Capítulo 13: La Sombra
El sacrificio a la Sombra era quizás lo más doloroso que había hecho Rukia en toda su vida. Ella tenía que renunciar por completo a todas sus creencias y adoptar a la Sombra, a la entidad que vivía en el límite entre la luz y la oscuridad, y permitir que una parte de la Sombra viviera en ella. Era algo que se hacía en solo en el Templo de la Sombra, el poder que se le entregaba a sus más fieles servidores para hacer cumplir sus deseos, y para Rukia, era la clave para acceder a sus recuerdos pues, en palabras del sacerdote, un acólito de la Sombra se los había quitado.
Rukia tenía cada vez más preguntas, pero las guardó todas en el fondo de su mente mientras se recuperaba de aquél ritual que había incluido sangre, sudor y lágrimas; pocos se atrevían a realizar ese ritual, y menos lograban sobrevivirlo. Rukia estudió los antiguos textos cíclicos de la Sombra, los cantos milenarios, los poemas del veneno y a la Sombra misma. En el Templo de la Luz, Rukia había aprendido sobre la paz, la vida y la forma de salvarla y prolongarla, así como de quitar el dolor de la mente, por eso sus pesadillas habían cesado mientras estuvo allá; pero en el templo de la Sombra se aprendía sobre la muerte, la tortura y la agonía.
Cuando Rukia estuvo lista, cuando el sacerdote concluyó que Rukia había avanzado lo suficiente para poder conectarse con la Sombra, fue llevada a una habitación hexagonal en donde solo una vela ardía en el centro, iluminando con su luz las paredes que rezumaban el agua que se filtraba de las cascadas y que olía a humedad.
Rukia se sentó en el piso, cerró sus ojos y juntó sus manos en la posición indicada antes de iniciar el proceso para la invocación de la Sombra. Le tomó un poco de tiempo, pero cuando iba por el tercer ciclo de la segunda invocación, la Sombra le habló y le ordenó abrir los ojos para que ella pudiera ver por sí misma todo lo que le habían quitado. Si había una sombra en aquél lugar, Rukia lo podría ver. No lo vería ni lo escucharía desde sus propios ojos y oídos, sino lo vería y escucharía desde de la Sombra.
Lo primero que vio Rukia fue a Ichigo sonriéndole, besándole la mano e invitándola a bailar en una fiesta. Rukia recordó esa fiesta, era una de las primeras a las que asistió en el palacio de Adelaar, pero se sorprendió a sí misma al ver las expresiones de esas versiones más jóvenes de ella e Ichigo. Ese Ichigo la miraba con un brillo en los ojos que dolía, con el enamoramiento fácilmente legible en la mirada; pero esa Rukia más joven no lo podía ver, esa Rukia más joven desviaba la mirada de vez en vez, como si estuviera buscando a alguien más.
Ichigo no le había mentido con respecto a eso, porque en cada memoria que la Sombra le mostro que compartía con Ichigo, él la miraba con amor y ella simplemente buscaba a alguien más con la mirada.
La Sombra le mostró la primera vez que estuvo con Kaien, y Rukia no supo si era simplemente un detalle que ella había olvidado o si la Sombra disfrutaba mostrar imágenes así; pero ella pudo ver su estúpida expresión enamorada, y la mirada frívola de Kaien. En ese momento, Rukia se dio cuenta de que ella había elegido no ver aquella mirada solo porque estaba realmente enamorada como una estúpida de un tipo que la engañó y se aprovechó de ella.
La escena cambió, y la Sombra le mostró la vez que ella se enfrentó a Kaien. Esa escena era completamente diferente a la que Ichigo le había contado en la Gran Casa. Esa Rukia le reclamó a Kaien por dejarla de lado, por salir con otra chica y le arrojó el anillo que él le había dado para simbolizar ese compromiso secreto entre ellos. Kaien se rió de ella y le aseguró que nadie querría a una reina que se entrega a cualquiera. Rukia golpeó a Kaien en la cara, y Kaien le regresó el golpe haciéndola terminar en el piso.
— En el piso, donde las rameras deben de estar. — Musitó Rukia al mismo tiempo que lo hacia el Kaien de esa memoria.
