Capítulo 12: Nieto


Las pesadillas regresaron, solo que esa vez, Rukia podía recordar con relativa claridad lo que en aquellos sueños se escondía y aquella imagen se quedaba revoloteando en su mente como si fueran mariposas.

Durante la estancia de Ichigo y su hijo, Rukia había supuesto que las pesadillas se habían calmado por la presencia de aquél pequeño niño, pero cuando Ichigo y su hijo se fueron, ella realmente comprobó que ese niño era el responsable de que sus sueños estuvieran llenos de paz y tranquilidad. Rukia necesitaba a ese niño para dormir pero no podía ir a buscarlo, ¿con qué excusa le decía a Ichigo que su hijo era la clave para que ella no tuviera pesadillas?

El hombre ni siquiera sabía que ella no dormía bien, además él estaba en Adelaar y ella estaba ocupada con la responsabilidad ancestral de su apellido. Rukia no se sentía capaz de entrar en la vida de Ichigo y trastornarla solo porque ella necesitaba a su hijo para dormir bien; aprovecharse de los sentimientos de Ichigo para su propio beneficio le parecía lo peor que podría hacerle.

Rukia soñó de nuevo con Ichigo, y esa vez ambos estaban en una cabaña; era esa pesadilla donde lo veía a él demasiado joven y asustado, donde ella lloraba y donde se sentía tan cansada y asustada que sentía que iba a morir. Era el mismo sueño que había estado teniendo desde que Ichigo se había ido y cada vez estaba más segura de que aquello que Ichigo le dijo fue solo para calmar sus ansias de saber.

Una voz en su cabeza, una de la que Rukia estaba segura que no era ni su conciencia ni su voz interna, le decía que sí, que ella recordaba lo que Ichigo le decía; sin embargo, de lo único que ella estaba completamente segura era que ella en verdad se había acostado con Kaien. Ella era tonta e ingenua, y en verdad creyó en todas las promesas que Kaien le hizo antes y durante todo el tiempo en que él la hizo su amante.

Pero Ichigo, ¿por qué motivo le mentiría Ichigo? No fue para acostarse con ella, él se estaba yendo de la habitación cuando ella lo detuvo, incluso se negó a hacerlo al inicio. Él se iba a ir y ella se tenía quedar ahí, ¿qué sentido tenía que Ichigo le dijera algo que los uniera? Él podría decirle lo que fuera para que ella se quedara ahí.

Rukia se levantó de la cama y empezó a pasearse por la habitación. Todo mundo le había dicho tantas cosas y ahora ella tenía un gran problema porque había repensado todas esas cosas demasiadas veces y no sabía qué debía de creer. Ichigo le había dicho muchas cosas, que cuando las trató de acomodar en las fechas que ella recordaba, había un largo tiempo que seguía perdido.

Se llevó las manos a la cara y soltó un grito de frustración por eso.

Necesitaba respuestas porque lo que tenía no era vida y Rukia sabía dónde las encontraría. Ichigo le debía respuestas pero estaba segura que él no se las daría más allá de lo que dijo aquella noche, y Rukia no podía dejar el Bosque sin nadie que esté a cargo de la ciudad y las cosas; ella no sabía si volvería rápido o no. Quería respuestas pero no podía dejar su hogar que tanto trabajo le estaba costando llevar, necesitaba un milagro o no iba a poder con el mundo que sentía se le venía encima cada vez más rápido.

Rukia pasó el resto de la mañana pensando hasta que llegó a la conclusión de que no haría caso a nada de lo que dijeron. Toda su vida se había volteado de cabeza por "cosas que dijeron", su padre había muerto porque a alguien se le antojó decir que era un traidor, su hermano había muerto porque dijeron que él lo había ayudado, su cuñada había muerto con su bebé por no soportar la noticia cuando le dijeron que su esposo había muerto y su madre… su madre había muerto porque... ni siquiera entendía del todo cómo había muerto su madre.

Y ella había huido de Bosque Oscuro porque le dijeron que debía ser la señora y no quería serlo, había ido a Adelaar porque le dijeron que debía de ir y había regresado una segunda vez porque le dijeron que ella tenía un hijo que asumió sería de Kaien.

En ese momento, ella estaba en Bosque Oscuro porque Ichigo le dijo lo que ella quería escuchar.

— ¡Suficiente! — Gritó Rukia haciendo que Kiyone dejara de mover el estofado que estaba en el fuego.

— Pero si aún le faltan las verduras. — La niña que se quedó con las papas en las manos.

