Sasuke apenas podía creerlo cuando se despertó a la mañana siguiente y vio a Sakura a su lado en la cama. Estaba ya tan acostumbrado a que los sueños con ella terminasen al amanecer... Pero allí estaba, dormida, con la larga cabellera de rosa desperdigada sobre la almohada, sus finos rasgos y los labios entreabiertos, tan dulces y tentadores.
Se quedó largo rato allí echado junto a ella, observándola. Se habia sentido muy solo sin ella... y únicamente en ese momento se dio cuenta de hasta qué punto la había echado de menos. Durante el tiempo que estaban saliendo, le gustaba imaginarse así en la cama con Sakura, viéndola dormir plácidamente.
Ella no podía imaginar cuánto significaba para él, ni que la noche anterior había sido para él una tremenda revelación, la culminación de las esperanzas que tanto tiempo había estado abrigando, aun cuando no habían acabado lo que aumentaron. Además, el haber descubierto que era virgen, lo había sorprendido y llenado, nunca lo había engañado, ni con Sasori ni con nadie.
Se inclinó para besarla suavemente en los labios, y Sakura parpadeó y abrió los ojos, guiñándolos por la del sol. Bostezó ligeramente y le sonrió.
—Buenos días.
—Buenos días —respondió él besándola de nuevo—¿Has dormido bien?
—No había dormido mejor en toda mi vida. ¿Y tú?
—Yo tampoco —le dijo Sasuke tapándola con la sábana—. Quédate en la cama y descansa. No tienes que levantarte aún.
—¿Te vas a la nave tan temprano? —inquirió ella adormilada, echando un vistazo al reloj.
—Tengo que tomar un vuelo a Dallas, cariño —le explicó él levantándose—. He quedado con un nuevo cliente, pero estaré de vuelta por la noche.
—Pues yo no tengo que estar en el bufete hasta las nueve —le dijo ella con una sonrisa ufana.
—Pues yo preferiría que no tuvieran que ir en absoluto —repuso él frunciendo el ceño.
—Sasuke, me gusta mi trabajo —protestó ella con un mohín.
—Sí, pero a mí no me gusta nada Kakashi Hatake—murmuró Sasuke.
—Puede que sea un donjuán, pero conmigo se porta siempre muy correctamente —le aseguró Sakura—. Además, es un buen hombre, de verdad.
Sasuke se dio la vuelta, no quería que leyese en su rostro lo celoso que estaba de su atractivo jefe.
—Bueno, voy a darme una ducha.
Sakura se quedó mirándolo mientras buscaba ropa interior en uno de los cajones del armario y se dirigía hacia el cuarto de baño, devorando su torso desnudo con los ojos. Lo ocurrió la noche anterior le pareció en ese momento tan irreal... Se sonrojó al recordar pero Sasuke no lo vio porque había entrado ya al aseo.
Volvió a quedarse dormida y, cuando se despertó él estaba ya vestido con un traje gris claro que marcaba cada músculo de su cuerpo, y se encontró en ese instante anudándose la corbata frente al espejo. Mientras lo miraba, volvió a recordar todo lo que habían hecho la noche anterior y volvió a ruborizarse.
—Caray, menudo sonrojo... —murmuró Sasuke divertido. adoraba esas reacciones de ella—. Apuesto que si me pongo ahora a recordar la noche anterior te esconderías debajo de la cama.
—Y no perderías la apuesta, te lo aseguro —respondió ella riéndose—. ¡Oh, Sasuke! —susurró sonrojándose aún más por los recuerdos y tapándose el rostro con las manos.
Sasuke se sentó a su lado en la cama y la abrazó. Sakura, con la cabeza apoyada en su pecho, inspiro profundamente, inhalando su colonia.
—¿Segura que quieres ir a trabajar? —le preguntó Sasuke, tomándola de la barbilla para que lo mirara a los ojos—. El médico dijo que tal vez te convendría hacer reposo.
—Estoy bien. Me llevé un buen susto, pero después de haber descansado parece que los dolores han desaparecido.
—Yo también me llevé un buen susto —murmuró Sasuke—, gracias a ti tengo cinco cañas más esta mañana.
Sakura alzó la mano para peinar con los dedos sus cabellos, hundiéndolos entre los mechones sobre la frente, donde las primeras canas empezaban a asomar en la mata de pelo negro.
—Sakura... —dijo Sasuke de repente.
Ella vio de inmediato que la calma en su voz era engañosa—, ¿Por qué me mentiste acerca de Akasuna? ¿No te habría bastado con romper nuestro compromiso sin tener que herir también mi orgullo?