La Rukia del recuerdo se sintió tan mal, tan tonta y tan sin valor en ese momento, que incluso el dolor llegó hasta el presente como una ráfaga que atormenta. Rukia se limpió las lágrimas que había derramado al mirar a su versión joven así, y quiso tener el poder de abrazarse a sí misma y decirle que todo estaría bien.
La escena cambió, la Rukia más joven estaba en su cama, con los ojos enrojecidos por tanto llorar, cuando alguien tocó la puerta de la habitación. Rukia no quiso abrir, pero fueron tan insistentes que se tuvo que levantar de la cama, limpiarse las lágrimas y abrir la puerta. Ahí estaba Ichigo, con una expresión preocupada, preguntándole si se sentía bien o si Kaien la había lastimado. Rukia, la que veía ese recuerdo, recordó que Ichigo sabía en ese momento que ella había estado con Kaien, porque el mismo Kaien se lo había dicho a Ichigo, y vio la expresión de su yo más joven, molesta, orgullosa y herida, que simplemente le respondió con un:
— Estoy bien, su alteza. Le pido que no se meta en mis asuntos. — Repitió Rukia, sin el desdén de su versión más joven, antes de cerrar la puerta.
Rukia se sintió tan ciega, tan mal… ella fue cruel y él solo había ido preocupado por ella, sin juzgarla, solo con preocupación genuina en su mirada. Kaien le había roto el corazón y ella estaba tan herida que no veía más allá de su dolor.
La Sombra le mostró más recuerdos de cómo Ichigo intentaba acercarse a ella y como ella lo rechazaba de la misma manera cruel, hasta que él dejó de intentarlo y empezó a mandarle pequeños recados diciéndole que él quería ser su amigo. "¿Podemos ser amigos?", "¿Quieres ir a comer dulces?", "¿Necesitas platicar con alguien? Soy bueno guardando secretos", "Si tienes miedo de algo, yo te puedo proteger."
Ichigo la invitó al acantilado esa vez, fue la primera vez que ella aceptó algo de él, e Ichigo le invitó una manzana mientras observaban el atardecer.
— No sé qué te pasó, pero si quieres hablar de eso, yo te puedo escuchar. Prometo que no le diré a nadie y en cambio yo te diré un secreto mío para que estemos a mano. — Rukia repitió esa oferta con una sonrisa. Las palabras de ese Ichigo joven eran demasiado inocentes, aunque en ese tiempo él debía tener alrededor de 18 años.
Esa Rukia más joven se sentía llena de dolor y desesperación, y necesitaba de un amigo para hablar; la propuesta de ese joven Ichigo hizo que ella le contara todo lo que había sucedido con Kaien. Rukia le contó desde cómo estaba enamorada de él hasta como la trató al final, y ese joven Ichigo la consoló con palabras amables y le ofreció su hombro para que ella llorara todo lo que necesitaba. Esa Rukia más joven no lo vio, pero su versión adulta pudo apreciar la tristeza en el rostro de Ichigo y aquella pequeña lágrima que se limpió discretamente para no asustarla.
La memoria cambió después de que esa Rukia más joven terminara de llorar, y de nuevo se mostró el acantilado. Era un día diferente, Rukia tenía un vestido diferente e Ichigo estaba comiendo chocolate mientras ambos estaban sentados mirando el atardecer. Esa Rukia estaba más tranquila, más calmada y parecía más relajada.
— Yo te conté mi secreto, ahora tú debes contarme el tuyo. Lo prometiste. — Susurró Rukia, pero a la Rukia más joven le tembló la voz al decir aquella última palabra.
— Y yo siempre cumplo mis promesas. Pregunta lo que quieras saber. — Repitió Rukia al mismo tiempo que hablaba el Ichigo de su memoria, completamente serio pero con una mancha de chocolate en la comisura de los labios.
Esa vez, Rukia preguntó si él se había acostado con alguien. El Ichigo más joven se atragantó pero concedió que la petición era justa; ella le había contado esa experiencia con Kaien así que él debía de pagar con algo igual. Ichigo le empezó a contar sobre su viaje al norte, a Vayalat y Gardelia, y le contó que había conocido a una muchacha muy bonita. Hicieron parte del viaje juntos, desde Gardelia hasta Vayalat, y que durante ese tiempo habían compartido la cama muchas veces.
