Capítulo 11: Trampas


Adelaar se levantaba enorme y majestuosa sobre aquél risco que con los años se había ido puliendo hasta lo que era en ese momento, sus grandes torres eran alumbradas por las antorchas que estaban encendiendo una a una los sirvientes que, al igual que su familia, habían estado ahí desde que Adelaar era solo una playa y dos chozas.

Ichigo no estaba nervioso a pesar de que el rey lo hubiese llamado de esa manera. Él se había convertido en un hombre probado en la vida y en la guerra, él sabía aceptar sus culpas y sus castigos; y él sabía que ese llamado de su padre solo era una forma de retenerlo dentro del reino y la familia.

Ichigo no sabía si su padre lo amaba o no, pero de lo que estaba seguro eran de sus propios sentimientos al hombre que llamaba "padre". Durante mucho tiempo, Ichigo amó a su padre; lo admiraba, quería ser cómo él y quería ser el motivo por el cual su padre estuviera orgulloso. Pero ese amor se fue agotando con el tiempo, se fue fracturando con cada azote que le dio, porque fue su propio padre quién empuñó el látigo en esa ejecución.

Los soldados gritaron al momento en que él cruzó la puerta principal montando a caballo junto con el coche en que venía Orihime y su pequeño hijo, y pudo notar el júbilo en la voz de los hombres que estaban ahí. Todos aquellos soldados alguna vez habían servido a sus órdenes ya sea en la guerra o en la paz, él había sido su comandante y antes de eso había sido su igual, había dormido en los barracones junto a ellos, había cazado con ellos y había excavado letrinas con ellos, sin contar que había peleado codo a codo con muchos de esos hombres cuando su padre decidió invadir parte de Kuvar para extender el reino.

Esos soldados eran sus soldados.

Ichigo sabía que si él los llamaba ellos irían a su llamado, se los había ganado demostrando que eran iguales, que todos sangraban del mismo color. Un solado de los que le habían abierto la puerta se acercó a él y le dio la bienvenida al palacio al momento de ayudarlo a desmontar de su caballo, Ichigo le regresó el gesto con una sonrisa, al igual que hacía Kaien cuando quería parecer encantador, y le dio una palmada en el hombro de forma amigable al soldado antes de ir en búsqueda de su padre.

No se dirigió a la cúpula, dónde su padre solía estar algunas noches hasta tarde, en vez de eso se dirigió al pasillo que conducía a las habitaciones privadas del rey, donde él y Kaien tenían un pasillo que comunicaba con las suyas. Los soldados que custodiaban la entrada del pasillo del rey le dieron la bienvenida con la alegría en el rostro antes de anunciarlo y hacerlo pasar a la habitación de su padre. Al cruzar la puerta vio que su padre estaba parado frente a la chimenea contemplando el fuego que ardía consumiendo la madera que tronaba de vez en vez; Ichigo cerró la puerta para que nadie afuera escuchara lo que se diría adentro y se acercó a él de manera prudente.

— Su majestad, he vuelto. — Se anunció Ichigo haciéndole una reverencia a su padre.

Su padre no lo volteó a ver y levantó una mano para impedir que siguiera hablando en el instante en que Ichigo se anunció ante él. Ichigo supuso que era algo que su padre había estado practicando en su mente desde mucho antes de que él llegara; su madre debía de tener mucho que ver en esa plática y decidió que al terminar de hablar con el rey, iría con ella.

— Ichigo — Comenzó su padre despegando la mirada del fuego en la chimenea para fijar sus ojos verdes en su hijo. — No acepto tu renuncia, no acepto que te vayas del palacio. Eres mi hijo y reconozco que no te he tratado tan bien como debería pero siempre has estado a mi lado sin esperar nada a cambio. No eres un traidor, solo vivías tu vida y no me opondré a que la vivas como quieras. No encadenaré tu vida a Kaien, cada uno tiene un destino que debe seguir...

