Capítulo 10: Despedida
Ichigo cumplió su promesa y le enseñó a Rukia lo que debía de saber sobre cómo guiar un señorío. Renji tenía razón, si nada hubiese pasado entonces ella eventualmente se habría casado con algún lord, y ella seguiría sin saber cómo se guiaba algo más allá de lo que concernía a la casa. Su madre le había enseñado un poco de eso pero Rukia era muy joven cuando empezó a hacerlo y no terminó porque se había ido a Adelaar con su padre.
Si no se hubiese ido, si la mágica Adelaar no la hubiese seducido, entonces ella quizás no se sentiría tan perdida, tan sola y tan pequeña.
Rukia dejó de pensar en el pasado, en lo que pudo haber sido si no hubiese ido con su padre a la mágica Adelaar, en su destino si no hubiese caído en los encantos de Kaien, en su vida si no se hubiese ido a las Tierras del Ocaso. Ella dejó de pensar en todo eso y se dedicó a pensar en su futuro, en lo que debía aprender e Ichigo se había ofrecido a enseñarle.
Entender las cuentas y la forma en que se administraba el dinero fue lo primero que Ichigo le enseñó y no pudo evitar preguntarse si el padre de Renji le habría enseñado a hacer eso a ella o se lo enseñaría a su hijo para que él llevara el control cuando fuera necesario. Rukia descubrió en ese momento, que la vida austera que le habían dicho que tenían era una farsa, había más dinero en las arcas del que ella podía imaginar pero el padre de Renji era quien se lo robaba. Una decepción más.
— ¿Cómo es que sabes de estas cosas? — Le preguntó Rukia a Ichigo una tarde cuando estaban corroborando unas cifras con lo que había en una bodega.
— Mi madre dice que debo de tener opciones, nunca seré rey y que yo sea el Comandante la pone de nervios. Ella prefiere que sea el señor de alguna tierra y tenga esposa, una esposa viva al menos, y más hijos en lugar de ir a la guerra. — Respondió Ichigo con calma e indiferencia marcando lo que estaba en la lista.
Rukia aprendió todo lo que pudo de Ichigo y muchas veces había terminado con dolor de cabeza porque eran cosas que no había manejado antes, no a ese nivel que incluía la vida de mucha gente, la posibilidad de supervivencia en invierno y los tributos anuales a la capital del reino.
— Si las cosechas van bien, tendrán suficiente grano para pasar el invierno y dar lo respectivo a la capital, si no habrá que buscar otras formas de completar lo que falta. El rey a veces suele ser generoso y perdona algunas faltas, dependiendo de la situación de la gente, así que este primer año no creo que sea tan estricto contigo. — Dijo Ichigo una tarde que soplaba una brisa cálida.
Pocos días después los representantes de las Deidades informaron que el verano había llegado y fue que se reunieron todos en el templo que había en "Pueblo Oscuro" como le había puesto Ichigo a la antigua ciudad de Bosque Oscuro. Se entregaron los primeros frutos de los primeros sembradíos y agua de la primera lluvia a las Deidades para que el verano fuera favorable y los frutos fueran los esperados en el otoño. Ese día Rukia había entrado junto con Ichigo para entregar una de las ofrendas decoradas con papeles de colores, la idea de que así debió ser si ellos hubiesen seguido con los planes de la boda la hizo sonrojarse ligeramente.
Ichigo se sentía tranquilo en Bosque Oscuro y aquello solo reafirmaba la idea de que quizás si podría tener una vida tranquila con su hijo lejos de la corona y todo lo que implicaba vivir en el palacio y dentro de la familia real.
Junto al verano, también llegó su cumpleaños, pero esa era una fecha que él no celebraba; en cambio, el cumpleaños de su hijo era algo que inevitablemente se festejaba sin objeción alguna. Juha estaba creciendo maravillosamente e Ichigo no podía negar que el niño tenía la sonrisa y la expresión de asombro de su madre; pero lo que lo hacía feliz era que su pequeño hijo era feliz correteando gallinas y jugando con los niños que de vez en vez iban a la Gran Casa.
Ese día, el día del cumpleaños de Juha, Ichigo dejó de lado el libro de las cuentas que Rukia le había entregado y salió de la oficina en donde estaba trabajando. Rukia y Orihime estaban en la cocina de un lado para el otro preparando no sabía qué pero incluía harina por montones, y ni siquiera se acercó a ellas, tenía miedo de terminar atrapado en esa vorágine que se traían y terminar lleno de harina como ellas. Su hijo estaba con los soldados y Kiyone lo cuidaba de cerca, de cierta forma le recordó a él cuando era pequeño. Su hijo necesitaba amigos de su edad, y los hijos de los soldados imperiales que servían en el palacio podrían haber sido sus amigos si estuvieran ahí.
