolo del mismo modo, le pasó los brazos por encima de los hombros, y dejó que su mente se hundiese entre lo que parecían interminables oleadas de placer.

Sasuke se apartó al cabo de un largo minuto y la soltó sin decir nada, para a continuación tomarla de la mano y seguir caminando. —¿Quieres una boda a lo grande, o te conformarías con una por lo civil? —le preguntó de improvisación, como si le estuviera hablando del tiempo.

Y así fue como se prometieron. Aquella noche Sasuke fue a su casa para darle juntos la noticia a su padre. Fue un tremendo shock para el viejo Minato Uzumaki, pero no se lo dejó entrever, recobrando pronto la compostura y charlando animadamente con Sasuke, brindando la bienvenida a la familia. Después, Sakura acompañó a Sasuke a su rancho para comunicarles la buena nueva también a Itachi ya Izumi, pero el primero había volado a Oklahoma para ver a un hombre por negocios, e Izumi había dejado una nota para decir que iba a pasar la noche en casa de una amiga. Así pues, se encontraron sin esperarlo con la casa para ellos dos solos. Sakura recordaba vivamente como se habían reído y brindado por su futura felicidad Sasuke la había abrazado y la había besado de un modo muy diferente,

— Sakura, vamos a casarnos —le susurró él encantado ante ese pudor—, no te haré daño.

—Lo sé —respondió ella ocultando el rostro en su camisa blanca—, es solo que esto es nuevo para mi, el estar asi... contigo.

—También es nuevo para mí —murmuró él. Su tórax subía y bajaba. Se desabrochó la camisa, botón a botón, la abrió, y sacudió suavemente las manos de ella en su pecho bronceado y musculoso. —Acaríciame, Sakura —la instó.

Ella se puso un poco nerviosa, pero cuando él se inclinó para tomar sus labios una vez más, empezo a relajarse ya disfrutar del tacto de su piel y de su aroma. Sasuke apretó las manos de Sakura más duramente contra sí, y cuando ella lo miró a los ojos, vio en ellos una expresión que no había visto antes en todas las semanas que habían estado saliendo, algo salvaje y fuera de control. Se estremeció al comprender que se trataba de deseo, pero antes de que pudiera reaccionar, Sasuke le pasó la mano por debajo de la nuca, atrayéndola hacia sus labios, devorándolos con besos breves como mordiscos, que tuvieron en ella un efecto inesperado y sorprendente.

Gimió asustada por aquellas sensaciones desconocidas, pero para Sasuke un gemido tenía un significado totalmente distinto. Creyó que estaba tan inmersa en placer como él, y las incursiones de su boca se hicieron mas insistentes a la vez que bajó las manos hasta las caderas de ella, alzándola hacia sí en un abrazo que la dejó sin sentido. Sabía muy poco acerca de los hombres y del sexo, los contornos rígidos de cierta parte de la anatomía de Sasuke le indicaron muy gráficamente que estaba excitado y lo sintió gemir dentro de su boca mientras se frotaba contra ella.

Sakura trató de revolverse, pero él era muy fuerte, y la pasión lo tenía desbocado. De hecho, no se percató de que ella estaba tratando de apartarse de él hasta que Sakura despegó los labios de los suyos y lo empujó rogándole que parara.

Sasuke alzó la cabeza con la respiración entrecortada y la frustración escrita en la mirada. —Sakura... — gimió él desesperado.

— ¡Suéltame! —le suplicó ella—, por favor, Sasuke... no...

—Pararé antes de que lleguemos al final —le susurró él contra sus labios, inclinándose para besarla de nuevo.

Las protestas de Sakura se vieron ahogadas por la cálida boca de él, y de pronto notó que la alzaba, en volandas y la llevaba al sofá, tendiendo sobre los suaves cojines La insoportable necesidad de ella hizo que Sasuke! se estremeciera antes de volver a besarla con fiereza,! tumbándose encima.

A Sakura le estaba entrando en verdadero pánico. Sabía lo que podía ocurrir, y era muy posible que él, a pesar de sus intenciones, no fuera capaz de detenerse llegado el momento.

— ¡Sasuke! —lo llamó suplicante.

— No voy a arrebatarte tu castidad, Sakura —murmuró él deslizando las manos hacia sus caderas—. Oh, Dios, cariño, no me hagas esto. Déjame que te ame, Sakura...