Eso le sonó a "como no eres el futuro rey, entonces puedes hacer lo que quieras, ya no te voy a decir nada". Ichigo pasó por alto aquel pensamiento y dejó que su padre siguiera hablando hasta que dijera todo lo que tenía que decirle; la mayoría era una forma sutil de decirle que nunca sería rey y que debía de servirle a Kaien cuando las Deidades lo llamaran a su gloria. Le parecía basura sobre basura, no necesitaba que se lo recordaran, él lo sabía muy bien y lo tenía en claro desde aquella vez que suplicó por su vida y la de su hijo. Ichigo sabía que su única oportunidad de elegir sobre su vida la había tomado aquella noche.

No hablaron de la campaña pero él sabía que no había ido porque le había propuesto matrimonio a Rukia y Kaien, que se había enterado de alguna manera, había ido corriendo con su padre para decirle lo desafiante que seguía siendo a las leyes de la corona. Al final aquella campaña había resultado mejor de lo que Ichigo había planeado en un principio, pasó lo que debía de pasar, sabía que al poner esa última línea en aquel tono que se podría interpretar como una pequeña broma, sería capaz de hacer que todo cambiara a su favor.

Convencer al Rey de Gardelia de no regresar el ataque había sido bastante difícil pero todo había salido bien, sobre todo porque no lo vio nunca y todo fue mediante anónimos que enviaban mensajeros que nunca volvieron a ver la luz del sol. La princesa heredera de Gardelia también había tenido mucho que ver en esa "conquista".

La conquista de Gardelia, si es que se le podía llamar a eso "conquista" le había cortado las alas a Kaien de una manera tan abrupta que él aún no lo asimilaba del todo y le había arruinado los planes a Isshin de la misma forma. La idea de Isshin era conquistar Gardelia y casar a Kaien con una princesa de Kuvar, así Adelaar tendría la mayoría del continente en su poder pero eso era algo que ya no iba a pasar. Para esas fechas ya todo mundo sabía lo que había pasado e Isshin temía que alguno de los reinos sureños, al escuchar su derrota por parte de Gardelia, vieran una oportunidad para atacarlo y obtener un poco más de tierra y mucha fama.


El rey Yushiru llegó con toda la comitiva que correspondía a su fama de rey. Se suponía que harían la ceremonia de rendición después de la boda aprovechando la presencia del Sacerdote para hacer todo más "legal" y fue algo que había firmado Isshin el día del rescate de Kaien. Les dieron una zona exclusiva para ellos en el palacio de Adelaar, con vista al mar y al bosque, y le dejaron toda la responsabilidad de que ellos estuvieran cómodos a la Dama de las Llaves. Loly sentía que se iba a partir en dos por tanto trabajo que se juntó esos días, atender a los invitados en el día y atender a Kaien en la cama, que se había vuelto más agresivo por el enojo de casarse, la tenía agotada.

La princesa que se iba a casar con Kaien llegó a mediados de octubre, junto con su madre y sus hermanas, las damas, doncellas y demás gente que les servía; tras ellas llegaron los Generales de Gardelia e Isshin tuvo que afrontar que, aunque los atacaran con o sin Ichigo, iban a perder de una manera atronadora. Sus temores eran ciertos, tenían una armada tan grande como la suya e iban a una trampa. Ichigo se había equivocado al confiar en su hombre y él se había equivocado en pensar que iba a ser una victoria fácil.

Aquella invasión pasaría a la historia como el peor error del rey Isshin.

Para cuando la princesa llegó, ya la mayoría de los preparativos para la boda estaban listos, solo esperaban el día para que los cocineros, tanto de Gardelia como de Adelaar, se pusieran a preparar todos los platillos que se iban a servir en el banquete que habría después de la boda. Las invitaciones se repartieron entre los lores del reino y Masaki envió una invitación en toda la regla a su familia, que no tardaron en responder con una carta algo escandalosa.

No iremos a esa ridícula boda, todo Vayalat sabe lo que pasó en Gardelia y padre está demasiado enojado, se pregunta constantemente si criaron a una alfombra o a una reina. Solo pídelo, solo tienes que pedirlo y la Triada se reunirá para desmantelar el reino de tu inútil esposo. Solo tienes que pedirlo y pondremos a tu hijo como el legítimo heredero al trono que es como Rey de Avanta.

Atte. K.

Masaki leyó la carta que había enviado su hermano y luego la quemó, no podía permitir que su esposo leyera el contenido, suficiente tenía con los problemas que ya tenía en ese momento.