— ¡Juha! — Lo llamó y el niño dejó de perseguir a las gallinas para ir detrás de su padre. Ichigo abrazó a su hijo y le dio un beso en la mejilla. — Feliz cumpleaños pequeño príncipe. — Felicitó a su hijo y le dio una pequeña medalla de las muchas que había obtenido en la guerra. Lo ayudó a ponérsela en el pecho y luego lo dejó ir para que él se las enseñara a Orihime y a Rukia. Kiyone salió corriendo detrás del pequeño niño e Ichigo se quedó con los guardias hablando un momento.
Rukia estaba cubierta de harina cuando llegó el pequeño príncipe luciendo la medalla en su pecho con una sonrisa llena de orgullo; pasar tiempo con aquel niño era mágico, la calmaba, la hacía feliz y lo mejor de todo, desde que ese niño había llegado a su vida las pesadillas habían cesado y en su lugar tenía sueños placenteros. Varias veces soñó con Ichigo, aunque eso nunca lo diría a viva voz, pero no eran como el sueño donde Yuki se iba aunque eso resultó más una premonición que un sueño, sino que era más como un recuerdo.
Desde que tenía esos sueños esperaba con ansias las noches para saber si tenía más de aquellos sueños. Eran como fragmentos de su vida que venían de a poco y casi estaba convencida de que eran recuerdos porque Ichigo se veía más joven, también veía una especie de miedo en sus ojos que en ese momento parecía que no encajaría en el hombre que estaba ahí. Muchas veces Rukia se preguntó cuánto tiempo más se quedaría Ichigo ahí, porque temía el día en que él se fuera y se llevara a su hijo; también temía que al irse Ichigo, ella extrañara su presencia.
De nuevo, Rukia consideró que aceptaría la propuesta de matrimonio si Ichigo se la volvía a ofrecer solo para poder estar con el niño más que por sus recuerdos, que en ese momento sentía que no tenían tanta importancia como ella le había dado al principio.
Todo ese tiempo que había estado Ichigo ahí, Rukia lo había llegado a conocer de una manera que no creía posible aunque estaba segura que lo conocía más de lo que imaginaba, era una sensación en el pecho que casi le gritaba en la cara pero que no podía comprender del todo.
Orihime elogió la medalla del pequeño príncipe y ella hizo lo mismo, le dieron una manzana picada en trozos y Kiyone se lo llevó para que siguiera jugando con las gallinas. Rukia pensó que sería bueno regalarle al niño una mascota, luego hablaría con Ichigo al respecto; en ese momento, tanto ella como Orihime estaban hechas un rollo en la cocina.
Para la hora de la cena, decoraron la enorme mesa con un mantel que era algo viejo pero estaba entero aunque un poco deslavado, en la cabecera de la mesa, el lugar donde solía sentarse Ichigo, pusieron un pastel pequeño cubierto de una especie de mermelada cremosa; ellas habían intentado hacer betún pero el pan estaba demasiado caliente cuando lo pusieron y todo de derritió. Sentaron al pequeño príncipe en la cabera de la mesa y le cantaron por su nacimiento y por ser ahora un año más grande.
El pequeño niño sopló las seis velas pequeñas que habían logrado hacer en los días anteriores y todos disfrutaron del pastel que no se veía como los que hacían en el palacio pero que definitivamente sabía muchísimo mejor. Comieron y rieron, los soldados estaban con ellos, las doncellas y cocineras que Orihime había contratado al llegar y todos los que vivían ahí, incluso las gallinas estaban debajo de la mesa comiendo lo que el niño tiraba de su plato.
Rukia reía, era feliz como no recordaba haberlo sido en los últimos años; platicaban y reían y convivían de una manera en que solo la fiesta de un niño podía provocar. Ichigo se acercó a ella y le agradeció por preparar todo aquello para el niño, le besó la mano y le dedicó una sonrisa que hizo a Rukia sonrojar. Momentos después, se dieron cuenta de que todos los veían y se separaron rápidamente.
Alguien había llamado a un cantante errante, o quizás se había invitado solo, ninguno lo supo pero el resto de la noche fue divertida para todos.
Estaba por terminar el verano, cuando empezaron a llegar los rumores de la guerra. Ichigo salía con Rukia muy seguido al pueblo oscuro, que era casi tan grande como la capital pero un poco más lleno de árboles, y le enseñaba a hablar con los vendedores y con las mujeres que había en los templos de las Deidades.
Tardó en ganarse la confianza de la gente, pero verla con el príncipe era como una forma de decir que la corona estaba respaldando lo que ella hacía. La gente confiaba en los Abarai y al descubrirse lo que habían intentado hacer, el humor general de la gente se volvió un enigma. Varias personas apoyaban lo que ellos habían hecho dándoles la razón, alegando que Rukia era casi una extraña ahí porque nunca había estado en Bosque Oscuro, y varios más apoyaban a Rukia porque ella era la legitima señora del lugar.
— Si te ganas a la gente entonces no importa lo que la minoría diga de ti, serán tus acciones contra lo que tienen que luchar. — Le había dicho una vez cuando estaban caminando entre las calles del mercado.
