Capítulo 14: Corona
Ichigo miraba el frasco de veneno entre sus dedos como si fuera la cosa más interesante del mundo. Sería tan fácil beberlo y beberse detrás el vino que había sobre la mesa, pero no lo haría porque él no era un suicida; no atentaría contra su propia vida después de todo lo que estaba haciendo para vengarse de todos los que le habían hecho daño a él y a Rukia.
Recordó el día en que confió en Yoruichi, el día en que le confió la vida de la mujer que él amaba y esperó lo mejor. Las vio partir y él tomó a su hijo en brazos y mató a la doncella que los había ayudado durante todo ese tiempo; con ayuda de Uryu volvió al palacio y sobornaron a un representante de las Deidades para que dijera lo que él necesitaba que dijera. Después de que ese representante habló y entregó los papeles necesarios, Ichigo dio la orden de que Uryu se deshiciera del hombre.
Ichigo se presentó ante su padre, que estaba sentado en el trono, y se arrodilló frente a él, sujetando a su hijo que estaba inquieto y que lloraría en cualquier momento a causa del hambre.
— Padre, aquí estoy.
Ichigo no tuvo que hablar para que el rey entendiera lo que pasaba. El rey estaba tan furioso que de inmediato ordenó a los guardias que lo arrestaran y lo llevaran al calabozo, y que mataran al bastardo entre sus brazos por ser la prueba de su traición al reino, pero las Deidades lo protegieron. La reina Masaki entró a la sala del torno en el momento en que le iban a quitar el bebé a Ichigo y detuvo a los guardias; sus sirvientes le habían informado que Ichigo había regresado y ella llegó tan rápido como pudo al lugar.
El bebé empezó a llorar en ese momento, y la reina Masaki fue quien lo tomó en brazos para luego mirar al rey y prohibirle matar a ese bebé. Aun así, Ichigo fue llevado al calabozo, pero no se resistió al saber que su hijo estaba en brazos de su madre.
Toda la desesperación que sentía Ichigo en ese momento se podía comparar con el mar; el miedo recorría cada parte de su cuerpo y lo único que lo consolaba era saber que si él y su hijo morían, al menos Rukia no sufriría. El rey no lo fue a visitar hasta un par de días después y le exigió saber qué estaba pasando y de dónde había sacado a ese niño; fue en ese momento que Ichigo le confesó que se había escapado con la doncella, que ella estaba embarazada y tuvo miedo. También le confesó que la madre murió el día que él regresó al palacio.
— ¡Ese niño ni siquiera podría ser tuyo! — Le gritó el rey desde dentro del calabozo donde Ichigo estaba encerrado. — Te perdonaré esta insolencia, mataremos al bastardo y haremos como que nada de esto pasó.
— No es un bastardo, me casé con ella en secreto. El representante de las Deidades es mi testigo, y es mío… tiene mis ojos. Es mi hijo. — El miedo y la súplica se sentía en cada palabra que decía y de nuevo se arrodillo ante su padre en busca de su piedad. — ¡No lo mates, padre! Es mi hijo, tiene tu sangre… es tu nieto… sé que rompí las reglas, pero pido tu perdón y tu misericordia. Si alguien tiene que morir, soy yo… pero no mi hijo, él no tiene la culpa de mis pecados.
— ¡Ese bastardo no es mi nieto! ¡Es la prueba de tu traición al reino y a tu familia!
Las palabras del rey le dolieron en el alma a Ichigo, pero él no lloró hasta que el rey se fue de ese calabozo. La espera fue la tortura más larga que pudo tener Ichigo en ese momento porque nadie lo fue a ver ni le entregaban noticias de su hijo. En su mente solo podía imaginar los peores escenarios posibles, pero de nuevo se consolaba con saber que para ese momento, Rukia debía estar en Bosque Oscuro con su familia; ella estaría quizás confundida pero estaría bien. Rukia tenía que estar bien.
Cuando lo sacaron del calabozo, los solados lo llevaron al patio de ejecución e Ichigo pudo darse cuenta de que su madre estaba ahí, sosteniendo a su pequeño hijo en brazos. Ichigo sintió que la vida era demasiado cruel con él y la resignación lo cubrió como una ola cubre la playa. El rey lo iba a ejecutar, pero al menos su hijo estaba con su madre y ella lo podría cuidar. Los soldados lo sujetaron a un par de grilletes en la pared, e Ichigo supo que lo iban a azotar; aquello lo desconcertó y supuso que harían de su muerte un ejemplo para la historia.
— Yo, Isshin de Avanta, Rey de Avanta y las Montañas Azules, te sentencio a recibir 30 azotes por tu deshonrosa conducta. Por haber violado las reglas de la herencia y por haber cometido traición al reino y a tu familia, deberías merecer la muerte junto con tu hijo, pero soy un rey generoso y si sobrevives, entonces será una señal de las Deidades para que puedas tratar de ganar el perdón de tu rey.
El rey pidió el látigo y fue él mismo quien ejecutó la sentencia.
Ichigo soportó los primeros azotes en silencio, escuchó que alguien los contaba pero para el quinto azote, el dolor era tanto que fue inevitable quejarse. Cada azote dolía más que de forma física, le dolía en el alma a Ichigo porque era la mano de su padre la que ejecutaba el castigo. Ichigo perdió la conciencia debido al dolor cuando llevaba poco más de veinte azotes, y supo por su madre que el rey no se detuvo hasta que se cumplieron los azotes que dictaba la sentencia.