Rukia la miró y se disculpó con Kiyone, que regresó a sus papas, y ella se quedó pensando en todo lo que la gente había dicho y que ella había creído sin tener una prueba real; le hubiese gustado que el caso de Renji fuera diferente.

— Vaya, eso huele bastante bien. — La voz de un hombre se escuchó en la entrada de la cocina que daba al patio. Rukia inmediatamente volteó para ver quién había hablado, y al ver a Renji en la puerta, se levantó con un salto.

— ¡Renji… volviste!

— Volví. — Renji aún estaba parado en la puerta, detrás de él estaba parada su hermana. Ambos cargaban una pequeña bolsa de tela donde cargaban sus pocas pertenencias, su ropa estaba sucia, rota y desgastada pero a Rukia no le importó, dejó lo estaba haciendo y fue corriendo a él para abrazarlo; era como si las Deidades hubiesen escuchado sus plegarias y le mandaron a Renji como respuesta.

— ¡Gracias a las Deidades, volviste! Temí que nunca más te volvería a ver. — Rukia tenía los ojos llenos de lágrimas cuando se separó de su amigo, que también le había regresado el abrazo. La pequeña hermana de Renji no se movió de detrás de él, ella seguía molesta con Rukia por haberlos corrido de su casa.

— Sabes que es imposible deshacerse de mí. — Dijo Renji con una minúscula sonrisa en los labios. Estaba tenso y nervioso, como si le estuviera costando hablar.

— Me alegra que hayas vuelto pero... ¿Por qué? — Pregunto mirándolo con una maraña de emociones en el pecho. Estaba confusa, feliz pero confusa. Una parte de ella se preguntaba qué hacía él ahí y dónde estaba su padre. Los hizo pasar a la cocina y les sirvió un vaso de agua de frutas que habían hecho para el desayuno.

— Volvimos porque realmente no tenemos a dónde ir. — Respondió siendo honesto con ella. — Y porque tenía que explicarte lo que pasó.

— No hace falta, lo dijeron aquel día... además ya pasó. — Rukia habló aplicando su nueva resolución de dejar de poner demasiada atención a lo que la gente decía. Nunca le había traído algo bueno.

— Si hace falta, Rukia. — Renji estaba más serio de lo habitual y apretaba el vaso con el jugo que no había bebido. — Ese día estaba molesto y dije cosas que no debía, no era mi intención hacerte sentir mal. Nos fuimos de aquí, estuvimos viviendo a las afueras del Bosque y después nos dirigimos a Kuvar, mis padres querían llegar a las Tierras Quebradas y que nos fuéramos del continente. Mi padre actuaba raro y días antes de que tomáramos el barco nos confesó todo lo que estaban haciendo para quedarse con tu casa, ellos… — Hizo una pausa para beber del jugo, como si lo que fuera a decir le resecara la boca. — Ellos mataron a tu mamá.

Rukia se le quedó mirando a su mejor amigo, se veía el arrepentimiento en sus ojos y algo dentro de ella dijo que esa vez debía de creerle; en su pecho sentía el corazón arrugarse como si fuera un papel viejo ante aquella noticia. De alguna forma lo intuía, Ichigo se lo había dicho de manera indirecta aquella vez que hablaron del veneno y las fiebres.

— Ahora sé por qué murió mi mamá pero eso no me hará traerla de vuelta. — Rukia tenía un pedazo de cáscara de papa que había en la mesa entre los dedos. Kiyone y la hermanita de Renji seguían escuchando en silencio.

— Nos separamos de ellos después de eso. — Continuó. — En ese momento entendí muchas cosas que hacían mientras estabas enferma, entendí que si seguía con ellos no sería más que lo que es mi padre. Cuando llegó el barco ellos se subieron sin mirar atrás, nosotros nos quedamos en el muelle y decidimos volver a aquí. Este siempre ha sido nuestro hogar, nacimos aquí... y pensamos que tal vez necesitarían ayuda, un par de manos extra en el campo y en la cocina… no pedimos mucho, solo un techo donde dormir y con el tiempo, quizás tu perdón. — Habló Renji mirándola a los ojos. Rukia notaba que le estaba costando decir aquello y ella se quedó en silencio durante un momento.

— Yo también he querido decirte varias cosas. — Rukia habló sin dejar de jugar con la cáscara de papa. — La primera cosa es: gracias. Gracias por decirme lo de mi mamá y por haber ido conmigo hasta el otro lado del mar, por cuidarme y por evitar que muriera en el camino. Nunca te agradecí nada, creo que no sabía cómo hacerlo pero ahora lo sé. Tenía miedo de que no volvieras y no poderte decir esto, si no hubieses estado conmigo en esos días seguramente no estaría viva ahora. Renji, yo también necesito tu perdón.