Fue esa vez que ellos escucharon los rumores de la guerra.
Los soldados que regresaban a sus hogares en Bosque Oscuro empezaron a contar lo que había pasado en la campaña. Hablaban de la forma en que el rey de Gardelia había humillado a su rey y de la ausencia del Comandante en Jefe del reino.
— El soldado enemigo bajó de un caballo tan blanco como su armadura y le dijo a nuestro rey que era un tonto y que teníamos que rendirnos o iban a matar al príncipe Kaien. — Dijo uno de los soldados mientras ellos se acercaban para escuchar mejor las noticias. La gente que lo escuchaba se tapaba la boca de la impresión, murmuraban entre ellos y se hacían el signo de las Deidades sobre el corazón.
Ichigo sabía lo que había pasado en la campaña, Uryu, Ulquiorra y su madre se lo habían contado en sus cartas, pero siempre era bueno saber lo que la gente decía de lo ocurrido; a veces exageraban un poco pero siempre era parte de la emoción de contar algo hasta hacerlo quedar mejor o peor para el recuerdo futuro.
— Entonces el rey mató al soldado y fue hasta el Palacio Blanco con una escolta de diez mil hombres y cuando volvieron regresaron con la victoria. — Esa parte no se la podía creer ni el soldado que lo contaba pero la gente vitoreaba.
Muchos de ellos no habían visto al rey de cerca más que por breves instantes en toda su vida, e Ichigo dudaba que conocieran al comandante en jefe del reino, menos que lo reconocieran a él si se lo encontraban en la calle vestido de manera común, pero uno de los soldados que estaba hablando levantó la mirada a donde estaba él y lo reconoció.
— ¡Su alteza, mi Comandante! — El soldado se levantó rápidamente haciéndole un saludo militar a Ichigo en toda la forma. — Su alteza, ¿por qué no fue a la Campaña? La victoria no sabe igual sin usted.
Ichigo lo miró y respondió su saludo. Él ya no era el Comandante en Jefe, había renunciado a eso cuando renunció a su derecho de sangre. Notó que todos lo miraban y le hacían una pequeña reverencia en muestra de respeto. Se sintió incómodo, él ya no era príncipe de nada, él solo era Ichigo y buscaba un lugar tranquilo para vivir el resto de su vida junto a su hijo.
— Tuve que cuidar el reino y el rey me envió a Bosque Oscuro para ayudar a la señora a cuidar sus tierras, la corona está en deuda con la familia Kuchiki. — Mintió Ichigo con toda la naturalidad que había en él. Ichigo era bueno en eso, Rukia solo se le quedó mirando de reojo al decir eso último. — Además, por lo que estoy escuchando parece que mi ausencia no cambió el destino, nuestro rey trajo la victoria y la riqueza a nuestro reino.
— ¡Viva el Rey Isshin! — Gritó un soldado y las personas que estaban reunidas en esa parte del mercado, que cada vez eran más, respondieron el "viva" a todo pulmón. — ¡Viva el príncipe Ichigo! — volvió a gritar el hombre y de nuevo respondieron el "viva" con algo más fuerza.
Ichigo solo se quedó con esa sonrisa agradecida en su rostro mientras los vitoreaban.
Después de eso y de hablar un poco con el soldado y con la gente que se acercaba a él con dudas, ambos regresaron a la casa caminando en silencio durante todo el trayecto. Su hermano había sido tomado como rehén y de alguna manera habían ganado, no sabía cómo era que la gente creía eso pero la decepción por aquella noticia le llegó y se le fue muchísimo antes de que los rumores de la guerra llegaran, su madre le había contado todo lo que hizo el rey con pelos y señales.
Rukia había dejado de insistir en que le contara sobre su pasado y supuso que estaba demasiado ocupada en su presente como para preocuparse por ese detalle, se alegra por eso pero nada lo alegraba más que ver a Rukia jugar con su hijo. Debía de admitir que el llamado de la sangre era fuerte y no podía negar que la sangre de su hijo y Rukia se atraían como un imán; por un momento Ichigo tuvo miedo de perder a su hijo, que la sangre le jugara en contra y que el niño simpatizara demasiado con Rukia.
Quizás sería buen momento para contarle la verdad aunque no sabía cómo iba a reaccionar ella; lo que él le hizo no sería fácilmente perdonable.
— Llegó una carta del rey. — Dijo Orihime aquél día.
Ichigo despegó la vista del libro de cuentas que Rukia había llenado comprobando que todo estuviera bien, él estaba feliz porque ella ya podía arreglárselas sola y podía sentirse tranquilo con respecto a ese asunto, y fijó su atención en Orihime.
Ella estaba feliz e Ichigo supuso que su General le había escrito. Ichigo extendió la mano y la chica le entregó la carta como si le quemara la mano antes de ir con Juha para prepararlo para las celebraciones de la tarde. Ichigo se quedó mirando el papel con el sello de su padre en laca negra, era la primera carta de su padre desde que le había presentado su renuncia. Dudó en abrirla, tuvo miedo de lo que podía contener la carta pero debía de hacerlo así que rompió el sello para ver su contenido.