Ahí estaba de nuevo, pensó Sakura, el resentimiento volvía a aparecer. ¿Acaso no iba a perdonarle jamás por lo ocurrido, ni siquiera tras comprobar por sí mismo que no lo había traicionado? De repente empezó a preguntarse si tal vez él solo la deseaba físicamente, y si no podría haber nada más que eso. Ella quería que la amara, la pasión no era suficiente.
La tristeza hizo que se le humedecieron los ojos. La dicha que la había inundado la noche anterior estaba derrumbándose como un castillo de naipes. Cerró los ojos y exhaló un suspiro de hastío y frustración.
—Ya te lo dije anoche, fue idea de mi padre.
—Eso no me cuadra, Sakura. Él me apreció... Me ayudó muchísimo. Incluso lloraba la noche que vino a verme con Sasori...
Sakura lo miró a los ojos. —Todo esto se reduce a una cuestión de confianza, Sasuke, y sé que tú sigues sin confiar en mí. Tampoco es del todo culpa tuya —se apresuró a añadir—, porque yo empeoré las cosas al mentirte, pero si pudieras al menos darme un voto de confianza...
La mandíbula de Sasuke se puso tensa. — No puedo —murmuró. La soltó y se puso de pie—. Yo aún te deseo, y tú lo sabes, pero no puedo volver a abrirte mi corazón. Quien ha traicionado una vez puede volver a hacerlo.
—Yo no te traicioné, tú mismo has comprobado que todavía soy virgen —le recordó ella incómoda.
—No me refería a eso: me mentiste, me dejaste tirado —inspiró profundamente y sacó un paquete de cigarrillos de la chaqueta—. Ni siquiera ahora puedo estar seguro de que no vayas a dejarme tirado de nuevo por tu jefe. Está claro que él no necesitaría que alentaras demasiado para lanzarse, y además no es nada feo, ¿no es cierto?
—Tú no eres feo.
— ¡Qué curioso que te hayas dado cuenta tan rápido de que estaba hablando de mi...! —le espetó él enfadado—. No te metas en problemas mientras estoy fuera —le dijo lanzándole las llaves del Thunderbird—ten cuidado con mi coche.
—No tocaré tu preciado coche si no quieres—murmuró Sakura airada—. Tomare un taxi para que todo el mundo en Jacobsville murmure.
Se quedaron un buen rato desafiándose el uno al otro con la mirada, pero de pronto Sakura descubrió que las comisuras de los labios de Sasuke se arqueaban ligeramente, para dar paso a una sonrisa lobuna, a continuación ya estalló en carcajadas.
—Bruja —masculló divertido.
—Salvaje —le espetó ella.
Sasuke avanzó hacia la cama como un animal de presa. Sakura había echado a un lado las sábanas, y tratar de rodar hacia el otro lado de la cama, pero él fue más rápido, y en un instante la tuvo atrapada bajo su fuerte cuerpo, sin poder escapar. Ella se revolvió entre risas.
—Eso es, lucha —la animó Sasuke divertido, pero la rodilla de ella lo rozó en la entrepierna y dejó escapar un gemido ahogado—. Dios, Sakura... Ella se quedó quieta, roja como una amapola. —Bueno, tampoco es para ponerse así —la picó Sasuke—. Anoche ya viste como me excitabas, y eso que ahora no estamos piel contra piel...
— ¡Sasuke, para ya! —volvió a reírse Sakura, ocultando el rostro en el hueco de su cuello.
—Eres como una chiquilla —murmuró él con ternura y rodó de modo que ella quedó encima de él—. Mejor así? —le preguntó. Para él desde luego era mejor, ya que le ofrecía una buena vista del escote de la pijama.
—Eres un hombre horrible —bromeó Sakura haciendo pucheros.
—Lo soy —asintió él. Tomó un mechón entre sus dedos y la hizo agachar la cabeza tirando suavemente— Bésame.
—Te arrugaré el traje...
—Me da igual, tengo docenas de trajes más planchados en el armario, pero ahora quiero que me beses, y ya, porque tengo que tomar ese avión.
Sakura claudicó divertida, y la discusión que habían tenido hacía un momento quedó olvidada en cuanto sus labios se fundieron con los de él. Sasuke deslizó una mano entre sus cabellos, y la tomó por la nuca para acercarla aún más mientras hacia el beso más profundo.