Todo se volvió mejor en Bosque Oscuro desde que regresó Renji, o al menos así lo sintió Rukia, que tenía con quien hablar y quien le ayudara en la casa. En el pueblo él era un desconocido como Rukia así que no pasó gran cosa pero se empezaba a desenvolver bien, la presencia de Renji hacia las cosas más llevaderas para todos en ese lugar. Platicaron del evento del año, la boda de Kaien con la princesa de Gardelia, y de las cosas que pudieron haber pasado ahí. Renji seguía insistiendo con la existencia del tan famoso cuarto rojo pero se desanimó cuando Rukia le confirmó que no había tal cuarto.

— He pasado mucho tiempo ahí, si hubiese ese cuarto yo lo sabría. Simplemente es un rumor. — Había dicho esa vez mientras intentaban hacer que los pollos fueran al corral.

Rukia se sorprendió al sentir que el nombre de Kaien ya no le causaba temor ni odio ni nada, fue como si el saberlo casado lo pusiera completamente lejos de ella. En vez de eso pensaba en Ichigo y en su pequeño hijo, se preguntaba lo que podría estar haciendo y se preguntaba qué habría pasado si ella hubiese ido a la boda como pedía la invitación. En el fondo tenía miedo de ir y ya no volver a Bosque Oscuro, no sentía realmente apego a esa tierra sino al recuerdo en ella. Lo que Rukia sentía era que debía de volar a su destino, justo como le habían dicho en el Templo de la Luz cuando le dieron su medallón.

— Renji... ¿Aun quieres tierras? — Le preguntó una tarde de finales de otoño.

— Me gustaría ser soldado pero ahora debo de cuidar de mi hermana, me gustaría una casa que sea mía, también me gustaría tener esposa, un par de niños que corrieran por ahí. — Respondió dejando de arrancar maleza del huerto. Él quería lo mismo que ella pero ninguno quería eso juntos.

— Te daré tierras, como la señora de Bosque Oscuro puedo hacer eso, así tendrás tu casa y tal vez un huerto y podrás tener una esposa si quieres. — Agregó antes de darle un par de golpecitos a una calabaza particularmente grande.

— ¿En verdad? ¿Lo dices en serio? — Preguntó Renji emocionado, levantándose del suelo como si hubiese un resorte en sus pantalones. La idea de tener algo suyo, enteramente suyo, era algo que había estado creciendo en su mente desde que regresó a la Gran Casa.

— Si, te daré tierras. Solo tengo que hacer unas cuantas cosas antes y luego te las daré, ahora hay que llevar esta calabaza a la cocina, haremos dulce para vender en el pueblo.


La Noche de Inicio de año en Adelaar era una mezcla de fiesta y estado solemne que sometía a toda la gente a una noche de silencio y de plegarias antes de que las celebraciones, que solían durar días, iniciaran. Desde días antes, la ciudad era decorada con banderines de colores y los maestros de pirotecnia hacían brillar el cielo con sus creaciones de luces. La gente iba y venía, la mayoría sumergida en los efectos de la cerveza y el vino, y se vendían dulces de todo tipo que los niños comían con emoción.

La celebración de inicio de año siempre atraía a mucha gente a la capital, por lo que Ichigo tenía más trabajo de lo habitual y pasaba esos días de mal humor; tampoco le ayudaba que Yoruichi estuviera importunándolo en su oficina con sus extrañas peticiones sobre salir a unirse con la naturaleza en una ceremonia en medio del bosque.

— Ya te dije que no te van a dejar salir. Es más, yo no te dejo salir. — Hablaba Ichigo caminando detrás de Yoruichi, que había salido molesta de la oficina privada del Comandante. Ella iba un par de pasos delante de él y no lo volteaba a ver por lo enojada que estaba. — Ya hablamos de esto, no te lo permito.

— La reina me entenderá, ella también es extranjera como yo y sabe lo que es apegarse a las tradiciones de su tierra. — Respondió molesta sin dejar de avanzar en su camino hasta la habitación de Masaki.

— Mi madre no dejará que salgas en la celebración de inicio de año y menos sola. — Le volvió a decir pasando una de sus manos por su cabello alborotado. Tenía muchas cosas más importantes en que pensar que en la seguridad de la princesa heredera. — Y yo no pienso acompañarte.