—
Ichigo, espero hayas disfrutado tus vacaciones en Bosque Oscuro pero necesito a mi Comandante de vuelta en el palacio. Tu hermano se va a casar y tienes que estar presente en la boda. Si quieres puedes traer a tu esposa, ya no importa. Necesitamos hablar de esto frente a frente.
Es una orden.
Isshin.
—
Corto, conciso y muy propio de su padre; Ichigo podía sentir el enojo en cada curva demasiado forzada en las letras y soltó un suspiro. La volvió a leer, mencionaba a su esposa pero él no tenía esposa, había roto el compromiso con Rukia y se lo había comunicado a su madre; seguramente ella no se lo había dicho a su padre por si reconsideraban las cosas.
Esa carta era del tipo de carta que no se responde sino del tipo que te hace viajar en ese mismo momento al llamado. Él no lo haría, no viajaría esa noche porque le había prometido a Rukia acompañarla a las celebraciones de otoño y no la dejaría sola.
Rukia eligió para ese día uno de los vestidos que Ichigo le había regalado mientras aún estaban en Adelaar. Era un vestido azul medianoche con hilos plateados, era verdaderamente hermoso y le gustaba como se veía en ella. Kiyone la ayudó a vestirse, desde la ropa interior hasta los zapatos, también la peinó y delineó sus ojos con un poco de aquél maquillaje negro haciéndolos más expresivos.
Rukia se vio en el espejo y se sintió bonita, no como esa sensación que tuvo en el palacio para las celebraciones de primavera, sino realmente bonita. La Rukia de la primavera era producto del rey, y la Rukia del otoño era producto de Ichigo. Él le había dado confianza en sí misma, le había hablado de manera amable y había sido bueno con ella.
Ichigo había sido todo un caballero, nunca intentó nada con ella y nunca la tocó más allá de aquél educado beso el día de la celebración de cumpleaños de Juha. Ichigo era bueno y amable, y Rukia pudo ver al padre que él era. Ichigo amaba a su hijo, y aquello hacía a Rukia feliz de una manera que ella no podía entender; incluso la había escuchado cuando ella sugirió regalarle una mascota y entre los dos habían conseguido un pequeño cachorro de perro muy peludo pero que de inmediato fue del agrado de Juha.
Cuando Rukia salió de su habitación y se encaminó a la escalera para dirigirse a la salida, se encontró con Ichigo esperándola en la base de estas, vestido como el segundo príncipe del reino; con una elegancia que Rukia no había visto desde la primavera. En la celebración de verano, Ichigo solo iba vestido de manera común, no como lo estaba en ese momento.
Rukia sintió las mejillas sonrojarse al verlo extender su mano para que ella la tomara y pudieran salir juntos de la Gran Casa.
— Te ves hermosa, mi señora de Bosque Oscuro. — Comentó Ichigo con una sonrisa haciendo a Rukia sonrojarse por el comentario. — Si tuvieras una tiara, parecerías una princesa.
— ¿Princesa de dónde? ¿De los árboles? — Preguntó Rukia desviando el tema a propósito y haciendo a reír a Ichigo.
— Una tiara con hojas de esmeralda y plata. — Comentó Ichigo, como si estuviera evaluando algo.
Rukia iba a decir algo pero Juha llegó corriendo a donde estaban ellos e Ichigo inmediatamente lo sujetó entre sus brazos sin importarle si se manchaba la ropa o no. Juha le dijo a su papá que se veía muy guapo, y luego le dijo a Rukia que parecía una princesa de los cuentos que le contaba Orihime.
Ichigo sonrió por eso y le dio un beso en la mejilla a su hijo antes de que todos se subieran al carruaje que los llevaría a la ciudad. Ichigo había permitido que Juha fuera, solo porque no podía dejarlo en la Gran Casa, pero le había pedido a Orihime que no permitiera al niño ver el sacrificio.
Rukia no estaba nerviosa, sabía cómo eran las celebraciones de otoño y sabía que habría un gran baile después de los ritos a las Deidades; así que más que nerviosa, estaba emocionada.
Todo transcurrió con calma y alegría en la celebración de otoño. Rukia estaba en su papel de Señora de Bosque Oscuro e Ichigo era un príncipe invitado, así que cuando terminaron los ritos e inició la música, ellos abrieron el baile. Ichigo le hizo un par de bromas a Rukia mientras bailaban que la hicieron reír, y por un momento Rukia olvidó que estaban rodeados de gente que los miraba. Rukia se sentía feliz y cómoda junto a Ichigo, como si hubiese vuelto realmente a casa. Como si él fuera su hogar.