Su espalda era una masa de carne magullada, sangre seca y heridas que sangraban al tocarlas. El dolor fue tan grande que lo tuvieron drogado durante los primeros días y en verdad tuvieron miedo de que él muriera debido a la fiebre que tuvo a causa de las heridas. Su madre fue quien lo cuidó, quien se aseguró que él estuviera bien, que comiera, y quien le hablaba sobre su hijo. Ella no dudó por un segundo que ese bebé fuera de él, lo podía ver en sus ojos y en los ojos de aquél bebé que era alimentado por una nodriza.
Cuando se hubo recuperado de las heridas y buscó a Rukia, supo que ella se había ido del reino a las Tierras del Ocaso, y muy dentro de su alma se sintió tranquilo por eso, porque ella al menos no sufriría por todo lo que pasó. Fue un consuelo vago, pero le servía para seguir viviendo y poder ver a su hijo crecer; sin embargo, la mañana que él amaneció en la cama de Rukia, antes de que él dejara Bosque Oscuro y volviera a Adelaar, él le preguntó por qué se había ido a las Tierras del Ocaso.
— Es complicado de explicar. Toda mi familia murió y de un momento a otro me dijeron que yo era la Señora del Bosque. Había una voz en mi cabeza que me decía que me fuera a las Tierras del Ocaso, y yo estaba tan asustada y llena de dolor, que no dudé en hacerlo. Era una voz muy insistente de hecho, pero ir me ayudó a encontrar un poco de paz; así que supongo que estuvo bien.
Fue una respuesta sencilla e Ichigo no dejó de pensar en eso durante todo el viaje de regreso a Adelaar hasta que llegó a una conclusión que no le gustó nada con respecto a esa "voz", pero no podía actuar contra Yoruichi, ella estaba embarazada y la necesitaba de su lado por el momento; además de que no tenía pruebas contra ella.
Ichigo tenía la espalda llena de cicatrices que le recordaban constantemente el amor del rey, y que le recordaban al mismo tiempo que debía ser un buen hijo mientras lo necesitara. Vertió parte del veneno dentro de la botella de vino y se encargó de cerrarla bien, se la dio a uno de sus criados e hizo que la pusieran en la habitación del rey.
El rey amaba a su "primer nieto", pero si todo salía bien, ni siquiera lo iba a conocer.
Para inicios del verano, Isshin había terminado en cama producto de una extraña enfermedad que había iniciado de un momento a otro; el rey había dejado de comer porque decía que había gusanos en su estómago y solamente se dedicaba a beber agua y tés tan calientes que se le empezó a ampollar la boca por aquellos líquidos. Cuando se levantaba de la cama lo hacía de manera torpe y al caminar lo hacía de manera errática. Los guardias intentaban ayudarlo cuando lo veían de esa manera pero Isshin se deshacía del toque de aquellos guardias alegando que estaba bien y se iba caminando apoyado en la pared hasta llegar a su destino.
Isshin ya no iba a las reuniones en la cúpula con sus concejeros, en su lugar iba Masaki que usaba todo el poder que su esposo le había otorgado. La reina agradecía que no estuvieran en guerra o en algún conflicto mayor pero sabía que si eso pasaba entonces Ichigo lo resolvería al ser el encargado de la seguridad del reino. Kaien también estaba en las juntas, y su presencia fue llamada "la transición" porque le estaban delegando cada vez más responsabilidades debido a la condición del rey. Todos los concejeros rezaban para que el rey se recuperara pero no pasaban por alto que el hombre podría morir y no pretendían dejar al reino desprotegido.
Aquél día, el día en que las Deidades se llevaron a Isshin a su gloria, él se había levantado de la cama e intentaba cruzar el pasillo que separaba sus habitaciones privadas del resto del palacio; de nuevo los sirvientes lo intentaron ayudar a avanzar pero él se negó regañándolos por tocarlo sin su permiso. De aquél hombre fuerte y vigoroso que había celebrado el inicio de año completamente feliz por la llegada de su primer nieto, ya no quedaba más que una sombra; sus mejillas estaban hundidas al igual que sus ojos, tenía ojeras tan pronunciadas que parecían marcadas con khol y la piel amarillenta estaba pegada a sus huesos.
Todos los médicos suponían que el rey seguía vivo por pura fuerza de voluntad.
— Padre, ¿A dónde vas? El médico ha dicho que guardes reposo. — Ichigo, que se dirigía a sus habitaciones, encontró al rey caminando apoyado en la pared con la ropa de cama puesta. Los sirvientes y un guardia seguían al rey de cerca, pero por órdenes de Ichigo no lo detenían.
— Quiero ver a Yoruichi, quiero sentir a mi nieto. — Le respondió en un jadeo, de nuevo el rey tenía fiebre. — No lo he sentido en mucho tiempo.
— No puedes, padre. Los médicos... — Comenzó a decir Ichigo tomándolo de un brazo para guiarlo de nuevo a su habitación.
— ¡A los médicos que se los lleve la Sombra! — Gritó Isshin enfurecido antes de tener un ataque de tos. La fiebre le había resecado la garganta e intentó deshacerse del agarre de Ichigo pero no tenía fuerzas para hacer que lo soltara.
— Vamos a tu habitación, padre. Si te mejoras te prometo que hablaré con los médicos para que dejen entrar a Yoruichi. — Habló Ichigo haciendo que el rey avanzara despacio a su habitación de nuevo.
— ¿Lo prometes? — Isshin preguntó aquello como si fuera un niño pequeño. Ichigo solo asintió en silencio mirando a su padre, dejándole ver una expresión de lastima y resignación.