Yoruichi no habló en lo que quedaba de camino hasta la habitación de Masaki e Ichigo sentía como el dolor de cabeza se le hacía más grande; varías veces estuvo a punto de girar sobre sus talones e irse de ahí, pero sabía que Yoruichi lo iría a buscar de nuevo y prefería terminar con ese asunto de una vez para poder regresar a los asuntos verdaderamente importantes. Al llegar a la habitación de la reina, un par de sirvientes abrieron la puerta para dejarlos pasar. Masaki estaba leyendo con sus pequeñas damas los poemas del invierno.

— Mi reina. — Yoruichi le hizo una reverencia a la madre de Ichigo justo cuando los sirvientes estaban cerrando la puerta después de que las pequeñas damas se habían ido de la habitación. — Vine con el Comandante, con la esperanza de que lo haga entrar en razón y me deje celebrar la noche de inicio de año en el bosque. —Yoruichi señaló a Ichigo, que se acercó a su madre y le dio un beso en la mejilla.

— Le he dicho que no, madre. No sé qué costumbres tengan en Gardelia pero no puedo dejar que la princesa salga a media noche al bosque a hacer no sé qué cosa en privado. Le he dicho que esa noche es muy peligrosa. — Explicó Ichigo soltando las manos de su madre, que había tomado al saludarla.

— Es una celebración de unión con la naturaleza. Lo hacemos en Gardelia en la noche de inicio de año y nunca nos ha pasado nada. Míreme, su majestad, estoy bien y estoy entera. — Replicó Yoruichi mirando a la reina con ojos suplicantes esperando que la reina diera su visto bueno.

— Ichigo tiene razón, Yoru, en la Ciudad Blanca podría no pasarte nada pero aquí es Adelaar y eres la esposa de Kaien, no te puedo dejar salir y exponerte a algún peligro, y no puedo hacer que Ichigo vaya contigo a cuidarte, él tiene demasiado trabajo en estos días. — Explicó Masaki con tono amable y maternal.

— Pero… pero… — Yoruichi miraba a la reina y luego miraba a Ichigo buscando ayuda para que le permitieran salir. Ichigo negó levemente con la cabeza para que su madre no se diera cuenta.

— Lo ha oído, princesa, no puede salir. Es mejor que celebre la noche de inicio de año con nosotros. — Habló Ichigo con calma. Él sabía por qué Yoruichi se quería ir al bosque esa noche y por qué pretendía hacer que él la acompañara.

— Está bien. — Cedió Yoruichi bajando la mirada en una clara muestra de derrota. — Con su permiso, su majestad. — Yoruichi se despidió de Masaki e ignoró a Ichigo haciendo una especie de ley del hielo, como si ella fuera una niña pequeña.

La princesa se dio la vuelta y empezó a avanzar para salir de ahí, molesta por no haberse salido con la suya esa vez, cuando se tambaleó y se precipitó al piso como si fuera un costal de papas. Ichigo reaccionó tan rápido como sus reflejos se lo permitieron pero no pudo atraparla del todo, solo evitó que se golpeara la cabeza contra el piso. Masaki estaba asustada al ver aquello pero Ichigo de inmediato sostuvo a Yoruichi en brazos para llevarla a la cama.

— Yoruichi… despierta… despierta… — Ichigo habló acariciando su rostro de forma delicada esperando que despertara, sentado al lado de ella con la mirada preocupada. — Esto no es divertido.

Masaki vio aquella escena demasiado sospechosa pero no dijo algo al respecto, sino que llamó a la doctora e hizo salir a Ichigo de la habitación con la excusa de que debía avisarle a Kaien que su esposa estaba enferma, y que él debía estar con ella. Masaki se había dado cuenta de la forma tan rápida que se había dado la relación "familiar" entre Ichigo y Yoruichi, y aquella mirada preocupada no le gustó en absoluto.

Ichigo se dirigió a la habitación de Kaien con paso rápido, se suponía que debía llegar rápido, pero al llegar a la puerta el sirviente que estaba ahí le indicó que Kaien estaba ocupado con la Dama de las Llaves. Ichigo consideró por un momento dejarlo coger un rato más, pero interrumpirlo era mejor, así que abrió la puerta haciendo ruido.

— ¡Kaien! ¡Tu mujer está enferma! — Gritó Ichigo haciendo que Kaien se detuviera a media faena.

— ¡Avisa antes de entrar! ¡¿No estás viendo que estoy ocupado?! — Le gritó Kaien, haciendo que Loly, que tenía expresión asustada por la interrupción, se bajara de él y se cubriera con las sabanas.