— ¿Y dónde está? ¿No se molestó cuando la dejaste? ¿O eres igual que Kaien?
— ¡No soy como él! Yo no… realmente aquella chica y yo no éramos nada. Yo no le prometí amor ni ella a mí. No le prometí que nos casaríamos y ella tampoco quería eso, solo éramos compañeros de cama. Era divertido. Al final, ella regresó a su reino y yo al mío. Me escribió una vez, me contó que le iba bien en su vida y yo le respondí que me iba bien en la mía. Ambos nos deseamos suerte y ahí terminó todo.
Rukia, la Rukia mayor, sonrió ante la forma tan simple en que Ichigo le explicó que había tenido una aventura; también porque recordó que él le había invitado de su chocolate después de eso y él cambió el tema a por qué no era bueno romperle las bolas a Kaien solo por ser una mala persona.
El recuerdo cambió de nuevo, pero el acantilado seguía siendo el mismo, solo que esa vez había una manta para que ambos se pudieran sentar ahí y almorzar. Rukia notó que su versión joven estaba nerviosa, pero que ese Ichigo parecía muy entretenido en cortar una barra de chocolate con un chuchillo para repartirla. Entonces la joven Rukia habló, y ese Ichigo casi se cortó el dedo ante la petición.
— ¿Podemos tener una relación así como la que tuviste con tu amiga? — Rukia de inmediato recordó por qué hizo esa pregunta. Ella quería olvidar lo que Kaien había hecho con ella y pensó que con Ichigo podría hacerlo. Él había sido bueno y amable, y ella estaba consciente de que su vida estaba definitivamente arruinada por culpa de Kaien. Ichigo le había dicho que ese tipo de relación había sido divertida y ella lo quería probar también.
— ¿Qué? No creo que sea una buena idea, Rukia. Eso es algo que surge, no sé cómo explicarlo. — La Rukia mayor se dio cuenta en ese momento, que Ichigo la estaba rechazando porque él estaba enamorado de ella, y ella seguía aun afectada por lo de Kaien. Él no quería estar con ella así.
— Es porque no serás el primero, ¿verdad? Es porque estuve con Kaien, ¿verdad? Mi destino siempre será ser la otra, la amante o la esposa infiel cuando no pueda pasar la prueba de sabana. — La Rukia más joven se cubrió la cara entre lágrimas. — Me arruiné la vida, y ahora no sé qué hacer. Al menos permíteme probar ese tipo de relación contigo antes de que viva un infierno el resto de mi vida.
— ¡No! Rukia no digas eso, tendrás un buen futuro… pero si quieres… te puedes quedar conmigo. Soy un príncipe después de todo, y podría pedir que no se hiciera la prueba de sabana… y podríamos seguir siendo amigos.
— No arruines tu vida conmigo… yo no valgo… yo…
— Está bien. Sin sentimientos, sin promesas… solo placer…
Rukia miró detenidamente ese recuerdo, pudo ver la expresión dolida de Ichigo cuando cedió a lo que ella pidió, así como pudo ver el sonrojo cuando él le pidió matrimonio de esa manera tan infantil. Rukia se dio cuenta de lo cruel que fue con Ichigo, porque él estaba enamorado de ella y ella… ella no lo podía ver. Desde el día que ella enfrentó a Kaien hasta el día que hizo esa petición, habían pasado casi seis meses.
La Sombra le mostró la habitación de Ichigo, era tarde cuando ella entró ahí y todos estaban durmiendo. Rukia recordó que estaba nerviosa en ese instante, y cuando vio a Ichigo sus nervios aumentaron. Ichigo notó su estado de ánimo y le ofreció no hacerlo, pero aquella Rukia más joven no se retractó e Ichigo solo asintió.
— Susurra mi nombre, será más fácil… — Ichigo no terminó esa oración, pero la Rukia mayor entendió en ese momento que él lo hacía por ella. La frase sería: "será más fácil para ti, para que tu mente no imagine a Kaien y me imagine a mí; para que no tengas miedo y puedas disfrutar."