— Después de que te hagas la operación tendremos que esperar al menos un par de días antes de retomar lo que empezamos anoche, así que no vayas a darle vueltas y a ponerte nerviosa, ¿de acuerdo? —le dijo Sasuke mirándola a los ojos—. Nota presionaré, será como tú quieras que sea.
Sakura lo besó primero en un párpado y luego en el otro con adoración. quería susurrarle que lo amaba más que a su propia vida, que todo lo que había hecho lo había hecho solo para protegerlo, pero sabía que él aún no había recobrado la confianza en ella. Tendría que ir poco a poco.
—¿Me creerías si te dijera que ya no te tengo miedo? —murmuró.
—Cariño, ¿Cómo no voy a creerte en la postura en que estamos?
—¿Qué pos...? ¡Sasuke!
Él se rio y volvió a hacerlos rodar sobre el colchón quedando de nuevo sobre ella.
—En «esta» postura... —le dijo besándola sensualmente—. Bésame para que pueda marcharme.
—Ya lo he hecho... varias veces —le susurró Sakura subrayando cada palabra con un beso
—Pues hazlo unas cuantas más, hasta que sientas que mis piernas pueden sostenerme de nuevo.
Sakura se río, y tras rodearle el cuello con los brazos le mordió el labio inferior con dulzura.
—Ahora eres mío —le dijo mirándolo a los ojos—, así que ni se te ocurra ir por ahí coqueteando con otras.
Sasuke sonrió encantado ante aquel arranque de posesividad. Volvió a tomarla por la nuca, y le dio un beso largo y profundo, teniendo que obligarse a ponerse en pie para poder parar.
—Será mejor que me marche antes de que se funda la última de mis neuronas —bromeó sin poder apartar la vista de ella. Sakura rehuyó vergonzosa su mirada—. Me hubieras dejado seguir adelante, ¿verdad? —le preguntó de repente en voz queda—. Aun sabiendo lo mucho que te habría dolido... no me habrías detenido.
—Quería que supieras la verdad —murmuró ella.
—Fuiste muy valiente —añadió Sasuke mirándola con admiración. Se quedó un momento en silencio, como si no quisiera dejarla, pero tras echar un vistazo a su reloj
de pulsera, suspiró y le dijo—. Tengo que irme ya.
Sakura se incorporó mientras él se dirigía a la puerta. —Que tengas un buen viaje.
Sasuke no dijo adiós, sino que tras volverse una última vez a mirarla, salió y cerró la puerta tras de si. «Ojalá pudiera leerle la mente», se dijo Sakura. ¿De otro modo podría averiguar lo que sintió por ella? se preguntaba si él ni siquiera lo sabría.
El día fue realmente agotado para Sakura Después de tener que aguantar toda la mañana y parte de la tarde al señor Hatake chillando a Hanare por una cosa o por otra, a ultima hora fue a la consulta del doctor Sims, quien le había dado cita para terminar de realizarle la intervención.
Llegó a casa cansada, pero después de tomarse una buena taza de café y la deliciosa cena que le había preparado María, se sintió mejor. Estuvo viendo un rato la televisión, esperando a Sasuke, pero la había llamado para decir que el vuelo se había retrasado, y de pronto empezaron a cerrársele los ojos, así que decidió subir a costarse. Al pasar por delante del dormitorio de Sasuke se quedó dudando un momento, sin saber qué hacer, pero le pareció que tal vez él se molestaría si la encontraba allí sin su permiso.
Se fue pues a la habitación de invitados, y apenas se hubo metido en la cama se quedó dormida. No oyó llegar el taxi de Sasuke, ni abrirse la puerta, ni cómo sus pasos se dirigieron esperanzados a su dormitorio, para maldecir entre dientes al encontrar la cama vacía, ni tampoco lo vio observarla en silencio con el ceño fruncido cuando fue a la habitación de invitados y la halló allí dormida. Sasuke cerró la puerta tras de sí, ceñudo, y se fue a su cuarto. había pensado que ella lo estaría esperando despierta, o al menos que se habría ido a dormir a su cama.
Sakura pasó la noche ignorante de su enfado, y al levantarse por la mañana bajó las escaleras deseosa de ver a Sasuke, pero cuando entró en el comedor, él le lanzó una mirada furibunda. Sakura se detuvo en la puerta sin saber corno actuar.
—Buenos días —balbució.
—No son precisamente buenos.
Sakura enarcó las cejas y se acercó a él. Sasuke apartó la vista de ella y alzó la taza para tomar un sorbo de café.