La Dama de las Llaves les había asignado criados y doncellas a los invitados de Gardelia para que las atendieran, sin embargo la princesa Yoruichi se había negado a emplearlas alegando que no la conocían tan bien como su propia dama y que solo en ella podía confiar para atenderla. A Loly no le gustó aquello, pero tuvo que ceder porque la princesa sería la esposa de Kaien y eventualmente se convertiría en la reina.

La dama de la princesa era muy seria, pero atendía con la vida misma a Yoruichi que nunca había tenido alguna queja de ella. Todo lo que necesitaba Yoruichi, su dama lo conseguía de una manera u otra, y en ese momento, la chica llevaba una caja con zapatos nuevos que la reina de Avanta había mandado a hacer para que se pusiera el día de la boda.

— Princesa, traje un presente de la reina Masaki para usted. — Habló la chica al entrar en la habitación que ocupaba Yoruichi.

Todo estaba en silencio y el único ruido que había era el de las cortinas del balcón que ondeaban con la brisa del mar; últimamente Yoruichi estaba más callada de lo habitual pero todo mundo se lo había atribuido a los nervios previos a la boda. La chica dejó la caja en uno de los muebles que decoraban la habitación y empezó a buscar a Yoruichi por todo el lugar, en el balcón y en el pasillo que daba a la habitación de la reina de Gardelia, incluso entró en ella encontrando a su reina y a las princesas disfrutando de una agradable reunión con la reina Masaki y sus pequeñas damas.

— Su majestad… mi señora… — La chica no sabía cómo referirse a su reina, aún estaba confusa sobre aquello pero no tuvo mucho tiempo para plantearse los modales que debía de tener en ese momento. — ¿Ha visto a la princesa Yoruichi? No puedo encontrarla.

— Debe estar en el jardín, dijo que caminaría con su prometido en la mañana. — Respondió la todavía reina de Gardelia sin darle mucha importancia. La plática con Masaki era muy amena en ese momento y aquella interrupción le había molestado un poco.

La doncella asintió y se fue en búsqueda de Yoruichi al jardín, preguntó a los sirvientes que habían ido con ellos y a los que vivían en el propio palacio si habían visto al príncipe y a la princesa, pero nadie le supo dar respuesta sobre Yoruichi. Cuando la chica se encontró al príncipe Kaien, este le dijo que habían platicado toda la mañana pero que después ella decidió retirarse a sus habitaciones a descansar. La pequeña doncella estaba empezando a entrar en pánico porque la princesa evidentemente no estaba en su habitación y, cuando la doncella al fin se rindió por no poder encontrarla, le avisó a su reina que la princesa no aparecía.

Isshin estaba reunido con Yushiru y varios miembros de su consejo dentro de la Cúpula, estaban hablando de la adhesión de Gardelia y los términos que iban a tener, cuando un soldado blanco de Gardelia interrumpió la reunión dando aquellas noticias. Yushiru se levantó y pidió su espada, él iría por su hija a donde sea que estuviera pero Isshin le recordó que él no conocía tan bien el lugar y podría perderse.

— ¡Llamen a Ichigo! — Ordenó Isshin haciendo que todos tomaran asiento de nuevo; muchos se habían levantado al ver que Yushiru lo hacía. Isshin trataba de calmar a su consuegro, que quería salir corriendo en ese momento, pero no quería tener que buscar a un rey también.

— Su majestad. — Habló Ichigo haciendo una reverencia al llegar frente a su padre y los miembros del consejo.

— Nuestra futura hija se ha perdido, podría ser en el bosque aunque hay que corroborar que no haya salido hacia la ciudad. — El rey habló mirando fijamente a Ichigo.

— ¿Envías a tu hijo a buscarla? — Preguntó Yushiru mientras veía a Ichigo, que fijó sus ojos en el padre de la princesa.

— Es el Comandante del reino, conoce cada piedra que hay aquí, te aseguro que si alguien puede encontrarla, será él. — Isshin tenía ese tono orgulloso en su voz y le dio su permiso a Ichigo para irse.