Ichigo llevó a Isshin hasta su cama e hizo que se acostara tratando de convencerlo de que probara las frutas con azúcar que le habían llevado para el desayuno. Isshin se había negado pero cedió al escuchar que Yoruichi las había preparado para él esperando que se recuperara pronto; aquello era una mentira pero el hombre parecía sentir un apego con su nuera embarazada e Ichigo aprovechaba aquello.
Isshin comió unos pedazos permitiéndole a Ichigo ponerle trapos con agua fresca en la frente y así intentar bajarle la temperatura que parecía no querer ceder a los remedios que le daban. Isshin solo comió unos cuantos pedazos de fruta más antes de alegar que estaba lleno, Ichigo trató de hacer que comiera uno más pero no lo consiguió, en cambio Isshin aceptó beber del jugo que tenía en su jarra del desayuno.
Ichigo sirvió un vaso y le colocó un poco de la medicina que le había enviado el doctor.
— Sabe bien. — Le dijo Isshin a su hijo después de beber el jugo medicado.
El rey se recostó en la cama y de un momento a otro empezó a toser de nuevo.
Ichigo rápidamente lo hizo sentarse en la cama para que pudiera respirar mejor pero esa vez la tos no cedía, en cambio el rey empezó a escupir sangre con cada nuevo esfuerzo, era la primera vez que pasaba eso. Ichigo intentó hacer que se calmara, pero Isshin tosía cada vez más fuerte y la sangre salía cada vez más espesa. Isshin miraba a Ichigo, pidiéndole ayuda pero salía tanta sangre de su boca que no podía hablar.
Isshin tosió una vez más y vio sus manos llenas de sangre mezclada con saliva.
— I...chi...go... — Jadeó tratando de respirar, de pedir ayuda, pero Ichigo parecía no saber qué hacer. Isshin no quería morir así, no quería morir con Ichigo tratando de salvarlo porque eso era lo que siempre hacía Ichigo, tratar de salvarlo sin importar lo que fuere.
— Papá... ya viene la ayuda... — La voz de Ichigo sonaba desesperada. Isshin no recordaba ver esa expresión de desesperación en los ojos de su hijo desde que había suplicado por la vida de su nieto.
"Mi nieto" pensó Isshin sintiendo que los pulmones ya no podían hacer que respirara más e intentaba hacer con todas sus fuerzas que el aire entrara a su cuerpo; se imaginaba como la sangre lo llenaba por dentro y como la tos trataba de sacar esa sangre en un esfuerzo de mantenerlo vivo. Ichigo le había dado su primer nieto, llevaba su sangre y la de la mujer que él amaba. ¿Dónde estaba Masaki? ¿Por qué él no entendió que ese niño que corría por el palacio era más sangre suya que cualquier otra cosa?
— I...chi...go... — Volvió a decir entre abscesos de tos. Buscó la mano de su hijo y la apretó con toda la fuerza que le quedaba. Su sangre estaba en su ropa, en sus manos y en las manos de Ichigo que apretaban las suyas con fuerza. Lo volvió escuchar gritar por el médico y quiso decirle que ya no lo llamara. ¿Dónde estaba Kaien? Su hijo favorito, el que sería rey. ¿Dónde estaban todos? ¿No escuchaban a Ichigo gritar? ¿No escuchaban que él estaba muriendo?
Cada vez que Isshin abría la boca para intentar hablar, la tos lo hacía escupir sangre; Isshin quería decirle a su hijo que esa vez no lo podía salvar pero que no le soltara la mano. El miedo lo recorría como una serpiente, no quería morir ahí, no quería morir con Ichigo ahí, con el hijo que siempre estuvo ahí y que él prefirió no ver. El hijo que había pensado matar cuando llegó cargando a su propio pequeño hijo.
Ichigo supo que su padre estaba muriendo cuando sintió su mano ser apretada con esa desesperación que hay en los moribundos, entonces dejó de fingir que pedía ayuda y relajó su expresión hasta el punto de darle una sonrisa a su padre que parecía demasiado aterradora en esa situación. En ese momento la tos del rey se había calmado un poco pero el hombre seguía luchando por respirar.
— Padre, ¿puedes sentirlo? — Preguntó Ichigo al rey que escupió una bocanada de sangre mientras trataba de contener el ataque de tos. — Estás muriendo y morirás sin conocer a tu "primer nieto", aunque deja que te cuente un secreto, tu "primer nieto" es mío. No quería que murieras sin saber eso ni sin saber que fui yo quien causó tu muerte. En la espalda tengo marcado todo el amor que me has dado, padre, y es justo que sientas ese mismo tipo de amor de mi parte.
— Tú…
— ¡Yo! Pudiste haber mostrado verdadera piedad, padre… pudiste haberlo hecho y esto no habría pasado; yo te habría servido agradecido por el resto de mi vida, pero decidiste que yo era un traidor. Y realmente no te equivocaste, lo soy. Yo planee la conquista de Gardelia con el rey Yushiru, yo vendí el reino por el niño que intentaste matar en cuanto lo viste. La vida de mi hijo vale más que tú o tu reino, querido padre. Debiste aceptar mi renuncia, debiste dejar que me fuera y viviera libre de este lugar, pero tú mismo me obligaste a estar aquí. Es como dijiste el día que casi me matas a azotes, esto es la voluntad de las Deidades.