Sus últimas palabras se ahogaron al presionar sus labios de nuevo contra los de ella, con mayor ansia aun. A Sakura pronto le quedó patente la absoluta falta de control de Sasuke al sentir cómo empujaba sus caderas hacia las de ella, y cómo sus manos buscaban sus senos, pero fue al metro él una rodilla entre sus piernas cuando le entró un verdadero pánico.

Trató otra vez, de revolverse, y al cabo de un rato por fin él se percató de su oposición. Alzó la cabeza, con la llama de la pasión todavía en sus ojos negros, y se quedó mirándola un instante, desconcertado. Al leer el rechazo en la expresión de Sakura y notar la rigidez de su cuerpo, se apartó de ella y se puso de pie. Pasó un buen rato antes de que ella recobrara el aliento, y para entonces Sasuke se había alejado varios metros, y estaba apoyado en un mueble fumando un cigarro.

Tras varios minutos de tenso silencio, él atribuyó brandy en dos vasos, y le tendió uno a Sakura, sonriendo burlón ante el modo en que ella evitó rozarle aunque sea la mano al tomarlo.

—Espero que sepas que no tengo planeado dormir en otra habitación cuando nos casemos —le dijo sombrío.

—Lo sé —murmuró ella tomando un sorbo del vaso. Las manos le temblaban de un modo exagerado. Quería explicarle lo que le ocurría, pero Sasuke, con su actitud no se lo estaba poniendo nada fácil—. Sasuke, yo... soy virgen.

— ¿Acaso cree que no lo sé? —masculló él. Se volvió a mirarla, pero su rostro era una máscara impenetrable. — ¡Por amor de Dios, vamos a casarnos! ¿Esperas que me mantenga a un metro de ti hasta que te haya puesto el anillo en el dedo?

Sakura se enrojeció y bajó la vista al vaso. —Tal vez... tal vez sería lo mejor —dijo en un hilo de voz

—Teniendo en cuenta mi falta de control, quieres decir— apuntó él en un tono gélido que jamás había usado antes con ella.

Apuró el brandy y al cabo de un rato pareció disiparse su ira, para alivio de Sakura. No se disculpó, se acercó a ella, la tomó de la mano y le sonrió como si nada hubiera pasado. Siguieron bebiendo juntos y, cuando los efectos del alcohol empezaban a evidenciarse en ambos, le enseño una canción de taberna mexicana. En ese momento entraron María y López, que volvían de una fiesta, y tras una buena regañina de la mujer a Sasuke por enseñarle una canción tan grosera, él la había llevado de vuelta a casa.

Sakura había esperado el día de la boda con ilusión, pero también con miedo. Temía que llevó aquella pasión desenfrenada, se olvidara de no hacerle daño. Durante los días que siguieron, no obstante, la demostración de amor más apasionada que le hizo Sasuke fue tomarla de la mano y besarla en la mejilla, así que Sakura se relajó y volvió a disfrutar de su compañía. Y entonces, de pronto, su padre puso fin a su relación. Le dijo que debía dejar a Sasuke si no quería verlo perder todo cuanto tenía. Sasuke acabaría odiándola, el, la culparía por haberlo dejado en la ruina, y su matrimonio no tendría ninguna posibilidad, porque su orgullo se encargaría de destrozarlo.

Por aquel entonces ella era muy joven e ingenua, mientras que su padre era un perro viejo en cómo conseguir siempre lo que se propone. Consiguió la ayuda de Sasori Akasuna, prometiéndole una beneficiosa fusión, y la obligó a mentir a Sasuke, admitiendo que tenía un romance con Sasori, y que solo le interesaban el dinero y una elevada posición social, cosas que Sasuke no podía darle.

Hacía ya tanto tiempo de eso, se dijo Sakura, y había habido tanto dolor... Ella solo había querido proteger a Sasuke, evitarle la agonía de perder todo aquello por lo que su familia y él habían trabajado tan duramente. Y sin embargo, al mismo tiempo, había sacrificado su propia felicidad. No podía culpar a Sasuke por la frialdad con que la había tratado. Además, no se culpaba a sí mismo solo por haberlo hecho sufrir tanto, sino también por no haber sido honesta con él respecto a la razón por la que le daba pánico que la tocara.

Iba a casarse con ella por lástima, no por amor. Y estaban también sus deseos de venganza, claro. No sabía cómo iba a sobrellevar el vivir con él, pero estaba segura de que tan solo la proximidad lo llevaría a cambiar de actitud. Tal vez incluso, algún día, reuniría el coraje suficiente para decir la verdad y comprender.

Había dicho que se casaría con él, y no iba a echarse atrás. No, iba a tratar de hacer que aquello funcionara.