Cuando terminó todo, a Rukia le dolían los pies de tanto bailar y la garganta de tanto reír. Regresaron todos juntos a la Gran Casa, con Juha durmiendo en los brazos de Ichigo de manera tan pacífica que Rukia sintió paz. Rukia no podía despegar la mirada de la forma tan amorosa con la que Ichigo trataba a su hijo, que incluso esa noche se quedó mirándolo desde la puerta mientras Ichigo arropaba al pequeño niño para dormir.
— Eres un gran padre. — Le felicitó Rukia cuando él salió de la habitación donde Juha dormía junto con Orihime.
— Lo hago lo mejor que puedo, es mi único hijo. — Ichigo dijo eso dándole una última mirada al pequeño que dormía y luego volteó a ver a Rukia. — Ven, tenemos que hablar.
Aquella forma tan seria en la que Ichigo dijo esas palabras, hicieron que Rukia sintiera un nudo en el estómago; nada bueno venía detrás de esas palabras. Rukia asintió y lo guió a su habitación, que estaba cerca de la de Juha, para que pudieran hablar en privado. El silencio entre los dos fue denso y pesado, pero Rukia no lo rompió hasta que ella se sentó en su cama e Ichigo se sentó en una silla cerca de ella.
— Bien, ¿de qué tenemos que hablar? — Preguntó Rukia sin esconder los nervios en la voz. Ella no sabía qué pensar, el silencio y la seriedad de Ichigo la ponían ansiosa.
— Nos tenemos que ir. — Comenzó Ichigo haciendo que Rukia se levantara de su asiento como un resorte; ella no había esperado escuchar esa frase.
— Pero no puedo irme, apenas estoy aprendiendo sobre esto de ser una señora y todas esas cosas, y no puedo… — Le respondió confusa e Ichigo solo negó con la cabeza interrumpiéndola.
— No me expliqué bien, me tengo que ir con mi hijo y Orihime, el rey nos ha llamado a Adelaar. — Ichigo solo pudo ver como Rukia se volvía a sentar con la decepción en el rostro.
— ¿Cuándo?
— Mañana partimos.
— ¿Tan pronto? — Su voz sonaba agitada, como si le hubiesen sacado todo el aire de un instante.
— Si, el rey lo ha ordenado y no hay manera de oponerse a eso. — Respondió Ichigo tan serio como podía. Lo último que quería era dejar a Rukia sola, pero no había manera de llevarla con él. Ella era la señora del bosque y debía defender su legado, y en Adelaar estaba Kaien, y no quería exponerla a él porque sabía que Kaien le haría daño de una forma u otra; por eso no le había vuelto a pedir matrimonio.
— Está bien. — Ichigo pudo sentir la resignación en la voz de Rukia que sonaba apagada.
Ichigo quería levantarse y sentarse junto a ella, tomarla del rostro y prometerle que regresaría pero no era posible, no había nada entre ellos y aunque él la amara, ella no lo hacía y nunca lo hizo. A Ichigo le tomó casi ocho años entender eso. Hubo silencio durante un momento antes de que Ichigo decidiera hablar de nuevo.
— Hace tiempo me preguntaste lo que había pasado en el bosque. — Ichigo comenzó a hablar atrayendo la atención de Rukia. Él se levantó de su silla y se sentó junto a ella. — Yo te dije que te contaría lo que pasó si te casabas conmigo, lo aceptaste y luego vi tanta emoción en tu rostro cuando pensaste que ya no nos íbamos a casar que tuve que romper el compromiso. No se puede obligar a alguien a estar a tu lado sin una cuota de infelicidad permanente.
Rukia iba a decir algo pero él lo evitó, le había costado tanto armarse de valor y tejer la mentira, que sentía que si ella lo interrumpía entonces no podría hacerlo. No le diría la verdad, pero le diría lo suficiente para darle la paz que necesitaba ella y que pudiera seguir con su vida lejos de todos lo que le habían hecho daño.
— No puedo negarte el saber lo que pasó en el bosque porque tal vez sea la última vez que nos veamos. Yo volveré a Adelaar y tú eres la señora de estas tierras. — Ichigo le acarició la mejilla de una manera tan suave que a Rukia le pareció que había añoranza. — Siempre he estado enamorado de ti, Rukia, desde el día en que llegaste a Adelaar y viste el palacio por primera vez; desde que vi la sorpresa en tus ojos que brillaban de una manera que no había vuelto a ver hasta hoy. Tú no me viste, veías a Kaien, todo mundo veía a Kaien. Kaien es la versión joven de mi padre y en ese tiempo ya lo habían nombrado el heredero de la corona; él estaba reluciente de felicidad y deslumbraba a su paso.
— Yo no… — Intentó hablar Rukia pero uno de los dedos de Ichigo se posó suavemente sobre sus labios para que no hablara. Ichigo cerró los ojos con fuerza, como si se concentrara en lo que iba a decir y luego la miró de una manera tan penetrante que Rukia sentía su alma temblar.