— No me importa, vístete que madre pide por ti. — Habló tirándole una camisa que estaba cerca de su mano. Ichigo miró a Loly con expresión asesina y ésta salió de la habitación a medio vestir y completamente despeinada. — Tu esposa se puso mal, tienes que ir a verla.

— ¡Esposa! — Exclamó Kaien con una sonrisa irónica poniéndose los pantalones y la camisa que Ichigo le había lanzado. — Esa mujer no me deja tocarla. No se puede llamar esposa a alguien que se niega a compartir la cama contigo, bueno tú tienes una esposa igual… — Ichigo solo lo miró mal por ese comentario. — Esa mujer será mi esposa cuando cumpla sus deberes de esposa como se debe, solo me deja tocarla una vez a la semana y eso es solo para que le intente hacer un hijo. No sé ni siquiera como logro cumplir esas noches, la mujer es más fría que el hielo y se excusa en su inocencia.

— Es eso o te corta la cabeza su papá si no tienes un hijo con ella, leí el contrato. — Dijo Ichigo con maldad, estaba harto de las constantes comparaciones y comentarios que hacía Kaien entre Yoruichi y su esposa muerta. — Te casaste con ella y juraste amor y fidelidad ante las Deidades, así que ella es tu esposa y ahora te necesita.

— Me casaron con ella, un matrimonio así no merece ni amor ni fidelidad, ni siquiera merece llamarse matrimonio. — Dijo Kaien saliendo de la habitación e Ichigo lo siguió un paso detrás. El dolor de cabeza que se le había desatado le estaba taladrando las cienes. — Ojalá se esté muriendo, así quedaría viudo y podría conseguirme una mujer que no se niegue a calentarme la cama todas las noches como las Deidades mandan.

— Si, seguramente eso pasa. Ahora ve a ver a tu moribunda esposa. — Ichigo reviró los ojos mientras caminaba detrás de su hermano mayor, que se detuvo antes de entrar a la habitación de su madre. Ichigo lo vio respirar un par de veces para dar la impresión de estar agitado y abrió la puerta de golpe. Los sirvientes ya se habían ido de ahí.

— Madre… Yoruichi… madre… ¿está bien? ¿Qué le ha pasado? — Preguntó poniendo su mejor cara de preocupación en ese momento. Ichigo solo trataba de no revirar los ojos por la actuación de su hermano como esposo preocupado yendo con su esposa, que ya estaba despierta y bien, a tomarle la mano.

— Maravillosas noticias, hijo mío, eso ha pasado. — Dijo Masaki viendo a Yoruichi que estaba en la cama sonriendo. — La doctora lo ha confirmado, hijo mío, serás padre. Las deidades han bendecido tu matrimonio dándote un hijo.

— ¿Es en serio? ¿Estas embarazada, mi amor? — Preguntó Kaien dándole un beso en los labios a Yoruichi de la emoción. — ¡Esto hay que celebrarlo! ¡Tengo que avisarle a padre de esto!

Kaien salió de ahí después de darle un beso en los labios a Yoruichi y uno en las mejillas a su madre. Ichigo a veces se sorprendía de lo bien que actuaba Kaien bajo presión y luego concluyó que debía ser herencia de familia. Ichigo se acercó a su cuñada y le deseó felicidad por su embarazo como el protocolo lo marcaba.

— Gracias, Comandante, las Deidades me han bendecido con un hijo del príncipe más fuerte del reino. — Yoruichi dijo eso mirando a Ichigo mientras se acariciaba el vientre.

Masaki se dio cuenta en ese momento de por qué la reacción anterior de Ichigo le parecía extraña y se negó a creer que Ichigo había sido capaz de algo como lo que su mente imaginó. ¿En qué momento pasó? Ichigo nunca se había mostrado interesado en ninguna mujer, no tuvo amantes ni amoríos que mancharan su perfecta apariencia de padre devoto. A Masaki se le paró corazón durante un segundo al ver como Ichigo acariciaba la mejilla de Yoruichi con un descaro absoluto, como si él fuera el padre del niño que había dentro del vientre de la princesa heredera.

Ichigo volteó a ver a su madre, sabiendo que se habían delatado, y llevo un dedo sobre sus propios labios en una seña para que ella mantuviera el secreto.

— Esto es un evento familiar, madre, me retiraré a mis deberes, imagino que padre querrá venir a ver a…

Ichigo no terminó de hablar. La puerta se abrió de golpe y entró Isshin hecho un torbellino yendo directamente a su esposa, que seguía petrificada por esa silenciosa revelación. Isshin tenía una sonrisa que Ichigo no había visto en su padre en mucho tiempo y luego lo vio acercarse a Yoruichi, que estaba en la cama con un ligero rubor en las mejillas que se apreciaba sutil en su piel morena. Isshin besó las manos de Yoruichi y luego sus mejillas agradeciéndole que estuviera embarazada.