—Le diré a López que te lleve al trabajo —le dijo—, ¿Te importaría devolverme las llaves de mi coche?
Sakura las sacó del bolsillo de su falda y las puso sobre la mesa, pero antes de que pudiera retirar la mano, Sasuke la retuvo con la suya.
—¿Por qué volviste a la habitación de invitados anoche? —la interrogó. sus ojos negros parecían lanzar llamaradas.
¡De modo que se trató de eso!, pensó Sakura suspirando aliviada. —No sabía si querrías que durmiera contigo otra vez —le dijo con una sonrisa tímida— Cuando te fuiste no me dijiste adiós y... bueno, no quería molestarte —confesó encogiéndose de hombros.
—Dios mío, Sakura, estamos casados... —murmuró él—. No me molestes.
Sakura bajó la vista a la fuerte mano que aferraba la suya, y su calidez la hizo estremecerse por dentro. —Es que... desde que nos casamos siempre te ha comportado de un modo muy distante.
—¿Y no sabes todavía el porqué? —le preguntó con suavidad.
Ella lo miró a los ojos y asintió lentamente. —Porque me... ¿Por qué me deseas?
—En parte es por eso —asintió Sasuke sin querer entrar en más detalles—. ¿Fuiste a ver al doctor Sims?
El sonrojo de Sakura le dio la respuesta antes de ella asintiera con la cabeza.
Sasuke retiro la silla junto a la suya para que se sentara.
—Te llevaré yo mismo a la oficina —le dijo acercándole un plato de huevos revueltos.
Sakura sonrió con la cabeza agachada. Cuando llegó a la ciudad, Sasuke estaba ya más calmado, pero no le duro mucho, porque en cuanto aparcó junto al bufete, vio a Kakashi en la acera, mirando al derredor con los brazos en jarras, como si estuviera esperando impaciente la llegada de. de Sakura, pensó Sasuke frunciendo el ceño. Hatake alzó la vista hacia ellos en cuanto el Thumderbird se detuvo, y el rostro se le iluminó. Sonrió de un modo exagerado, y corrió junto a Sakura, saludando de pasada a Sasuke con una mera inclinación de cabeza.
Este parecía querer fulminarlo con la mirada. pero no dijo nada.
—Gracias a Dios que has venido —le dijo Kakashi a Sakura, abriendo la puerta de la oficina—, Temía que llegaras tarde —le dijo tomándola del brazo y arrastrándola en esa dirección—. No te preocupes, Sasuke, cuidaré bien de ella —le dijo sonriéndole.
Sasuke no respondió, y tampoco le dijo adiós a Sakura, sino que se metió en el coche dando un portazo. Y, sin mirar atrás, arrancó el automóvil y se alejó de allí a toda velocidad.
— ¿Ha ocurrido algo, señor Hatake? —le preguntó Sakura a este parándose en seco ante la puerta.
La marcha de Sasuke la había dejado un poco nerviosa, y no era para menos, su jefe le había dado una impresión muy poco favorable de su relación, haciendo que pareciera algo más que la estrictamente laboral.
— ¡Esa mujer tiene que irse! —le respondió Hatake con grandes aspavientos—. ¡Se ha encerrado en mi despacho y se niega a salir! Pero no me quedó de brazos cruzados, ¡ah, no!... He Llamado a los bomberos —le dijo con una sonrisa cruel—. Echaran la puerta abajo, la sacaré de los pelos y la pondré de patitas en la calle... para siempre.
Sakura se frotó la nuca incómoda: —Em... Señor Hatake... ¿y por qué... por qué se ha encerrado Hanare en su oficina?
Su jefe carraspeó. —Fue por... fue por el libro.
—¿Qué libro?
—El libro que le tiré —masculló él irritado.
— ¿Le tiró un libro?
—Bueno, sí, un diccionario... —farfulló él metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón—. Teníamos cierta diferencia de opiniones acerca de cómo se escribía un término legal. En fin, imagínate... —añadió enfadado—. Soy abogado, estudié derecho... ¿Qué se cree, que no sé eliminar los términos de mi profesión?
Sakura, que había comprobado de primera mano la desastrosa ortografía del señor Hatake, no dijo una palabra, pero frunció los labios.
—De acuerdo —prosiguió su jefe hablando más consigo mismo que con ella—, le dije algunas cosas, pero ella me dijo también otras...¿Dónde ha quedado el respeto hacia los superiores?. El caso es que le lance el libro, me estaba poniendo frenético, y entonces fue cuando se encerró en mi despacho... ¡Por un libro nada más!—exclamó. Sakura enarcó las cejas—. Bueno, y por el cristal —admitió.