— Tú sonreías al verlo a él y yo sonreía al verte a ti. Sé lo que pasó entre ustedes, Kaien sabía lo que yo sentía por ti y no dudó en decirme lo que pasaba cuando te visitaba. No sé qué te prometió y no me interesa. La noche que lo descubriste con otra chica, esa noche que casi te mata por enfrentarlo, yo te saqué del palacio y te llevé a una cabaña abandonada en el bosque. Yo sé que eso lo recuerdas. Regresé al palacio y dije que habías huido pero Kaien no me creyó; él les dijo a los soldados que te buscaran y temí porque te encontraran en la cabaña, así que salí a escondidas para ir a verte. Esa fue la última vez que te vi, estabas decidida a irte a tu casa a pesar de estar herida, intenté convencerte de que esperaras pero cuando volví al día siguiente ya no estabas. No supe de ti hasta que uno de los soldados dijo que te había visto subir a un barco. No sé cómo llegaste a Bosque Oscuro y no lo investigué, solo me alegré de saberte viva y lejos del palacio.
Ichigo terminó de hablar y Rukia se le quedó viendo sin saber qué decir; al fin tenía la verdad que tanto había querido y supo la razón por la que Ichigo se quería casar con ella. Ichigo se levantó de su lugar en silencio, le acomodó el cabello detrás de la oreja y le dedicó una última mirada.
— Descanse, señora de Bosque Oscuro, nosotros partiremos temprano. Guíe bien a su gente y que su tierra sea próspera. — Ichigo se dio la vuelta dirigiéndose a la salida y al abrir la puerta sintió los brazos de Rukia alrededor de su pecho; Rukia lo estaba abrazando por la espalda.
— Por eso no me quería casar contigo, Renji lo dijo, quién querría algo que…
— No termines la oración, tú no eres algo, eres Rukia, eres una persona no un objeto. — Ichigo se giró entre sus brazos para mirarla de frente. — No vuelvas a decir esa infame oración.
— No te vayas, me casaré contigo si quieres. — Rukia habló de una manera desesperada. Ichigo intuyó que ella no quería que él se fuera para no se llevará al pequeño y aquello le dolió; siempre por todo, menos por él.
— No. No me amas Rukia, no te obligaré a estar conmigo para que lleves una vida de infelicidad a mi lado, solo… solo déjame hacer esto… — Ichigo levantó suavemente el mentón de Rukia acortando la distancia entre ellos hasta que no hubo más espacio.
Rukia no sabía si lo amaba o no, solo sentía que al estar junto a él había una paz y una seguridad que durante mucho tiempo había estado buscando. Cuando sintió los labios de Ichigo sobre los suyos, tembló un momento y respondió el beso de una manera suave, como si hubiese esperado por ese beso durante mucho tiempo. Rukia no rompió el beso ni lo alejó de ella, sino que subió sus manos por el pecho de Ichigo y abrió ligeramente la boca haciendo que poco a poco ese beso se fuera profundizando.
Ichigo la tomó de la cintura y la hizo borrar toda la distancia entre ellos, le acarició la espalda con suavidad y probó la saliva de Rukia mezclada con el vino que habían bebido en la fiesta. Ichigo durante mucho tiempo había esperado ese beso, y por un momento todos sus deseos por Rukia se desbordaron, sus manos dejaron de acariciar su espalda y se posaron es sus caderas al mismo tiempo que sentía la lengua de Rukia pelear con la suya por la dominación de aquél beso.
Rukia poco a poco fue guiando a Ichigo a la cama, y poco a poco empezó a abrir los botones de la ropa de Ichigo con tal de deshacerse de esta, hasta que él la detuvo. Ichigo fue consciente de lo que iba a suceder y suprimió todos los impulsos y deseos que sentía por Rukia en ese momento. La miró fijamente a los ojos y sostuvo la mano de Rukia que intentaba desnudarlo.
Él le había confesado su amor y ella se lo iba a llevar a la cama; esa historia él ya la había vivido y sabía cómo terminaba todo.
— No, Rukia. — Susurró Ichigo y su voz sonaba agitada. — Esto no está bien.
— Me dijiste que me dirías la verdad en la noche de bodas y me la has dicho ahora, así que es justo que yo haga mi parte. — Respondió Rukia e Ichigo cerró los ojos.
— No es necesario. Yo no te dije todo esto para que te acostaras conmigo. — La voz de Ichigo sonó en un susurro y se alejó un poco de ella para poder mirarla. — No necesito que me pagues así, sino siendo una gran señora que trae prosperidad a su gente. Págame siendo feliz y teniendo una larga vida.
— Es porque estuve antes con... con… — Rukia intentó completar la frase pero solo pudo bajar la mirada. — Es porque no serás el primero, ¿no es así?
— ¡No! Eso no tiene nada que ver, Rukia. — Ichigo se apresuró a tomar el rostro de Rukia entre sus manos para que ella lo viera. — Si me importara eso, no te habría propuesto matrimonio antes. Eso no me importa, porque tú eres tú.