La Rukia mayor pudo ver los ojos de Ichigo, y aunque había amor en ellos, también había tristeza. Ichigo la llenó de besos, desde la frente hasta los pies, la llenó de caricias y la hizo sentir placer incluso sin entrar en ella. Esa noche Ichigo no se quitó la ropa, solo le dio un beso, la dejó descansar y luego la vio irse de la habitación. La escena se repitió un par de veces más, hasta que al final Ichigo se acomodó entre sus piernas y la arrastró a una vorágine de placer.
Rukia vio esos recuerdos con las mejillas sonrojadas, vio como Ichigo la complacía a como ella quería y la hacía gemir por cada embestida que le daba; pero nunca lo vio terminar dentro de ella ni con ella. Ichigo siempre se detenía unos momentos, salía de ella y terminaba sobre su vientre, sus piernas o su espalda. Hasta que una noche Ichigo no se pudo controlar, terminó dentro de ella y le susurró su amor. Fue un segundo después que Ichigo se dio cuenta de lo que había pasado y se disculpó con ella después de alejarse prudentemente.
— Yo… lo siento, no debí… fue mi error…
— Está bien… no pasa nada…
La Rukia más joven besó a Ichigo y de nuevo lo arrastró a la cama, y desde esa noche Ichigo no volvió a terminar fuera de ella. Rukia miraba el recuerdo y notaba la expresión triste en Ichigo cuando ella se iba después de que estaban juntos en la noche; también se dio cuenta cómo ocultaba la tristeza con una sonrisa durante el día. Rukia recordó que se sintió bien escuchar que él le confesaba sus sentimientos, pero el miedo que sentía le impidió mantener esa pequeña esperanza de felicidad.
Luego sucedió lo de su padre, Rukia vio de nuevo esa tragedia y podía ver a su versión más joven con apariencia enferma. Las náuseas, los vómitos y los desmayos; Rukia pensó que era estrés. Todo mundo pensó que era estrés. Ella era una prisionera en Adelaar y no le permitían viajar a su hogar por la sospecha de que alguien más estaba conspirando desde ahí. Fue mientras se bañaba que descubrió que su vientre estaba creciendo y entró en pánico porque no sabía qué hacer.
Lo primero que hizo fue ocultarlo tanto como pudo.
Ella era pequeña y delgada, así que dejó de usar corsé y la mayoría de las prendas interiores para tener más espacio y ocultar su vientre; nadie le prestaba tanta atención, ella era una prisionera después de todo. Cuando se lo confesó a Ichigo, Rukia tuvo miedo de que él tuviera una reacción violenta, pero no fue así a pesar de que el miedo y la sorpresa se dibujaron en su rostro cuando él escuchó la noticia. Ichigo se acercó a ella y le preguntó si se sentía bien, si quería tenerlo o si quería que buscara de manera de detenerlo. Se suponía que Ichigo no debía tener hijos hasta que Kaien lo hiciera, el que él hubiese hecho esas preguntas hizo que Rukia, la mayor, sintiera algo cálido en el corazón.
Rukia en ese momento se sentía tan triste y devastada por la muerte de su padre y su hermano, que no tuvo el valor para terminar con la vida dentro de ella.
La memoria siguió y se vio a ella y a Ichigo escapando en un caballo hacia el bosque porque ella era la hija de un traidor y si se enteraban que estaba embarazada de Ichigo, los iban a matar a los tres. La idea era escapar a Bosque Oscuro, pero no lo hicieron porque ahí sería el primer lugar donde la buscarían. Ichigo la dejó un una vieja cabaña y le prometió que regresaría por ella para que se fueran de ahí; él pretendía sacarla de la capital y del reino.
Rukia se quedó sola en esa cabaña por dos días, con el miedo de que Ichigo la hubiese dejado abandonada y no volviera por ella, pero Ichigo llegó en la noche del segundo día y Rukia de inmediato se lanzó a sus brazos agradeciendo a las Deidades porque él no la había abandonado; junto a él llegó una doncella y una bolsa con las cosas de Ichigo.
— Ichigo dijo que el rey me estaba buscando, y que él lanzó un rumor sobre que él había escapado con una doncella. Muéstrame si es cierto. — Pidió Rukia y la Sombra concedió su deseo.