—El... ¿cristal? —inquirió ella boquiabierta.
—El cristal de la... ventana —murmuró su jefe. Se dio la vuelta y le señalo unos cristales rotos sobre la acera en los que ella no había reparado hasta ese momento.
Kakashi Hatake se agachó a recoger algo del estropicio. — ¡Ah, aquí está! Sabía que debía estar por aquí — dijo levantándose y blanqueando el diccionario, un talonario bastante grueso.
Sakura se debatía entre la risa y las lágrimas cuando se oyó un chirrido y una sirena, y apareció torciendo en esquina el camión de bomberos. Se detuvo frente al edificio. —Estoo... ¿No les dijo para qué necesitaban que vinieran? —le preguntó Sakura a su jefe al ver que los bomberos se bajaban y empezaban a desenroscar una manguera.
—Pues no, la verdad es que no —respondió Hatake distraídamente—. ¡Oh, hola, Asuma! —saludó al jefe de bomberos de Jacobsville, adelantándose—. Gracias a Dios que haz venido!
—¿Dónde está el incendio, Hatake? —inquirió este mirando en todas direcciones.
—¿Incendio? —repitió Kakashi rascándose la cabeza— .La verdad es que no hay ninguno. Se trata de otra clase de emergencia.
Asuma, un tipo grande y fuerte con la cara colorada, lo miró ceñudo. — No hay fuego —les hizo una señal a sus compañeros para que guardaran la manguera—. ¿Entonces para que nos necesitas?
—Quiero que echéis abajo la puerta de mi despacho con un hacha. Es que... el perdido la llave —improvisó el señor Hatake. No podía decir la verdad delante de la muchedumbre de curiosos que se había agolpado allí delante.
—¿Y por qué no ha llamado a un cerrajero? — preguntó el jefe de bomberos empezando a perder la paciencia.
—Pues porque... porque...
— Una joven empleada se ha encerrado allí y no quiere salir —le explicó Sakura al jefe de bombero llevándolo aparte.
— ¡Por todos los demonios, Kakashi!, ¿quieres que tiremos una puerta a hachazos para hacer salir a una pobre chica?! —exclamó Asuma.
La muchedumbre prorrumpió en carcajadas mientras que Kakashi Hatake enrojecía y balbuceaba cosas como: «¿Pobre chica?» y «¡es un diablo, un diablo!»
Por suerte no fue Precisamente ninguna actuación, ya que en ese momento, Hanare, que debería haber oído el jaleo salió por su propia voluntad, y avanzó amenazadora hacia su jefe.
— ¡Dimito! —le gritó al señor Hatake. En cuanto llegó a su lado le arrebató el diccionario de la mano, y lo golpeó con él en la cabeza con todas sus fuerzas. Se volvió hacia Sakura temblando de ira—. Lo siento, Sakura, pero a partir de hoy vuelves a ser la única secretaria de esta oficina. ¡No aguanto ni un día más al lado de este atormentador de mujeres! ¡Y no tiene usted ni idea de ortografía, señor abogado de pacotilla! —le gritó a Hatake.
— ¡Tengo mucha más idea de que tú, niñita de instituto! —le gritó él viviéndola alejarse—. ¡No esperes que vaya corriendo tras de ti para rogarte que vuelvas!, ¡no pienso hacerlo! Seguro que en esta ciudad hay cientos de mujeres que saben deletrear mas que tu, y que necesiten trabajo.
El jefe de bomberos estaba observando la escena boquiabierto, mientras que Sakura manejaba a duras penas de no estallar en risas. Presintiendo lo que iba a ocurrir, se escabulló y entró en la oficina. Y, tal y como había supuesto, al cabo de un par de minutos el jefe de bomberos estaba lanzando serpientes y culebras por la boca aturdiendo a Kakashi por haberlos llamado para semejante majadería, y diciéndole que diera gracias porque no fuera a informar de ello a la policía para que le dieran una multa o lo arrestaran.
El incidente con Hanare había puesto de un humor de mil diablos a Kakashi, así que, seguramente estallaría porque no hacía más que despotricar de ella.