— Yo soy yo… pero yo no podré casarme nunca, y si lo llego a hacer, mi marido podría despreciarme o humillarme. Siempre dudará de si los hijos que le dé serán de él o no cuando yo no pase la prueba de sabana. — Las lágrimas de Rukia se juntaban las comisuras de sus ojos. — ¿Qué hago Ichigo? ¿Qué hago si sé la vida que me espera? ¿Qué hago si no puedo hacer esto con libertad con quien deseo? Dime qué hago, porque tú te vas mañana y yo me voy a quedar aquí.
Las lágrimas escurrieron por las mejillas de Rukia, e Ichigo sintió el corazón dolerle al verla así. Esa plática ya la habían tenido, muchos años atrás, y muchos años atrás él había cedido a esa petición. Ichigo limpió las lágrimas de Rukia con los pulgares, de una forma tan suave que Rukia cerró los ojos en ese momento.
— ¿Cómo una despedida? — Preguntó Ichigo de manera suave haciendo que Rukia abriera los ojos lentamente.
— Como una despedida. — Respondió Rukia en un susurro.
Ichigo asintió ante la respuesta de Rukia y soltó un suspiro. Eso en verdad sería una despedida para él, porque él se iría y dejaría atrás su corazón y sus sentimientos por Rukia. En el fondo sabía que tanto Kaien como él le habían quitado demasiado a Rukia.
Ichigo le dio un beso muy suave en los labios a Rukia y la hizo darle la espalda de manera lenta, le dio un suave beso en la nuca y de inmediato sintió a Rukia tensarse en un gesto de incomodidad. Ichigo no tuvo que preguntar por qué ella reaccionaba así, Kaien le había dicho que se había acostado con ella en la noche de las Deidades e Ichigo pudo imaginar, por esa simple reacción, que quizás la experiencia no fue del todo agradable para Rukia.
— Di mi nombre cada vez que abras la boca. — Susurró Ichigo en su oído de manera suave. — Ichigo… Ichigo… Ichigo…
Rukia asintió ante aquella petición e Ichigo le dio un suave beso en la nuca haciendo a Rukia tensarse de nuevo, pero esa vez ella repitió su nombre de manera suave. Ichigo empezó a desatarle el vestido de forma lenta hasta que todos y cada uno de los listones quedó deshecho y la tela se aflojó. Ichigo le dio un par de besos en la espalda a Rukia, y la escuchó susurrar su nombre en cada beso. El vestido cedió de forma lenta hasta que cayó al piso y Rukia solo quedó con el camisón interior, que cayó al piso unos segundos después haciendo que toda su piel se le erizara en ese momento.
Rukia se giró sobre sus talones para quedar frente a Ichigo, y lentamente le empezó a abrir los botones del saco hasta hacer que terminara en el piso junto a su vestido; su camisa fue lo que le siguió al saco hasta que Ichigo quedó desudo de la cintura para arriba. Rukia se paró de puntitas y besó a Ichigo de nuevo, de una forma dulce que poco a poco se fue haciendo cada vez más intensa, sintiendo las manos de Ichigo en su cintura, y sintiendo como él lentamente la fue guiando a la cama hasta hacerla recostarse suavemente.
Ichigo podía sentir que Rukia estaba tensa, la sentía nerviosa y podía ver en sus ojos el deseo por estar con él, así como el miedo que la frenaba haciéndola quedarse quieta sobre la cama, como si esperara que todo pasara rápidamente. Ichigo aún tenía los pantalones puestos, pero aun así se subió a la cama y se acomodó entre las piernas de Rukia, que cerró los ojos tratando de no poner mucha atención a ese momento.
Rukia quería hacerlo pero tenía miedo, el recuerdo de primavera la hacía tener miedo.
— Ichigo… — Susurró él antes de darle un suave beso en los labios.
Rukia repitió su nombre en un susurro muy suave, tratando de relajar su postura, e Ichigo le dio un suave beso en la mejilla, luego en el cuello y las clavículas; poco a poco él fue bajando por el cuerpo de Rukia, dejando suaves besos por toda su piel, en sus pechos que se erizaban al sentir su aliento caliente y en su abdomen, llegó hasta su ombligo y su vientre. Rukia se tensaba de vez en vez, pero repetía el nombre de Ichigo justo como él había pedido; imaginándolo bajar por su cuerpo entre besos que la hacían suspirar. Ichigo llegó hasta sus muslos y los besó de manera suave y dulce, haciendo que Rukia jadeara su nombre y se aferrara a la cama; aun no era una reacción del todo placentera de Rukia, pero cada vez parecía ser más fácil para ella.
Ichigo se acomodó entre las piernas de Rukia, haciendo que ambas descansaran sobre sus hombros antes de empezar a repartir besos en su entrepierna; primero de manera suave y poco a poco fue aumentando la intensidad de aquellos besos tratando de que Rukia sintiera placer en ese momento. Rukia seguía nerviosa, pero lo que le estaba haciendo Ichigo con la boca y la lengua la hacían suspirar cada vez más fuerte y más rápido. Intentaba repetir el nombre de Ichigo, pero sus besos lo volvían imposible hasta el punto que solo podía soltar gemidos cada vez más rítmicos.