— ¡Mi primer nieto! ¡No puedo ser más feliz! — Exclamó Isshin y volvió a besar las manos de Yoruichi.

"Mi primer nieto". Aquella oración por parte de su padre le dolió a Ichigo en lo más profundo de su ser. Solo su madre fue consiente de la expresión sombría que se dibujó en su rostro y con un ligero toque en el hombro le indicó que se fuera de ahí. Isshin había empezado a hablar sobre el embarazo de Yoruichi y los planes futuros que ya estaba maquinando para el niño que venía en camino. Ichigo sabía que solo en dos ocasiones las palabras que salían de los labios de las personas cargaban toda la verdad y el sentimiento, cuando estaban realmente molestos y cuando estaban completamente felices. Isshin estaba completamente feliz por su nieto e Ichigo estaba completamente molesto, solo que él no dijo lo que pensaba sobre aquella oración de su padre.

— Su primer nieto, ha dicho. — Kaien le susurró a Ichigo al momento en que pasó a su lado para salir de la habitación.

Ichigo miró a Kaien por un segundo, y luego salió de ahí. Aún no era tiempo de matarlo.


"Yo, Rukia Kuchiki, Señora de Bosque Oscuro, declino mi poder sobre estas tierras y el título que me ha conferido su pertenencia a favor de Renji Abarai siendo él conocido desde ahora y a perpetuidad como Renji Abarai, Señor de Bosque Oscuro."

Rukia leyó una vez más lo que había escrito en el papel y le pareció que estaba bien, no encontró que otra cosa podría agregar a esas líneas además de los límites que comprendía el señorío de su familia. El representante de las Deidades que estaba en Pueblo Oscuro estaba por llegar y todo mundo sabía que los representantes de las Deidades eran algo especiales y difíciles cuando se lo proponían; ellos sentían que estaban más cerca de las Deidades que cualquier otra persona. Rukia había renunciado a ellas cuando ingresó en el templo de la luz y se dio cuenta que la luz le ofrecía el mismo consuelo que las Deidades.

La luz lo era todo al igual que las Deidades.

Rukia hizo pasar al hombre gordo, que vestía una túnica gris con símbolos de las Deidades en los bordes, al cuarto que servía como oficina para los señores de Bosque Oscuro; le ofreció una taza del café traído desde el otro lado del mar junto con unos panecillos y galletas y, luego de que el hombre comiera todo como si no hubiese mañana, supo que no pondría tanta resistencia a lo que iba a pasar en ese cuarto.

Renji entró en la oficina aun algo sucio por haber estado ayudando a los hombres que habían cazado un jabalí particularmente grande, él estaba al tanto de la llegada del representante de las Deidades porque Rukia le había prometido tierras, y sabía que para que fuera legal debía de tener al menos el visto bueno de aquél hombre. La posesión de tierras era un compromiso entre los señores de la tierra y las Deidades, donde se aseguraban que parte de lo que la tierra les daba fuera para las Deidades, otra para la capital y otra para ellos mismos.

El representante de las Deidades se limpió las migas de galletas de la túnica y tomó el papel que Rukia había redactado antes de su llegada, lo leyó y se quedó mirándola con sorpresa; Rukia lo miró con inocencia y el hombre volvió a leer el papel. Le preguntó si estaba segura de lo que estaba haciendo, porque lo que estaba escrito ahí era inaudito y nunca había pasado algo así, que él supiera.

— ¿No sería mejor celebrar una boda? Usted es joven y el señor también. — Sugirió el hombre gordo, aun escandalizado e Ignorando a Renji.

— No, no puedo casarme con él, estoy comprometida con uno de los príncipes y no quiero que mi hogar quede en manos de alguien que no sea de aquí. Además el príncipe Ichigo dio su visto bueno antes de irse. — Respondió con seguridad pero era una mentira tan grande como la panza del hombre.

— Espera Rukia, ¿Qué está pasando aquí? — Preguntó Renji y el representante de las Deidades lo volteó a ver, solo para escandalizarse más al verlo completamente sucio. Rukia le hizo un gesto de que esperara pero no respondió a su pregunta.