Ichigo salió de ahí maldiciendo en silencio a su "nueva hermana" por perderse. Ordenó a un grupo de soldados que se reunieran con él y les ordenó a donde ir, él también se incluyó en la búsqueda y se metió en el bosque con la intención de buscarla. A lo lejos escuchaba como los soldados gritaban el nombre de Yoruichi pero eso solo lo hacía poner los ojos en blanco ante la inutilidad de esa acción, sin embargo se dedicó a caminar en silencio y se encontró con un sendero que no había recorrido en seis años. Lo siguió como si hubiese sido ayer el último día que lo recorrió, y llegó a la cabaña donde había vivido con Rukia durante un tiempo. La puerta estaba abierta y entró de manera tranquila, notando ahí estaba Yoruichi, sentada en una polvorienta cama vieja y jugando con algo que ella tenía en la mano.

— ¡Tuve que desplegar a un grupo de búsqueda por tu culpa! ¡Lo pudiste haber pedido! — Le reclamó Ichigo al verla. Yoruichi simplemente levantó la mirada y le sonrió de esa manera tan suya. Ichigo se quedó parado en la puerta y luego buscó un lugar sin tanto polvo para sentarse, cruzó las piernas y se apoyó con un codo en la mesa sin dejar de mirarla. — ¿Por qué mi "nueva hermana" me ha citado aquí? ¿Qué iba a pasar si no me enviaban a mí a buscarte?

— ¿De verdad? "Ichigo, te veo en nuestra cabaña en el bosque, lleva el vino". ¿En qué mundo eso es posible sin que nos corten la cabeza a los dos? — Le preguntó Yoruichi aun sentada en su lugar pero sin dejar de verlo ni de sonreír así, como si estuviera planeando algo. — Sabía que vendrías a buscarme o te ofrecerías a ello, se supone que no nos conocemos y que la primera vez que nos vimos fue cuando llegué. Además pensé que ya no querías más problemas, digo… esperaba verte en la campaña que había levantado tu padre y me entero de que el Comandante del reino no llegó. No sabes la decepción que me llevé. — Le reclamó, pero ella no parecía realmente molesta.

— Tienes suerte que nadie conozca este lugar tan bien como yo. — Bufó molesto pero sin abandonar esa posición, sabía cómo era ella y prefería mantener la distancia tanto como se pudiera en ese momento. Él no haría el primer movimiento. — No fuiste la única decepcionada en esa campaña pero todo salió bien, no te puedes quejar.

— Dejemos la campaña de lado, solo quiero que hablemos como los viejos amigos que somos, cuéntame mejor cómo está nuestro hijo, no lo veo desde que nació. — Dijo Yoruichi con esa sonrisa tan suya antes de esquivar algo que salió volando en su contra y que se estrelló contra la pared de madera vieja que estaba a su espalda.

— Ya tienes lo que prometí ese día, te entregué el reino de Avanta en bandeja de oro. — Ichigo no estaba tan molesto como debería pero seguía sin acercarse a ella. — Serás la reina en poco tiempo y todo será de acuerdo al plan.

— Me hubiese gustado que el reino viniera contigo incluido, tu hermano es insoportable. ¿Sabes lo que tuve que fingir mientras platicamos y paseamos esta mañana? ¡Me duelen las mejillas de tanto sonreír! Al menos contigo se puede platicar de cosas interesantes.

— Cosas interesantes que se supone que no podemos platicar porque se supone que "no nos conocemos". — Ichigo dijo eso ultimo haciendo comillas con los dedos. — Nuestro hijo está bien, creciendo fuerte y sano y todo eso.

— Me gusta como suena "nuestro hijo". Te he visto jugar con él en los jardines, se parece a ti, tiene tus ojos.

— Se supone que es mi hijo, se tiene que parecer a mí, no sé qué esperabas. — Preguntó sin relajar la postura seria que tenía.

— Que se pareciera a mí. — Yoruichi sonrió antes de esquivar otra cosa que salió volando hacia ella y que se estrelló contra la madera de su espalda de nuevo. Ella se levantó y se acercó a Ichigo con ese andar casi felino que tenía hasta quedar frente a él. Ichigo seguía sentado y Yoruichi aprovechó para llevar uno de sus delicados dedos a su mentón y levantarle el rostro sin mucha resistencia de parte de él. — Ichigo, nos divertíamos mucho antes, si lo hubieses pedido me habría casado contigo y no con tu hermano, tengo varias hermanas que estarían felices de ser la nueva reina de Avanta.