La imagen que se mostró ya no era de ella e Ichigo, era del rey que recibía la noticia de que ella había escapado. El rey inmediatamente envió a un grupo de hombres a buscarla y envió a otro más a la Gran Casa para detenerla cuando se acercara allá. El recuerdo cambió y mostró de nuevo al rey, esta vez recibiendo la noticia de que Ichigo se había escapado con una doncella del servicio. El rey estaba furioso y envió a sus guardias privados a buscarlo mientras gritaba sobre lo rebelde y mal hijo que era Ichigo por haber huido con una simple campesina.
Ichigo no era rebelde ni un mal hijo, solo la estaba protegiendo a ella y a su hijo.
La Sombra le mostró a Rukia el tiempo que vivieron en la cabaña, le mostró como Ichigo no dormía con ella por cederle la cama para que ella pudiera descansar; también le mostró como Ichigo se maldecía a sí mismo por causarle eso. Rukia lo escuchó culparse por ceder a lo que ella pedía, lo escuchó culparse por arruinarle la vida y lo escuchó culparse por no poder sacarla de ahí; todo eso mientras él creía que ella dormía. Sin embargo, al día siguiente Ichigo siempre la trataba de manera amable y dulce.
Ichigo nunca le reclamó ni la hizo sentir mal, él se encargaba de buscar la comida y la doncella era quien se encargaba de prepararla. Cuando su hijo se movió por primera vez dentro de ella, Rukia se asustó, pero la doncella le explicó lo que pasó y de inmediato le avisó a Ichigo, que estaba tratando de armar una trampa para conejos en ese momento. Cuando Ichigo puso la mano sobre su vientre y sintió a su hijo moverse, la sonrisa en sus labios borró por un momento toda la desesperación que él escondía en su corazón. Rukia lo abrazó y él le besó la frente.
Rukia recordó que en ese momento, a pesar de todo lo que estaban viviendo, sintió paz y se sintió segura y protegida.
A partir de ese día, Rukia le pidió a Ichigo que durmiera con ella en la cama con la excusa de que tenía frío, y él accedió porque él era una buena persona. Rukia se acostumbró al calor y al aroma de Ichigo, a la forma tan suave en que él la sujetaba al dormir y a la forma tan dulce en que él le acariciaba el vientre que cada día crecía más.
En la Gran Casa, Ichigo le dijo que ella no lo amaba, pero al ver esos Recuerdos, al volver a hacerlos suyos y recordar sus propias emociones, Rukia fue consciente de que ella se estaba enamorando de él, pero también se dio cuenta de que esos sentimientos se podían confundir con gratitud. Ichigo los interpretó como gratitud solo porque ella nunca expresó lo que sentía por él en voz alta.
La memoria cambió hasta el día que nació su hijo, el niño nació en esa cabaña e Ichigo estuvo con ella en todo momento. Él había conseguido a una matrona a la que le pagó con el poco oro que le quedaba, pero que a él no le importó gastar, y fue entonces que Rukia, tanto la joven como la mayor, vio a su hijo por primera vez. Era realmente pequeño, tenía el cabello negro y la piel rosácea que tienen los bebés recién nacidos.
— Te llamarás Juha. — Susurró Rukia al mismo tiempo que su recuerdo la hacía. La tradición dictaba que el padre del niño debía de elegir el nombre, pero Rukia habló antes de que Ichigo pudiera hacerlo.
La matrona limpió al niño y se lo entregó a Ichigo, envuelto en una frazada calentita de algodón. Ichigo estaba feliz, Rukia podía ver la felicidad desbordarse de los ojos de Ichigo en forma de lágrimas cuando puso su frente sobre la del pequeño bebé que dormía.
— Tu nombre es Juha. Tu nombre es Juha. Tu nombre es Juha. — Ichigo repitió tres veces el nombre que Rukia había elegido, una por cada Deidad, y luego le besó la frente al pequeño niño antes de entregarlo a su madre.
Esa escena, esa memoria, le llenó a Rukia el corazón de un profundo sentimiento cálido y suave. No era perfecto, pero ella tenía a su hijo y a Ichigo con ella, entonces ¿qué salió mal? El plan era irse de ahí en cuanto Rukia pudiera viajar. Ichigo había contactado con uno de sus amigos que era quien los ayudaba y les pasaba información de las cosas, por eso habían sobrevivido tanto tiempo en esa cabaña.