Ichigo soltó las manos de su padre, que estaban llenas de sangre y salió de aquella habitación gritando por un médico, de nuevo con aquella falsa desesperación en el rostro y fingiendo un temor que no sentía. El rey Isshin no pudo contener más el ataque de tos y de nuevo la sangre salió por su garganta, sin creer las palabras que Ichigo había dicho en ese momento pero sin poder hablar por sentir que en verdad la vida se le escapaba con cada nuevo ataque de tos. Tenía tantas dudas en ese momento, pero todas aquellas dudas fueron ahogas en su propia sangre.
Lo último que Isshin vio fue la cara de satisfacción de Ichigo por ver su muerte.
Ichigo no sintió ni remordimientos ni arrepentimientos por lo que había hecho, sin embargo tuvo el cuidado de mostrarse dolido cuando la gente empezó a llegar a la habitación del rey, incluso derramó algunas lágrimas cuando el médico confirmó que el rey estaba muerto. Lo más difícil fue decírselo a su madre, que lo miraba con cierta precaución desde que ella se enteró de que el hijo de Yoruichi no era de Kaien, aunque él no confirmó ni negó nada, solo dejó que su madre sacara sus propias conclusiones porque sabía que ella no hablaría o en verdad se iba a quedar sin hijo y sin nieto.
Masaki solo miraba el cadáver de su esposo en esa caja mientras la gente entraba a despedirse de él. Ichigo le hacía una guardia de honor a su padre y Kaien estaba parado junto al cuerpo recibiendo el pésame de los señores de las tierras que parecían querer su favor ahora que él fuera coronado rey. Masaki quería gritarles y correrlos a todos, su esposo aun no era enterrado y ya estaban hablando del nuevo rey que se levantaría.
En esos momentos, Masaki se arrepentía que Ichigo no hubiese sido elegido como el príncipe de la corona, lo último que quería era ver al bastardo coronado como el rey de Avanta. Una alfombra había dicho su padre, en esos momentos ella se sentía así. Yoruichi no estaba, no le permitieron ir a despedirse del rey por su avanzado embarazo, querían evitar que los humores del muerto entraran en ella y enfermara poniendo en peligro su vida y la del heredero del nuevo rey.
"El nuevo rey, que la Sombra se lleve al nuevo rey", pensó al escuchar como un hombre le decía "su majestad" a Kaien.
— Madre… — Su hija Karin entró al templo de las Deidades y se acercó a ella para tomar sus manos. — Yuzu dice que vayas a comer, teme que por estar aquí no comas bien y te enfermes.
— No puedo alejarme de él, no lo quiero dejar solo. — Masaki tomó las manos de su hija pero sin dejar de ver el cuerpo de Isshin, como si esperara que despertara de un momento a otro.
— No te puedes desmoronar, madre, eres la reina y tienes que estar fuerte para tus súbditos. — Karin sujetó un poco más fuerte las manos de su madre para que fijara sus ojos en ella. Masaki le dedicó una mirada dolida por eso, como si estuviera a punto de llorar de nuevo. — Solo unos bocados, no pido más, volveremos a tiempo para la procesión fúnebre, te lo prometo.
Masaki aceptó las palabras de su hija y salió con ella hacia donde estaba Yuzu. Ichigo había habilitado una pequeña tienda junto al templo para que su madre no tuviera que volver al palacio, ella se había negado abandonar templo donde velaban el cadáver de Isshin e Ichigo no le quería hacer más difícil el duelo a su madre negándole aquello. Dentro de la tienda, que era custodiada por los soldados de Ichigo, estaba Yuzu junto con Ukitake y Toshiro, todos se levantaron para recibirla y hacerle un espacio en la mesa para que se sentara con ellos.
La reina casi no comió, nadie sabía que decirle para que su dolor no fuera tan grande, cada quien sufría la pérdida del rey a su manera. Sus hijas casi no lo habían tratado, cuando tuvieron edad suficiente él las había casado con hombres valiosos para su reino. Yuzu fue casada con un hombre mayor que era suficientemente rico como para darle una buena vida, y apoyar económicamente al reino, pero ella enviudó misteriosamente un par de años después. Karin no había corrido con la misma suerte, ella fue casada con Toshiro, que era demasiado bueno manteniéndose vivo a pesar de ser uno de los Generales de su padre, y aunque su matrimonio había sido arreglado, ambos tenían una buena relación y tenían dos hijos.
La procesión fúnebre debía de encabezarla Ichigo en su calidad de Comandante del reino pero no lo hizo, Kaien se lo había llevado en privado y le dijo que él la encabezaría porque él era el rey, Ichigo no tenía ganas de discutir con su hermano y ordenó a sus soldados que hicieran lo que debían de hacer. Ichigo fue de los que cargaron la caja junto con Toshiro y Kyoraku.
Ichigo estaba serio, pero no había ninguna otra emoción en su mirada. Kaien también estaba serio pero parecía que la tristeza en él era mínima, en ese momento Kaien no podía fingir ser el hijo dolido por la muerte de su padre, la felicidad en él por ser el nuevo rey era demasiada y solo se limitaba a seguir el protocolo y mantenerse tan serio como fuera posible.
El cuerpo de Isshin fue llevado a la cripta que había en el risco debajo del Templo de las Deidades que había en los terrenos del palacio, y fue emparedado como lo habían sido los demás reyes de antaño.
— En el verano 25 del reinado de nuestro Rey Isshin, lo despedimos con la esperanza de que su fuerza nutra el risco donde su descendencia habita. Que la Sombra lo lleve a la gloria en su nueva vida. — Habló el representante de las Deidades mientras unos hombres ponían piedra y argamasa para cerrar la última morada del rey.