— Yo no te habría dado un reino y una corona, sabes que nunca seré el rey.

— Si te casabas conmigo te habrías vuelto el nuevo rey de Gardelia. — Yoruichi hizo una pausa sin dejar de verlo, esta vez mordiéndose un labio por haber dicho aquello. — Y nunca digas nunca, un día tu hermano podría no despertar y ¡tada! ¡Salve el rey Ichigo! ¿Dónde quedó ese Ichigo que soñaba con la corona de Avanta?

Ichigo se levantó de su asiento y sujetó la cintura de Yoruichi, le rozó los labios con suavidad, como si se preparara para darle un beso, pero no lo hizo. Yoruichi acarició suavemente el pecho de Ichigo, sabiendo a donde iba a terminar eso, pero tampoco hizo más por acelerarlo.

— Ese Ichigo creció y tuvo un hijo. — Le respondió a Yoruichi en el oído, en un susurro tan íntimo que la sintió estremecer. — Ya te di lo que querías. Serás la reina, dominarás el mundo… guiaré a los ejércitos a las batallas por ti. ¿Qué más quieres, Yoruichi? Creo que he pagado demasiado bien mi deuda contigo.

— Sabes lo que quiero. — Hablaba Yoruichi, rozando los labios de Ichigo, bajando sus manos hasta el cinturón del hombre frente a ella solo para acariciarlo y sentir como él reaccionaba al estímulo. — En verdad nos divertíamos mucho, podemos seguir haciéndolo. Nadie tiene por qué enterarse. No te estoy pidiendo amor, simplemente placer.

— Nos pueden cortar la cabeza a los dos. — Le recordó Ichigo, acariciando su cintura, susurrando pero sin darle ningún beso. — Nadie tolera a una reina adultera ni a un comandante que traiciona a su rey acostándose con su reina.

— Puedes tomarlo como un servicio a tu futura reina. — Yoruichi logró deslizar su mano entre los pantalones de Ichigo empezando a acariciarlo lentamente.

— ¿Un servicio a mi futura reina? Eso sí lo puedo hacer. — Respondió Ichigo en un jadeo antes de besarla con violencia.

Con Yoruichi siempre había sido así, violento y placentero; era el trato que habían mantenido cuando se conocieron, antes de que él regresara de su viaje por el Norte y ella fuera nombrada la princesa heredera de Gardelia. Yoruichi había rechazado a todos los pretendientes que su padre le había presentado, alegando que ninguno era digno de ella, pero en realidad solo estaba esperando que Ichigo enviara a su mensajero para que iniciaran los preparativos de la "falsa conquista". Ellos no se habían visto desde que ella lo ayudó con el asunto de su hijo, pero Yoruichi sabía que inevitablemente Ichigo volvería a sucumbir entre sus piernas.

Yoruichi se había asegurado que la madre del niño desapareciera del mundo y de que Ichigo nunca volviera a verla. Al final, Yoruichi sabía que la pasión que compartía con Ichigo los mantendría unidos más que cualquier estúpido sentimiento romántico.

— Tómalo como tu regalo de bodas. — Ichigo se empezó a acomodar la ropa, al igual que Yoruichi el vestido. — Por cierto, ¿cómo le harás para pasar la prueba de la sabana? Serás la futura reina de Avanta, tu pureza debe ser comprobada por los medios tradicionales y que yo recuerde, tu prueba de sabana fue conmigo. — Ichigo tenía una sonrisa ladina al decir aquello. Yoruichi también sonrió con aquella complicidad vieja y se miró las uñas en una actitud dónde ella claramente dominaba la situación.

— Mi querido Ichigo, robar recuerdos y manipular memorias no es lo único que sé hacer. — Yoruichi se miraba las uñas con una sonrisa de sus labios. Ichigo estuvo seguro que ella tenía un plan para la prueba de sábana.

— Si es todo, debemos regresar al palacio, mi nueva hermana no puede andar perdida por el bosque, es muy peligroso. — Ichigo puso una mano en la puerta para que ambos salieran de aquella cabaña dando ese encuentro por terminado.