Y como no había trabajo adelante ni dejaba trabajar a Sakura, dijo que cerrarían una hora antes. Sakura recogió sus cosas llamó y a la nave de los Uchiha para preguntarle a Sasuke si podía acercarse a recogerla antes, pero le dijeron que estaba fuera. Sakura suspiró mientras colgaba el auricular, y al ver a su jefe salir de su despacho en ese momento con el maletín en la mano, le preguntó sin pensarlo dos veces:
—¿Le importaría llevarme en su coche a la nave? — Llamó a Sasuke para que viniera a recogerme, pero me han dicho que ha salido.
—Claro, cómo no. ¿Qué ha pasado con tu coche nuevo?, ¿averiado?
— Hum... Es una larga historia —murmuró ella mientras él le sostenía la puerta de su Mercedes para que entrara—. ¿De verdad va a despedir a Hanare? — le preguntó cuando él hubo entrado también—. En el fondo es una buena chica.
—No es cierto, es como una piedra en el zapato —masculló Kakashi.
—Si le diera otra oportunidad al paciente y tratara de ser más estoy seguro de que lo sorprendería.
Kakashi se removió incómodo en el asiento. —Supongo que para ti es una faena: la verdad es que el volumen de trabajo que tenemos ahora es demasiado para una sola persona.
—Tal vez debería plantearle pedirle que volviera— sugirió Sakura—. Además, seguro que está avergonzada de cómo se ha comportado.
—En fin, supongo que tendré que hacerlo — respondió él exhalando un profundo suspiro—. Después me pasaré por la casa de sus padres y les diré que puede venir mañana de nuevo a la oficina si quiere— concedió como si estuviera haciendo un favor a la chica.
Cuando llegaron a la nave, a pesar de que ella le dijo que no era necesario, él insisto en salir del coche y abrirle la puerta para que baje. Sakura estaba despidiéndolo con la mano y viendo alejarse el vehículo cuando vio una sombra cernirse sobre la suya en el suelo, una sombra alargada. Se dio la vuelta y se encontró con Sasuke, un Sasuke con cara de pocos amigos.
—Ah... hola.
—Pensaba que salías a las siete —le dijo él en un tono peligroso.
—Hemos tenido un problema en la oficina y hemos salido antes —explicó Sakura. ¿Cómo se le habría ocurrido pedirle a Kakashi Hatake que la llevara sabiendo lo celoso que era Sasuke respecto a él?—. ¿Puedes llevarme a casa o tienes que quedarte aún un rato? Te esperaré si hace falta.
—Itachi sale ahora, él te dejará en casa.
Y entró en las oficinas de la nave, dejándola allí de pie, bajo un sol de infierno, entre los mugidos del ganado.
Itachi apareció al rato visiblemente irritado. — ¡Menudo caradura de hermano que tengo!, lleva todo el día sentado tras su mesa de brazos cruzados, y va y me saca de una reunión para llevarte a casa. Te juro que no entiendo nada. ¿Estás enfadado contigo?
—¿Y cuándo no lo está? —replicó ella airada—, el señor Hatake me ha traído en su coche hasta aquí, Sasuke debe haber imaginado que lo ha seducido en la autopista. ¡Es tan... tan... tan insufrible, tan cabeza, tan insensible...!
—Bueno, bueno... —la tranquilizó él mientras caminaban hacia su coche—. ¿Entonces es solo una cuestión de celos? Venga, Sakura, eso no es problema. Una mujer, debería saber perfectamente lo que tiene que hacer.
Sakura imaginó a qué se refería, y se sonrojó profundamente. Había llegado junto al coche, e Itachi le abrió la puerta para que se sentara y entró él también. Le hizo gracia verla ruborizarse. En el fondo Sasuke y ella eran muy parecidos: chapados a la antigua y llenos de prejuicios. Puso el vehículo en marcha y se aclaró la garganta.
—Sakura... —le dijo—, la mejor manera de obtener la atención de un hombre y de quitarle el mal humor, es besarlo, abrazarlo y... bueno, dejar que la naturaleza siga su curso, ya sabes a qué me refiero —dijo guiñándole un ojo.
Sakura volvió a sonrojarse. —No creo que a Sasuke le gustase que hiciese eso—murmuró con voz ronca.
—Pues claro que sí —le aseguró él unas palmaditas de ánimo en la mano—. Está tan loco por ti que ve fantasmas por todas partes. Hazme caso, Sakura, si utilizas el método de aproximación adecuado, se volverá dócil como un perrillo faldero.
Había llegado al rancho. Tras la despedida de Itachi, Sakura entró en la casa pensativa. Lo cierto era que la idea de seducir a Sasuke era tentadora, se dijo sonriendo con picardía mientras subía la escalera.