— En ese caso, mi lady no puede dejar que su familia quede desamparada, siempre ha habido un Kuchiki… no puede… — El hombre estaba buscando un pretexto para no firmar el papel que tenía en la mano, no podía permitir que un hombre como el que estaba ahí fuera el nuevo señor de la tierra.

— Está bien, agregue usted con su letra "Siempre habrá un hogar en la Gran Casa para los Kuchiki y su sangre mientras los Abarai estén en Bosque Oscuro y hasta que las Deidades dispongan." — Dictó haciendo que el hombre no se pudiera negar a escribir aquello.

— Rukia, ¿Qué está pasando? — Volvió a preguntar Renji irritado. No le gustaba que lo ignoraran así y no le dijeran por qué.

— Está pasando lo que te prometí, solo eso. — Habló Rukia sin darle importancia al hecho que estaba ocurriendo ahí. No quería darle la oportunidad a Renji de negarse hasta que el hombre gordo firmara el papel.

El representante de las Deidades no estaba feliz pero accedió a escribir lo que dijo Rukia, puso su firma junto con el sello entintando de las Deidades, que lo certificaban como un hecho legal y bendito, y se lo entregó a Rukia con mala cara. Rukia se acercó e hizo lo mismo, puso su nombre y luego colocó el sello entintado de la familia Kuchiki en el papel certificando que era su voluntad aquello, y luego se lo tendió a Renji para que él hiciera lo mismo.

— Es tu turno. — Le dijo a Renji que la volteó a ver.

Rukia pudo ver esa felicidad en los ojos de su amigo porque ella en verdad le estaba dando un lugar donde vivir. Le entregó la pluma para que él pusiera su nombre en el papel y lo vio detenerse en seco.

— Rukia… — Renji se quedó sin aliento después de leer lo que decía el papel y luego miró a su amiga.

— Cierto, tu familia no tiene sello. — Rukia comentó como si esa fuera la razón de la expresión de Renji. No le iba a dar tiempo de pensar demasiado, tomó una caja de madera y sacó un sello nuevo hecho en metal y oro. — El sello de tu familia.

Renji estaba anonadado por lo que estaba pasando y por un momento no supo si recibir lo que Rukia le daba hasta que ella misma lo puso en su mano sin que él pudiera rechazarlo. La mirada de Renji iba del representante de las Deidades a su amiga buscando un indicio de que le dijera que era una broma pesada y cruel, pero parecía que no era así.

— ¿No te gusta? — Le preguntó Rukia a Renji al mirar aquella expresión de aturdimiento. Renji negó con la cabeza. — ¿Entonces?

— Nada, Rukia… ¿Estás segura?

— ¿Vas a firmar o no? — Preguntó en vez de responder a la pregunta que él le había hecho.

Renji miró a Rukia y luego a la pluma, el representante de las Deidades hizo un ruido con la garganta en señal de que se apurara y fue que a Renji no le quedaron dudas de que eso no era una broma. Puso su nombre, en ese momento agradecía que su padre le enseñara a leer y escribir con propiedad, y luego tomó el sello que Rukia le había dado para llenarlo de tinta y poner el sello de su familia en el papel. Estaba hecho, él era el nuevo señor de la tierra.

El representante de las Deidades tomó el gran libro que llevaba y empezó a anotar la fecha y lo que había ocurrido ese día bajo la mirada de las Deidades y de él como testigo, hizo que ellos firmaran también para dejar constancia de los hechos y luego Rukia le dio un saquito de monedas de oro como pago por haber ido.

— Mi lord. Le hago entrega de sus tierras y del primero de muchos libros que espero que llene con lo que a su nuevas tierras concierne. Las primeras hojas, me tomé la libertad de llenarlas con los datos que tenemos ahora. — Rukia le entregó a Renji el papel que lo acreditaba como el señor de las tierras y un libro de hojas limpias forrado en cuero y con el mismo símbolo que había en el sello que le había dado.

— Rukia… — Volvió a decir el hombre con la voz temblando, sus manos también temblaban cuando tomó el libro que ella le estaba dando. Renji no sabía que decir.

— Sé que esto no compensa nada de lo que te debo pero te dará una ayuda para que formes tu vida. Haz sido el mejor amigo que pude… que puedo tener. Además, seguiré viviendo aquí por un tiempo.

— ¿Por un tiempo?

— Hay muchas cosas que no sé de mi vida, sé quién tiene las respuestas y sé que no me las va a decir, así que debo de buscar en la otra persona que sabe de mi vida: Yo. — Rukia hizo una pausa tomando aire. — Iré al Desierto Rojo, al Templo de la Sombra, tengo la esperanza de que ahí me ayuden con mi falta de memoria. Casa a tu hermana con algún lord ahora que es joven, cásate tú con alguien joven que te dé hijos. Cuida de Yuki si vuelve algún día.