Aquello fue demasiado para Masaki, ver cómo ponían piedra tras piedra en un hueco en la pared cubriendo la caja de Isshin la hizo derrumbarse en los brazos de Ichigo sollozando como si la vida misma se le estuviera escapando con cada sonido de las piedras. Ahí abajo solo estaba Masaki, Ichigo, sus hermanas y Kaien, todos estaban llorando menos Ichigo y Kaien; este último solo lamentaba el no poderse poner la corona al terminar el funeral porque debía de esperar al menos tres meses para la coronación, que era el tiempo mínimo de luto.
Tres meses podían pasar tan rápido como un parpadeo y Kaien no iba a pretender que alargaran el luto hasta un año como sabía lo habían hecho cuando su padre se volvió rey, sabía que mientras más tiempo pasara más peligro corría su corona.
Kaien fue arrastrado a una ola de reuniones con los consejeros de su padre que le decían lo que debía de hacer, como si fuera un niño pequeño, como si él no hubiese sido educado para gobernar. Aquello lo hartaba pero aun no era tiempo de que hiciera lo que quería propiamente, mientras no se pusiera la corona de Avanta entonces era solamente un candidato más a la corona a pesar de que su padre lo había nombrado su heredero. Kaien sabía que si Ichigo levantaba un reclamo para el trono, entonces era más probable que Ichigo se quedara como rey por ser el hijo legítimo y no un bastardo como él.
El hijo de Kaien nació y si, era un niño como se esperaba, de piel ligeramente más oscura que la suya, unos ojos verdes como los suyos y con el cabello negro.
— Al menos se parece a mí. — Le había dicho a Yoruichi el día en que su hijo nació y lo sostuvo en brazos. Ella solo lo miró mal pero no dijo nada, quedarse callada en ese momento era lo mejor que podía hacer si valoraba su vida. — Tu nombre será Kane. Tu nombre será Kane. Tu nombre será Kane.
Kaien nombró a su hijo siguiendo las tradiciones del reino, y se lo regresó a Yoruichi. Kaien no sentía empatía por ese niño a pesar de ser su hijo, e Ichigo solo se mantenía alejado de ellos, con su único hijo tomado de la mano. Juha le llevó un muñeco de trapo algo viejo pero bien conservado como obsequio al bebé recién nacido.
— Para que cuide a mi primo como me cuidó a mí. — Dijo Juha entregándole el muñeco de trapo a Yoruichi que inmediatamente lo colocó junto al bebé que descansaba en una pequeña cuna junto a su cama. Kaien pensó que si él hubiese recibido ese juguete viejo lo habría tirado al fuego para quemarlo porque solo era basura.
Cada vez que Kaien se cruzaba con Ichigo era encontrarse con un enemigo jurado, no iba a negar que escuchaba como algunos de los consejeros e incluso los soldados hablaban en susurros asegurando que quién debía de ser coronado era Ichigo y no él. Esa era la razón por la cual no desaprovechaba las oportunidades de recordarle a Ichigo que él era el comandante y debía de servirle a él así como su hijo le serviría a su recién nacido hijo cuando creciera, Ichigo solo apretaba la mandíbula y asentía en silencio. Kaien disfrutaba eso porque ahora como el rey era intocable, Ichigo no podía lanzarse sobre él y golpearlo como lo había hecho antes pero a pesar de eso no se relajaba, sabía que su trono peligraba mientras no se coronara.
— Atención, la reina madre. — Gritó uno de los sirvientes que cuidaban la entrada a su cuarto, el cuarto del rey. El cuarto donde murió su padre y en el cual agradecía todas las noches porque al fin el hombre se había muerto.
— Kaien… — Masaki se paró frente a él, sin respeto y sin reverencias. Eso lo hizo juntar las cejas con enojo.
— Masaki… — Kaien la miró desde arriba, arrogante y superior. Ya no le decía "madre" porque no era su madre y solo si era realmente necesario le decía "reina madre". — Mi coronación será en un par de días y todo está listo, solo hay algo que me molesta.
— ¿Qué cosa?
— Tú. — Masaki no dijo nada. — Tú me molestas, tu presencia me molesta. Me molesta tener que decirte "madre" o "reina madre" porque no lo eres. Mi madre está muerta y tú ya no eres reina.
— Te he cuidado y criado como si lo fuera.
— No lo niego, me criaste y me cuidaste pero siempre preferiste a Ichigo y no te culpo, él es tu hijo; fue mi padre quien realmente cuidó de mí y me amó tanto como para dejarme su legado.
— ¿A dónde quieres llegar? — Preguntó Masaki con recelo en su voz.
— No eres mi madre y no eres más una reina, así que después de mi coronación tienes dos opciones, o te vas o mueres. No me interesa a donde vayas, no te quiero en mi reino, no te quiero en mis tierras.
— ¡Imposible! ¡Ichigo no lo va a permitir!
— ¡Lo permitirá si no quiere ver cómo la cabeza de su hijo rueda por el césped! — Amenazó haciendo un ademán.
— No… no te atreverías… — Masaki dio un paso atrás horrorizada por aquellas palabras.
— Ponme a prueba, madre. Después de mi coronación te vas, llévate tus cosas no las necesito pero la Corona de Guerra se queda, después de todo, ya no eres una reina y no la necesitas. Inventa la excusa que quieras pero de ti depende la vida de tu nieto. — Kaien le dio la espalda a Masaki como si ella ya no mereciera que él la viera. — Dile a tu hijo que de no ser porque es el comandante ya lo habría despedido contigo pero que no se acostumbre, encontraré a un hombre mejor que él para ese puesto y así él podrá irse a sembrar papas como siempre lo soñó junto con su hijo. Ahora vete, me estorbas.