Ichigo llegó con Yoruichi al palacio en la noche, pero antes de que salieran del bosque le desacomodó un poco la ropa para que pareciera que se había tropezado con una rama y caído. Las rodillas ya las tenía lo suficientemente rojas y raspadas, así que no había problema por eso. Era el rescate perfecto y no habría dudas de que él hizo su trabajo.

Yoruichi respiró profundo un par de veces y de la nada empezó a llorar, dejó que las lágrimas escurrieran por sus mejillas y con las manos sucias las limpió para ensuciar su bella piel morena; los ojos los tenía rojos por las lágrimas y cuando en verdad todo estuvo listo, salieron del bosque.

Ichigo la llevó cargando en brazos mientras ella susurraba cosas en su oído de manera discreta, la imagen desde afuera era como si la princesa de Gardelia hubiese sido rescatada de un monstruo que vivía en el bosque, pero solo ellos sabían lo que en verdad había sucedido en ese lugar.


La boda de Kaien y Yoruichi fue en los primeros días de noviembre, después de las celebraciones de las almas, y por todos lados había flores blancas traídas desde Gardelia para decorar el templo de las Deidades; también había papel picado y listones blancos decorando el lugar. El representante de las Deidades había ido luciendo una túnica de gala gris con el símbolo de las Deidades bordado en los bordes en hilo de oro, y se notaba que alguien lo había patrocinado porque Ichigo no recordaba haber visto una ropa tan cara en alguno de ellos. A esos hombres les gustaba el oro pero no solían demostrarlo aunque todo mundo lo supiera.

Ichigo era el encargado de la seguridad en esa fiesta y, así como lo había hecho en el festival de primavera que en ese momento se le antojaba muy lejano, sus hombres estaban de nuevo repartidos por todos los lugares para proteger a los invitados y a la familia que estaba ahí reunida. Él estaba vestido como el Príncipe de Adelaar, cargaba su espada colgada en la cintura y de nuevo lucía su anillo en la mano, Kaien por su parte estaba caminando de un lado a otro cerca del altar a las Deidades. Kaien parecía nervioso y eso enojaba a Ichigo.

— Kaien, por favor, relájate. — Ichigo se acercó a su hermano para acomodarle el águila de plata que colgaba en su pecho, el símbolo de lo que se convertiría cuando su padre muriera. — Te vas a casar y no puede ser tan malo, ¿o sí?

— Lo dices porque tu esposa está muerta. — Kaien habló con enfado, apartando las manos de Ichigo cuando consideró que ya la insignia estaba bien acomodada.

— Pero yo también me casé y no estaba tan nervioso como tú. — Ichigo se situó junto a él porque ese era su lugar como el padrino de la boda.

— Tú te casaste con la hija de un desconocido, yo me voy a casar con una princesa y no la conoces, es demasiado perfecta. Me pone de nervios con esa voz tan suave que tiene. — Habló Kaien tratando de respirar con normalidad.

— Tienes razón, además de que si no te casabas con ella su padre te iba a cortar la cabeza, supongo que esos días en un calabozo te cambiaron la vida. Yo por lo menos elegí con quien casarme. — Ichigo se burló antes de que los músicos comenzaran a tocar la música de entrada de la novia.

Kaien ya no dijo más pero Ichigo estaba seguro que lo último que quería su hermano era casarse; incluso lo había escuchado rogarle a su padre para que eso no pasara e imaginó que en el camino de regreso también lo había hecho.

Yoruichi entró en el templo de las Deidades con un elegante vestido blanco, el rotundo símbolo de la pureza que había en ella y de los colores de su reino. Ichigo carraspeó para evitar la carcajada que se moría por salir de su garganta al ver a "La Sombra de Gardelia" vestida de esa manera tan pura, y le dio una palmada en el hombro a Kaien como señal de ánimo.

Lo que estaba pasando era casi karmático. Irónico. Perfecto.

— Si, hermano mío, tienes una gran suerte al casarte con una princesa. Lo que se espera del futuro rey. — Ichigo miró a su hermano de reojo antes de dar un paso atrás y dejar que todo siguiera el rumbo que debía seguir.