— Espera, Rukia… ¿Es una despedida?

— No, es solo un viaje que debo de hacer sola.

— Me suena a despedida. — La voz de Renji temblaba un poco por el montón de emociones que había en su interior en ese momento.


Rukia no se fue de Bosque Oscuro hasta un par de días después de la firma del documento de sesión de tierras; ella tomó su caballo, el mismo con el que había ido a Adelaar aquella segunda vez, y un poco de provisiones para el camino. El viaje a Gardelia era largo, y esperaba que viajar en invierno no fuera un gran problema.

Kiyone decidió acompañar a Rukia en parte del camino, ella regresaba al palacio de Adelaar y Rukia no tenía como replicar eso. Kiyone no era Yuki, ella venía de una ciudad más ruidosa que Bosque Oscuro y ella había servido en un enorme palacio, la Gran Casa se veía lúgubre comparada con el palacio de Adelaar.

Ambas salieron de Bosque Oscuro antes de que el sol pudiera calentar, y Renji las despidió hasta que se perdieron de vista en el camino.

El camino hacia Adelaar no era tan largo como el que se tomaba hacia la Ciudad Blanca de Gardelia, Kiyone se despidió de ella en el cruce y Rukia evitó mirar mucho tiempo el palacio en el risco que se podía ver desde donde estaba; ella no quería ir al palacio porque sabía que Ichigo no le diría nada y sería una pérdida de tiempo, pero al mismo tiempo quería ir a ver a Ichigo, reclamarle y golpearlo por mentirle, y luego besarlo. Dentro de ella sentía una inmensa necesidad de besarlo y que volvieran a estar juntos como aquella última noche en la Gran Casa.

Varios días después llegó a la Ciudad Blanca. Rukia se había unido a una caravana de personas que se dirigían a esa ciudad y eso la relajó un poco por no tener que ir sola en todo el camino. No pasó desapercibido el lugar donde los soldados de Avanta habían hecho el campamento para atacar la ciudad y la gente de la caravana empezó a comentar sobre la guerra. Rukia nunca le había preguntado a Ichigo por qué no había ido a la campaña y él parecía no tener ganas de hablar de eso; nunca había mencionado el tema en todo el tiempo que había estado ahí más que la vez que aquel soldado le preguntó directamente cuando estaban en la plaza. Rukia sabía que lo que Ichigo dijo en esa ocasión era una mentira muy grande y descarada.

La Ciudad Blanca se mostró enorme y majestuosa, con muchas palmeras y mucho ruido por todos lados. Ellos tenían un puerto que era famoso por los barcos que llegaban desde el otro lado del Mar Turquesa cargados con cosas que se daban ahí, con frutas extrañas y muy dulces y con gente de piel morena que vestía pieles de animales que en Avanta no había.

Rukia se quedó un par de días en Gardelia para descansar del viaje y volver a tomar provisiones para el viaje que le faltaba hasta el Templo de la Sombra, que estaba ubicado en el Desierto Rojo. Rukia sabía que había dos formas de llegar, se lo habían explicado en el Templo de la Luz; la primera era ir directamente desde la Puerta de la Arena de la Ciudad Blanca y seguir derecho en medio del Desierto sin perder de vista una montaña con forma de garra; la otra forma era salir por la Puerta del Mar de la Ciudad Blanca y tomar el camino de la costa hasta la desembocadura de un rio.

Seguir el camino del desierto era una sentencia de muerte porque el agua se evaporaba antes de que se pudiera llegar a la Garra, el sol quemaba como si se hubiese ensañado con esa tierra y la noche congelaba como si tratara de hacer el equilibrio extremo con el día.

Su caballo lo había cambiado por un caballo del desierto, los que criaban los nómadas de la arena y que aguantaban mejor la vida en ese lugar seco y caliente, y siguió el camino del mar hasta que llegó a su destino. El templo estaba construido a la sombra de las montañas de piedra que formaban la Garra y se podía escuchar el ruido de una cascada que tronaba contra las piedras en algún lugar de ahí; ese debía de ser el manantial que aseguraba la vida en ese lugar.

Rukia golpeó la enorme puerta de madera con una aldaba de acero con forma circular para que le abrieran, se colocó el medallón del ruiseñor con los ojos violetas que le habían dado en el Templo de la Luz, y vio como la puerta de madera se abrió de par en par dejándola pasar.

Y así, la Sombra se la tragó.