Masaki se dio la vuelta y salió de ahí justo como había entrado, con paso firme y sin bajar la cabeza pero en cuanto salió del pasillo del rey, se precipitó a la cúpula donde estaba Ichigo junto con los consejeros más files a su padre.
— Si nos disculpan. — Dijo Ichigo al ver la expresión alterada de su madre.
Los Consejeros le hicieron una reverencia a Ichigo y una a Masaki antes de retirarse, Ukitake y Kyoraku parecían no querer hacerlo pero Ichigo hizo un gesto con la cabeza y ellos encaminaron sus pasos a la puerta. Masaki le contó la plática que había tenido con Kaien unos momentos antes y la forma en que él había amenazado a Juha con cortarle la cabeza si Ichigo evitaba que ella se fuera.
— Haz el reclamo, haz que tu derecho de sangre valga algo. Te lo suplico. — Habló Masaki con desesperación en la voz tomando las manos de su hijo. Ichigo solo negó con la cabeza haciendo que Masaki lo viera con incredulidad.
— Kaien es cruel, madre. No puedo dejar el reino sabiendo que mi hermano lo puede llevar a la ruina y no quiero el peso de una corona. Llévate a mi hijo, ve a Vayalat, sé que mi abuelo no se va a negar a recibirte, Orihime irá contigo y enviaré a Ulquiorra para que los proteja. Confío en él con mi vida, él tampoco está conforme con que Kaien sea el rey. Los soldados quieren hacer una revuelta y sacarlo por la fuerza, si me voy podría perder a los soldados. Madre, hay más en juego que una simple corona. No creo que Kaien siquiera escuche a los consejeros pero si logro hacer que lo haga todo podría estar bien, con suerte se atraganta con algo mientras come y su hijo recién nacido toma la corona. Madre, toma tus cosas y vete, ya perdí a mi padre, no puedo perderte a ti también.
Las palabras de Ichigo tenían razón pero Masaki se negaba a aceptarla, no quería irse, quería que su hijo fuera el rey. Maldijo a Kaien y a Isshin, los maldijo con el alma y le deseo una vida de infelicidad a Kaien; ella sabía que tenía que hacer algo más que desearlo pero eso lo haría cuando estuviera segura y en ese momento tenía cartas que escribir y ropa que empacar, no podía perder más tiempo.
— ¿Me llamaste? — Preguntó Yoruichi a Kaien en la mañana del día de la coronación. Todo estaba listo y los invitados, lores de todo el reino, habían empezado a llegar con su séquito de gente y con regalos para el nuevo rey.
— Debería de reprenderte por la insolencia pero no lo haré, eres mi esposa y eso te confiere algún tipo de confianza así que pasaré por alto la forma de referirte a mí. — Comenzó Kaien viendo la expresión de fastidio en el rostro de Yoruichi. — Dame una razón para no anular nuestro matrimonio en cuanto me vuelva el rey. — Dijo parado frente a ella con las manos en la espalda.
— Soy la madre de tu hijo.
— Y eso no significa nada, mira a la reina madre, esposa legítima y madre de un príncipe legítimo; ahora no tiene corona y su hijo quedará reducido solo a Comandante del reino hasta que encuentre alguien mejor que él.
— No hay nadie mejor que Ichigo. — Se burló Yoruichi sin dejar de mirarlo. — Él es mejor que tú en muchas cosas.
— Debe serlo. No soy ciego, he visto como lo miras. Te gusta. Lo deseas. Apuesto que has fantaseado en las noches con él, es una lástima que él le sea fiel a una muerta. — Dijo con saña poniendo un mechón de cabello de su esposa detrás de su oreja. Yoruichi no se movió y disimuló bien el disgusto de su toque. — No me has dicho una razón válida para no anular mi matrimonio contigo.
— Porque si lo haces mi padre va a levantar su espada en tu contra y se acabaría tu sueño de ser rey. — Habló convencida de sus palabras mirándose las uñas. Kaien sacó un papelito arrugado y se lo dio para que leyera.
— Léelo en voz alta, necesito escucharlo de tu voz, tal vez escuche un jadeo convincente de tu parte. — Se burló.
— "Su alteza, el señor de Gardelia nos ha acogido en su palacio. No deja de alardear de que su hija será la reina. Hemos encontrado todos los caminos a su habitación y nos hemos aprendido los horarios de sus guardias. Solo esperamos su órdenes." — Terminó de leer y Yoruichi se le quedó mirando a Kaien ya sin sonreír. — ¿Ordenes? ¿Órdenes para qué?
Kaien sonrió por esa minúscula nota de ansiedad en la voz de su esposa.
— Para matarlo. — Yoruichi dio un paso hacia atrás. Kaien amaba esa reacción. — Nuestro matrimonio fue arreglado, me obligaron a casarme contigo y eso hice, todo porque mi padre, las Deidades lo tengan en su gloria, era muy débil para regresar un ataque después de liberarme. ¿No te parece sorprendente que tengamos un hijo y solo hayamos estado juntos un par de veces después de la boda? Me sorprende lo fértil que eres.
Yoruichi se le quedaba mirando con la mandíbula apretada. No decía nada y solo pensaba si podría matarlo en la noche de la coronación, después de todo ya tenían un hijo y era un heredero al trono. Ella gobernaría Avanta hasta que su hijo fuera mayor de edad.