Ichigo vio como Kaien decía sus votos y promesas, y la forma en que Yoruichi se comportaba daba la impresión de inocencia que se esperaba de ella. Yoruichi dijo sus votos y promesas también, equivocándose en algunos lugares, dando esa impresión de joven doncella nerviosa, antes de que el representante de las Deidades los declarara unidos en un matrimonio para toda la vida.

Hubo aplausos y vítores de los invitados al tiempo en que ellos salían del templo tomados de la mano ya como esposos. Ichigo iba tras ellos como un símbolo de que él era el responsable de la vida de su hermano y su esposa. Después de eso se hizo la entrega de la corona del rey Yushiru a Isshin en frente del altar de las deidades y todo quedó como debía de quedar.

De ahora en adelante, el reino de Avanta comprendía desde las Montañas Azules hasta el Desierto Rojo.

El banquete que siguió después de eso fue monumental. Platillos típicos de Avanta y de Gardelia llenaban las grandes mesas donde estaban reunidos los invitados, el vino desaparecía en cuanto las jarras eran llevadas y las doncellas tenían esa expresión de felicidad en el rostro que seguramente la Dama de las Llaves les había ordenado que pusieran mientras servían en la fiesta. Kaien y Yoruichi abrieron con el primer baile y luego los demás invitados se les unieron hasta que llegó la hora que todo mundo estaba esperando: la prueba de sábana.

Para ese momento, la habitación nupcial ya había sido preparada, y una gran cama cubierta con sábanas blancas y con cortinas casi transparentes dominaba el centro de aquella habitación.

Kaien llevaba a su esposa colgada del brazo, y detrás de ellos iban los invitados y la familia, tanto de Kaien como de Yoruichi. El representante de las Deidades abrió la puerta de la habitación y permitió a los recién casados ingresar. Ichigo sería el responsable de cuidar esa puerta, y fue el único que vio el ligero guiño que le hizo Yoruichi antes de entrar a esa habitación para cumplir con esa ridícula prueba de sabana.

Yoruichi había aprendido muchas cosas mientras estaba en el Templo de la Sombra, y entre ellas, el fingir inocencia era algo que había aprendido muy bien. Ella sabía que debía pasar esa prueba de sabana de una forma u otra, pero la idea de acostarse con el estúpido que creyó que entrar como una rata al Palacio Blanco era una buena idea, no la seducía mucho. Todos los amantes que ella había tenido exudaban poder, dominio y autoridad, y Kaien… Kaien solo era un tonto príncipe heredero.

Kaien era bastante guapo, muy atractivo si sonreía, pero Yoruichi no quería para sus hijos solo la belleza del padre. Ella quería que sus hijos fueran inteligentes, o al menos buenos guerreros; e Ichigo era ambas cosas en un solo hombre. Kaien se acercó a Yoruichi y le dio un beso en los labios, Yoruichi cerró los ojos y lo respondió tan torpe como podía fingir; el que un representante de las Deidades estuviera en la habitación ponía más presión sobre ella, pero al menos no se tenía que desnudar.

— Lo siento, nunca he besado antes. — Se disculpó Yoruichi con una voz tímida, teniendo cuidado de mirar a otro lado al fingir inocencia y pureza.

— No te preocupes, esposa mía. Yo te voy a enseñar más tarde. — La voz de Kaien pretendía ser seductora, y Yoruichi tuvo que usar todo su autocontrol para no reírse en la cara del hombre.

Comparar a Ichigo con Kaien era como comparar el día y la noche.

Yoruichi asintió a las palabras de Kaien y tímidamente dejó que él le empezara a quitar el vestido de novia, todo bajo los inquisidores ojos del representante de las Deidades, que seguramente se iba a masturbar cuando saliera de ahí. Yoruichi quedó vestida solamente con el camisón nupcial y fue llevada por Kaien a la cama, donde ambos quedaron cubiertos por las sabanas y él se quitó los pantalones.

— Cierra los ojos si tienes miedo. Seré gentil. — Volvió a decir Kaien antes de empezar a subirle el camisón mientras le besaba el cuello a su nueva esposa.