El temor se había ido desvaneciendo poco a poco con aquellos besos, y Rukia se sintió tan libre que apretó las piernas cuando Ichigo tocó con su lengua una zona de ella demasiado sensible. Rukia arqueó la espalda, se aferró a la cama y gimió el nombre de Ichigo cuando el placer llegó a ella en una oleada que la cubrió por completo. Ichigo no se detuvo hasta unos momentos después, cuando sintió que Rukia quedaba lánguida y relajada en la cama; fue en ese momento que poco a poco salió de entre sus piernas y empezó a darle besos desde el ombligo hasta las clavículas para luego susurrar en su oído.
— ¿Quieres que sigamos? — La voz de Ichigo sonó ronca por el deseo, y Rukia solo asintió como respuesta, llevando sus pequeñas manos hasta el pantalón de Ichigo para empezar a abrirlo. — Está bien.
Ichigo permitió que Rukia le quitara los pantalones y de nuevo se acomodó entre las piernas de Rukia. De nuevo la sintió tensa y le acarició suavemente el rostro, le dio un suave beso en la frente y le besó las clavículas con suavidad. No entró en ella, no en el momento en que se acomodó, sino dejó besos suaves y dulces, moviéndose lentamente sobre ella solo para estimularla de esa manera, hasta que Rukia buscó sus labios para besarlo y movió las caderas buscando la manera de que él entrara en ella; fue en ese momento, mientras la besaba y saboreaba su saliva, que él lo hizo.
Ichigo soltó un jadeo sobre los labios de Rukia y la sintió tensarse de nuevo por un breve instante. Ichigo se detuvo en ese momento, temeroso de lastimarla o hacerla sentir incómoda, y él se sintió como la primera vez que estuvieron juntos.
— No te detengas, Ichigo. — Susurró Rukia en un tono de voz tan sensual que Ichigo volvió a besarla antes de empezar a mover las caderas en su contra.
Rukia soltó las sabanas a las que se estaba aferrando, y abrazó a Ichigo antes de romper el beso para empezar a soltar gemidos rítmicos cada vez más fuertes. Sus pequeñas manos recorrieron su espalda y sintieron las cicatrices que él tenía, pero en vez de que le parecieran extrañas, las acarició mientras Ichigo le besaba el cuello y los hombros sin dejar de embestirla. El placer que Ichigo le causaba en ese momento la hacía cerrar los ojos y apretar las piernas, como si quisiera hacerlo prisionero entre ellas tanto como fuera posible.
Rukia no dejaba de gemir y repetir su nombre cada vez que él le hacía sentir un espasmo de placer; ella arqueaba la espalda y él la tomaba de las caderas solo para levantarla un poco más y llegar hasta lo más profundo de ella. Rukia subió las manos sobre su cabeza, aferrándose a la cabecera de la cama y empezó a soltar gemidos verdaderamente fuertes, rayando en lo obsceno, que hizo que Ichigo empezara a embestirla más rápido.
Ichigo la besó, le hizo el amor, y se la cogió tan duro, que Rukia perdió la cuenta de todas las veces que Ichigo la hizo terminar esa noche; también perdió la cuenta de cuantas veces él se había detenido para evitar terminar dentro de ella. Ichigo durmió en su cama esa noche, y Rukia despertó sintiendo el abrazo posesivo de él sobre su cuerpo; quería que él se quedara con ella, que no volviera a la capital y que le volviera a hacer lo que le hizo la noche anterior, pero que esa vez él no se detuviera sino que terminara con ella.
Rukia sentía que todos los besos y las caricias que Ichigo le dio, le habían limpiado el cuerpo y el alma de aquellos recuerdos de primavera. Se sintió libre, feliz y en paz.
Cuando Ichigo se fue, se despidió de ella con un suave beso en la mano, pero le dejó el anillo que antes había usado para pedirle que se casara con él.
— Es tuyo. Siempre lo fue. — Comentó Ichigo despacito antes de que Juha se acercara a ella y le diera un pequeño beso en la mejilla.
— Gracias Kia. — Dijo el niño con una sonrisa enorme mientras el pequeño cachorro estaba dando vueltas alrededor de él. — Hoy te ves más bonita que ayer, ¿verdad papá?
Rukia se sonrojó por aquel comentario y trató de ver a otro lado, pero fue inevitable no ver el ligero sonrojo en las mejillas de Ichigo al responder a esa pregunta con una sonrisa y sujetar al niño en brazos.
— Si, mi pequeño príncipe. La señorita Rukia se ve más bonita que ayer, ahora vámonos porque se nos hace tarde y tu abuelo nos espera.
El pequeño príncipe sonrió emocionado y momentos después, todos partieron de la Gran Casa. Rukia habría querido ir con ellos, pero en el fondo Ichigo tenía razón, ella era la dama del bosque y debía de cuidarlo.