— ¿Ya se te ocurrió alguna forma de evitar que anule nuestro matrimonio? — Volvió a preguntar y se sentó en la cama palmeando el colchón con una mano para que ella fuera a él. Yoruichi disimuló el desagrado ante esa seña y se sentó donde él decía.
— ¿Qué te hace pensar que no le diré a mi padre lo que acabo de leer en cuanto salga de aquí? — Preguntó pensando que Kaien había cometido un error al momento de enseñarle aquella carta.
— Nada, eres libre de hacerlo así como yo soy libre de acusarte de adulterio con mi hermano. Los representantes de las Deidades no van a dudar de la palabra de un rey, te cortarán la cabeza por adultera, ahogarán a tu hijo cuando les asegure que no es mío y le cortarán la cabeza a Ichigo por traidor a la corona. Sé que él es un caballero y no permitirá que te acusen de eso ni de ver como su sobrino muere, hará todo lo posible para asegurar sus vidas, incluso perder la suya. Ese es el defecto de mi hermano, el querer siempre proteger a todos a cambio de sacrificarse, muy noble y muy estúpido. — Yoruichi abrió la boca para decir algo pero Kaien lo impidió. — Hijos puedo tener con cualquiera, hay cientos de mujeres que se mueren por calentarme la cama pero estoy seguro de que tú lo harás voluntariamente, ¿no es así? Nuestro hijo debe de tener un hermanito o hermanita, o ambos ya que para eso me casé contigo y el contrato de tu padre estipulan que tengamos una larga descendencia.
— No te atreverías. No serías capaz de levantar falsos ante las Deidades. — Aseguró Yoruichi que se estaba temblando de la rabia.
— Pruébalo, sal de aquí y escríbele a tu padre o espera a que llegue a la coronación y dile. Será delicioso ver como frente a todos hago que te lleven a los calabozos por adultera junto con mi hermano. Dicen que justos pagan por pecadores, Ichigo solo ha pecado de noble. Ya siento que puedo escuchar los gritos de Ichigo pidiendo por la vida de su sobrino y jurando que no te ha tocado.
Yoruichi temblaba de rabia por lo que decía Kaien y no se pudo contener, se levantó de su asiento, levantó la mano y golpeó el rostro de Kaien con toda la fuerza que había en ella. Kaien se levantó y le regresó el golpe antes de tumbarla en la cama.
— ¡Me vas a dar un hijo del cual esté seguro que es mío, te guste o no, que para eso me obligaron a casarme contigo! — Vociferó Kaien antes de romperle el vestido y tomarla por la fuerza en ese momento. Yoruichi soltó un grito y Kaien le tapó la boca con tanta fuerza que le marcó los dedos de su mano en la piel sujetándola con fuerza de las caderas con la otra mano.
Yoruichi salió del cuarto cojeando y con una mano en el vientre tratando de aminorar el dolor. La ropa estaba rota y su cabello estaba despeinado, tenía un golpe en la cara y varios moretones en el cuerpo. Los sirvientes se le acercaron para ayudarla pero ella lo impidió, le dolía todo el cuerpo y tenía el orgullo pisoteado pero eso no se iba a quedar así. Se fue jurando en silencio que Kaien no iba a morir esa noche sino que iba a vivir lo suficiente hasta que suplicara morir, tal vez lo envenenaría y lo vería agonizar en su propia miseria.
Kaien irradiaba felicidad en el momento en que se presentó en la sala del trono donde todos los invitados estaban reunidos esperando por él. Los músicos estaban tocando las piezas de baile de salón más populares haciendo que la gente bailara en parejas que se separaron en cuanto la presencia de Kaien fue anunciada. Los músicos dejaron de tocar y guardaron silencio en el momento justo en que Kaien se sentó en el trono de Adelaar, el mismo que su padre había ocupado por años. Pudo ver las mesas llenas de comida para agasajar a sus invitados y le encantó la forma en que la gente lo miraba. Sentía que al fin tenía todo lo que siempre debió ser suyo.
Yoruichi entró unos momentos detrás de él, vestida como la reina de Adelaar, con un tocado de flores troqueladas en oro blanco y diamantes que su padre le había dado para lucir esa noche. Caminaba despacio, una de las médicas le había dado algo para el dolor e hicieron todo lo posible porque no se notara el golpe en la cara con ungüentos y maquillaje; en su piel morena un golpe se vería aún más oscuro. Se sentó en el trono que había pertenecido a Masaki y procuró no hacer gesto alguno de molestia o incomodidad.
— Bienvenida, querida esposa. — Le dijo Kaien tomando su mano para besarla frente a todos y vieran el perfecto matrimonio que era. Yoruichi sintió un escalofrío por su toque, un impulso de querer retirar su mano de la de él que suprimió con una sonrisa que procuraba no fuera forzada.
El representante de las Deidades entró en el salón del trono seguido de Ichigo que cargaba una caja con la corona de su padre y que ahora sería de Kaien. El Comandante estaba serio y Yoruichi se estremeció al pensar lo que Kaien podría hacerle si ella abría la boca; ella nunca había sentido el peso de tantas vidas sobre sus hombros como en esa noche. El hombre le hizo una reverencia a Kaien e Ichigo puso una rodilla en el piso ofreciendo la corona.