Yoruichi cerró los ojos después de esa frase y se acomodó para que Kaien pudiera quedar entre sus piernas. Entre las muchas cosas que había aprendido, el lastimarse a sí misma no era lo que más le apasionaba, pero para esa ocasión especial tuvo que hacerlo, y el sentimiento de incomodidad y dolor cuando Kaien entró en ella fue genuino. Ella se quejó, lloró un poco y luego dejó que Kaien hiciera todo el trabajo, soltando gemidos o jadeos de vez en vez que hacían que Kaien se moviera más rápido.

Cuando todo terminó y Kaien salió de ella, la sábana blanca que estaba cubriendo la cama tenía una enorme mancha roja. Yoruichi pensó que con suerte, Kaien pensaría que la había lastimado de verdad y no la tocaría en al menos una semana.

Ichigo solo podía imaginarse lo que pasaría ahí y trataba de mantener una expresión serena tanto como pudiera, hasta que salió el representante de las Deidades con la impoluta sábana blanca que lucía una mancha de sangre brillosa. Los invitados que esperaban afuera de la habitación aplaudieron y regresaron a la fiesta para seguir celebrando la boda.

El representante de las Deidades se fue demasiado rápido del lugar y, antes de que Ichigo cerrara de nuevo la puerta, escuchó los gemidos de Yoruichi que eran un poco más altos y un poco más falsos de los que él sabía ella daba, y se asomó un poco por la puerta con curiosidad. Yoruichi estaba en la cama y Kaien estaba de nuevo encima de ella, Ichigo solo miró la escena por un segundo y cerró la puerta a sus espaldas.

Soltó una pequeña carcajada y se quedó ahí, parado, vigilando que nadie interrumpiera a su hermano.

Todo iba de acuerdo al plan. A su propio plan.


El otoño estaba por terminar y Rukia debía de empezar a preparar las cosas para que se pudieran conservar durante el invierno, que era fuerte al estar tan cerca de las Montañas Azules. Rukia agradecía que Kiyone se quedara con ella, así como lo hizo una de las cocineras que había contratado Orihime, ya que sentía que sola no podría con todo el trabajo que estaba por empezar y que, según recordaba de cuando era joven, era monumental. Rukia recordaba como su madre pasaba días lavando y preparando frutos con azúcar para guardarlos en barriles y almacenarlos, recordaba como su hermano cargaba los fardos de heno para alimentar a los animales y como su padre empezaba la recolección de madera para mantener encendidas las hogueras cuando el frío les hiciera temblar.

Sin embargo, Rukia no tenía a su amigo ni a Yuki para que la ayudaran y cada vez que pensaba en ella, el temor de que Yuki estuviera muerta se hacía más grande; tampoco pudo evitar pensar que eso le pudiera haber pasado a Renji. No sabía a quién llamar o recurrir para que la ayudara en Bosque Oscuro, todo lo hacía ella y aunque no lo hacía mal, sentía que necesitaba el apoyo de algún amigo con el cual quejarse mientras hacían las labores de la temporada.

Desde que se había ido Ichigo y se había llevado al niño con él, Rukia sentía la casa vacía, sentía que esa enorme casa necesitaba risas y niños que corrieran detrás de las gallinas. Necesitaba que la cocina siempre estuviera llena de harina por los pasteles pero sobre todo, se dio cuenta de que necesitaba a Ichigo. No era esa necesidad de que él hiciera las cosas por ella, era esa necesidad de que él estuviera cerca de ella, de escuchar su voz, de sentir esa mirada en ella y que le hacía tener escalofríos en verano.

Recordaba el beso que él le había dado y la forma tan apasionada en que habían hecho el amor; recordaba la forma en que él la hizo repetir su nombre para que su mente fuera asociando el placer con él, hasta que fue inevitable borrar los fantasmas de la primavera y solo Ichigo fuera lo único en su mente y en su piel. Por las noches recordaba el tacto de sus manos sobre su cuerpo desnudo, sus besos y sus caricias; la forma en cómo la tocaba y que le daba la impresión que intentaba borrar cualquier marca en su piel con solo aquellas caricias y la forma en que él decía su nombre antes de besarla.

A veces pensaba que tal vez si Ichigo no se hubiese ido, ella no habría puesto en orden parte de sus ideas concernientes a él. Rukia necesitaba pensar y sentirse libre e independiente para saber qué más podría querer, y en ese momento lo sabía; ella quería a Ichigo con ella.

Lo quería todo para ella.