— ¿Qué salió mal?
La Sombra le mostro entonces qué fue lo que salió mal.
El soldado habló con Ichigo, aun lo seguían buscando y el rey hizo correr la voz de que si Ichigo no se presentaba en el palacio de Adelaar al finalizar el mes y explicaba su comportamiento, lo iban a acusar de traición al reino y le iban a poner precio a su cabeza y a la de Rukia, porque el rey creía que ellos estaban juntos en ese momento, porque ninguno de los dos aparecía.
Esa fue la primera vez que Ichigo le mintió. Él evitó decirle esa información a Rukia y fingió que todo estaba bien.
La Sombra mostró la imagen de Ichigo enviando una carta con su amigo y tiempo después le mostró como Ichigo se reunía en la noche con una mujer a unos pasos de la cabaña.
— Yoruichi, si no estuviera desesperado, no te habría llamado. Mi mujer y mi hijo están ahí adentro y el rey me va a acusar de traición si no vuelvo al palacio, pero si vuelvo con ellos de todas formas seré acusado de traición y seré obligado a ver como los ejecutan antes de que me ejecuten a mí. Tienes que salvarla a ella, al menos ella merece vivir. Ella no merece nada de lo que pasa, no puedo permitir que vea como ahogan a nuestro hijo cuando el rey ejecute la sentencia.
— ¿Qué me vas a dar a cambio? ¿Qué tanto vale la vida de tu mujer?
— Lo que tú quieras. Si sobrevivimos, te doy lo que tú quieras.
Rukia puso atención a ese recuerdo, a la mirada de desesperación de Ichigo mientras le pedía a Yoruichi que le quitara la memoria a Rukia y que la llevara a Bosque Oscuro; eso le rompió el corazón. Ichigo pretendía regresar al palacio con el niño, y si los ejecutaban, al menos Rukia no sufriría por sus muertes, y ella tendría una vida larga y libre.
Libre. Libre de Ichigo y de un hijo que solo arruinaría más su reputación. Un hijo que solo le pondría una espada sobre el cuello si se enteraban que era de Ichigo.
Rukia sintió como las lágrimas escurrían por sus mejillas al ver ese recuerdo que no era suyo. Al ver como aquella mujer entraba a la cabaña mientras ella dormía junto a su hijo y le quitaba la memoria con las mismas artes oscuras que ella estaba usando para recuperarla. Ichigo se acercó a la cama y tomó al bebé en brazos, se arrodilló frente a Rukia, que estaba inconsciente, y le pidió perdón por lo que hizo, por todo el daño que le pudo causar y le deseó que tuviera una buena vida. Le recordó que la amaba más que a su propia vida, y le dijo que iría por ella si sobrevivía a la justicia del rey.
— Si sobrevives, quiero se me entregues tu reino; mi padre lo quiere, pero será mejor si puede tenerlo sin perder valiosas vidas en una guerra innecesaria.
— Está bien, si sobrevivo te daré el reino y todo lo que quieras.
La memoria cambió y le mostró que ella estaba amordazada y amarada sobre un carretón viejo, Yoruichi estaba junto a ella y le acomodaba el cabello de manera suave. Rukia, la del recuerdo, estaba despierta y asustada; la Rukia actual estaba enojada, furiosa.
— Escúchame bien, pequeña zorra. Cuando despiertes, te irás del continente con dirección a las Tierras del Ocaso y allá te vas a quedar. Te mantendrás alejada de Adelaar tanto como es posible o te aseguro que tendrás una vida miserable. Te quiero lejos de Ichigo.
La memoria terminó después de ver y escuchar todo lo que decía Yoruichi, y de ver como la lastimaba con la intención de que se muriera pronto.
Rukia quedó sentada frente a la vela que parecía no haberse consumido en absoluto. Tenía tanta información para procesar que sentía que la cabeza y el corazón le estallarían en miles de pedazos, también sentía un inmenso resentimiento hacia la mujer que la mandó a las Tierras del Ocaso, pero lo que sentía por Ichigo era una maraña de sentimientos confusos.
— Muéstrame qué hizo Ichigo. — Pidió Rukia una última vez antes de salir de aquella habitación.