— Con el poder que se me ha conferido y bajo la luz de las Deidades. — Comenzó a decir el representante de las Deidades al tiempo en que tomaba la corona que ofrecía Ichigo. — Te nombro a ti, Kaien, rey de Avanta, de las Montañas Azules y del Desierto Rojo. — Terminó de decir y le colocó la corona en la cabeza a Kaien que sonreía completamente complacido por aquello. — Larga sea su vida y próspero su reinado.
— ¡Larga sea su vida y próspero su reinado! — Repitieron los presentes al unísono.
— Larga sea su vida y próspero su reinado. — Dijo Ichigo unos segundos después y se levantó del piso para irse a parar detrás de su hermano, como si fuera una sombra.
Kaien se levantó y todos le hicieron una reverencia al mismo tiempo, solo el sonido de las ropas se escuchaba de tan solemne que era el momento. Le extendió una mano a Yoruichi para que avanzara con él.
— Mi padre, las Deidades lo tengan en su gloria, creó un reino fuerte pero no pudo hacerlo solo, tuvo la ayuda de valientes y leales hombres, espero ser también digno de la ayuda, la espada y la lealtad de aquellos hombres y así poder llevar al reino a una nueva era, pero de entre todos los hombres, sé que no podré hacer mucho sin la lealtad y el consejo de mi hermano. — Señaló a Ichigo haciendo que el aludido se acercara a él y de nuevo pusiera una rodilla en el piso llevando su puño a su pecho al levantar la mirada a su hermano que lo miraba con ese aire de superioridad.
— Yo, Ichigo, Comandante en Jefe del reino, juro mi vida y espada al reino de Avanta. Prometo hacer lo que sea para mantener un reino próspero y en paz. — Juró Ichigo cuidando sus palabras. Pudo ver el enojo en los ojos de Kaien brillar por un segundo pero él le extendió la mano con una sonrisa antes de abrazarlo frente a todos escuchando como aplaudían ante el juramento de Ichigo.
— Bien jugado, hermanito. — Murmuró Kaien en ese abrazo antes de deshacerlo y llevar a Yoruichi a la pista de baile ordenando que iniciara la celebración.
La fiesta siguió su curso, como debía de serlo, pero Yoruichi de levantó y se retiró después de la cena alegando que habían sido demasiadas emociones por un día. Kaien besó su mano y la dejó irse de ahí, fue más lo que tardó en irse Yoruichi que en lo que Kaien le hablaba a una joven hija de un lord que se había acercado a él con intenciones de ganarse algo más que su atención.
Masaki también se retiró e Ichigo la acompañó saliendo de la sala del trono. Su habitación ya había quedado limpia de sus cosas que esperaban por ella en un coche estacionado en los terrenos del palacio, Orihime se les acercó cargando al durmiente hijo de Ichigo y Ulquiorra llegó para unírseles vestido de civil pero con una espada colgada de la cintura.
— Ulquiorra, llevas lo más preciado para mí, sé que quizás es demasiado lo que te pido pero eres el único en quien confío. Llévalos a salvo, un grupo de mis más leales hombres irá contigo, ellos saben lo importante de esto. Sé que volverás y estaré ansioso de ese día porque así sabré que todo ha salido bien. — Habló mirando al hombre que asintió con la mano en el corazón. — Madre, cuida a mi pequeño hijo. Saluda a mis abuelos de mi parte.
Masaki asintió y besó a su hijo en las mejillas. Ichigo le dedicó un par de palabras a Orihime que también asintió a lo que dijo y los escoltó al coche en donde se irían. Los soldados que estaban de guardia esa noche abrieron las enormes puertas que protegían la entrada a los terrenos del palacio y dejaron salir el coche donde iban Masaki, Juha y Orihime custodiados por Ulquiorra y los soldados. Ichigo se quedó mirando aquello, sabía que era lo mejor que podía hacer. Era la única manera de mantenerlos a salvo.
Esa noche de otoño, en cuanto Kaien se puso la corona que había sido de su padre, las lealtades en Adelaar se dividieron.
Mensaje para Fatua:
Actualicé esta historia para poder responderte, porque no sé por donde más hacerlo y no sé si volviste a perder tu contraseña XD bueno, no actualizo rápido, la historia ya está hecha, solo la voy publicando poco a poco para que dé tiempo de leer. (Si supieras el problema que tengo con "Los Ojos del Ruiseñor", llorarías conmigo haha). Con "La chica del café" no era Ichigo el que fantaseaba con engañar a su esposa, él le estaba cumpliendo la fantasia a Rukia. Está contada desde la perspectiva de Ichigo porque siempre fue decisión de él si seguirle el juego a Rukia o no (de cierta forma le tiene miedo a Byakuya). Y el castigo de Rukia a Byakuya es básicamente porque él siempre ha intentado controlarlos y controlarles la vida, no les da la privacidad que ellos quieren; los hombres con poder siempre quieren controlar todo. Y leí el ultimo comentario :P ah si, bendito OoC, a veces no lo puedo controlar XD y la verdad no sé como responder a eso porque puede que tengas razón, ha pasado un año desde que lo escribí y quizás haya perdido un poco o mucho de la sensación original al hacer a los personajes. Sin embargo Rukia no ha cambiado, al que cambié fue a Ichigo y solo en el pasado, Ichigo está escrito utilizando lo que dicen sobre las relaciones humanas, "no importa cuanto tiempo pases sin ver a alguien, cuando lo vuelves a ver, es como si no hubiese pasado el tiempo" y el "enamorado de un recuerdo". Y creo que eso es todo. Por cierto, todos son unos hdlc XD e Ichigo no se quería coger a Rukia XD
